📝HISTORIA EN BREVE
- La inflamación es una parte importante del proceso de curación, ya que ayuda al cuerpo a responder a las lesiones e iniciar la reparación, pero cuando se vuelve crónica, comienza a interferir con la recuperación en lugar de apoyarla
- Los macrófagos son células inmunológicas clave que actúan como primera línea de defensa y equipo de limpieza, primero eliminan el tejido dañado y luego, participan en los procesos de reconstrucción y regeneración
- Las investigaciones recientes afirman que la inflamación crónica interrumpe este cambio, y provoca que muchos macrófagos no puedan pasar de modo de ataque a modo de reparación, eso provoca que mantenga las señales inflamatorias e impide que realicen su función en el proceso de curación
- Pero algo alentador es que el estudio demostró que este daño no es permanente y que, cuando se controla esta señalización inflamatoria crónica, los macrófagos pueden recuperar su capacidad para ayudar a reparar los tejidos
- Reducir los factores que desencadenan este problema, como el exceso de aceites de semillas, las endotoxinas, la exposición a sustancias químicas, el estrés crónico, la falta de sueño y la inactividad, ayuda a disminuir la carga inflamatoria y restaurar el equilibrio inmunológico
🩺Por el Dr. Mercola
Cuando se corta un dedo o se tuerce el tobillo, el enrojecimiento, la inflamación y la sensación de calor que aparecen después son señales de que su cuerpo está haciendo su trabajo. La inflamación, en su forma aguda, es un proceso necesario en la biología humana. Es una respuesta rápida que envía células inmunológicas al lugar del daño, elimina los residuos y activa el proceso de reparación. Pero, cuando la inflamación se vuelve crónica, también se vuelve contraproducente.1
La inflamación crónica no solo es una versión más intensa o prolongada de la respuesta aguda, sino que es un problema aparte, en el que el sistema inmunológico permanece activo durante semanas, meses o incluso años, sin una herida que curar, ni una amenaza que combatir. Con el tiempo, deja de ser beneficiosa para su cuerpo y comienza a causar daños.2
La inflamación crónica es la causa principal de muchas de las enfermedades más comunes y graves de nuestro tiempo, pero los mecanismos que la originan aún no se comprenden por completo. Hace poco, los investigadores de la Universidad de Carolina del Norte (UNC) en Chapel Hill realizaron un estudio que ofrece información importante sobre este problema, ya que demostró que la inflamación crónica hace que las células inmunológicas dejen de funcionar de forma correcta.3
La activación crónica de los macrófagos impide la reparación muscular
El estudio se publicó en Nature Communications y se enfocó en los macrófagos, que son las células inmunológicas que actúan como primera línea de defensa y equipo de limpieza cuando el cuerpo sufre una lesión. Los investigadores utilizaron el pez cebra, que es un modelo bien establecido para estudiar la reparación de tejidos, ya que su cuerpo es transparente, lo que permite ver de forma directa las células inmunológicas dentro de un organismo vivo. Por lo que, pudieron observar cómo se comportaban los macrófagos cuando la inflamación hacía su trabajo o se volvía crónica.4
• Los macrófagos son unas de las células más versátiles de su sistema inmunológico: en condiciones saludables, cuando un músculo se lesiona, los macrófagos llegan al área afectada y comienzan a eliminar las células muertas y los desechos. A medida que avanza el proceso de curación, entran en modo de reparación, lo que ayuda a reconstruir los tejidos y la regenerar las fibras musculares.
• Durante años, los científicos clasificaron los macrófagos en dos categorías: los macrófagos "M1", que se describen como inflamatorios y los macrófagos "M2, que estimulan la reparación. La suposición era que, los macrófagos pasan de M1 a M2 en una transición ordenada a medida que se resuelve la lesión.
Pero, este estudio demostró que las respuestas saludables a las lesiones implican más de dos estados, ya que los macrófagos se dividen en varios subtipos especializados durante la reparación activa.
• Los investigadores identificaron tres subtipos distintos: un grupo, que se describió como macrófagos móviles, se movió rápido a través del área lesionada para inspeccionar el daño. Un segundo grupo, formado por macrófagos agrupados, se dirige a las zonas más dañadas para eliminar las células lesionadas o moribundas y realizar la limpieza esencial que permite que comience la regeneración.
Un tercer grupo, los macrófagos que envuelven el músculo, se adhieren a las fibras musculares para proporcionarles apoyo estructural durante la reconstrucción, es como utilizar un andamiaje para estabilizar una estructura en reparación. Pero, los animales con inflamación crónica, tuvieron niveles muy bajos de los subtipos de agrupamiento y recubrimiento muscular, lo que ralentizó bastante el proceso de curación muscular.
• La inflamación crónica redujo la actividad inmunológica: los macrófagos quedaron atrapados en lo que los investigadores describieron como un estado híbrido M1/M2, con señales que se relacionan tanto con la inflamación como con la reparación, pero sin realizar ninguna de las dos funciones de forma correcta.
Es como un coche que se atasca entre cambios, el motor está en marcha, el combustible se está quemando, pero el coche no avanza. Estos macrófagos híbridos están activos y envían señales, pero no eliminan los residuos ni estimulan la regeneración.
En condiciones normales, menos del 10 % de los macrófagos mostraron este perfil mixto durante la respuesta máxima a la lesión, y parecía ser una fase de transición temporal. En condiciones de inflamación crónica, este estado híbrido se expandió bastante y afectó al 50 % o más de la población de macrófagos. A medida que se acumulaban estas células disfuncionales, disminuían los subtipos especializados que se requieren para la reparación.
• El estudio atribuyó este deterioro a cambios a nivel genético: la inflamación crónica inhibió el gen mrc1b (que tiene un equivalente humano directo, Mrc1). Este gen proporciona el patrón para el receptor de manosa (CD206), que es una proteína de superficie que marca a los macrófagos comprometidos con la reparación de tejidos. En animales sanos, el gen mrc1b se expresó de forma correcta en los macrófagos de agrupamiento y recubrimiento muscular.
En animales con inflamación crónica, su expresión se redujo bastante en toda la población de macrófagos. Cuando los investigadores redujeron de manera intencional el gen mrc1b en animales sanos, desarrollaron la misma alteración, lo que demuestra que inhibir este gen afecta el proceso de reparación.
• La vía de señalización detrás de esta supresión involucró una proteína que se conoce como MyD88: las proteínas como MyD88 actúan como relés dentro de las células inmunológicas para transmitir señales inflamatorias. En animales con inflamación crónica, la señalización de MyD88 permaneció activa y se relacionó con una menor expresión de mrc1b.
Cuando se bloqueó esta vía, los niveles de mrc1b se recuperaron de forma parcial y la reparación muscular mejoró, lo que indica que la señalización inflamatoria crónica impedía que los macrófagos entraran en un estado de reparación.
• Otro hallazgo clave involucró a la enzima catepsina K: los macrófagos que se agrupan y envuelven los músculos suelen acumular niveles elevados de catepsina K, que es una enzima que ayuda a descomponer las proteínas dañadas durante la remodelación de tejidos y la eliminación de desechos.
Los macrófagos con inflamación crónica no experimentaron este incremento en los niveles de catepsina K. Sin suficiente catepsina K, no pueden eliminar el material dañado, lo que impide la reparación.
• El estudio también demostró que esta disfunción puede revertirse: cuando se restauró la función de los macrófagos, al corregir el defecto genético dentro de los macrófagos o bloquear la señalización inflamatoria mediada por MyD88, la reparación muscular volvió a niveles comparables a los de los animales sanos. Estos hallazgos sugieren que la inflamación crónica no elimina de forma permanente la capacidad de curación de los macrófagos, más bien provoca que entren en un estado disfuncional.
Esta investigación replantea nuestra forma de ver la inflamación crónica, no como un problema de cantidad (demasiada inflamación), sino como un problema de transición (cuando las células inmunológicas no pueden pasar del modo de defensa al modo de reparación). Esto sugiere que las intervenciones más efectivas no serán las que inhiben toda actividad inmunológica, sino las que reducen los desencadenantes inflamatorios que impiden que el sistema inmunológico complete su ciclo de curación natural.
Los efectos de la inflamación crónica a largo plazo
Si bien el estudio de la UNC Chapel Hill se enfocó en la reparación muscular, sus implicaciones van mucho más allá de un solo tipo de tejido. Cuando los macrófagos y otras células inmunológicas permanecen en un estado disfuncional y activo, el daño se acumula en casi todos los sistemas.5
De hecho, los investigadores dijeron que esta disfunción en los macrófagos influye en varias enfermedades, que incluyen la diabetes, el cáncer y los trastornos neurodegenerativos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica las enfermedades inflamatorias crónicas como una de las mayores amenazas para la salud humana.6
• Enfermedad cardiovascular: la inflamación crónica deteriora el revestimiento interno de los vasos sanguíneos, lo que provoca que se acumule la placa (aterosclerosis) que estrecha y endurece las arterias, que a su vez, incrementa el riesgo de infarto y derrame cerebral. Además, las personas con enfermedades cardiovasculares suelen tener niveles elevados de marcadores inflamatorios, como la proteína C reactiva (PCR), por lo que sirven como indicadores de este daño oculto.7,8,9
• Trastornos metabólicos: la inflamación crónica interfiere con la regulación metabólica y se relaciona con la obesidad, la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2. Las moléculas de señalización inflamatoria también afectan la respuesta del cuerpo a la insulina, lo que hace más difícil controlar los niveles de glucosa y provoca que se acumule más grasa. Con el tiempo, esto incrementa el riesgo de diabetes y complicaciones como daño renal y lesiones nerviosas.10,11
• Trastornos autoinmunes: en trastornos autoinmunes como el lupus, la artritis reumatoide y la esclerosis múltiple, falla el mecanismo de selección del sistema inmunológico, de forma muy similar a la disfunción de los macrófagos que se menciona en el estudio, donde las células inmunológicas pierden la capacidad de distinguir entre lo que debe atacarse y lo que debe protegerse.
El resultado es un daño crónico en los tejidos sanos, que provoca dolor en las articulaciones, fatiga severa, problemas digestivos y disfunción específica de los órganos, según el trastorno.12,13
• Trastornos neurológicos: las sustancias químicas inflamatorias pueden atravesar la barrera hematoencefálica y alterar la función del cerebro. Esta neuroinflamación contribuye a la pérdida de memoria, los trastornos del estado de ánimo y el deterioro cognitivo, y también ser relaciona con el Alzheimer, el Parkinson y la depresión.14,15,16
• Enfermedades respiratorias: La enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), que incluye el enfisema y la bronquitis crónica, es una de las causas principales de muerte en los Estados Unidos, y la inflamación pulmonar crónica es un factor determinante.17
La exposición crónica a irritantes como el humo del cigarro, la contaminación del aire y las toxinas en el lugar de trabajo produce una respuesta inflamatoria que nunca se resuelve por completo. Con el tiempo, esta inflamación crónica daña el tejido pulmonar, estrecha las vías respiratorias, incrementa el riesgo de infecciones y provoca síntomas como tos crónica, producción excesiva de mucosidad y dificultad para respirar.18
• Cáncer: cuando la inflamación permanece activa en un tejido durante demasiado tiempo, el estrés oxidativo crónico y el daño celular pueden afectar el ADN e incrementar el riesgo de crecimiento celular anormal. En pocas palabras, la inflamación crónica crea un entorno que favorece el desarrollo de tumores, que incluyen señales de crecimiento persistentes, formación de vasos sanguíneos nuevos y deterioro en la vigilancia inmunológica. Los cánceres de hígado, colon y estómago tienen una relación estrecha con los estados inflamatorios crónicos.19,20
En conjunto, estos problemas de salud demuestran que la inflamación crónica puede afectar la biología de los tejidos en todo el cuerpo.
Los cuatro factores que causan inflamación crónica
Si la inflamación crónica provoca que las células inmunológicas se estanquen en estados disfuncionales, la siguiente pregunta sería: ¿qué es lo que mantiene activa esa señalización inflamatoria en primer lugar? Se trata de los cuatro factores cotidianos que mantienen una carga inflamatoria elevada e impiden que el cuerpo cambie del modo de defensa al modo de reparación.
1. Exceso de ácido linoleico (AL): el AL es una grasa poliinsaturada omega-6 (PUF), que se encuentra en los aceites vegetales y los alimentos ultraprocesados, y se considera uno de los componentes más dañinos de la alimentación moderna. Cuando se consume en exceso, interfiere con el metabolismo y altera el microbioma intestinal, que son dos de los factores más importantes para mantener una respuesta inflamatoria saludable y una buena salud.
El ácido linoleico también se incrusta en las membranas celulares y las estructuras mitocondriales, donde se oxida con facilidad. Cuando se oxida, produce subproductos reactivos que pueden alterar la expresión genética, dañar las enzimas y mantener activo el sistema inmunológico. El resultado es justo el tipo de señalización inflamatoria crónica que, según los investigadores de la UNC, impide que los macrófagos entren en estado de reparación.
2. Campos electromagnéticos (EMF): se sabe que la exposición crónica a los EMF de dispositivos como teléfonos celulares, enrutadores Wi-Fi y otros dispositivos electrónicos afecta las vías de señalización celular. Los campos electromagnéticos activan los canales de calcio dependientes de voltaje (VGCC) en las membranas celulares, lo que incrementa los niveles de calcio intracelular.
Los niveles elevados de calcio pueden promover la formación de moléculas reactivas como el peroxinitrito, que es una molécula muy reactiva que daña las proteínas, las grasas y el ADN dentro de las células, lo que acelera el tipo de desgaste interno que mantiene activa la señalización inflamatoria. La activación crónica de estas vías contribuye a la carga oxidativa y a la disfunción inmunológica.
3. Sustancias químicas disruptoras endocrinas (EDC): exponerse a las EDC interfiere con la señalización hormonal normal, en parte debido a que sobreactiva los receptores de estrógeno. Los microplásticos, que hoy son muy comunes en el medio ambiente, son una fuente importante de estas sustancias químicas. Algunas estimaciones sugieren que la persona promedio consume el equivalente al peso de una tarjeta de crédito en plástico a la semana.
Muchos plásticos contienen sustancias químicas como ftalatos y bisfenol A (BPA), que pueden unirse a los receptores de estrógeno y alterar el equilibrio hormonal. Esto incrementa los niveles de calcio intracelular, lo que a su vez provoca que se forme peroxinitrito. Con el tiempo, este proceso mantiene activo el sistema inmunológico e incrementa el riesgo de enfermedades crónicas.
4. Endotoxinas: los alimentos ultraprocesados cargados de aceites vegetales y jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), junto con la exposición a disruptores endocrinos, dañan la salud intestinal e incrementan la producción de endotoxinas. Estas sustancias tóxicas provienen de las paredes celulares externas de ciertas bacterias, en especial las especies gramnegativas.
Debido a que estas bacterias son anaerobios facultativos (capaces de vivir tanto en ambientes altos como bajos en oxígeno), colonizan diferentes áreas del cuerpo, incluyendo el intestino, y promueven la inflamación. Cuando las endotoxinas entran al torrente sanguíneo a través de una barrera intestinal comprometida, provocan una respuesta inmunológica que se conoce como endotoxemia.
Esto es relevante para la investigación sobre macrófagos porque las endotoxinas son uno de los activadores más potentes de las vías de señalización inflamatorias. En otras palabras, una barrera intestinal comprometida provoca que el torrente sanguíneo se llene de endotoxinas, y este es otro de los factores que mantiene a los macrófagos atrapados en su estado disfuncional.
Reducir la exposición a estos desencadenantes, disminuye la carga inflamatoria en su organismo y permite que los macrófagos hagan lo que están diseñados para hacer: curar. Para obtener más información sobre estas causas fundamentales, consulte el artículo "Las sustancias cotidianas que nos enferman más que nunca".
Estrategias prácticas para controlar la inflamación crónica
La buena noticia del estudio de la UNC es que la inflamación crónica no destruye de forma permanente la capacidad de curación de las células inmunológicas. Para restaurar la función de los macrófagos es importante controlar las señales inflamatorias. Esto significa que las siguientes estrategias, no solo son recomendaciones generales de bienestar, sino formas de eliminar los desencadenantes específicos que impiden que el sistema inmunológico pase de modo de defensa a modo de reparación.
1. Mantener el consumo de ácido linoleico (AL) por debajo de 5 gramos al día, lo ideal es que esté por debajo de 2: si solo hará un cambio, que sea éste. Los alimentos procesados y comidas de restaurantes, que incluyen aderezos, salsas, papas fritas, galletas saladas, barritas de proteína, alimentos congelados y muchos aperitivos "saludables", contienen niveles elevados de AL. En las etiquetas de ingredientes, evite los aceites de girasol, cártamo, soya, canola, semilla de uva y salvado de arroz.
Reemplace el aceite vegetal de su cocina con mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee, sebo de res o aceite de coco. Se trata de grasas saturadas estables que el cuerpo sabe cómo utilizar. Para ayudarlo a controlar su consumo, descargue la aplicación Mercola Health Coach cuando esté disponible. Contiene una función llamada Seed Oil Sleuth, que le ayudará a monitorear su consumo de AL hasta una décima de gramo.
2. Restaurar su intestino: es fundamental tener una barrera intestinal fuerte para controlar la carga inflamatoria.21 Comience por consumir carbohidratos de fuentes de alimentos enteros como camotes, zanahorias, calabaza y arroz blanco cocido. Estos alimentos aportan fibras fermentables que alimentan a las bacterias beneficiosas y ayudan a restaurar la función intestinal.
Pero, si tiene una mala salud intestinal, consumir fibra puede causar distensión, retortijones o estreñimiento; lo que se conoce como la paradoja de la fibra. Introducir poco a poco los alimentos ricos en fibra y en pequeñas porciones permite que se adapte su sistema digestivo.
Con el tiempo, esto ayudará a restaurar la mucosa intestinal y controlar la respuesta inmunológica. La mayoría de los adultos necesitan unos 250 gramos de carbohidratos saludables al día.
3. Minimizar su exposición a los EMF: no necesita desconectarse por completo de la tecnología, pero sí es importante reducir su exposición. Desactive el Wi-Fi mientras duerme, active el modo avión siempre que sea posible y evite estar cerca de dispositivos inalámbricos durante periodos prolongados mientras su cuerpo descansa y se recupera. Para obtener más consejos, consulte "Protéjase de esta tecnología sigilosa".
4. Reducir su carga tóxica: los plásticos son una fuente común de sustancias químicas disruptoras endocrinas, en especial cuando los utiliza para calentar o almacenar alimentos. Mejor, utilice vidrio, acero inoxidable o cerámica para almacenar y preparar alimentos. Esos mismos tipos de químicos ingresan a través del agua, por lo que es importante filtrarla para eliminar los metales pesados, el flúor y los contaminantes industriales.
Los productos de limpieza y los productos de cuidado personal también incrementan esta carga. Muchas fórmulas convencionales contienen fragancias sintéticas, conservadores que liberan formaldehído y otros compuestos dañinos. Elegir alternativas más limpias reduce la exposición diaria.
5. Exponerse de forma regular la luz del sol: la luz natural es uno de los reguladores de la inflamación más poderosos y menos aprovechados.22 Para maximizar los beneficios, trate de exponerse al sol por una hora alrededor del mediodía solar (12 p.m. o 1 p.m. durante el horario de verano). Al hacerlo, utilice poca ropa con el fin de exponer al sol la mayor cantidad de piel posible.
Pero, si consume alimentos ricos en AL, debe tener ciertas consideraciones al momento de exponerse al sol. La radiación UV interactúa con el ácido linoleico que se encuentra en el tejido cutáneo, lo que incrementa el estrés oxidativo y el riesgo de fotoenvejecimiento y daño al ADN. En lugar de exponerse directo al sol durante las horas de mayor intensidad, limite su exposición a las primeras horas de la mañana o a las últimas de la tarde hasta que haya eliminado los aceites de semillas y otras fuentes de AL de su alimentación durante al menos seis meses.
Para acelerar la eliminación del AL, incremente su consumo de C15:0 (ácido pentadecanoico), una grasa estable y antiinflamatoria que se encuentra en los productos lácteos enteros. Para aprender cómo hacerlo, consulte: "La grasa perjudicial que debe limpiar de su cuerpo: hágalo de esta manera".
6. Mantener el estrés bajo control: el estrés crónico no solo es una carga emocional; sino que también intensifica la señalización inflamatoria. Mantener niveles elevados de cortisol durante períodos prolongados altera la regulación inmunológica, causa un desequilibrio microbiano y debilita la integridad de la barrera cutánea de forma que promueve la inflamación de bajo grado. El estrés crónico también mantiene al sistema inmunológico en modo de defensa. 23,24
Para reducir sus niveles de estrés, incorpore hábitos que regulen el estrés, como ejercicios de respiración, meditación Técnicas de Libertad Emocional (EFT), o pasar tiempo en la naturaleza. Para más consejos, consulte: "No es debilidad emocional: es inflamación cerebral provocada por el estrés".
7. Mejorar sus hábitos de sueño: el sueño es fundamental para controlar de la inflamación. Cuando duerme mal, incrementa la señalización inflamatoria, se elevan las hormonas del estrés y a su cuerpo le resulta más difícil entrar en el estado de reparación.25
Para mejorar la calidad de su sueño, establezca una rutina de sueño constante, reduzca la exposición a la luz azul por la noche y mantenga su habitación fresca y oscura. Para más información, consulte: "Recomendaciones prácticas para una mejor calidad de sueño".
8. Hacer ejercicio de forma regular: el movimiento produce señales antiinflamatorias. La actividad física regular mejora la circulación, favorece el equilibrio metabólico y ayuda a reducir los marcadores inflamatorios. Además, reduce las hormonas del estrés y estabiliza la regulación inmunológica.26
Si el ejercicio no forma parte de su rutina, empiece con algo sencillo y constante, como caminar todos los días. A medida que mejore su capacidad, incorpore entrenamiento de resistencia, estiramientos y sesiones ocasionales de mayor intensidad.
Preguntas frecuentes sobre la inflamación crónica
P: Si la inflamación es necesaria para la curación ¿por qué se vuelve dañina?
R: La inflamación se vuelve dañina cuando se vuelve crónica. A corto plazo, lleva células inmunológicas al tejido lesionado, elimina los residuos y activa la reparación. El problema comienza cuando la señalización inflamatoria permanece activa mucho después de que pasó el desencadenante inicial, lo que mantiene el sistema inmunológico en modo de defensa en lugar de pasar a la fase de reparación.
P: ¿Qué les sucede a mis células inmunológicas durante una inflamación crónica?
R: Durante la inflamación crónica, las células inmunológicas clave, como los macrófagos, pierden su flexibilidad. En lugar de adaptarse a funciones especializadas de reparación, se estancan en un estado mixto o disfuncional. Producen señales inflamatorias, pero no realizan las funciones de curación. A medida que este patrón se vuelve crónico, la reparación de los tejidos se ralentiza y el daño puede acumularse.
P: ¿Puede la inflamación crónica dañar de forma permanente mi sistema inmunológico?
R: La evidencia del estudio de la UNC sugiere que la disfunción inmunológica a causa de la inflamación crónica no es permanente. Cuando se reduce la señalización inflamatoria, los macrófagos pueden recuperar su capacidad para reparar los tejidos. Eso significa que reducir los factores desencadenantes le da a su sistema inmunológico la oportunidad de restaurarse y reanudar los procesos normales de curación.
P: ¿Qué hace que mi sistema inmunológico se quede en modo de defensa?
R: Algunos de los desencadenantes más comunes incluyen el exceso de AL, la exposición crónica a endotoxinas, los disruptores endocrinos químicos, el estrés crónico y los factores estresantes ambientales como los EMF.
P: ¿Qué puedo hacer para controlar la inflamación crónica?
R: Empiece por reducir su exposición a los desencadenantes más comunes. Limite su consumo de AL, cuide su salud intestinal con carbohidratos saludables y alimentos ricos en fibra, reduzca su exposición a plásticos y otras toxinas como los campos electromagnéticos, expóngase al sol con regularidad, mantenga el estrés bajo control y haga ejercicio de forma regular. Estas estrategias reducen la carga inflamatoria y ayudan a restaurar el equilibrio en su sistema inmunológico.
🔎Fuentes y Referencias:
- 1, 2 Harvard Health Publishing, April 1, 2020
- 3, 4, 5 Nature Communications volume 17, Article number: 1466 (2026)
- 6 StatPearls [Internet]. Chronic Inflammation
- 7 StatPearls [Internet]. Atherosclerosis
- 8 Biomedicines. 2023 Sep 2;11(9):2444
- 9 Int J Mol Sci. 2022 Oct 26;23(21):12906
- 10 Immunity. 2022 Jan 11;55(1):31–55
- 11 Diabetes Research and Clinical Practice Volume 200, June 2023, 110691
- 12 Front Immunol. 2023 Oct 4;14:1267091
- 13 Nature Reviews Nephrology Volume 19, Pages 509–524 (2023)
- 14 Antioxidants and Redox Signaling. June 2020, Vol. 33 (3)
- 15 Antioxid Redox Signal. 2020 Jul 20;33(3):191-210
- 16 CNS Neurosci Ther. 2020 Dec 30;27(1):36–47
- 17 National Heart, Lung and Blood Institute, What Is COPD?
- 18 StatPearls [Internet]. Chronic Obstructive Pulmonary Disease
- 19 Biomedicine and Pharmacotherapy Volume 164, August 2023, 115015
- 20 Diseases. 2022 Jun 22;10(3):35
- 21 The Lancet Gastroenterology & Hepatology Volume 10, Issue 6, June 2025, Pages 573-592
- 22 Int J Environ Res Public Health. 2021 Feb 3;18(4):1416
- 23 Front Hum Neurosci. 2017 Jun 20;11:316
- 24 BMC Psychol. 2025 May 2;13:464
- 25 Annals of Neurosciences. 2024;32(3):196-206
- 26 Sports Medicine and Health Science Volume 6, Issue 2, June 2024, Pages 139-153