📝 HISTORIA EN BREVE

  • La forma de recuperar su salud podría ser tan simple como reconectarse con lo natural. Durante mucho tiempo, los humanos vivieron sin intervenciones farmacéuticas.  Casi todos los productos farmacéuticos que se utilizan en la medicina moderna se relacionan con efectos secundarios, y podría decirse que ninguno aborda la causa subyacente de la enfermedad; en el mejor de los casos, solo tratan las consecuencias de la causa
  • Los errores médicos son la tercera causa principal de muerte en los Estados Unidos, ya que están detrás de unas 250 000 muertes al año. Las causas iatrogénicas, es decir, una muerte a causa de la propia atención médica, representan una cifra alarmante que el sistema médico no logra solucionar
  • Alrededor del 90 % de las calorías que consumen las personas que viven en los Estados Unidos, provienen de alimentos procesados, que son la causa principal de la epidemia de enfermedades crónicas que azota a este país. Mientras más procesados ​​estén los alimentos, mayor es la probabilidad de que dañen su metabolismo, deterioren sus mitocondrias y causen inflamación sistémica
  • Los aceites de semillas (soya, maíz, canola, girasol, cártamo) son el producto más dañino del suministro de alimentos moderno. El consumo de aceite de soya incrementó más de 1000 veces entre 1909 y 1999, mientras que el consumo de ácido linoleico pasó de menos del 3 % a más del 7 % de la energía total, lo que tuvo una influencia directa en las crecientes tasas de enfermedades cardíacas, el cáncer, la diabetes y la neurodegeneración
  • Cualquier enfoque terapéutico, ya sea que se base en la alimentación, los suplementos o la intervención médica, debe considerar la evolución biológica que han tenido los seres humanos a lo largo de los años. Cuando no se considera este principio, es casi seguro que haya consecuencias no deseadas

🩺 Por el Dr. Mercola

Existe un principio que he perfeccionado a lo largo de décadas de práctica clínica, investigación y experimentación personal: el mejor enfoque para la salud siempre se basa en lo natural. El cuerpo humano evolucionó a lo largo de cientos de miles de años dentro de un contexto biológico específico: ciertos alimentos, ciertas exposiciones a la luz, ciertos patrones de movimiento, ciertos entornos microbianos.

Cuando hace de estos factores parte de su estilo de vida, su cuerpo funciona de forma correcta. Pero, cuando no lo hace, surgen los problemas. Y no se trata de ideología, sino de bioquímica, ya que es algo que puede comprobarse. Casi todas las células de su cuerpo dependen de las mitocondrias para obtener energía, y esas mitocondrias evolucionaron para funcionar con combustibles específicos.

Cuando reciben sustratos para los que no están diseñadas (aceites de semillas industriales, carbohidratos ultraprocesados, compuestos farmacéuticos sintéticos), comienzan a fallar. Esto significa que se acumula el estrés reductivo, lo que afecta el transporte de electrones y desencadena una serie de efectos que terminan en una enfermedad crónica.

Mi artículo revisado por pares que se publicó en Free Radical Biology and Medicine explica este mecanismo, y un análisis que se publicó más tarde en Advances in Research habla a detalle de la relación entre el desequilibrio redox en las mitocondrias y las  enfermedades crónicas.2 Digamos que las mitocondrias son como un horno que está diseñado para quemar un tipo específico de combustible a una velocidad específica.

Cuando se pone el combustible incorrecto, en especial ácido linoleico (AL) de aceites de semillas, el horno no solo comienza a fallar, sino que genera chispas que dañan todo lo que las rodea. En términos técnicos, el exceso de equivalentes reductores satura la cadena de transporte de electrones, lo que incrementa los niveles de especies reactivas de oxígeno, que son las moléculas que aceleran el envejecimiento e incrementan el riesgo de enfermedades.

La trampa farmacéutica: tratar los síntomas y no la causa subyacente

Si tuviera que estimar el porcentaje de medicamentos que en realidad abordan la causa subyacente de una enfermedad y no solo los síntomas, ni las consecuencias, el porcentaje estaría por debajo del 1 %. La mayoría de los medicamentos controlan las consecuencias de una disfunción metabólica, pero no hacen mucho por solucionarla.

• Considere los datos: en el artículo que publicó la Dra. Barbara Starfield de Johns Hopkins en Journal of the American Medical Association (JAMA) en 2000, menciona los efectos iatrogénicos, es decir, los daños que provoca el propio sistema médico, como la tercera causa principal de muerte en los Estados Unidos.3 Esto incluyó reacciones adversas a medicamentos, cirugías innecesarias, infecciones adquiridas en el hospital, errores médicos y efectos negativos de los medicamentos.

Un análisis actualizado que se publicó en British Medical Journal (BMJ) en 2016, estima que cada año, se producen alrededor de 250 000 muertes, solo por errores médicos.4 Poco después, la Dra. Barbara Starfield murió por complicaciones de un medicamento que le prescribieron, y no por su enfermedad subyacente. Por desgracia, esto es el reflejo del problema que se vive hoy en día.

• Cuando la solución es peor que el problema: para muchas personas con enfermedades crónicas, el uso crónico de productos farmacéuticos puede causar más daños que la propia enfermedad. La ironía está en que el mismo sistema médico que registra estas muertes prefiere invertir su tiempo y dinero en intervenciones farmacéuticas, sin antes considerar factores fundamentales como la alimentación y el estilo de vida, que suelen estar detrás de la mayoría de las enfermedades crónicas.

 • El patrón se repite en casi todas las clases de medicamentos: las estatinas reducen el colesterol LDL pero agotan los niveles de  CoQ10, deterioran la función mitocondrial e incrementan el riesgo de diabetes. Los inhibidores de la bomba de protones combaten el reflujo ácido pero reducen la absorción de nutrientes, causan disbiosis intestinal y dañan los riñones. Los SSRI regulan la serotonina, pero crean dependencia, afectan la salud emocional y provocan efectos de abstinencia que pueden durar meses.

En cada caso, el medicamento actúa sobre un marcador específico, pero ignora por completo la causa subyacente, que suele ser la disfunción metabólica.

La base de la epidemia de enfermedades crónicas

En la actualidad, alrededor del 90 % de las calorías que consumen las personas que viven en los Estados Unidos provienen de alimentos procesados. Esta estadística por sí sola explica más sobre el estado de la salud pública que cualquier otro dato.

Una revisión importante que se publicó en BMJ en 2024, analizó 45 metaanálisis con casi 10 millones de participantes y descubrió que, el consumo de alimentos ultraprocesados ​​se relaciona de forma directa con 32 problemas de salud, que incluyen la mortalidad por enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2, la ansiedad, la depresión, la obesidad y la mortalidad por cualquier causa.5

• Los índices de riesgo fueron sorprendentes: la mortalidad a causa de enfermedades cardiovasculares mostró un incremento del 50 % cuando la exposición a alimentos ultraprocesados fue mayor. El riesgo de padecer diabetes tipo 2 aumentó un 12 % por cada incremento de dosis. Los trastornos mentales mostraron un riesgo 53 % mayor. No se trata de efectos leves, sino catástrofes a nivel poblacional, y se relacionan con los alimentos que consumen las personas todos los días.

• Una mala alimentación es la causa principal de casi la mitad de las muertes cardiometabólicas: un estudio que se publicó en JAMA estimó que los malos hábitos alimentarios se relacionaron con 318 656 muertes cardiometabólicas al año, casi la mitad de todas las muertes por enfermedades cardíacas, derrame cerebral y diabetes.6 Esta cifra también está respaldada por la síntesis narrativa que publiqué en Cureus en 2026,7 que analiza la relación entre componentes alimentarios específicos, en particular los aceites de semillas y los alimentos ultraprocesados, y estos resultados.

• La solución es simple, comer alimentos reales y sin procesar: los alimentos que comieron los humanos por milenios (productos de animales que se criaban de forma natural, vegetales y frutas) proporcionan los sustratos que necesitan las mitocondrias sin los subproductos tóxicos que se crean durante el procesamiento industrial.

Mientras más procesado esté un alimento, menos apto es para el diseño natural de su cuerpo. El procesamiento elimina nutrientes, crea compuestos químicos, oxida los lípidos y produce especies moleculares que los sistemas de desintoxicación enzimática no pueden controlar. Cada etapa del procesamiento aleja los alimentos de su forma real y los acerca a la toxicidad metabólica.

Los aceites de semillas son la causa principal de las enfermedades crónicas modernas

De todos los componentes del sistema alimentario moderno, los aceites de semillas, maíz, canola, girasol, cártamo, semilla de algodón, semilla de uva y aceite de salvado de arroz, son el más dañino. Los datos que se publicaron en American Journal of Clinical Nutrition son contundentes: el consumo estimado per cápita de aceite de soya incrementó más de 1000 veces entre 1909 y 1999, mientras que la disponibilidad de AL pasó del 2.79 % al 7.21 % del consumo total de energía.8

• Este es un cambio sin precedentes en la historia de la alimentación humana: y ocurrió en un solo siglo, lo que representa un abrir y cerrar de ojos en términos evolutivos. El ácido linoleico (AL) es una grasa poliinsaturada omega-6 de 18 carbonos que es muy susceptible a la oxidación. Cuando se oxida, algo que ocurre fácil durante la cocción, el procesamiento y el almacenamiento, crea aldehídos tóxicos, en particular 4-hidroxinonenal (4-HNE). El 4-HNE es uno de los subproductos más peligrosos que puede producir el cuerpo.

Mata células, daña el ADN, provoca mutaciones y promueve el cáncer (de hecho, se describe como citotóxico, genotóxico, mutagénico y carcinogénico). Digamos que es como una metralla molecular: cada vez que se calienta un aceite de semilla, genera fragmentos que desgarran la maquinaria celular.

• Mi investigación revisada por pares documenta estos mecanismos en varias vías de enfermedades: en Nutrients publiqué una revisión exhaustiva que realicé con el Dr. Christopher D'Adamo que demuestra que el exceso de AL produce metabolitos oxidados (OXLAMs), deteriora de la función mitocondrial a través de una composición subóptima de cardiolipina e incrementa el riesgo de enfermedades crónicas que incluyen problemas cardiovasculares, cáncer y neurodegeneración.9

En World Journal of Cardiology, demostré que limitar el consumo de AL puede disminuir los niveles de LDL oxidado hasta un 15 %, lo que reduce la inflamación arterial que es un desencadenante aterogénico clave.10

En World Journal of Clinical Oncology, mencioné el paralelismo histórico entre el incremento en el consumo de AL y las crecientes tasas de cáncer, y expliqué que el 4-HNE que se produce cuando se oxida el AL induce estrés oxidativo y peroxidación lipídica en las membranas celulares, incrementa los niveles de eicosanoides proinflamatorios como la prostaglandina E2 y altera el microbioma intestinal.11

En World Journal of Biological Chemistry, también expliqué que el AL empeora el estrés bioenergético en el hígado cuando no hay suficiente colina, lo que contribuye de forma directa con la epidemia de hígado graso.12

La vida media del AL en el tejido adiposo humano es de unos dos años: esto significa que el daño que causa el consumo de aceite de semillas es mucho más persistente que el daño que causa el azúcar, los carbohidratos refinados y otros compuestos alimentarios. Debe evitar el AL durante mucho tiempo para eliminar lo que tiene acumulado en los tejidos. Dejar de consumir aceites de semillas es como invertir en su salud celular, ya que los resultados tardan un poco en volverse evidentes.

La ley de las consecuencias no deseadas

Siempre que una persona se desvía de lo natural y apto para su cuerpo en términos biológicos, ya sea a través de un medicamento, un alimento procesado o un compuesto sintético nuevo, debe lidiar con las consecuencias no deseadas. La biología humana es un sistema de una complejidad asombrosa, con bucles de retroalimentación en cascada, vías redundantes y propiedades emergentes que ningún ensayo farmacológico reduccionista logra capturar por completo.

• Por esa razón, el enfoque ancestral de la salud es tan poderoso: no va en contra la biología, sino que trabaja a su favor. Cuando come alimentos sin procesar, le da a sus células los sustratos que necesitan para funcionar de forma correcta.13 Cuando se expone a la luz del sol, activa los sistemas fotorreceptores que regulan el ritmo circadiano, la síntesis de vitamina D y la función mitocondrial. Cuando mueve su cuerpo, se estimulan las vías neuronales que mantienen la flexibilidad metabólica y la resistencia celular.

• El enfoque opuesto lo pondrá justo en el camino que quiere evitar: confiar en medicamentos farmacéuticos para compensar una alimentación y un estilo de vida que violan todos los principios biológicos para los que se diseñado su cuerpo es como verter agua en un balde con un agujero en el fondo y preguntarse por qué nunca se llena. Los medicamentos pueden ralentizar la fuga, pero no pueden sellarla. Eliminar las causas subyacentes, es decir, los alimentos procesados, los aceites de semillas, el sedentarismo y el estrés crónico, es la única forma de restaurar el equilibrio en su metabolismo.

Los beneficios del ácido pentadecanoico (C15:0)

Uno de los mejores ejemplos de una terapia alineada con la naturaleza es el C15:, un ácido graso saturado de cadena impar que se encuentra en la grasa láctea. Mi investigación que se publicó en World Journal of Biological Chemistry explicó que el C15:0 activa la proteína quinasa activada por AMP, que es el sensor de combustible incorporado a las células, que detecta cuando la energía es baja y cambia el metabolismo hacia la reparación y la quema de grasa.14

También bloquea la vía mTOR, que es el interruptor de crecimiento y reparación que, cuando se activa en exceso y de forma crónica por las alimentaciones modernas, acelera el envejecimiento e incrementa el riesgo de cáncer. Además, inhibe de forma selectiva la histona deacetilasa 6 (una enzima que participa en la señalización inflamatoria), estimula la producción de energía a través del Complejo II de la cadena mitocondrial, preserva la integridad de la membrana mitocondrial y reduce la producción de especies reactivas de oxígeno, que son las moléculas dañinas que causan estrés oxidativo.

Estos hallazgos se explican con más detalle en la revisión que realicé en 2025 sobre los mecanismos de protección del C15:0.15

• Los niveles elevados de C15:0 se relacionan con un menor riesgo de enfermedades crónicas: en otro artículo que se publicó en World Journal of Cardiology, analicé alrededor de 115 estudios indexados en PubMed que demuestran que los niveles elevados de C15:0 se relacionan con un menor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedad cardiovascular, enfermedad hepática esteatósica por disfunción metabólica y mortalidad por cualquier causa.16

• Así es como se ve la salud alineada con la naturaleza en la práctica: un ácido graso que se produce de forma natural, que se encuentra en los productos lácteos tradicionales que los humanos han consumido durante miles de años, que actúa a través de múltiples vías biológicas para producir beneficios antiinflamatorios y metabólicos, sin causar citotoxicidad. Compare eso con cualquier medicamento: un solo receptor objetivo, una larga lista de efectos secundarios y un precio muchísimo más alto.

Los beneficios de la administración a nanoescala

Incluso cuando los nutrientes son beneficiosos, los suplementos convencionales no suelen ser capaces de administrarlos de forma efectiva. La investigación que publiqué en World Journal of Gastrointestinal Pharmacology and Therapeutics explicó cómo los sistemas de administración nanoliposomales, que son vesículas de bicapa lipídica a escala nanométrica, mejoran la estabilidad de los nutrientes en el tracto gastrointestinal e incrementan la absorción celular entre dos y diez veces.17

• No se trata de reemplazar la naturaleza con tecnología: se trata de aprovechar la ingeniería biomimética (estructuras que imitan las membranas fosfolipídicas del cuerpo) para administrar los compuestos de la naturaleza de manera más efectiva. El liposoma en sí es una estructura natural, solo se optimiza la forma de administrar algo que la naturaleza ya proporciona.

El impacto ambiental

El marco de la salud ancestral también expone el peligro de las toxinas ambientales modernas que no tienen precedentes evolutivos. El artículo que publiqué en Cureus mencionó que la producción mundial de plástico incrementó casi 2 millones de toneladas métricas en 1950 a más de 450 millones de toneladas métricas en 2018, y que ahora se detectan microplásticos en la sangre humana, la placenta, el tejido pulmonar y las placas ateroscleróticas.18

• Los residuos de microplásticos en las placas arteriales se relacionan con un mayor riesgo de infarto y derrame cerebral: en un estudio que cité en mi revisión informó mayores tasas de infarto de miocardio, derrame cerebral o muerte entre pacientes con placas carotídeas que contenían microplásticos o nanoplásticos. Este es otro ejemplo de las consecuencias no deseadas de alejarse de lo natural. El cuerpo no cuenta con ningún mecanismo evolutivo para eliminar las partículas de polímeros sintéticos de sus tejidos.

La solución es volver a los principios de salud ancestrales

El camino a seguir es simple, pero requiere de disciplina. Estas son algunas de las estrategias que puede comenzar a implementar:

1. Dejar de consumir aceites de semillas: elimine los aceites de soya, maíz, canola, girasol, cártamo, semilla de algodón, semilla de uva y salvado de arroz de su cocina y su alimentación. Remplácelos con grasas estables como ghee, aceite de coco, sebo y mantequilla de animales alimentados con pastura. Lea bien las etiquetas. Los aceites de semillas se esconden en casi todos los alimentos empaquetados, comidas de restaurante y comida rápida.

2. Comer alimentos sin procesar: si viene en una caja, bolsa o envoltorio con una lista de ingredientes, significa que está procesado. Coma alimentos enteros, que incluyen productos de animales que se críen de forma adecuada, vegetales, frutas y productos lácteos de animales alimentados con pastura. Cocine en casa. Infórmese sobre todo lo que mete a su boca.

3. Minimizar la dependencia a los productos farmacéuticos: trabaje con un profesional calificado para abordar las causas subyacentes de cualquier problema de salud a través de estrategias que se basen en la alimentación y el estilo de vida antes de recurrir a intervenciones farmacéuticas. No se trata de rechazar por completo la medicina; existen situaciones en las que los medicamentos son necesarios y pueden salvar vidas. Pero, esas situaciones no son suficientes para justificar el uso actual de productos farmacéuticos.

Si toma algún medicamento de prescripción, no reduzca la dosis ni los suspenda sin la supervisión directa de su médico. El objetivo es trabajar con su médico para reducir poco a poco la dependencia a los medicamentos, a medida que se consolidan los cambios en la alimentación y el estilo de vida.

4. Estimular la función mitocondrial: sus mitocondrias son los motores de sus células. Refuércelas con ayuda de una nutrición específica, que incluya vitaminas B, CoQ10, magnesio y C15:0 en cantidades adecuadas, mientras elimina las toxinas mitocondriales principales como los aceites de semillas, el alcohol y los alimentos ultraprocesados.

5. Respetar el modelo evolutivo: más allá de lo que come y lo que no, su cuerpo necesita las exposiciones naturales a las que se adaptó a lo largo de la evolución humana. Exponerse lo suficiente a luz del sol. Como se explica en mi artículo de SSRN, la investigación sugiere que la luz del sol hace mucho más que estimular la síntesis de vitamina D, influye de forma directa en la producción de energía mitocondrial a través de las vías de los fotorreceptores de maneras que apenas se comienzan a entender.19

El mismo principio aplica para las demás señales biológicas: Mover su cuerpo todos los días. Dormir según sus ritmos circadianos. Controlar el estrés psicológico. Estas estrategias no deben verse como un lujo, sino como una necesidad biológica.

La epidemia de enfermedades crónicas no es ningún misterio, es una consecuencia predecible de una población que sustituyó lo natural con lo artificial. La solución es volver a estos principios. La naturaleza tiene las respuestas. Siempre ha sido así.

Preguntas frecuentes sobre la salud en armonía con la naturaleza

P: ¿Cuál es el principio fundamental sobre la salud en armonía con la naturaleza?

R: Este principio se basa en la idea de que el cuerpo humano funciona mejor cuando sus exposiciones coinciden con las condiciones con las que evolucionó durante miles de años. Estos factores incluyen: comer alimentos enteros, exponerse a la luz natural, hacer ejercicio regular, dormir bien y mantener un microbioma saludable. Cuando se expone a estos estímulos biológicos, sus sistemas celulares, en especial las mitocondrias, funcionan de manera eficiente y contribuyen a la salud a largo plazo.

P: ¿Por qué la medicina moderna suele tratar los síntomas en lugar de las causas?

R: Muchos medicamentos están diseñados para abordar marcadores biológicos específicos o aliviar síntomas en lugar de corregir la disfunción metabólica subyacente que causa la enfermedad. Las investigaciones también explican los riesgos que se relacionan con los tratamientos médicos. Por ejemplo, un análisis que se cita en un estudio estimó que los errores médicos están detrás de unas 250 000 muertes al año, lo que demuestra la importancia de abordar las causas subyacentes de las enfermedades siempre que sea posible.20

P: ¿Cómo contribuyen los alimentos procesados ​​a las enfermedades crónicas?

R: Los alimentos ultraprocesados ​​dominan las alimentaciones modernas y se relacionan con una serie de problemas de salud. Una revisión que se realizó en 2024 y publicó en BMJ analizó 45 metaanálisis con casi 10 millones de participantes y descubrió que un mayor consumo de alimentos ultraprocesados ​​se relaciona con un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2, depresión, obesidad y mortalidad por cualquier causa.21

P: ¿Cómo se relacionan los aceites de semillas con los problemas de salud modernos?

R: Los aceites de semillas industriales contienen niveles elevados de AL, que es una grasa poliinsaturada omega-6 que se oxida fácil durante el procesamiento, la cocción y el almacenamiento. Los datos históricos demuestran que en el siglo XX, incrementó bastante el consumo de AL y aceite de soya. Los investigadores sugieren que estas grasas se relacionan con el estrés oxidativo y a las vías inflamatorias que incrementan el riesgo de enfermedades crónicas.

P: ¿Qué estrategias se basan en el enfoque de la salud alineado con la naturaleza?

R: Las estrategias clave incluyen reducir el consumo de alimentos ultraprocesados, evitar los aceites de semillas industriales, comer alimentos enteros como vegetales y productos de animales criados de forma adecuada, mantenerse en movimiento, exponerse de forma segura a la luz del sol y dormir bien. Estos factores fundamentales refuerzan la función mitocondrial, la flexibilidad metabólica y la resiliencia a largo plazo, lo que puede ayudar a reducir su riesgo de enfermedades crónicas.