📝HISTORIA EN BREVE

  • Un análisis global reveló que casi cuatro de cada diez casos de cáncer a nivel mundial se relacionan con factores de riesgo modificables, lo que significa que muchos de los diagnósticos se asocian con exposiciones que pueden controlarse
  • El hábito de fumar se mantiene como el factor principal de cáncer que puede modificarse, mientras que infecciones como el VPH y la H. pylori y el consumo de alcohol representan millones de casos adicionales
  • Los cánceres de pulmón, estómago y cuello uterino representan casi la mitad de los cánceres prevenibles a nivel mundial, lo que demuestra que exposiciones específicas se traducen en patrones específicos de enfermedad
  • Los factores de estrés metabólico, como el exceso de grasa corporal, la disfunción mitocondrial y la inflamación crónica, crean un entorno que favorece el crecimiento de tumores
  • Para reducir su riesgo a largo plazo, evite el cigarro y el alcohol, deje de consumir aceites de semillas, consuma cantidades adecuadas de grasas, carbohidratos y proteínas, y realice actividad física todos los días

🩺Por el Dr. Mercola

Muchos creen que el cáncer es una enfermedad que ocurre al alzar, como si fuera cuestión de suerte o una maldición hereditaria. Pero, un análisis global que se realizó hace poco, sugiere lo contrario. El estudio, que se publicó en Nature Medicine por la Organización Mundial de la Salud y su Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), tuvo como objetivo determinar qué proporción de la carga mundial del cáncer se debe a causas que, en principio, pueden evitarse.1

Los hallazgos replantean el cáncer, menos como algo inevitable y más como una enfermedad que se desarrolla como resultado de las exposiciones cotidianas: lo que respiramos, bebemos, comemos y absorbemos a lo largo de los años. Las conclusiones de este estudio son muy importantes porque significa que si un factor de riesgo puede identificarse y medirse, también puede reducirse. Ahora hablemos de cómo se llegó a estas conclusiones, qué factores de exposición son los que causan mayor daño y qué puede hacer al respecto.

El origen del cáncer según estos datos

Para el estudio, los investigadores utilizaron datos que abarcan 36 tipos de cáncer en 185 países y analizaron 30 factores de riesgo que las personas y los gobiernos pueden abordar. Utilizaron un método estadístico que estima cuántos casos no se producirían si se eliminara un factor de riesgo, para determinar qué proporción de la carga mundial de cáncer se relacionan con exposiciones específicas. Y, no se trató de un estudio pequeño, sino que fue una auditoría global sobre el cáncer que puede prevenirse.

• Más de un tercio de los casos nuevos de cáncer se relacionaron con causas modificables: los investigadores descubrieron que 7.1 millones de los 18.7 millones de casos nuevos de cáncer en 2022 (37.8 %) se relacionaron con factores de riesgo prevenibles. Entre los hombres, el 45.4 % de los casos nuevos se relacionaron con estas exposiciones, a diferencia del 29.7 % en las mujeres. Esa diferencia por sí sola demuestra algo importante: los patrones de exposición influyen mucho.

Si casi la mitad de los casos de cáncer en hombres se relacionaron con comportamientos o entornos modificables, entonces las exposiciones diarias influyen en los resultados a largo plazo.

• El hábito de fumar fue el factor de riesgo principal en el panorama del cáncer prevenible: el hábito de fumar representó el 15.1 % de todos los casos nuevos de cáncer a nivel mundial, lo que lo convierte en el factor de riesgo principal que se identificó en el estudio. En los hombres, el hábito de fumar estuvo detrás de alrededor del 23 % de los casos nuevos de cáncer, mientras que en las mujeres representó el 6 %.

Esto significa que el efecto de este hábito en los hombres fue casi cuatro veces mayor que en las mujeres. Estas cifras reflejan el daño acumulativo al ADN que causan los carcinógenos que contiene el humo del cigarro, que causan mutaciones y promueven la formación de tumores. Si se eliminara este factor de riesgo, se evitaría hasta el 15 % de los casos de cáncer a nivel mundial.

• Las infecciones y el alcohol fueron los siguientes factores de riesgo que encabezaron la lista: las infecciones contribuyeron con el 10.2 % de los casos de cáncer a nivel mundial, y el consumo de alcohol representó el 3.2 %. Entre las mujeres, las infecciones estuvieron detrás del 11 % de los casos nuevos de cáncer, que es una cifra superior a la del hábito de fumar en ese grupo.

Esa cifra reitera que los virus y las bacterias como el virus del papiloma humano (VPH) y la bacteria Helicobacter pylori (H. pylori) incrementan el riesgo de cáncer a través de la inflamación crónica y el daño celular a largo plazo. Mientras que el alcohol incrementa la exposición al acetaldehído, que es un producto de degradación tóxico que daña el ADN e interfiere con los sistemas de reparación.

• Tres tipos de cáncer representaron casi la mitad de los casos prevenibles: los cánceres de pulmón, estómago y cuello uterino representaron casi el 50 % de los casos de cáncer prevenibles a nivel mundial. El cáncer de pulmón se relacionó con el hábito de fumar y la contaminación del aire. Por su parte, el cáncer de estómago se relacionó con la H. pylori.

El cáncer de cuello uterino se relacionó con el VPH, pero es importante mencionar que, en la mayoría de los casos, solo las infecciones por VPH de larga duración y sin tratar pueden causar cáncer de cuello uterino, pero suelen detectarse y tratarse fácil con citologías vaginales regulares.

• Las diferencias regionales demuestran el impacto del entorno en el riesgo: los cánceres prevenibles oscilaron entre el 24.6 % y el 38.2 % en las mujeres, según la región, y entre el 28.1 % y el 57.2 % en los hombres. Asia Oriental presentó la mayor carga de cáncer prevenible entre los hombres (57 %), mientras que América Latina y el Caribe tuvieron la menor (28 %).2

Estas diferencias reflejan la variabilidad en la exposición al cigarro, las infecciones, los riesgos laborales y los contaminantes ambientales. El lugar donde vive influye en lo que inhala, consume y todo a lo que se expone. Los investigadores concluyeron que "redoblar los esfuerzos para reducir las exposiciones modificables es fundamental para prevenir el cáncer a nivel mundial".

Estrategias para reducir su riesgo de cáncer prevenible

Los datos demuestran que el riesgo de cáncer tiene una relación estrecha con lo que inhala, bebe, absorbe y almacena en sus tejidos. Eso significa que su estrategia debe comenzar con la fuente. Enfóquese en eliminar los factores de estrés metabólico que dañan las mitocondrias y causan inflamación, ya que la falta de energía celular crea un entorno que incrementa el riesgo de enfermedad. Cuando corrige este problema, reduce bastante su riesgo. Aquí cinco estrategias que puede implementar.

1. Cambiar su equilibrio de macronutrientes para consumir más carbohidratos y menos grasas: una alimentación rica en grasas, alrededor del 60 % de las calorías diarias, hace que el cuerpo utilice la grasa para obtener energía. Ese estado metabólico provoca disfunción e incrementa el riesgo de enfermedades, como el cáncer.3 Mantenga su consumo de grasas entre el 30 % y el 40 % de las calorías diarias y trate de consumir unos 250 gramos de carbohidratos saludables al día.

Si su intestino tolera bien los alimentos, base sus comidas en fruta entera, vegetales de raíz cocidos, arroz blanco, proteínas saludables y pequeñas cantidades de granos enteros. Si tienes problemas de digestión, comience con carbohidratos más fáciles de digerir, como la fruta y el arroz blanco, e incremente poco a poco la cantidad. Su objetivo es utilizar la glucosa para obtener energía, reforzar las mitocondrias y reducir la señalización inflamatoria, que son señales de alarma químicas que, cuando se mantienen elevadas, crean condiciones que promueven el crecimiento de tumores.

2. Evitar los aceites vegetales y reducir el consumo de ácido linoleico (AL) a menos de 5 gramos al día: la grasa no es el único problema. El AL, que es una grasa poliinsaturada que se encuentra en los aceites de semillas, es otra amenaza importante. Consumir mucho ácido linoleico altera la producción de energía mitocondrial, reduce la capacidad del sistema inmunológico para detectar y destruir células anormales y activa factores de coagulación que ayudan a los tumores a tener un suministro de sangre y propagarse.

Deje de cocinar con aceites de canola, maíz, soya, cártamo, girasol y semilla de uva. Y sustitúyalos por mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee o sebo.

Por ejemplo, en lugar de utilizar aceite de canola para preparar sus vegetales, cocine con ghee. En lugar de aderezo para ensaladas de la tienda, use jugo de limón y mantequilla de animales alimentados con pastura. Incluso el aceite de oliva y aguacate deben utilizarse con moderación, ya que a menudo se mezclan con aceites vegetales y contienen grasa monoinsaturada, que daña las mitocondrias.

Es posible que consuma más AL de lo que imagina. Cuando salga mi aplicación Mercola Health Coach, la función Seed Oil Sleuth le ayudará a rastrear esto hasta la décima de gramo. Trate de consumir menos de 5 gramos de AL al día, aunque lo idea es que limite su consumo a menos de 2 gramos.

3. Reducir los factores que causan inflamación a través de la composición corporal y el movimiento: el exceso de grasa corporal libera sustancias químicas que causan inflamación y promueven el crecimiento de tumores. Si nota que acumula grasa en la zona abdominal, enfóquese en restaurar el equilibrio de carbohidratos en lugar de hacer dietas extremas. Consuma suficiente proteína de buena calidad, alrededor de 0.8 gramos por libra de peso corporal o 1.76 gramos por kilogramo, y que un tercio provenga de fuentes de colágeno, como caldo de huesos.

Esto protege la masa muscular mientras mejora la flexibilidad metabólica, es decir, la capacidad del cuerpo para alternar sin problemas entre la quema de glucosa y grasa como energía. Comprométase a caminar todos los días y evite hacer ejercicio intenso en exceso. Un cuerpo sedentario es un cuerpo con mala salud metabólica, sin movimiento regular, disminuye la sensibilidad a la insulina, incrementan los marcadores inflamatorios y las mitocondrias pierden su capacidad para quemar energía de manera eficiente.

Al mismo tiempo, hacer demasiado entrenamiento de alta intensidad incrementa los niveles de hormonas del estrés y dificulta la recuperación. Incrementar poco a poco la intensidad hasta llegar a dar un paseo a paso ligero de una hora al aire libre cada día estimulará la función mitocondrial, mejorará la sensibilidad a la insulina y reducirá la inflamación sistémica.

Si casi no hace ejercicio, comience con 15 a 20 minutos al día e incremente cinco minutos por semana. También incorpore el entrenamiento de fuerza dos veces por semana, pero no se exceda. Si se siente nervioso, agotado o incapaz de recuperarse, significa que está esforzándose demasiado. El movimiento diario mejora la resiliencia, mientras que el esfuerzo excesivo crónico la deteriora.

También es importante asegurarse de optimizar sus niveles de vitamina D. Varios análisis relacionan los niveles saludables de vitamina D con un menor riesgo de cáncer colorrectal, mama y más.4

Los mecanismos coinciden con todo lo que se ha comentado en este artículo: la vitamina D regula la función inmunológica, mejora la capacidad del organismo para desencadenar la muerte celular programada en células anormales y ayuda a regular la señalización inflamatoria que promueve el crecimiento de tumores. Hágase un análisis de sangre dos veces al año y trate de alcanzar un nivel de entre 60 y 80 ng/ml (150 a 200 nmol/l).

Muchas personas necesitan suplementos de vitamina D3, en especial durante los meses de invierno o si pasa poco tiempo al aire libre. Si toma algún suplemento, hágalo con una comida que contenga grasas para mejorar su absorción, y combínelo con magnesio y vitamina K2 para mantener un metabolismo adecuado del calcio.

4. Reducir el estrés crónico para proteger la función metabólica: mantener niveles elevados de cortisol, que es la principal hormona del estrés, incrementa la grasa abdominal, altera la función inmunológica y afecta los procesos de reparación mitocondrial en los que se basa el cuerpo para prevenir el crecimiento celular anormal. Reducir el cortisol no es un lujo, sino una necesidad.

Comience con respiraciones lentas y profundas varias veces al día y expóngase a la luz del sol por las mañanas para restablecer su ritmo de cortisol. Incluya carbohidratos saludables en sus comidas para estabilizar la energía y calmar su sistema nervioso.

Los placeres simples de la vida también tienen un impacto importante, la risa, la música, el tiempo con sus mascotas y las actividades que en verdad disfruta producen cambios bioquímicos que reducen el cortisol y dan la sensación de seguridad al cerebro. Para un refuerzo más completo, la progesterona natural es una de las formas más seguras y eficaces de bloquear los efectos nocivos del cortisol, lo que ayuda al cuerpo a recuperarse de la sobrecarga de estrés y restablecer el equilibrio hormonal.

Además, el sueño es una de las estrategias más poderosas para prevenir el cáncer, pero también una de las más ignoradas. La IARC clasifica la alteración de los ritmos circadianos como un probable carcinógeno, y las razones tienen una relación estrecha con los mecanismos que se analizan a lo largo de este artículo: la privación del sueño reduce la capacidad del cuerpo para reparar el ADN dañado, debilita a las células asesinas naturales que eliminan las células anormales e incrementa los niveles de cortisol.

Trate de dormir entre siete y nueve horas sin interrupciones en una habitación oscura y fresca. Para sincronizar su ritmo circadiano, evite las pantallas al menos una hora antes de acostarse, atenúe las luces después del atardecer y mantenga un horario regular para dormir y despertar, incluso los fines de semana.

5. Dejar de fumar, consumir alcohol y eliminar otras exposiciones modificables: el alcohol es un veneno metabólico, al igual que el AL, que incrementa el riesgo de cáncer. Cuando consume alcohol, su hígado convierte el etanol en acetaldehído, que es un aldehído tóxico que daña las membranas celulares y el ADN. El AL sigue una ruta casi idéntica. A medida que el AL se descompone, forma otro aldehído tóxico llamado 4-hidroxinonenal (4-HNE).

Tanto el acetaldehído como el 4-HNE son moléculas muy reactivas que se unen a las proteínas, los fosfolípidos y el ADN de las mitocondrias, lo que altera la habilidad del cuerpo para generar trifosfato de adenosina (ATP), que es la fuente de energía que utiliza su cuerpo para realizar todas sus funciones, desde los latidos del corazón hasta la reparación de ADN. Pues el acetaldehído y el 4-HNE son como óxido molecular.

Corroen la maquinaria que utilizan las células para producir energía, lo que daña las mitocondrias. Así que, si consume alcohol, deje de hacerlo. Si fuma, también deje de hacerlo. Siempre que sea posible trate las infecciones crónicas y limite lo más que pueda su exposición a las toxinas ambientales como la contaminación del aire. Si vive cerca de una carretera con mucho tráfico o en una zona con mala calidad del aire, utilice un purificador de aire HEPA en las habitaciones donde pasa más tiempo, sobre todo en su habitación.

Cuando camine o haga ejercicio al aire libre, elija rutas que estén lejos del tráfico intenso. Filtre su agua potable con un sistema de alta calidad que elimine el cloro, los metales pesados ​​y los contaminantes industriales. Cambie sus productos de limpieza del hogar y cuidado personal por versiones que no contengan fragancias sintéticas, parabenos y ftalatos. No es necesario que cambie todo de la noche a la mañana; comience con las situaciones a las que se expone con mayor frecuencia.

Preguntas frecuentes sobre el riesgo de cáncer prevenible

P: ¿Qué porcentaje de cáncer puede prevenirse?

R: Un análisis global que se publicó en Nature Medicine descubrió que alrededor de cuatro de cada 10 nuevos casos de cáncer en todo el mundo se relacionan con factores de riesgo que pueden controlarse. 5 Eso significa que una parte importante de la carga mundial del cáncer se relaciona con exposiciones como el cigarro, el alcohol, las infecciones, el exceso de grasa corporal y los contaminantes ambientales, y no solo con el destino o la genética.

P: ¿Cuáles son los principales factores prevenibles que incrementan el riesgo de cáncer?

R: El hábito de fumar es el factor principal, seguido por infecciones como el VPH y la H. pylori. Consumir alcohol también incrementa el riesgo. Los cánceres de pulmón, estómago y cuello uterino representan casi la mitad de los casos prevenibles a nivel mundial, en gran parte debido a estas exposiciones.

P: ¿Por qué la grasa corporal y la salud metabólica influyen en el riesgo de cáncer?

R: El exceso de grasa corporal libera sustancias químicas inflamatorias que crean un entorno biológico que promueve el crecimiento de tumores. La disfunción metabólica también deteriora la función mitocondrial, es decir, la capacidad de las células para producir energía de manera eficiente. Cuando las mitocondrias no pueden producir energía de manera eficiente, las células entran en un estado de estrés e inflamación, y ese es el entorno en el que proliferan las células de cáncer.

P: ¿Cómo influye la alimentación en el riesgo de cáncer a nivel celular?

R: Consumir aceites de semillas ricos en AL y un exceso de grasas altera la función mitocondrial y estimula la formación de aldehídos tóxicos que dañan las proteínas, las membranas y el ADN mitocondrial. Mientras que equilibrar el consumo de grasas, priorizar los carbohidratos digeribles y eliminar los aceites de semillas reduce el estrés metabólico y disminuye la señalización inflamatoria.

P: ¿Qué estrategias pueden ayudar a reducir el riesgo de cáncer prevenible?

R: Dejar de fumar y consumir alcohol. Eliminar los aceites de semillas para reducir el consumo total de AL. Mantener un perfil de macronutrientes equilibrado con suficientes carbohidratos y proteínas. Mejorar su composición corporal, caminar todos los días y hacer entrenamiento de fuerza moderado, en lugar de recurrir a dietas extremas o entrenar en exceso. Tratar las infecciones crónicas y reducir la exposición a toxinas ambientales siempre que sea posible.