📝HISTORIA EN BREVE

  • Las bacterias desarrollan resistencia a los antibióticos mediante múltiples mecanismos, entre ellos la resistencia intrínseca, las mutaciones genéticas y la transferencia de ADN entre bacterias, y las cepas resistentes persisten en el intestino durante aproximadamente un año
  • Incluso el uso breve de antibióticos altera de manera permanente la diversidad del microbioma intestinal, ya que las bacterias resistentes se multiplican y las cepas beneficiosas se eliminan, lo que genera disbiosis intestinal a largo plazo
  • El consumo general de antibióticos de un país repercute directamente en la salud intestinal de cada persona. Las personas de países con un alto consumo de antibióticos portan más genes de resistencia a estos medicamentos, incluso sin tomarlos
  • Los antibióticos afectan a las cepas clave y también reducen la diversidad intestinal general
  • Proteger la salud intestinal implica evitar los antibióticos, consumir a diario alimentos ricos en probióticos, reducir el consumo de ácido linoleico (AL), favorecer las bacterias clave y considerar alternativas antimicrobianas naturales

Por el Dr. Mercola

El abuso de antibióticos es un problema de salud pública generalizado en todo el mundo. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), cada año se diagnostican 2.8 millones de casos de infecciones resistentes a los antibióticos y 35,000 personas mueren por esta causa.¹ Pero ¿cómo evaden las bacterias a los antibióticos exactamente? Resulta que las bacterias son microorganismos resistentes que se adaptan a los antibióticos de distintas maneras:²

  • Resistencia intrínseca: un cambio en la estructura o en los componentes a través de la evolución acaba por generar resistencia.
  • Resistencia adquirida: las bacterias comienzan a resistir a los antibióticos mediante mutaciones genéticas al “tomar prestado” ADN de bacterias que ya son resistentes.
  • Cambio genético: las bacterias pueden cambiar la producción de proteínas, lo que genera componentes que los antibióticos no pueden reconocer y, en última instancia, eliminar.
  • Transferencia de ADN: se produce una comunicación entre distintas bacterias que les permite compartir ADN resistente mediante la transferencia de genes.

Dicho esto, tomar antibióticos es una de las peores cosas que puede hacer por su salud. Según las investigaciones, incluso usarlos durante un periodo breve ya genera cambios duraderos en su microbioma intestinal, lo que dificulta la recuperación.

El uso breve de antibióticos desencadena una resistencia duradera en su intestino

En un estudio publicado en la revista Nature, los investigadores se propusieron determinar si el uso de antibióticos a corto plazo modifica las bacterias intestinales, específicamente al generar cepas resistentes a los antibióticos, y si estos cambios tienen efectos duraderos.³

• Los antibióticos generan cepas resistentes de inmediato: el estudio incluyó a 60 participantes adultos sanos que recibieron 500 miligramos de ciprofloxacino, un antibiótico que se receta ampliamente, dos veces al día durante cinco días. Tras analizar muestras de heces durante un periodo de 20 semanas, los investigadores hicieron un descubrimiento alarmante: en tan solo unos días, las bacterias que antes eran susceptibles evolucionaron hasta convertirse en cepas resistentes capaces de sobrevivir al tratamiento con antibióticos.

Alrededor del 10 % de las poblaciones de bacterias intestinales desarrollaron resistencia con rapidez mediante una mutación en un gen conocido como gyrA. Esta mutación alteró específicamente una enzima, la ADN girasa, lo que hizo que el ciprofloxacino dejara de ser eficaz contra estas bacterias.

• El impacto de gyrA: según el estudio, de los 2.3 millones de variantes genéticas identificadas al reconstruir 5665 genomas, 513 experimentaron barridos selectivos en el gen gyrA. Además, un informe del portal Medical Xpress sobre el estudio destacado señaló lo siguiente:

“Una vez establecidos, los barridos selectivos de gyrA persistieron más de 10 semanas y se predijo que seguirían siendo detectables hasta un año. Se produjeron otras mutaciones asociadas con la resistencia en otros genes, aunque estos acontecimientos fueron menos comunes y aparecieron en menos especies”.⁴

• Las bacterias resistentes presentan anomalías distintivas: por lo general, las bacterias que desarrollan resistencia sufren cierta pérdida de aptitud biológica, es decir, de su capacidad para adaptarse y sobrevivir.⁵

Sin embargo, la mutación de gyrA observada en el estudio destacado prácticamente no tuvo ningún efecto negativo en la función bacteriana. En otras palabras, estas bacterias resistentes no pagaron un “precio” biológico por la resistencia, lo que hace sumamente probable su persistencia a largo plazo.

• Las bacterias resistentes a los medicamentos se multiplican con rapidez y facilidad: el equipo observó que, durante el experimento, múltiples especies bacterianas no relacionadas desarrollaron de manera independiente la misma mutación de gyrA. Esto indica que las bacterias se adaptan con rapidez y se protegen de los antibióticos.

La naturaleza duradera de esta resistencia fue igual de preocupante. Incluso 10 semanas después de finalizar el tratamiento con antibióticos, las bacterias resistentes seguían predominando en el intestino de los participantes. Mediante modelos predictivos, los investigadores proyectaron que estas cepas persistirían durante aproximadamente un año sin ninguna exposición adicional a los antibióticos.

• Las cepas beneficiosas son desplazadas: los investigadores señalaron un factor importante que influye en el desarrollo de resistencia: la población de bacterias en su intestino. Las cepas que al principio tenían poblaciones más grandes experimentaron reducciones más drásticas durante el tratamiento con antibióticos, seguidas de un aumento rápido de las cepas resistentes.

• Los rasgos bacterianos que generan resistencia permanecen en su intestino: usted todavía no está fuera de peligro incluso después de dejar de tomar antibióticos y de que el microbioma se haya estabilizado. Según los investigadores, los antibióticos han alterado de manera permanente las bacterias que viven en su intestino, lo que hace que las nuevas bacterias que entran en su cuerpo también adquieran resistencia:

“Por lo tanto, las poblaciones comensales pueden actuar como reservorios de rasgos de resistencia que podrían transferirse a bacterias patógenas mediante la transferencia horizontal de genes, más allá de la interacción con los antibióticos”.⁶

La conclusión principal es que incluso el uso de antibióticos a corto plazo crea las condiciones para que las bacterias resistentes persistan y causen disbiosis intestinal a largo plazo. Con esto en mente, queda claro que evitar los antibióticos a menos que sean necesarios es esencial para preservar su microbioma intestinal y reducir su riesgo de infecciones bacterianas resistentes a los antibióticos.

El uso de antibióticos en su país repercute en su salud intestinal personal

En un estudio similar publicado en la revista Nature Communications, los investigadores revelaron cómo el uso de antibióticos, esta vez desde una perspectiva nacional, moldea el microbioma intestinal humano. Analizaron muestras de 3096 participantes de 10 países que no tomaban antibióticos en ese momento y examinaron específicamente los genes de resistencia a los antibióticos (ARG, por sus siglas en inglés), que son marcadores que indican que las bacterias pueden resistir estos medicamentos.⁷

Los investigadores agruparon estos microbiomas intestinales en dos patrones distintos, también conocidos como “resistotipos”, según la cantidad y el tipo de ARG que contenían. El primer resistotipo incluía microbiomas intestinales con menos genes de resistencia, mientras que el segundo se caracterizaba por niveles significativamente más altos de estos genes.

• Los países con mayores tasas de venta de antibióticos tenían microbiomas intestinales más resistentes: los investigadores informaron que las personas de países donde las ventas de antibióticos eran elevadas, como España, Italia y Grecia, mostraban niveles notablemente más altos de ARG en sus microbiomas intestinales en comparación con las personas de países con menores ventas de antibióticos, como los Países Bajos y Dinamarca.

• Los genes de resistencia son persistentes: incluso si el uso de antibióticos disminuyera de forma repentina, los ARG podrían permanecer durante años o incluso décadas en una población. Esto se debe a que estos genes se integran profundamente en las bacterias comensales residentes, los microbios beneficiosos que normalmente se encuentran en su intestino.

¿El resultado? Los países que históricamente tuvieron un alto consumo de antibióticos mantienen niveles elevados de resistencia mucho después de que cambian los patrones de uso, lo que expone a generaciones de personas a un mayor riesgo de infecciones resistentes a los antibióticos.

• Los viajes internacionales influyen en la resistencia a los antibióticos: cuando los viajeros de países con baja resistencia visitaban países con alta resistencia, sus microbiomas intestinales se adaptaban con rapidez y adquirían nuevos ARG de las poblaciones bacterianas locales. Una vez de regreso a casa, estas bacterias seguían prosperando y propagándose, lo que generaba focos localizados de resistencia incluso en regiones que antes no estaban afectadas.

• El uso de antibióticos crea condiciones ideales para propagar la resistencia: aunque los antibióticos están destinados a eliminar las bacterias dañinas, también crean un entorno que favorece a las cepas resistentes. Con menos competidores, las bacterias resistentes comienzan a predominar y se establecen firmemente en su microbioma intestinal. “El uso de antibióticos impondrá una presión selectiva, no solo sobre los patógenos objetivo, sino sobre todo el microbioma”, afirmaron los investigadores.⁸

• Las personas que no toman antibióticos tienen microbiomas intestinales más diversos: como era de esperar, los investigadores señalaron que los antibióticos afectan de forma significativa la diversidad del microbioma intestinal:

“Al centrarnos en el microbioma intestinal, observamos dos fenómenos distintos. El primero, observado en personas sanas que no tomaban antibióticos en ese momento, fue una diferencia considerable entre países tanto en la mediana de la abundancia total de ARG (cinco veces) como en su riqueza (cuatro veces)”.⁹

En última instancia, este estudio muestra cómo las políticas nacionales afectan a la salud pública. Al abogar por directrices responsables sobre el uso de antibióticos y evitar, por su parte, las recetas innecesarias, el riesgo de desarrollar cepas resistentes será menor, tanto para usted como para la población.

El consumo de antibióticos durante la infancia altera su salud intestinal

Un estudio publicado en la revista Microbiome investigó cómo el uso de antibióticos en las primeras etapas de la vida afecta a las bacterias intestinales a largo plazo. En concreto, investigadores de China se propusieron comprender exactamente cómo los antibióticos administrados durante la infancia podrían alterar de manera permanente las redes microbianas intestinales e influir en la salud general y el metabolismo hasta la edad adulta.¹⁰

El estudio utilizó un modelo animal, lo que proporcionó un marco claro para observar los efectos a largo plazo. Los sujetos de prueba recibieron ceftriaxona, un antibiótico que se receta con frecuencia a los niños, durante ocho días consecutivos cuando tenían cuatro semanas de edad. Luego, los investigadores vigilaron de cerca sus bacterias intestinales y su metabolismo durante 14 meses, un periodo que equivale al inicio de la edad adulta en los seres humanos.

• Incluso un ciclo corto de antibióticos en las primeras etapas de la vida redujo de manera significativa la diversidad bacteriana: además, esa diversidad nunca se recuperó por completo. En términos más sencillos, su microbioma intestinal perdió de forma permanente muchas especies bacterianas importantes, por lo que se volvió menos robusto y menos eficaz para favorecer una digestión saludable y la función inmunológica.

• Se produjeron alteraciones considerables en la estructura de la comunidad microbiana: la red microbiana, que consiste en las interacciones complejas entre distintas especies bacterianas, se simplificó en gran medida después de la exposición a los antibióticos.

Por lo general, un intestino sano tiene muchas bacterias diversas que interactúan como una red densa y estable. Sin embargo, después de los antibióticos, los investigadores encontraron menos conexiones entre las especies bacterianas, lo que significa que la comunidad microbiana se volvió fragmentada y frágil. Esto hizo que el microbioma fuera más vulnerable a futuras alteraciones.

• La administración temprana afecta de manera significativa la salud intestinal durante la edad adulta: aunque los antibióticos solo se administraron brevemente al principio de la vida, el daño persistió durante al menos 14 meses, lo que representa prácticamente toda una vida para los sujetos de prueba. En otras palabras, la investigación implica que tomar antibióticos durante la infancia afectará la salud intestinal con el paso del tiempo.

• Las cepas clave se ven afectadas: el estudio destacó cómo el tratamiento temprano con antibióticos elimina específicamente las bacterias “clave”. Este término se refiere a “taxones con un gran impacto en la estructura y el funcionamiento de los ecosistemas”. En este caso, las bacterias clave son las que ayudan a mantener el equilibrio y la estabilidad dentro de la comunidad microbiana. Cuando los antibióticos eliminaron estos elementos cruciales, todo el ecosistema bacteriano se desintegró y nunca se reparó por completo:

“El número de especies clave del grupo que recibió antibióticos entre el 1.er y el 7.º mes fue claramente menor que el del grupo de control, lo que indica que el uso de antibióticos redujo de forma evidente el número de especies clave en las redes ecológicas microbianas intestinales (MEN). El número de especies clave en los meses 8.º, 9.º, 10.º y 12.º fue similar entre los dos grupos. Pero aparecieron fluctuaciones evidentes en los meses 11.º, 13.º y 14.º”.¹¹

Cómo proteger su intestino de la resistencia a los antibióticos

Si ha tomado antibióticos antes, o si vive en una zona donde su uso está muy extendido, proteger sus bacterias intestinales es su máxima prioridad. Como he escrito antes, su salud intestinal influye en todo, desde su función inmunológica hasta su energía e incluso su salud mental. El enfoque clave consiste en evitar que la resistencia a los antibióticos se instale en su vida. Para ello, estas son mis recomendaciones:

  1. Evite los antibióticos innecesarios: los antibióticos deberían ser su último recurso, no su primera opción. Si tiene infecciones leves, por lo general su cuerpo las resuelve de manera natural. No se deje convencer por el consejo de que siempre los necesita para los resfriados o las infecciones leves, porque, como han señalado los estudios, incluso el uso de antibióticos a corto plazo aumenta drásticamente la resistencia y altera su ecosistema intestinal.
  2. Consuma alimentos ricos en probióticos con regularidad: incorpore todos los días a su alimentación alimentos fermentados caseros como chucrut, kimchi, yogur y kéfir, preparados con métodos tradicionales e ingredientes limpios y orgánicos. Los probióticos presentes en estos alimentos ayudan a reconstruir y mantener un microbioma diverso y saludable, lo que fortalece su salud general.
  3. Reduzca al mínimo su consumo de ácido linoleico (AL): el AL, que se encuentra principalmente en los aceites vegetales, los frutos secos y los alimentos ultraprocesados, daña el revestimiento intestinal y promueve la inflamación, lo que debilita aún más su salud intestinal. Sustituya todos los productos que contengan esta grasa tóxica por alternativas más saludables, como sebo, mantequilla de animales alimentados con pastura, aceite de coco o ghee. Este único cambio por sí solo ya mejorará de forma drástica la capacidad de recuperación de su intestino.
  4. Favorezca las bacterias intestinales clave: las especies clave son la columna vertebral de su microbioma intestinal. Proteja y nutra estas bacterias esenciales, en particular Akkermansia, mediante el consumo regular de alimentos ricos en fibra, como manzanas con cáscara, cebollas y espárragos. Estos alimentos actúan como prebióticos que alimentan directamente a las bacterias intestinales beneficiosas, lo que garantiza que su microbioma se mantenga equilibrado y resistente. No olvide consumir también alimentos fermentados para cubrir todos los aspectos.
  5. Considere los antibióticos naturales: en lugar de combatir las bacterias dañinas con medicamentos antibióticos, recomiendo probar opciones naturales. Muchos de los alimentos que consume tienen propiedades antimicrobianas que incluso eliminan las bacterias resistentes a los medicamentos. Algunos ejemplos son la miel medicinal, el ajo, el jengibre y el aceite esencial de tomillo.

Preguntas frecuentes sobre el uso de antibióticos y la resistencia

P: ¿Cómo se vuelven resistentes las bacterias a los antibióticos?

R: Las bacterias desarrollan resistencia a los antibióticos mediante varias estrategias biológicas sofisticadas: resistencia intrínseca, resistencia adquirida, cambios genéticos y transferencia de genes. Cada uno de estos métodos es diferente, pero el resultado final es el mismo: un microbioma intestinal comprometido.

P: ¿Puede el uso de antibióticos a corto plazo causar efectos duraderos en el intestino?

R: Sí. Las investigaciones han demostrado que el uso de antibióticos a corto plazo tendrá efectos significativos y duraderos en el microbioma intestinal. Tomar ciprofloxacino durante solo cinco días fue suficiente para que las bacterias del intestino desarrollaran resistencia. En cuestión de días, las bacterias que antes eran vulnerables evolucionaron hasta convertirse en cepas capaces de sobrevivir al antibiótico. Estas cepas resistentes siguieron siendo prevalentes en el intestino durante al menos diez semanas después del tratamiento y se proyectó que persistirían hasta un año.

P: ¿Cómo afecta el uso nacional de antibióticos a la salud intestinal individual?

R: El nivel de uso de antibióticos en cada país repercute directamente en la salud intestinal de su población. Las personas de países con un alto consumo de antibióticos, como España, Italia y Grecia, tienden a portar más genes de resistencia a los antibióticos en sus microbiomas intestinales, incluso si no han tomado estos medicamentos recientemente.

Esta presencia generalizada de genes de resistencia se debe a la exposición ambiental, que afecta a todas las personas que viven en estas zonas. Además, quienes viajan de países con un bajo uso de antibióticos a países con un alto consumo suelen adquirir bacterias resistentes durante su estancia.

P: ¿Cuáles son las consecuencias a largo plazo del uso de antibióticos en la infancia?

R: El uso de antibióticos durante la infancia puede causar daños permanentes a la salud intestinal. Las investigaciones encontraron que un ciclo corto de antibióticos reducía de forma significativa la diversidad de las bacterias intestinales y que esta diversidad nunca se recuperaba por completo, incluso después de un periodo prolongado. La estructura de la red microbiana se fragmentó, lo que hizo que el microbioma intestinal fuera más vulnerable a futuras alteraciones.

P: ¿Qué puedo hacer para proteger mi salud intestinal de la resistencia a los antibióticos?

R: Proteger su intestino de los efectos dañinos de la resistencia a los antibióticos comienza por evitarlos a menos que sean necesarios. Incorporar alimentos ricos en probióticos, como yogur, kimchi y kéfir, a su alimentación diaria ayuda a mantener un equilibrio saludable de bacterias beneficiosas.

También debe reducir su consumo de ácido linoleico, que se encuentra en los aceites vegetales y en muchos alimentos ultraprocesados, ya que daña el revestimiento intestinal y promueve la inflamación. Además, el uso de antimicrobianos naturales, como el ajo, la miel medicinal y el jengibre, puede ofrecer alternativas eficaces a los antibióticos sintéticos en muchos casos, lo que reduce su dependencia de los fármacos y ayuda a preservar las defensas naturales de su intestino.