📝HISTORIA EN BREVE
- Un amplio estudio internacional reveló que el 99 % de los casos de infarto, derrame cerebral e insuficiencia cardíaca estuvieron precedidos por al menos un factor de riesgo medible, lo que significa que estos eventos rara vez son aleatorios y a menudo se desarrollan a lo largo de los años
- Más del 93 % de las personas tenían hipertensión arterial antes de su evento cardiovascular, lo que la convierte en la señal de alerta más común e influyente que se puede monitorear y corregir a tiempo
- La mayoría de las personas presentaban dos o más factores de riesgo antes de sufrir su primer episodio, lo que demuestra que la hipertensión, la cantidad elevada de azúcar en la sangre, los niveles desequilibrados de colesterol y el tabaquismo se suman para acelerar el daño arterial
- El colesterol total por sí solo no refleja con precisión el riesgo cardíaco real; indicadores como el HOMA-IR, la insulina en ayunas, la relación entre triglicéridos y HDL y los niveles de hierro ofrecen una imagen más clara del estrés metabólico que provoca enfermedades vasculares
- Abordar las causas fundamentales, como mejorar la sensibilidad a la insulina, evitar los aceites de semillas, desarrollar masa muscular, caminar todos los días y optimizar la exposición a la luz solar, refuerza la producción de energía celular y ayuda a proteger las arterias mucho antes de que surja una crisis
🩺Por el Dr. Mercola
El ataque cardíaco inesperado casi nunca surge de la nada. Las enfermedades cardiovasculares, que abarcan los ataques cardíacos, los derrames cerebrales y la insuficiencia cardíaca, se desarrollan de forma silenciosa a lo largo de los años, y la evidencia casi siempre está presente, esperando a que la detecten. Se caracteriza por una obstrucción del flujo sanguíneo hacia el corazón o el cerebro y, a menudo, se manifiesta como opresión en el pecho, dificultad para respirar, debilidad repentina, confusión o desmayo. Para cuando aparecen esos síntomas, el daño ya se ha estado acumulando durante años bajo la superficie.
Durante décadas, ha circulado la idea de que muchos de estos sucesos afectan a personas que parecían no tener ningún problema de salud y esta creencia influye en la visión que tienen las personas sobre la prevención. Si la catástrofe parece aleatoria, hay poca motivación para supervisar lo básico. Sin embargo, los datos demográficos a gran escala cuentan una historia muy diferente.
En 2025, unos investigadores que publicaron un artículo en la revista Journal of the American College of Cardiology analizaron los historiales médicos a largo plazo de un gran número de personas tanto de Corea del Sur como de Estados Unidos.1 Su análisis se enfocó en cómo era la salud de las personas antes de su primer evento cardiovascular. El Dr. Philip Greenland, autor principal de la Universidad Northwestern, resumió el hallazgo principal sin rodeos. Afirmó que la exposición a uno o más factores de riesgo no óptimos antes de estos resultados fue "casi del 100 %".2
En lugar de preguntarnos si los ataques cardíacos ocurren sin previo aviso, surge una pregunta más precisa: ¿qué patrones ya estaban presentes en los años previos a la crisis? Los detalles de ese análisis revelan hasta qué punto esos patrones son consistentes en todas las poblaciones y grupos de edad.
Casi todos los ataques cardíacos y derrames cerebrales ocurrieron después de años de señales de alerta medibles
El estudio publicado en el Journal of the American College of Cardiology buscó responder una pregunta directa: ¿los ataques cardíacos, los derrames cerebrales y la insuficiencia cardíaca en verdad ocurren "de la nada"? 3 Los investigadores analizaron los datos de 9 341 100 adultos del Servicio Nacional de Seguro de Salud de Corea y de 6 803 adultos del Estudio Multiétnico de Aterosclerosis, realizado en Estados Unidos.
Hicieron un seguimiento de los participantes durante años antes de que sufrieran su primer evento cardiovascular y analizaron sus datos de salud previos para comprobar si cuatro factores de riesgo convencionales ya habían superado los niveles óptimos.
• Casi todas las personas tenían al menos una señal de alerta antes de la crisis: antes de sufrir un episodio de cardiopatía coronaria, el 99,7 % de los casos en Corea y el 99,6 % en los Estados Unidos tenían registrado al menos un factor de riesgo no óptimo, que en el estudio se definió como presión arterial elevada (igual o superior a 120/80 mm Hg o en tratamiento), colesterol total igual o superior a 200 mg/dL o en tratamiento hipolipemiante, glucosa en ayunas igual o superior a 100 mg/dL y diabetes tratada, o tabaquismo pasado o actual.
La tendencia se mantuvo igual en el caso de la insuficiencia cardíaca y el derrame cerebral, ya que más del 99 % de las personas habían estado expuestas con anterioridad en ambos países. Ese 99 % no es ruido estadístico. Significa que casi nadie llegó a una cama de hospital sin previo aviso.
• La mayoría de las personas tenían múltiples factores de riesgo, no solo uno: entre el 93.2 % y el 97.2 % de las personas tenían dos o más de estos factores de riesgo antes del evento. Esto es importante porque el riesgo se acumula. Una cifra elevada supone estrés para su sistema. Dos o tres aceleran el daño a un ritmo mucho más rápido.
La prevalencia de al menos un factor no óptimo superó el 99 % tanto en hombres como en mujeres en casi todos los grupos de edad. Incluso en las mujeres menores de 60 años, es decir, el grupo con la proporción más baja, más del 95 % de los casos de insuficiencia cardíaca y derrame cerebral tuvieron factores de riesgo previos. Eso elimina la ilusión de que la juventud o el género ofrecen protección si las cifras tienden a aumentar.
• La presión arterial fue el factor predominante: de entre todas las variables, la hipertensión se destacó como el riesgo más común. En ambos países, más del 93 % de las personas que sufrieron un infarto, un derrame cerebral o una insuficiencia cardíaca ya tenían hipertensión arterial. Eso significa que las paredes de sus arterias habían estado absorbiendo una fuerza excesiva con cada latido del corazón, es decir, miles de veces al día, mucho antes de la emergencia.
• Fumar multiplica el riesgo de lesiones y coágulos: la exposición al tabaco daña las paredes de los vasos sanguíneos y hace que se formen más coágulos de sangre. Un coágulo que se forma sobre una placa inestable bloquea el flujo sanguíneo de forma repentina. Esa obstrucción priva de oxígeno al músculo cardíaco o al tejido cerebral. Las células mueren en cuestión de minutos.
• Se hizo hincapié en que la prevención es primordial: los hallazgos resaltan la importancia de prevenir los factores de riesgo en primer lugar. La expresión "prevención primordial" significa detener el riesgo antes de que los factores que lo producen alcancen niveles anormales. Esto no consiste solo en tratar la hipertensión o la diabetes después del diagnóstico.
Se trata de evitar que la presión arterial aumente, mantener niveles normales de glucosa antes de que se desarrolle la resistencia a la insulina y evitar los hábitos que provocan daño vascular. En lugar de esperar una receta médica, la prevención primordial se enfoca en mantener unos indicadores de salud óptimos desde la edad adulta temprana en adelante.
• El colesterol total por sí solo dice muy poco sobre el riesgo real: si bien el estudio presentado contempló el colesterol total como medida del riesgo cardíaco, no es el mejor indicador. Analizar la situación con mayor profundidad es lo que permite obtener una imagen más precisa del riesgo cardiovascular.
Preste atención a su índice HOMA-IR (Evaluación del modelo homeostático de la resistencia a la insulina), a sus niveles de insulina y de azúcar en la sangre en ayunas, a su relación entre el colesterol HDL y el colesterol total, a su relación entre los triglicéridos y el colesterol HDL, y a su nivel de hierro, ya que el exceso de hierro provoca estrés oxidativo en el interior de las arterias.
Cuando las células dejan de responder a la insulina de forma eficiente, la glucosa permanece más tiempo en el torrente sanguíneo y el páncreas produce más insulina para compensar. Ese exceso de insulina promueve la inflamación, endurece las paredes arteriales y acelera la formación de placa. Estos marcadores revelan cómo su cuerpo procesa la glucosa y la grasa, lo que le brinda una evaluación más clara del riesgo real que el colesterol total por sí solo.
Controle los factores de riesgo de las enfermedades cardíacas antes de que lo controlen a usted
Casi todas las crisis cardiovasculares registradas en los datos se produjeron después de años de ver anomalías en sus estudios. Eso nos dice algo muy importante. La causa principal no es el azar. Se trata de estrés metabólico crónico: hipertensión arterial, niveles inestables de azúcar en la sangre, marcadores lipídicos disfuncionales y exposición tóxica al tabaquismo.
Cuando esos factores se mantienen elevados, las arterias se endurecen, se inflaman y se estrechan. Corregir esos errores cambia su futuro. En realidad, son buenas noticias. Si el 99 % de estos eventos siguen un patrón predecible, entonces tiene una ventana de oportunidad, quizás de varios años, para cambiar el resultado. La solución consiste en restaurar la salud metabólica y la energía celular para que los vasos sanguíneos se mantengan resistentes. Estos son cinco pasos que puede seguir:
1. Realice un seguimiento de los marcadores adecuados, no solo del colesterol total: el punto fuerte del estudio radica en demostrar que los eventos cardiovasculares casi nunca son aleatorios, no en demostrar que estos cuatro marcadores sean los mejores para realizar un seguimiento. El patrón se mantiene: la disfunción cuantificable precede a la crisis. La cuestión es qué mediciones proporcionan la alerta más temprana y precisa.
No deposite toda su confianza en el colesterol total. Esa cifra combinada dice muy poco sobre su riesgo real. En lugar de eso, controle su presión arterial sistólica y diastólica, el nivel de azúcar en la sangre en ayunas, la insulina en ayunas y calcule su puntuación HOMA-IR (consulte los detalles a continuación) para evaluar la resistencia a la insulina. Incluya su índice de colesterol HDL/colesterol total, su índice de triglicéridos/colesterol HDL y su nivel de hierro. Estos marcadores indican si su metabolismo es estable o si está bajo estrés.
2. Restablezca la salud metabólica con carbohidratos específicos, no con restricción: la restricción crónica de carbohidratos perjudica la producción de energía de las mitocondrias y aumenta las hormonas del estrés. Las mitocondrias son las generadoras de energía que se encuentran dentro de cada célula, y esto incluye a las células que recubren los vasos sanguíneos. Cuando fallan, las paredes de esos vasos sanguíneos no pueden repararse ni relajarse de forma adecuada. Para la mayoría de los adultos, lo mejor es consumir 250 gramos de carbohidratos al día, o más si es una persona activa.
Primero consuma carbohidratos fáciles de digerir, como frutas y arroz blanco, sobre todo si su salud intestinal está comprometida. Luego agregue poco a poco vegetales de raíz, vegetales sin almidón, vegetales con almidón como calabaza, camote, frijoles y legumbres y, por último, granos enteros y poco procesados, solo si su intestino puede tolerarlos.
3. Elimine los aceites de semillas de su alimentación: el exceso de ácido linoleico (AL) presente en los aceites de semillas industriales daña la función de las mitocondrias y favorece la inflamación de las arterias. El ácido linoleico (AL) es una grasa poliinsaturada que, en exceso, se descompone en subproductos tóxicos conocidos como metabolitos lipídicos oxidados. Estos factores dañan el revestimiento interno de las arterias y alteran la función de las mitocondrias.
Para reducir su exposición, evite los aceites de semillas, incluyendo los de maíz, soya, canola, girasol y cártamo. Cuando coma fuera de casa, pida platos elaborados con mantequilla y evite la mayoría de las salsas. En casa, lea las etiquetas de ingredientes de sus productos: los aceites de semillas aparecen en la mayonesa, los aderezos para ensaladas, las galletas saladas e incluso en alimentos "saludables". Remplace los aceites de semillas con ghee, sebo o mantequilla de animales alimentados con pastura.
Procure que su consumo diario de ácido linoleico sea inferior a 5 gramos y esté cerca de los 2 gramos. Para llevar un registro de su consumo, descargue la aplicación Mercola Health Coach, que incluirá la función Seed Oil Sleuth, la cual calcula la exposición al ácido linoleico con gran precisión.
4. Desarrolle masa muscular y camine todos los días para normalizar la presión arterial y la glucosa: estar sentado la mayor parte del día perjudica su salud vascular, incluso si el resto de sus marcadores parecen aceptables. Lo ideal es caminar una hora al día, pero si no está acostumbrado, aumente el tiempo de forma gradual. También incorpore el entrenamiento de fuerza dos veces por semana para preservar la masa magra.
El tejido muscular absorbe la glucosa de forma directa del torrente sanguíneo: cuanta más masa magra tenga, mayor será la capacidad de su cuerpo para eliminar el exceso de azúcar en la sangre sin depender demasiado de la insulina.
Si tiene más de 50 años, esto es aún más importante. Monitoree su frecuencia cardíaca en reposo y su presión arterial a lo largo del tiempo. La actividad física mejora ambos aspectos. Empiece con 15 o 20 minutos de caminata al día y aumente cinco minutos cada semana. Para el entrenamiento de fuerza, comience con 2 ejercicios con su propio peso: sentadillas, flexiones y remo, antes de añadir resistencia externa.
5. Aproveche la luz solar para la producción de energía de las mitocondrias: la luz solar es fundamental para la salud de las células. Activa el óxido nítrico para reducir la presión arterial, establece el ritmo circadiano y estimula la producción de melatonina en las mitocondrias, lo que protege al corazón del estrés oxidativo. Pero si su cuerpo está lleno de ácido linoleico debido a años de consumo de aceites de semillas, su piel se quemará con facilidad.
Por eso recomiendo limitar la exposición directa al sol entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde hasta que hayan pasado al menos seis meses desde que dejó de consumir aceites de semillas. En este caso, expóngase al sol temprano por la mañana o en la tarde. Una vez que elimine estas grasas inestables de sus tejidos, tolerará más sol de forma segura y su cuerpo se beneficiará de la energía que ayuda a producir.
6. Analizar su resistencia a la insulina con ayuda de la prueba HOMA-IR: es fundamental identificar de forma temprana la resistencia a la insulina, ya que es una señal de advertencia sobre su salud metabólica. La prueba HOMA-IR (Homeostatic Model Assessment of Insulin Resistance) es una herramienta de diagnóstico que ayuda a evaluar la resistencia a la insulina a través de un análisis de sangre, lo que ayuda a detectar a tiempo el problema y hacer los cambios necesarios en el estilo de vida.
Fue creada en 1985, y calcula la relación entre los niveles de insulina y glucosa en ayunas para evaluar la efectividad con la que el cuerpo utiliza la insulina. A diferencia de otras pruebas más complejas, la HOMA-IR requiere solo una muestra de sangre en ayunas, lo que la hace práctica y accesible. La fórmula de la HOMA-IR es la siguiente:
HOMA-IR = (glucosa en ayunas x insulina en ayunas) / 405, en donde
- la glucosa en ayunas se mide en mg/dL
- La insulina en ayunas se mide en μIU/mL (microunidades internacionales por mililitro)
- 405 es una constante que normaliza los valores
Si utiliza mmol/L para la glucosa en lugar de mg/dL, la fórmula cambia un poco:
HOMA-IR = (glucosa en ayunas x insulina en ayunas) / 22.5, en donde
- la glucosa en ayunas se mide en mmol/L
- La insulina en ayunas se mide en μUI/mL
- 22.5 es el factor normal para esta unidad de medida
Cualquier valor inferior a 1.0 se considera una puntuación HOMA-IR saludable. Si está por encima de ese nivel, se le considera resistencia a la insulina. Mientras más altos sean sus valores, mayor será su resistencia a la insulina. Por el contrario, cuanto menor sea su puntuación HOMA-IR, menor resistencia a la insulina tendrá, suponiendo que no tenga diabetes tipo 1.
Resulta curioso, pues mi puntuación en la escala HOMA-IR es de tan solo 0.2. Lo cual es un testimonio de la mayor eficiencia de mi cuerpo para quemar combustible, lo cual resulta de una mayor disponibilidad de glucosa. Incorporar más carbohidratos a mi alimentación le brindó a mis células la energía necesaria para funcionar de manera más efectiva.
Esta mejora en la función de mis células también optimizó mi salud metabólica, lo que demuestra que hacer ciertos ajustes en la alimentación mejora la sensibilidad a la insulina y el rendimiento metabólico.
Preguntas frecuentes sobre ataques cardíacos, derrames cerebrales y sus principales factores de riesgo
P: ¿Los ataques cardíacos y los derrames cerebrales en verdad ocurren sin previo aviso?
R: Casi nunca es así. Los datos a gran escala publicados en el Journal of the American College of Cardiology indican que el 99 % de los casos de ataque cardíaco, derrame cerebral e insuficiencia cardíaca estuvieron precedidos por al menos un factor de riesgo medible. En la mayoría de los casos, las personas tenían dos o más de estos factores, así que estos eventos casi nunca son aleatorios. Suelen aparecer después de años de hipertensión arterial, niveles inestables de azúcar en la sangre, marcadores lipídicos anormales o exposición al tabaco.
P: ¿Cuáles son los principales factores de riesgo que se vinculan a casi todos los eventos cardiovasculares?
R: El estudio identificó la hipertensión, el colesterol total alto, niveles elevados de azúcar en la sangre en ayunas (o diabetes) y el tabaquismo pasado o actual como los cuatro factores de riesgo no óptimos. La presión arterial fue el factor más común, ya que estuvo presente en más del 93 % de las personas antes del evento. Cuando estos factores permanecen elevados, dañan las paredes de las arterias y aumentan la probabilidad de que se acumule placa y se formen coágulos.
P: ¿El colesterol total es suficiente para evaluar mi riesgo de sufrir un evento cardíaco?
R: No, el colesterol total por sí solo no brinda una imagen completa. Una evaluación más precisa incluye su puntuación HOMA-IR, insulina en ayunas, nivel de azúcar en la sangre en ayunas, la relación HDL/colesterol total, la relación triglicéridos/HDL y el nivel de hierro. Estos marcadores reflejan la salud metabólica y la resistencia a la insulina, que son factores fundamentales en el daño vascular.
P: ¿Qué es la prueba HOMA-IR y por qué es importante?
R: La prueba HOMA-IR calcula la eficacia con la que su cuerpo utiliza la insulina con base en una única muestra de sangre en ayunas. Una puntuación inferior a 1.0 refleja una alta sensibilidad a la insulina. Las puntuaciones más altas indican resistencia a la insulina, lo que aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. Detectar la resistencia a la insulina a tiempo permite corregir la disfunción metabólica antes de que progrese.
P: ¿Qué medidas puedo tomar para reducir mi riesgo cardiovascular desde su origen?
R: Enfóquese en restaurar la salud metabólica. Monitoree la presión arterial, la glucosa y los marcadores de insulina con regularidad. Consuma suficientes carbohidratos para favorecer la producción de energía de las mitocondrias, en lugar de restringirlos de forma crónica. Evite los aceites de semillas para reducir su exposición al ácido linoleico. Desarrolle masa muscular y camine todos los días para mejorar el procesamiento de la glucosa. Optimice su exposición a la luz solar para favorecer la liberación de óxido nítrico y la energía celular. Estas medidas se enfocan en el mecanismo de la enfermedad en sí, no solo en las cifras de un informe de laboratorio.