📝 HISTORIA EN BREVE
- Alrededor de 1 de cada 10 muertes por enfermedades infecciosas en todo el mundo son atribuibles a la obesidad, la cual es una cifra que aumentó al 15 % durante el auge de la pandemia de COVID-19
- En un estudio reciente, los participantes que pertenecían al grupo con el índice de masa corporal (IMC) más elevado tuvieron un riesgo 3.54 veces mayor de morir por una enfermedad infecciosa
- El exceso de tejido adiposo genera inflamación crónica de bajo grado, lo que perjudica la función de las células T, las células NK y los macrófagos, a la vez que interrumpe la coordinación de las células inmunitarias contra los patógenos
- La obesidad restringe de forma mecánica la expansión pulmonar, reduce el flujo de aire y hace que la mucosidad se elimine más lento, lo que permite que los patógenos respiratorios penetren de manera más profunda en los tejidos pulmonares
- Las deficiencias nutricionales, sobre todo de vitamina D, son comunes en la obesidad. Esto debilita aún más las defensas antimicrobianas, lo que da a las infecciones una ventaja inicial incluso antes de que aparezcan los síntomas
🩺 Por el Dr. Mercola
La obesidad es un problema en Estados Unidos. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estado Unidos, el 73.6 % de los adultos de 20 años o más tienen sobrepeso u obesidad.1 Esta cifra ejerce una gran presión sobre la economía, ya que genera unos gastos anuales en salud de nada menos que 1.4 billones de dólares.2 El exceso de grasa corporal provoca diversas complicaciones de salud, entre ellas la hipertensión arterial, las enfermedades cardíacas, los derrames cerebrales, el síndrome metabólico, la esteatosis hepática y la diabetes tipo 2.3
Aunque estas complicaciones se han estudiado en gran medida en el contexto de la obesidad, son de naturaleza metabólica. Otro aspecto que rara vez se discute es el impacto de la obesidad en las enfermedades infecciosas, es decir, las complicaciones que causan los microbios. Ahora, un estudio que se publicó en The Lancet intenta resolver este misterio.
La obesidad aumenta de forma considerable el riesgo de infecciones graves
Los investigadores analizaron cómo la obesidad afecta el riesgo de mortalidad. La razón para seguir esta línea de investigación radica en que los efectos metabólicos de la obesidad ya se han estudiado en gran medida, pero se sabe mucho menos sobre su impacto en diferentes tipos de enfermedades infecciosas.4
Para el análisis, los investigadores seleccionaron a 67 766 adultos de dos estudios de cohortes de Finlandia y a 479 498 adultos del Biobanco del Reino Unido. El índice de masa corporal (IMC) de los participantes se monitorizó al inicio del estudio: de 1998 a 2002 para la población de Finlandia y de 2006 a 2010 para la población del Reino Unido. Se analizó el riesgo de mortalidad relacionada con infecciones debido a la obesidad hasta 2018, 2021 y 2023, antes, durante y después de la pandemia de COVID-19.
• El riesgo de mortalidad aumentó de manera progresiva a medida que incrementó el IMC: las personas en la clase de obesidad más elevada tuvieron un riesgo 2.75 veces mayor de infecciones graves no mortales en las cohortes de Finlandia y 3.07 en el Biobanco del Reino Unido, lo que significa que el riesgo es tres veces mayor en comparación con los adultos con un peso saludable.
En el caso de las infecciones mortales, el peligro fue aún mayor. El riesgo alcanzó 3.06 veces en Finlandia y 3.54 veces en el Reino Unido, lo que destaca la magnitud de este problema.
• La obesidad causa alrededor de 1 de cada 10 muertes por enfermedades infecciosas: después de modelar el impacto global, los investigadores informaron que el 8.6 % de todas las muertes relacionadas con infecciones en 2018 fueron atribuibles a la obesidad, y aumentó al 15.0 % durante 2021 y se estabilizó en el 10.8 % (0.6 millones de 5.4 millones) en 2023 a medida que las condiciones globales cambiaron debido a la pandemia de COVID-19.
Otro detalle llamativo es la coherencia de los resultados entre los diferentes métodos de medición. Cuando los investigadores evaluaron la obesidad con la circunferencia de la cintura, la relación cintura-cadera y el porcentaje de grasa corporal, el riesgo se mantuvo casi idéntico: 1.7 veces mayor para la infección grave en todas las métricas. En resumen, el exceso de grasa, sin importar cómo se mida, pone en riesgo su salud.
• La gravedad de la infección estuvo muy relacionada con la obesidad: los análisis incluyeron periodos largos de seguimiento y capturaron eventos de infección antes, durante y después de la pandemia de COVID. El patrón se mantuvo a lo largo de todas las épocas. Incluso cuando surgió la pandemia de COVID-19, el panorama de riesgos subyacente casi no se modificó.
Algunos grupos experimentaron aumentos de riesgo aún mayores que otros. Si bien el estudio reporta efectos significativos en casi todas las personas con obesidad, las que padecían obesidad de clase III experimentaron el mayor aumento tanto en hospitalizaciones como en muertes.
• Para contextualizar, la obesidad se divide en tres clases: la clase I es un IMC de 30 a 34.9, y la clase II es un IMC de 35.0 a 39.9. Por último, la clase III se refiere a un IMC de 40 o superior.5 Pasar de sobrepeso (IMC entre 25 y 29.9) a obesidad de clase I creó un aumento medible del riesgo. Sin embargo, el paso a las clases II y III incrementó en gran medida el peligro.
• El exceso de tejido graso altera la salud metabólica, ya que mantiene al cuerpo en un estado inflamatorio constante de bajo grado: como resultado, también afecta a la función inmunológica. Según los investigadores, estos incluyen "una menor función de las células T y las células NK, la disfunción de los neutrófilos, una mala regulación de la señalización del complemento y la adiponectina, y una menor eliminación de moco y flujo linfático".
Cómo la obesidad afecta el riesgo de contraer enfermedades infecciosas
En el estudio anterior, los investigadores analizaron el riesgo que supone la obesidad para la salud en lo que respecta a las enfermedades infecciosas. A continuación analizaremos los mecanismos biológicos implicados. En otro estudio que se publicó en el International Journal of Obesity, los investigadores describieron diferentes maneras en que el exceso de grasa corporal altera la función inmunológica y hace que el cuerpo sea vulnerable a las infecciones.6
• Un mayor porcentaje de grasa corporal equivale a un riesgo mayor de enfermedad infecciosa: el estudio informó el mismo patrón que se observó en el estudio de The Lancet, en el que las infecciones no solo ocurrieron con más frecuencia en personas con obesidad, sino que progresaron de forma más agresiva.
Según los autores, "la obesidad tiene efectos sustanciales en el sistema inmunológico", lo que significa que el sistema de seguridad interno del cuerpo tiene dificultades para responder con efectividad una vez que los patógenos entran cuando el exceso de grasa corporal se interpone.
• El exceso de tejido adiposo (grasa corporal) funciona como un órgano endocrino activo: liberan hormonas inflamatorias y señales químicas que interrumpen la comunicación entre las células inmunitarias. En pocas palabras, el sistema inmunológico pierde coordinación. Este desequilibrio ralentiza la respuesta a los virus y las bacterias, lo que permite que estos microbios se multipliquen con mayor facilidad.
• La obesidad altera la estructura y la función del sistema respiratorio: los autores explicaron que el exceso de grasa alrededor de la pared torácica reduce la expansión pulmonar y disminuye los volúmenes de los pulmones, lo que crea una desventaja mecánica cuando el cuerpo intenta eliminar la mucosidad o mantener el flujo de aire durante una infección.
Si alguna vez se ha sentido sin aliento al subir un tramo corto de escaleras, esta es la misma limitación que se manifiesta a nivel microscópico durante un episodio de enfermedad respiratoria. Las bacterias y los virus aprovechan esa disminución del flujo de aire y se alojan en las capas más profundas de los tejidos pulmonares.
• La inflamación persiste durante años en muchas personas con obesidad: con el tiempo, esta inflamación constante agota sus células inmunitarias. La revisión destaca que los macrófagos (que son las células inmunitarias responsables de engullir y eliminar los patógenos) cambian a un modo de actividad menos efectivo bajo la influencia de la inflamación relacionada con la obesidad. En lugar de eliminar rápido a los invasores, los macrófagos funcionan con lentitud, lo que prolonga las infecciones y aumenta el daño tisular.
• Las infecciones respiratorias suelen empeorar más rápido, pero los problemas de la piel no se quedan atrás: la circulación alterada reduce la habilidad del cuerpo para llevar células inmunitarias al lugar de la lesión. Sin embargo, los cambios en la piel también ralentizan la cicatrización de las heridas, lo que permite que las bacterias entren en el organismo más rápido.
• El exceso de piel debido a la obesidad aumenta el riesgo de infecciones tópicas: a medida que la grasa corporal comienza a aumentar, la piel compensa en consecuencia y causa más pliegues en la piel. Los investigadores señalaron que estos son factores que aumentan el riesgo de infecciones cutáneas por hongos y bacterias.
• Las personas con obesidad suelen presentar deficiencias nutricionales, lo que agrava aún más el problema: por ejemplo, la deficiencia de vitamina D es mucho más frecuente en los adultos con obesidad. Este nutriente tiene un gran impacto en la función inmunológica, sobre todo para controlar la inflamación en las vías respiratorias.
• En la obesidad, el tejido adiposo atrae a las células inmunitarias hacia los depósitos de grasa, lo que las desvía de la circulación: esto significa que los principales defensores del cuerpo se alejan del lugar donde se desarrollan las infecciones. Como resultado, cuando un patógeno ingresa a través de los pulmones, la piel o el intestino, hay menos células inmunitarias activas disponibles para atacar la amenaza. Su cuerpo intenta protegerse sin las defensas suficientes:7
"En la obesidad, el tejido adiposo visceral produce un exceso de citocinas como el factor de necrosis tumoral α (TNFα) y la interleucina (IL)-6 y 1β que podrían debilitar la respuesta de las células inmunitarias durante un estímulo infeccioso", explicaron los investigadores.
"Además, en estado de sobrepeso, se observa una hiperleptinemia que podría contribuir al desequilibrio inmunológico".
Cómo restablecer un metabolismo saludable y detener la acumulación de grasa
Tal y como se indica en los resultados, el exceso de grasa corporal no es beneficioso para la salud, y lo mejor que puede hacer es eliminarla. Si ha tenido dificultades para perder peso a pesar de sus mejores esfuerzos, ya sea mediante el ejercicio o al modificar su alimentación, el problema reside en el funcionamiento de su energía celular.
Cuando las células están saturadas de grasas poliinsaturadas (PUFs, por sus siglas en inglés), como el ácido linoleico (AL), el cuerpo reduce su tasa metabólica y pasa a almacenar grasa en lugar de quemarla. Por lo tanto, la estrategia fundamental no es correr una gran distancia, porque no se puede compensar una mala alimentación solo con ejercicio. La solución es corregir la forma en que el cuerpo quema energía mediante una alimentación adecuada.
1. Elimine los aceites vegetales de su alimentación: cada vez que consume alimentos ultraprocesados o alimentos cocinados en aceite de soya, canola, maíz, cártamo o girasol, introduce más AL en sus tejidos, lo que ralentiza la producción de energía celular y hace que su cuerpo entre en una especie de hibernación metabólica.
Una vez que reduce y elimina estos aceites poco saludables de su alimentación, sus células dejan de combatir la carga inflamatoria y comienzan a quemar energía con mucho menos esfuerzo. A medida que este cambio se asienta, se siente más estable porque sus mitocondrias queman energía de forma limpia.
Le recomiendo consumir menos de 3 gramos de ácido linoleico al día. Esta cantidad coincide con lo que consumían nuestros antepasados antes del auge de los aceites vegetales producidos de forma industrial. Para ayudarlo con un seguimiento preciso, regístrese en la aplicación Mercola Health Coach cuando esté disponible. Incluirá una función llamada "Seed Oil Sleuth", que calculará su consumo diario de ácido linoleico con una precisión de una décima de gramo.
2. Elija grasas estables para mantener la energía constante: para continuar con el punto anterior, puede brindarle a su metabolismo una gran ventaja si sustituye los aceites de semillas por grasas saturadas más saludables como la mantequilla de animales alimentados con pastura, el aceite de coco, el ghee y el sebo de res. Estas grasas se queman de forma limpia, apoyan el uso del oxígeno y ayudan a que las células se mantengan activas en lugar de entrar en modo de almacenamiento. Es la diferencia entre utilizar fuentes de energía de buena calidad para su cuerpo o fuentes dañinas.
3. Elija carbohidratos saludables para mantener la flexibilidad metabólica: no caiga en la tentación de eliminar los carbohidratos en un esfuerzo por perder peso porque esto obliga a su cuerpo a mantener un entorno con bajo oxígeno y baja energía. Elegir con cuidado los carbohidratos, sobre todo los saludables, podría proteger el metabolismo. Eso significa que debe optar por frutas enteras, arroz blanco y tubérculos, los cuales son alimentos que ayudan a promover la energía celular adecuada. No elija fuentes de carbohidratos refinadas y ultraprocesadas.
4. Reduzca el estrés: sentirse tenso, sobreestimulado o nervioso, sobre todo por la noche, suele significar que el cortisol y el estrógeno están demasiado elevados, lo que empuja al sistema hacia el almacenamiento de grasa y suprime la producción de energía saludable.
Para reducir sus niveles de estrés, recuerde tomar el sol todos los días y dormir bien, y reduzca al mínimo el consumo de alcohol (o elimínelo por completo). A medida que disminuyen esas señales de estrés, su metabolismo quema energía de forma más efectiva en lugar de almacenarla.
5. Enséñele a su cuerpo a cambiar las fuentes de energía metabólica a través del ejercicio: permanecer inactivo enseña a sus mitocondrias a conservar en lugar de producir. Realizar ejercicios de fortalecimiento suaves, caminar todos los días y hacer ejercicios de resistencia ligeros podría reactivarlos.
El movimiento le indica a sus células cómo utilizar tanto la grasa como los carbohidratos para obtener energía, en lugar de quedarse estancados en un modo que no es efectivo. No necesita ejercicio intenso, solo necesita movimiento constante que desafíe sus músculos y mantenga el flujo de energía.
Preguntas frecuentes sobre la mortalidad por enfermedades infecciosas relacionadas con la obesidad
P: ¿Cómo aumenta la obesidad el riesgo de contraer enfermedades infecciosas?
R: La obesidad crea inflamación crónica que perjudica a las células T, las células NK y los macrófagos. El exceso de grasa desvía las células inmunitarias hacia las reservas de grasa, mientras que la resistencia a la insulina eleva el nivel de azúcar en la sangre, lo que facilita la propagación de los microbios.
P: ¿Cuánto aumenta la obesidad el riesgo de infecciones graves o mortales?
R: Las investigaciones demuestran que las personas en la clase de obesidad más elevada enfrentan hasta 3.54 veces el riesgo de infecciones mortales. A nivel mundial, alrededor de 1 de cada 10 muertes por enfermedades infecciosas son atribuibles a la obesidad.
P: ¿Por qué las infecciones respiratorias son muy peligrosas para las personas con obesidad?
R: El exceso de grasa en el pecho restringe la expansión pulmonar y el flujo de aire, lo que dificulta que se elimine la mucosidad. Esto permite que las bacterias y los virus se asienten de manera más profunda en el tejido pulmonar y progresen de forma más agresiva.
P: ¿Importa la forma de medir la obesidad al evaluar el riesgo de infección?
R: No. Ya sea que se utilice el IMC, la circunferencia de la cintura, la relación cintura-cadera o el porcentaje de grasa corporal, el riesgo de infección se mantuvo casi idéntico: alrededor de 1.7 veces mayor en todas las métricas.
P: ¿Qué medidas podrían reducir el riesgo de infección relacionado con la obesidad?
R: Eliminar los aceites vegetales ricos en ácido linoleico (AL), elegir grasas estables y carbohidratos saludables, controlar el estrés e incorporar ejercicio suave y constante para restaurar la función metabólica, todo ello contribuye a reducir el exceso de grasa corporal y a proteger la salud.