📝HISTORIA EN BREVE
- El síndrome de fatiga crónica se produce cuando las mitocondrias del cuerpo, encargadas de producir energía, dejan de funcionar de manera efectiva, lo que provoca agotamiento incluso después de una actividad física o mental mínima
- Las investigaciones demuestran que el hidrógeno molecular protege a las mitocondrias del estrés oxidativo, lo que ayuda a restaurar la producción de energía celular que la fatiga constante interrumpe
- Algunos estudios realizados tanto en animales como en humanos demuestran que el agua rica en hidrógeno mejora la resistencia, reduce los marcadores de fatiga muscular como el lactato y disminuye la sensación subjetiva de agotamiento durante el esfuerzo físico
- Los científicos también descubrieron que el hidrógeno estabiliza el transporte de electrones en las mitocondrias y activa las defensas antioxidantes internas del cuerpo, lo que ayuda a proteger las células del daño químico que provoca fatiga
- Apoyar la salud de las mitocondrias a través de la reducción de los aceites de semillas, del consumo de suficientes carbohidratos y de recibir la luz del sol con regularidad, funciona en conjunto con la terapia de hidrógeno para mejorar la energía y la resistencia celular
🩺Por el Dr. Mercola
Imagínese que despierta después de ocho horas de sueño, pero se siente como si acabara de correr una maratón. Ahora imagínese que eso sucediera todos los días durante meses. El síndrome de fatiga crónica, conocido en las investigaciones médicas como encefalomielitis miálgica o EM/SFC, agota los sistemas energéticos del cuerpo como pocas enfermedades lo hacen. Este trastorno se caracteriza por un agotamiento profundo que dura más de seis meses, confusión mental, trastornos del sueño, dificultad para concentrarse y dolor muscular que no se alivia solo al dormir.
En los casos más graves, algunas actividades cotidianas como caminar, leer o mantener una conversación resultan abrumadoras. Los investigadores estiman que esta afección afecta a entre el 0.1 % y el 0.5 % de la población, lo que equivale a entre 836 000 y 2.5 millones de personas solo en Estados Unidos.1 La carga económica alcanza un estimado de entre 17 000 y 24 000 millones de dólares al año.
A pesar de esas cifras alarmantes, la mayoría de los tratamientos disponibles se centran en controlar los síntomas en lugar de corregir la causa subyacente. Esa deficiencia ha llevado a los investigadores a profundizar en el tema, yendo más allá de la fatiga en sí misma y profundizar en los mecanismos de las células que producen energía en primer lugar. Lo que descubrieron apunta a un denominador común en el síndrome de fatiga crónica/encefalomielitis miálgica, la fatiga postviral y el COVID prolongado: los sistemas encargados de producir energía del cuerpo están bajo un ataque constante.
De esa búsqueda, un candidato bastante simple ha atraído la atención de la comunidad científica: el hidrógeno molecular, que es una molécula de gas ya conocida por los químicos, pero que hace poco se ha explorado como terapia médica. La siguiente sección explica lo que descubrieron los investigadores al probar si esta molécula podía llegar a las estructuras dañadas dentro de las células y restaurar la producción de energía que la fatiga crónica afecta.
El hidrógeno protege las fuentes de energía que fallan en la fatiga crónica
Un estudio científico publicado en la revista Frontiers in Neurology investigó si el hidrógeno molecular podría abordar las causas biológicas de la ME/CFS en lugar de limitarse a aliviar los síntomas.2
Los autores analizaron la evidencia procedente de experimentos con animales, ensayos en humanos y revisiones científicas previas que examinaban la fatiga, la función de las mitocondrias y el estrés oxidativo, que es el daño químico que se produce cuando se acumulan moléculas muy reactivas dentro de las células. Su pregunta central se enfocó en una idea sencilla pero poderosa: si el daño mitocondrial es la causa del síndrome de fatiga crónica, ¿podría el hidrógeno proteger esas estructuras productoras de energía y restaurar su función?
• La investigación relacionó la fatiga crónica con una falla en la producción de energía mitocondrial: las mitocondrias, las pequeñas estructuras dentro de las células que producen energía, se comportan de manera anormal en muchas personas con EM/SFC. Los investigadores han documentado cambios estructurales en las mitocondrias, alteraciones en las vías metabólicas y una producción irregular de trifosfato de adenosina (ATP), que es la molécula que el cuerpo utiliza como fuente de energía para las células.
Cuando la producción de ATP disminuye, los músculos se cansan más rápido, la claridad mental baja y la recuperación tras el esfuerzo se vuelve demasiado lenta. Ese fallo explica por qué las personas con síndrome de fatiga crónica experimentan un agotamiento intenso incluso después de hacer un esfuerzo físico o mental leve.
• El hidrógeno mejora la fatiga y la resistencia física en animales y humanos: los investigadores observaron beneficios cuando el hidrógeno se administró a través de agua rica en hidrógeno, inhalación de gas hidrógeno o soluciones salinas con infusión de hidrógeno. Las mejoras principales que se informaron en estos estudios incluyeron:
◦ Mayor capacidad de resistencia durante pruebas de estrés físico en animales como ratones y caballos de carreras
◦ Niveles más bajos de lactato en la sangre, lo que indica una menor fatiga muscular durante el ejercicio
◦ Mejora del par máximo y la potencia muscular durante las pruebas físicas en humanos
◦ Menores puntuaciones subjetivas de fatiga durante las pruebas de ejercicio
• Algunos experimentos documentaron mejoras medibles en los marcadores del metabolismo energético: los animales que recibieron agua rica en hidrógeno presentaron niveles más elevados de glucógeno hepático, lo que significa que sus cuerpos conservaron más energía almacenada durante el estrés físico. Al mismo tiempo, los marcadores asociados con el estrés metabólico, incluyendo el lactato en la sangre y el nitrógeno ureico en la sangre, los cuales aumentan cuando el cuerpo descompone las proteínas musculares para obtener combustible de emergencia, disminuyeron de forma significativa.
Estos cambios demuestran que los animales produjeron energía de forma más efectiva en lugar de agotar sus reservas metabólicas. La revisión también documentó disminuciones claras en los marcadores de inflamación y estrés oxidativo después de la exposición al hidrógeno.
• El tamaño del hidrógeno le permite llegar a las partes más profundas de las células: el hidrógeno es una molécula muy pequeña que se difunde con facilidad a través de las membranas biológicas y cruza la barrera hematoencefálica. Eso significa que viaja a las mitocondrias, que es el lugar donde se acumula el daño oxidativo durante la fatiga y las enfermedades crónicas. Pocas moléculas terapéuticas llegan a este lugar con tanta efectividad.
• Dentro de las mitocondrias, el hidrógeno neutraliza los radicales libres más destructivos: el cuerpo produce varios tipos de estas moléculas dañinas, pero su grado de destructividad varía. Los radicales hidroxilo ocupan el primer lugar, ya que son los más agresivos y son contra los que actúa el hidrógeno. Los radicales hidroxilo atacan de manera indiscriminada el ADN, los lípidos y las proteínas.
A diferencia de los antioxidantes convencionales que neutralizan los radicales libres de forma indiscriminada, el hidrógeno impacta solo sobre los radicales hidroxilo, pero deja intactas las moléculas de señalización beneficiosas. El hidrógeno convierte estos radicales en moléculas de agua inofensivas, lo que elimina la fuente del daño mitocondrial sin interrumpir las reacciones metabólicas beneficiosas.
Además de que el hidrógeno neutraliza los radicales libres, también activa vías que fortalecen las defensas antioxidantes y favorecen los procesos de reparación mitocondrial. En resumen, el hidrógeno no solo neutraliza el daño, sino que también estimula los mecanismos internos de reparación de la célula.
Los investigadores concluyeron que la habilidad del hidrógeno para proteger las mitocondrias, reducir el estrés oxidativo y calmar la inflamación lo convierte en una las estrategias emergentes más prometedoras para los trastornos de fatiga, incluyendo el síndrome de fatiga crónica y los estados de fatiga postviral.
El hidrógeno fortalece las defensas naturales del cuerpo contra la fatiga
Mientras que la primera revisión se centró en los efectos directos del hidrógeno sobre los marcadores de fatiga, un segundo análisis examina por qué las mitocondrias dejan de funcionar en primer lugar. El estudio, que se publicó en la revista Archiv der Pharmazie, investigó por qué la fatiga aparece en tantas situaciones diferentes y si el hidrógeno molecular ofrece una solución biológica.3
Los investigadores explicaron que la fatiga, ya sea por ejercicio, enfermedad o consumo de alcohol, a menudo se debe a alteraciones en la función de las mitocondrias que causan las especies reactivas de oxígeno y nitrógeno. Estas moléculas inestables interfieren con las reacciones bioquímicas que producen energía celular.
La revisión analizó la fatiga en diversas poblaciones, incluyendo a las personas que se recuperan de un ejercicio intenso, las personas con infecciones virales como gripe o COVID-19, y los pacientes que viven con enfermedades neurológicas crónicas como la enfermedad de Parkinson y la esclerosis múltiple. Los autores destacaron lo generalizada que se ha vuelto la fatiga.
Por ejemplo, durante los casos de COVID-19, más del 70 % de los pacientes experimentaron fatiga durante la fase aguda de la enfermedad, y más de la mitad aún padecían agotamiento prolongado después. Estas observaciones demuestran que la fatiga representa una respuesta de estrés sistémico, más que solo una sensación de cansancio.
• Cómo el estrés oxidativo daña la producción de energía: cuando los músculos se contraen durante el ejercicio, el cuerpo produce mayores cantidades de moléculas de oxígeno reactivas, como el peróxido de hidrógeno.
Al mismo tiempo, el óxido nítrico que se produce en el tejido muscular reacciona con las moléculas de superóxido para formar peroxinitrito, que es un oxidante muy destructivo. En conjunto, estas reacciones alteran el metabolismo celular. Una vez que el estrés oxidativo sobrepasa los sistemas de protección del cuerpo, el resultado es menos energía y mayor fatiga.
• La exposición al alcohol dejó claro la rapidez con la que el estrés mitocondrial produce agotamiento: el artículo describió experimentos en ratones que demostraron un gran daño mitocondrial después de la exposición al etanol. Los investigadores observaron numerosos cambios bioquímicos que reflejan un estrés oxidativo grave:
◦ La producción de peróxido de hidrógeno aumentó tres veces
◦ La actividad de la enzima catalasa disminuyó en un 40 %
◦ Los niveles de cardiolipina, que es un componente de la membrana mitocondrial necesario para la producción de energía, disminuyeron en un 55 %
En conjunto, estos cambios perjudican la habilidad de las mitocondrias para producir energía, razón por la cual la fatiga es uno de los síntomas de resaca más frecuentes. De hecho, las encuestas indican que alrededor del 95 % de las personas que experimentan resaca describen la fatiga como su principal queja.
• El agua rica en hidrógeno mejoró los marcadores de fatiga durante las pruebas de ejercicio: en un ensayo doble ciego y controlado con placebo, los participantes consumieron alrededor de 500 mililitros (ml) de agua rica en hidrógeno antes de la actividad.4 Se estudiaron dos grupos. Un grupo estuvo formado por personas sin entrenamiento previo que realizaban ejercicio ligero. Otro estudio incluyó a participantes con entrenamiento que realizaron pruebas de ejercicio moderado. Los resultados demostraron:
◦ Una reducción medible de la fatiga psicológica entre los participantes sin entrenamiento
◦ Mayor consumo máximo de oxígeno (VO2 máx) en las personas con entrenamiento, lo que indica un mejor rendimiento aeróbico
Estos resultados demuestran que el consumo de hidrógeno mejora tanto la resistencia física como la percepción subjetiva de la fatiga.
Otro experimento citado en el artículo estudió a jugadores de fútbol masculinos que consumieron agua enriquecida con hidrógeno antes del entrenamiento.5 Los investigadores midieron los niveles de lactato en la sangre y los marcadores de fatiga muscular. El lactato se acumula cuando los músculos producen energía de emergencia durante un esfuerzo intenso.
Los niveles más bajos de lactato después de consumir hidrógeno indicaron una mayor eficiencia metabólica y una menor fatiga muscular durante el rendimiento. Si el hidrógeno reduce el esfuerzo metabólico en los atletas de élite, imagínese el potencial para una persona cuya producción de energía basal está comprometida.
• El hidrógeno activa el sistema de defensa antioxidante interno del cuerpo: el artículo destacó otro mecanismo biológico importante que involucra un factor de transcripción conocido como Nrf2. En resumen, los factores de transcripción funcionan como interruptores que activan o desactivan los genes.
El gen Nrf2 controla los genes encargados de producir enzimas antioxidantes que defienden las células contra el estrés oxidativo. El hidrógeno estimula esta vía protectora, lo que fortalece la habilidad del cuerpo para neutralizar las moléculas dañinas antes de que dañen los sistemas energéticos celulares.
Los investigadores también describieron un mecanismo adicional que involucra la cadena de transporte de electrones, que es el mecanismo molecular que produce ATP dentro de las mitocondrias.6 Imagine la cadena de transporte de electrones como una línea de ensamblaje dentro de sus mitocondrias. Hay veces que algún componente se desprende de la línea de producción y causa daños. El hidrógeno ayuda a que todo fluya de manera correcta, de modo que se escapan menos fragmentos dañinos.
• Los datos de seguridad demuestran que la exposición al hidrógeno ocurre en dosis terapéuticas muy pequeñas: el hidrógeno tiene un historial de seguridad extenso y ya está reconocido como aditivo alimentario en varios sistemas regulatorios. Las dosis terapéuticas que se utilizan en la investigación sobre la fatiga implican cantidades ínfimas de gas hidrógeno, alrededor de 80 ml al día.
En comparación, los buceadores de aguas profundas suelen inhalar mezclas de gases con concentraciones de hidrógeno de hasta el 50 % sin sufrir toxicidad. Este margen de seguridad amplio explica por qué la terapia con hidrógeno atrae la atención como una estrategia práctica para el tratamiento de los trastornos de fatiga.
• Los primeros ensayos clínicos demuestran resultados prometedores en pacientes con fatiga crónica: una minirevisión dirigida por el Dr. Tyler LeBaron, un investigador del hidrógeno molecular de la Universidad del Sur de Utah a quien ya he entrevistado, analizó los primeros estudios clínicos de agua rica en hidrógeno en personas con EM/SFC.7
Consumir con moderación agua rica en hidrógeno todos los días durante periodos prolongados produjo mejoras en la fatiga y la función física en pequeños ensayos piloto, al tiempo que abordó los factores biológicos que impulsan la enfermedad, como el estrés oxidativo, la inflamación crónica y el deterioro del metabolismo energético de las mitocondrias.
Elimine los factores que provocan estrés mitocondrial para restaurar la energía celular
La fatiga persistente no suele comenzar en los músculos o en la mente. El problema tiene su origen a un nivel mucho más profundo, dentro de los sistemas celulares que generan energía. Cuando el estrés oxidativo daña las mitocondrias, el cuerpo pierde la habilidad de mantener una producción de energía constante.
El objetivo no es solo combatir la fatiga, sino reconstruir el entorno que permita a las células producir energía de forma efectiva otra vez. A continuación, se presentan pasos prácticos para abordar los factores biológicos que se mencionaron antes: estrés oxidativo, disfunción mitocondrial y desequilibrio metabólico. Estas acciones fortalecen los sistemas de energía celular en lugar de ocultar el agotamiento.
1. Primero beba agua rica en hidrógeno a diario para restaurar el equilibrio celular: si desea el punto de partida más sencillo, el agua rica en hidrógeno es una estrategia directa para apoyar la función de las mitocondrias. Agregue una pastilla de hidrógeno en un vaso de agua a temperatura ambiente. Una vez que la pastilla se disuelva por completo y el agua se vea turbia (señal de que el gas hidrógeno se disuelve) bébala de inmediato, antes de que el gas se escape. El beneficio desaparece una vez que el gas se escapa.
Tomarlo de inmediato garantiza que su cuerpo reciba el hidrógeno mientras permanece activo. Si padece confusión mental, fatiga persistente o inflamación sistémica, tomar agua hidrogenada dos o tres veces al día, con un intervalo de al menos una hora entre cada toma, crea un ritmo que fortalece sus sistemas de defensa celular.
2. Utilice el método y el momento de administración correctos: la terapia con hidrógeno funciona mejor cuando las células la reciben en diferentes ocasiones en lugar de una exposición constante. Ese patrón activa los sistemas antioxidantes del cuerpo en lugar de reemplazarlos. El agua rica en hidrógeno, que se obtiene a partir de tabletas formuladas de manera adecuada, es una de las maneras más fáciles de lograr este efecto.
Bébala de inmediato después de prepararla para que el gas hidrógeno permanezca disuelto. Si prefiere inhalarlo, limite las sesiones a entre una y tres horas en lugar de realizarlas de forma continua. La exposición intermitente entrena a las células para que activen sus sistemas de protección en lugar de depender de un suministro externo constante.
3. Elimine los aceites de semillas para reducir el estrés oxidativo: no podrá obtener el máximo beneficio de las estrategias antioxidantes más poderosas si sus hábitos diarios producen daño oxidativo de manera constante. Uno de los factores principales que contribuyen a este daño es el consumo excesivo de aceites de semillas.
El aceite de soya, maíz, canola y otros aceites vegetales similares sobrecargan las células con ácido linoleico (AL), que es una grasa poliinsaturada que desestabiliza las membranas mitocondriales y aumenta el estrés oxidativo. Sustituya estos aceites por grasas saturadas estables, como mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee o sebo.
Al mismo tiempo, elimine los alimentos ultraprocesados y la mayoría de las comidas de restaurante, ya que casi siempre contienen una gran cantidad de aceites de semillas. Su objetivo es reducir el consumo diario de AL a menos de 5 gramos, pero lo ideal sería cerca de los 2 gramos.
4. Alimente sus células con los carbohidratos necesarios para la producción de energía: cuando reduce mucho su consumo de carbohidratos, su cuerpo interpreta la escasez como una señal de estrés, y pasa a un modo de supervivencia que ralentiza la producción de energía y, a la vez, aumenta el daño oxidativo que trata de reducir. La mayoría de los adultos mantienen una función metabólica estable con alrededor de 250 gramos de carbohidratos al día. Si hace ejercicio con regularidad, su cuerpo necesita más.
Si tiene problemas de digestión, empiece con alimentos fáciles de digerir, como la fruta y el arroz blanco. A medida que mejore la función de su intestino, amplíe su alimentación poco a poco. La terapia con hidrógeno podría funcionar mucho mejor cuando el metabolismo recibe un suministro constante de fuentes de energía.
5. Utilice la luz del sol y el momento adecuado para reforzar la resiliencia celular: sus células responden mejor al estrés cuando reciben señales protectoras de antemano. Una estrategia útil es que consuma agua rica en hidrógeno unos 30 minutos antes de eventos que aumenten el estrés oxidativo. Algunos ejemplos son el ejercicio, los viajes, las jornadas laborales exigentes o las situaciones en las que experimente emociones intensas. Esto precarga las células con hidrógeno antes de que la oxidación comience a aumentar.
La exposición diaria a la luz solar también ayuda en este proceso. La luz del sol estimula la producción de energía mitocondrial y mejora la señalización celular, efectos que la terapia con hidrógeno potencia.
Evite exponerse al sol entre las 10 de la mañana y las 4 de la tarde hasta que haya reducido el consumo de aceites de semillas durante al menos seis meses, y enfóquese en la luz de la mañana y de la tarde. Una vez que sus tejidos hayan eliminado estas grasas inestables, podrá tolerar una mayor exposición al sol sin peligro.
Preguntas frecuentes sobre el hidrógeno molecular para el síndrome de fatiga crónica
P: ¿Qué causa el síndrome de fatiga crónica y por qué es tan difícil de tratar?
R: El síndrome de fatiga crónica (EM/SFC) se produce cuando los sistemas de producción de energía del cuerpo dejan de funcionar bien. Las investigaciones demuestran que el estrés oxidativo y la inflamación dañan las mitocondrias. Cuando la función de las mitocondrias disminuye, incluso la actividad física o mental más sencilla se vuelve agotadora. La mayoría de los tratamientos convencionales abordan síntomas como el dolor o los trastornos del sueño, en lugar de solucionar este problema subyacente de energía celular.
P: ¿Cómo ayuda el hidrógeno molecular a mejorar la fatiga?
R: El hidrógeno molecular aborda el estrés oxidativo a nivel celular. Los estudios demuestran que el hidrógeno neutraliza de forma selectiva las moléculas destructivas llamadas radicales hidroxilo dentro de las mitocondrias sin interferir con las reacciones biológicas beneficiosas.
El hidrógeno también activa las vías internas de defensa antioxidante y estabiliza el transporte de electrones mitocondriales, lo que ayuda a restablecer la producción normal de ATP. El hidrógeno protege los mecanismos de las células que producen energía, lo que ayuda a reducir los factores biológicos que provocan la fatiga, en lugar de ocultar los síntomas.
P: ¿Qué pruebas respaldan el uso del hidrógeno como terapia para la fatiga?
R: Las revisiones científicas y las primeras investigaciones clínicas demuestran que el hidrógeno mejora varios marcadores biológicos relacionados con la fatiga. Los estudios resumidos en la revista Frontiers in Neurology reportan mejoras en la resistencia, niveles más bajos de lactato y una menor fatiga subjetiva durante las pruebas de ejercicio.8
Un artículo de revisión que se publicó en Archiv der Pharmazie explica que el hidrógeno ayuda a estabilizar la función de las mitocondrias y reduce el estrés oxidativo asociado a la fatiga.9 Los primeros ensayos piloto en personas con EM/SFC también indican mejoras en la fatiga y la función física cuando se consume agua rica en hidrógeno con regularidad.
P: ¿Cuál es la forma más sencilla de utilizar el hidrógeno molecular?
R: El método más común es beber agua rica en hidrógeno. Las pastillas de hidrógeno se disuelven en agua y liberan gas hidrógeno, el cual se difunde rápido en los tejidos y las células. Es importante beber el agua justo después de que la pastilla se disuelva, ya que el gas hidrógeno se escapa rápido al exponerse al aire. Algunas personas también utilizan sistemas de inhalación de gas hidrógeno, pero el agua enriquecida con hidrógeno es el método más sencillo.
P: ¿Qué hábitos de vida ayudan a apoyar la energía mitocondrial junto con la terapia de hidrógeno?
R: Apoyar la salud de las mitocondrias requiere más que una sola terapia. Reducir el consumo de aceites de semillas disminuye el estrés oxidativo que perjudica las membranas mitocondriales. Consumir suficientes carbohidratos que procedan de alimentos enteros, como la fruta, ayuda a mantener una producción constante de energía celular.
Exponerse con regularidad a la luz del sol estimula la actividad de las mitocondrias y favorece los ritmos circadianos que controlan la reparación celular. Combinar estas estrategias de estilo de vida con la terapia de hidrógeno ayuda a fortalecer los sistemas celulares encargados de producir energía y ayudan a reducir la fatiga persistente.
🔍Fuentes y Referencias
- 1, 2, 8 Frontiers in Neurology 2022 Apr 11;13:841310
- 3, 6, 9 Archiv der Pharmazie April 2021, Volume 354, Issue 4
- 4 Canadian Journal of Physiology and Pharmacology September 2019, Volume 97, Number 9
- 5 Medical Gas Research April 20, 2012, Volume 2, Article Number 12
- 7 Frontiers in Medicine March 18, 2026