📝 HISTORIA EN BREVE

  • Un ensayo histórico en el que participaron más de 8,400 sobrevivientes de ataques cardíacos descubrió que los betabloqueadores no redujeron el riesgo de muerte, de sufrir otro ataque cardíaco ni de hospitalización por insuficiencia cardíaca en pacientes cuyos corazones mantenían una función de bombeo relativamente normal
  • Las tasas de mortalidad, los ataques cardíacos recurrentes y las hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca fueron casi idénticos entre los pacientes que tomaron betabloqueadores y aquellos que no los tomaron, lo que cuestiona una práctica de tratamiento que ha sido estándar durante casi 40 años
  • Un análisis de seguimiento descubrió que las mujeres que tomaban betabloqueadores enfrentaban un riesgo 45 % mayor de muerte, ataque cardíaco recurrente u hospitalización por insuficiencia cardíaca en comparación con las mujeres que no recibieron estos medicamentos, mientras que los hombres no mostraron ninguna diferencia significativa
  • Los efectos secundarios comunes de los betabloqueadores incluyen fatiga, manos y pies fríos, mareos, depresión, aumento de peso, disfunción sexual y presión arterial baja; los tipos no selectivos más antiguos, como el atenolol, también reducen la sensibilidad a la insulina, lo que aumenta el riesgo de diabetes tipo 2
  • La protección cardíaca a largo plazo podría depender de abordar los factores subyacentes de las enfermedades cardiovasculares mediante el apoyo a la producción de energía celular, la reducción del consumo de aceites de semillas, el apoyo a la salud metabólica, caminar todos los días, exponerse regularmente a la luz solar y monitorear la resistencia a la insulina con la prueba HOMA-IR

🩺 Por el Dr. Mercola

Durante casi 40 años, los betabloqueadores han sido una prescripción estándar después de un ataque cardíaco. En la actualidad, más del 80 % de los pacientes que sobreviven a un infarto de miocardio sin complicaciones salen del hospital con uno de estos medicamentos.¹ Un infarto de miocardio, mejor conocido como ataque cardíaco, ocurre cuando se bloquea el flujo sanguíneo hacia una parte del corazón, lo que provoca daño al músculo cardíaco. Los síntomas suelen incluir dolor o presión en el pecho, dificultad para respirar, náuseas, mareos y dolor que se extiende hacia el brazo, la mandíbula o la espalda.

Si no se trata, un ataque cardíaco provoca daño cardíaco permanente, insuficiencia cardíaca o la muerte. Pero ¿qué ocurriría si esa prescripción casi automática, emitida millones de veces al año, en realidad hiciera muy poco por muchas de las personas que la reciben?

Un importante estudio internacional publicado en The New England Journal of Medicine se propuso evaluar si los betabloqueadores todavía merecen ocupar su lugar ahora que los ataques cardíacos se tratan de manera muy diferente a como se trataban cuando comenzó esta práctica.² La respuesta está obligando a los cardiólogos a reconsiderar un hábito que lleva cuatro décadas aplicándose.

Aún más inquietante fue lo que surgió cuando los investigadores separaron a las mujeres de los hombres. Un medicamento que parecía simplemente innecesario para un grupo se comportó de manera muy diferente en el otro, una divergencia lo suficientemente marcada como para que los investigadores ahora insten a los médicos a abandonar la suposición de que la misma terapia beneficia a todas las personas por igual.

Un ensayo histórico cuestiona el uso rutinario de betabloqueadores

El estudio de The New England Journal of Medicine, conocido como ensayo REBOOT, incluyó a 8,505 pacientes de 109 hospitales de España e Italia que se recuperaron de un ataque cardíaco y conservaron una función cardíaca relativamente normal.³

Los participantes fueron asignados al azar para recibir tratamiento con betabloqueadores o ningún tratamiento con betabloqueadores, mientras que todos recibieron el tratamiento cardíaco estándar contemporáneo. Los betabloqueadores actúan bloqueando el efecto de la adrenalina sobre el corazón, lo que disminuye la frecuencia cardíaca y reduce la fuerza de cada latido, la misma acción que explica tanto su efecto previsto como muchos de sus efectos secundarios.

  • Los pacientes con función cardíaca preservada no experimentaron ninguna mejoría significativa — Los investigadores realizaron seguimiento a los participantes durante una mediana de 3.7 años y descubrieron que la tasa combinada de muerte, ataque cardíaco recurrente y hospitalización por insuficiencia cardíaca fue prácticamente idéntica entre los dos grupos: 22.5 eventos por cada 1,000 personas-año entre los usuarios de betabloqueadores frente a 21.7 eventos por cada 1,000 personas-año entre quienes no los utilizaban.
  • Los betabloqueadores no redujeron el riesgo de muerte — Durante el seguimiento, murieron 161 pacientes que tomaban betabloqueadores, en comparación con 153 pacientes que no recibieron estos medicamentos. Los investigadores no encontraron ninguna reducción significativa de la mortalidad, a pesar de la práctica de larga data de recetar betabloqueadores de forma rutinaria después de un ataque cardíaco.
  • Los medicamentos tampoco lograron prevenir ataques cardíacos adicionales — Los investigadores registraron 143 ataques cardíacos recurrentes en el grupo de betabloqueadores y 143 en el grupo que no recibió estos medicamentos. Estas cifras idénticas sugieren que el medicamento no proporcionó una protección medible contra futuros eventos cardíacos en esta población de pacientes.
  • Las hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca permanecieron prácticamente sin cambios — Los investigadores documentaron 39 hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca entre los usuarios de betabloqueadores y 44 entre quienes no los utilizaban, una diferencia que no fue estadísticamente significativa. En términos prácticos, los betabloqueadores no redujeron la probabilidad de regresar al hospital por insuficiencia cardíaca después de la recuperación.
  • Los avances en los tratamientos modernos parecen haber reducido la necesidad del uso rutinario de betabloqueadores — La mayoría de los participantes recibió atención adicional, incluidos procedimientos para restaurar el flujo sanguíneo, tratamiento con estatinas y medicamentos antiplaquetarios. Los hallazgos sugieren que un tratamiento que en algún momento se consideró indispensable después de un ataque cardíaco ya no aporta un beneficio adicional para muchos pacientes cuya función cardíaca permanece preservada después del tratamiento moderno.

Las mujeres experimentaron mayores riesgos en lugar de una mayor protección

Un subestudio del ensayo REBOOT publicado en European Heart Journal analizó con mayor detalle si las mujeres y los hombres respondían de manera diferente a los betabloqueadores después de un ataque cardíaco.⁴ Los investigadores analizaron datos de 8,438 participantes del ensayo REBOOT, incluidas 1,627 mujeres y 6,811 hombres, para determinar si los betabloqueadores afectan de manera diferente a mujeres y hombres después de un ataque cardíaco.

Los ensayos anteriores sobre betabloqueadores incluían muy pocas mujeres como para proporcionar respuestas claras, lo que convierte a este análisis en uno de los más completos realizados hasta la fecha en mujeres sobrevivientes de ataques cardíacos.

  • Las mujeres que tomaron betabloqueadores experimentaron resultados significativamente peores — Las mujeres asignadas al tratamiento con betabloqueadores experimentaron 30.4 eventos del resultado primario por cada 1,000 personas-año, en comparación con 21 eventos por cada 1,000 personas-año entre las mujeres que no recibieron estos medicamentos. En general, el uso de betabloqueadores se relacionó con un riesgo 45 % mayor de muerte, ataque cardíaco recurrente u hospitalización por insuficiencia cardíaca en las mujeres.
  • La diferencia en las tasas de mortalidad fue notable — Los investigadores registraron 46 muertes entre las mujeres que recibieron betabloqueadores, en comparación con 24 muertes entre las mujeres a quienes no se les recetaron. La tasa de mortalidad alcanzó 16.3 por cada 1,000 personas-año en el grupo de betabloqueadores frente a 8.6 por cada 1,000 personas-año en el grupo de control, lo que representa casi el doble del riesgo de mortalidad entre las mujeres que tomaban el medicamento.
  • El riesgo se hizo más evidente a medida que continuó el seguimiento — Los participantes fueron monitoreados a los tres, 15, 36 y 48 meses después de la inscripción. Con el tiempo, los investigadores observaron una separación cada vez mayor entre las mujeres que recibieron betabloqueadores y las que no, lo que demuestra que los efectos negativos no se limitaron al período inmediato de recuperación después de un ataque cardíaco.
  • Las dosis más altas y una mejor función cardíaca se relacionaron con los peores resultados — Los efectos perjudiciales fueron más evidentes entre las mujeres cuyos corazones conservaron una función de bombeo más fuerte después del ataque cardíaco y entre aquellas que recibieron dosis más altas de betabloqueadores. En lugar de proporcionar una mayor protección, las dosis más elevadas se relacionaron con peores resultados en estas mujeres.
  • Los hombres no experimentaron el mismo patrón, lo que destaca importantes diferencias biológicas — Los investigadores no encontraron diferencias significativas entre los grupos de tratamiento en los hombres. El estudio señala que las mujeres y los hombres procesan y responden a los medicamentos de manera diferente debido a diferencias en la farmacocinética y la farmacodinámica, términos que describen cómo los medicamentos se desplazan por el cuerpo y cómo responde el cuerpo a ellos.

Estos hallazgos respaldan un enfoque de tratamiento más individualizado en lugar de asumir que la misma terapia beneficia a todas las personas por igual.

Concéntrese en lo que podría apoyar la salud de su corazón

Los betabloqueadores no son medicamentos inofensivos. Disminuyen la frecuencia cardíaca y reducen la fuerza con la que bombea el corazón. Este efecto ayuda a muchas personas con insuficiencia cardíaca, pero también provoca una larga lista de efectos secundarios con los que muchos pacientes tienen dificultades todos los días. Los betabloqueadores suelen contraer las arterias periféricas, lo que reduce el flujo sanguíneo hacia las manos y los pies. Como resultado, muchos usuarios reportan manos y pies fríos, fatiga, mareos, aturdimiento y menor tolerancia al ejercicio.

Muchas personas también experimentan cambios de humor, depresión, problemas para dormir, náuseas, aumento de peso, disfunción sexual, dificultad para respirar, presión arterial baja y una frecuencia cardíaca excesivamente lenta. Algunos pacientes describen sentir que han perdido la energía y la motivación. Algunos betabloqueadores, en especial los tipos no selectivos más antiguos como el atenolol, también reducen la sensibilidad a la insulina, lo que se ha relacionado con un mayor riesgo de diabetes tipo 2.⁵

Si le han dicho que los betabloqueadores son la respuesta después de un ataque cardíaco, la investigación cuenta una historia diferente para muchos pacientes con función cardíaca preservada. Su protección a largo plazo podría depender de abordar los factores subyacentes que contribuyen al daño cardíaco en primer lugar.

Cuando sus mitocondrias —las diminutas estructuras productoras de energía que se encuentran dentro de cada célula— se vuelven disfuncionales, todo su sistema cardiovascular se ve afectado. El objetivo es ayudar a restaurar la producción de energía celular, apoyar la salud metabólica y fortalecer los sistemas que mantienen su corazón funcionando correctamente. Si actualmente toma un betabloqueador, no lo suspenda por su cuenta; primero hable con el profesional que se lo recetó.

1. Elimine el ácido linoleico (LA) de su alimentación — Los aceites de semillas como los de soya, maíz, canola, semilla de algodón, girasol y cártamo representan una de las mayores amenazas para la función mitocondrial. Se encuentran en todo el suministro de alimentos, incluidos chips, aderezos para ensaladas, salsas, alimentos fritos, comidas de restaurantes y muchos productos empacados. Estos aceites son la principal fuente de LA, una grasa poliinsaturada que se acumula en sus tejidos y contribuye a la disfunción mitocondrial.

Reemplace los aceites de semillas con grasas más estables, como sebo de animales alimentados con pastura, ghee o mantequilla. Mantenga su consumo de LA por debajo de 5 gramos al día. Si puede reducirlo por debajo de 2 gramos diarios, aún mejor.

Eliminar el exceso de LA podría ayudar a abordar uno de varios factores que contribuyen a las enfermedades cardiovasculares y al deterioro de la producción de energía celular. La plataforma de salud Pax incluye Food Buddy y Seed Oil Sleuth. Esta es una función especial diseñada para ayudar a identificar fuentes ocultas de LA en su alimentación, así como para calcular su consumo diario total.

2. Proporcione a sus células los carbohidratos adecuados — Su corazón necesita una enorme cantidad de energía todos los días. Esa energía se produce de manera más eficiente cuando sus células tienen acceso a una cantidad adecuada de glucosa. Si sigue una dieta baja en carbohidratos, sus mitocondrias suelen funcionar bajo un estrés innecesario.

Procure consumir aproximadamente 250 gramos de carbohidratos al día provenientes de frutas enteras, arroz blanco, vegetales de raíz y otras fuentes de carbohidratos que tolere bien. Si experimenta distensión abdominal, síntomas digestivos o disfunción intestinal, comience con alimentos más fáciles de digerir, como frutas y arroz blanco, antes de ampliar gradualmente sus opciones. Apoyar la producción de energía a nivel celular proporciona a su corazón el combustible que necesita para funcionar de manera eficiente.

3. Camine todos los días para apoyar su corazón — Las investigaciones sugieren que caminar es uno de los hábitos cardiovasculares más eficaces disponibles. Favorece una circulación saludable, la presión arterial, el suministro de oxígeno y la producción de energía mitocondrial. Cada paso podría apoyar la capacidad de su cuerpo para generar más trifosfato de adenosina (ATP), la moneda energética que impulsa cada célula.

Avance gradualmente hasta caminar una hora al día. Si esto le parece abrumador, comience con caminatas de 10 a 15 minutos después de las comidas. La constancia importa mucho más que la intensidad. Con el tiempo, el movimiento diario podría convertirse en una de las herramientas más valiosas para apoyar la resiliencia cardiovascular.

4. Utilice la luz solar para fortalecer la energía celular — La luz solar apoya la función mitocondrial. La exposición a la luz natural podría estimular la liberación de óxido nítrico, apoya su ritmo circadiano y favorece la producción de melatonina mitocondrial protectora dentro de sus células. Estos efectos podrían apoyar la producción de energía en todo el cuerpo, incluido su corazón.

Sin embargo, tenga en cuenta que si su cuerpo está cargado de LA procedente de aceites de semillas, su piel se quema más rápido. Hasta que haya eliminado el LA durante seis meses, evite las horas de mayor intensidad solar entre las 10 a. m. y las 4 p. m. En su lugar, procure exponerse a la luz temprano por la mañana o al final de la tarde, que sigue siendo muy beneficiosa.

5. Mida la resistencia a la insulina con la prueba HOMA-IR — La resistencia a la insulina se considera uno de los factores de riesgo más importantes para las enfermedades cardiovasculares. Mucho antes de que el azúcar en la sangre alcance niveles diabéticos, la resistencia a la insulina se ha relacionado con daños en los vasos sanguíneos, inflamación y deterioro de la producción de energía.

La prueba HOMA-IR (Evaluación del Modelo Homeostático de Resistencia a la Insulina) es una herramienta de diagnóstico ampliamente utilizada que puede ayudar a evaluar la resistencia a la insulina mediante un simple análisis de sangre, de manera que pueda detectar problemas de forma temprana y realizar los cambios necesarios en el estilo de vida.

Creada en 1985, calcula la relación entre sus niveles de glucosa e insulina en ayunas para evaluar qué tan eficazmente utiliza su cuerpo la insulina. A diferencia de otras pruebas más complejas, HOMA-IR requiere solo una muestra de sangre en ayunas, lo que la hace práctica y accesible. La fórmula de HOMA-IR es la siguiente:

HOMA-IR = (Glucosa en ayunas x Insulina en ayunas) / 405, donde

  • La glucosa en ayunas se mide en mg/dL.
  • La insulina en ayunas se mide en μIU/mL (microunidades internacionales por mililitro).
  • 405 es una constante que normaliza los valores.

Si utiliza mmol/L para la glucosa en lugar de mg/dL, la fórmula cambia ligeramente:

HOMA-IR = (Glucosa en ayunas x Insulina en ayunas) / 22.5, donde

  • La glucosa en ayunas se mide en mmol/L.
  • La insulina en ayunas se mide en μIU/mL.
  • 22.5 es el factor de normalización para esta unidad de medida.

Por lo general, cualquier valor inferior a 1.0 se considera una puntuación HOMA-IR saludable. Si está por encima de ese valor, se considera que usted tiene resistencia a la insulina. Cuanto más altos sean sus valores, mayor será su resistencia a la insulina. Por el contrario, cuanto menor sea su puntuación HOMA-IR, menor será su resistencia a la insulina, suponiendo que usted no tenga diabetes tipo 1 y no produzca insulina.

Curiosamente, mi puntuación personal de HOMA-IR se encuentra en un nivel bajo de 0.2. Atribuyo esto, en parte, a la eficiencia de mi cuerpo para quemar combustible, lo que podría reflejar una mayor disponibilidad de glucosa procedente de mi alimentación. Al incorporar carbohidratos adicionales a mi alimentación, mi objetivo fue proporcionar a mis células una mayor cantidad de energía fácilmente disponible. Mi experiencia personal sugiere que los ajustes estratégicos en la alimentación podrían apoyar una mejor sensibilidad a la insulina y el rendimiento metabólico, aunque los resultados individuales pueden variar.

Este artículo tiene únicamente fines informativos y no constituye asesoramiento médico. Consulte a un profesional de la salud calificado antes de realizar cambios en su régimen de salud.

Preguntas frecuentes sobre los riesgos para la salud de los betabloqueadores

P: ¿Los betabloqueadores siguen ayudando después de un ataque cardíaco?

R: Un gran estudio internacional descubrió que los betabloqueadores no redujeron el riesgo de muerte, ataque cardíaco recurrente u hospitalización por insuficiencia cardíaca en pacientes que se recuperaron de un ataque cardíaco con función cardíaca preservada. Los investigadores realizaron seguimiento a más de 8,400 pacientes durante casi cuatro años y encontraron resultados prácticamente idénticos entre quienes tomaron betabloqueadores y quienes no los tomaron.

P: ¿Por qué se recetaron betabloqueadores después de los ataques cardíacos durante tantos años?

R: Los betabloqueadores se convirtieron en el tratamiento estándar hace décadas, antes de que la atención moderna para los ataques cardíacos incluyera procedimientos rápidos para abrir las arterias, revascularización completa y medicamentos antiplaquetarios avanzados. Los investigadores creen que muchos de los beneficios observados en estudios anteriores han sido reemplazados por estos tratamientos más recientes.

P: ¿La investigación encontró alguna diferencia entre mujeres y hombres?

R: Sí. Un análisis de seguimiento del ensayo REBOOT descubrió que las mujeres que tomaban betabloqueadores experimentaron un riesgo 45 % mayor de muerte, ataque cardíaco recurrente u hospitalización por insuficiencia cardíaca en comparación con las mujeres que no recibieron estos medicamentos. Los hombres no experimentaron el mismo patrón, lo que sugiere que las mujeres y los hombres responden de manera diferente a estos medicamentos.

P: ¿Cuáles son algunos efectos secundarios comunes de los betabloqueadores?

R: Los efectos secundarios comunes incluyen fatiga, manos y pies fríos, mareos, presión arterial baja, depresión, cambios de humor, problemas para dormir, disfunción sexual, aumento de peso, dificultad para respirar y una frecuencia cardíaca lenta. Algunos betabloqueadores, en especial los tipos no selectivos más antiguos como el atenolol, también reducen la sensibilidad a la insulina, lo que se ha relacionado con un mayor riesgo de diabetes tipo 2 y puede empeorar los episodios de niveles bajos de azúcar en la sangre en las personas que utilizan insulina.

P: Si los betabloqueadores no son la respuesta, ¿en qué debería concentrarme en su lugar?

R: La investigación señala la importancia de abordar varios factores relacionados con las enfermedades cardiovasculares. Las estrategias clave incluyen eliminar los aceites de semillas ricos en LA, apoyar la sensibilidad a la insulina, consumir suficientes carbohidratos para favorecer la producción de energía celular, caminar todos los días, exponerse regularmente a la luz solar y monitorear la salud metabólica con herramientas como la prueba HOMA-IR.