📝HISTORIA EN BREVE

  • La activación inmunitaria crónica crea un circuito de retroalimentación entre las células inmunitarias que las mantiene atrapadas en “modo activado”, aumentando con el tiempo la probabilidad de crecimiento descontrolado y desarrollo de linfoma
  • La autoinmunidad y el cáncer son resultados opuestos del mismo desequilibrio del sistema inmunitario, lo que significa que estimular demasiado su sistema inmunitario o suprimirlo en exceso aumentan el riesgo de enfermedad
  • Los tratamientos contra el cáncer que aumentan la actividad inmunitaria mejoran la destrucción de tumores, pero a menudo desencadenan daño autoinmunitario, mientras que los tratamientos para enfermedades autoinmunitarias debilitan la vigilancia inmunitaria y permiten que las células anormales sobrevivan durante más tiempo
  • Su intestino y la función mitocondrial controlan directamente el comportamiento inmunitario, y cuando estos sistemas se deterioran, su sistema inmunitario recibe señales de peligro constantes y permanece activado
  • Restablecer el equilibrio requiere reconstruir gradualmente la salud intestinal, eliminar factores perjudiciales como los aceites de semillas, mantener una energía celular estable con una cantidad adecuada de carbohidratos y reforzar los ritmos diarios mediante el movimiento y la luz solar

🩺Por el Dr. Mercola

Muchas personas piensan que el cáncer comienza con una célula rebelde. Sin embargo, nuevas investigaciones apuntan a algo más inquietante: su propio sistema inmunitario puede impulsar ese proceso cuando permanece activado durante demasiado tiempo.1 En esencia, la autoinmunidad significa que su sistema inmunitario ataca sus propios tejidos. Se caracteriza por síntomas como inflamación crónica, fatiga, dolor articular y daño en los órganos.

Los análisis de sangre a menudo revelan autoanticuerpos, que son proteínas inmunitarias que atacan por error sus propias células. Con el tiempo, este ataque constante mantiene a las células inmunitarias en un estado de activación continua. En lugar de desactivarse después de hacer su trabajo, siguen dividiéndose, enviando señales y reaccionando, y eso crea las condiciones para problemas más profundos.

Lo que destaca es cómo aumenta esa activación persistente. En este escenario, el cáncer no se forma a partir de una mutación repentina, sino de una estimulación inmunitaria prolongada que se acumula en segundo plano. En términos sencillos, su sistema inmunitario no solo deja de detener el cáncer: ayuda a construirlo.

Ese cambio obliga a adoptar una nueva forma de pensar sobre la salud inmunitaria. No se trata solo de reforzar sus defensas. Se trata de mantener el sistema equilibrado para que no entre en una espiral de activación crónica. Para comprender cómo sucede eso, es necesario observar detenidamente la interacción entre células inmunitarias específicas y cómo se empujan unas a otras más allá del punto de control.

La comunicación cruzada inmunitaria crónica impulsa el crecimiento del cáncer

Un estudio publicado en la revista Nature Communications investigó cómo la interacción a largo plazo entre dos tipos de células inmunitarias, las células B y las células T CD4+, determina la progresión de la enfermedad. En lugar de analizar un único desencadenante, los investigadores crearon un modelo controlado en ratones para seguir lo que ocurre cuando estas células se activan mutuamente de manera repetida a lo largo del tiempo.

Su objetivo era explicar un misterio de larga data: por qué las enfermedades autoinmunitarias y los linfomas suelen aparecer juntos en las mismas personas. El estudio siguió a ratones modificados para portar un pequeño número de células B autorreactivas junto con células T entrenadas para reconocerlas. Al principio, estos animales parecían en su mayoría normales.

Con el tiempo, aproximadamente el 70 % desarrolló autoanticuerpos: proteínas inmunitarias que atacan al propio organismo, y posteriormente progresó a linfomas entre los 12 y los 22 meses de edad. Estos hallazgos proceden de investigaciones en animales y quizá no sean directamente aplicables a la salud humana, pero esa cronología muestra una progresión clara: la disfunción inmunitaria no permanece estática. Se acumula.

• Un circuito de retroalimentación mantiene al sistema inmunitario atrapado en un estado de sobrecarga — Las células B y las células T normalmente se activan mutuamente durante un breve período en el transcurso de una infección y luego se desvinculan. En este modelo, no se desvinculan. Cada una continúa enviando señales a la otra, y la respuesta se retroalimenta.

El acelerador queda atascado, el freno no responde y el motor sigue revolucionándose. Este circuito mantiene activo su sistema inmunitario incluso cuando no existe una amenaza real, y esa activación constante impulsa a las células hacia un crecimiento anormal.

• Dos señales clave explican cómo comienza y se intensifica este proceso — Los investigadores identificaron dos desencadenantes principales que fijan este sistema en ese estado.

La primera señal procede de los autoantígenos — Son partes normales de su cuerpo, como las histonas y los nucleosomas, que las células B tratan por error como amenazas. Las histonas y los nucleosomas son proteínas normales presentes dentro de cada célula que mantienen su ADN en su forma empaquetada; no deberían ser visibles para el sistema inmunitario, y cuando los anticuerpos comienzan a atacarlos, significa que las células están siendo dañadas y liberando su contenido interno.

La segunda señal procede de células T que reconocen péptidos anormales — Estos péptidos, denominados “péptidos idiotípicos”, se forman cuando las células B mutan y presentan fragmentos de sí mismas en su superficie. A medida que las células B mutan, comienzan a exhibir partes de su propia estructura alterada en su superficie como si fueran banderas.

Las células T reconocen entonces estas banderas como extrañas y atacan, salvo que lo “extraño” que están atacando es otra célula inmunitaria, que responde al ataque. Los dos tipos de células comienzan a activarse mutuamente dentro de un circuito cerrado sin necesidad de un desencadenante externo.

En conjunto, estas señales crean un ciclo en el que las células B activan a las células T y las células T devuelven las señales, reforzando la respuesta.

• Los autoanticuerpos revelan hasta qué punto llega el problema — A medida que continúa este circuito, el sistema inmunitario comienza a producir grandes cantidades de autoanticuerpos. Estos anticuerpos atacaban específicamente estructuras del interior de las células, como los nucleosomas y las histonas, y aumentaron de manera significativa con el tiempo, especialmente para el día 300 del estudio. Ese aumento gradual muestra cómo se acumula el estrés inmunitario crónico antes de convertirse en una enfermedad visible.

• Ciertos patrones indican de manera temprana un mayor riesgo de cáncer — Los ratones con niveles más altos de un tipo específico de anticuerpo tenían más probabilidades de desarrollar linfomas posteriormente. Biomarcadores como estos actúan como señales de alerta temprana. Cuando su sistema inmunitario produce ciertos tipos de anticuerpos en grandes cantidades, indica una activación prolongada y un mayor riesgo.

Además, las células inmunitarias cambian físicamente a medida que continúa la estimulación. Con el tiempo, tanto las células B como las células T comenzaron a multiplicarse de forma más agresiva. El estudio mostró un aumento de la proliferación, lo que significa que estas células se dividían más rápido de lo normal; dejaron de seguir las reglas normales de crecimiento. Una vez que las células entran en ese estado, la transición de respuesta inmunitaria a cáncer se vuelve mucho más fácil.

• El centro germinal se convierte en un punto crítico para la transformación — Gran parte de esta actividad tuvo lugar en estructuras llamadas centros germinales, zonas de sus ganglios linfáticos donde las células inmunitarias perfeccionan sus respuestas. Piense en los centros germinales como campos de entrenamiento del sistema inmunitario, lugares donde las células B mutan deliberadamente su ADN para producir mejores anticuerpos. Esa mutación intencionada resulta útil cuando finaliza el entrenamiento.

Pero cuando el entrenamiento nunca termina, esas mismas mutaciones se acumulan y, finalmente, una de ellas transforma una célula B en una célula cancerosa. A medida que avanzaba la enfermedad, los ratones mostraron niveles elevados de moléculas de señalización inmunitaria, que están vinculadas a respuestas inmunitarias activas. Más tarde, cuando se formaron los linfomas, otras señales como la IL-10 y el TNF (factor de necrosis tumoral, una proteína clave de señalización inflamatoria) aumentaron bruscamente.

Este cambio muestra cómo el entorno inmunitario pasa de una defensa activa a favorecer la enfermedad. Su sistema inmunitario es empujado a un estado en el que no puede detenerse. La estimulación crónica conduce primero a la autoinmunidad y luego impulsa a las células hacia un crecimiento descontrolado.

El tratamiento contra el cáncer y la terapia autoinmunitaria empujan a su sistema inmunitario en direcciones opuestas

Si la estimulación crónica puede empujar al sistema inmunitario hacia el cáncer, la pregunta pasa a ser: ¿dónde está exactamente la línea entre “combatir la enfermedad” y “convertirse en la enfermedad”? Ahí es donde entra en juego el concepto de equilibrio inmunitario. Un artículo del Global Autoimmune Institute explica que su sistema inmunitario no funciona simplemente como “fuerte” o “débil”.2

Existe en un continuo. En un extremo, se vuelve hiperactivo y ataca su propio cuerpo. En el otro, se vuelve hipoactivo y permite que las células cancerosas crezcan. Estas afecciones están relacionadas porque las mismas células inmunitarias y vías de señalización controlan ambos resultados.

• Las mismas células inmunitarias causan problemas de distintas maneras — Las células T normalmente destruyen células infectadas o anormales. En las enfermedades autoinmunitarias, atacan el tejido sano. En el cáncer, no responden porque las células tumorales se parecen lo suficiente a las células normales como para evitar ser detectadas. Las células B también cambian de función. En lugar de producir anticuerpos protectores, generan autoanticuerpos en las enfermedades autoinmunitarias. En el cáncer, determinadas células B suprimen las respuestas inmunitarias, ayudando a los tumores a sobrevivir.

• Las células cancerosas sobreviven apropiándose de los “interruptores de apagado” inmunitarios — Su sistema inmunitario incluye puntos de control, frenos incorporados que detienen el daño excesivo. Las células cancerosas explotan estos puntos de control para detener los ataques inmunitarios. Puntos de control clave indican a las células inmunitarias que se retiren incluso cuando hay tumores presentes.

• Los medicamentos contra el cáncer eliminan esos frenos, pero aumentan el daño autoinmunitario — Los inhibidores de puntos de control inmunitario bloquean estos interruptores de apagado y obligan a las células T a atacar los tumores. Esto reduce el umbral de activación y hace que la respuesta inmunitaria sea más fuerte. La contrapartida es clara. Cuando ese umbral disminuye, las células T también comienzan a atacar tejidos normales. Esto provoca acontecimientos adversos relacionados con el sistema inmunitario, que van desde una inflamación leve hasta daños graves en los órganos.

• Las reacciones inmunitarias más fuertes mejoran los resultados del cáncer, pero aumentan los riesgos — Los pacientes que desarrollan determinados efectos secundarios autoinmunitarios suelen experimentar un mejor control del tumor. Esto crea una tensión directa. Una respuesta inmunitaria más agresiva mejora el éxito del tratamiento contra el cáncer, pero aumenta el daño al tejido sano. En casos graves, el tratamiento debe interrumpirse porque la reacción inmunitaria se vuelve demasiado intensa.

• Los tratamientos autoinmunitarios debilitan la vigilancia contra el cáncer — En el extremo opuesto, los medicamentos inmunosupresores reducen la actividad inmunitaria para controlar las enfermedades autoinmunitarias. Esto disminuye la inflamación, pero también debilita la capacidad de su cuerpo para detectar y destruir células anormales. Como resultado, las células cancerosas o las células infectadas por virus vinculados al cáncer permanecen en el organismo más tiempo del que deberían.

• Ciertos medicamentos están relacionados con un mayor riesgo de cáncer — Los inhibidores del TNF están asociados con un mayor riesgo de cánceres de piel y linfomas. El metotrexato está vinculado con tasas más altas de determinados cánceres de piel. Al mismo tiempo, los hallazgos varían, lo que demuestra lo complejo e individualizado que llega a ser este riesgo.

Cómo devolver el equilibrio a su sistema inmunitario

Un sistema inmunitario sometido a demasiada estimulación ataca su propio tejido y puede acabar impulsando el cáncer. Uno insuficientemente estimulado permite que el cáncer pase desapercibido. La pregunta es qué controla ese equilibrio día tras día, y la respuesta se encuentra en dos sistemas que la mayoría de las personas pasan por alto. Su intestino y sus mitocondrias marcan la pauta de cómo se comporta su sistema inmunitario. Las mitocondrias son los generadores de energía dentro de cada célula, incluidas las células inmunitarias.

Las células T y las células B necesitan enormes cantidades de energía para generar una respuesta y, algo igualmente importante, para desactivar esa respuesta después. Cuando la función mitocondrial no es fiable, las células inmunitarias pasan por defecto al estado “activado”. Cuando la barrera intestinal se debilita y la producción de energía celular se ralentiza, su sistema inmunitario recibe señales constantes de peligro y permanece activado. Estabilice esos dos fundamentos y el resto de su función inmunitaria se alineará.

1. Elimine los factores que dañan su intestino y sus sistemas de energía celular — Usted no puede sanar su intestino si continúa alimentándolo con los mismos factores estresantes. Uno de los principales impulsores es el exceso de ácido linoleico (AL) procedente de aceites de semillas como los de soja, maíz, girasol y canola. Estos aceites alteran la función mitocondrial, el sistema energético del interior de sus células, y al mismo tiempo dañan su entorno intestinal.

Elimínelos por completo y sustitúyalos. Utilice grasas estables como mantequilla de vacas alimentadas con pastura, ghee o sebo. Al mismo tiempo, elimine el alcohol. Daña directamente la función mitocondrial y debilita su barrera intestinal. Cuando elimina estos factores perjudiciales, su cuerpo deja de combatir daños constantes y comienza a repararse.

2. Repare su intestino y reconstrúyalo de la manera correcta, no todo de una vez — Su intestino produce compuestos clave como el butirato, un ácido graso de cadena corta que actúa como molécula de señalización para mantener regulado su sistema inmunitario. Cuando su intestino está sano, las bacterias beneficiosas fermentan la fibra y producen butirato, lo que fortalece el revestimiento intestinal y mantiene las respuestas inmunitarias bajo control.

Este es el problema que la mayoría de las personas pasa por alto. Las dietas modernas carecen de fibra, por lo que las bacterias intestinales recurren a su propio revestimiento de moco como combustible. Esto debilita su barrera protectora y lo deja expuesto. Al mismo tiempo, si su intestino ya está dañado, pasar directamente a una dieta rica en fibra resulta contraproducente. En su lugar, alimenta a las bacterias perjudiciales, aumentando las endotoxinas y empeorando la inflamación.

Empiece de forma sencilla. Comience con alimentos que su cuerpo tolere fácilmente, como fruta y arroz blanco. Una vez que mejore su digestión (menos hinchazón, mejores evacuaciones intestinales), amplíe lentamente. Añada después tubérculos, luego verduras sin almidón, seguidas de alimentos con almidón como calabaza o batatas y, finalmente, frijoles y cereales integrales. Esta progresión paso a paso reconstruye su intestino en lugar de sobrecargarlo.

3. Proporcione a sus células suficientes carbohidratos para restablecer una energía estable — Su sistema inmunitario depende de una energía celular constante. Cuando usted restringe demasiado los carbohidratos, su cuerpo pasa a un estado de estrés, y su sistema inmunitario hace lo mismo. Procure consumir alrededor de 250 gramos de carbohidratos al día, ajustando la cantidad al alza si usted es una persona activa.

4. Utilice el movimiento diario para reentrenar la manera en que responde su sistema inmunitario — El ejercicio enseña a su sistema inmunitario cómo activarse y después recuperarse. Sin ese ritmo, permanece atrapado en un estado defensivo constante. Mantenga la constancia. Caminar, el entrenamiento de fuerza y breves intervalos de mayor intensidad mejoran tanto la rapidez con la que responde su sistema inmunitario como la eficiencia con la que se desactiva posteriormente. Esa capacidad para apagarse es tan importante como la de activarse.

5. Ancle su día con la luz solar de la mañana para restablecer el ritmo inmunitario — Su sistema inmunitario sigue un ritmo diario controlado por la exposición a la luz. La luz solar de la mañana establece ese ritmo e indica a sus mitocondrias cuándo producir energía y cuándo pasar al modo de reparación. Salga al exterior durante la primera hora después de despertarse y permanezca allí al menos 10 minutos, más tiempo si está nublado. No use gafas de sol para esto, la luz debe llegar a los fotorreceptores conectados con su sistema circadiano, no solo a su piel.

Incluso en un día nublado, la luz exterior es drásticamente más intensa que la iluminación interior habitual, razón por la cual una ventana no sirve como sustituto. Cuando ese ritmo es constante, su sistema inmunitario deja de funcionar en un estado caótico y sobreestimulado y vuelve a una función controlada y precisa.

Preguntas frecuentes sobre un sistema inmunitario hiperactivo y el cáncer

P: ¿Cómo conduce al cáncer un sistema inmunitario hiperactivo?

R: Su sistema inmunitario está diseñado para activarse, resolver un problema y luego desactivarse. Cuando permanece activado durante demasiado tiempo, las células inmunitarias continúan enviando señales y dividiéndose sin control. Con el tiempo, esta estimulación constante crea un circuito de retroalimentación en el que las células dejan de seguir las reglas normales de crecimiento. En lugar de protegerlo, su sistema inmunitario comienza a impulsar las condiciones que conducen a cánceres como el linfoma.

P: ¿Cuál es la relación entre la autoinmunidad y el cáncer?

R: La autoinmunidad y el cáncer se encuentran en extremos opuestos del mismo espectro inmunitario. En la autoinmunidad, su sistema inmunitario ataca su propio tejido. En el cáncer, no ataca las células anormales. Las mismas células inmunitarias, especialmente las células T y las células B, intervienen en ambas afecciones. Cuando falla su regulación, el sistema se desplaza demasiado en una dirección o en la otra.

P: ¿Por qué algunos tratamientos contra el cáncer desencadenan síntomas autoinmunitarios?

R: Determinados tratamientos contra el cáncer eliminan los “interruptores de apagado” del sistema inmunitario para que pueda atacar los tumores de forma más agresiva. Esto mejora los resultados contra el cáncer, pero también reduce el umbral para atacar tejido sano. Como resultado, las mismas células inmunitarias que destruyen los tumores comienzan a dañar órganos normales, provocando inflamación y efectos secundarios similares a los autoinmunitarios.

P: ¿Cómo aumentan el riesgo de cáncer los tratamientos para enfermedades autoinmunitarias?

R: Los tratamientos para enfermedades autoinmunitarias suelen suprimir la actividad inmunitaria para reducir la inflamación. Aunque esto ayuda a controlar los síntomas, también debilita la capacidad de su cuerpo para detectar y destruir células anormales. Esta vigilancia reducida permite que las células cancerosas sobrevivan durante más tiempo y aumenta el riesgo de ciertos tipos de cáncer, especialmente con el uso prolongado de algunos medicamentos.

P: ¿Cuál es la forma más eficaz de restablecer el equilibrio inmunitario?

R: La clave no consiste en reforzar su sistema inmunitario, sino en estabilizarlo. Su salud intestinal y sus sistemas de energía celular desempeñan el papel más importante en este proceso. Cuando su barrera intestinal es fuerte y sus células producen suficiente energía, su sistema inmunitario recibe señales claras y responde adecuadamente. Cuando esos sistemas se deterioran, su sistema inmunitario queda atrapado en un estado de sobrecarga. Restablecer estos fundamentos ayuda a devolver el equilibrio a su respuesta inmunitaria.