📝HISTORIA EN BREVE
- El cáncer de estómago se desarrolla de forma silenciosa durante décadas, y el daño biológico inicial ocurre mucho antes de que aparezcan síntomas obvios como indigestión o anemia
- El estrés oxidativo deja daños distintivos en el ADN de las células del estómago, lo que permite que las células anormales sobrevivan en lugar de que se eliminen
- Las bacterias dañinas de la boca pueden migrar al estómago, donde provocan inflamación crónica y debilitan las defensas inmunológicas locales
- El deterioro del sistema inmunológico relacionado con la edad dificulta que el cuerpo controle las células estomacales dañadas y los microbios invasores
- Reducir el estrés oxidativo, proteger la salud bucal, evitar los aceites de semillas y fortalecer la coordinación inmunológica desde el principio ayuda a interrumpir el proceso que produce cáncer de estómago
🩺Por el Dr. Mercola
Es posible que le atribuya la acidez estomacal persistente al "estrés" o que culpe a la cena de su malestar estomacal. Pero en el interior de la mucosa del estómago, podría desarrollarse una historia diferente, una que comenzó hace años, mucho antes de que sintiera que algo andaba mal.
El cáncer de estómago todavía es uno de los tipos de cáncer más letales del mundo, pero rara vez recibe la atención que merece su elevado número de muertes. Solo en 2020, causó cerca de 769 000 muertes en todo el mundo, lo que la sitúa en cuarto lugar entre todas las causas de muerte relacionadas con el cáncer.1
El cáncer de estómago se desarrolla poco a poco, a menudo a lo largo de décadas, sin señales de alerta claras en sus primeras etapas. Para cuando aparecen síntomas como molestias digestivas persistentes, pérdida de peso inexplicable, náuseas o anemia, el daño ya está en marcha. Muchas personas asumen que estas señales se producen por estrés, envejecimiento o problemas estomacales habituales, y es lógico que lo hagan.
Incluso cuando los médicos detectan cambios tempranos en la mucosa del estómago, se enfrentan a una realidad inquietante: no pueden predecir con certeza qué tejido dañado se convertirá en cáncer y cuál permanecerá estable. Esa incertidumbre lo deja en la fase de observación y espera, pues sabe que algo anda mal pero no puede dimensionar el riesgo real. Investigaciones recientes a gran escala cambian esa perspectiva.2
En lugar de considerar el cáncer de estómago como un evento repentino, los datos revelan varios factores de estrés biológico que se acumulan y dejan rastros detectables mucho antes de que aparezca el cáncer. Si piensa que el cáncer solo se detecta una vez que aparecen los síntomas, debe saber que esa idea ya no es válida. Los indicios más importantes surgen antes, y se ocultan en varios cambios sutiles dentro del propio estómago.
Cómo el estrés oxidativo y las bacterias orales impulsan las células del estómago hacia el cáncer
Un estudio publicado en Cancer Discovery analizó más de 1 500 muestras de tejido estomacal dañado de personas en seis países diferentes con tasas de cáncer de estómago muy distintas. Los investigadores se enfocaron en la metaplasia intestinal; imagínelo como si el revestimiento del estómago olvidara su función original e intentara convertirse en intestino.
Esta crisis de identidad se produce después de años de irritación, y aunque todavía no es cáncer, es una advertencia de que la barrera protectora se está deteriorando. Este problema aumenta el riesgo de cáncer, pero no todos los que lo padecen desarrollan cáncer de estómago. Los investigadores se propusieron comprender por qué solo ciertas personas desarrollan cáncer.
Muchas de las muestras de tejido se tomaron de adultos mayores, fumadores o personas que vivían en regiones donde el cáncer de estómago es más común. Estos grupos ya se enfrentan a un mayor riesgo, pero los médicos a menudo no pueden predecir quiénes lo desarrollarán.
El estudio reveló que el riesgo no surge de un solo factor, sino de varios factores adversos en conjunto: el daño continuo a las células sobrepasa los mecanismos de reparación, mientras que un sistema inmunológico debilitado no logra eliminar las células dañadas, y las bacterias de la boca colonizan el tejido lesionado, lo cual provoca una inflamación muy difícil de combatir.
• Se detectaron daños repetidos en el ADN dentro de células precancerosas del estómago: los investigadores encontraron daños en 47 genes diferentes dentro del tejido de metaplasia intestinal. Un gen en particular, llamado ARID1A, destacó porque los daños se relacionaron con un mayor riesgo de cáncer y un peor estado de salud.
Piense en el ARID1A como el inspector de control de calidad de sus células. Se encarga de comprobar si hay daños en el ADN y, cuando encuentra demasiados, activa la secuencia de autodestrucción de la célula. Cuando este gen se daña, es como si el inspector se hubiera ido a casa: las células dañadas que deberían morir, se quedan, acumulan más daño y, con el tiempo, se vuelven cancerosas.
• Una clara señal de estrés oxidativo apareció en el tejido dañado: el estudio identificó un patrón específico de daño en el ADN. Piense en esto como una huella dactilar que muestra qué fue lo que dañó la célula. Este patrón apunta al estrés oxidativo, que es el daño causado por moléculas de oxígeno inestables que se acumulan cuando el metabolismo es deficiente o hay exposición a toxinas.
Este patrón apareció en el tejido precanceroso, pero no en las células sanas del estómago. Fumar agravó el daño, lo que demostró cómo los hábitos diarios aceleran las lesiones en la mucosa del estómago.
• Las mutaciones que sufren las células sanguíneas con el envejecimiento debilitaron la protección inmunológica: al envejecer, algunas células madre de la sangre acumulan mutaciones que les dan una ventaja en el crecimiento. Son como maleza en el jardín de la médula ósea que desplaza a las plantas sanas. Estas células madre mutadas producen entonces células inmunológicas que no funcionan de manera correcta. No es que tenga menos células inmunológicas, sino que tiene el tipo incorrecto, y no pueden monitorear bien la mucosa del estómago para encontrar células dañadas.
• Las bacterias de la boca se trasladaron al estómago: los investigadores encontraron niveles más altos de bacterias bucales, sobre todo Streptococcus, dentro del tejido estomacal de pacientes de alto riesgo. Estas bacterias pertenecen a la boca, no al estómago. Su presencia indica que la barrera protectora del estómago está dañada. Se supone que el estómago es estéril; su ambiente ácido y agresivo está diseñado para matar a la mayoría de los microbios.
Cuando las bacterias bucales logran sobrevivir en ese lugar, se producen dos problemas a la vez: la barrera ácida protectora se debilitó y los invasores extraños se establecieron de forma permanente en un territorio al que no deberían tener acceso. Es como encontrar peces del océano nadando en un lago de agua dulce: el ecosistema se rompió por completo.
Si bien las bacterias orales como Streptococcus son ahora una amenaza reconocida, la bacteria estomacal más famosa, la H. pylori, sigue siendo importante. Sin embargo, esta investigación revela que la H. pylori no actúa sola, ya que los microbios orales interactúan con el tejido dañado y la inmunidad debilitada para aumentar el riesgo.
• Debilidad del sistema inmunológico y bacterias que se alimentan entre ellas: el estudio demostró que las bajas defensas inmunológicas permitieron que las bacterias de la boca sobrevivieran en el estómago. Después, esas bacterias aumentaron la inflamación, lo que provocó aún más daño en las células. Esto creó un círculo vicioso en el que el daño, la inflamación y el fallo del sistema inmunológico se reforzaron entre sí con el tiempo.
• El daño también alteró el sistema de control microbiano del estómago: aparecieron mutaciones en un gen que ayuda a regular el control del estómago sobre las bacterias. Cuando este sistema falla, las bacterias dañinas persisten mientras que las respuestas protectoras se desvanecen. En combinación con el estrés oxidativo, esto transforma la mucosa estomacal, que actúa como barrera protectora, en una zona de inflamación crónica.
Lo que hace que esta investigación sea esperanzadora es que todos los mecanismos que los científicos han identificado se pueden modificar. No es necesario hacer pruebas costosas ni tratamientos experimentales. Los procesos biológicos que propician el cáncer de estómago responden a intervenciones sencillas, algunas tan simples como cambiar su desayuno o el cuidado de sus dientes. La clave está en actuar ahora mismo, mientras esos primeros cambios aún pueden revertirse.
Medidas que reducen los factores de riesgo de cáncer de estómago
La investigación deja un punto claro: el cáncer de estómago no comienza como un evento repentino. Se desarrolla a partir del estrés biológico prolongado que va desgastando el tejido estomacal año tras año. El daño oxidativo, las bacterias bucales que llegan al estómago y el debilitamiento gradual del sistema inmunológico crean las condiciones para que las células anormales sobrevivan en lugar de ser eliminadas. Los pasos que se describen a continuación se enfocan en interrumpir esos procesos en una etapa temprana, cuando el cambio todavía puede dar buenos resultados.
1. Aborde la causa del estrés oxidativo: si fuma, sufre inflamación crónica (artritis, enfermedad autoinmune, problemas inflamatorios intestinales) o tiene fatiga persistente, el estrés oxidativo ya está dañando el revestimiento de su estómago, incluso si no tiene síntomas digestivos. La exposición al tabaco influye de forma directa en el patrón de daño del ADN que interviene en el cáncer de estómago, por lo que es fundamental evitarlo por completo. El balance energético es igual de importante.
La restricción crónica de carbohidratos debilita la producción de energía de las mitocondrias y aumenta el estrés oxidativo, lo que provoca un mayor daño interno. Un buen consumo de carbohidratos, es decir, unos 250 gramos al día, garantiza que las células produzcan energía sin problemas, como un motor bien ajustado que genera potencia en lugar de humo. Cuando los niveles de carbohidratos son muy bajos, las mitocondrias se esfuerzan y fallan, lo cual produce el estrés oxidativo que intenta evitar.
2. Proteja la salud oral como primera línea de defensa del estómago: si el sangrado de las encías, el mal aliento, las caries o la inflamación aparecen con regularidad, esto indica que las bacterias dañinas de la boca ya están proliferando. Las investigaciones demuestran que estas bacterias migran al estómago y alimentan la inflamación crónica en esa zona.
Cepillar las encías con cuidado, usar hilo dental y llevar una alimentación baja en azúcares refinados y alimentos procesados son medidas que ayudan a optimizar la salud oral. Una boca más sana reduce la presión inflamatoria en el estómago de forma directa.
Cómo hacerlo: cepíllese los dientes durante dos minutos dos veces al día con un cepillo de cerdas suaves, en un ángulo de 45 grados hacia la línea de las encías; de esta forma, evitará que se acumulen bacterias en la zona donde las encías se unen con los dientes. Use hilo dental antes de cepillarse los dientes por la noche para eliminar los restos de comida que alimentan a las bacterias.
Si observa sangrado al usar hilo dental, es probable que tenga inflamación de las encías, pero esto no debe detenerlo. Siga usando hilo dental todos los días y el sangrado debería cesar en una o dos semanas. Si el problema persiste, programe una limpieza dental con un dentista biológico.
3. Reduzca los aceites de semillas ricos en ácido linoleico para proteger la función mitocondrial: al interior de cada mitocondria hay una estructura especializada que se conoce como membrana mitocondrial interna, que es la superficie donde se produce la energía. Cerca del 20 % de esta membrana se compone de cardiolipina, un fosfolípido distintivo que contiene cuatro cadenas de ácidos grasos en lugar de las dos habituales.
La cardiolipina estabiliza la cadena de transporte de electrones, mantiene la estructura plegada de las crestas, que aumenta la superficie para la producción de energía, y ayuda a regular el flujo de protones necesario para generar ATP.
Es importante destacar que la cardiolipina necesita ácido linoleico (AL) para funcionar de forma adecuada. El problema surge cuando el exceso de ácido linoleico de los alimentos se acumula en el 80 % restante de la membrana mitocondrial interna (fosfolípidos que NO están diseñados para soportar altas concentraciones de este ácido). En esas membranas circundantes, el ácido linoleico es muy propenso a la oxidación.
Las especies reactivas del oxígeno (ROS) que se generan cuando se produce energía con normalidad inician la peroxidación lipídica, lo que forma aldehídos tóxicos que se unen a las proteínas respiratorias, alteran la transferencia de electrones y amplifican el estrés oxidativo en un ciclo que se perpetúa a sí mismo. Cuando el ácido linoleico en estos fosfolípidos no cardiolipínicos supera del 7 % al 8 %, el riesgo de disfunción de la membrana se triplica.
Consumir menos de 5 gramos de AL al día, o cerca de 2 gramos si es posible, ayuda a evitar que se incorporen cantidades excesivas en estos compartimentos de la membrana que no contienen cardiolipina. Esto implica reducir el consumo de aceites de semillas ocultos en los alimentos envasados, las salsas, los aderezos y las comidas de los restaurantes, y optar por grasas más resistentes a la oxidación, como el sebo, el ghee o la mantequilla de vacas alimentadas con pastura.
La aplicación Mercola Health Coach, que estará disponible pronto, incluye la función Seed Oil Sleuth. Esta herramienta le ayudará a calcular su consumo de AL hasta una décima de gramo.
4. Cambie los hábitos que aceleran el deterioro del sistema inmunológico con la edad: su sistema inmunológico no "empeora con la edad", sino que cambia, y hay ciertos hábitos que perjudican su funcionamiento mucho antes. A partir de los 40 años, las mutaciones en las células madre de la sangre se vuelven más frecuentes, pero los factores relacionados con el estilo de vida determinan si estas mutaciones afectan al sistema inmunológico o si se mantienen bajo control.
El alcohol perjudica la producción de energía de las mitocondrias y debilita la señalización inmunológica en el intestino, lo que aumenta el riesgo a largo plazo. Mantener un horario de sueño regular y exponerse a la luz solar por la mañana favorece el ritmo circadiano, que es el sistema que coordina las defensas del sistema inmunológico. Un sistema inmunológico en buenas condiciones elimina las células dañadas del estómago antes de que acumulen mutaciones adicionales.
Cuide su ritmo circadiano manteniendo horarios de sueño y vigilia consistentes dentro de un margen de 30 minutos, incluso los fines de semana. Para regular su reloj circadiano, salga a tomar el sol durante 10 a 15 minutos por la mañana, dentro de la hora posterior a despertarte (sin usar lentes de sol). Atenúe las luces de sus espacios interiores después del atardecer y evite usar pantallas durante las horas previas a acostarse. Intente dormir entre las 10 de la noche y las 6 de la mañana, cuando las funciones de reparación del sistema inmunológico alcanzan su punto máximo.
5. Preste atención a las señales de alerta temprana, no solo a los síntomas: si tiene antecedentes familiares de cáncer de estómago, exposición prolongada al tabaquismo o problemas intestinales crónicos, el silencio no es una buena opción. Señales como la anemia inexplicable, el malestar estomacal persistente, los cambios en el apetito o los cambios repentinos en la salud oral reflejan cambios más profundos en la inmunidad y el equilibrio bacteriano. Estos signos aparecen mucho antes de que se desarrolle el cáncer y le dan una oportunidad para actuar a tiempo, cuando todavía puede prevenirlo.
En conjunto, estas medidas ralentizan el desgaste biológico que permite que el cáncer de estómago se desarrolle. Un menor estrés oxidativo, una flora bucal más saludable, una estructura mitocondrial protegida, una mejor coordinación inmunológica y un revestimiento gástrico más estable cambian el curso de la enfermedad mucho antes de que esta se manifieste.
Preguntas frecuentes sobre el cáncer de estómago
P: ¿Qué hace que el cáncer de estómago sea tan peligroso en comparación con otros tipos de cáncer?
R: El cáncer de estómago se desarrolla a lo largo de muchos años y, a menudo, causa pocos síntomas evidentes en sus primeras etapas. Para el momento en el que aparecen señales de alerta como indigestión persistente, anemia, náuseas o pérdida de peso inexplicable, ya se ha producido un daño significativo en la mucosa del estómago. Esta progresión lenta y silenciosa es una de las razones principales por las que sigue siendo una de las principales causas de muerte relacionadas con el cáncer en todo el mundo.
P: ¿Qué cambios tempranos aumentan el riesgo de cáncer de estómago?
R: Tres mecanismos conspiran para crear el riesgo de cáncer: el estrés oxidativo que daña el ADN más rápido de lo que las células lo reparan, la disfunción inmunológica relacionada con la edad que no logra eliminar las células dañadas y las bacterias orales que colonizan el tejido estomacal dañado y provocan inflamación crónica. Cuando los tres factores se presentan al mismo tiempo, el riesgo se multiplica de manera exponencial. Estos factores provocan daños biológicos detectables mucho antes de que se forme el cáncer, incluso cuando la persona no tiene síntomas alarmantes.
P: ¿Cómo contribuye el estrés oxidativo al riesgo de cáncer de estómago?
R: El estrés oxidativo daña el ADN dentro de las células del estómago. Con el tiempo, este daño permite que las células anormales sobrevivan y se multipliquen en lugar de ser eliminadas. Fumar, tener un metabolismo deficiente y consumir grasas inestables, como el ácido linoleico, aceleran este proceso y aumentan la probabilidad de que progresen los cambios precancerosos.
P: ¿Por qué es importante la salud oral para prevenir el cáncer de estómago?
R: Ciertas bacterias bucales, sobre todo las que se relacionan con la enfermedad de las encías, pueden pasar al estómago cuando las defensas naturales se debilitan. Cuando llegan a ese órgano, provocan inflamación crónica e interfieren con la señalización inmunológica. Mantener una buena higiene bucal reduce la carga bacteriana que llega al estómago y disminuye la presión inflamatoria a largo plazo.
P: ¿Qué medidas prácticas reducen el riesgo de cáncer de estómago a largo plazo?
R: Entre las medidas más importantes se encuentran dejar de fumar, mantener un nivel constante de energía celular mediante un consumo adecuado de carbohidratos, evitar los aceites de semillas con alto contenido en ácido linoleico, cuidar el sueño y el ritmo circadiano, limitar el consumo de alcohol y estar atento a los primeros signos de alerta, como la anemia o las molestias estomacales persistentes. Abordar estas causas fundamentales desde el principio modifica las condiciones biológicas que permiten el desarrollo del cáncer de estómago.