📝HISTORIA EN BREVE
- Un estudio basado en el aprendizaje automático demuestra que la resistencia a la insulina se relaciona con un riesgo mayor de padecer al menos 12 tipos de cáncer, lo que convierte la disfunción metabólica en una señal de alerta temprana, en lugar de un problema en una etapa avanzada
- La resistencia a la insulina suele desarrollarse años antes de la diabetes, lo que significa que síntomas como la fatiga, el aumento de peso abdominal y la inestabilidad de los niveles de azúcar en la sangre reflejan cambios más profundos que influyen en el riesgo de padecer la enfermedad a largo plazo
- La salud metabólica predice el riesgo de cáncer con mayor precisión que el peso corporal por sí solo, lo que destaca la importancia de hacer un seguimiento de marcadores como el HOMA-IR en lugar de basarse solo en el peso
- Los niveles elevados de insulina y la inflamación crónica crean condiciones que favorecen el crecimiento celular anormal, lo que explica cómo la alteración del metabolismo energético contribuye al desarrollo del cáncer en varios órganos
- Eliminar los aceites de semillas, mantener un consumo constante de carbohidratos, restaurar la salud intestinal, reducir los factores de estrés ambiental y monitorear el HOMA-IR mejora la sensibilidad a la insulina y le brinda un control medible sobre su riesgo metabólico a largo plazo
🩺Por el Dr. Mercola
La resistencia a la insulina (una condición metabólica que se caracteriza por fatiga, aumento de peso abdominal, confusión mental y niveles inestables de azúcar en la sangre) es ahora el centro de las investigaciones sobre el cáncer. A diferencia del resultado de un análisis de sangre aislado, la resistencia a la insulina refleja cómo responden las células a la insulina a lo largo del tiempo.
Esto significa que la glucosa tiene dificultades para entrar en las células de manera efectiva. Las mitocondrias (las numerosas fuentes de energía que hay dentro de cada célula y que convierten los alimentos en energía utilizable) pierden su suministro constante de energía, y la producción de esta se vuelve irregular.
Desde una perspectiva clínica, la resistencia a la insulina suele desarrollarse años antes de que aparezca la diabetes, lo que explica por qué muchas personas padecen síntomas sin darse cuenta. Cuando se altera la señalización de la insulina, la inflamación crónica y los niveles elevados de insulina generan señales biológicas que favorecen el crecimiento celular anormal y perturban la reparación celular normal.
Ahora, un análisis a gran escala ha utilizado el aprendizaje automático para relacionar esta disfunción metabólica con la incidencia del cáncer, lo que demuestra qué tipos de cáncer se ven más afectados, por qué el peso corporal por sí solo no refleja el riesgo real y cómo la resistencia a la insulina funciona como una advertencia temprana en múltiples órganos.1
Un modelo de IA revela que la resistencia a la insulina es un indicador de riesgo de cáncer
En un estudio que se publicó en Nature Communications, los investigadores desarrollaron un modelo de aprendizaje automático que predice la resistencia a la insulina antes de que se desarrolle una enfermedad diagnosticable.2 En lugar de basarse en un único análisis de laboratorio, el modelo analizó datos de salud cotidianos, como la edad, la glucemia y los triglicéridos.
El modelo calculaba si la puntuación del Índice de Resistencia a la Insulina (HOMA-IR) de una persona superaba un nivel que indicara una resistencia significativa a la insulina. El HOMA-IR es una puntuación sencilla que se calcula a partir de los niveles de glucosa e insulina en la sangre en ayunas y que estima el grado de resistencia de las células a la insulina. El modelo se aplicó al Biobanco del Reino Unido, que recopila datos de salud a largo plazo de adultos de entre 40 y 69 años.3
De las 372 395 personas que no padecían cáncer al inicio del estudio, 51 193 fueron diagnosticadas durante el seguimiento. Las personas que presentaron resistencia a la insulina tuvieron una mayor incidencia de diabetes, problemas cardíacos y varios tipos de cáncer. Esto indica que el riesgo se acumula años antes del diagnóstico, lo que significa que la prevención aún es posible.
• Ciertos tipos de cáncer tuvieron una relación más estrecha con la resistencia a la insulina: los investigadores señalaron vínculos con 12 tipos de cáncer en total, y los mayores aumentos se observaron en el cáncer de útero (un riesgo alrededor de un 134 % mayor), el cáncer de riñón (un riesgo alrededor de un 56 % mayor) y el cáncer de esófago (un riesgo alrededor de un 46 % mayor).
El riesgo de cáncer de páncreas aumentó alrededor de un 29 %, el de cáncer de colon un 18 % y el de cáncer de mama un 13 %, todos ellos en personas identificadas como resistentes a la insulina. La resistencia a la insulina no se limitó a un solo órgano, sino que se manifestó en múltiples sistemas, lo que la convertía de un problema de azúcar en la sangre en una señal de alerta metabólica para todo el cuerpo.
• La salud metabólica fue más importante que el peso por sí solo: las personas con un peso corporal más elevado pero sin resistencia a la insulina no presentaron el mismo patrón de riesgo. En cambio, sí lo hicieron aquellas con resistencia a la insulina, incluso cuando el peso corporal parecía similar. Esto significa que su función metabólica (cómo gestiona el cuerpo la energía) proporciona información más significativa que el peso.
La relación entre la resistencia a la insulina y el cáncer se observó tanto en adultos jóvenes como en adultos mayores. El efecto también se destacó en personas con antecedentes de tabaquismo, sobre todo en exfumadores, en quienes la resistencia a la insulina aumentaba el riesgo. Las exposiciones pasadas y la salud metabólica actual interactúan, lo que explica por qué el riesgo varía de una persona a otra.
• La resistencia a la insulina mostró una evolución temprana de la enfermedad: a lo largo de varios años de seguimiento, las personas identificadas como resistentes a la insulina desarrollaron diabetes con mucha más frecuencia y registraron un mayor número de ingresos hospitalarios relacionados con enfermedades metabólicas. Un análisis demostró que las probabilidades de desarrollar diabetes durante el seguimiento fueron más de siete veces mayores. Esa evolución destaca algo importante, y es que la resistencia a la insulina aparece mucho antes de que se desarrolle una enfermedad grave, lo que ofrece señales cuantificables que permiten tomar medidas.
• Los niveles elevados de insulina funcionan como una señal de crecimiento en el cuerpo: después, los niveles elevados de insulina interactúan con las vías de crecimiento que controlan cómo se dividen y sobreviven las células. Cuando esa señal se mantiene elevada durante años, se crean las condiciones para que las células anormales obtengan una ventaja, lo que constituye uno de los primeros pasos en el desarrollo de un tumor.
En concreto, los niveles elevados de insulina activan la vía de señalización del IGF-1 (factor de crecimiento similar a la insulina), que indica a las células que crezcan y se dividan más rápido, y suprime las señales normales de “autodestrucción” que eliminan las células dañadas antes de que se vuelvan peligrosas.
• La inflamación crónica crea un entorno propicio para los tumores: la resistencia a la insulina suele ir acompañada de una inflamación. Este tipo de inflamación altera el entorno que rodea a las células, de modo que las células dañadas persisten más tiempo del que deberían. El estrés metabólico y el riesgo de cáncer van de la mano, ya que comparten el mismo entorno biológico.
• El aprendizaje automático crea un “biomarcador digital” práctico para la intervención temprana: los investigadores describieron el concepto de resistencia a la insulina derivada de la IA como un biomarcador digital, es decir, una puntuación única que combina múltiples señales metabólicas en un único indicador de riesgo.
En lugar de esperar a que aparezca la enfermedad, este enfoque permite un seguimiento más temprano y pruebas de detección más específicas. Esto convierte la resistencia a la insulina en algo visible y medible a lo largo del tiempo, lo que ofrece una forma más clara de hacer un seguimiento de la mejora en lugar de tener que hacer conjeturas sobre la salud metabólica.
Cómo eliminar los factores que provocan la resistencia a la insulina
Las investigaciones dejan claro el riesgo, pero también demuestran algo alentador: la resistencia a la insulina es medible y reversible. La resistencia a la insulina se desarrolla cuando las células tienen dificultades para absorber la glucosa y las mitocondrias (la parte de las células responsable de producir energía) pierden su fuente constante de energía. La prioridad es eliminar lo que bloquea la señalización de la insulina. Cuando se recupera la producción de energía celular, cambia toda la trayectoria de la enfermedad, incluyendo el riesgo de cáncer.
A medida que mejora la función metabólica, las células producen más ATP (adenosín trifosfato) (que es la fuente de energía que promueve casi todos los procesos celulares), las señales inflamatorias disminuyen y el ciclo de refuerzo entre la resistencia a la insulina y la disfunción mitocondrial comienza a revertirse. Los siguientes pasos abordan la causa subyacente.
1. Elimine las grasas dañinas que alteran la señalización de la insulina: los aceites vegetales (incluyendo los de soya, maíz y canola) contienen grandes cantidades de ácido linoleico (AL), que una grasa poliinsaturada que daña las mitocondrias. Con el tiempo, el exceso de AL altera el metabolismo y favorece la inflamación. Las fuentes más importantes que hay que eliminar en primer lugar son los aceites vegetales, los aderezos para ensaladas, la comida rápida y los bocadillos procesados, la mayoría de los cuales contienen cantidades elevadas de aceite de soya y canola.
Sustituya esos aceites por grasas estables y nutritivas, como la mantequilla de animales alimentados con pastura, el ghee o el sebo. Intente mantener el consumo diario de AL por debajo de los 5 gramos, aunque lo ideal es que sean 2 gramos. Cuando se publique mi aplicación Mercola Health Coach app la función Seed Oil Sleuth le ayudará a controlar esto con una precisión de una décima de gramo.
2. Consuma carbohidratos que su intestino tolere bien: la mayoría de los adultos necesitan unos 250 gramos de carbohidratos al día para mantener la energía celular, y una disponibilidad constante de glucosa reduce el estrés metabólico que provoca la resistencia a la insulina.
Sin embargo, si se siente inflamado, estreñido o con gases, pasar a consumir alimentos ricos en fibra alimenta a ciertas bacterias intestinales que liberan endotoxinas (fragmentos inflamatorios que se cuelan a través de un revestimiento intestinal debilitado hacia el torrente sanguíneo). Este aumento de la carga de endotoxinas provoca inflamación sistémica y empeora la señalización de la insulina. Los carbohidratos suaves, como la fruta entera y el arroz blanco, aportan glucosa sin sobrecargar la digestión.
3. Introduzca poco a poco carbohidratos beneficiosos para el microbioma una vez que la digestión se haya estabilizado, incorpore alimentos ricos en almidón resistente, como papas cocidas y enfriadas o plátanos verdes, y luego alimentos como cebollas, ajos y puerros, que alimentan a las bacterias productoras de butirato. Las grasas de cadena corta, como el butirato, ayudan a las células del colon a mantener un entorno sin oxígeno que favorece la sensibilidad a la insulina y la estabilidad metabólica.
4. Reduzca los factores de estrés ambiental que bloquean la recuperación metabólica: los plásticos liberan sustancias químicas que alteran el sistema hormonal e interfieren en la señalización metabólica, por lo que es recomendable almacenar los alimentos en recipientes de vidrio o acero inoxidable para reducir la exposición. Para reducir el estrés celular continuo, limite la exposición innecesaria a campos electromagnéticos (EMF, por sus siglas en inglés) al aumentar la distancia con respecto a los dispositivos y apagarlos cuando no se utilicen.
Mantenga el teléfono fuera de la habitación por la noche, utilice el modo altavoz para las llamadas, evite trabajar con su laptop sobre su cuerpo y apague el wifi de su casa por la noche. Cuando estas exposiciones disminuyen, las células recuperan la estabilidad necesaria para utilizar la glucosa de manera efectiva.
5. Haga ejercicio para eliminar la glucosa y reeducar la respuesta a la insulina: el ejercicio regular (sobre todo caminar y hacer entrenamiento de fuerza) estimula a las células musculares para que absorban la glucosa del torrente sanguíneo sin provocar aumentos bruscos de insulina. Esto reduce la necesidad de insulina y mejora la sensibilidad. El ejercicio constante aumenta la capacidad mitocondrial, lo que ayuda a romper el círculo vicioso en el que la resistencia a la insulina y la baja energía celular se refuerzan entre sí.
6. Realice un seguimiento del HOMA-IR, una prueba sencilla para detectar la resistencia a la insulina: es fundamental detectar la resistencia a la insulina a tiempo, ya que es una señal de alerta para su salud metabólica, que a menudo precede a la diabetes tipo 2. La prueba HOMA-IR es una herramienta de diagnóstico valiosa que ayuda a evaluar la resistencia a la insulina mediante un análisis de sangre sencillo, lo que le permite detectar problemas de forma temprana y realizar los cambios necesarios en su estilo de vida.
Esta prueba fue creada en 1985 y calcula la relación entre los niveles de glucosa e insulina en ayunas para evaluar la efectividad con la que el cuerpo utiliza la insulina. A diferencia de otras pruebas más complejas, el HOMA-IR solo requiere una muestra de sangre en ayunas, lo que la hace práctica y accesible. La fórmula del HOMA-IR es la siguiente:
HOMA-IR = (glucosa en ayunas × insulina en ayunas) / 405, donde
• La glucosa en ayunas se mide en mg/dl
• La insulina en ayunas se mide en μUI/ml (microunidades internacionales por mililitro)
• 405 es una constante que normaliza los valores
Si utiliza mmol/l para la glucosa en lugar de mg/dl, la fórmula cambia un poco:
HOMA-IR = (glucosa en ayunas × insulina en ayunas) / 22.5, donde
• La glucosa en ayunas se mide en mmol/l
• La insulina en ayunas se mide en μUI/ml
• 22.5 es el factor de normalización para esta unidad de medida
Cualquier valor por debajo de 1.0 se considera un índice HOMA-IR saludable. Si su valor es superior, se considera resistencia a la insulina. Cuanto más elevados sean sus valores, mayor será su resistencia a la insulina. Por el contrario, cuanto más bajo sea su índice HOMA-IR, menor será su resistencia a la insulina, siempre que no padezca diabetes tipo 1 y no produzca insulina.
Por interesante que parezca, mi puntuación HOMA-IR es de solo 0.2. Esta puntuación tan baja es una prueba de la mayor capacidad de mi cuerpo para quemar energía, lo que se debe a una mayor disponibilidad de glucosa. Incorporar carbohidratos adicionales a mi alimentación me ha permitido proporcionarles a mis células la energía necesaria para funcionar mejor.
Esta mejora en la función celular ha potenciado de forma significativa mi salud metabólica, lo que demuestra cómo unos ajustes estratégicos en la alimentación conducen a una mejor sensibilidad a la insulina y a un mejor rendimiento metabólico general.
Preguntas frecuentes sobre la resistencia a la insulina y el cáncer
P: ¿Qué es la resistencia a la insulina y por qué es importante en relación con el riesgo de cáncer?
R: La resistencia a la insulina se produce cuando las células dejan de responder bien a la insulina, lo que obliga al cuerpo a liberar más cantidad de esta. Con el tiempo, los niveles elevados de insulina y la inflamación crónica generan señales biológicas que favorecen el crecimiento celular anormal. Las investigaciones demuestran que la resistencia a la insulina se relaciona con una mayor incidencia de múltiples tipos de cáncer, lo que la convierte en una señal de alerta metabólica temprana.
P: ¿Qué tipos de cáncer están más relacionados con la resistencia a la insulina?
R: Se observaron las relaciones más fuertes con el cáncer de útero, de riñón y de esófago, y también se observó un riesgo elevado en el caso del cáncer de páncreas, de colon y de mama. Esto demuestra que la resistencia a la insulina afecta a todo el cuerpo y no solo a un sistema de órganos.
P: ¿Por qué es más importante la salud metabólica que el peso corporal por sí solo?
R: El peso corporal no explica por completo el riesgo. Las personas con mayor peso pero con una sensibilidad a la insulina saludable no presentaron el mismo patrón de riesgo, mientras que las personas con resistencia a la insulina sí. Esto significa que la forma en que el cuerpo maneja la energía proporciona una información más útil que el peso.
P: ¿Cómo contribuye la resistencia a la insulina al desarrollo de enfermedades con el paso del tiempo?
R: La resistencia a la insulina suele desarrollarse años antes de que aparezcan la diabetes y otras enfermedades crónicas. Durante ese tiempo, las mitocondrias reciben un aporte energético irregular, aumenta la inflamación y disminuye la capacidad de reparación celular. Este periodo prolongado ofrece la oportunidad de detectar y revertir la disfunción metabólica en una fase temprana.
P: ¿Qué medidas mejoran la sensibilidad a la insulina y reducen el riesgo a largo plazo?
R: Las estrategias principales incluyen eliminar los aceites de semillas y otras grasas dañadas, consumir carbohidratos que favorezcan una energía celular constante, restaurar poco a poco la salud intestinal, reducir los factores de estrés ambiental como los plásticos y los campos electromagnéticos, hacer ejercicio con regularidad para eliminar la glucosa y realizar un seguimiento del HOMA-IR para medir el progreso. Estas medidas mejoran la producción de energía mitocondrial y restablecen una señalización de la insulina saludable.