📝 HISTORIA EN BREVE
- La enfermedad renal crónica suele desarrollarse de forma silenciosa durante años, pero incluso el daño renal en etapas tempranas aumenta de manera considerable el riesgo de sufrir un ataque cardíaco, un accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y peligrosas alteraciones del ritmo cardíaco.
- Dos pruebas comunes llamadas eGFR y UACR revelan un estrés renal oculto mucho antes de que aparezcan los síntomas y proporcionan una señal de advertencia temprana de que su sistema cardiovascular ya está bajo presión.
- Los investigadores descubrieron que los riñones dañados liberan partículas microscópicas al torrente sanguíneo que lesionan directamente las células del músculo cardíaco, debilitan las contracciones del corazón y alteran el ritmo eléctrico de los latidos.
- La inflamación crónica, la sobrecarga de líquidos, los niveles elevados de azúcar en sangre, la retención excesiva de sodio y la sobreactivación del sistema nervioso crean un ciclo destructivo que daña simultáneamente tanto a los riñones como al corazón.
- Los hábitos diarios que mejoran la salud metabólica, incluidos mantener niveles estables de azúcar en sangre, realizar actividad física con regularidad, reducir el consumo de aceites de semillas, dormir de forma reparadora y favorecer una circulación saludable, ayudan a disminuir el estrés a largo plazo sobre ambos órganos antes de que se produzca un daño irreversible.
🩺 Por el Dr. Mercola
Sus riñones hacen mucho más que filtrar los desechos. Regulan su presión arterial, su circulación, su equilibrio de líquidos e incluso el ritmo de los latidos de su corazón. Cuando comienzan a fallar, el daño rara vez se manifiesta de forma evidente. No hay dolor en el pecho, ninguna señal de advertencia dramática ni un momento claro en el que algo parezca estar mal. En cambio, la función renal disminuye poco a poco año tras año mientras usted continúa sintiéndose en gran medida bien, y eso es precisamente lo que hace que la enfermedad renal crónica sea tan peligrosa.
Esto es lo que la mayoría de las personas desconoce: cuando los riñones comienzan a fallar, el primer órgano que suele verse afectado no son los propios riñones, sino el corazón. Mucho antes de que la diálisis llegue a ser necesaria, los riñones lesionados comienzan a remodelar el sistema cardiovascular. La mayoría de los adultos puede decir de memoria cuál es su nivel de colesterol, pero muy pocos podrían decirle si sus riñones están filtrando con normalidad o si ya se encuentran bajo estrés.
Las pruebas que revelarían la respuesta son económicas, están ampliamente disponibles y, con frecuencia, ya forman parte de los análisis de sangre de rutina. Sin embargo, los resultados rara vez se explican de una manera que los relacione con el riesgo de sufrir un ataque cardíaco, un accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca. Investigaciones recientes han descubierto algo sorprendente: los riñones dañados liberan activamente partículas al torrente sanguíneo que viajan hasta el corazón y lesionan directamente las células del músculo cardíaco.
Los riñones no solo fallan al mismo tiempo que el corazón; también lo están dañando de forma activa. Comprender esta relación le brinda algo muy valioso: la oportunidad de intervenir cuando el daño aún es reversible.
Dos pruebas sencillas de los riñones revelan un peligro oculto para el corazón
Harvard Health Publishing examinó la creciente evidencia que vincula la enfermedad renal crónica con la enfermedad cardiovascular y explicó por qué los médicos ahora consideran que los riñones y el corazón son sistemas profundamente conectados, en lugar de órganos independientes.¹ El Dr. John Ostrominski, del Brigham and Women's Hospital afiliado a Harvard, destacó que la enfermedad renal crónica suele pasar desapercibida, aunque afecta aproximadamente a 1 de cada 7 adultos en Estados Unidos.
La enfermedad renal crónica en sus etapas iniciales suele desarrollarse de forma silenciosa porque los riñones compensan el daño durante largos periodos. Usted puede sentirse normal mientras la función renal disminuye de manera constante. Cuando finalmente aparecen los síntomas, suelen incluir hinchazón en las piernas o los tobillos, fatiga, dificultad para respirar, intolerancia al ejercicio y cambios en la micción. Para entonces, ya se ha producido un daño considerable. Precisamente por eso las pruebas tempranas cambian el pronóstico.
Le brindan la oportunidad de ralentizar la progresión antes de que la enfermedad comience a afectar la circulación, el equilibrio de líquidos y la función cardíaca.
- Dos pruebas de detección proporcionan una advertencia temprana mucho antes de que se produzca una emergencia médica — La primera prueba es la tasa de filtración glomerular estimada (eGFR), que mide la eficacia con la que sus riñones filtran los desechos de la sangre. Un valor de 90 o superior se considera normal, mientras que valores inferiores a 60 indican un deterioro de la función renal.La segunda prueba es la relación albúmina-creatinina en orina (UACR), que determina si existe pérdida de proteínas en la orina. Los riñones sanos mantienen las proteínas dentro del torrente sanguíneo. Cuando la albúmina comienza a filtrarse hacia la orina, indica la presencia de daño estructural en los riñones.
- La presencia de proteínas en la orina predice de forma importante futuros problemas cardíacos — Ostrominski explicó que los niveles elevados de UACR revelan estrés cardiovascular y un mayor riesgo futuro para el corazón. Según el informe, tanto una eGFR baja como valores elevados de UACR se asocian de forma estrecha con un mayor riesgo de sufrir ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca y fibrilación auricular, que es un trastorno del ritmo cardíaco. Esto significa que una sencilla prueba de orina puede ofrecerle una visión temprana de si sus vasos sanguíneos y su circulación ya se encuentran bajo presión.
- La presión arterial alta y la diabetes dañan los riñones mediante un esfuerzo físico directo — La presión arterial elevada obliga al organismo a retener una mayor cantidad de sodio y líquidos, lo que aumenta la presión dentro de los pequeños vasos sanguíneos de los riñones. Con el tiempo, este estrés crónico daña el propio sistema de filtración.La diabetes añade un segundo nivel de lesión porque la exposición prolongada a niveles elevados de azúcar en sangre engrosa y daña los diminutos vasos sanguíneos renales llamados capilares. Una vez que esos delicados filtros se endurecen y estrechan, la eliminación de desechos disminuye y la inflamación aumenta.
- Los riñones y el corazón forman un circuito de retroalimentación que agrava ambas enfermedades al mismo tiempo — Los riñones sanos ayudan a regular la presión arterial, los niveles de líquidos y el equilibrio de minerales, todos ellos factores que afectan directamente la función cardíaca. Cuando la función renal disminuye, los líquidos se acumulan con mayor facilidad, la presión arterial aumenta aún más y el corazón debe trabajar con mayor intensidad para bombear sangre por todo el organismo.Ese esfuerzo adicional incrementa la probabilidad de que el corazón aumente de tamaño, aparezcan alteraciones del ritmo cardíaco e insuficiencia cardíaca. Al mismo tiempo, una función cardíaca debilitada reduce el flujo sanguíneo hacia los riñones, lo que acelera aún más el daño renal.
- La disfunción metabólica se encuentra en el centro de todo este proceso — El síndrome cardiovascular-renal-metabólico, conocido con frecuencia como síndrome CKM, relaciona la obesidad, la diabetes, la presión arterial alta, la enfermedad renal y la enfermedad cardiovascular porque todas comparten los mismos factores metabólicos subyacentes.² El exceso de grasa corporal, un mal control del azúcar en sangre, la inflamación crónica y la alteración en la producción de energía dañan simultáneamente múltiples sistemas del organismo.
Partículas diminutas provenientes de los riñones dañan directamente el corazón
Una investigación publicada en Circulation analizó por qué tantas personas con enfermedad renal crónica desarrollan insuficiencia cardíaca incluso cuando los médicos controlan de manera intensiva la presión arterial, la diabetes y el colesterol.³ Los investigadores estudiaron muestras de sangre de 35 pacientes con enfermedad renal de moderada a avanzada y las compararon con las de personas sanas.
En lugar de centrarse únicamente en los factores de riesgo convencionales, el equipo examinó partículas microscópicas llamadas vesículas extracelulares, pequeños paquetes rodeados por una membrana que las células liberan al torrente sanguíneo.
Piense en las vesículas extracelulares como pequeños paquetes de correo sellados en sobres de membrana. En condiciones normales, las células las utilizan para enviar mensajes a otras células. Pero cuando los riñones están dañados, comienzan a enviar una carga tóxica —instrucciones genéticas y señales de estrés— que viaja por el torrente sanguíneo y es absorbida por las células del músculo cardíaco, las cuales comienzan entonces a deteriorarse.
Estas vesículas extracelulares transportaban material genético y señales de estrés procedentes del tejido renal lesionado directamente hacia la circulación. Una vez que estas partículas llegaban a las células del músculo cardíaco, desencadenaban la muerte celular e interferían con la capacidad del corazón para contraerse con normalidad. Los investigadores describieron repetidamente las vesículas derivadas del riñón como "cardiotóxicas", es decir, directamente perjudiciales para el tejido cardíaco. Esto cambia por completo la comprensión de la enfermedad renal, porque los riñones envían activamente señales dañinas al resto del organismo.
- El estudio encontró evidencia directa de lesión del músculo cardíaco — Los investigadores expusieron células sanas del músculo cardíaco a vesículas extracelulares obtenidas de pacientes con enfermedad renal. Estas células mostraron rápidamente un aumento de la apoptosis, es decir, de la muerte celular programada. Las células cardíacas comenzaron a autodestruirse después de la exposición a estas partículas derivadas de los riñones.Las vesículas procedentes de los participantes sanos no produjeron el mismo daño. Esto confirmó que el efecto perjudicial provenía específicamente de los riñones enfermos y no de la circulación normal.
- La fuerza de contracción del corazón también se debilitó de forma importante — El estudio evaluó qué tan bien las células del músculo cardíaco se contraían y relajaban después de la exposición a las vesículas derivadas del riñón. Los investigadores observaron una disminución de la contractilidad, lo que significa que las células cardíacas tenían dificultades para bombear de manera eficiente.También se alteró el manejo del calcio dentro de las células. El calcio actúa como una señal eléctrica que indica al músculo cardíaco cuándo debe contraerse y relajarse. Cuando se altera el equilibrio del calcio, el latido pierde eficiencia y estabilidad. Con el tiempo, esto crea las condiciones para la insuficiencia cardíaca y los trastornos del ritmo.
- Las partículas dañinas transportaban microARN específicos relacionados con el daño tisular — Los microARN son pequeños reguladores genéticos que activan o desactivan determinados programas celulares. Funcionan como reguladores de intensidad para sus genes. Cada uno puede disminuir actividades celulares específicas, incluidos los genes que indican al músculo cardíaco cómo contraerse correctamente. Cuando los microARN inadecuados invaden las células cardíacas, esencialmente atenúan el funcionamiento de la maquinaria que mantiene la fuerza de los latidos.Los investigadores identificaron microARN específicos dentro de las vesículas extracelulares que interferían directamente con los genes responsables de una contracción cardíaca saludable. Cuando introdujeron estos microARN en células cardíacas humanas cultivadas en laboratorio, las células presentaron los mismos efectos tóxicos observados previamente en el estudio. Esto proporcionó una explicación más clara de cómo la enfermedad renal altera físicamente el tejido cardíaco a nivel molecular.
- El propio riñón parecía ser el origen de estas señales tóxicas — Los investigadores rastrearon los microARN hasta el tejido renal lesionado, y no al hígado, el corazón ni las células inmunológicas. Las señales más intensas procedían de células renales específicas dañadas durante la progresión de la enfermedad crónica.Este hallazgo reforzó la idea de que la enfermedad renal crónica actúa como un impulsor activo de la insuficiencia cardíaca, en lugar de simplemente coexistir con ella. Cuanto más grave era la disfunción renal, más intensos eran los marcadores de lesión cardiovascular.
- La eliminación de estas partículas perjudiciales mejoró la función cardíaca en investigaciones iniciales con animales — Los investigadores utilizaron ratones con enfermedad renal crónica y redujeron farmacológicamente las vesículas extracelulares circulantes. La función cardíaca mejoró de forma significativa después de disminuir estas vesículas. También observaron una mejoría en la progresión de la insuficiencia cardíaca. Esto sugiere que reducir las señales biológicas de estrés liberadas por los riñones dañados disminuye directamente la carga sobre el corazón.
Los investigadores describieron estos microARN derivados del riñón como biomarcadores prometedores para una detección más temprana de la enfermedad y para el desarrollo de futuras terapias. Estas señales microscópicas podrían ayudar algún día a identificar el daño cardiovascular años antes de que ocurra un evento cardíaco grave.
Supervisar la función renal, mejorar la salud metabólica, reducir la inflamación y disminuir el estrés prolongado sobre la circulación adquieren un significado mucho mayor cuando se comprende que una lesión renal silenciosa remodela físicamente el tejido cardíaco con el paso del tiempo.
La enfermedad renal modifica todo su sistema cardiovascular
Una revisión publicada en 2023 en Cardiovascular Research por el European Renal and Cardiovascular Medicine Working Group examinó la creciente carga cardiovascular asociada con la enfermedad renal crónica en todas sus etapas.⁴ Los investigadores explicaron que las complicaciones cardiovasculares constituyen la principal causa de muerte en las personas con enfermedad renal avanzada y en quienes reciben tratamiento regular de diálisis.
La revisión también destacó una realidad llamativa: muchas personas con enfermedad renal progresiva fallecen por complicaciones cardíacas antes de que sus riñones dejen de funcionar por completo. Esto significa que proteger su sistema cardiovascular desde etapas tempranas es tan importante como preservar la función renal.
- El riesgo cardiovascular aumenta progresivamente a medida que disminuye la función renal — Los investigadores citaron un metaanálisis que incluyó a más de un millón de personas y mostró que el riesgo de muerte aumentaba de manera importante conforme empeoraban las tasas de filtración renal.⁵ En comparación con una tasa de filtración saludable, el riesgo de mortalidad aumentó un 18 % con un deterioro renal moderado, un 57 % con un deterioro más avanzado y se triplicó con creces en los casos de disfunción renal grave. La presencia de proteínas en la orina también incrementó de forma independiente el riesgo de muerte por causas cardiovasculares.
- El agrandamiento del corazón comienza sorprendentemente temprano en la enfermedad renal — La revisión analizó la hipertrofia ventricular izquierda (HVI), que significa que la principal cavidad de bombeo del corazón aumenta de tamaño y se engrosa debido al esfuerzo crónico. Los investigadores encontraron que la HVI ya aparece en las primeras etapas de la enfermedad renal y afecta aproximadamente al 70 % al 80 % de los pacientes con insuficiencia renal sometidos a diálisis.Un músculo cardíaco agrandado se vuelve más rígido, menos eficiente y más vulnerable a desarrollar insuficiencia cardíaca y alteraciones del ritmo con el paso del tiempo.
- La sobrecarga de líquidos ejerce una presión constante sobre el corazón y los vasos sanguíneos — Los riñones dañados tienen dificultades para eliminar el exceso de sodio y agua de forma eficiente. A medida que los líquidos se acumulan, la presión arterial aumenta y el corazón debe bombear con más fuerza contra una mayor resistencia. Los investigadores destacaron que, por sí sola, la sobrecarga de volumen duplica el riesgo de muerte en los pacientes sometidos a diálisis, incluso independientemente de otros factores de riesgo cardiovascular.
- La inflamación surgió como uno de los factores ocultos más importantes del daño — La revisión explicó que la inflamación crónica de bajo grado se vuelve casi universal en la enfermedad renal avanzada. El estrés oxidativo, la alteración del microbioma intestinal, la acidosis metabólica y la acumulación de compuestos de desecho llamados toxinas urémicas alimentan la señalización inflamatoria. Las toxinas urémicas son productos de desecho que los riñones normalmente eliminan.Cuando estos compuestos se acumulan, dañan los vasos sanguíneos, alteran la producción de óxido nítrico y aumentan el daño oxidativo en todo el sistema cardiovascular. Los investigadores señalaron que, en algunas poblaciones con enfermedad renal, la inflamación predijo con mayor fuerza la muerte cardiovascular que el colesterol LDL.
- El sistema nervioso también queda atrapado en un estado de estrés crónico — Los investigadores encontraron que la actividad del sistema nervioso simpático aumenta de forma considerable en los pacientes con enfermedad renal y alcanza niveles extremadamente elevados durante el tratamiento con diálisis. El sistema nervioso simpático controla la respuesta de "lucha o huida" del organismo.Cuando permanece activado de forma crónica, aumenta la frecuencia cardíaca, contrae los vasos sanguíneos y eleva la presión arterial de manera constante. La revisión relacionó esta activación simpática excesiva con una mayor incidencia de agrandamiento cardíaco, arritmias y muerte por causas cardiovasculares.
- La anemia debilita aún más el suministro de oxígeno y aumenta la carga sobre el corazón — Los riñones que fallan producen menores cantidades de una hormona que estimula la producción de glóbulos rojos. A medida que aparece la anemia, disminuye el suministro de oxígeno a todo el organismo. Para compensarlo, el corazón trabaja con mayor intensidad y bombea más rápido, aumentando gradualmente su carga de trabajo y acelerando los cambios estructurales cardíacos. Los investigadores relacionaron directamente la anemia con la hipertrofia ventricular izquierda y con un mayor riesgo de hospitalización por causas cardiovasculares en pacientes con enfermedad renal.
- El sedentarismo incrementó considerablemente el riesgo cardiovascular — La revisión encontró que la actividad física limitada era muy frecuente tanto en las personas con enfermedad renal como en quienes recibían diálisis, debido a la fatiga, la carga de la enfermedad y la menor tolerancia al ejercicio.Sin embargo, los investigadores observaron de forma consistente que niveles más altos de actividad física se asociaban con una menor mortalidad cardiovascular y menos hospitalizaciones. Una intervención basada en caminatas redujo el riesgo de hospitalización en un 29 % durante un periodo de 36 meses en pacientes sometidos a diálisis.⁶ El movimiento mejora simultáneamente la circulación, la regulación de la presión arterial, la salud metabólica y la producción de energía mitocondrial.
Reduzca la carga de estrés sobre sus riñones y su corazón
Sus riñones y su corazón responden al entorno que usted crea todos los días. Años de disfunción metabólica, presión arterial elevada, exceso de azúcar en sangre, alimentos inflamatorios, mala circulación y estrés crónico dañan gradualmente los diminutos vasos sanguíneos que mantienen vivos ambos órganos.
Una vez que el tejido renal se lesiona, las investigaciones demostraron que esos riñones dañados comienzan a enviar señales perjudiciales directamente al torrente sanguíneo, las cuales también debilitan la función cardíaca. Esto significa que cuanto antes reduzca la carga de estrés sobre su organismo, mayores serán sus probabilidades de ralentizar este ciclo antes de que cobre impulso.
1. Controle sus indicadores renales como si fueran una puntuación personal de salud — Muchas personas controlan su peso o sus niveles de colesterol, pero ignoran los valores que revelan un estrés renal silencioso. Es importante llevar un seguimiento de sus valores de eGFR y UACR de la misma manera que controla su presión arterial. Estos dos marcadores suelen cambiar años antes de que aparezcan los síntomas.
Cree un registro sencillo en su teléfono o calendario y anote su presión arterial y los resultados de sus pruebas renales cada vez que se realice análisis de sangre. Observar que esos valores mejoran le proporciona una confirmación directa de que sus hábitos diarios están reduciendo la carga sobre su sistema circulatorio y de filtración, en lugar de seguir dañándolo.
2. Reduzca los picos de azúcar en sangre antes de que lesionen los diminutos vasos sanguíneos — Los niveles elevados de azúcar en sangre actúan como un papel de lija muy fino sobre los microscópicos vasos sanguíneos de sus riñones, dejando cicatrices de forma gradual en los delicados filtros de los que dependen. Ese mismo daño también debilita la circulación en todo su sistema cardiovascular. Su organismo funciona con mucha mayor eficiencia cuando los niveles de azúcar en sangre permanecen estables.
Base sus comidas en proteínas de alta calidad, alimentos ricos en colágeno, frutas, vegetales de raíz y otros carbohidratos saludables, en lugar de alimentos ultraprocesados, como aquellos elaborados con aceites de semillas, y refrigerios azucarados.
Si su digestión está comprometida y presenta hinchazón frecuente o evacuaciones irregulares, comience con fuentes de carbohidratos más fáciles de digerir, como frutas enteras y arroz blanco, antes de incorporar almidones de digestión más difícil. La mayoría de los adultos necesita alrededor de 250 gramos de carbohidratos al día provenientes de alimentos integrales. Este suministro constante de energía reactiva sus mitocondrias y ayuda a mantener un metabolismo resistente.
3. Elimine los aceites inflamatorios que dañan la producción de energía celular — Los aceites de semillas, incluidos los de soya, maíz, girasol, cártamo y canola, contienen grandes cantidades del ácido graso poliinsaturado ácido linoleico (LA), que genera un importante estrés oxidativo sobre los vasos sanguíneos, las mitocondrias y el tejido renal cuando se consume en exceso. Los alimentos de restaurante, los refrigerios empaquetados, los aderezos para ensaladas, las salsas y las comidas preparadas altamente procesadas aportan grandes cantidades de estas grasas inestables, que se acumulan en los tejidos con el paso del tiempo.
Reemplace estos aceites por mantequilla de vacas alimentadas con pastura, ghee o sebo. Si consume proteína animal, priorice las carnes de rumiantes con bajo contenido de grasas poliinsaturadas (PUFA), en lugar de pollo o cerdo criados de forma convencional. Pequeños cambios diarios producen una reducción medible del estrés inflamatorio con el paso de los meses y los años.
4. Utilice el movimiento para mejorar diariamente la circulación y la función metabólica — Ambos órganos dependen del mismo combustible: un flujo sanguíneo constante y saludable. Cada hora que pasa sentado, ese flujo disminuye, y tanto los riñones como el corazón pagan las consecuencias. Concéntrese menos en entrenamientos extenuantes y más en mantener un movimiento constante todos los días, ya que su cuerpo responde mejor a la repetición.
Comience con 20 minutos de caminata diaria y aumente gradualmente hasta llegar a una hora, además de realizar entrenamiento de fuerza dos veces por semana. También incorpore actividades cotidianas, como trabajar en el jardín y permanecer de pie con frecuencia en lugar de permanecer sentado.
5. Restablezca su ritmo circadiano para reducir las señales de estrés crónico — Dormir mal y la exposición a la luz artificial aumentan las hormonas del estrés, empeoran el control del azúcar en sangre y elevan la presión arterial que soportan sus riñones y su corazón. La exposición a la luz solar por la mañana ayuda a restablecer su reloj biológico y mejora la producción de energía celular. Recomiendo salir al aire libre poco después del amanecer y nuevamente cerca del mediodía solar, cuando sea posible.
Sin embargo, si su alimentación ha sido rica en aceites de semillas, evite la exposición al sol durante las horas de mayor intensidad (de 10:00 a. m. a 4:00 p. m.) hasta haber eliminado estos aceites de su alimentación durante al menos seis meses, ya que el exceso de LA almacenado en los tejidos aumenta la susceptibilidad a las quemaduras solares y al estrés oxidativo. Por la noche, reduzca la exposición a la luz azul emitida por teléfonos, tabletas y televisores para favorecer la producción de melatonina dentro de sus mitocondrias.
Preguntas frecuentes sobre la enfermedad renal y su corazón
P: ¿Cómo puedo saber si mis riñones están afectando mi corazón?
R: La mayoría de las personas no presenta síntomas en las primeras etapas. El estrés renal oculto suele manifestarse primero mediante resultados anormales en las pruebas de eGFR y UACR, que revelan una disminución de la función de filtración y la presencia de proteínas en la orina. Las investigaciones demostraron que estos cambios predicen de forma importante un mayor riesgo de sufrir un ataque cardíaco, un accidente cerebrovascular, insuficiencia cardíaca y alteraciones del ritmo cardíaco mucho antes de que aparezcan síntomas graves.
P: ¿Qué provoca que la enfermedad renal crónica dañe el corazón?
R: Los riñones dañados aumentan la retención de líquidos, elevan la presión arterial, alteran el equilibrio de minerales y desencadenan inflamación crónica. Las investigaciones también descubrieron que los riñones lesionados liberan partículas microscópicas al torrente sanguíneo que dañan directamente las células del músculo cardíaco y debilitan la capacidad del corazón para contraerse de forma eficiente. Con el tiempo, esto crea un ciclo de retroalimentación en el que la disfunción renal y la sobrecarga cardíaca se agravan mutuamente.
P: ¿Cuáles son las primeras señales de advertencia de la enfermedad renal crónica?
R: La enfermedad renal crónica en etapas tempranas suele permanecer silenciosa durante años. A medida que progresa el daño, los síntomas más comunes incluyen hinchazón en los tobillos o las piernas, fatiga, dificultad para respirar, intolerancia al ejercicio, calambres musculares, retención de líquidos y cambios en los patrones de micción. Muchas personas descubren que padecen una alteración de la función renal únicamente después de realizarse análisis rutinarios de sangre u orina.
P: ¿Qué cambios en el estilo de vida ayudan a proteger tanto los riñones como el corazón?
R: Las estrategias más eficaces se centran en reducir las causas subyacentes que impulsan el estrés metabólico y vascular. Mantener niveles estables de azúcar en sangre, reducir la presión arterial, realizar actividad física con regularidad, dormir de forma reparadora y disminuir el consumo de alimentos procesados inflamatorios ayudan a reducir la carga sobre ambos órganos. Caminar todos los días, realizar entrenamiento de fuerza, consumir carbohidratos provenientes de alimentos integrales, ingerir suficiente proteína y evitar los aceites de semillas favorecen la circulación, la producción de energía mitocondrial y la resistencia cardiovascular a largo plazo.
P: ¿Por qué la inflamación es tan importante en la enfermedad renal?
R: La inflamación daña los vasos sanguíneos, endurece las arterias y aumenta el estrés oxidativo en todo el sistema cardiovascular. Los investigadores descubrieron que la inflamación se vuelve extremadamente frecuente a medida que disminuye la función renal, porque los compuestos de desecho llamados toxinas urémicas comienzan a acumularse en el torrente sanguíneo. La inflamación crónica también aumenta la actividad del sistema nervioso simpático, eleva la presión arterial y acelera el agrandamiento del corazón y el riesgo de insuficiencia cardíaca.