📝HISTORIA EN BREVE

  • Los medicamentos de uso común que tienen efectos anticolinérgicos (entre ellos algunos somníferos, antidepresivos y remedios para la alergia) interfieren con la acetilcolina, la sustancia química que su sistema nervioso emplea para regular el ritmo cardíaco, la presión arterial y otras funciones automáticas del cuerpo
  • Un estudio a gran escala que hizo un seguimiento de 508 273 adultos durante unos 14 años descubrió que un mayor consumo de estos medicamentos se relacionó con un riesgo mucho más alto de sufrir problemas cardiovasculares, como insuficiencia cardíaca, arritmias cardíacas, infartos y derrames cerebrales
  • Los investigadores observaron un patrón evidente de relación dosis-respuesta: cuanto mayor es la frecuencia de uso de estos medicamentos, mayor es el riesgo de padecer enfermedades cardíacas, y el grupo con mayor exposición tuvo un aumento de un 71 % en los eventos cardiovasculares
  • Un estudio independiente a largo plazo en el que se hizo un seguimiento de 21 636 adultos reveló que las personas que toman varios medicamentos anticolinérgicos presentan un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares y tasas de mortalidad mucho más altas en comparación con quienes no toman ninguno
  • Reducir la dependencia de los medicamentos anticolinérgicos y cuidar la salud metabólica podrían ayudar a disminuir la carga farmacológica en el corazón y el sistema nervioso; sin embargo, es necesario realizar más investigaciones para confirmar si estos cambios en el estilo de vida reducen el riesgo cardiovascular de manera directa

🩺Por el Dr. Mercola

Los medicamentos que tiene en su botiquín podrían estar dañando su corazón sin que se dé cuenta. Una clase muy amplia de medicamentos conocidos como anticolinérgicos, que se usan en tratamientos cotidianos para las alergias, la depresión, los problemas de la vejiga, el mareo y los trastornos del sueño, bloquean la acetilcolina, que es un mensajero químico que el sistema nervioso utiliza para mantener estable el ritmo cardíaco, la presión arterial y la digestión.

Cuando esas señales se suprimen durante años, el corazón pierde uno de sus estabilizadores más importantes: el sistema que lo mantiene tranquilo cuando el cuerpo está bajo estrés. Muchas personas no se dan cuenta de lo comunes que son estos medicamentos, ni de que tomar más de uno a la vez potencia su efecto.

Sin embargo, dos estudios poblacionales demuestran que las consecuencias cardiovasculares de esta carga farmacológica acumulada son graves y siguen un patrón claro: cuanto mayor es la exposición acumulada, mayor es el riesgo de sufrir insuficiencia cardíaca, arritmias, ataques cardíacos y derrames cerebrales.

Cuando los científicos comenzaron a analizar la exposición prolongada a ciertos medicamentos en cientos de miles de personas, la relación entre los medicamentos anticolinérgicos y las enfermedades cardíacas se volvió imposible de ignorar. Este primer estudio a gran escala ofrece una visión clara de cómo esta carga farmacológica se traduce en un riesgo cardíaco cuantificable a lo largo del tiempo.1

Una mayor exposición a los medicamentos anticolinérgicos se asocia con un riesgo de enfermedad cardíaca cada vez mayor

Un estudio publicado en BMC Medicine hizo un seguimiento de 508 273 residentes de Estocolmo mayores de 45 años que no tenían antecedentes de enfermedades cardiovasculares graves al inicio de la investigación.2 Los científicos analizaron sus historiales médicos desde enero de 2008 hasta diciembre de 2021 para determinar si el uso acumulado de medicamentos anticolinérgicos se asociaba con problemas cardíacos futuros.

Los investigadores midieron la exposición de cada participante mediante dosis diarias definidas, es decir, una forma estandarizada de calcular la cantidad de medicamento que recibe una persona al año. Durante un período medio de seguimiento de 14 años, los investigadores registraron 118 266 eventos cardiovasculares, lo que les proporcionó un conjunto de datos muy valioso para analizar los patrones de riesgo a largo plazo.

Los resultados revelaron una tendencia clara: a medida que aumentó el uso de medicamentos anticolinérgicos, también lo hizo la probabilidad de padecer enfermedades cardiovasculares. Los niveles más altos de exposición a los anticolinérgicos mantuvieron una relación significativa con los eventos cardiovasculares, incluso después de ajustar los resultados según los hábitos de vida, los problemas de salud y otros factores de riesgo. Esto significa que la asociación se mantuvo incluso al considerar el tabaquismo, la actividad física, las condiciones de salud y las diferencias demográficas.

• El riesgo aumentó de forma gradual a medida que aumentaba la exposición al medicamento: los científicos documentaron una fuerte relación dosis-respuesta, lo que significa que el riesgo aumentó de forma constante al aumentar el consumo del medicamento.

El grupo con mayor exposición, es decir, las personas que acumularon 365 dosis o más al año, tuvo un riesgo casi un 71 % mayor de sufrir eventos cardiovasculares en comparación con quienes no tomaron estos medicamentos. Este aumento gradual hace que la tendencia sea fácil de entender: cuanto mayor fue la exposición acumulada, mayor fue el riesgo.

• Algunos problemas cardíacos mostraron una relación mucho más marcada: las personas del grupo con mayor exposición presentaron un riesgo de insuficiencia cardíaca casi tres veces mayor que aquellas con una exposición mínima. Las arritmias, es decir, los ritmos cardíacos irregulares que alteran la señalización eléctrica normal del corazón, también aumentaron de forma considerable. Estas alteraciones del ritmo cardíaco aumentan el riesgo de sufrir un derrame cerebral, insuficiencia y episodios cardíacos repentinos.

Otras afecciones también mostraron un riesgo elevado, entre ellas el infarto de miocardio (ataque cardíaco), las enfermedades cerebrovasculares como el derrame cerebral, la enfermedad arterial y la tromboembolia venosa. Aunque los aumentos variaron según la afección, todos los subtipos cardiovasculares presentaron un aumento cuantificable del riesgo al aumentar la carga de medicamentos anticolinérgicos.

• Los medicamentos anticolinérgicos alteran el control natural que ejerce el sistema nervioso sobre el corazón: estos medicamentos interfieren con el sistema nervioso parasimpático, que es la rama del sistema nervioso autónomo que se encarga de ralentizar el ritmo cardíaco y estabilizar la circulación. Cuando este sistema se bloquea, la frecuencia cardíaca aumenta y la presión arterial se eleva.

Ese desequilibrio también reduce la variabilidad de la frecuencia cardíaca, que es la variación natural entre latidos que indica que el corazón está sano y es capaz de adaptarse. Cuando la variabilidad de la frecuencia cardíaca disminuye, es una señal de advertencia de que su sistema cardiovascular pierde la capacidad de responder a lo que su cuerpo necesita en cada momento. Su corazón se vuelve menos flexible y menos capaz de ajustarse al estrés.

•  Estos medicamentos se identificaron en un inicio por causar daños en las funciones del cerebro: los investigadores indicaron que la carga de medicamentos anticolinérgicos se estudió en un inicio por su impacto negativo en la cognición de las personas de edad avanzada. El cerebro depende de la acetilcolina para la memoria, el aprendizaje, la digestión y el control muscular. Cuando esta vía de señalización se suprime, las personas suelen experimentar sequedad bucal, estreñimiento, visión borrosa y retención urinaria. La mayor preocupación surge con la exposición a largo plazo.

Varios estudios relacionan de manera sistemática el uso prolongado de medicamentos anticolinérgicos, sobre todo los antihistamínicos más antiguos y ciertos medicamentos psiquiátricos, con un deterioro cognitivo más rápido y un mayor riesgo de demencia en las personas de edad avanzada.3 Como estos medicamentos suprimen el mismo sistema químico que apoya la memoria, el cerebro pierde de forma gradual una de sus señales fundamentales de comunicación.

• El bloqueo de la acetilcolina también interfiere en el control de la inflamación y el metabolismo cardíaco: por lo general, el cuerpo utiliza un sistema denominado vía antiinflamatoria colinérgica para regular las respuestas del sistema inmunológico. La acetilcolina activa esta vía, lo que ayuda a mantener la inflamación bajo control. Una carga anticolinérgica elevada inhibe esa vía de señalización, lo que se correlaciona con una mayor actividad inflamatoria, un factor de riesgo bien conocido de las enfermedades cardiovasculares.

Las investigaciones también indican que el corazón podría tener su propia red de señalización colinérgica dentro de las células del músculo cardíaco. Este sistema podría ayudar a regular la conducción eléctrica, controlar el ritmo cardíaco y apoyar el metabolismo energético del corazón. Cuando los medicamentos anticolinérgicos interfieren con este sistema de señalización, hay indicios de que el corazón podría volverse más vulnerable a las alteraciones del ritmo cardíaco.

Un mayor uso de medicamentos anticolinérgicos se asocia con un riesgo mucho mayor de enfermedad cardíaca

El estudio de BMC Medicine dejó claro el patrón cardiovascular, pero un segundo estudio a gran escala que se publicó en Age and Ageing revela algo que el primero no analizó: cómo se relaciona el uso de medicamentos anticolinérgicos con la mortalidad general.4

Los investigadores hicieron un seguimiento de 21 636 adultos de entre 40 y 79 años durante más de una década para ver cómo estos medicamentos afectan la salud a largo plazo.5 Al comienzo del estudio, los participantes completaron cuestionarios de salud, enumeraron los medicamentos que usaban y se sometieron a exámenes físicos.

Después, los investigadores hicieron un seguimiento de sus historiales médicos, buscaron casos de enfermedades cardíacas y fallecimientos, y calcularon cuántos medicamentos que interfieren con la acetilcolina tomaba cada persona. Las personas que usaron más de estos medicamentos se vieron más perjudicadas. En comparación con las personas que no tomaron ninguno de estos medicamentos, aquellas que tomaron varios presentaron tasas mucho más altas de enfermedades cardíacas y muerte durante los años siguientes.

• Las enfermedades cardíacas se volvieron mucho más comunes a medida que aumentó el número de estos medicamentos: alrededor del 14 % de las personas que no tomaron estos medicamentos desarrollaron enfermedades cardiovasculares durante el estudio. Pero en el grupo con mayor exposición, casi la mitad (alrededor del 49 %) desarrolló enfermedades cardíacas durante los años de seguimiento.

• Las tasas de mortalidad también aumentaron a medida que aumentó el uso de medicamentos: entre las personas que no tomaron estos medicamentos, cerca del 10.8 % murió durante el período del estudio. Esa cifra fue aumentó de forma progresiva a medida que se incrementó el uso de medicamentos. Las tasas de mortalidad alcanzaron el 23.4 % entre las personas que consumían cantidades pequeñas, el 27.8 % entre las de consumo moderado y el 33.7 % entre las que consumían las cantidades más elevadas.

Incluso después de que los investigadores consideraran factores como el tabaquismo, la presión arterial, la actividad física y las enfermedades preexistentes, la relación se mantuvo estrecha. Las personas que tomaban varios de estos medicamentos tuvieron un riesgo mucho mayor tanto de muerte como de padecer enfermedades cardíacas.

• Incluso añadir uno o dos medicamentos aumentó el riesgo de forma notable: cada aumento de dos puntos en la exposición se asoció con un riesgo relativo 29 % mayor de muerte y 40 % mayor de enfermedad cardiovascular en la población de este estudio. Cada medicamento adicional que interfería con la acetilcolina elevó aún más el riesgo. Para alguien que toma varios medicamentos recetados, esto cobra importancia porque cada medicamento adicional altera su panorama de salud a largo plazo.

Los participantes que consumían varios de estos medicamentos tuvieron más probabilidades de fumar, hacer menos ejercicio y padecer afecciones como asma, enfermedad pulmonar crónica, diabetes o problemas cardíacos previos. También solían tener una presión arterial y un peso corporal un poco más elevados. Sin embargo, incluso después de que los investigadores ajustaran estos factores en su análisis, la relación entre estos medicamentos y los problemas cardiovasculares se mantuvo sólida.

• Estos medicamentos interfieren con una rama de su sistema nervioso que ayuda a regular el ritmo cardíaco y el flujo sanguíneo: este sistema mantiene su corazón estable y adaptable. Cuando los medicamentos bloquean esas señales, el corazón se vuelve más vulnerable a las arritmias y a los cambios repentinos en la presión arterial. Los investigadores también observaron que estos medicamentos reducen la variabilidad de la frecuencia cardíaca. Una menor variabilidad de la frecuencia cardíaca tiene una relación estrecha con un mayor riesgo de problemas cardiovasculares.

• La inflamación y la alteración del sistema inmunológico añaden otra capa de riesgo: el mismo sistema de señalización también ayuda a controlar la inflamación en el cuerpo. Cuando estos medicamentos bloquean ese sistema, el cuerpo pierde parte de su control antiinflamatorio natural. A medida que la inflamación aumenta, el ambiente dentro del cuerpo se vuelve más propicio para el desarrollo de enfermedades cardíacas.

Los investigadores también observaron que el bloqueo de estas señales desestabiliza la circulación durante el estrés físico, lo que aumenta la probabilidad de problemas del ritmo cardíaco y reduce el flujo de sangre al corazón.

Reduzca su exposición a los medicamentos anticolinérgicos para proteger su corazón y su sistema nervioso

La exposición a medicamentos anticolinérgicos suele acumularse de forma silenciosa con el tiempo. Muchas personas toman estos medicamentos sin saber que aparecen con frecuencia en tratamientos comunes, sobre todo en los que se usan para combatir las alergias como el Benadryl, los somníferos y ciertos antidepresivos. Sin embargo, cuanto más a menudo se utilicen estos medicamentos, más interferirán con el sistema nervioso y mayor será el riesgo cardiovascular.

El objetivo es reducir la dependencia de los medicamentos que bloquean estas señales, al tiempo que se ayuda al cuerpo a que los síntomas que se pretendía tratar mejoren de forma natural. Si toma estos medicamentos de forma habitual, sobre todo para tratar alergias o problemas de sueño, optar por soluciones que aborden la causa raíz podría reducir su dependencia de medicamentos que interfieren con el ritmo cardíaco y el equilibrio del sistema autónomo. Estos pasos prácticos podrían ayudar a mantener la salud de su sistema nervioso y cardiovascular.

Una advertencia importante antes de realizar cualquier cambio: si está tomando medicamentos anticolinérgicos recetados, como antidepresivos tricíclicos, medicamentos para la vejiga o antipsicóticos, no deje de tomarlos de forma repentina. Suspender el tratamiento de forma repentina puede provocar síntomas de abstinencia, efectos rebote o la reaparición de la afección que se estaba tratando, a veces con mayor intensidad que antes. Consulte a su médico para elaborar un plan de reducción gradual que le permita disminuir la exposición a los anticolinérgicos de forma segura.

1. Identifique todos los medicamentos anticolinérgicos que toma: comience por anotar cada medicamento recetado, de venta libre y somnífero que use con regularidad. Los antihistamínicos, los medicamentos para el resfriado nocturno, los medicamentos para la vejiga y ciertos antidepresivos contribuyen a la carga anticolinérgica. Cuando aparecen varios de estos elementos juntos, los efectos se acumulan.

2. Evite el uso rutinario de medicamentos anticolinérgicos y priorice el alivio natural de los síntomas: en lugar de depender de medicamentos que suprimen su sistema nervioso, opte por estrategias de estilo de vida que aborden la causa raíz de los síntomas.

Para los problemas de sueño, restablezca su ritmo circadiano con al exponerse a la luz solar durante la primera hora después de despertarse y limite la luz azul de las pantallas durante al menos dos horas antes de acostarse.

Para los síntomas de vejiga hiperactiva, consulte a su médico sobre los ejercicios de fortalecimiento del suelo pélvico y las técnicas de reentrenamiento de la vejiga. En caso de que se trate de depresión, considere la actividad física regular, ya que las investigaciones suelen vincularla de forma consistente con una mejora del estado de ánimo. El objetivo no es sustituir una pastilla por otra, sino abordar los factores subyacentes que contribuyen a los síntomas.

3. Si depende de medicamentos para las alergias, aborde los desencadenantes inmunológicos en lugar de enmascarar los síntomas: muchos antihistamínicos tienen efectos anticolinérgicos. Si sufre de alergias crónicas, comience con una alimentación de eliminación para identificar qué desencadena esa respuesta de su sistema inmunológico. Elimine los irritantes comunes durante un período breve y luego reintroduzca uno a uno para que pueda identificar qué alimentos o exposiciones desencadenan los síntomas.

Fortalezca el control natural de la histamina en su cuerpo a través de la nutrición. Aumente su consumo de alimentos ricos en vitamina C, como los cítricos, el kiwi y los pimientos rojos, para favorecer la eliminación de la histamina. Incorpore alimentos ricos en quercetina, como cebollas, manzanas y bayas, los cuales estabilizan las células que liberan histamina. Para calmar la reactividad del sistema inmunológico, reduzca el consumo de alimentos procesados ​​y opte por alimentos enteros: frutas frescas, tubérculos y carne de animales alimentados con pastura.

4. Fortalezca la producción de energía celular para estabilizar su sistema nervioso: el sistema nervioso autónomo y el corazón dependen en gran medida de la producción de energía mitocondrial. Priorice exponerse a la luz solar de forma regular para apoyar la energía celular.

Consuma carbohidratos en cantidades suficientes (unos 250 gramos al día para la mayoría de los adultos) para que sus células tengan el combustible necesario para producir energía de manera eficiente. Cuando el consumo de carbohidratos es deficiente, las mitocondrias tienen dificultades para procesar la energía de forma adecuada, lo cual crea un cuello de botella bioquímico que sobrecarga el metabolismo y el sistema nervioso.

5. Adopte un estilo de vida que le ayude a reducir su dependencia de los medicamentos: restablezca un sueño saludable mediante la exposición a la luz natural y un horario de sueño constante. Reduzca el consumo de alimentos procesados ​​y aceites de semillas (como el de soya, canola y maíz), que promueven una inflamación crónica de bajo grado que empeora las alergias y sobrecarga el sistema cardiovascular.

Mueva su cuerpo todos los días: camine y realice otros ejercicios suaves para apoyar la circulación y el equilibrio del sistema nervioso. Cuando el estilo de vida favorece la salud metabólica, la estabilidad inmunológica y un ritmo circadiano adecuado, las afecciones subyacentes que impulsan el uso de medicamentos podrían mejorar y su sistema cardiovascular podría funcionar con menos estrés.

Preguntas frecuentes sobre los medicamentos anticolinérgicos y las enfermedades cardíacas

P: ¿Qué son los medicamentos anticolinérgicos y por qué se utilizan de forma habitual?

R: Los medicamentos anticolinérgicos bloquean la acetilcolina, un mensajero químico que su sistema nervioso usa para controlar muchas funciones automáticas del cuerpo. Estos medicamentos se utilizan en tratamientos para alergias, problemas de sueño, afecciones de la vejiga, depresión y mareo por movimiento. Algunos ejemplos comunes son los antihistamínicos más antiguos, como la difenhidramina (Benadryl). Debido a que muchos tipos de medicamentos entran en esta clase, las personas suelen tomar más de uno sin darse cuenta.

P: ¿Cómo afectan los medicamentos anticolinérgicos a la salud del corazón?

R: Estos medicamentos interfieren con su sistema nervioso parasimpático, que ayuda a regular el ritmo cardíaco y la presión arterial. Cuando se suprime este sistema de control, la frecuencia cardíaca aumenta y el corazón se vuelve menos estable durante el estrés físico. Las investigaciones demuestran que un mayor uso de estos medicamentos se asocia con un mayor riesgo de insuficiencia cardíaca, arritmias, infartos y derrames cerebrales.

P: ¿Tomar más de un medicamento anticolinérgico aumenta el riesgo?

R: Así es. Los estudios poblacionales a gran escala muestran un patrón claro de relación dosis-respuesta, lo que significa que cuanto más se utilizan estos medicamentos o mayor es la cantidad que se toman de forma simultánea, mayor es el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares. En un estudio, las personas con mayor exposición tuvieron un riesgo un 71 % mayor de sufrir eventos cardiovasculares.6

P: ¿Los medicamentos anticolinérgicos también afectan la salud del cerebro?

R: Así es. Estos medicamentos se estudiaron en un inicio por sus efectos en la memoria y la cognición. La acetilcolina es fundamental en el aprendizaje y la memoria, por lo que su bloqueo interfiere con la comunicación cerebral. El uso prolongado de medicamentos anticolinérgicos potentes se relacionó con un deterioro cognitivo más rápido y un mayor riesgo de demencia en adultos mayores.

P: ¿Cómo puedo reducir mi exposición a los medicamentos anticolinérgicos?

R: Empiece por revisar todos los medicamentos recetados y de venta libre que usa, ya que muchos medicamentos para la alergia, somníferos y medicamentos para el resfriado contienen ingredientes anticolinérgicos. En lugar de depender de estos medicamentos a largo plazo, concéntrese en abordar las causas subyacentes de los síntomas. Mejore la calidad del sueño mediante una exposición constante a la luz solar y unos hábitos que respeten el ritmo circadiano, refuerce el equilibrio inmunológico con alimentos enteros y apoya la salud metabólica con actividad física diaria y un consumo adecuado de carbohidratos.