📝HISTORIA EN BREVE

  • Mi artículo explica que las enfermedades cardíacas eran raras antes del siglo XX y aumentaron después de que los aceites de semillas industriales se convirtieran en una parte dominante del suministro de alimentos, lo que apunta a un factor alimentario a largo plazo en lugar de una falla biológica repentina
  • El ácido linoleico (AL) de los aceites de semillas se acumula en los tejidos y se oxida con facilidad, lo que crea un daño inflamatorio dentro de las arterias que se desarrolla de forma silenciosa durante décadas antes de que aparezcan los síntomas
  • El aumento del consumo de aceites de semillas precedió a la explosión de las enfermedades cardíacas en 10 a 20 años, lo que coincide con el lento proceso de formación de placa dentro de los vasos sanguíneos
  • Aunque evite los aceites de semillas en casa, el ácido linoleico (AL) se encuentra en los alimentos envasados ​​y las comidas de restaurantes, lo que crea una exposición constante que perpetúa el daño a las arterias
  • Controlar y reducir el consumo de AL transforma la enfermedad cardíaca de ser una consecuencia inevitable del envejecimiento a un proceso a largo plazo en el que puede influir

🩺Por el Dr. Mercola

Hoy en día, las enfermedades cardíacas parecen ser algo común, pero no siempre fue así. A finales del siglo XIX, la cardiopatía coronaria era poco común y la mayoría de las personas morían por infecciones en lugar de por problemas vasculares crónicos. En la actualidad, la cardiopatía coronaria se sitúa en el centro de la mortalidad cardiovascular, lo que provoca dolor en el pecho, dificultad para respirar, fatiga y ataques cardíacos repentinos que a menudo aparecen tras años de daño silencioso.

Ese contraste por sí solo plantea una pregunta fundamental: ¿qué fue lo que cambió? Las explicaciones habituales se enfocan en una mayor esperanza de vida, mejores diagnósticos o el comportamiento individual. No me parecen suficientes esas respuestas.

Al examinar los datos de mortalidad a largo plazo, un patrón destacó: algo cambió el entorno interno de las arterias humanas mucho antes de que los ataques cardíacos se volvieran algo común. Un cambio en particular destaca porque se produjo de forma rápida, afectó a casi todo el mundo y transformó la alimentación diaria de las personas.

Mi artículo publicado en la revista Cureus el 21 de enero de 2026, explica por qué la adopción generalizada de los aceites de semillas industriales merece un análisis más profundo.1

Este artículo resume más de 200 referencias que demuestran que, el incremento en el consumo de aceites de semillas industriales con alto contenido de AL que se produjo desde principios del siglo XX precedió al aumento de las muertes por enfermedad coronaria en 10 a 20 años, que es el mismo lapso de tiempo que se requiere para que se desarrollen las placas ateroscleróticas, y que la oxidación de AL genera los mismos aldehídos inflamatorios como el 4-HNE que, ahora se relacionan con la obesidad.

La enfermedad coronaria no comienza con un ataque al corazón. Comienza de forma silenciosa, con cambios en el interior de los vasos sanguíneos que se acumulan año tras año.

Cómo los aceites de semillas modificaron el riesgo de enfermedades cardíacas

Esto es lo que revelaron los datos al seguir la cronología. Mi artículo se propuso identificar qué cambió antes de que las tasas de enfermedades cardíacas aumentaran de forma drástica a principios del siglo XX. En lugar de enfocarme en los indicadores de riesgo a corto plazo, analicé los registros históricos de mortalidad, los datos de suministro de alimentos del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y décadas de investigación mecanicista para relacionar los cambios en la alimentación con la lenta evolución biológica de la enfermedad arterial.

• Surgió un patrón claro de dosis-respuesta en todos los países: como se muestra en la figura anterior, los países con mayor disponibilidad per cápita de ácido linoleico (AL) mostraron tasas más altas de enfermedad coronaria durante mediados del siglo XX. Los países que consumían más ácido linoleico, incluyendo Estados Unidos e Israel, experimentaron la mayor mortalidad por cardiopatía coronaria, mientras que los países que mantenían alimentaciones tradicionales bajas en AL, como Japón y Grecia, tenían tasas más bajas.

Este patrón a nivel poblacional refuerza la secuencia observada a lo largo del tiempo: primero se produjo una mayor exposición a los aceites de semillas, seguida años después por un aumento de las enfermedades cardíacas. Si bien este tipo de comparación ecológica no puede probar la causalidad por sí sola, el gradiente uniforme que se observa en países muy diferentes destaca cómo la exposición sostenida al ácido linoleico se correlaciona con el riesgo arterial a largo plazo cuando todo un sistema alimentario cambia a la vez.

• Las alimentaciones industriales siguieron el ritmo del aumento de las muertes por enfermedades cardíacas: a medida que los aceites de semillas reemplazaron las grasas tradicionales, la mortalidad por enfermedad coronaria aumentó de 137 muertes por cada 100 000 adultos en 1900 a más de 450 por cada 100 000 en 1968. Se consideraron el tabaquismo, la mayor esperanza de vida y la mejora de los diagnósticos, pero ninguno coincidió en el tiempo o la magnitud con este aumento.

Como se muestra en la siguiente figura, las tendencias en Estados Unidos desde 1900 hasta 2025 muestran un aumento paralelo en la incidencia de enfermedades coronarias, el consumo de aceites de semillas y el consumo de cigarrillos, con un pico de enfermedades cardíacas a mediados del siglo XX, que fue cuando los aceites de semillas industriales comenzaron a dominar el suministro de alimentos. Si bien el tabaquismo disminuyó después y las tasas de enfermedades cardíacas cayeron, el consumo de aceites de semillas continuó aumentando, lo que destaca un cambio alimentario a largo plazo que coincide con los cambios en el riesgo cardiovascular a nivel poblacional.

• La exposición a los aceites de semillas se aceleró: el consumo no aumentó de forma gradual. La disponibilidad de los aceites de semillas per cápita se duplicó en pocas décadas, pasando de 2.7 kilogramos (unas 6 libras) a más de 5.4 kilogramos (unas 12 libras) por persona. El aceite de soya impulsó gran parte de este cambio, pasando de casi cero en 1909 a más de 11 kilogramos (alrededor de 24 libras) por persona al año a finales del siglo XX.

• Los primeros en adoptar este cambio mostraron enfermedades más tempranas: las poblaciones urbanas e industrializadas que integraron los aceites de semillas antes experimentaron tasas de enfermedades cardíacas más tempranas y elevadas. Los datos de autopsias de soldados de mediados del siglo XX incluso revelaron placa avanzada en adultos jóvenes, donde antes era poco común. No se trataba de pacientes mayores con décadas de deterioro progresivo, sino de hombres jóvenes de veintitantos años que ya mostraban el daño arterial propio de personas mucho mayores.

La composición de los tejidos humanos cambió con el suministro de alimentos

Pero la historia no termina con los datos sobre el suministro de alimentos, sino que se manifiesta en el tejido humano. La investigación documentó un aumento del 136 % en el AL almacenado en la grasa corporal durante el mismo período. Esto significa que, en comparación con sus bisabuelos, su tejido adiposo actual contiene más del doble de esta grasa inestable e inflamatoria.

El daño principal no se reflejó en cambios en el colesterol ni en la presión arterial. El ácido linoleico se oxida con facilidad y se descompone en compuestos reactivos que dañan los vasos sanguíneos. Estos fragmentos oxidados son químicamente "pegajosos": se adhieren a las proteínas y al ADN de maneras que provocan respuestas inmunitarias y dañan las células. Piense en la oxidación como en el óxido que se forma en el metal. Cuando el ácido linoleico se oxida dentro del cuerpo, crea moléculas dañadas que irritan y lesionan las paredes de las arterias.

• Los subproductos lipídicos tóxicos promovieron la formación de placa: como se muestra en la figura anterior, las grasas de los aceites de semillas ricos en AL se incorporan a las partículas de LDL circulantes, donde son mucho más propensas al daño oxidativo que las grasas más estables. Una vez oxidadas, estas partículas de LDL irritan el revestimiento interno de las arterias, lo que activa señales inflamatorias que atraen células inmunitarias hacia la pared del vaso sanguíneo.

Esas células absorben el colesterol dañado y se convierten en "células espumosas" que forman las primeras capas de placa. A medida que las grasas oxidadas se acumulan, la placa crece, la pared arterial se endurece y la capa protectora que recubre la placa se debilita, lo que aumenta el riesgo de una ruptura repentina y la formación de coágulos con el tiempo.

• El crecimiento lento de la placa ocultó el daño durante décadas: la aterosclerosis suele tardar entre 10 y 20 años en hacerse visible en términos clínicos. El consumo de aceites de semillas aumentó mucho antes de que los ataques cardíacos y las muertes súbitas de origen cardíaco se volvieran comunes, lo que coincide con la cronología conocida de las lesiones arteriales.

• Otros factores de riesgo influyeron, pero no iniciaron la enfermedad: fumar intensificó el daño oxidativo pero no inició el proceso. La mejora en los métodos de diagnóstico explica la detección de enfermedades, no su creación. El azúcar refinado empeoró el metabolismo, pero su aumento no coincidió con el inicio temprano de las enfermedades cardíacas.

• La inflamación mantuvo activado el daño arterial: cuando las grasas de los aceites de semillas se descomponen dentro de las arterias, engañan a las células inmunitarias para que traten el colesterol dañado como una amenaza que deben engullir, pero las células no pueden digerirlo.

Esas células comienzan a absorber el colesterol dañado y se convierten en "células espumosas" hinchadas, que son los primeros componentes básicos de la placa arterial. Al mismo tiempo, las señales inflamatorias se mantienen activas y permiten que las células dañadas persistan en lugar de eliminarse, lo que permite que la placa crezca y se endurezca con el tiempo.

• Las personas heredan décadas de exposición al AL: incluso si no cocina con aceites de semillas, el AL está incorporado al suministro moderno de alimentos a través de alimentos envasados ​​y comidas de restaurantes. Esa exposición constante proporciona la materia prima para el daño oxidativo continuo dentro de las arterias. Una vez que puede ver y medir su consumo de AL, la enfermedad cardíaca deja de parecer un destino inevitable y comienza a verse como lo que es: una lesión lenta que puede prevenir.

Cómo revertir el daño al solucionar el problema real

Si hay una conclusión que se pueda extraer de esta investigación, que sea esta: las enfermedades cardíacas no aumentaron porque la biología humana fallara de forma repentina. Lo veo como una lesión lenta provocada por un consumo de grasas que su cuerpo no está diseñado para procesar. Al reducir la carga oxidativa sobre las arterias, le da espacio para estabilizarse, repararse y dejar de acumular daños. Esta sección se enfoca en eliminar primero el desencadenante principal, no en enmascarar los síntomas posteriores.

1. Limite su consumo de AL a menos de 3 gramos al día: esta es la base. El exceso de ácido linoleico de los aceites de semillas sobrecarga los tejidos con grasas muy inestables que se descomponen en subproductos inflamatorios. Procure mantener su consumo por debajo de 3 gramos al día, ya que esto se ajusta mucho más a la exposición preindustrial.

Para ponerlo en perspectiva, una cucharada de aceite de soya contiene unos 7 gramos de ácido linoleico, más del doble de la cantidad diaria recomendada. Una sola ración de papas fritas en aceite vegetal puede contener entre 3 y 5 gramos.

Para reducir su exposición al AL, elimine por completo los aceites de soya, maíz, girasol, cártamo, canola y semilla de algodón. Una vez que estos aceites desaparecen, se reduce de forma drástica la materia prima que alimenta la inflamación arterial y la formación de placa.

2. Registre su consumo de AL para que el progreso sea visible: los problemas invisibles permanecen sin resolver. Le recomiendo realizar un seguimiento directo de su consumo de AL en lugar de adivinar. Para esto, le recomiendo que descargue mi aplicación Mercola Health Coach cuando esté disponible. Tiene una función llamada Seed Oil Sleuth, que monitorea su consumo de AL hasta una décima de gramo. Este tipo de retroalimentación le da motivación y confianza. Puede ver con claridad cómo las decisiones diarias afectan al riesgo a largo plazo, lo que hace que los cambios se mantengan.

3. Deje de depender de las comidas de restaurante y de las comidas fritas: si come fuera con frecuencia, este paso es importante. La mayoría de los restaurantes utilizan aceites de semillas porque son baratos y tienen una vida útil larga. Los alimentos fritos y los platos salteados exponen esos aceites a altas temperaturas, lo que acelera la oxidación incluso antes de que la comida llegue a su mesa. Cuando cocina en casa, recupera el control sobre las grasas que entran a su torrente sanguíneo, y eso reduce de forma directa el estrés oxidativo dentro de sus arterias.

4. Sustituya los aceites de semillas por grasas tradicionales estables: le recomiendo que cocine con mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee o sebo. Estas grasas resisten la oxidación y no se descomponen en subproductos tóxicos al calentarse. Al cambiar las grasas, no solo evita daños, sino que también crea un entorno bioquímico más tranquilo dentro de sus vasos sanguíneos.

5. Evite los alimentos de origen animal con alto contenido de AL, como el pollo y el cerdo: este paso sorprende a muchas personas. Estos animales almacenan el ácido linoleico de la alimentación en sus tejidos. Eso significa que lo absorbe de forma indirecta. En su lugar, elija carne de res o cordero alimentados con pastura, que contienen niveles mucho más bajos de AL. Este cambio reduce su exposición sin obligarlo a disminuir su consumo de proteínas o calorías. Por ejemplo, los muslos de pollo convencionales contienen entre 2 y 3 gramos de AL por ración, mientras que la carne de res de animales alimentados con pastura contiene entre 0.1 y 0.2 gramos.

Cuando aborda la causa, la acumulación de grasas industriales inestables en sus tejidos, deja de luchar contra su biología y comienza a trabajar con ella. Con el tiempo, ese cambio modifica la forma en que las arterias responden al estrés, la inflamación y el propio envejecimiento.

Dado que el ácido linoleico se acumula en los tejidos a lo largo de los años, reducir su consumo es una estrategia a largo plazo. La mayoría de las personas comienzan a notar mejoras en los marcadores inflamatorios entre seis y doce meses después, y los beneficios continúan durante varios años a medida que las reservas en el tejido se agotan de forma gradual.

Preguntas frecuentes sobre los aceites de semillas y las enfermedades cardíacas

P: ¿Por qué los aceites de semillas no eran un problema en el pasado?

R: A principios del siglo XX, el consumo de aceites de semillas no era tan amplio. Las alimentaciones tradicionales se basaban en mantequilla, sebo y manteca, que son grasas más estables. La introducción industrial de los aceites de semillas aumentó de forma drástica la exposición al ácido linoleico en un período muy corto, lo que creó condiciones a las que el cuerpo humano no se había adaptado a lo largo del tiempo evolutivo.

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad, el consumo de AL era del 1 % al 2 % de las calorías. A finales del siglo XX, había aumentado hasta situarse entre el 7 % y el 8 %, un cambio que se produjo en décadas en lugar de los milenios necesarios para la adaptación biológica.

P: ¿Qué hace que el ácido linoleico de los aceites de semillas sea perjudicial para las arterias?

R: El AL es muy inestable. Cuando se descompone, forma compuestos reactivos que dañan las paredes de los vasos sanguíneos, mantienen la inflamación activada y aceleran la acumulación de placa. A lo largo de las décadas, esta lesión continua altera la estructura y la función de las arterias, lo que aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardíacas.

P: Si no cocino con aceites de semillas ¿aún estoy expuesto?

R: Sí. El AL se encuentra en la cadena de suministro de alimentos moderna. Los alimentos envasados, las comidas de restaurantes, las salsas, los aderezos y los alimentos fritos casi siempre dependen de aceites de semillas. Incluso sin utilizarlos en casa, la exposición diaria se acumula a menos que se reduzca de forma intencional su consumo.

P: ¿Cómo ayuda reducir el AL a la salud del corazón?

R: Reducir su consumo de AL disminuye la materia prima que alimenta el daño oxidativo dentro de las arterias. Con el tiempo, esto crea un entorno interno más tranquilo donde la inflamación disminuye, la acumulación de placa se ralentiza y los vasos sanguíneos recuperan su resistencia en lugar de seguir deteriorándose.

P: ¿Cuál es el primer paso para reducir el riesgo?

R: El primer paso es monitorear y limitar su consumo de AL a menos de 3 gramos al día. Una vez que su consumo se vuelve visible y medible, la enfermedad cardíaca deja de parecer inevitable para convertirse en algo que se puede influir al reducir la exposición crónica en lugar de intentar controlar los síntomas.