📝HISTORIA EN BREVE
- La exposición residencial a largo plazo al insecticida clorpirifos se asoció con un riesgo más de 2.5 veces mayor de desarrollar la enfermedad de Parkinson, lo que se suma a la creciente evidencia de que ciertos pesticidas podrían representar un riesgo significativo para la salud cerebral
- Los investigadores reforzaron los hallazgos al demostrar que el clorpirifos produjo cambios similares a los del párkinson en animales de laboratorio (mediante la exposición de ratones por inhalación durante 11 semanas), incluida la pérdida de células nerviosas productoras de dopamina, la acumulación de proteínas dañinas y la inflamación cerebral crónica
- El pesticida alteró el sistema natural de reciclaje del cerebro en estos modelos animales, lo que permitió que las proteínas dañadas se acumularan dentro de las células nerviosas en lugar de eliminarse. Esto podría ayudar a explicar cómo la exposición podría contribuir a la enfermedad de Parkinson en los seres humanos.
- Una demanda contra Dow Chemical, Corteva y FMC Corporation, las empresas que desarrollaron y comercializaron originalmente el clorpirifos, alega que no advirtieron de manera adecuada a los usuarios sobre los riesgos neurológicos del pesticida, lo que vuelve a poner de relieve los peligros que enfrentan los trabajadores agrícolas y de control de plagas
- Reducir la exposición repetida a pesticidas, favorecer la salud intestinal, mantenerse físicamente activo, controlar el estrés y mantener niveles saludables de vitamina D son medidas prácticas que podrían ayudar a favorecer la salud cerebral a largo plazo, aunque la evidencia que las relaciona de manera específica con el riesgo de enfermedad de Parkinson aún está en desarrollo
🩺Por el Dr. Mercola
La enfermedad de Parkinson es un trastorno cerebral progresivo que se caracteriza por temblores, rigidez muscular, lentitud de movimientos, problemas de equilibrio y, en muchas personas, cambios en el sueño, el olfato y el pensamiento que comienzan años antes del diagnóstico. Las células nerviosas que producen dopamina, una sustancia química cerebral que ayuda a controlar la fluidez del movimiento, mueren de forma gradual. Estas células se concentran en una pequeña región profunda del cerebro, por lo que perder incluso una cantidad moderada de ellas tiene un efecto desproporcionado en el movimiento y la coordinación.
Si no se controla, la enfermedad hace que tareas cotidianas como caminar, hablar, escribir y tragar sean cada vez más difíciles. Siempre que los investigadores identifican un factor de riesgo modificable, es importante prestar atención, porque reducir la exposición antes de que aparezcan los síntomas ofrece una de las pocas oportunidades de disminuir su riesgo. Un conjunto creciente de evidencia señala ahora a un insecticida agrícola de uso extendido, el clorpirifos, como un posible factor que contribuye al riesgo de enfermedad de Parkinson.¹
La investigación más reciente va más allá de los estudios observacionales anteriores al combinar datos de salud humana con experimentos de laboratorio que examinan cómo esta sustancia química podría dañar las células nerviosas a nivel biológico. Al mismo tiempo, el escrutinio jurídico y las investigaciones están alcanzando a la ciencia, lo que plantea preguntas urgentes sobre por qué continúa la exposición en ciertos entornos agrícolas a pesar de décadas de preocupación.
La solidez de esta evidencia justifica examinar con atención qué encontraron los investigadores, cómo lo encontraron y qué puede hacer usted para reducir su propia exposición a partir de hoy.
La exposición a largo plazo al clorpirifos se relaciona con las características distintivas de la enfermedad de Parkinson
Un estudio publicado en la revista Molecular Neurodegeneration en diciembre de 2025 se propuso determinar si el insecticida clorpirifos, de uso extendido, contribuye de manera directa a la enfermedad de Parkinson o si la conexión es solo una coincidencia.² Los investigadores analizaron datos de salud de personas que vivían en comunidades agrícolas y expusieron ratones al clorpirifos de una manera muy similar a como las personas lo inhalan durante las fumigaciones agrícolas.
Para comprender lo que ocurría dentro de las células nerviosas después de la exposición, los investigadores utilizaron peces cebra modificados mediante ingeniería genética (peces pequeños con cuerpos transparentes y vías cerebrales similares a las de los seres humanos), lo que les permitió observar cómo se desarrollaban los procesos celulares en tiempo real. Esta combinación permitió a los investigadores examinar tanto el riesgo en condiciones reales como los procesos biológicos que lo sustentan.
• El estudio examinó a cientos de personas de comunidades agrícolas — La parte de la investigación realizada en seres humanos consistió en un análisis de casos y controles de base poblacional que incluyó a 829 personas con diagnóstico de enfermedad de Parkinson y a 824 personas sin la enfermedad que vivían en tres condados agrícolas del centro de California: Kern, Fresno y Tulare.
En lugar de depender de los recuerdos de los participantes sobre sus contactos con pesticidas a lo largo de décadas, los investigadores reconstruyeron el historial de exposición de cada persona al cruzar los registros detallados de aplicación de pesticidas de California con las direcciones de sus hogares y lugares de trabajo de años anteriores.
Calcularon cuánto clorpirifos se había aplicado en un radio aproximado de 500 metros (0.31 millas) de cada hogar y lugar de trabajo, mediante la base de datos de informes de uso de pesticidas de California, y también ajustaron los resultados para tener en cuenta la exposición a otros pesticidas, como glifosato, paraquat y diazinón. Este enfoque redujo la posibilidad de que los errores de memoria influyeran en los resultados y reforzó la confianza en los hallazgos.
• La exposición a largo plazo tuvo más importancia que el contacto aislado — Los investigadores encontraron que la exposición residencial a largo plazo al clorpirifos se asoció con un riesgo más de 2.5 veces mayor de desarrollar la enfermedad de Parkinson. La asociación individual más fuerte del análisis correspondió a la exposición laboral de mayor duración. Debido a que esta parte del estudio fue observacional, puede demostrar una asociación, pero no establecer una causa.
Dicho esto, si usted vive cerca de campos agrícolas o pasa mucho tiempo en lugares donde se fumiga con pesticidas de forma habitual, los hallazgos sugieren que reducir la exposición repetida podría ser más importante que un solo episodio aislado.
• Los investigadores reforzaron sus hallazgos al reproducir cambios similares a los del párkinson en animales — Los científicos suelen buscar evidencia de que una exposición ambiental produce los mismos cambios biológicos que se observan en las personas. Eso es exactamente lo que ocurrió aquí.
Los ratones machos que inhalaron clorpirifos en aerosol seis horas al día, cinco días a la semana durante 11 semanas (en concentraciones en el aire que aumentaron de aproximadamente 77 a 300 microgramos por metro cúbico) desarrollaron problemas de movimiento similares a los de la enfermedad de Parkinson.
Al mismo tiempo, los investigadores encontraron menos células nerviosas productoras de dopamina en el cerebro (una pérdida de alrededor del 26 % en la sustancia negra, que influye en los movimientos y la química cerebral) y una mayor activación de las células inmunitarias que impulsan la inflamación. Estas células inmunitarias, llamadas microglía, actúan como el equipo de primera respuesta del cerebro.
Cuando permanecen activadas durante períodos prolongados, liberan moléculas inflamatorias que pueden dañar las células nerviosas circundantes, lo que convierte una respuesta protectora en una fuente de daño continuo. Los ratones expuestos también mostraron una mayor acumulación de proteína alfa-sinucleína anormal: un aumento de 1.66 veces.
La alfa-sinucleína está presente de manera normal en las células nerviosas sanas, pero cuando se pliega de forma incorrecta y no se elimina, se agrupa en depósitos tóxicos que son una característica distintiva de la enfermedad de Parkinson. Encontrar un patrón consistente tanto en seres humanos como en animales refuerza la posibilidad de que el clorpirifos contribuya a los procesos de la enfermedad, en lugar de simplemente aparecer junto con ella.*
• El pesticida interfirió con el sistema de limpieza del cerebro — Uno de los descubrimientos más importantes involucró un proceso llamado autofagia. Piense en la autofagia como el sistema de reciclaje y eliminación de basura de sus células. Las células sanas recogen de forma constante las proteínas desgastadas y las partes celulares dañadas, las descomponen y reciclan sus componentes.
Según los investigadores, el clorpirifos alteró este proceso de limpieza en los modelos de ratón y pez cebra. A medida que el sistema de reciclaje se ralentizaba, las proteínas alfa-sinucleína anormales se acumulaban en lugar de eliminarse.
Los experimentos con peces cebra reforzaron este hallazgo. Cuando los investigadores alteraron de forma deliberada la misma vía de limpieza, las células nerviosas murieron de una manera muy similar. Cuando restablecieron ese proceso de reciclaje o redujeron la acumulación de proteínas dañinas, las células nerviosas se volvieron menos vulnerables a las lesiones.
• El estudio apunta tanto a la prevención como a futuros tratamientos — Los investigadores identificaron vías biológicas que merecen atención para el desarrollo de futuras terapias. Debido a que el daño se centró en la alteración de la limpieza celular y no en un solo episodio tóxico, sugieren que los enfoques destinados a restablecer la autofagia o reducir la acumulación de alfa-sinucleína merecen investigarse como posibles estrategias para modificar el curso de la enfermedad.
Aunque esos tratamientos todavía requieren más estudios, usted no tiene que esperar a que exista un nuevo medicamento para tomar medidas.
Cada oportunidad de reducir la exposición repetida al clorpirifos y a pesticidas similares podría disminuir la carga de estrés sobre el cerebro con el paso del tiempo, en especial si usted vive o trabaja cerca de zonas de fumigación agrícola. Comprender dónde ocurre la exposición puede ayudarle a tomar decisiones más informadas sobre su salud cerebral a largo plazo.
Estos hallazgos provienen de investigaciones de laboratorio o en animales y podrían no aplicarse de manera directa a la salud humana.
Una demanda somete al clorpirifos a un mayor escrutinio
Mientras la ciencia reúne pruebas contra el clorpirifos a nivel celular, el sistema jurídico ahora exige una respuesta sobre quién es responsable de décadas de exposición. Según informó The New Lede, una demanda presentada en junio de 2026 señala a Dow Chemical, la empresa que desarrolló y comercializó originalmente el clorpirifos, junto con Corteva y FMC Corporation. Un extrabajador de control de plagas presentó la demanda ante el Tribunal de Primera Instancia del Condado de Filadelfia.³
La demanda alega que los años de exposición al insecticida hicieron que el demandante desarrollara la enfermedad de Parkinson y sostiene que Dow conocía o debería haber conocido los peligros neurológicos del pesticida, pero no advirtió de manera adecuada a las personas que lo manipulaban con regularidad. La demanda también cita investigaciones que relacionan la exposición al clorpirifos con la enfermedad de Parkinson para respaldar sus afirmaciones. Estas son alegaciones que aún no se han sometido a examen judicial.
• El informe repasa décadas de controversia en torno al pesticida — El artículo explica que el clorpirifos se convirtió en uno de los insecticidas más utilizados en la agricultura de Estados Unidos después de que Dow lo introdujera a mediados de la década de 1960. Los usos residenciales se eliminaron de forma gradual a principios de la década de 2000, en virtud de un acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), debido a la preocupación por la salud infantil, pero la sustancia química siguió utilizándose para fumigar muchos cultivos agrícolas.
Desde entonces, el clorpirifos ha sido objeto de años de disputas legales, cambios de rumbo regulatorios y batallas judiciales sobre si debería seguir disponible para uso agrícola. Aunque se han adoptado algunas restricciones, el informe señala que el clorpirifos continúa utilizándose en ciertos cultivos; la EPA permite en la actualidad un uso agrícola limitado después de que una acción judicial bloqueara una prohibición de 2021, lo que deja posibilidades de exposición continua.
• Se necesitan medidas de protección más estrictas para reducir la exposición innecesaria — La demanda forma parte de un esfuerzo más amplio para aumentar la rendición de cuentas de los fabricantes de pesticidas y, al mismo tiempo, mejorar la protección de los trabajadores. Las personas no deberían tener que elegir entre ganarse la vida y proteger su salud cerebral a largo plazo. Las advertencias más contundentes, las mejores medidas de protección en el lugar de trabajo y los esfuerzos continuos para reducir la dependencia de los pesticidas peligrosos son pasos importantes para disminuir la exposición evitable.
Estos puntos reflejan el argumento presentado en una columna de opinión del diario North Texas Daily sobre la política de pesticidas en la agricultura.⁴
• Los trabajadores agrícolas merecen una mayor protección — Los trabajadores agrícolas soportan la mayor carga de exposición porque mezclan y aplican pesticidas, y trabajan cerca de ellos durante las temporadas de cultivo. Un artículo de opinión publicado por el diario North Texas Daily sostiene que las personas que siembran, cultivan y cosechan los alimentos del país merecen una mejor protección frente a las sustancias químicas que un conjunto creciente de evidencia científica relaciona con enfermedades neurológicas graves.
Esa columna se centra de manera específica en el paraquat, otro pesticida relacionado con el párkinson, pero su argumento sobre la protección en el lugar de trabajo tiene una aplicación más amplia.⁵ En lugar de aceptar la exposición repetida como parte del trabajo, la columna llama la atención sobre la necesidad de contar con condiciones laborales más seguras y una mayor conciencia de los riesgos para la salud a largo plazo.
Reduzca su exposición a pesticidas antes de que se acumule
El estudio presentado apunta a una medida práctica y modificable: reducir la exposición repetida a pesticidas antes de que se acumule a lo largo de los años. Cada medida que disminuya su contacto con el clorpirifos y otros pesticidas agrícolas podría reducir una fuente más de estrés para su cerebro y le ofrece una acción concreta que puede llevar a cabo.
Al mismo tiempo, los hábitos cotidianos también influyen en la salud de su cerebro, por lo que las medidas restantes se centran en factores más amplios del estilo de vida que se han estudiado en relación con el riesgo de enfermedad de Parkinson.
1. Identifique de dónde proviene su exposición a pesticidas — Si usted vive, trabaja o pasa tiempo cerca de tierras agrícolas, averigüe qué cultivos lo rodean y si se aplican pesticidas durante la temporada de cultivo. Preste atención a los avisos locales de fumigación, si están disponibles. Saber cuándo y dónde ocurre la exposición le da la oportunidad de evitar el contacto innecesario en lugar de que lo tome por sorpresa.
2. Reduzca los residuos de pesticidas que llegan a su hogar — Si usted frecuenta zonas agrícolas, quítese los zapatos antes de entrar a su casa, lávese las manos después de realizar actividades al aire libre y enjuague bien las frutas y los vegetales frescos antes de comerlos. Cuando sea posible, elija productos agrícolas orgánicos para reducir los residuos de pesticidas. Si cultiva sus propias frutas y vegetales, evite utilizar clorpirifos o insecticidas similares. Los pequeños hábitos diarios reducen la exposición repetida con el paso del tiempo.
3. Favorezca su salud intestinal para que su cerebro reciba señales más tranquilas — Su intestino y su cerebro están en comunicación constante. Cuando la digestión se altera, las señales inflamatorias viajan a través de esa conexión y podrían añadir tensión a las mismas vías nerviosas que se ven sobrecargadas por la exposición a pesticidas. Para mejorar su salud intestinal, comience por eliminar los alimentos ultraprocesados y los aceites de semillas, que tienen un alto contenido de ácido linoleico (AL). Esto incluye los aceites de soya, maíz, girasol y canola.
Estos alimentos aportan una gran carga de AL, contribuyen a la inflamación y perjudican la producción de energía celular. Después, base sus comidas en carbohidratos fáciles de digerir, como frutas enteras y arroz blanco, para restablecer el suministro de combustible sin sobrecargar su intestino. A medida que mejore la digestión, puede incorporar poco a poco otros almidones que tolere bien, como los vegetales de raíz.
Procure consumir alrededor de 250 gramos de carbohidratos saludables al día para que sus células tengan suficiente energía para repararse, ayudar a regular la inflamación y mantener el funcionamiento normal del cerebro. Cuando su intestino sana, las bacterias beneficiosas producen butirato, una grasa de cadena corta que ayuda a favorecer el revestimiento intestinal y el estado de ánimo, y que podría calmar la neuroinflamación.
4. Mueva su cuerpo de formas que activen su sistema nervioso — Caminar, andar en bicicleta, realizar entrenamiento de resistencia y practicar movimientos suaves y coordinados, como el taichí, activan los circuitos involucrados en el equilibrio, el ritmo y la coordinación. Si siente rigidez, lentitud o inestabilidad, tómelo como una señal para moverse con más frecuencia, no menos.
Si esos síntomas son nuevos o están empeorando, hable con su profesional de atención médica, ya que también pueden ser señales tempranas de una afección neurológica. El movimiento regular ayuda a mantener esas conexiones nerviosas, y las investigaciones relacionan la actividad física constante con una mejor capacidad funcional a largo plazo.
Procure caminar alrededor de una hora al día. El ejercicio también es una forma más efectiva que el ayuno de activar la autofagia, el mismo sistema de limpieza celular que, según se encontró, altera el clorpirifos.
5. Reduzca el estrés diario y favorezca niveles saludables de vitamina D — El estrés crónico mantiene su sistema nervioso atrapado en modo de supervivencia, lo que puede elevar las hormonas del estrés que podrían afectar a las células cerebrales con el paso del tiempo. Incorpore una rutina relajante a cada día, como respirar despacio, pasar un tiempo en tranquilidad, practicar la atención plena o mantener una rutina nocturna predecible. Añada una exposición regular a la luz solar para favorecer niveles saludables de vitamina D, que actúa como regulador epigenético y podría ayudar a promover una respuesta inflamatoria equilibrada.
Si su alimentación ha tenido un alto contenido de aceites de semillas, reduzca su consumo durante cuatro a seis meses antes de pasar tiempo bajo el sol intenso del mediodía, porque el exceso de AL almacenado en sus tejidos aumenta su tendencia a sufrir quemaduras solares.
Cuando la luz solar es limitada, un análisis observacional de casi 3,000 participantes de la cohorte GrassrootsHealth encontró que las personas que tomaban suplementos tanto de magnesio como de vitamina K2 alcanzaban un determinado nivel de vitamina D con una ingesta de vitamina D3 considerablemente menor que quienes no tomaban ninguno de los dos. Una combinación común es de 180 microgramos de vitamina K2 por cada 5,000 UI de vitamina D.⁶
Mida sus niveles de vitamina D dos veces al año y procure mantenerlos entre 60 y 80 ng/mL (150 a 200 nmol/L), para saber con exactitud en qué nivel se encuentra. Hable con su profesional de atención médica sobre si esta prueba es apropiada para usted.
Estos hallazgos provienen de investigaciones realizadas en entornos clínicos. Los resultados podrían no aplicarse a todas las personas.
Preguntas frecuentes sobre los pesticidas y la enfermedad de Parkinson
P: ¿Qué descubrió el estudio de la revista Molecular Neurodegeneration sobre el clorpirifos y la enfermedad de Parkinson?
R: Los investigadores encontraron que la exposición residencial a largo plazo al insecticida clorpirifos se asoció con un riesgo más de 2.5 veces mayor de desarrollar la enfermedad de Parkinson, en un análisis de casos y controles de 829 personas con enfermedad de Parkinson y 824 personas sin ella.
El estudio reforzó ese hallazgo al demostrar que el mismo pesticida causó problemas de movimiento, pérdida de células nerviosas productoras de dopamina y otros cambios similares a los del párkinson en animales de laboratorio, lo que aporta un respaldo mayor que el de las investigaciones observacionales anteriores por sí solas.
P: ¿Cómo daña el clorpirifos al cerebro?
R: Los investigadores encontraron que el clorpirifos interfiere con la autofagia, el sistema natural de reciclaje del cerebro que elimina las proteínas dañadas y las partes celulares desgastadas. Esto se observó en modelos de ratón y pez cebra. Cuando ese proceso de limpieza falla, las proteínas alfa-sinucleína anormales se acumulan dentro de las células nerviosas en lugar de eliminarse, lo que los investigadores relacionan con los cambios que se observan en la enfermedad de Parkinson.
P: ¿Quiénes enfrentan el mayor riesgo de exposición al clorpirifos?
R: Las personas que viven o trabajan cerca de campos agrícolas donde se fumiga con clorpirifos tienen la mayor probabilidad de exposición repetida. Los trabajadores agrícolas, los aplicadores de pesticidas y otras personas que manipulan sustancias químicas agrícolas de manera habitual son especialmente vulnerables, porque entran en contacto con estos pesticidas a lo largo de las temporadas de cultivo, en lugar de hacerlo en episodios aislados.
P: ¿Qué puedo hacer para reducir mi exposición a pesticidas?
R: Comience por identificar dónde es más probable que ocurra la exposición. Si vive cerca de tierras agrícolas, preste atención a los avisos de aplicación de pesticidas cuando estén disponibles. Quítese los zapatos antes de entrar a su hogar, lávese las manos después de pasar tiempo al aire libre, enjuague bien las frutas y los vegetales frescos, elija productos orgánicos cuando sea posible y evite utilizar clorpirifos o insecticidas similares alrededor de su hogar o jardín siempre que pueda.
P: Además de evitar los pesticidas, ¿qué más favorece la salud cerebral a largo plazo?
R: Reducir la exposición a pesticidas aborda un factor de riesgo importante, pero sus hábitos diarios también influyen en la salud cerebral a largo plazo.
Favorecer la salud intestinal con alimentos enteros y mínimamente procesados, mantenerse físicamente activo, controlar el estrés crónico, mantener niveles saludables de vitamina D mediante una exposición sensata al sol y llevar una alimentación rica en nutrientes son medidas razonables para apoyar al cerebro y al sistema nervioso, aunque la evidencia que las relaciona de manera específica con el riesgo de enfermedad de Parkinson aún está en desarrollo.
Este artículo tiene fines informativos únicamente y no constituye asesoramiento médico. Consulte a un profesional de atención médica calificado antes de realizar cambios en su régimen de salud.