📝 HISTORIA EN BREVE

  • Una investigación de la Universidad de Columbia descubrió que el estrés psicológico altera una hormona metabólica clave, lo que demuestra que la tensión emocional tiene un impacto directo en la producción de energía y otros aspectos de la salud
  • Cuando las personas que tienen una buena salud mitocondrial están bajo estrés experimentan una reducción en los niveles de esta hormona, mientras que en personas con disfunción en sus mitocondrias sucede lo contrario, lo que demuestra que el estado de la energía celular determina la resiliencia al estrés
  • El estrés crónico estimula la producción de las hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina, lo que altera los niveles de azúcar, promueve el almacenamiento de grasa y daña las mitocondrias, que son las fuentes de energía de las células
  • Factores como el aislamiento social y la soledad se relacionaron con mayores niveles de hormonas del estrés, lo que sugiere que el bienestar emocional influye en el metabolismo físico
  • Restaurar el equilibrio en las mitocondrias a través de estrategias de estilo de vida como llevar una alimentación saludable, mantenerse en movimiento, dormir bien y establecer conexiones sociales ayuda a calmar la química del estrés, estimular la producción de energía y retrasar el envejecimiento biológico

🩺 Por el Dr. Mercola

El estrés no solo está en su cabeza, sino que tiene consecuencias que afectan todos los aspectos de su salud. Cada vez que experimenta ansiedad, estrés laboral o tensión emocional, se producen efectos negativos en todo el cuerpo, que incluyen cambios hormonales, menores niveles de energía e inflamación. Con el tiempo, estas reacciones invisibles producen un desgaste que afecta el proceso de envejecimiento, recuperación e incluso la capacidad de pensar.

Y, las mitocondrias (que son las pequeñas fuentes de energía de sus células) son las más afectadas. Cuando sus mitocondrias funcionan de forma correcta, se siente alerta, lleno de energía y fuerte, pero cuando fallan, todo comienza a desmoronarse. Se queda sin energía, las hormonas se salen de control,

y el estrés emocional comienza a tener consecuencias físicas. Por lo que, no "solo está en su cabeza", está en todas las células de su cuerpo. Hace poco, la Escuela de Salud Pública Mailman de la Universidad de Columbia realizó una investigación que descubrió la relación biológica entre el estrés psicológico y los sistemas de energía del cuerpo.1

Estos hallazgos se suman a toda la evidencia científica que demuestra que el estrés no solo es un evento mental u hormonal, sino un estado que afecta todos los aspectos de la salud, incluyendo la eficiencia con la que las células convierten los alimentos en energía. El estrés crónico afecta mucho más que su estado de ánimo. Comprender este proceso le dará las herramientas que necesita para proteger su energía, retrasar el envejecimiento biológico y fortalecer su resiliencia emocional.

El estrés afecta una hormona clave

Un estudio que se publicó en Nature Metabolism analizó el impacto del estrés psicológico agudo en los niveles del factor de crecimiento de fibroblastos 21, que es una hormona que regula el metabolismo y el equilibrio de la glucosa.2

Su objetivo fue determinar la forma en que el estrés afecta a esta hormona tanto en adultos sanos como en personas con problemas mitocondriales, que es cuando las células no producen suficiente energía. Este fue el primer estudio en demostrar que el estrés psicológico altera de forma directa esta hormona en los humanos, lo que establece una relación molecular entre la salud emocional y física.3

• Cuando se sometieron a estrés psicológico, los participantes sanos experimentaron una reducción del 20 %: cuando se expusieron a un estresor mental estandarizado, sin esfuerzo físico, los adultos sanos experimentaron una reducción marcada en sus niveles del factor de crecimiento de fibroblastos 21. Este efecto se produjo justo después de la prueba de esfuerzo, pero los niveles volvieron a la normalidad en 90 minutos.

• Las personas con una mala salud mitocondrial experimentaron la reacción opuesta: los participantes con trastornos mitocondriales experimentaron el efecto contrario, sus niveles incrementaron un 32 % después de la misma prueba de estrés y alcanzaron su punto máximo a los 90 minutos.

Este contraste demuestra que el comportamiento de esta hormona depende del estado de las mitocondrias, es decir, la capacidad de las células para convertir los nutrientes en energía. En personas con mala salud mitocondrial, el estrés incrementa la demanda de energía, lo que provoca que se libere una mayor cantidad de esta hormona como un modo de compensar la situación.

• La diferencia apunta a una vulnerabilidad al estrés que depende de la energía celular: según el autor principal del estudio, Mangesh Kurade, esta diferencia representa “un eje nuevo de vulnerabilidad” en el que el estrés psicológico interactúa con la eficiencia mitocondrial, lo que influye en el riesgo de enfermedad a largo plazo.4

Cuando las mitocondrias no funcionan de forma correcta, el estrés no solo empeora esa situación, sino que incrementa la tensión metabólica. Esto ayuda a explicar por qué el estrés crónico suele empeorar la fatiga, la inflamación y los problemas metabólicos.

• La hormona actúa como un traductor bioquímico entre la mente y las mitocondrias: la respuesta dual de esta hormona, que disminuye en personas sanas pero incrementa en personas con una mala salud mitocondrial, sugiere que se comunica entre los circuitos de estrés del cerebro y los sistemas de energía del cuerpo.

Bajo estrés, el cerebro libera hormonas como el cortisol y la adrenalina, que influyen en la forma en que las mitocondrias distribuyen el combustible. Al parecer, el factor de crecimiento de fibroblastos 21 interviene como mensajero, lo que garantiza que la energía llegue a donde más se necesita.

• Los patrones hormonales demuestran la biología medible del estrés: el autor principal, Dr. Martin Picard, afirma que esta hormona es como un "puente entre el cuerpo y la mente", lo que demuestra que las experiencias emocionales producen cambios moleculares.5

Esto demuestra que el cortisol, que por mucho tiempo, se consideró la hormona principal del estrés, no es la única hormona detrás de sus efectos dañinos. Al incluir esta hormona en la mezcla, la investigación presenta un panorama más completo de la forma en que la tensión psicológica crónica afecta el metabolismo y el proceso de envejecimiento.

La interacción social es otro factor clave

Luego, los investigadores analizaron los datos de UK Biobank para confirmar si estos cambios hormonales reflejaban otros factores de estilo de vida.6 Descubrieron que los factores sociales como la soledad, el aislamiento y las experiencias de negligencia emocional o pérdida de vínculos afectivos, también se relaciona con mayores niveles del factor de crecimiento de fibroblastos 21.

Mientras que, las personas con relaciones sólidas, interacciones sociales frecuentes y apoyo emocional tuvieron menores niveles. Esto indica que esta hormona no solo responde al estrés agudo sino que también a factores sociales y emocionales.

• El estrés crónico altera el equilibrio energético a nivel poblacional: los hallazgos del análisis de los datos de UK Biobank proporcionaron evidencia a escala poblacional de que los factores sociales, ya sean positivos o negativos, afectan el metabolismo a través del factor de crecimiento de fibroblastos 21.

Esto confirma la idea de que la salud emocional no es abstracta; sino un proceso fisiológico que afecta las hormonas, las mitocondrias y el riesgo de enfermedades a largo plazo. Mientras más estrechas sean sus conexiones sociales y emocionales, mejor funcionará su metabolismo energético.

• Esta hormona podría ayudar a identificar signos tempranos de estrés metabólico: debido a que sus niveles cambian de manera predecible bajo estrés emocional y metabólico, la hormona podría actuar como un biomarcador para que los médicos evalúen el impacto del estrés en los sistemas energéticos del cuerpo.

Los biomarcadores son indicadores medibles, como la presión arterial o el colesterol, que ayudan a detectar problemas antes de que aparezcan los síntomas. Por lo tanto, analizar los niveles de esta hormona podría ayudar a identificar a las personas con mayor riesgo de trastornos metabólicos o colapso energético.

• Las mitocondrias son fundamentales: las mitocondrias convierten nutrientes como la glucosa y la grasa en trifosfato de adenosina (ATP), que es la molécula que impulsa todos los procesos celulares.

Cuando las mitocondrias no funcionan de forma correcta, no pueden satisfacer estas demandas, lo que causa fatiga, altera el equilibrio hormonal y deteriora los mecanismos de reparación. Bajo estrés, las mitocondrias deben trabajar el doble, pero cuando falla la producción de energía, el cuerpo libera señales de estrés metabólico para compensar, lo que mantiene el ciclo de agotamiento e inflamación.

• Estos hallazgos podrían ayudar a crear nuevos enfoques de tratamiento: en el futuro, las intervenciones podrían usar esta hormona como una señal de retroalimentación para personalizar los planes de recuperación del estrés, medir el progreso o identificar de forma temprana el deterioro metabólico. Imagínese analizar la química de su estrés tal como lo hace con sus niveles de azúcar y poder detectar la causa exacta del problema para después abordarla.

Pues, eso es justo lo que pretende esta investigación: medicina del estrés guiada por la biología energética medible. El estudio establece que el factor de crecimiento de fibroblastos 21 es una hormona que responde al estrés y un reflejo del estado de las mitocondrias. Confirma que su forma de sentir, pensar y conectarse con los demás es un reflejo de su capacidad energética.

Estos hallazgos proporcionan una explicación biológica de por qué el estrés crónico drena la vitalidad y acelera el envejecimiento, y demuestran que la resiliencia energética depende de las mitocondrias.

La relación entre otras hormonas del estrés y la tensión metabólica

Esta conexión entre el estrés, las hormonas y los niveles de azúcar demuestra que el efecto de la tensión emocional no se limita a sus pensamientos, sino que también afecta su metabolismo. La misma respuesta al estrés que altera el equilibrio energético interfiere con el control de la glucosa, lo que activa el círculo vicioso de fatiga, problemas de peso y cambios hormonales. Para entender cómo sucede esto, debemos analizar las hormonas del estrés que impulsan estos cambios.

• Las hormonas del estrés evolucionaron para protegerlo, no para controlar su vida: su cuerpo produce hormonas como la norepinefrina y la epinefrina para mantenerlo alerta ante situaciones de peligro. Estas sustancias químicas aceleran el corazón, mejoran la concentración y preparan los músculos para la acción: un antiguo mecanismo de supervivencia que ayudaba a los humanos a enfrentar las amenazas.

Estas mismas hormonas, al igual que el mensajero metabólico que se describe en el estudio de Nature Metabolism, actúan a través de las mitocondrias, lo que cambia la forma en que las células crean y utilizan energía en respuesta al peligro percibido.

• Los estallidos cortos de estrés tienen una función importante, pero la activación crónica se vuelve contraproducente: ese mismo sistema de “lucha o huida” se vuelve dañino cuando se mantiene activo.

Una investigación que se publicó en Cell Metabolism descubrió que cuando el sistema nervioso simpático (la misma vía del estrés que libera noradrenalina) se mantiene activo, causa resistencia a la insulina y disfunción metabólica.7 En otras palabras, incluso si sus células todavía responden a la insulina, las señales de estrés constantes de su sistema nervioso alteran su metabolismo.

• Imagine su sistema de estrés como una alarma de seguridad que no se apaga: una alarma ayuda a protegerse de las amenazas, pero cuando no deja de sonar, su función ya no es la misma.

Lo mismo sucede dentro de su cuerpo: cuando las alarmas hormonales se mantienen activas, incrementan la presión arterial, sobrecargan su corazón e impiden que sus células utilicen la energía de manera eficiente. Mantener activa esta señal de “encendido" evita que sus mitocondrias entren en modo de reparación, lo que altera su función y provoca que no puedan satisfacer sus necesidades energéticas.

• Las adversidades cotidianas mantienen niveles elevados de hormonas del estrés: los plazos, las discusiones, la falta de sueño, la mala alimentación o incluso la sobrecarga digital aceleran este sistema. Con el tiempo, la combinación de tensión emocional y comer en exceso (sobre todo alimentos procesados) llena el cuerpo de sustancias químicas del estrés, lo que acelera la acumulación de grasa y altera la función normal de la insulina.

Los alimentos procesados, que incluyen los aceites vegetales, también deterioran las mitocondrias, lo que empeora el daño que se produce por mantener niveles elevados de hormonas del estrés.

• Las hormonas del estrés compiten con la insulina, lo que a su vez, incrementa los niveles de azúcar: cuando tiene niveles elevados de cortisol y noradrenalina, el hígado libera más glucosa y las células grasas vierten más ácidos grasos en la sangre. Esto impide que la insulina haga su trabajo, lo que incrementa los niveles de azúcar y provoca que se acumule más grasa. Este desequilibrio altera la función de las mitocondrias, por lo que, se produce menos energía y más desechos oxidativos: que es una de las características distintivas del estrés crónico.

Por esta razón, mantener el estrés bajo control ayudará a regular los niveles de azúcar y promover la producción de energía. Controlar la tensión emocional, dormir bien, comer alimentos enteros y nutritivos y pasar tiempo al aire libre son estrategias que ayudan a restaurar el sistema de alarma del cuerpo. Cuando se estabilizan las hormonas del estrés, las mitocondrias vuelven a funcionar de forma correcta, lo que restablece la producción saludable de energía, mantiene el equilibrio hormonal y mejora la resiliencia a largo plazo.

Aprenda a romper el ciclo del estrés y restaurar el equilibrio mitocondrial

Vivir en modo de “lucha o huida” no solo afecta su estado de ánimo, sino que también agota sus niveles de energía celular. El estrés crónico obliga a sus mitocondrias a trabajar a marchas forzadas mientras inunda su cuerpo con cortisol y adrenalina.

Con el tiempo, esto daña sus sistemas energéticos, debilita su estabilidad emocional y acelera el envejecimiento. Romper este ciclo de estrés significa restaurar sus mitocondrias para que vuelvan a producir energía de manera eficiente. Cuando abordamos el estrés como un problema mitocondrial (no solo emocional), pasamos de controlarlo a curarlo.

1. Alimentar sus mitocondrias con carbohidratos saludables para controlar el cortisol: cuando pasa mucho tiempo sin comer o restringe los carbohidratos, su cuerpo produce cortisol para obtener glucosa a partir del tejido muscular y cerebral, en un proceso que agota la energía y acelera el envejecimiento. Comer carbohidratos de alimentos enteros (como frutas, arroz blanco y vegetales de raíz) le da a sus mitocondrias el combustible que necesitan para funcionar de forma correcta.

Un estudio que se publicó en Nutrients descubrió que consumir suficientes carbohidratos saludables reduce el cortisol y mejora el estado de ánimo después de un episodio de estrés.8 Por esta razón el ayuno crónico o las dietas bajas en carbohidratos suelen causar más daños que beneficios, porque agotan las reservas mitocondriales y lo mantienen en un ciclo de estrés.

Los aceites vegetales también son una amenaza importante. Contienen una gran cantidad de ácido linoleico (AL), que es una grasa poliinsaturada que daña las mitocondrias. Deshágase de los aceites vegetales como el de soya, canola, cártamo y girasol, incluso si son orgánicos. Reemplácelos con grasas más saludables como ghee, sebo de res o mantequilla de animales alimentados con pastura.

2. Mantenerse en movimiento para recargarse de energía mitocondrial y liberar la tensión: el ejercicio estimula la biogénesis mitocondrial (el proceso para crear mitocondrias nuevas y saludables) e inunda su sistema con endorfinas que contrarrestan el cortisol. El movimiento regular no sólo mejora su estado de ánimo; también ayuda a sus células a producir más energía.

Caminar al aire libre, hacer entrenamiento de fuerza o realizar una actividad aeróbica suave ayuda a renovar sus mitocondrias. A medida que sus mitocondrias se recuperan, también mejora su capacidad para pensar con claridad, dormir bien y enfrentar el estrés.

3. Ayudar a su cerebro a cambiar de modo de “lucha o huida” a “descanso y reparación”: prácticas como llevar un diario de gratitud, reír a carcajadas, involucrarse en pasatiempos creativos y realizar técnicas como la visualización positiva redirigen la energía de la respuesta al estrés hacia la curación. Cuando enfoca sus pensamientos en aspectos como la seguridad, el placer y la creatividad, su cerebro envía señales positivas a las mitocondrias que promueven la calma y la estabilidad.

Las actividades creativas, como pintar, tocar un instrumento o escribir, activan las vías neuronales que mejoran el flujo de oxígeno y el metabolismo energético, lo que regula las hormonas que agotan la energía.

4. Utilizar la respiración y la relajación corporal para restaurar el equilibrio celular: la respiración nasal lenta incrementa los niveles de dióxido de carbono, lo que mejora el suministro de oxígeno a las células y ayuda a que las mitocondrias funcionen de forma correcta. Las técnicas como la relajación muscular progresiva, el entrenamiento autógeno o incluso el llanto consciente liberan la tensión emocional del cuerpo.

Estos métodos enseñan a su sistema a pasar de respuestas de estrés que agotan la energía a estados de reparación que la restauran. En pocas palabras, le enseña a sus mitocondrias cuándo es seguro recargarse.

5. Priorizar el sueño reparador, las conexiones sociales y el equilibrio hormonal: el sueño profundo es la etapa en la que las mitocondrias realizan sus tareas de mantenimiento: reparan el daño oxidativo y restauran el equilibrio celular. Mantenga sus tardes tranquilas, evite la luz azul antes de acostarse y expóngase a la luz del sol por la mañana para sincronizar su ritmo circadiano.

El afecto físico, como los abrazos, libera oxitocina, que reduce el cortisol y ayuda a que las células funcionen de forma correcta. También puede estimular la recuperación con progesterona natural, que contrarresta el impacto dañino del cortisol en los tejidos y promueve una producción de energía.

Las mitocondrias influyen en todos los aspectos de su salud, y por esa razón es fundamental mantenerlas en óptimas condiciones. La energía estable se traduce en equilibrio hormonal, pensamiento claro y resiliencia emocional. Cuando todo está bajo control, el estrés no será una amenaza importante.

Preguntas frecuentes sobre el estrés, las hormonas y la salud mitocondrial

P: ¿Cómo afecta el estrés la producción de energía de mi cuerpo?

R: El estrés envía señales que hacen que su cuerpo entre en modo de “lucha o huida”, lo que agota la energía celular. Esta reacción obliga a las mitocondrias a trabajar más duro. Con el tiempo, esta demanda daña las mitocondrias, lo que afecta su eficiencia y causa fatiga, desequilibrio hormonal e inflamación. Cuando las mitocondrias están sobrecargadas, el estrés se vuelve más que un problema emocional, ya que comienza a causar efectos biológicos que acaban con su vitalidad a nivel celular.

P: ¿Qué descubrió el estudio que se publicó en Nature Metabolism sobre el estrés y las hormonas?

R: El estudio reveló que el estrés psicológico influye en los niveles de una hormona metabólica que regula el equilibrio energético y el metabolismo de la glucosa.9 En personas sanas, el estrés a corto plazo redujo los niveles de esta hormona, mientras que en personas con disfunción mitocondrial, los incrementó.

Esta respuesta opuesta demuestra que el estrés afecta a las personas de manera diferente según su capacidad mitocondrial, es decir, qué tan bien sus células convierten los nutrientes en energía. Lo que establece una relación biológica entre la tensión emocional y el metabolismo físico.

P: ¿Cómo se relacionan las hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina, con las mitocondrias?

R: El cortisol, la adrenalina y la noradrenalina son las hormonas principales del estrés. Ayudan a responder al peligro a través de los niveles de azúcar y la frecuencia cardíaca. Pero, cuando mantiene niveles elevados de estas hormonas, las mitocondrias se sobrecargan, lo que impide que funcionen de forma correcta y eso afecta la producción de energía, causa estrés oxidativo y acelera el envejecimiento celular. Estabilizar estas hormonas ayuda a que las mitocondrias se recuperen, lo que mejora la producción de energía, el sueño y la claridad mental.

P: ¿Qué hábitos de estilo de vida ayudan a restaurar el equilibrio mitocondrial después del estrés crónico?

R: Algunas de las mejores estrategias incluyen:

• Consumir alimentos nutritivos que incluyan carbohidratos saludables como frutas, arroz blanco y vegetales de raíz para regular el cortisol y, al mismo tiempo, evitar los aceites vegetales que contienen una gran cantidad de AL.

•Mantenerse en movimiento para estimular la producción de mitocondrias nuevas y reducir los niveles de la hormona del estrés.

• Practicar técnicas de relajación como respiración lenta, atención plena o estiramientos suaves para activar su estado de “descanso y reparación”.

• Dormir bien y exponerse a la luz del sol todos los días para sincronizar sus sistemas energéticos.

• Establecer conexiones emocionales, los abrazos, la risa y la gratitud reducen el estrés y promueven la curación celular.

P: ¿Por qué es importante ver el estrés como un problema mitocondrial y no solo emocional?

R: Ver el estrés como un problema mitocondrial ayuda a entender por qué la tensión emocional causa síntomas físicos. Su capacidad para enfrentar el estrés depende de la eficiencia con la que sus células producen energía. Cuando sus mitocondrias funcionan de forma correcta, su mente se siente más tranquila, su cuerpo se recupera más rápido y sus hormonas se mantienen en equilibrio. Abordar el estrés a nivel celular, lo transforma de un problema que se puede controlar a uno que se puede curar, lo que su vez, mejorará la resiliencia, la producción de energía y la salud a largo plazo.