📝HISTORIA EN BREVE
- Tomar aspartamo en dosis bajas a largo plazo causó cambios apreciables en la estructura del corazón y en la energía que consume el cerebro de los ratones, incluso en cantidades muy inferiores a los límites de seguridad actuales
- El peso y la grasa corporal disminuyeron con el consumo de aspartamo, pero esto ocurrió junto con una menor función metabólica y signos de desgaste del corazón, en lugar de una mejora en la salud
- Las células del cerebro tuvieron un acceso cada vez más difícil al combustible con el paso del tiempo, lo que se tradujo en movimientos más lentos, un deterioro de la memoria y un menor rendimiento en las tareas
- Los efectos nocivos se desarrollaron de forma gradual y solo aparecieron después de muchos meses, lo que explica por qué los estudios a corto plazo no suelen detectar estos riesgos
- Evitar los edulcorantes artificiales y restablecer el consumo de carbohidratos naturales ayuda a reducir el estrés metabólico y a proteger el funcionamiento del corazón y el cerebro a largo plazo
🩺Por el Dr. Mercola
Si empezó a consumir refrescos de dieta o bocadillos sin azúcar para cuidar su salud, un estudio de un año de duración sugiere que esa elección está perjudicando de manera silenciosa su corazón y deja a su cerebro sin energía, incluso en cantidades muy inferiores a las que las autoridades reguladoras consideran seguras. El aspartamo es uno de los edulcorantes artificiales que más se utilizan, y durante mucho tiempo se ha promocionado como una forma de reducir el consumo de azúcar sin dejar de disfrutar del sabor dulce de los alimentos y las bebidas.
Durante décadas, se asumió que pasaba por el cuerpo sin causar ningún efecto. Las últimas investigaciones sugieren lo contrario, y los cambios que provoca pueden tardar años en manifestarse. Un estudio que se publicó en la revista Biomedicine & Pharmacotherapy analizó el consumo a largo plazo de aspartamo en dosis bajas, con el fin de reflejar patrones de consumo realistas.1 Algunos resultados parecían favorables al principio. Sin embargo, a medida que avanzó el estudio, comenzaron a surgir cambios fisiológicos menos evidentes.
Estos cambios no se manifestaron de inmediato y habrían pasado desapercibidos en estudios de corta duración o en pruebas simples de laboratorio. Solo los análisis funcionales y las imágenes detalladas permitieron detectarlos. Ese patrón lento y progresivo ayuda a explicar por qué el aspartamo ha conservado su reputación de ser seguro, a pesar de que las dudas sobre sus efectos a largo plazo siguen sin resolverse.
Los edulcorantes artificiales todavía se consideran, sobre todo, herramientas para controlar el peso. Esta investigación redirige la atención hacia cómo la exposición a largo plazo influye en los sistemas que regulan el uso de energía y el funcionamiento de los órganos. Para comprender ese cambio, es necesario analizar con más detenimiento lo que midió el estudio y por qué esos hallazgos son importantes para la salud del corazón y del cerebro a largo plazo.
La exposición prolongada al aspartamo genera desgaste en el corazón y altera el funcionamiento del cerebro
Para detectar lo que los estudios a corto plazo han pasado por alto, los investigadores hicieron un seguimiento de ratones durante un año completo, lo que en la vida de un roedor equivale a décadas en la vida humana, y les dieron dosis de aspartamo que reflejan el consumo habitual en los seres humanos. En lugar de darles dosis elevadas, les dieron una cantidad equivalente a una sexta parte del límite diario máximo autorizado para las personas, es decir, unos 7 miligramos por kilogramo al día.
El objetivo fue determinar cómo afecta la exposición crónica e intermitente a los órganos principales, sobre todo al corazón y al cerebro, con niveles "normales" de consumo. Los investigadores hicieron pruebas en ratones de 1 año de edad, lo que corresponde al rango de la mediana edad en las personas, en lugar de analizar animales jóvenes o en fase de desarrollo, como es habitual en los estudios de laboratorio. Los ratones consumieron pienso estándar y recibieron aspartamo en el agua potable solo tres días cada dos semanas, lo que imita los patrones de la vida real, en los que el consumo no es constante.
• Se produjo una pérdida de peso, pero tuvo consecuencias evidentes: los ratones que se expusieron al aspartamo perdieron alrededor del 10 % de su peso corporal a lo largo del año, en gran parte a causa de una reducción de entre el 10 % y el 20 % de la grasa corporal. El consumo de alimentos disminuyó en un 10 %, lo que explica en parte la pérdida de peso. En teoría, esto parece justo lo que prometen los productos de dieta. Sin embargo, en el fondo, esa pérdida de peso tuvo un precio que ninguna báscula pudo medir.
• La temperatura corporal y el equilibrio energético cambiaron de una manera que indica estrés: los ratones que recibieron aspartamo mantuvieron una temperatura corporal cerca de 0.5 grados Celsius más baja que los del grupo de control a lo largo del estudio, lo que equivale a una reducción de casi 0.9 grados Fahrenheit en la temperatura corporal. Una temperatura corporal más baja en los mamíferos refleja un menor rendimiento metabólico, lo que significa que el cuerpo está produciendo menos energía aprovechable.
Aunque los estudios sobre la restricción calórica a veces relacionan una temperatura corporal más baja con la longevidad, este descenso se produjo junto con un desgaste de los órganos y un deterioro de su funcionamiento, lo que sugiere que el cuerpo estaba ahorrando energía porque no podía producirla en cantidades suficientes, y no porque funcionara de manera más eficiente.
• Cambios en la estructura del corazón a lo largo del tiempo: una resonancia magnética avanzada del corazón reveló un engrosamiento leve pero cuantificable del músculo cardíaco, lo que se conoce como hipertrofia cardíaca, después de una exposición prolongada. El ventrículo derecho presentó un aumento del volumen telesistólico, lo que significa que quedaba más sangre en el corazón después de cada latido. Piense en su corazón como si fuera una bomba. La hipertrofia implica que las paredes musculares se vuelven más gruesas, como una bomba que trabaja con demasiada fuerza para impulsar el agua a través de una tubería obstruida.
Con el tiempo, esto desgasta el sistema. Y cuando queda más sangre en el corazón después de cada latido (mayor volumen telesistólico), es como si la bomba no pudiera vaciarse por completo, lo que reduce su eficiencia con cada ciclo. El gasto cardíaco disminuyó entre un 20 % y un 26 %, lo que indica una menor eficiencia de bombeo. Estos cambios solo se observaron al cabo de muchos meses, lo que explica por qué los estudios de menor duración no los detectan.
• Se detectó fibrosis e inflamación a nivel tisular: cuando los investigadores examinaron el tejido cardíaco de forma directa, observaron un aumento de alrededor de 1.5 veces en el tejido fibrótico, lo que significa que un material rígido similar a una cicatriz estaba sustituyendo al músculo sano. También aparecieron con mayor frecuencia pequeños grupos de células inflamatorias en el corazón de los animales que recibieron aspartamo.
La fibrosis reduce la flexibilidad y la eficiencia con el tiempo, lo cual es importante porque sienta las bases para una disfunción cardíaca a largo plazo. La fibrosis es irreversible: una vez que el músculo cardíaco sano se reemplaza por tejido fibroso y rígido, ya no puede contraerse de forma adecuada. Este es el mismo proceso que se encuentra detrás de muchas formas de insuficiencia cardíaca.
•El funcionamiento del cerebro siguió un patrón preocupante: al principio, el cerebro parecía compensar la situación, pues la absorción de glucosa se duplicó, como si las células estuvieran trabajando a toda máquina para mantener el funcionamiento normal. No obstante, este auge no podría durar. Con una exposición continua, la absorción disminuyó por debajo de los niveles normales y el cerebro empezó a experimentar dificultades.
El aumento inicial en la captación de glucosa podría ser un intento del cerebro por compensar una alteración metabólica, es decir, un esfuerzo por mantener su funcionamiento normal. Con el tiempo, este mecanismo de compensación parece fallar, lo que da lugar al descenso drástico que se observa más adelante. En los meses posteriores, los ratones tratados con aspartamo presentaron una absorción de glucosa hasta 1.5 veces menor que los del grupo de control. Esto significa que, con el tiempo, las células del cerebro tuvieron dificultades para obtener el combustible necesario, lo que afecta la concentración, la memoria y la coordinación.
• La acumulación de lactato reveló que el cerebro estaba sometido a estrés: las resonancias cerebrales también mostraron niveles de lactato hasta 2.5 veces más altos después de ocho meses. La acumulación de lactato indica que los sistemas energéticos están sometidos a estrés, de forma similar a lo que ocurre cuando las células recurren a vías alternativas ineficientes. Cuando las células del cerebro no pueden quemar glucosa de manera eficiente, recurren a una vía energética alternativa que produce lactato como subproducto, similar al ardor que se siente en los músculos al realizar ejercicio intenso.
Un nivel elevado de lactato en el cerebro de forma crónica indica que las células tienen dificultades para satisfacer sus necesidades de energía. Este cambio indica que el cerebro estaba compensando una alteración en el manejo de la energía, en lugar de funcionar con normalidad. En las pruebas de memoria con laberintos, los ratones tratados con aspartamo se desplazaron más despacio, recorrieron distancias más cortas y tardaron más en encontrar los objetivos.
Varios animales no lograron completar tareas que los ratones de control realizaron sin problemas. Estos resultados se alinean con la alteración del consumo de energía del cerebro, más que con la motivación o la debilidad muscular por sí solas. La dosis que se usó fue inferior a los límites reglamentarios, pero aun así alteró la estructura del corazón, el consumo de energía del cerebro y el comportamiento.
Cómo eliminar el estrés metabólico que perjudica al corazón y al cerebro
Estos hallazgos plantean una pregunta inquietante: si las dosis de aspartamo muy por debajo de los límites de seguridad provocaron cambios medibles en los órganos de los ratones a lo largo de un año ¿qué efecto podrían tener décadas de consumo de refrescos de dieta en la salud del corazón y del cerebro? La buena noticia es que el estrés metabólico suele ser reversible cuando se elimina la causa y se restablece el suministro adecuado de energía.
Si ha estado consumiendo bebidas de dieta porque creía que eran la opción más saludable, no es el único, y no es su culpa. La mercadotecnia alrededor de los edulcorantes artificiales ha sido implacable. Lo que importa ahora es qué hará con esta información.
La forma más rápida de revertir el daño descrito hasta ahora es eliminando el factor de estrés metabólico y restableciendo el verdadero combustible de las células. Se trata de eliminar las señales sintéticas que confunden a nuestro cuerpo y sustituirlas por señales reales que el corazón, el cerebro y el intestino reconocen y procesan de forma adecuada. Los pasos que se describen a continuación abordan las causas, no los síntomas.
1. Evite por completo el aspartamo y otros edulcorantes artificiales: si todavía consume refrescos de dieta, agua saborizada sin azúcar, gomas de mascar o ciertas vitaminas masticables, debe saber que todas son fuentes de aspartamo. Muchos alimentos ultraprocesados también contienen edulcorantes artificiales que no son evidentes a simple vista. Es importante leer con atención las etiquetas, ya que estos compuestos suelen aparecer con nombres alternativos.
Busque estos nombres en las etiquetas: acesulfamo K (Ace-K), sucralosa, sacarina, neotamo y advantamo. También revise los medicamentos, la pasta de dientes y el enjuague bucal. Eliminar los edulcorantes artificiales detiene la señal crónica que provocó el desgaste del corazón y que alteró la energía cerebral en el estudio.
2. Reemplace los edulcorantes artificiales por opciones reales que favorecen el metabolismo: cuando los edulcorantes artificiales desaparecen, el cuerpo sigue esperando combustible de carbohidratos. La miel sin procesar o cantidades pequeñas de miel de maple aportan azúcares naturales que el cuerpo reconoce y utiliza como fuente de energía.
Si desea dejar de consumir edulcorantes, la fruta entera es una buena opción, ya que aporta fibra, minerales y la glucosa que su cerebro necesita. Este cambio favorece un consumo estable de energía en el cerebro, en lugar de la gestión irregular de la glucosa que se observa cuando hay una exposición prolongada al aspartamo.
3. Elimine las grasas inflamatorias que promueven la resistencia a la insulina y el estrés vascular: la inflamación vincula la exposición al aspartamo con la resistencia a la insulina y la enfermedad vascular. Evitar los edulcorantes artificiales es solo el primer paso. Los aceites vegetales siguen siendo el factor alimenticio que más contribuye a la inflamación, ya que tienen un alto contenido de ácido linoleico (AL), que es un ácido graso poliinsaturado. El exceso de ácido linoleico alimenta el estrés oxidativo y empeora la resistencia a la insulina.
Evitar los alimentos ultraprocesados y cocinar en casa con sebo, ghee o mantequilla de vacas alimentadas con pastura alivia esta carga y reduce la presión metabólica que, con el tiempo, daña los vasos sanguíneos y el corazón. Tanto el aspartamo como los aceites vegetales contribuyen al mismo problema subyacente: el estrés metabólico crónico que daña el corazón y el cerebro.
Evitar el aspartamo soluciona una de las causas, pero si los niveles de grasas inflamatorias siguen siendo altos, solo resolverá una parte del problema. Cuando elimina los edulcorantes artificiales y las grasas inflamatorias, y reestablece el combustible adecuado, su corazón y su cerebro recuperan la estabilidad metabólica en lugar de funcionar bajo estrés crónico.
4. Renueve su microbioma intestinal para que los nutrientes lleguen a sus células de forma adecuada: los edulcorantes artificiales alteran las bacterias intestinales, lo que afecta la forma en que los nutrientes llegan al corazón y al cerebro. Un estudio que se publicó en la revista Nature reveló que los edulcorantes artificiales, como el aspartamo, alteran la flora intestinal de tal manera que, en realidad, favorecen la intolerancia a la glucosa, que es justo lo que pretenden prevenir según su publicidad.2 Esto crea un círculo vicioso donde la "solución" empeora el problema.
Para sanar su intestino, deje de consumir aceites vegetales y alimentos ultraprocesados y consuma los suficientes carbohidratos saludables. Empiece con frutas enteras y arroz blanco, y siga con vegetales bien cocidos y alimentos ricos en almidón que su sistema digestivo tolere. Los alimentos fermentados como el chucrut, el kéfir y el kimchi aportan probióticos naturales. El caldo de huesos rico en colágeno fortalece la mucosa intestinal. La fibra de las frutas alimenta a las bacterias beneficiosas una vez que se estabiliza la microbiota intestinal.
5. Consuma suficientes carbohidratos saludables para restaurar la energía de las células: la mayoría de los adultos se sienten mejor con unos 250 gramos de carbohidratos al día, y las personas activas suelen necesitar más. El cerebro depende de la glucosa, y una restricción prolongada reduce los niveles de energía y agrava el estrés oxidativo.
El estrés reductivo se produce cuando las células carecen de suficientes agentes oxidantes para procesar el combustible de forma adecuada, lo que, en esencia, bloquea el mecanismo de producción de energía. En lo que respecta a los carbohidratos, la fruta y el arroz blanco ocupan el primer lugar. Los almidones entran al final. Este enfoque apoya de forma directa la producción de energía en las mitocondrias que se redujo con el consumo prolongado de aspartamo.
Preguntas frecuentes sobre los efectos del aspartamo en el cerebro y el corazón
P: ¿Por qué el consumo prolongado de aspartamo es más preocupante que el consumo a corto plazo?
R: Los estudios a corto plazo no son alarmantes porque los cambios iniciales son sutiles. El estudio que se analiza aquí realizó un seguimiento de la exposición durante muchos meses y demostró que los cambios más profundos en la estructura cardíaca, el consumo de energía del cerebro y en el metabolismo se producen de forma gradual. Esto explica por qué el aspartamo a menudo parece inofensivo en ensayos de corta duración, pero causa estrés acumulativo con el paso del tiempo.
P: Si el aspartamo provoca pérdida de peso y grasa, ¿por qué es un problema?
R: Perder peso tuvo desventajas evidentes. A pesar de haber perdido grasa corporal, los animales presentaron una menor función metabólica, sufrieron cambios en el músculo cardíaco y su cerebro consumió menos energía. Esto significa que el cuerpo estaba conservando energía y desgastando los órganos vitales en lugar de mejorar su salud.
P: ¿Cómo afecta el aspartamo al funcionamiento del cerebro?
R: El consumo a largo plazo alteró la forma en que el cerebro utiliza la glucosa, que es su principal fuente de combustible. El consumo de energía del cerebro aumentó al principio, pero luego volvió a niveles inferiores a lo normal con la exposición continua. Este cambio se asoció con una menor agilidad física, un deterioro de la memoria y niveles más altos de lactato, que son signos de estrés en el metabolismo del cerebro.
P: ¿Cuál es la relación entre el aspartamo, la resistencia a la insulina y las enfermedades cardiovasculares?
R: El aspartamo contribuye al estrés metabólico crónico y a la inflamación, que son factores fundamentales en la resistencia a la insulina y el daño vascular. Cuando se combina con otros factores inflamatorios en la alimentación, este estrés aumenta la tensión en el corazón y en los vasos sanguíneos con el tiempo.
P: ¿Cuál es la mejor forma de reducir los riesgos asociados al aspartamo?
R: Empiece por eliminar por completo los edulcorantes artificiales, ya que esto detiene el estrés continuo. Después, restablezca el combustible real: carbohidratos adecuados de frutas, arroz y miel. Por último, elimine los aceites vegetales, ya que agravan el daño inflamatorio. Piense en ello como si desactivara la alarma, reabasteciera el motor y vaciara el aceite contaminado. Este enfoque reduce el estrés metabólico, satisface las necesidades energéticas del cerebro y alivia la carga del corazón, lo que permite que su funcionamiento vuelva a estabilizarse.