📝HISTORIA EN BREVE
- Investigadores de Corea del Sur informaron haber encontrado la pieza que faltaba en el sistema de drenaje de su cerebro: orificios microscópicos en la membrana aracnoidea que permiten que el líquido salga hacia los vasos que lo transportan en dirección al cuello. Llamaron a estas aberturas “fenestraciones aracnoideas”
- Los orificios son minúsculos y se encuentran en un solo lugar. En los ratones, medían entre 2 y 12 micrómetros de diámetro y aparecían únicamente en una franja estrecha sobre los centros del olfato. Dos monos mostraron el mismo patrón en el mismo lugar
- Cuando el equipo bloqueó los orificios con microesferas demasiado grandes para atravesarlos, el colorante dejó de llegar a los ganglios linfáticos del cuello, lo que constituye evidencia en ratones que sugiere que el líquido con desechos sale por esta vía
- En los ratones viejos, había un 59 % menos de orificios y estos eran un 51 % más pequeños, mientras que los vasos de drenaje que los rodeaban se habían atrofiado. Un factor de crecimiento administrado por vía nasal restableció la salida de líquido hasta los niveles de los adultos jóvenes, sin reparar un solo orificio
- Un estudio independiente de tejido cerebral donado por 185 personas encontró acumulaciones de paquetes de desechos, llamados cuerpos amiláceos, a lo largo de las vías de drenaje en cuatro enfermedades neurodegenerativas diferentes. Los investigadores consideran que este patrón es compatible con un sistema de eliminación que ha funcionado de manera deficiente durante mucho tiempo, aunque señalan con claridad que no pueden demostrarlo y que se necesitan más estudios
🩺Por el Dr. Mercola
El líquido cefalorraquídeo, el líquido transparente que amortigua el cerebro y la médula espinal, elimina desechos, incluidas proteínas relacionadas con la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson.¹ Los investigadores saben desde hace mucho tiempo que este líquido termina drenando hacia los ganglios linfáticos del cuello, pero el paso que nunca habían podido explicar era cómo atraviesa la membrana aracnoidea, la capa protectora que separa el cerebro de los vasos linfáticos que se encuentran al otro lado.²
Ese vacío en el conocimiento anatómico ha persistido durante unos 250 años, desde que se describieron por primera vez los vasos linfáticos que rodean el cerebro.³
Un equipo de investigación con sede en Corea del Sur informa ahora que ha encontrado la vía de salida que faltaba, junto con evidencia de que esta vía se deteriora a medida que los animales envejecen y de que su función puede restablecerse en ratones de edad avanzada. Su trabajo, en el que también participaron investigadores finlandeses y estadounidenses, se publicó en la revista Cell.⁴
Lo que mostró el estudio de la revista Cell
El trabajo se realizó casi por completo en ratones, así como en dos monos macacos de cola larga, cuya estructura cerebral es más parecida a la nuestra que la de un ratón. Los ratones se criaron específicamente para que sus vasos de drenaje brillaran en verde bajo el microscopio, lo que permitió a los investigadores observar hacia dónde se desplazaba el líquido. También utilizaron un microscopio electrónico de barrido (SEM, por sus siglas en inglés) para obtener una imagen de muy gran aumento⁵ de tejidos tanto de ratones como de monos.6,7
La pregunta que los investigadores buscaban responder era cómo sale el líquido cefalorraquídeo. O bien los vasos de drenaje se conectan directamente con el espacio lleno de líquido que rodea el cerebro, o bien el líquido primero tiene que pasar a presión por aberturas en la membrana aracnoidea. Los investigadores llevan años debatiendo sobre estas dos vías. Durante todo ese tiempo, una vía que nadie podía encontrar transportaba la mitad del flujo.⁸
• Las aberturas son reales, diminutas y se encuentran en una pequeña zona: con el SEM, los investigadores encontraron orificios reales en la membrana, pero solo en un lugar: una franja de tejido situada sobre el hueso perforado detrás del puente de la nariz, que separa el cerebro de la cavidad nasal.
Los orificios medían entre 2 y 12 micrómetros de diámetro. Para ayudarle a visualizarlo, un micrómetro es la milésima parte de un milímetro, de modo que unas 15 de estas aberturas cabrían una junto a otra a lo ancho de un cabello humano. Ese cálculo procede de 73 orificios en cuatro ratones. No había ninguno en otras partes de la membrana, y dos monos mostraron el mismo patrón en el mismo lugar. Esta es la pieza que los investigadores anteriores no habían encontrado: una puerta física, en un lugar específico, que ahora puede localizarse y medirse.
• Tapar los orificios detuvo el drenaje: para comprobar si los orificios realmente transportan líquido, el equipo los taponó. Inyectaron microesferas de plástico en el líquido que rodea el cerebro y utilizaron dos tamaños: unas pequeñas, lo suficientemente finas para atravesarlos, y otras grandes, 50 veces mayores, demasiado anchas para pasar.
Al día siguiente, inyectaron un colorante rastreable. En los ratones que recibieron las microesferas pequeñas y en los controles sin tratamiento, el colorante llegó con normalidad a los ganglios linfáticos del cuello. En los ratones cuyos orificios estaban taponados, casi no llegó nada. Bloquear las aberturas detuvo el drenaje. Esta es la evidencia más sólida del artículo de que estos orificios son la vía de salida.
• Dañar el extremo nasal también ralentizó la eliminación de amiloide: si esta vía es importante, dañarla debería ralentizar el drenaje, y así ocurrió. Los investigadores utilizaron una sustancia química administrada por la nariz para destruir parcialmente los nervios olfativos y los vasos de drenaje situados junto a ellos.
La eliminación del colorante hacia los ganglios linfáticos del cuello disminuyó un 60 % y un 40 % en los dos grupos de ganglios. Al repetir la prueba con una versión marcada de beta-amiloide, la proteína pegajosa que se acumula en la enfermedad de Alzheimer, la eliminación disminuyó un 49 % y un 26 %.
Las exploraciones no mostraron cambios en el volumen de líquido del cerebro ni en la presión dentro del cráneo, por lo que la ralentización se debió al daño de la vía y no a un cambio de presión. Este es el punto en el que el estudio más se acerca a la cuestión de la enfermedad. La vía no solo transporta colorante: también transporta beta-amiloide.
• Cada parte del sistema era más pequeña en los ratones viejos: al comparar ratones de entre 85 y 100 semanas de edad con adultos jóvenes de entre 8 y 12 semanas, la red de drenaje entre los centros del olfato cubría un área un 58 % menor, y los vasos que quedaban parecían menos saludables.
Los propios orificios eran un 51 % más pequeños y un 59 % menos numerosos, con células inmunitarias adheridas a la superficie de la membrana. Los canales óseos que atraviesan los vasos eran más estrechos y menos numerosos. Los vasos de drenaje del revestimiento de la nariz habían disminuido aproximadamente a la mitad.
El deterioro no se observa en un solo componente, sino en toda la vía al mismo tiempo, y ocurre durante la misma etapa de la vida en la que las enfermedades neurodegenerativas se vuelven más comunes.⁹
• Un factor de crecimiento restableció el flujo sin reparar los orificios: los investigadores introdujeron en un virus inofensivo el gen de una proteína de señalización llamada factor de crecimiento endotelial vascular C (VEGF-C), que estimula el crecimiento de los vasos de drenaje, y lo administraron por vía nasal a ratones viejos. Seis semanas después, los vasos entre los centros del olfato se habían duplicado, con grandes aumentos en el revestimiento de la nariz.
Los orificios y los canales óseos no se recuperaron en absoluto: permanecieron exactamente como estaban. Aun así, se restableció la salida de líquido, que volvió al intervalo observado en los ratones jóvenes. Este es un hallazgo notable porque los conductos situados más adelante en el recorrido pudieron compensar el daño de los que estaban antes, lo que constituye un objetivo más viable. Sin embargo, tenga en cuenta que esto ocurrió en ratones mediante una terapia génica experimental que, por el momento, no existe para las personas.
• Lo que los investigadores señalan que aún se desconoce: sus métodos no permiten descartar otras vías de salida para moléculas muy pequeñas, y no pudieron observar el proceso en tiempo real. Tampoco saben cuánto dura el efecto del factor de crecimiento, por qué los canales óseos nunca se recuperaron ni si algo de esto mejora el funcionamiento de un cerebro que envejece.
Un segundo estudio examinó la capacidad de eliminación de desechos de cerebros humanos donados
Mientras que el estudio de la revista Cell rastrea la vía en animales, una investigación independiente, publicada en la revista Acta Neuropathologica Communications, examinó si la eliminación deficiente de desechos se manifiesta en los cerebros humanos. A partir de tejido donado, contaron estructuras llamadas cuerpos amiláceos: paquetes microscópicos que el cerebro parece utilizar como recipientes sellados para los desechos. Encontraron una mayor cantidad de estas estructuras en personas que habían fallecido con enfermedades neurodegenerativas.10,11
• La definición de cuerpo amiláceo: tiene una forma esférica y mide entre 2 y 50 micrómetros de diámetro; los más grandes equivalen aproximadamente a tres cuartas partes del ancho de un cabello humano. Las células de sostén del cerebro los forman, y lo que termina en su interior depende de lo que se haya engullido, como la proteína tau en la enfermedad de Alzheimer, que forma ovillos dentro de las células nerviosas.
Una vez formados, pueden liberarse al líquido cefalorraquídeo, y se han encontrado en los ganglios linfáticos profundos del cuello, el mismo lugar al que llega el líquido del estudio de la revista Cell. Este hallazgo es relevante porque, si el cerebro envuelve sus desechos y los envía al exterior a través del sistema de drenaje, contar los paquetes que quedaron atrás es una manera de preguntarse, de forma indirecta, si el envío funcionó.
• Limitaciones de la investigación: el equipo analizó tejido cerebral de 185 donantes: personas que habían fallecido con enfermedad de Alzheimer, esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y dos tipos de degeneración lobar frontotemporal (DLFT): DLFT con proteinopatía TDP-43 (DLFT-TDP) y DLFT con proteinopatía tau (DLFT-Tau). Los donantes sin enfermedades cerebrales sirvieron como grupo de comparación.
Se propusieron puntuar 28 regiones cerebrales, pero tuvieron que excluir 21 del análisis porque la señal era demasiado tenue o las puntuaciones estaban demasiado agrupadas para trabajar con ellas, por lo que quedaron siete regiones para sustentar todos los resultados informados. Además, un donante quedó fuera del cálculo principal, lo que dejó un total de 184.
• Todos los grupos de enfermedades tenían más cuerpos amiláceos: los cuatro grupos de enfermedades presentaban más cuerpos amiláceos que el grupo de comparación, y el aumento se distribuía de forma bastante uniforme entre las regiones, en lugar de acumularse en un solo lugar. Una prueba estadística situó a todos los grupos de enfermedades por encima del grupo de comparación; otra prueba dejó al grupo de ELA justo por debajo del umbral establecido.
• La edad era una explicación alternativa, ya que los cuerpos amiláceos se acumulan con la edad y los grupos diferían mucho en la edad al morir: los donantes con Alzheimer tenían una edad promedio de 85 años, y los donantes con ELA, de 61 años. Por ello, los investigadores repitieron todas las pruebas manteniendo la edad constante.
La diferencia entre los grupos de enfermedades y el grupo de comparación se mantuvo en gran medida, aunque la comparación del grupo de Alzheimer se redujo hasta el punto de que ya no podían considerarla una diferencia clara. La propia edad seguía siendo importante en el modelo. Sobre esa base, descartaron la edad como única explicación compartida.
• El patrón seguía las vías de drenaje, no las enfermedades: los cuerpos amiláceos adicionales no se acumulaban donde cada enfermedad causa su propio daño. En los grupos de DLFT, el lóbulo frontal no mostró ningún aumento. En la ELA, los centros de la memoria no están afectados en las etapas incluidas aquí, pero aun así mostraron un aumento.
Lo que las regiones afectadas tenían en común era su ubicación: se encuentran alrededor de una vena profunda en el centro del cerebro y a lo largo de sus superficies internas, lugares que se han propuesto como partes de la principal vía de drenaje. Estas observaciones son importantes porque, si los cuerpos amiláceos se acumularan debido a cada enfermedad, deberían seguir el patrón de cada una. En cambio, siguieron el de los conductos de drenaje, lo que sugiere que la eliminación podría ser el problema que las enfermedades tienen en común.
• Los investigadores señalan con claridad que no pueden demostrarlo: no hay forma de saber cómo funcionaba el sistema de drenaje de ningún donante mientras estaba vivo, de modo que el vínculo sigue siendo hipotético y no un hallazgo explícito.
Los cuerpos amiláceos también podrían estar acumulándose en regiones de drenaje que el estudio nunca examinó, incluidos los nervios que transportan las señales olfativas y los propios centros del olfato, donde trabajos anteriores informaron que estos cuerpos están especialmente concentrados. En última instancia, su propia conclusión sigue siendo condicional: los hallazgos son compatibles con un sistema de drenaje que ha funcionado de manera deficiente durante mucho tiempo en estas enfermedades, y se necesitan más estudios.
Hábitos cotidianos que favorecen la energía celular mientras la ciencia avanza
Los estudios destacados que se comentan aquí no señalan ninguna intervención para el drenaje cerebral que usted pueda utilizar hoy. Lo que sí destacan es que la eliminación parece ser un proceso activo y dependiente de la energía que disminuye con la edad, y los hábitos cotidianos que favorecen la energía celular siguen siendo la base práctica en la que usted puede apoyarse. Ninguno de los estudios evaluó las medidas que se presentan a continuación, pero estas reflejan una estrategia más amplia para favorecer la energía celular.
1. Reduzca el ácido linoleico (AL) a unos 5 gramos al día: el AL, que es la grasa predominante en los aceites de semillas, se acumula en los tejidos a lo largo de los años y puede liberar metabolitos que podrían comprometer la función mitocondrial.
Para cocinar, sustituya los aceites de canola, soya, maíz, girasol y otros similares por sebo, ghee o mantequilla de animales alimentados con pastura, y examine con atención las etiquetas de los alimentos envasados, las salsas, los aderezos y las comidas de restaurantes, donde se ocultan estos aceites. Los frutos secos y las semillas también contienen AL, y es necesario moderar el aceite de oliva debido a su contenido de ácido oleico, que puede contribuir a la disfunción metabólica cuando se consume en exceso, de manera similar al AL.
2. Proporcione a su cerebro el combustible con el que funciona: la glucosa es el combustible celular preferido, y tan solo su cerebro requiere un mínimo de 125 gramos de carbohidratos al día. Para la mayoría de los adultos, unos 250 gramos diarios de carbohidratos seleccionados favorecen la producción de energía celular, con una cantidad mayor para las personas muy activas. Las frutas enteras y el arroz blanco son puntos de partida razonables.
Si aparecen gases, distensión abdominal, dolor o evacuaciones irregulares al añadir carbohidratos, eso suele indicar que primero es necesario prestar atención a la función intestinal. Por lo tanto, aumente la cantidad de forma gradual en lugar de pasar directamente a alimentos ricos en fibra, que pueden elevar la endotoxina en un intestino comprometido.
3. Salga al aire libre todos los días, idealmente alrededor del mediodía solar: la exposición prudente al sol sigue siendo la vía preferida para alcanzar niveles óptimos de vitamina D, que funciona como regulador epigenético y favorece la activación de la proteína cinasa activada por AMP (AMPK).
Si ha consumido aceites de semillas con regularidad, deje transcurrir entre cuatro y seis meses de consumo reducido antes de exponerse al sol intenso del mediodía, ya que los tejidos con un contenido elevado de AL aumentan la susceptibilidad a las quemaduras solares. Combine la luz solar con movimiento siempre que pueda: una hora de caminata al día permite hacer ambas cosas, y pasar más tiempo de pie es mejor que permanecer sentado durante períodos prolongados sin interrupción.
4. Considere el sueño como parte del programa de mantenimiento de su cerebro: el sueño se ha relacionado de forma constante con una mayor eliminación glinfática y linfática de desechos cerebrales, y la vía descrita en el artículo de la revista Cell forma parte de ese mismo sistema más amplio de eliminación.¹²
Establezca un horario de sueño constante, reciba luz por la mañana para ayudar a reajustar el reloj principal de su cuerpo y reduzca la exposición nocturna a campos electromagnéticos (CEM) en el dormitorio, ya que estas ondas invisibles pueden alterar el equilibrio iónico celular a través de los canales de calcio dependientes de voltaje.
5. Conozca sus valores en lugar de adivinarlos: unos cuantos análisis de laboratorio económicos pueden decirle más sobre su estado metabólico que cualquier lista de síntomas. Estos incluyen la insulina en ayunas y la evaluación del modelo homeostático de resistencia a la insulina (HOMA-IR); la 25(OH)D para evaluar el estado de la vitamina D, con un intervalo óptimo de 60 a 80 nanogramos por mililitro (ng/mL); la ferritina, con un objetivo de 60 a 75 ng/mL; y la HbA1c para evaluar los patrones de glucosa a más largo plazo.
Hable con su profesional de atención médica sobre si estas pruebas son apropiadas para usted. Luego, repetirlas unos meses después de hacer cambios en la alimentación y el estilo de vida le permitirá comprobar si los cambios están surtiendo efecto.
Preguntas frecuentes sobre el sistema de eliminación de desechos del cerebro
P: ¿Qué es exactamente un cuerpo amiláceo?
R: R: Es una esfera diminuta, de entre 2 y 50 micrómetros de diámetro, que el cerebro parece utilizar como recipiente sellado para los residuos celulares. Las células de sostén los forman, y lo que termina en su interior depende de lo que se haya engullido. El estudio de Acta Neurologica Communications contabilizó una mayor cantidad de estas estructuras en los cuatro grupos de enfermedades que en los donantes sin enfermedades cerebrales.
Lo que esto significa sigue sin resolverse: nadie puede saber cómo funcionaba el sistema de drenaje de un donante en vida, y hubo que excluir del análisis a 21 de las 28 regiones cerebrales, lo que dejó siete para sustentar el resultado.
P: ¿La disminución del sentido del olfato significa que mi cerebro no está drenando de forma adecuada?
R: Nada en esta investigación respalda esa idea. La confusión es comprensible: la vía de salida se encuentra directamente sobre los centros del olfato y, cuando los investigadores dañaron de forma deliberada los nervios olfativos de los ratones, el drenaje disminuyó de manera considerable. Pero se trata de un daño que provoca una reducción del drenaje en un experimento con ratones, no de una pérdida del olfato que indique un problema de drenaje en una persona, y ninguno de los estudios evaluó esa relación en ese sentido.
Aun así, vale la pena hablar con su profesional de atención médica sobre una pérdida persistente e inexplicable del olfato por otras razones.
P: ¿Cuál es la diferencia entre los dos sistemas de drenaje que se comentan en los estudios destacados?
R: Uno funciona dentro del tejido cerebral, mueve líquido a través de él y recoge residuos. El otro toma el relevo en las envolturas externas del cerebro y transporta ese líquido durante el resto del trayecto hasta los ganglios linfáticos del cuello. El artículo de la revista Cell trazó la transferencia entre ambos. El segundo estudio examinó solo el primero y nunca midió su flujo de forma directa.
P: ¿Se podría administrar a las personas el factor de crecimiento que funcionó en los ratones de edad avanzada?
R: No. El VEGF-C no era un suplemento, un medicamento ni un aerosol nasal: los investigadores introdujeron su gen dentro de un virus modificado y lo administraron en la nariz de los ratones. Solo existe en el laboratorio, nunca se ha probado en seres humanos y no está disponible en ningún lugar. No existe ningún tratamiento basado en esta vía para ninguna afección, y el trabajo sigue en fase preclínica.
El resultado en los ratones también fue más limitado de lo que parece. El drenaje se recuperó, pero nadie comprobó si disminuyeron el amiloide o la tau, ni si el cerebro de los animales funcionaba mejor.
P: ¿Puede el sueño ayudar al cerebro a eliminar desechos?
R: Otras investigaciones han relacionado de forma constante el sueño con una mejor eliminación de los desechos cerebrales, y la vía descrita en el artículo de la revista Cell forma parte de ese mismo sistema más amplio. Sin embargo, ninguno de los dos estudios aquí presentados examinó el sueño: ese vínculo procede de otros estudios publicados. Aun así, las medidas prácticas para favorecer la salud cerebral siguen siendo las mismas, en particular un horario de sueño constante y la luz matutina para ayudar a reajustar el reloj principal de su cuerpo.
P: ¿Existe alguna prueba que muestre qué tan bien está drenando mi cerebro?
R: Por el momento, no. No existe ninguna prueba clínica del drenaje cerebral como evaluación de rutina. Los investigadores han propuesto que los cuerpos amiláceos podrían servir algún día como marcador indirecto de problemas de eliminación a largo plazo, pero señalan que todavía falta evidencia directa que vincule estas estructuras con el drenaje.
Este artículo tiene fines informativos únicamente y no constituye asesoramiento médico. Consulte a un profesional de atención médica calificado antes de realizar cambios en su régimen de salud.