📝HISTORIA EN BREVE

  • Una alimentación que carece de fibra deteriora la memoria emocional en cerebros envejecidos en tan solo unos días, lo que demuestra que la función del cerebro responde a las elecciones alimentarias mucho más rápido de lo que muchas personas creen
  • El estudio descubrió que el mayor daño se produce en la amígdala, que es la región del cerebro que ayuda a conectar las acciones con las consecuencias y a reconocer el peligro, lo que significa que las malas elecciones alimentarias debilitan la habilidad del cerebro para aprender de las experiencias negativas
  • Una alimentación sin fibra reduce en gran medida el butirato, que es un compuesto producido por las bacterias intestinales que protege el cerebro, regula la inflamación y apoyan la comunicación entre el intestino y el cerebro
  • Los investigadores descubrieron que las alimentaciones refinadas también ralentizan la actividad mitocondrial en las células inmunitarias del cerebro, lo que reduce la energía necesaria para la formación de la memoria y hace que los cerebros de las personas mayores sean mucho menos resistentes al estrés alimentario
  • Restablecer la salud intestinal y la función del cerebro requiere eliminar los alimentos refinados y los aceites de semillas ricos en ácido linoleico, estabilizar la digestión y reconstruir poco a poco el consumo de fibra para que las bacterias intestinales puedan volver a producir butirato

🩺Por el Dr. Mercola

Según una investigación publicada en la revista Brain, Behavior, and Immunity, bastaron unos pocos días para que una alimentación refinada y baja en fibra causara un deterioro apreciable en la memoria emocional de cerebros en proceso de envejecimiento.1 Ese hallazgo desmiente la creencia generalizada de que se requieren años de una mala alimentación antes de que su cerebro sufra las consecuencias. Los investigadores se propusieron responder una pregunta específica: ¿es la grasa, el azúcar o algún otro componente de las alimentaciones refinadas lo que daña el cerebro que envejece?

Su respuesta señaló una deficiencia nutricional, y lo que siguió fue una cadena de consecuencias en el cuerpo que se extendieron desde el intestino hasta lo más profundo de las células del cerebro, lo que reflejó la rapidez con la que los alimentos procesados ​​afectan los sistemas que mantienen la memoria en buen estado. Estos descubrimientos impulsaron a los investigadores a buscar cómo la alimentación refinada altera la memoria emocional y por qué el cerebro envejecido responde con tanta intensidad a este patrón nutricional.

La alimentación refinada y sin fibra debilita rápido la memoria emocional en cerebros que envejecen

Para este estudio, los investigadores examinaron cómo la alimentación refinada influye en la memoria y la función de las células del cerebro tanto en animales jóvenes como en animales de edad avanzada.2 El equipo de investigación alimentó a los animales con varios tipos de alimentaciones refinadas que variaron en los niveles de grasa y azúcar, pero que compartieron una característica clave: no contuvieron fibra. Su objetivo fue determinar si ciertos nutrientes o la naturaleza refinada de la alimentación en sí misma provocan cambios rápidos en la función del cerebro.

Los resultados demostraron que la falta de fibra, y no la cantidad de grasa o azúcar, influyó mucho en los cambios de memoria en cerebros de personas mayores. Los investigadores también evaluaron la producción de energía de las células del cerebro, la actividad inmunológica y las vías de señalización molecular para identificar las razones biológicas que subyacen a estos efectos.

• Los cerebros de las personas mayores tuvieron un deterioro rápido de la memoria después de la exposición a alimentaciones refinadas: después de solo un período breve con alimentaciones refinadas, los animales mayores mostraron claros deterioros en la memoria emocional, la cual es un tipo de memoria gobernada por la amígdala, que es una estructura cerebral en forma de almendra que procesa el aprendizaje emocional. Los animales más jóvenes que consumieron la misma alimentación presentaron muchos menos problemas, lo que pone de manifiesto cómo el envejecimiento aumenta la vulnerabilidad a los malos hábitos alimenticios.

Sin fibra, el cerebro en proceso de envejecimiento pierde el control sobre los recuerdos emocionales, las experiencias que nos enseñan qué evitar y en qué confiar. Los investigadores observaron que todas las alimentaciones refinadas que se analizaron produjeron deterioros similares en la memoria que depende de la amígdala.

Según la investigadora Ruth Barrientos de la Universidad Estatal de Ohio, "la amígdala es importante para aprender la asociación entre algo que provoca miedo y un mal resultado. Y descubrimos que todas las alimentaciones refinadas perjudican la memoria que depende de la amígdala".3

• La deficiencia de fibra se destacó como el factor común en todas las alimentaciones dañinas: cada alimentación varió en contenido de grasa y azúcar, pero ninguna tenía fibra. Ese factor común destacó la importancia del microbioma intestinal, que es la comunidad de bacterias que habita en el tracto digestivo y que utiliza la fibra como fuente de energía.

Cuando los investigadores examinaron los sistemas digestivos y las muestras de sangre de los animales, descubrieron una gran disminución en los niveles de butirato. El butirato es un ácido graso de cadena corta (AGCC) que se produce cuando las bacterias intestinales descomponen la fibra. El butirato circula por todo el cuerpo e incluso llega al cerebro, donde influye en la inflamación y la señalización nerviosa. No incluir fibra en la alimentación afecta la producción de butirato.

Los investigadores explicaron que "el culpable es un nivel bajo de butirato, como consecuencia de la falta de fibra". Este hallazgo podría sugerir que la solución es sencilla: solo añada fibra a la alimentación. Pero, como explicaré más adelante, restablecer la fibra en un intestino dañado demasiado rápido podría ser contraproducente, lo que empeora la inflamación en lugar de resolverla. La solución requiere una secuencia más cuidadosa.

• El centro de la memoria emocional del cerebro (la amígdala) demostró ser bastante sensible: la memoria emocional le permite conectar acciones con consecuencias. Este tipo de memoria le ayuda a recordar experiencias dolorosas, reconocer amenazas y ajustar su comportamiento para evitar el peligro. Cuando este sistema falla, el cerebro pierde un importante mecanismo de seguridad.

El estudio demostró que la amígdala presentó una gran vulnerabilidad a la alimentación refinada en animales de edad avanzada, incluso cuando dichas alimentaciones tuvieron diferentes niveles de grasa y azúcar. En cambio, otro centro de la memoria llamado hipocampo, que se encarga de la memoria espacial y autobiográfica, solo disminuyó bajo ciertas condiciones alimentarias. Esta diferencia demuestra que los sistemas de memoria emocional responden más rápido a una mala nutrición que otras formas de memoria.

• El daño apareció rápido y no requirió obesidad: muchas personas asumen que la alimentación daña el cerebro solo después de que se desarrolla un aumento de peso a largo plazo o una enfermedad metabólica. Los investigadores cuestionaron esa idea, y observaron problemas cognitivos cuantificables en los animales tras un período breve de alimentación refinada.

Aunque se produjo cierto aumento de peso, los cambios en el cerbero aparecieron mucho antes que la obesidad. Ruth Barrientos hizo hincapié en la rapidez del efecto, y afirmó que, "estos efectos en el cerebro después de comer algo son bastante rápidos". Es posible que experimente esta disfunción cognitiva poco saludable mucho antes de llegar a la obesidad".

Cómo la alimentación refinada desactiva la energía celular en el cerebro

Los problemas de memoria ya descritos plantean una pregunta importante: ¿qué es lo que se deteriora dentro de las células del cerebro para causar este daño? Cuando los investigadores profundizaron en el estudio, descubrieron que el problema no se limita a la señalización y la inflamación, sino que los mecanismos que impulsan las células del cerebro se paralizaban.

• Las células inmunitarias del cerebro perdieron la habilidad de producir energía de manera efectiva: los investigadores también analizaron lo que sucedió dentro de las células del cerebro. Se centraron en la microglía, que son las células inmunitarias especializadas que monitorizan el entorno del cerebro y apoyan los procesos de memoria. Dentro de estas células se encuentran las mitocondrias, que son estructuras diminutas que generan la energía necesaria para casi todas las funciones de las células.

En los animales de edad avanzada que consumieron alimentaciones refinadas, las fuentes de energía dentro de las células inmunitarias del cerebro se ralentizaron en gran medida, lo que produjo mucha menos energía de la que esas células necesitan para apoyar la memoria. Las mitocondrias funcionaron aún, pero produjeron energía a un ritmo mucho menor. Esa pérdida de energía interfiere con la señalización necesaria para la formación y la recuperación de la memoria.

• Los cerebros jóvenes se adaptaron al estrés alimentario, pero los cerebros que envejecen tuvieron dificultades:  otro descubrimiento importante se relacionó con la flexibilidad metabólica, que describe la capacidad de las células para ajustar su producción de energía cuando cambian las condiciones. Es similar a cómo un corazón sano puede acelerarse durante el ejercicio y ralentizarse en reposo.

Las células cerebrales envejecidas y que se alimentaron con alimentaciones refinadas perdieron esa adaptabilidad: se quedaron inactivas y no podían activarse cuando el cerebro necesitaba más energía. Cuando los investigadores sometieron a las células cerebrales a mayores requerimientos de energía en pruebas de laboratorio, las microglías jóvenes se adaptaron y mantuvieron su actividad.

Las microglías envejecidas no respondieron de la misma forma. Sus mitocondrias presentaron una habilidad limitada para aumentar la producción de energía, lo que dejó a las células atrapadas en un estado de baja potencia. Esta menor flexibilidad debilita la capacidad de resistencia del cerebro ante el estrés nutricional. Para los adultos mayores, esto significa que la calidad de la alimentación tiene un impacto mucho más importante en el mantenimiento de la función cognitiva.

• Las alimentaciones refinadas alteraron proteínas importantes del cerebro que se relacionan con la señalización de la memoria: el equipo de investigación también realizó un análisis proteómico, que es un método que mide miles de proteínas dentro de los tejidos.

Descubrieron que las alimentaciones refinadas alteraron cientos de proteínas, muchas de ellas implicadas en la producción de energía celular y en la transmisión de señales entre las células del cerebro. Un grupo de proteínas dañadas pertenecía al primer paso de la cadena energética de las mitocondrias, lo que significa que el sistema de energía fallaba en su punto de partida.

Las alteraciones en estas proteínas debilitan la producción de energía y perjudican la habilidad de las neuronas para transmitir señales de manera efectiva. Los investigadores también observaron alteraciones en la señalización de los receptores de glutamato, que tiene una influencia fundamental en el aprendizaje y la formación de la memoria. Estos cambios ayudan a explicar por qué la memoria emocional se deterioró tan rápido en condiciones de alimentación refinada.

Abordar la causa principal del deterioro de la memoria provocado por la alimentación

Si tiene más de 50 años y consume alimentos envasados, comida rápida o cualquier alimento cocinado con aceites vegetales, esta investigación indica que el daño no se manifiesta hasta que tenga obesidad o diabetes, sino que ocurre ahora mismo, comida tras comida. La buena noticia es que la misma velocidad que hace que el daño sea preocupante también significa que los cambios adecuados producen mejoras rápidas.

Su cerebro responde a los alimentos que consume a diario. Una alimentación refinada y sin fibra altera la señalización intestinal, disminuye la producción de butirato, debilita la producción de energía mitocondrial en las células del cerebro y daña los sistemas de memoria emocional en cerebros que envejecen. Eso significa que el problema subyacente no es solo el envejecimiento, sino el estrés metabólico que provocan los alimentos procesados de hoy en día.

Eliminar los alimentos que afectan la energía celular y reconstruir poco a poco el entorno intestinal restaura los sistemas del cuerpo que protegen la memoria. El objetivo es eliminar los factores alimentarios que perjudican la energía celular, estabilizar el entorno intestinal y reconstruir el microbioma para que pueda volver a producir compuestos como el butirato, que protegen el cerebro.

A continuación, se presentan cinco estrategias para restaurar los sistemas que apoyan la salud del cerebro y la memoria emocional.

1. Elimine los alimentos procesados y el exceso de ácido linoleico (AL), que alteran los sistemas de energía del intestino y el cerebro: el primer paso consiste en eliminar los alimentos que causaron el problema en primer lugar.  Los alimentos muy refinados privan de nutrientes a las bacterias intestinales beneficiosas, mientras que los aceites de semillas industriales llenan los tejidos de AL, que es un ácido graso poliinsaturado que interfiere en la producción de energía mitocondrial. Estos aceites se acumulan en las membranas celulares y afectan la barrera intestinal con el tiempo.

Esto crea un entorno donde la inflamación se propaga con mayor facilidad y la producción de energía cerebral disminuye. Si observa con detenimiento los alimentos procesados, verá que estos aceites se incluyen en casi todas partes. El aceite de soya, el aceite de maíz, el aceite de canola, el aceite de girasol y otros aceites de semillas similares predominan en los alimentos envasados, la cocina de los restaurantes y los bocadillos procesados. Estos aceites provocan un consumo excesivo de AL, lo que altera las membranas celulares e interfiere con la función de las mitocondrias.

Eliminar estos aceites proporciona a la mucosa intestinal y a las células cerebrales la estabilidad necesaria para repararse. Sustitúyalos por grasas tradicionales como mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee o sebo. Al mismo tiempo, elimine los bocadillos refinados, los productos de granos envasados, las comidas congeladas ultraprocesadas y la mayoría de los alimentos fritos de los restaurantes.

Estos productos combinan carbohidratos refinados con aceites ricos en ácido linoleico, lo que crea un entorno metabólico que daña tanto el microbioma como los sistemas energéticos de las células. Un día típico podría incluir huevos de gallinas camperas cocinados en mantequilla, arroz blanco con carne de res de animales alimentados con pastura y cocinada a fuego lento junto con una pieza de fruta entera. Estas son comidas sencillas que proporcionan energía sin ingredientes que alteren el intestino.

El objetivo es reducir el consumo de AL a menos de 5 gramos, aunque lo ideal es que sea cerca de 2 gramos diarios. Para llevar un seguimiento de su consumo, descargue la próxima plataforma de salud Pax, que incluye la función Seed Oil Sleuth, la cual calcula la exposición al AL con mucha precisión.

2. Comprenda la paradoja de la fibra antes de aumentar de forma repentina su consumo: la fibra apoya la salud intestinal y del cerebro solo cuando el entorno microbiano está preparado para ella. La fibra intensifica el estrés digestivo en lugar de resolverlo si la barrera intestinal está dañada o el equilibrio bacteriano se ha desequilibrado hacia especies dañinas, lo cual es un fenómeno que se conoce como la paradoja de la fibra.

La mucosa intestinal contiene una barrera de moco con un grosor cercano al de una tarjeta de crédito. Esa fina capa es a la vez un punto de alimentación para las bacterias beneficiosas y una barrera que las mantiene a una distancia adecuada de las células inmunitarias. Las bacterias beneficiosas consumen azúcares complejos de su alimentación sin dejar de estar separadas de las células intestinales.

Cuando la fibra desaparece de la alimentación o el microbioma se vuelve inestable, esas bacterias comienzan a alimentarse de esa barrera mucosa. A medida que la capa protectora se adelgaza, las bacterias se acercan a su sistema inmunológico y la inflamación se vuelve mucho más probable.

Consumir grandes cantidades de fibra fermentable en ese entorno suele empeorar los síntomas en lugar de solucionarlos. La inflamación, la presión abdominal, la fatiga y la digestión irregular son señales de que el ambiente intestinal necesita estabilizarse antes de aumentar el consumo de fibra.

3. Estabilice su entorno intestinal para que las bacterias beneficiosas puedan producir butirato de nuevo: el butirato puede ser la molécula más importante que producen las bacterias intestinales, y las alimentaciones refinadas detienen su producción rápido. El butirato se produce cuando los microbios fermentan ciertos carbohidratos, y funciona como la fuente de energía preferida para las células que recubren el colon y tiene un gran impacto sobre la regulación de la inflamación.

La producción de butirato disminuye en gran medida cuando no se incluye fibra en la alimentación o el microbioma se desequilibra. Eso debilita la barrera intestinal y reduce las señales que suelen ayudar a regular la inflamación en todo el cuerpo y el cerebro.

En el estudio mencionado, las alimentaciones refinadas sin fibra redujeron en gran medida los niveles de butirato en la sangre. Esa disminución coincidió con una disfunción mitocondrial en las células inmunitarias del cerebro y un deterioro de la memoria emocional.

Estabilizar primero el entorno intestinal (mediante comidas más sencillas y una menor cantidad de fibra fermentable) reduce la fermentación bacteriana excesiva y la liberación de endotoxinas, que son toxinas bacterianas que se filtran al torrente sanguíneo cuando la barrera intestinal se debilita. Esto le da tiempo a la mucosa intestinal para reconstruir las condiciones necesarias para que regresen las bacterias beneficiosas encargadas de producir butirato.

4. Aumente el consumo de carbohidratos con alimentos suaves que apoyan la reparación metabólica: su cerebro requiere glucosa constante para mantener la producción de energía celular. La mayoría de los adultos funcionan mejor con alrededor de 250 gramos de carbohidratos al día una vez que mejora su estabilidad metabólica. La clave está en introducir esos carbohidratos en formas que su intestino pueda tolerar.

Las frutas enteras y los almidones bien cocidos, como el arroz blanco, proporcionan glucosa para la producción de energía mitocondrial sin abrumar a un microbioma debilitado con una gran carga de fermentación.

Esta etapa estabiliza el nivel de azúcar en la sangre, calma la inflamación y le da tiempo a la barrera intestinal para repararse. A medida que mejora la estabilidad metabólica, el microbioma intestinal se vuelve mucho más capaz de procesar carbohidratos complejos que alimentan a las bacterias productoras de butirato.

5. Amplíe poco a poco la diversidad de fibra para reconstruir la producción de butirato: una vez que la digestión se calme (menos inflamación, hábitos intestinales predecibles y mejor tolerancia a las comidas), su entorno intestinal indicará que está listo para más fibra. En esa etapa, el aumento de la diversidad de los alimentos de origen vegetal fortalece el equilibrio microbiano e incrementa la producción de butirato.

Los vegetales de raíz suelen ser los primeros en recomendarse porque aportan una cantidad moderada de fibra y son fáciles de digerir. Después, se incluyen los vegetales sin almidón, seguidos de los vegetales con almidón, como la calabaza o el camote. Las legumbres, los frijoles y los granos enteros poco procesados ​​se incorporan más adelante en la alimentación de las personas que los toleran bien.

Los alimentos ricos en almidón resistente también son útiles durante esta fase. Las papas blancas o los plátanos verdes cocidos alimentan a las bacterias que se especializan en producir butirato. El butirato fortalece la barrera intestinal, nutre las células del colon y envía señales antiinflamatorias por todo el cuerpo.

A medida que estas bacterias se multiplican, la barrera intestinal se fortalece y los compuestos inflamatorios se contienen dentro del tracto digestivo. Cuando el proceso de regeneración se desarrolla poco a poco, la fibra pasa de ser un problema digestivo a una de las herramientas más poderosas para restaurar la salud intestinal y del cerebro.

Preguntas frecuentes sobre la alimentación baja en fibra y la memoria

P: ¿Cómo afecta una alimentación baja en fibra a la memoria en los adultos mayores?

R: Una alimentación baja en fibra debilita los sistemas de memoria emocional en los cerebros que envejecen. Una investigación que se publicó en Brain, Behavior, and Immunity descubrió que las alimentaciones refinadas que carecen de fibra perjudican la memoria que depende de la amígdala en animales mayores después de un período de exposición muy corto.

La amígdala es la región del cerebro encargada del aprendizaje emocional, que es la habilidad de asociar experiencias con consecuencias. Cuando este sistema se debilita, el cerebro tiene dificultades para conectar las acciones con los resultados, lo que afecta la toma de decisiones y la percepción del riesgo. El estudio también demostró que estos problemas de memoria se produjeron sin importar si la alimentación era rica en grasas o en azúcares. El factor común fue la falta de fibra.

P: ¿Por qué es importante la fibra para la salud del cerebro?

R: La fibra alimenta las bacterias intestinales beneficiosas que producen AGCC, incluyendo el butirato. El butirato apoya la barrera intestinal y regula la inflamación en todo el cuerpo y el cerebro. La producción de butirato disminuye mucho cuando no consume fibra.

En el estudio, las alimentaciones refinadas sin fibra disminuyeron de forma significativa los niveles circulantes de butirato, lo que se correspondió con una disfunción mitocondrial en las células inmunitarias del cerebro y un deterioro de la memoria emocional. La fibra ayuda a su microbioma a producir moléculas que protegen las células cerebrales y mantienen una comunicación saludable entre el intestino y el cerebro.

P: ¿Con qué rapidez puede una alimentación refinada dañar la función del cerebro?

R: El daño aparece rápido. Los investigadores observaron cambios cognitivos en animales de edad avanzada tras un período breve de consumo de alimentaciones refinadas. Estos efectos se produjeron mucho antes de que se desarrollara la obesidad o las enfermedades metabólicas crónicas. Según los autores del estudio, la disfunción cognitiva que provocan los alimentos refinados comienza poco después de los cambios en la alimentación. Este hallazgo demuestra que la salud del cerebro responde a las elecciones alimentarias que realiza todos los días mucho más rápido de lo que muchas personas creen.

P: ¿Cómo influyen las mitocondrias en el deterioro de la memoria causado por una mala alimentación?

R: Las mitocondrias son estructuras diminutas dentro de las células que producen energía. Las células del cerebro requieren mucha energía para almacenar y recuperar recuerdos. En el estudio, las alimentaciones refinadas provocaron una disminución significativa de la respiración mitocondrial en la microglía, que son las células inmunitarias del cerebro.

Esto significa que las fuentes de energía celular redujeron su ritmo y produjeron menos energía. Las células del cerebro más antiguas también presentaron una menor flexibilidad metabólica, ya que se les dificultó aumentar la producción de energía cuando aumentaron las necesidades de esta. Esa pérdida de energía interrumpe los procesos de señalización que se necesitan para formar la memoria.

P: ¿Qué cambios en la alimentación ayudan a proteger la función del cerebro y a restablecer la salud intestinal?

R: La estrategia más efectiva es eliminar los alimentos refinados que alteran el microbioma y reemplazarlos con alimentos enteros que apoyan la salud metabólica. Eliminar los alimentos ultraprocesados ​​y los aceites de semillas con un gran contenido de ácido linoleico ayuda a restaurar la función de las mitocondrias y la integridad de la barrera intestinal.

Estabilizar primero el ambiente intestinal y luego reintroducir poco a poco la fibra a través de frutas enteras, tubérculos y otros alimentos de origen vegetal ayuda a que las bacterias beneficiosas se recuperen. A medida que se regenera el microbioma, la producción de butirato vuelve a aumentar, lo que fortalece la barrera intestinal y apoya una señalización cerebral saludable.