📝 HISTORIA EN BREVE
- El trastorno bipolar es una enfermedad crónica del estado de ánimo que se caracteriza por episodios de manía o hipomanía y períodos de depresión bipolar, que implican síntomas como tristeza persistente, falta de motivación, pensamiento lento y dificultades cognitivas
- Una investigación acaba de relacionar el desequilibrio en el microbioma intestinal en la depresión bipolar con problemas en la señalización de dopamina y conexiones cerebrales débiles, lo que afecta la motivación y la regulación emocional
- Los problemas cognitivos, como olvidos temporales y pensamiento lento en el trastorno bipolar, también podrían relacionarse con desequilibrios intestinales, y algunos estudios demuestran que se producen cambios en las conexiones cerebrales a causa de las alteraciones en el microbioma
- Los estudios que comparan la depresión bipolar y la depresión mayor sugieren que sus microbiomas intestinales pueden diferir de maneras importantes, lo que enfatiza la importancia de la salud intestinal como estrategia para mejorar el estado de ánimo y la resiliencia cerebral
- Existen estrategias prácticas como reducir el consumo de ácido linoleico (AL), restaurar la integridad intestinal con las fibras adecuadas, controlar el estrés, mejorar la calidad del sueño y mantenerse activo, que pueden ayudar a reforzar el microbioma intestinal a largo plazo
🩺 Por el Dr. Mercola
El trastorno bipolar es una afección crónica del estado de ánimo que afecta a unas 37 millones de personas en todo el mundo.1 Se caracteriza por episodios recurrentes de depresión y períodos de cambios marcados en el estado de ánimo, lo que se conoce como manía o hipomanía. Durante las fases depresivas, es posible que experimente síntomas como tristeza crónica, pérdida de interés, pensamiento lento y dificultad para concentrarse, mientras que en las fases maníacas puede sentirse con mucha energía, menor necesidad de dormir, impulsividad y pensamientos acelerados.2
Estos cambios reflejan procesos biológicos subyacentes que alteran la forma en que el cerebro regula las emociones, la motivación y la cognición a lo largo del tiempo. Durante décadas, los estudios sobre el trastorno bipolar se basaron en el cerebro, y las investigaciones se enfocaban en los neurotransmisores, los circuitos neuronales y el riesgo hereditario. Pero, cada vez hay más evidencia que sugiere que el estado de ánimo, la motivación e incluso el pensamiento se relacionan con el microbioma intestinal.
El desequilibrio en el microbioma intestinal y su relación con la depresión bipolar
Un estudio reciente que se publicó en Molecular Psychiatry trató de determinar el impacto del desequilibrio del microbioma intestinal, que se conoce como disbiosis, en las redes cerebrales que se relacionan con la depresión bipolar. Según los autores, la disbiosis intestinal está comenzando a reconocerse como un fenotipo de enfermedad emergente del trastorno bipolar y tiene una relación estrecha con síntomas clínicos; pero aún no se sabe con precisión cómo afectan los microbios intestinales al sistema nervioso en la depresión bipolar.3
• El estudio se centró en los circuitos emocionales y recompensa del cerebro: para analizar esta conexión, los investigadores se enfocaron en una región cerebral específica que se llama corteza prefrontal medial (mPFC). Esta área es fundamental para la toma de decisiones, la regulación emocional y la forma en que interpretamos las recompensas y las consecuencias.
También analizaron su comunicación con el área tegmental ventral (ATV), una estructura que ayuda a generar señales de dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que interviene en la motivación, el procesamiento de la recompensa y el impulso emocional, y cuando se altera este sistema pueden surgir síntomas depresivos.
• Los investigadores desarrollaron un modelo de la depresión bipolar: se recolectaron bacterias intestinales de personas que experimentaban un episodio depresivo en el trastorno bipolar. Estas bacterias microbianas se trasplantaron a ratones, que luego desarrollaron comportamientos similares a la depresión, incluyendo una reducción de la actividad física y menos interés por estímulos gratificantes como los premios.
• Con los cambios de comportamiento surgieron diferencias estructurales en la mPFC: las neuronas se comunican a través de puntos de contacto que se conocen como sinapsis, y muchas de estas conexiones se forman en pequeñas protuberancias que se llaman espinas dendríticas. Imagine las espinas dendríticas como pequeños puertos de acoplamiento, lo que significa que mientras más puertos tenga, más señales podrá recibir una neurona.
Los ratones que recibieron el trasplante de microbioma de pacientes con depresión bipolar experimentaron una disminución en la densidad de espinas dendríticas en la corteza prefrontal medial, lo que indica una menor cantidad de puntos de contacto funcionales entre las neuronas en esta región.
• Se interrumpió la producción de proteínas en las sinapsis: el estudio también identificó interrupciones en un proceso que se conoce como "traducción en la postsinapsis". Las sinapsis necesitan un suministro constante de proteínas recién sintetizadas para mantenerse fuertes y adaptables, al igual que un puente que requiere reparaciones estructurales continuas para soportar de forma segura el peso de los coches. El proceso de construcción de esas proteínas se llama traducción, y ocurre justo en la sinapsis, donde se reciben las señales.
Cuando las señales que provienen del intestino interrumpen la producción de esa proteína, el puente se debilita y las sinapsis pierden su capacidad de fortalecerse o ajustarse en respuesta a la actividad, algo que se conoce como plasticidad sináptica. Dado que la plasticidad sináptica es la base del aprendizaje, la memoria y la flexibilidad emocional, esta alteración establece una relación directa entre el desequilibrio microbiano y los síntomas cognitivos y emocionales de la depresión bipolar.
• La conectividad se debilita en el circuito de recompensa de dopamina: el análisis descubrió que los ratones que recibieron microbioma de pacientes con depresión bipolar, tuvieron menos conexiones entre las entradas del VTA y las neuronas glutamatérgicas del mPFC. Esto se relacionó con una disminución medible en la respuesta de dopamina.
Dado que la señalización de la dopamina está detrás de la motivación y la experiencia de recompensa, cuando se reduce la transmisión de dopamina dentro de la vía VTA-mPFC, se produce un vínculo biológico entre el desequilibrio del microbioma intestinal y los síntomas depresivos, como la falta de motivación y la disminución en la sensación de placer.
La investigación relacionó los cambios en el microbioma intestinal con la señalización de la dopamina en el cerebro, lo que demuestra que las alteraciones que se producen en respuesta al estado del microbioma podrían contribuir a la neurobiología de la depresión bipolar. Estos hallazgos también abren la puerta a nuevas líneas de tratamiento que se enfoquen en el microbioma intestinal para reforzar las vías cerebrales que ayudan a regular el estado de ánimo.
El microbioma intestinal puede ayudar a diferenciar la depresión bipolar de la depresión mayor
Tanto la depresión bipolar como el trastorno depresivo mayor (TDM) comparten síntomas como falta de energía, apatía y tristeza, lo que puede llevar a un diagnóstico erróneo. Una revisión que se publicó en Frontiers in Psychiatry analizó cómo los perfiles del microbioma intestinal podrían ayudar a diferenciar estos trastornos del estado de ánimo.4
• Las tendencias de diversidad microbiana son diferentes entre cada trastorno: una de las diferencias más claras se relaciona con la diversidad alfa, que es una medida de cuántos tipos diferentes de bacterias viven en el intestino de una persona. A diferencia de los controles sanos, el trastorno bipolar se caracteriza por una menor diversidad alfa, que es señal de un ecosistema intestinal menos resistente.
Mientras que el trastorno depresivo mayor (TDM) muestra patrones inconsistentes, ya que algunos estudios informan que se relaciona con una diversidad alfa mayor y otros con una menor o sin cambios. En cambio, lo que parece más consistente es la diversidad beta, que mide la diferencia entre las comunidades microbianas de dos personas.
Piense en la diversidad alfa como el número de especies en un solo jardín, mientras que la diversidad beta compara si dos jardines tienen plantas diferentes. En el TDM, incluso cuando cada jardín tiene un número similar de especies, los tipos de microbios tienden a diferir de los que se encuentran en los controles sanos.
• Las bacterias beneficiosas se agotan en ambos trastornos: la revisión menciona que ambos comparten una alteración: menores niveles de bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC) como el butirato, que se producen cuando las bacterias intestinales fermentan la fibra alimentaria.
Los ácidos grasos de cadena corta (AGCC) ayudan a mantener la integridad de la mucosa intestinal, regular el equilibrio inmunológico y mejorar la comunicación entre el intestino y el cerebro. Varios estudios reportan que en el trastorno bipolar sin tratar, se observa una menor abundancia de géneros de bacterias clave que producen butirato, como Roseburia, Faecalibacterium y Coprococcus.
• Los patrones proinflamatorios son similares, pero la composición microbiana es diferente: ambos trastornos suelen mostrar una mayor abundancia de microbios proinflamatorios y menos cepas antiinflamatorias. Pero, los grupos bacterianos son diferentes, por ejemplo, en el trastorno bipolar las personas suelen tener niveles elevados de Enterobacteriaceae y Megasphaera, mientras que en el trastorno depresivo mayor, las bacterias Bacteroidaceae, Veillonellaceae y Roseburia son más comunes.
A medida que los investigadores identifican estos perfiles microbianos, el microbioma puede convertirse en una herramienta biológica importante para un diagnóstico más preciso, así como para crear estrategias más específicas para mejorar tanto la estabilidad intestinal como la regulación del estado de ánimo en las diferentes formas de depresión.
El desequilibrio intestinal podría empeorar los síntomas cognitivos en el trastorno bipolar
Los hallazgos previos demuestran que los microbios intestinales pueden debilitar los circuitos de recompensa del cerebro y contribuir a la falta de motivación. Pero, esto no solo afecta el estado de ánimo, también tiene un impacto profundo en el pensamiento y la memoria. Otro estudio que se publicó en BMC Medicine amplió el debate sobre la relación entre el intestino y el cerebro, pero se enfocó en el deterioro cognitivo, que es un problema común en el trastorno bipolar que no recibe la atención que merece.5
• Los pacientes bipolares con deterioro cognitivo presentaron patrones distintos en su microbioma: el estudio comparó tres grupos, que incluyeron personas sanas, pacientes con bipolaridad sin problemas cognitivos y pacientes con bipolaridad y deterioro cognitivo claro.
El grupo con deterioro cognitivo mostró un perfil de microbioma intestinal muy diferente, lo que sugiere que los síntomas cognitivos podrían relacionarse con un perfil microbiano distinto en lugar de solo reflejar una variación en la gravedad de la enfermedad.
• Los cambios bacterianos específicos marcaron el perfil cognitivo más grave: los pacientes con deterioro cognitivo mostraron niveles elevados de Parabacteroides, Dubosiella, Lachnoclostridium, Turicibacter y Escherichia-Shigella. Mientras que experimentaron niveles bajos de géneros beneficiosos como Lactobacillus, lo que sugiere una relación entre la disbiosis y el deterior cognitivo.
• Cada perfil microbiano se relacionó con síntomas diferentes: los investigadores relacionaron ciertos grupos microbianos con diferentes aspectos de la depresión bipolar. Por ejemplo, se observó una correlación entre los géneros implicados en el metabolismo de la glucosa, como Prevotella, Faecalibacterium y Roseburia, y las puntuaciones de las pruebas cognitivas.
Mientras que las bacterias que se relacionan con la inflamación, como Lachnoclostridium y Bacteroides, se correlacionaron con la gravedad de la depresión. Esto sugiere que tanto el deterioro cognitivo y los síntomas del estado de ánimo podrían originarse en el intestino, pero a través de vías microbianas diferentes.
• Los cambios cerebrales coinciden con lo que se observó en el estudio del circuito de dopamina: cuando se transfirió el microbioma de pacientes con deterioro cognitivo a ratones, los animales desarrollaron comportamientos similares a la depresión y déficits de memoria medibles.
A nivel estructural, los investigadores volvieron a observar una menor densidad de espinas dendríticas en la corteza prefrontal, junto con una menor expresión de PSD-95, que es una proteína esencial para mantener conexiones sinápticas estables. Estos hallazgos coinciden con el debilitamiento sináptico que se describe en el estudio que se publicó en Molecular Psychiatry, lo que confirma el patrón de alteración asociada al intestino en las redes cerebrales prefrontales.
• El microbioma saludable restauró de forma parcial la función cognitiva y neuronal: trasplantar microbioma de donantes sanos mejoró el comportamiento emocional, reforzó el rendimiento cognitivo y ayudó a restaurar la plasticidad neuronal en los ratones que habían recibido el microbioma de pacientes con deterioro cognitivo. Esta mejora confirma una vez más el impacto biológico del equilibrio en el microbioma intestinal tanto del estado de ánimo como en las funciones cognitivas superiores.
Estos resultados sugieren que la disbiosis podría empeorar el deterioro cognitivo en personas con trastorno bipolar. El estudio relaciona el microbioma intestinal con el deterioro de la memoria y la falta de estabilidad sináptica, lo que refuerza la idea de que el deterioro cognitivo en el trastorno bipolar se relaciona, en parte, con la disbiosis intestinal.
Un modelo más amplio de la relación entre el intestino y el cerebro en el trastorno bipolar
Cada uno de los estudios que se mencionaron en las secciones anteriores presentan una pieza del rompecabezas: los problemas en la señalización de dopamina, los perfiles microbianos distintivos en los trastornos del estado de ánimo y el deterioro cognitivo que se relaciona con el estado del intestino. En 2023, una revisión que se publicó en la revista Molecular Psychiatry muestra un panorama más completo que ayuda a explicar la maquinaria biológica detrás de estos hallazgos.6
• Uno de los mecanismos clave es la permeabilidad intestinal: cada uno de los estudios identificó la disbiosis como una característica común de la depresión bipolar y el deterioro cognitivo. Pero ¿qué sucede después?
En un intestino sano, la mucosa intestinal impide que los componentes microbianos entren al torrente sanguíneo. Cuando se debilita esta barrera, como ocurre en la disbiosis, fragmentos como el lipopolisacárido (LPS) pueden atravesar la pared intestinal y entrar al torrente sanguíneo, lo que provoca una reacción inmunológica exagerada. Como resultado, se produce una inflamación sistémica que se extiende mucho más allá de los intestinos.
• La inflamación se extiende del intestino al cerebro: una vez que se producen, las señales inflamatorias se extienden más allá del intestino. La revisión relaciona este proceso con la neuroinflamación a causa de la activación inmunológica crónica de bajo grado que se observa tanto en el intestino como en la circulación periférica de los pacientes con bipolaridad. Esta señalización inmunológica influye en las respuestas al estrés, el metabolismo y, en última instancia, la actividad cerebral, lo que relaciona al intestino con los problemas neuronales.
• La activación de la microglia y la ruptura de la barrera hematoencefálica empeoran el daño neuronal: las células inmunológicas del cerebro, que se denominan microglia, se mantienen activas en presencia de la inflamación sistémica. Este estrés inmunológico debilita la barrera hematoencefálica, lo que permite que una mayor cantidad de mediadores inflamatorios lleguen al tejido neural. Esto altera la integridad sináptica y la función cognitiva, lo que explica cómo los desencadenantes inmunológicos que se derivan del intestino pueden afectar los circuitos cerebrales.
• El eje del estrés depende de las señales microbianas: el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HPA), que regula la respuesta al estrés, también interactúa con el microbioma intestinal. Los subproductos microbianos pueden inhibir o activar la señalización del estrés.
La revisión afirma que la disbiosis se relaciona con una mayor producción de corticosterona (el equivalente al cortisol en roedores) y una menor sensibilidad a las señales de relajación del cuerpo, lo que significa que el cortisol permanece elevado durante más tiempo y la respuesta al estrés se vuelve más difícil de desactivar.
La disbiosis también se relaciona con una alteración en la señalización de la insulina, lo que puede interrumpir el suministro de energía y la estabilidad metabólica del cerebro. Juntos, estos cambios hormonales influyen en la regulación del estado de ánimo, el tono inmunológico y la estabilidad cognitiva, que son características que se alteran en el trastorno bipolar.
• Los microbios intestinales influyen en los sistemas neurotransmisores: ciertas bacterias producen o degradan neurotransmisores y sus precursores, que incluyen el ácido gamma-aminobutírico (GABA), el glutamato, la serotonina, la dopamina y la norepinefrina. También producen moléculas de señalización como derivados del triptófano y ácidos grasos de cadena corta (AGCC). Esta es otra vía a través de la que el desequilibrio microbiano podría afectar la función cerebral que se relaciona con el estado de ánimo.
• La alteración en los perfiles de AGCC relaciona el metabolismo microbiano con el estado de ánimo y la cognición: la revisión analiza los perfiles alterados de ácidos grasos de cadena corta, que incluyen los cambios en el butirato y el propionato, como parte de los cambios inflamatorios y neuromoduladores que se observan en el trastorno bipolar. Estos patrones coinciden con los mecanismos que se mencionaron en las secciones anteriores.
Además de fortalecer la barrera intestinal, el butirato influye en la actividad del hipocampo y estimula la expresión del factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), que es una proteína que influye en el aprendizaje, la memoria y los efectos antidepresivos. Cuando disminuyen los microbios que producen butirato, también se pierde la señal microbiana que se requiere para la plasticidad cerebral y la resiliencia cognitiva.
A medida que surge más información sobre la relación entre la salud intestinal y la función cerebral, crece el interés en utilizar el entorno intestinal como una estrategia para reducir los factores de estrés biológicos que se relacionan con el trastorno bipolar y la resiliencia emocional a largo plazo.
Estrategias para optimizar la salud intestinal
La función del microbioma intestinal no se limita a la digestión. Como sugieren los estudios que mencionamos, cuando se altera el equilibrio microbiano en el intestino, los efectos pueden extenderse a las vías neuronales que influyen en el estado de ánimo y la cognición. Por esa y muchas razones más, es importante reforzar la salud intestinal con ayuda de estrategias naturales y sostenibles. Aquí algunas de las más importantes:
1. Reducir el consumo de ácido linoleico (AL): una de las estrategias más importantes que puede implementar de inmediato es reducir su consumo AL, que se encuentra en grandes cantidades en los alimentos ultraprocesados, los bocadillos, la comida de restaurantes y rápida. Incluso las comidas que parecen "saludables" podrían contener aceites semillas ricos en AL.
El exceso de ácido linoleico irrita la mucosa intestinal y causa inflamación, lo que altera la integridad intestinal e incrementa el riesgo de disbiosis. Las fuentes principales provienen de aceites vegetales industriales, como el aceite de soya, maíz, girasol, cártamo, semilla de algodón, semilla de uva, canola y cacahuete.
Para restaurar su microbioma, trate de mantener su consumo total de AL por debajo de 2 gramos al día, esto incluye fuentes como la carne de animales alimentados con pastura y los huevos de gallinas camperas. Para ayudarlo a controlar su consumo, descargue la aplicación Mercola Health Coach cuando esté disponible. Cuenta con una función llamada Seed Oil Sleuth, que le ayudará a monitorear su consumo de AL hasta una décima de gramo.
2. Reparar su intestino: reducir el consumo de AL es el primer paso, luego sigue restaurar la integridad intestinal y para hacerlo, debe darle a su microbioma el combustible correcto. Comience con fuentes de carbohidratos que pueda tolerar, como zanahorias, camotes, calabaza, fruta madura y arroz blanco cocido. Estos alimentos aportan fibras fermentables que alimentan a las bacterias beneficiosas y ayudan a restaurar la función intestinal.
Pero, existe un inconveniente, si tiene una mala salud intestinal, consumir fibra podría causar distensión, retortijones o estreñimiento; algo que se conoce como la paradoja de la fibra. Si este es su caso, introducir poco a poco los alimentos ricos en fibra y en pequeñas porciones permite que se adapte su sistema digestivo sin sobrecargarlo.
Con el tiempo, este enfoque favorece la curación de la mucosa intestinal y ayuda a equilibrar la respuesta inmunológica. La mayoría de los adultos obtienen mejores resultados cuando consumen alrededor de 250 gramos de carbohidratos saludables al día.
3. Controlar el estrés: el estrés también afecta su microbioma intestinal a través de la señalización hormonal, sobre todo a través del cortisol, que se conoce como la hormona del estrés. Cuando mantiene niveles elevados de cortisol durante períodos prolongados, pueden alterar la digestión, debilitar la función de la barrera intestinal y crear condiciones que favorecen el desequilibrio microbiano.
Si suele estar bajo estrés, prácticas como la meditación personalizada y los ejercicios de respiración estructurados podrían ayudar a regular los niveles de cortisol. Para más información sobre este tema, consulte: "Aprenda a respirar correctamente para mejorar su salud".
4. Mejorar sus hábitos de sueño: la mala calidad del sueño crea un círculo vicioso que deteriora la salud. Cuando no duerme bien, incrementan sus niveles de estrés, lo que altera su microbioma intestinal y su estado de ánimo, y eso hace que sea más difícil que puede obtener un sueño reparador a la hora de dormir.
Para dormir mejor, mantenga su habitación oscura con ayuda de cortinas opacas o utilice un antifaz para dormir. Limite su exposición a la luz azul por la noche para que su cuerpo reciba una señal más clara de que es hora de dormir, y saque todas las fuentes de campos electromagnéticos (EMF) de su habitación.
5. Hacer ejercicio con regularidad: la actividad física regular mejora el estado de ánimo porque estimula la liberación de endorfinas, reduce el cortisol y ayuda a dormir bien. Si es sedentario, comience con algo sencillo como caminar todos los días, ya que eso ayudará a regular las respuestas al estrés y mejorar la estabilidad emocional con el tiempo.
Preguntas frecuentes sobre la relación entre la salud intestinal y el trastorno bipolar
P: ¿Cómo influye el microbioma intestinal en el trastorno bipolar?
R: El microbioma intestinal interactúa con su sistema inmunológico, las hormonas del estrés y las vías de los neurotransmisores. Las investigaciones demuestran que alterar el equilibrio microbiano, podría afectar los niveles de inflamación, la señalización de la dopamina y la estabilidad sináptica en las regiones cerebrales que se relacionan con el estado de ánimo y la cognición. Si bien esto no significa que el desequilibrio intestinal cause de forma directa el trastorno bipolar, sí puede contribuir a los procesos biológicos que se relacionan con la gravedad de los síntomas.
P: Si tengo depresión bipolar ¿significa que mi microbioma no es saludable?
R: No siempre, los estudios demuestran que las personas con trastorno bipolar suelen presentar una alteración en la diversidad microbiana o cambios en grupos bacterianos específicos. Pero, no existe un "microbioma bipolar". El perfil de su microbioma intestinal también depende de su alimentación, uso de medicamentos, estrés, sueño y genética.