📝HISTORIA EN BREVE

  • El tejido adiposo hace más que almacenar el exceso de calorías, actúa como una barrera de protección que absorbe las grasas inestables para que no circulen por los órganos y dañen el metabolismo
  • Una investigación sobre un trastorno poco común de pérdida de grasa demuestra que, cuando el cuerpo pierde células grasas funcionales, se producen efectos negativos, que incluyen un desequilibrio en los niveles de azúcar, así como mayores niveles de triglicéridos y ácidos grasos dañinos, todo esto a pesar de tener menos grasa corporal
  • Bajar rápido de peso a través de dietas extremas, ayuno prolongado o ejercicio extenuante, acelera la descomposición de la grasa a un ritmo que el cuerpo no puede controlar, lo que provoca que el torrente sanguíneo se llene de grasa y eso incrementa el riesgo de diabetes, enfermedad del hígado graso y estrés en los órganos
  • La pérdida gradual de grasa a través de una alimentación saludable que evite los aceites de semillas y una rutina para desarrollar músculo sin excederse al momento de hacer ejercicio, permite que el cuerpo reponga poco a poco las grasas almacenadas, protege el metabolismo y mejora la composición corporal

🩺Por el Dr. Mercola

En la actualidad, nos bombardean con consejos para bajar de peso, pero existe una paradoja biológica que la mayoría de estos enfoques de moda ignora. Muchas personas creen que la grasa corporal es algo que debe eliminarse, pero el tejido adiposo en realidad funciona como un sistema de protección metabólica, eso significa que perderlo demasiado rápido puede ser contraproducente. Una investigación que se publicó en The Journal of Clinical Investigation demuestra que cuando se rompe ese sistema de protección, ya sea por una enfermedad, dietas o ejercicio extremos, las consecuencias metabólicas pueden ser tan dañinas como la obesidad en sí.1

Este hallazgo pone en duda la creencia de que reducir la grasa corporal, lo más rápido posible, siempre tendrá un impacto positivo en la salud. La base biológica de esta afirmación es contraintuitiva. Las células grasas no se limitan a acumular energía de forma pasiva; regulan lo que entra en el torrente sanguíneo y lo que se almacena.

Por lo que, cuando dejan de funcionar de forma correcta, el cuerpo pierde una reserva que necesita para mantenerse en óptimas condiciones. Las consecuencias no se manifiestan en un solo órgano o en un solo valor de laboratorio, sino en casi todos los sistemas metabólicos; un patrón que los investigadores han documentado tanto en enfermedades genéticas raras como en personas sanas que pierden grasa demasiado rápido.

Estos hallazgos plantean una pregunta incómoda sobre la cultura moderna de la pérdida de peso. Si eliminar demasiado rápido las reservas de grasa corporal provoca todo lo contrario a lo que buscan las personas al hacerlo, entonces muchas estrategias populares de dieta y ejercicio causan más daños que beneficios. Según la investigación, este mecanismo ayuda a observar con mayor detalle qué sucede cuando comienza a fallar este sistema de protección.

Las células grasas tienen una función fundamental

Para el estudio que se publicó en The Journal of Clinical Investigation, los investigadores analizaron un trastorno genético poco común que se llama lipodistrofia parcial familiar tipo 2 (FPLD2), en el que el tejido graso desaparece poco a poco de ciertas áreas del cuerpo mientras se acumula en otras.2 Los investigadores examinaron ocho familias con antecedentes de este trastorno y analizaron muestras de tejido graso con ayuda de herramientas moleculares como la secuenciación de ARN, que identifica los genes activos dentro de las células.

Se propusieron determinar por qué las células grasas comienzan a encogerse y desaparecer, y el impacto de esa pérdida en el metabolismo. Los hallazgos revelaron una idea biológica clave: el tejido adiposo no solo sirve para almacenar calorías, actúa como un sistema de protección metabólica que mantiene ciertas grasas bajo control y protege al resto del cuerpo del estrés metabólico.

• Las personas con este trastorno experimentaron daño metabólico a pesar de tener menos grasa corporal: los participantes con FPLD2 avanzada tuvieron menos grasa corporal total y aún así, desarrollaron problemas metabólicos.

Los investigadores también encontraron niveles elevados de hemoglobina glicosilada (HbA1c), un análisis de sangre que refleja el nivel promedio de azúcar durante los dos o tres meses anteriores, mayores niveles de triglicéridos y ácidos grasos no esterificados circulantes o NEFA, que son grasas que flotan por todo el torrente sanguíneo.

Estos marcadores reflejan un desequilibrio en el control del azúcar y problemas en el metabolismo de la grasa. En pocas palabras, su cuerpo perdió la capacidad de almacenar grasas de forma segura, lo que provocó que esas grasas permanecieran en el torrente sanguíneo en lugar de quedar almacenadas en las células adiposas. Esto demuestra que el cuerpo necesita tejido adiposo funcional para regular la energía de forma segura.

• Las células grasas no solo se encogieron, sino que dejaron de funcionar: las biopsias de tejido demuestran que las células grasas humanas parecían tener un tamaño similar en diferentes etapas de la enfermedad, pero su biología interna cambió por completo. El análisis genético demostró que las vías del metabolismo de los ácidos grasos y la actividad mitocondrial dejaron de funcionar de forma correcta. Las mitocondrias son estructuras diminutas dentro de las células que producen energía,

y cuando comienzan a fallar, las células no pueden procesar el combustible de manera efectiva. Y, no solo eso, también incrementaron los niveles de genes que se relacionan con la inflamación. Esto significa que se inflamó el tejido adiposo y se volvió disfuncional mucho antes de que las células grasas desaparecieran por completo. Los investigadores explicaron que este cambio que se relaciona con la inflamación y la disfunción metabólica contribuye a la pérdida de adipocitos, es decir, las células que almacenan grasa.

• El tejido adiposo comenzó a perder su capacidad de regular la energía de forma segura: cuando los científicos analizaron la actividad molecular dentro del tejido adiposo, observaron un patrón claro. Se suprimieron los genes que controlan el metabolismo de los lípidos, que es el proceso que convierte las grasas en energía utilizable o las almacena de forma segura. Al mismo tiempo, incrementaron los niveles de los genes que participan en la señalización inflamatoria.

En otras palabras, las células grasas dejaron de comportarse como unidades de almacenamiento saludables y comenzaron a actuar como tejido dañado. Esa transición crea un caos metabólico porque las grasas que deberían almacenarse comienzan a circular por todo el torrente sanguíneo. Cuando esto sucede, órganos como el hígado y el páncreas reciben una mayor cantidad de grasa de la que pueden procesar de forma segura.

• Los investigadores descubrieron la proteína estructural que mantiene vivas las células grasas: el estudio descubrió el origen del problema: mutaciones en un gen que se conoce como LMNA. Este gen produce una proteína estructural que estabiliza el núcleo celular, que actúa como un centro de control para la actividad genética.

Cuando se altera la proteína estructural, el núcleo pierde estabilidad estructural, lo que cambia la regulación genética. En las células adiposas afectadas, esta alteración interrumpió vías metabólicas importantes. Y, cuando no se regulan de forma adecuada, los adipocitos comienzan a deteriorarse poco a poco.

• Los experimentos con animales demostraron que las células grasas se deterioran de forma física hasta que desaparecen: para comprobar lo que sucede dentro del cuerpo, los científicos utilizaron ratones transgénicos en los que se eliminaron genes clave que se requieren para estabilizar los adipocitos de las células grasas. En dos semanas, estos ratones perdieron mucha grasa corporal, aunque su peso corporal total se mantuvo igual.

Con el tiempo, las imágenes microscópicas mostraron que se encogieron sus células grasas, lo que provocó que desarrollaran formas irregulares hasta que desaparecieron por completo del tejido. Esta evidencia visual confirmó que los adipocitos colapsan y desaparecen cuando se altera su regulación metabólica. Observar este proceso en animales vivos ayudó a los investigadores a confirmar que la disfunción de los adipocitos provoca los cambios metabólicos que se observan en los seres humanos con lipodistrofia.

Las mitocondrias dañadas convierten las células grasas en señales de estrés metabólico

Hasta este punto, la investigación demuestra que el tejido adiposo comienza a fallar a nivel metabólico. Pero, cuando los investigadores analizaron a mayor detalle el interior de las células grasas, descubrieron algo aún más revelador.

La degradación no se limitó al almacenamiento de grasa, sino que alcanzó el sistema energético de la célula y produjo una reacción en cadena que transformó las células grasas, que pasaron de ser unidades de almacenamiento de protección a convertirse en fuentes de estrés metabólico. Esto llevó a los investigadores a descubrir dos efectos adicionales que explican por qué la pérdida de tejido graso funcional afecta tanto el metabolismo.

• También se dañaron las mitocondrias dentro de las células grasas: los investigadores analizaron los sistemas energéticos dentro de estas células y descubrieron otra pista importante. También se redujeron los niveles de proteínas mitocondriales responsables del proceso que produce energía celular.

Las pruebas que miden cómo las células utilizan el oxígeno demostraron que las células grasas quemaban menos combustible y producían mucha menos energía. Bajo el microscopio, las mitocondrias dentro de las células grasas se veían alteradas y tenían estructuras internas anormales. Estos cambios estructurales son una característica distintiva del estrés metabólico.

Las células grasas perdieron tanto su capacidad para almacenar energía como su capacidad para producirla de forma efectiva. Digamos que las mitocondrias funcionan como calentadores dentro de cada célula grasa, y cuando comienzan a fallar, la célula ya no puede quemar combustible ni mantenerse a sí misma, por lo que comienza a filtrar su contenido al tejido circundante.

• Las células grasas comenzaron a producir señales inflamatorias: otro descubrimiento sorprendente surgió cuando los científicos aislaron las células grasas y midieron las moléculas inflamatorias. Las células grasas producían mayores niveles de señales inflamatorias.

Estas moléculas suelen aparecer cuando los tejidos están bajo estrés o por una lesión. En lugar de que las células inmunológicas activaran la inflamación, fueron las células grasas dañadas las que mandaron las primeras señales de alarma. Esas señales hacen que las células inmunológicas se activen, lo que empeora la inflamación en todo el tejido. Esa cascada inflamatoria interna acelera la degradación de los adipocitos y contribuye a los problemas metabólicos que se observan en la lipodistrofia.

• La investigación demuestra por qué es importante que el tejido adiposo funcione de forma correcta: en conjunto, los hallazgos revelaron algo muy interesante sobre el metabolismo. Las células grasas sanas ayudan a mantener el equilibrio cuando almacenan grasas de forma segura, regulan la inflamación y estimulan la producción de mitocondrias. Sin embargo, cuando ese sistema colapsa, las grasas se salen del lugar de almacenamiento y comienzan a circular por todo el cuerpo.

El estudio demostró que la pérdida de tejido adiposo funcional altera el metabolismo de los lípidos, causa inflamación y provoca disfunción metabólica sistémica. Esta investigación proporciona información muy importante para todas las personas que tratan de bajar de peso: su objetivo no solo es eliminar el tejido graso, sino preservar la función de las células grasas mientras se refuerza la salud metabólica.

Bajar rápido de peso llena su cuerpo de grasas inestables

La investigación sobre la lipodistrofia demuestra lo que sucede cuando se desestabilizan las células grasas, pierden su capacidad para contener las grasas almacenadas, lo que provoca que comiencen a circular por todo el torrente sanguíneo. No obstante, no se necesita una mutación genética para experimentar estos efectos negativos. Cualquier proceso que vacíe rápido las células grasas produce un resultado similar: una oleada de ácidos grasos no esterificados que circulan por órganos en los que no deberían estar.

La diferencia radica en la causa, el colapso estructural en una y descomposición acelerada de la grasa es la otra, pero la consecuencia metabólica es la misma. Georgi Dinkov, que se especializa en el tema de la bioenergía, habló sobre esta conexión.3

Bajar rápido de peso a través de estrategias extremas como el ayuno o el ejercicio extenuante provoca una lipólisis intensa, que es el proceso que utiliza el cuerpo para descomponer la grasa que se encuentra dentro de las células adiposas y libera al torrente sanguíneo para obtener energía. Esta explicación cambia la forma de ver la pérdida de peso y pone en manifiesto por qué las dietas extremas suelen ser contraproducentes a nivel metabólico.

• El tejido adiposo actúa como un sistema de almacenamiento de protección para grasas inestables: Georgi Dinkov explica que el tejido adiposo tiene otra función fundamental además de almacenar calorías. Aísla las grasas inestables y las almacena dentro de las células adiposas para que no circulen con libertad por los órganos. Según Georgi Dinkov, el tejido adiposo es importante, "no solo porque almacena energía, sino porque mantiene las grasas poliinsaturadas (PUF) dañinas lejos de los órganos".

Las PUF son grasas con una estructura química frágil que se oxida muy fácil. La oxidación significa que la grasa reacciona con el oxígeno y forma subproductos que dañan las células. Cuando estas grasas permanecen dentro de las células adiposas en forma de triglicéridos, se controla el daño que causan. Pero, cuando terminan en la circulación, comienzan a interactuar con los tejidos de todo el cuerpo. Esa diferencia cambia por completo la forma de ver el metabolismo.

• Después de comer, el cuerpo procesa de manera distinta cada tipo de grasa: las grasas saturadas se queman para obtener energía, mientras que las PUF, como el ácido linoleico (AL) de los aceites de semillas, suelen almacenarse en el tejido graso. Este patrón de almacenamiento crea una barrera de protección. El cuerpo quema las grasas más estables y almacena las inestables para mantenerlas lejos de los órganos vitales.

Las grasas almacenadas se encuentran dentro de las células adiposas en forma de triglicéridos, que son estructuras compactas de ácidos grasos unidos al glicerol, y en esa forma pueden mantenerse bajo control. Georgi Dinkov explica que, si bien los PUF almacenados aún conllevan cierto riesgo de oxidación, los antioxidantes como la vitamina E ayudan a limitar el daño mientras las grasas permanecen dentro del tejido adiposo.

• Una vez que la grasa comienza a descomponerse rápido, este sistema colapsa: la situación cambia de manera drástica cuando se produce una pérdida de peso extrema. Cuando se acelera la lipólisis, se descomponen los triglicéridos almacenados y liberan ácidos grasos no esterificados en el torrente sanguíneo.

Los niveles elevados de NEFA causan estrés en casi todos los órganos. Esa exposición se extiende por todo el cuerpo, cuando estas grasas comienzan a circular por el torrente sanguíneo y llegan a órganos como el hígado, los riñones, el cerebro y los músculos. Cuando aparecen grandes cantidades de golpe, el sistema metabólico no puede procesarlas de forma segura.

De hecho, el daño renal que suele observarse en la diabetes tipo 2, se produce por la exposición crónica a niveles elevados de ácidos grasos no esterificados. Mecanismos similares aparecen en las enfermedades hepáticas, donde el exceso de ácidos grasos se acumula en el tejido hepático e interfiere con la función metabólica. Este mismo proceso también se relaciona con enfermedades neurodegenerativas como el alzheimer.

• Un enfoque más lento para la pérdida de grasa es más seguro y saludable: la pérdida gradual de grasa es una vía metabólica más segura. En lugar de liberar grandes cantidades de grasas almacenadas de golpe, los cambios graduales en la alimentación y el metabolismo permiten que el cuerpo se adapte y reponga las PUF almacenadas.

Esta reposición gradual reduce los picos de NEFA en el torrente sanguíneo. Como explica Georgi Dinkov, es mejor tener un poco de peso extra mientras se mejora poco a poco la composición de grasa, a bajar rápido de peso a costa de su salud, que son los enfoques de moda con los que nos bombardea la cultura de pérdida de peso".

Si considera la pérdida de grasa como una mejora metabólica a largo plazo en lugar de un cambio repentino, su cuerpo tendrá tiempo para procesar y reemplazar las grasas almacenadas sin sobrecargar los órganos con PUF. Este cambio de mentalidad convierte el control del peso en una progresión constante en lugar de un choque metabólico.

La pérdida de grasa gradual es el mejor enfoque para su salud

Bajar rápido de peso, puede parecer tentador. La báscula muestra un número cada vez menor. Las redes sociales celebran las fotos espectaculares del antes y el después. Sin embargo, las investigaciones confirman una realidad biológica más profunda: cuando pierde grasa demasiado rápido, las PUF almacenadas comienzan a circular por todo el cuerpo en grandes cantidades. Esas grasas sobrecargan el hígado, los riñones y otros órganos vitales.

En lugar de ver la pérdida de peso como una carrera contra el tiempo, implemente una estrategia más inteligente que se enfoque en restaurar la estabilidad metabólica y permitir que la grasa disminuya poco a poco. Cuando cuida sus mitocondrias, consume carbohidratos saludables y reduce la exposición a grasas inestables en su alimentación, su cuerpo regula las grasas almacenadas en lugar de liberarlas de golpe al torrente sanguíneo, en donde pueden causar daños importantes. Este enfoque protege sus órganos, mientras lo ayuda a lograr una composición corporal más saludable. Aquí el enfoque más saludable, seguro y efectivo:

1. Evite las dietas extremas y los ayunos prolongados que incrementan la descomposición de la grasa a un ritmo que su cuerpo no puede procesar: si alguna vez ha realizado un ayuno de varios días o una dieta extrema, por dentro, su cuerpo respondió de la siguiente manera: aceleró la lipólisis, descompuso las células grasas lo más rápido posible, y las liberó en su sangre. A la larga, esto provocará un colapso metabólico y por esa razón, es mejor regular su consumo diario de alimentos.

Las comidas regulares que contienen suficientes carbohidratos saludables y proteínas regulan los niveles de hormonas del estrés que estimulan la liberación excesiva de grasa. Este patrón constante permite que su cuerpo queme energía sin inundar el torrente sanguíneo con grasas inestables.

2. Consuma suficientes carbohidratos para mantener un suministro constante de energía celular: sus mitocondrias funcionan con glucosa como combustible principal. Cuando no consume suficientes carbohidratos, el cuerpo comienza a depender de la descomposición de grasas para obtener energía, lo que provoca que se liberen los PUF almacenados en el torrente sanguíneo. La mayoría de los adultos se benefician de consumir alrededor de 250 gramos de carbohidratos al día, o más si es una persona activa.

Comience con frutas enteras y otras fuentes de carbohidratos fáciles de digerir como arroz blanco, antes de pasar a los vegetales con almidón o granos enteros. De esta forma, sus células reciben el combustible que necesitan, lo que evita que se active la descomposición de grasas como un mecanismo de emergencia.

3. Elimine los aceites de semillas para reducir la cantidad de PUF que almacena: si su alimentación incluye alimentos que se cocinan con aceite de soya, maíz, canola u otros aceites vegetales, esas grasas se acumulan en su tejido adiposo. Y, cuando baja rápido de peso, esas PUF se liberan en el torrente sanguíneo y comienzan a circular por todo su cuerpo. Dejar de utilizar estos aceites es un buen comienzo, solo tiene que sustituirlos con grasas tradicionales estables como el sebo, el ghee o la mantequilla de animales alimentados con pastura. El problema es que la exposición de la mayoría de las personas va mucho más allá de su propia cocina.

Las comidas en los restaurantes suelen cocinarse con aceites vegetales, y casi todos los alimentos procesados como las papas fritas, galletas saladas, aderezos para ensaladas y mayonesa se elaboran con aceite de soya, canola o girasol. Para reducir su consumo, lea bien las etiquetas de ingredientes de estos alimentos ​​y elija productos que se elaboren con grasas de origen animal.

Cuando comas fuera de casa, pregunte con qué aceite cocinan; algunos restaurantes prepararán su comida con mantequilla si así lo solicita, pero tenga cuidado con las salsas, ya que también suelen contener aceites de semillas. A medida que reduzca su consumo, su cuerpo comenzará a remplazar de forma gradual las grasas inestables almacenadas por otras más estables, lo que disminuirá el estrés metabólico durante la pérdida de grasa.

4. Desarrolle y mantenga músculo para que su metabolismo queme energía de forma constante: el tejido muscular actúa como un motor metabólico. Cuando tiene más masa muscular magra, el cuerpo quema más glucosa y ácidos grasos sin necesidad de hacer dietas extremas. Si nunca había hecho entrenamiento de fuerza, comience con ejercicios de resistencia simples dos veces a la semana. A medida que incremente su masa muscular, su metabolismo se vuelve más resistente y las reservas de grasa disminuyen de forma segura, en lugar de desaparecer de golpe.

5. Evite entrenar en exceso y el ejercicio extenuante que activa la liberación rápida de grasa: si fuerza su cuerpo a través de entrenamientos largos y extenuantes todos los días, su metabolismo cambia a un estado de estrés que acelera la descomposición de la grasa. Ese proceso inunda el torrente sanguíneo con PUF de la misma manera que lo hacen las dietas extremas. El ejercicio favorece la pérdida de grasa cuando mejora la capacidad metabólica, pero se vuelve contraproducente cuando obliga al cuerpo a liberar más grasa de la que los órganos pueden procesar de forma segura.

Agregue entrenamiento de fuerza, caminatas y otros movimientos diarios de intensidad moderada a su rutina, y evite los ejercicios extenuantes. El cuerpo se beneficia más de la actividad constante y sostenible que del entrenamiento extremo que provoca que se libere grasa almacenada demasiado rápido.

Preguntas frecuentes sobre la pérdida rápida de grasa y la salud metabólica

P: ¿Por qué bajar rápido de peso daña el metabolismo?

R: La pérdida rápida de peso acelera la descomposición de grasa a través de un proceso que se conoce como lipólisis, en el que se liberan grandes cantidades de ácidos grasos almacenados en su torrente sanguíneo. Aunque a simple vista podría parecer algo bueno, la realidad es que cuando estas grasas circulan en grandes cantidades en su torrente sanguíneo terminan en órganos como el hígado, los riñones y el páncreas, y los sobrecargan. Con el tiempo, esta sobrecarga altera el metabolismo normal e incrementa el riesgo de problemas de salud como resistencia a la insulina, la enfermedad del hígado graso y la diabetes tipo 2.

P: ¿Qué función tienen las células grasas en la protección de la salud?

R: Las células grasas hacen más que almacenar calorías. El tejido adiposo sano actúa como una barrera de protección metabólica que almacena de forma segura ciertas grasas, sobre todo grasas poliinsaturadas inestables, dentro de las células adiposas en lugar de permitir que circulen por los órganos. Cuando las células grasas se dañan o desaparecen, ese sistema de protección falla y esas grasas comienzan a circular por el torrente sanguíneo, donde dañan los tejidos.

P: ¿Cómo se relacionan la diabetes, las enfermedades hepáticas y la descomposición de las grasas?

R: Cuando se liberan grandes cantidades de grasa almacenada en el torrente sanguíneo como NEFA, esas grasas se acumulan en órganos que no están diseñados para almacenarlas. En el hígado, esta acumulación altera su función e incrementa el riesgo de enfermedad del hígado graso. La exposición crónica a niveles elevados de ácidos grasos no esterificados también daña los tejidos que ayudan a regular el azúcar, lo que incrementa el riesgo de resistencia a la insulina y diabetes tipo 2.

P: ¿Por qué las dietas extremas o el ayuno prolongado incrementan el estrés metabólico?

R: Las dietas extremas, el ayuno prolongado y el ejercicio extenuante activan una respuesta de estrés que acelera la descomposición de la grasa. En lugar de remplazar de forma gradual las grasas almacenadas, estas estrategias rápidas provocan que se liberen de golpe grandes cantidades de PUF en el torrente sanguíneo. Esa liberación repentina supera la capacidad del cuerpo para procesar las grasas de forma segura, lo que causa inflamación y estrés metabólico.