📝HISTORIA EN BREVE

  • Los investigadores descubrieron que el dolor del trastorno de la articulación temporomandibular (TMJ, por sus siglas en inglés) estaba asociado con niveles significativamente más bajos de butirato, un compuesto beneficioso producido por las bacterias intestinales, y que restaurar esos niveles puede ayudar a reducir la sensibilidad al dolor y revertir varios cambios relacionados con el dolor en el sistema nervioso
  • Un análisis celular avanzado reveló que el dolor del TMJ alteró miles de células implicadas en la señalización del dolor, la función inmunitaria y la comunicación del sistema nervioso, mientras que el tratamiento con butirato ayudó a restaurar muchas de esas células a patrones más saludables
  • El estudio en animales descubrió que el butirato estaba asociado con cambios en la biología subyacente del dolor crónico, incluidos cambios en la actividad genética y en mecanismos clave que controlan cómo se activan y desactivan los genes
  • Un análisis independiente de aleatorización mendeliana que incluyó a más de 246.000 personas descubrió que ciertas bacterias intestinales estaban asociadas con un mayor riesgo de desarrollar trastornos temporomandibulares, mientras que otros grupos bacterianos estaban asociados con un menor riesgo
  • Los hallazgos sugieren que favorecer un microbioma intestinal más saludable mediante la alimentación, los hábitos de vida y una mejor producción de butirato puede ayudar a abordar factores biológicos implicados en el dolor mandibular crónico, en lugar de centrarse únicamente en el alivio de los síntomas

🩺Por el Dr. Mercola

El trastorno de la articulación temporomandibular (TMJ, por sus siglas en inglés) es una causa frecuente de dolor facial crónico, caracterizado por dolor y sensibilidad en la mandíbula, dolores de cabeza, sonidos de chasquido o crujido, dificultad para masticar y restricción del movimiento mandibular. Cuando la afección persiste, afecta el sueño, la concentración, los niveles de estrés y la calidad de vida diaria. Sin embargo, a pesar de lo frecuente que se ha vuelto el dolor del TMJ, la mayoría de los tratamientos se centran en controlar los síntomas después de que aparecen, en lugar de abordar los procesos biológicos que impulsan el dolor desde el principio.

Una línea de investigación cada vez mayor señala una fuente de influencia inesperada: su intestino. Un estudio en animales publicado en el International Journal of Oral Science sugiere que las bacterias que viven en su tracto digestivo, y los compuestos que producen, pueden ayudar a determinar con qué intensidad se percibe el dolor mandibular.1 En lugar de tratar el dolor facial crónico como un problema puramente mecánico, esta investigación plantea si las raíces de ese dolor se extienden mucho más allá de la propia articulación.*

Es un cambio de perspectiva sorprendente. Durante décadas, el dolor del TMJ se ha considerado principalmente un problema de las articulaciones, los músculos y los nervios de la cara. Sin embargo, estos hallazgos señalan una vía de comunicación bidireccional entre su intestino y su sistema nervioso que ayuda a determinar cómo se generan, amplifican y mantienen las señales de dolor.

El dolor del TMJ se remonta a señales derivadas del intestino

Los investigadores querían comprender por qué los niveles de butirato, producido cuando las bacterias beneficiosas fermentan la fibra y el almidón resistente que llegan a su colon, disminuyen durante el dolor del TMJ y si restaurar esos niveles podría reducir el dolor.2

Para responder a esa pregunta, utilizaron un modelo animal de dolor inflamatorio del TMJ, una salvedad importante para lo que sigue,  y examinaron no solo las respuestas al dolor, sino también los cambios dentro de la región del tronco encefálico responsable de procesar las señales de dolor facial. Su objetivo era determinar exactamente cómo una sustancia producida en el intestino influye en lo que ocurre dentro del sistema nervioso durante el dolor mandibular crónico.*

Los resultados señalaron una fuerte conexión entre el intestino y el dolor — Los animales con dolor del TMJ experimentaron disminuciones significativas de los niveles de butirato en sus heces, sangre y tejidos del sistema nervioso. Al mismo tiempo, se volvieron más sensibles al dolor. Cuando los investigadores administraron tributirina, un compuesto que libera butirato después de la digestión, la sensibilidad al dolor mejoró significativamente.

El dolor mejoró después de tan solo 10 días de tratamiento. Este hallazgo sugiere que los cambios en el microbioma intestinal pueden influir en la intensidad del dolor en lugar de simplemente acompañarlo, al menos en modelos animales. Los investigadores también observaron que la tributirina no tuvo ningún efecto en el lado no afectado, lo que sugiere que la mejoría estaba vinculada específicamente a la afección dolorosa, y no a un efecto general de entumecimiento.

Se detectaron miles de cambios celulares — Los investigadores examinaron un importante centro de relevo del dolor dentro del tronco encefálico. Esta estructura, denominada núcleo caudal del trigémino espinal, actúa como una estación de control de las señales de dolor facial. Cuando llegan mensajes de dolor procedentes de la mandíbula, pasan por esta zona antes de viajar a otras partes del cerebro. Los investigadores querían saber si el butirato alteraba lo que ocurría dentro de este centro de procesamiento del dolor.

Mediante una avanzada tecnología de secuenciación de células individuales (una técnica que lee la actividad genética de cada célula una por una, en lugar de promediar miles de ellas y perder los detalles) analizaron más de 22.000 células individuales procedentes del centro de procesamiento del dolor.

Encontraron cambios generalizados en las neuronas de señalización del dolor, las células inmunitarias y las células de soporte que ayudan a regular el funcionamiento del sistema nervioso. Después del tratamiento con butirato, muchos de estos patrones celulares anormales se revirtieron, lo que sugiere que el butirato ayudó a restaurar un equilibrio más saludable en múltiples vías relacionadas con el dolor, en lugar de dirigirse únicamente a un tipo de célula.

El butirato estuvo asociado con cambios en la actividad de genes relacionados con el dolor — Cinco genes clave se alteraron durante el dolor del TMJ y luego volvieron hacia la normalidad después del tratamiento con tributirina. Estos genes actúan como interruptores biológicos de control que ayudan a las células a responder al estrés, las lesiones y las señales de dolor. Los cambios aparecieron en varios tipos de células nerviosas y de soporte, lo que sugiere que el dolor del TMJ afecta a toda una red de células implicadas en la transmisión y regulación del dolor, en lugar de a una sola vía.

El butirato también estuvo asociado con la restauración de un proceso clave que controla cómo se activan y desactivan los genes. El dolor del TMJ redujo la acetilación de histonas, un mecanismo que ayuda a las células a regular la actividad genética. Las histonas son los carretes alrededor de los cuales se enrolla el ADN, y el grado de tensión con que está enrollado determina qué genes puede leer una célula. Puede pensar en la acetilación de histonas como un regulador de intensidad que controla con qué fuerza se expresan determinados genes.

Cuando este proceso se alteró, la actividad celular relacionada con el dolor también se modificó. Después del tratamiento con tributirina, los niveles de acetilación de histonas se desplazaron hacia la normalidad, lo que puede haber ayudado a reducir muchos de los cambios celulares anormales asociados con el dolor crónico. Los investigadores creen que esta es una de las razones por las que el butirato influyó en la biología subyacente que mantiene el dolor, en lugar de limitarse a bloquear las señales de dolor.

Las implicaciones van más allá de los trastornos del TMJ — El butirato se ha estudiado en el contexto de la inflamación y la regulación del dolor en otros entornos de investigación. Los hallazgos sugieren que los metabolitos derivados del intestino podrían convertirse en objetivos de futuras terapias para el dolor que funcionen de manera diferente a los medicamentos convencionales para el dolor.

Ciertas bacterias intestinales influyen en el riesgo de TMD

El primer estudio mostró que restaurar el butirato ayudó a reducir cambios relacionados con el dolor dentro del sistema nervioso. Otra cuestión es si el microbioma intestinal influye en quién desarrolla estos trastornos en primer lugar. Un estudio independiente de aleatorización mendeliana publicado en la revista Medicine buscó un vínculo directo entre las bacterias intestinales y los trastornos temporomandibulares (TMD, por sus siglas en inglés), el grupo de afecciones que afectan la articulación mandibular, los músculos de la masticación y los tejidos circundantes.3

TMD es el trastorno en sí, mientras que TMJ se refiere a la articulación temporomandibular, la bisagra que conecta su mandíbula inferior con su cráneo. En otras palabras, todas las personas tienen una TMJ, pero no todas tienen TMD. Los investigadores querían determinar si bacterias intestinales específicas aumentan o disminuyen el riesgo de que una persona desarrolle estos dolorosos trastornos mandibulares. El estudio combinó datos del microbioma de 18.340 personas con datos de salud de más de 228.000 personas, lo que lo convierte en una de las investigaciones más grandes de su tipo.*

Ciertas bacterias intestinales parecen influir directamente en el riesgo de TMD — Algunos grupos bacterianos estuvieron asociados con una mayor probabilidad de desarrollar TMD, mientras que otros estuvieron vinculados con una menor probabilidad. Esto sugiere que el microbioma intestinal no está simplemente reaccionando a la enfermedad. Determinadas poblaciones microbianas parecen desempeñar un papel activo en los procesos biológicos que influyen en el dolor y la disfunción mandibulares.

Tres grupos bacterianos estuvieron asociados con un mayor riesgo de TMDCatenibacterium surgió como el factor de riesgo más fuerte identificado en el estudio. Los niveles más altos de esta bacteria estuvieron asociados con una probabilidad significativamente mayor de desarrollar TMD. Otros dos grupos bacterianos, Coprobacter y el grupo Eubacterium fissicatena, también estuvieron vinculados con un mayor riesgo.

Estos hallazgos proporcionan a los investigadores objetivos microbianos específicos para investigar, en lugar de tratar el microbioma como un sistema único y uniforme.

Varios grupos bacterianos parecieron proteger contra el TMD — Las personas con niveles más altos de Senegalimassilia, Ruminococcaceae NK4A214 y Oxalobacter tenían menos probabilidades de desarrollar el trastorno. Aunque la mayoría de las personas no necesitan recordar esos nombres, el mensaje más amplio es importante: algunas bacterias intestinales parecen favorecer condiciones biológicas que ayudan a resistir el dolor, la inflamación y la disfunción, mientras que otras parecen hacer lo contrario.

Los investigadores creen que los compuestos producidos por las bacterias intestinales ayudan a explicar estos efectos — Uno de los principales candidatos es el butirato, ya que ayuda a regular la inflamación, la actividad inmunitaria y la comunicación entre el intestino y el sistema nervioso. Los cambios en las bacterias intestinales alteran la producción de butirato y otros compuestos microbianos, lo que proporciona una posible explicación de cómo los acontecimientos dentro del tracto digestivo influyen en las vías del dolor en otras partes del cuerpo.

El estudio amplía la manera en que los investigadores entienden los trastornos mandibulares crónicos — En lugar de considerar el TMD como un problema aislado de la articulación mandibular, los hallazgos sugieren que factores de todo el organismo influyen en el riesgo de enfermedad. Las tendencias genéticas que determinan el microbioma intestinal estuvieron asociadas con diferencias mensurables en el desarrollo de TMD.

Esto abre la puerta a futuros enfoques centrados en favorecer las poblaciones bacterianas protectoras y mejorar la salud intestinal como parte de una estrategia más amplia para reducir el dolor mandibular crónico.

Cómo favorecer la conexión entre el intestino y la mandíbula

La investigación señala un tema común: el dolor del TMJ está relacionado con mucho más que la propia articulación mandibular. Los estudios destacaron cambios en las bacterias intestinales, niveles más bajos de compuestos microbianos beneficiosos y vías biológicas que pueden afectar la inflamación y la señalización del dolor. Para abordar las causas fundamentales identificadas en esta investigación, comience por mejorar el entorno que favorece a las bacterias intestinales beneficiosas, al tiempo que reduce el estrés innecesario sobre la propia mandíbula.

1. Alimente las bacterias asociadas con un menor riesgo de TMJ — Una de las mejores maneras de favorecer un microbioma más saludable es proporcionar a las bacterias beneficiosas los alimentos que necesitan para prosperar. Comience con fuentes suaves y bien toleradas de almidón resistente: arroz blanco y papas cocidos y enfriados, además de fruta madura. Enfriar los almidones cocidos convierte parte de ellos en almidón resistente, uno de los mejores combustibles que sus bacterias utilizan para producir butirato.

A medida que mejore su digestión, añada gradualmente alimentos ricos en prebióticos, como cebollas, ajo, espárragos, zanahorias, brócoli y avena cocida. Estos alimentos proporcionan nutrientes a los microbios que producen compuestos beneficiosos implicados en la regulación inmunitaria y la señalización saludable del dolor.

2. Aumente la producción de butirato desde dentro hacia fuera — El primer estudio descubrió que los niveles más bajos de butirato estaban asociados con el dolor del TMJ, mientras que restaurar el butirato ayudó a revertir varios cambios relacionados con el dolor.4

  • En lugar de centrarse únicamente en los suplementos, concéntrese primero en crear las condiciones que permitan que sus propias bacterias intestinales produzcan más butirato de manera natural.

Los alimentos fermentados como el chucrut, el kimchi y el kéfir ayudan a favorecer la diversidad microbiana, mientras que la mantequilla de animales alimentados con pastura, el ghee y los quesos curados proporcionan pequeñas cantidades de ácido butírico directamente. Introduzca los alimentos fermentados lentamente y preste atención a cómo responde su cuerpo.

Si su intestino ha estado alterado durante años, o si usted tiene problemas digestivos crónicos, inflamación o exposición frecuente a antibióticos, un suplemento de butirato puede servir como puente temporal mientras reconstruye un microbioma más saludable. Los alimentos y la restauración microbiana siguen siendo el objetivo a largo plazo porque sus bacterias intestinales están diseñadas para fabricar butirato para usted.

La mayoría de los suplementos de butirato se liberan demasiado pronto en el tracto digestivo, por lo que generalmente se prefieren las formulaciones diseñadas para administrar butirato a lo largo de todo el colon.

3. Elimine los alimentos que alteran el equilibrio microbiano — Una de las formas más rápidas de socavar la producción de butirato es continuar alimentando las condiciones que dañan su ecosistema intestinal. Los aceites de semillas, como los de soja, maíz, girasol, cártamo y canola, promueven la inflamación y la alteración microbiana.

Las investigaciones respaldan sustituirlos por grasas más estables, como mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee, sebo y aceite de coco. Este paso ayuda a crear un entorno en el que las bacterias beneficiosas puedan recuperarse y prosperar.

4. Favorezca los hábitos diarios que fortalecen su conexión intestino-cerebro — Su microbioma responde a mucho más que a los alimentos. El sueño constante, el movimiento diario y el control del estrés influyen en la producción de compuestos microbianos beneficiosos, incluido el butirato. Caminar después de las comidas favorece la digestión y la diversidad microbiana.

Un sueño de calidad ayuda a mantener un equilibrio microbiano más saludable, mientras que el estrés crónico empuja su microbioma en la dirección opuesta. Los pequeños hábitos diarios realizados de manera constante suelen producir los mayores beneficios a largo plazo.

5. Reentrene los músculos que controlan su mandíbula — La salud intestinal es solo una parte de la ecuación. Si usted tiene chasquidos mandibulares, aprieta la mandíbula, respira por la boca, presenta una postura deficiente de la lengua o tensión crónica en la cara y el cuello, vale la pena considerar la terapia miofuncional orofacial (OMT, por sus siglas en inglés). La OMT utiliza ejercicios sencillos para reentrenar los músculos de la lengua, los labios, las mejillas y la mandíbula para que trabajen juntos de manera más eficiente. Considérela como fisioterapia para los músculos que favorecen una función mandibular adecuada.

Una mejor coordinación muscular reduce la tensión innecesaria sobre su articulación temporomandibular y ayuda a abordar otra causa fundamental de los síntomas crónicos del TMJ. Combinada con estrategias que favorecen un microbioma más saludable y una mayor producción de butirato, la OMT ayuda a mejorar el aspecto mecánico del problema en lugar de limitarse a enmascarar las molestias.

* Estos hallazgos proceden de investigaciones en animales y epidemiológicas. Los resultados pueden no ser aplicables a todas las personas.
Este artículo tiene únicamente fines informativos y no constituye asesoramiento médico. Consulte a un profesional sanitario cualificado antes de realizar cambios en su régimen de salud.

Preguntas frecuentes sobre el butirato y el dolor del TMJ

P: ¿Cuál es la diferencia entre TMJ y TMD?

R: TMJ significa articulación temporomandibular, la bisagra que conecta su mandíbula inferior con su cráneo. Todas las personas tienen una TMJ. TMD, o trastorno temporomandibular, se refiere a un grupo de afecciones que afectan esa articulación, los músculos circundantes y los tejidos cercanos. Los síntomas frecuentes incluyen dolor mandibular, sonidos de chasquido o crujido, dolores de cabeza, dolor facial y dificultad para masticar.

P: ¿Qué descubrió la investigación sobre el butirato y el dolor del TMJ?

R: Los investigadores descubrieron que los niveles de butirato disminuyeron significativamente en los animales con dolor de TMJ. En sujetos animales, restaurar el butirato mediante tributirina estuvo asociado con una menor sensibilidad al dolor, mejoras en la actividad celular anormal y varios cambios biológicos relacionados con el dolor que se desplazaron hacia la normalidad. Los hallazgos sugieren que el butirato puede influir en algunos de los procesos subyacentes implicados en el dolor crónico, en lugar de simplemente enmascarar los síntomas.

P: ¿Cómo influye mi intestino en el dolor mandibular?

R: Los estudios sugieren que el intestino y el sistema nervioso se comunican mediante compuestos producidos por las bacterias intestinales. Estos compuestos pueden influir en la inflamación, la actividad inmunitaria y la señalización del dolor. Los cambios en el microbioma intestinal pueden alterar la producción de sustancias como el butirato, lo que puede ayudar a explicar cómo los acontecimientos que ocurren dentro del tracto digestivo afectan las vías del dolor en otras partes del cuerpo.

P: ¿Qué bacterias intestinales estuvieron vinculadas con un mayor y un menor riesgo de TMD?

R: Los investigadores identificaron Catenibacterium, Coprobacter y el grupo Eubacterium fissicatena como poblaciones bacterianas asociadas con un mayor riesgo de desarrollar TMD. En contraste, los niveles más altos de Senegalimassilia, Ruminococcaceae NK4A214 y Oxalobacter estuvieron asociados con un menor riesgo. Estos hallazgos sugieren que el equilibrio de bacterias en su intestino puede influir en si las condiciones biológicas favorecen el dolor y la disfunción o si ayudan a proteger contra ellos.

P: ¿Cuáles son las mejores maneras de favorecer naturalmente la producción de butirato?

R: Favorecer la producción de butirato comienza por crear un entorno intestinal más saludable. Las fuentes sencillas de carbohidratos, como la fruta madura, el arroz cocido y enfriado y las batatas, pueden ayudar a nutrir las bacterias beneficiosas. A medida que mejore la tolerancia, los alimentos ricos en prebióticos, como el ajo, las cebollas, los espárragos y la avena cocida, pueden proporcionar apoyo adicional.

Los alimentos fermentados, un sueño de calidad, el movimiento regular, el control del estrés y evitar los aceites de semillas también pueden ayudar a crear condiciones que favorezcan las bacterias beneficiosas y una producción más saludable de butirato.