📝 HISTORIA EN BREVE
- La encefalomielitis miálgica, también conocida como síndrome de fatiga crónica (EM/SFC), afecta a 2 millones de personas en Estados Unidos y les provoca fatiga debilitante, malestar posterior al esfuerzo y problemas cognitivos. Algunas investigaciones recientes asocian esta afección con la disfunción mitocondrial y la mala producción de energía celular
- Los estudios demuestran que los pacientes con EM/SFC tienen dificultades para producir energía suficiente a través de las vías normales
- Esta afección compromete la función inmunológica, ya que reduce las células asesinas naturales (NK) y las células dendríticas, lo que reduce las capacidades de defensa del cuerpo y lo deja más vulnerable
- La función de los vasos sanguíneos se ve afectada cuando la energía celular disminuye, lo que provoca problemas circulatorios como un mal suministro de oxígeno, mareos y extremidades frías que empeoran la fatiga general
- Las estrategias recomendadas incluyen reducir el consumo de aceite de semillas, apoyar la salud intestinal con alimentos enteros, hacer ejercicio para generar mitocondrias nuevas y priorizar el sueño reparador
🩺 Por el Dr. Mercola
Las personas en Estados Unidos reportan índices elevados de fatiga crónica, pero la encefalomielitis miálgica (EM), también conocida como síndrome de fatiga crónica (SFC), constituye una enfermedad distinta y con una definición clínica clara que afecta a un grupo reducido de la población, y no un diagnóstico que explique el cansancio generalizado. Hoy en día, alrededor de 2 millones de personas padecen EM/SFC, que se caracteriza por una fatiga extrema que no mejora con el descanso, además de malestar posterior al esfuerzo, sueño poco reparador, dolor y problemas cognitivos, como confusión mental.1
Aún no se conoce la causa exacta de la EM/SFC. Las investigaciones sugieren que esta afección podría aparecer tras ciertos factores que la provocan, como infecciones virales agudas y estrés físico o psicológico severo, pero no se ha identificado una causa única. En los últimos años, varios estudios han reportado anomalías en la función de las mitocondrias y el metabolismo energético en personas con EM/SFC, lo que sugiere un posible efecto de una mala producción de ATP.
Las células inmunitarias presentan signos claros de sobrecarga de energía
Un estudio que se publicó en Cell Reports Medicine examinó cómo la EM/SFC se relaciona con un fallo en la producción de energía celular. Para el análisis, los investigadores examinaron una serie de biomarcadores, entre ellos el metabolismo de las células inmunitarias, la composición de estas mismas células y la composición sanguínea.2
La población estudiada incluyó a 61 personas que cumplían con los criterios de diagnóstico estrictos para la EM/SFC, lo que significa que presentaban fatiga crónica, episodios de agotamiento profundo tras un esfuerzo físico o mental, dormían mal y tenían problemas cognitivos.
• Hay un desequilibrio de ATP: el estudio descubrió que el monofosfato de adenosina (AMP) y el difosfato de adenosina (ADP), dos formas de moléculas de energía que aumentan cuando la célula agota el trifosfato de adenosina (ATP), estuvieron elevados en pacientes con EM/SFC. Para ponerlo en perspectiva, el ATP es el formato de energía ideal para el cuerpo, mientras que el ADP y el AMP son los sustratos para la síntesis de ATP. Si el cuerpo empieza a recurrir a estas reservas, significa que la energía que utiliza es de baja calidad.
• Una teoría sobre cómo se ve afectada la producción de energía celular: los investigadores creen que las personas con EM/SFC tienen problemas para producir suficiente energía debido a un obstáculo en el proceso de producción. Aunque sus hallazgos no tienen la certeza suficiente como para llegar a una conclusión definitiva, esto es lo que plantearon como hipótesis:3
"Los niveles elevados de NAD+ [nicotinamida adenina dinucleótido] que se observaron en las PBMC [células mononucleares de sangre periférica], junto con el aumento de AMP y ADP, sugieren que NAD+ no se reduce con efectividad a NADH [nicotinamida adenina dinucleótido + hidrógeno] para impulsar la síntesis de ATP a través de la fosforilación oxidativa.
Esta reducción deficiente de NAD+ a NADH también podría ayudar a explicar la correlación inversa observada entre los niveles plasmáticos de AMP y los niveles de ATP en las células mononucleares de sangre periférica (PBMC), aunque este hallazgo requiere más estudios".
• Otro hallazgo importante involucró a las células asesinas naturales (NK): los investigadores también descubrieron cambios en el equilibrio de los tipos de células inmunitarias, incluyendo un descenso en ciertas células dendríticas maduras y células NK terminales. Por lo general, estas células ayudan a coordinar las respuestas inmunitarias y actúan como primera línea de defensa.
Cuando disminuye la población de células NK, el sistema inmunológico pierde parte de su agilidad y capacidad de respuesta. Esto significa que la fatiga que siente no se debe solo a la pérdida de energía, sino que su sistema inmunológico adopta un patrón que refleja una menor capacidad de respuesta.
• Los análisis de sangre brindan una explicación más completa: el equipo informó de niveles más elevados de proteínas asociadas con la formación de trombos y una reactividad vascular alterada en el grupo de EM/SFC. Para contextualizar, el término "trombo" significa formación de coágulos de sangre, y la reactividad vascular refleja cómo responden los vasos sanguíneos a las señales que regulan la contracción y la relajación.
Cuando aumentan estos niveles de proteínas, indica que el revestimiento de los vasos sanguíneos está sobrecargado, lo que altera la circulación sanguínea. Para una persona con EM/SFC, eso podría significar una mala oxigenación, mareos al ponerse de pie y extremidades frías.
• El estudio destacó dónde aparecían los mayores desequilibrios metabólicos: las personas con las proporciones de ATP a ADP más alteradas tendieron a presentar mayores distorsiones en la composición de las células inmunitarias. Esto sugiere una relación entre el agotamiento energético y el agotamiento del sistema inmunológico. Si el sistema inmunológico no tiene suficiente energía, sus células pierden la habilidad de madurar de forma adecuada o de llevar a cabo las tareas de defensa normales.
Además, los cambios en las proteínas vasculares están muy relacionados con el desequilibrio energético. Una menor energía celular afecta la función de los vasos sanguíneos, lo cual también perjudica el suministro de nutrientes y oxígeno. Esto crea un círculo vicioso que deja a todo el cuerpo sin la suficiente energía.
• Los mecanismos biológicos detrás de estos hallazgos se remontan a la producción interrumpida de ATP: por lo general, las mitocondrias generan ATP a través de la fosforilación oxidativa, el cual es un proceso que depende del oxígeno, los nutrientes y los mecanismos intactos de las células.
La célula entra en un estado de estrés metabólico cuando disminuyen los niveles ATP y aumentan los de ADP o AMP. En este caso, la célula podría pasar a un modo de supervivencia de emergencia en lugar de funcionar con normalidad. Ese cambio afecta la capacidad de resistencia, reduce el rendimiento celular y hace que los tejidos, sobre todo el sistema inmunológico y los vasos sanguíneos, funcionen por debajo de su capacidad.
• Otro mecanismo implica la maduración inmunológica: las células dendríticas y las células NK dependen del ATP para impulsar la activación, la comunicación y la señalización de respuesta. Estas células pierden su capacidad funcional cuando disminuye el nivel de ATP. El estudio descubrió este patrón exacto: menos células maduras y más señales de desequilibrio inmunitario.
• Características mecanicistas del EM/SFC: aunque el artículo no midió la mejora de los síntomas a lo largo del tiempo, sí comparó variables para determinar qué marcadores distinguían mejor a los participantes con EM/SFC de los controles sanos.
Un modelo estadístico que incorporaba marcadores metabólicos, cambios en el sistema inmunológico y proteínas vasculares permitió diferenciar de forma fiable a los dos grupos. Esto incluye una gran cantidad de AMP y ADP. Además, el sistema inmunológico está sesgado hacia la lucha contra patógenos menos maduros, junto con una menor población de células NK.
Los déficits energéticos debilitan el sistema inmunológico
En un estudio relacionado que se publicó en Biomolecules, los investigadores demostraron cómo el metabolismo energético y la función inmunológica interactúan de maneras que empeoran los síntomas del síndrome de EM/SFC con el tiempo. En este estudio, utilizaron un conjunto amplio de pruebas para determinar cómo la escasez de energía dentro de las células influye de forma directa en la disfunción inmunitaria, en especial en la inmunosenescencia y el agotamiento del sistema inmunológico.4
• La disfunción mitocondrial está en el centro de esta enfermedad: sin embargo, el estudio aporta un elemento nuevo al tema. En particular, los investigadores observaron que las personas con EM/SFC tienen niveles comprometidos de carnitina, que es necesaria para la oxidación de ácidos grasos y el metabolismo energético.
Además, los investigadores observaron que este compuesto químico ayuda a mantener la integridad de las mitocondrias y a reducir la producción de especies reactivas de oxígeno (ROS, por sus siglas en inglés). La siguiente imagen ofrece una visión general de su hipótesis:
• El vínculo con los virus: el artículo identifica paralelismos entre la EM/SFC y las infecciones virales crónicas. En los estados virales crónicos, el sistema inmunológico lucha durante períodos largos sin descanso. Con el tiempo, algunas células inmunitarias pierden su función y capacidad de respuesta a través de un proceso llamado senescencia celular, que es un estado en el que las células permanecen vivas pero ya no se dividen ni responden con efectividad a las amenazas. Y cuando esto alcanza un estado crónico, se produce la EM/SFC.
• La función inmunológica se deteriora: el sistema inmunológico en las personas con EM/SFC pasa a un estado disfuncional. Al igual que en el estudio anterior, presentan alteraciones en la función de las células NK, cambios en las células T citotóxicas y patrones de activación del sistema inmunológico persistentes que se asemejan a los que se observan en infecciones no resueltas.
• Cómo se relacionan el metabolismo energético y la regulación del sistema inmunológico: los investigadores argumentan que los defectos mitocondriales perjudican la red de comunicación interna del sistema inmunológico. Además, esa misma disfunción crea un estancamiento para la actividad inmunitaria. En otras palabras, sus células no producen suficiente energía para satisfacer las demandas de señalización inmunitaria, reparación o defensa.
• La EM/SFC presenta patrones de inflexibilidad metabólica: las células luchan por cambiar entre vías energéticas o aumentar la producción de ATP durante el estrés. Cuando las células no pueden adaptarse, incluso una actividad mínima podría generar un colapso desproporcionado. El estudio presentado destaca las investigaciones publicadas que muestran deficiencias en la producción y utilización de energía.
• Agotamiento del sistema inmunológico provocado por la tensión metabólica constante: el artículo explica que los déficits energéticos persistentes interfieren con la comunicación de las células inmunitarias y su habilidad para generar respuestas potentes. Cuando las células inmunitarias no tienen suficiente cantidad de ATP, pierden la habilidad de proliferar, secretar citocinas o eliminar con efectividad los objetivos infectados.
Estrategias para recuperar su energía y vivir la vida al máximo
Si tiene poca energía, la solución no es beber más café o bebidas energéticas. El problema reside en las mitocondrias, que se han visto tan afectadas que ya no pueden funcionar de forma adecuada. Dicho lo anterior, pronto publicaré un libro nuevo, "Cancer Cure", que explora los cambios en nuestra sociedad actual que han provocado un gran aumento de la disfunción metabólica entre millones de personas en Estados Unidos.
El libro también abordará diversas estrategias que podrían ayudarlo a recuperar la energía celular y mejorar su calidad de vida. Estás son algunas de mis recomendaciones:
1. Reduzca el consumo de ácido linoleico (AL): una de las razones por las que se siente fatigado es el consumo excesivo de AL, que es una de las toxinas más comunes en la alimentación occidental. De hecho, me atrevería a decir que es incluso más perjudicial que la azúcar refinada, aunque esta también influye.
La razón por la que digo esto es porque el exceso de AL genera subproductos reactivos que a la larga suprimen la respuesta inmunitaria, además de dañar las mitocondrias. Por lo tanto, elimine cualquier alimento que contenga AL, que son en su mayoría aceites de semillas, como el aceite de soya, maíz, semilla de algodón, canola, girasol y semilla de uva.
Las alimentaciones occidentales ahora contienen de 15 a 25 gramos de AL al día, lo que está muy lejos de los 2 a 4 gramos estimados que consumían las poblaciones preindustriales.
En vista de esto, le recomiendo que mantenga su consumo de AL por debajo de 5 gramos al día, pero lo ideal es que sean menos de 2 gramos. Para ayudarle a identificar el contenido de AL en sus alimentos, regístrese en la próxima aplicación Mercola Health Coach. Esta aplicación incluye una función llamada Seed Oil Sleuth, que calcula el consumo diario de ácido linoleico con una precisión de una décima de gramo. Sustituya los aceites de semillas ricos en ácido linoleico por grasas saturadas más saludables como la mantequilla de animales alimentados con pastura, el ghee, el sebo y el aceite de coco.
2. Familiarícese con las fuentes de AL: se dará cuenta que el AL no solo está en el aceite de cocina que se vende en los supermercados, sino que también está en la mayoría de los alimentos ultraprocesados, por lo que es importante leer la lista de ingredientes de lo que compre.
Además, le recomiendo minimizar las veces que come en restaurantes o pide comida para llevar. Salvo que se indique lo contrario, se puede asumir que todos los alimentos que se cocinan en estos establecimientos utilizan aceites de semillas.
El AL también se encuentra en la carne de pollo y de cerdo criados de forma convencional debido a que su alimentación suele ser ultraprocesada. Priorice la carne de res, cordero, bisonte y otros rumiantes, que suelen contener niveles más bajos de AL.
3. Apoye sus células inmunitarias a nivel mitocondrial: cuando los niveles de ATP son bajos, las células inmunitarias no pueden comunicarse, dividirse ni eliminar amenazas de manera efectiva. Diversos compuestos naturales han demostrado efectos prometedores para potenciar la resistencia de las mitocondrias y el rendimiento de las células NK:
•Los betaglucanos de la levadura y los hongos estimulan el sistema inmunológico al activar los macrófagos y las células NK.
•La PQQ, que se encuentra en la papaya y el té verde, estimula la producción de mitocondrias nuevas y las protege del desgaste oxidativo.
•La urolitina A, la cual es un compuesto derivado del intestino que procede de las granadas, recicla las mitocondrias defectuosas para mantener limpios los motores celulares.
•Los polifenoles como la quercetina, la fisetina, la curcumina y el resveratrol eliminan los radicales libres dañinos y reducen la supresión inflamatoria de las células NK.
En estudios preclínicos, cuando se administró a las células NK una combinación de estos compuestos (suministrados mediante nanoliposomas que se dirigían directo a las mitocondrias) su capacidad citotóxica aumentó entre cinco y diez veces. En lugar de agotarse tras destruir entre cinco y diez células, estas células podían eliminar entre 30 y 50 objetivos antes de cansarse.
4. Repare su intestino: además de las mitocondrias, el AL también daña el microbioma intestinal, que tiene un gran impacto en la salud, incluyendo el metabolismo energético.5
La reparación intestinal requiere un consumo adecuado de carbohidratos para mantener el equilibrio de las células intestinales y el microbioma intestinal. La mucosa intestinal depende de la glucosa como fuente de energía principal, y no consumir los suficientes carbohidratos podría ralentizar la reparación y debilitar la integridad de la barrera. La mayoría de los adultos necesitan al menos 250 gramos de carbohidratos al día, según el nivel de actividad y el estado metabólico. Este consumo favorece la reparación intestinal, la señalización tiroidea y el equilibrio energético general.
Comience con fuentes de carbohidratos que pueda tolerar, como zanahorias, camotes, calabaza, fruta madura y arroz blanco cocido. Estos alimentos aportan glucosa y tienen un menor contenido de sustratos fermentables. Si su salud intestinal aún no es óptima, incorpore los alimentos ricos en fibra poco a poco. El consumo excesivo de fibra podría intensificar la inflamación, los calambres y el estreñimiento cuando persiste la permeabilidad intestinal o la disbiosis. En esta fase, priorice primero los carbohidratos digeribles y aumente la fibra de manera gradual a medida que mejore la tolerancia.
A medida que se fortalece la integridad epitelial y se estabiliza la señalización inmunitaria, también mejorará su tolerancia a las fibras. En ese momento, una mayor variedad de alimentos ricos en fibra podría favorecer la producción de ácidos grasos de cadena corta y la resistencia a largo plazo.
5. Haga ejercicio con moderación y precisión: su sistema inmunológico depende de los linfocitos T citotóxicos y las células NK para eliminar las células dañadas o disfuncionales. La EM/SFC se caracteriza por un deterioro de la señalización inmunológica, la producción mitocondrial y la recuperación energética, lo que altera la forma en que el cuerpo responde al estrés físico. Por lo tanto, los consejos convencionales sobre ejercicio no son aplicables en este caso.
El ejercicio de alta intensidad o resistencia suele empeorar los síntomas y podría generar malestar después del esfuerzo, que es una característica distintiva de la EM/SFC. En lugar de restaurar la función inmunológica, el esfuerzo excesivo podría agravar el daño a las mitocondrias y prolongar la recuperación.
El objetivo no es el entrenamiento físico, sino lograr la señalización celular sin sobrecargar el metabolismo. La mayoría de los investigadores de la EM/SFC hacen hincapié en hacer ejercicio suave y de bajo estrés que respeta la energía disponible. Entre las opciones adecuadas se incluyen caminar despacio, estiramientos suaves, yoga, tai chi y periodos breves de ejercicios de resistencia que utilicen el peso corporal o cargas muy ligeras.
El tiempo y la intensidad importan más que la duración del ejercicio. Muchos pacientes toleran mejor el ejercicio en intervalos de segundos a pocos minutos, seguidos de una recuperación completa. Las estrategias de control de la frecuencia cardíaca y de regulación del ritmo cardíaco lo ayudan a mantenerse por debajo de su umbral anaeróbico, lo que reduce el riesgo de recaída de los síntomas. A medida que mejora la función de las mitocondrias y el equilibrio autonómico, la capacidad suele aumentar poco a poco.
El progreso depende de la constancia, la recuperación y la moderación, no de la intensidad. Cualquier programa debe adaptarse a los límites de energía diarios en lugar de a horarios u objetivos fijos.
6. Duerma bien: este es otro pilar fundamental de la salud que a menudo no se toma en cuenta. En el caso de las personas diagnosticadas con EM/SFC, las investigaciones demuestran que los hábitos de sueño suelen estar alterados, y es frecuente que tarden más en conciliar el sueño y que la calidad de este sea menor.6
Cuando duerme lo suficiente, su cuerpo experimenta procesos de reparación fundamentales. En concreto, dormir permite que el sistema inmunológico descanse, lo que a largo plazo posibilita una vigilancia óptima contra las células descarriadas que contribuyen a la fatiga.
Preguntas frecuentes sobre el síndrome de fatiga crónica y la función de las mitocondrias
P: ¿Qué es la EM/SFC y con qué frecuencia se padece?
R: La encefalomielitis miálgica/síndrome de fatiga crónica (EM/SFC) afecta alrededor de 2 millones de personas en Estados Unidos. Se caracteriza por una fatiga extrema que no mejora con dormir, malestar posterior al esfuerzo, sueño poco reparador, dolor y problemas cognitivos como confusión mental.
P: ¿Qué demuestran las investigaciones recientes sobre la causa subyacente de la EM/SFC?
R: Las investigaciones descubrieron que los pacientes con EM/SFC tienen niveles elevados de monofosfato de adenosina (AMP) y difosfato de adenosina (ADP), que son moléculas de energía que se acumulan cuando las células agotan su fuente de energía primaria, el trifosfato de adenosina (ATP), lo que sugiere que el cuerpo lucha por producir la energía celular adecuada.
P: ¿Cómo afecta la EM/SFC al sistema inmunológico?
R: Los pacientes tienen menores poblaciones de células asesinas naturales (NK) y células dendríticas, las cuales son fundamentales para la defensa inmunitaria. Dado que las células inmunitarias dependen del ATP para funcionar, los déficits energéticos provocan agotamiento del sistema inmunológico y una menor habilidad para combatir las infecciones.
P: ¿Por qué los pacientes con EM/SFC suelen experimentar síntomas circulatorios como mareos y extremidades frías?
R: Los estudios descubrieron proteínas elevadas asociadas con la formación de coágulos sanguíneos y una mala función vascular. Una menor energía celular afecta la función de los vasos sanguíneos, lo que perjudica el suministro de oxígeno y nutrientes a todo el cuerpo.
P: ¿Qué estrategias de estilo de vida podrían ayudar a mejorar la producción de energía celular?
R: Las recomendaciones incluyen reducir el consumo de ácido linoleico (que se encuentra en los aceites de semillas) a menos de 5 gramos al día, optimizar la salud intestinal con alimentos enteros ricos en fibra, hacer ejercicio de acuerdo con la habilidad para estimular la producción de mitocondrias nuevas, priorizar el sueño reparador y apoyar las células inmunitarias a nivel mitocondrial con compuestos naturales como betaglucanos, PQQ, urolitina A y polifenoles.