📝HISTORIA EN BREVE

  • La enfermedad renal crónica (ERC) afecta a más de 800 millones de personas en todo el mundo, pero la mayoría no muere a causa de este problema de salud. En cambio, más de la mitad de los pacientes mueren por complicaciones cardíacas
  • Una investigación acaba de identificar vesículas extracelulares derivadas del riñón que viajan a través del torrente sanguíneo y afectan la función del músculo cardíaco, lo que podría explicar esta relación
  • Estas partículas microscópicas contienen material genético que altera el manejo del calcio, debilita la contracción del músculo cardíaco y promueve la muerte de las células del corazón
  • La enfermedad renal crónica suele progresar de manera silenciosa, y el daño se puede detectar de forma temprana con ayuda de análisis de sangre y orina, lo que da la oportunidad de tratar el problema a tiempo y reducir el riesgo de complicaciones
  • Algunas estrategias para reforzar la salud de los riñones y reducir el riesgo de problemas cardíacos incluyen: mantener el equilibrio en el sodio y el potasio, evitar medicamentos nefrotóinclxicos, hidratarse bien y limitar el consumo de oxalato y fósforo

🩺Por el Dr. Mercola

La enfermedad renal crónica (ERC) afecta a más de 800 millones de personas en todo el mundo y está detrás de 3 millones de muertes al año. Solo en los Estados Unidos, alrededor de 35 millones de personas viven con cierto grado de disfunción renal, lo que representa a una de cada siete personas. Lo que hace que la enfermedad renal crónica se considere tan peligrosa no solo es su impacto en la salud de los riñones, sino la forma en que daña otros órganos, sobre todo el corazón.1

Más de la mitad de las personas con enfermedad renal avanzada mueren por complicaciones cardiovasculares y no por insuficiencia renal. La gravedad de las enfermedades cardíacas tiene una relación estrecha con la gravedad de la disfunción renal, pero el mecanismo detrás de esta conexión aún no se entiende por completo. Los investigadores de la Universidad de Virginia y del Hospital Mount Sinai acaban de identificar la posible razón de la relación entre el daño renal y los problemas cardiovasculares.2

Todo lo que necesita saber sobre la enfermedad renal crónica

Los riñones realizan una de las funciones más exigentes del cuerpo. Todos los días, procesan su sangre a través de millones de unidades de filtración microscópicas que eliminan los desechos metabólicos, regulan los niveles de líquidos, equilibran los electrolitos y controlan los sistemas hormonales que influyen en la presión arterial, la producción de glóbulos rojos y el metabolismo de los minerales. Cuando ese sistema se daña y no puede recuperarse por completo, comienza a desarrollarse la enfermedad renal crónica.3

• La ERC es el reflejo de una falla progresiva en las unidades de filtración del riñón: cuando se dañan algunos filtros, los que permanecen sanos tienen que trabajar el doble para mantener el proceso de filtración. Esta respuesta adaptativa permite que se sienta normal durante algún tiempo, mientras se acumula el daño estructural dentro de su cuerpo.

Pero, con el tiempo, este esfuerzo adicional desgasta los filtros restantes, lo que reduce la capacidad para filtrar de los riñones. A diferencia de la lesión renal aguda, que se desarrolla rápido y puede revertirse, la enfermedad renal crónica progresa poco a poco a lo largo de meses o años, y casi siempre es permanente.4

• Los médicos evalúan la ERC a través de dos marcadores básicos de función y estructura: el primero es la tasa de filtración glomerular estimada (TFGe), que representa la cantidad de sangre que filtran los riñones por minuto. Sirve como un indicador práctico de la función del sistema de filtrado. Un valor de TFG inferior a 60 indica un deterioro en la función renal, mientras que uno por debajo de 15 es señal de insuficiencia renal.

El segundo marcador es la albúmina en la orina, que se mide como la proporción entre albúmina y creatinina. La albúmina es una proteína sanguínea que los riñones sanos retienen en el torrente sanguíneo, y cuando aparece en la orina, significa que hay daño en la barrera de filtración, lo que permite que se escapen moléculas más grandes.

En conjunto, la TFG estimada y los niveles de albúmina proporcionan un panorama más completo sobre la capacidad de filtración que le queda y el nivel de daño en la estructura renal, lo que ayuda a los médicos a evaluar la gravedad de la enfermedad y el riesgo de progresión.5

• La ERC progresa en cinco etapas: las etapas 1 y 2 reflejan la enfermedad temprana, donde la función renal permanece casi normal, pero los análisis de laboratorio muestran tensión o daño estructural leve. En estas etapas, los síntomas son poco comunes.

Las etapas 3a y 3b indican una pérdida moderada de la función en la que los productos de desecho comienzan a acumularse de forma más evidente y se vuelve más difícil regular la presión arterial. Algunas personas comienzan a experimentar fatiga o inflamación en las piernas, las manos o la cara.

La etapa 4 representa una insuficiencia grave, en la que a los riñones les cuesta mucho trabajo satisfacer las demandas metabólicas y los síntomas comienzan a empeorar. La etapa 5, que se conoce como insuficiencia renal, se produce cuando los riñones ya no pueden mantener el equilibrio de líquidos, electrolitos y desechos sin ayuda externa, lo que hace que se necesite diálisis o trasplante para sobrevivir.6

• El deterioro de la función renal también altera otros sistemas: cuando la función renal comienza a deteriorarse, los efectos se extienden mucho más allá del sistema de filtración. Cuando se altera la regulación del sodio, el potasio, el fósforo, así como el equilibrio ácido-base, se produce tensión en los nervios, los músculos y el sistema cardiovascular. Mientras que las alteraciones hormonales interfieren con el control de la presión arterial, la producción de glóbulos rojos y la remodelación ósea.7

Con el tiempo, esto provoca complicaciones como anemia, hipertensión, pérdida ósea, calcificación vascular y un mayor riesgo cardiovascular. Además de estos efectos sistémicos, los investigadores identificaron un factor de riesgo específico del riñón que podría explicar el impacto de la lesión renal en la función cardíaca.

La explicación detrás de la relación entre los riñones y el corazón

El estudio, que se publicó en Circulation, trató de determinar el mecanismo detrás del daño cardíaco a causa de la enfermedad renal crónica, que se produce de manera independiente a los factores de riesgo comunes, como la hipertensión, la hiperlipidemia, el hábito de fumar y la diabetes. Los investigadores identificaron una vía biológica directa, los riñones dañados liberan partículas microscópicas al torrente sanguíneo, lo que deteriora la función del músculo cardíaco y acelera el desarrollo de insuficiencia cardíaca.8

• El estudio se enfocó en las vesículas extracelulares circulantes (VE): estas vesículas extracelulares son como pequeñas envolturas que utilizan las células para enviar instrucciones a otros órganos. Cuando los riñones están sanos, estos mensajes funcionan de forma normal. Pero, en las personas con enfermedad renal crónica, las vesículas extracelulares que circulan en la sangre son diferentes a las que tienen las personas sanas, pero la diferencia no está en el número, ni en el tamaño, sino en su carga molecular y los efectos biológicos que causan en las células del corazón.

• Las VE derivadas de ERC tienen un microARN diferente: estos microARN actúan como reguladores de intensidad en sus genes, es decir, pueden reducir la actividad de proteínas específicas que su corazón necesita para contraerse de forma correcta. Cuando hay daño en los riñones, envían un tipo de microARN que deteriora la capacidad de bombeo del corazón.

• Estos microARN se originan en las células renales: los investigadores rastrearon las formas precursoras de los microARN hasta el tejido renal tanto en pacientes humanos como en modelos animales. Esto establece una vía de comunicación directa entre los riñones y el corazón, lo que explica cómo la enfermedad renal crónica puede causar una lesión en el corazón incluso sin un diagnóstico de enfermedad cardíaca.

• Las VE aisladas del plasma sanguíneo de pacientes con ERC fueron cardiotóxicas: cuando estas VE derivadas de ERC se expusieron a células del músculo cardíaco, redujeron bastante la viabilidad celular y causaron apoptosis, que es una forma de muerte celular. Además de promover la pérdida celular, estas vesículas interferían con la capacidad de las células del músculo cardíaco para contraerse de forma correcta, que es fundamental para mantener un gasto cardíaco normal.

• Las VE derivadas de la ERC también alteran el manejo del calcio dentro de los cardiomiocitos: los cardiomiocitos son las células del músculo cardíaco que se encargan de generar la fuerza necesaria para bombear sangre por todo el cuerpo. Los iones de calcio controlan el ciclo de contracción y relajación del músculo cardíaco, y es esencial que todo funcione de forma correcta para un latido coordinado.

Las células cardíacas con vesículas extracelulares de pacientes con enfermedad renal crónica no procesaban bien el calcio. Las señales de calcio en estas células incrementaban con menor intensidad y desaparecían más lento, lo que interfería con el momento y la fuerza de la contracción. Esto provocó cambios que reflejan las características funcionales tempranas de la insuficiencia cardíaca incluso antes de que aparezcan los síntomas.

• Menores niveles de VE se tradujeron en una mejor función cardíaca: la contracción cardíaca se fortaleció mientras que los marcadores de fibrosis (acumulación de tejido cicatricial patológico que causa rigidez en el músculo cardíaco) e hipertrofia (engrosamiento y agrandamiento anormal de las células del músculo cardíaco) disminuyeron. La investigadora Uta Erdbrügger, que tiene un doctorado en medicina y se especializa en medicina interna e investigación en la División de Nefrología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia, dijo que:

"las enfermedades renales y cardíacas pueden desarrollarse de manera silenciosa, lo que significa que cuando se diagnostican, el daño ya está avanzado. Nuestros hallazgos pueden ayudar a identificar de forma temprana a los pacientes con riesgo de insuficiencia cardíaca, lo que ayudará a tratarlos a tiempo y mejorar los resultados".9

Este estudio replantea la enfermedad renal crónica como un factor de riesgo importante de la insuficiencia cardíaca, y no solo como otro problema de salud. Y lo más importante es que representa una oportunidad para detectar y tratar la insuficiencia cardíaca antes de que se vuelva evidente en términos clínicos, y para hacerlo, deben abordarse las señales derivadas del riñón que dañan de manera silenciosa la función cardíaca mucho antes de que aparezcan los síntomas.

Los factores de riesgo de la enfermedad renal crónica

Hay varios factores y exposiciones que aceleran este deterioro; algunas actúan como causas directas, mientras que otras empeoran el daño. Conocer los factores de riesgo más comunes le proporciona un punto de partida claro para proteger sus riñones antes de que el deterioro se vuelva más difícil de revertir. Algunos de estos factores de riesgo incluyen:

• Diabetes: mantener niveles elevados de glucosa, daña las delicadas estructuras de filtrado dentro de los riñones, lo que engrosa y provoca cicatrices en las membranas glomerulares que separan los desechos de la sangre.

Cuando se debilita esta barrera, la albúmina comienza a filtrarse en la orina, que es un indicador clave del daño renal temprano. Alrededor de una de cada tres personas con diabetes también tiene enfermedad renal crónica, lo que la convierte en la principal causa de insuficiencia renal en los Estados Unidos.10,11

Hipertensión: la hipertensión ejerce un estrés mecánico crónico en los vasos sanguíneos que irrigan los riñones. Con el tiempo, esta presión daña las paredes de los vasos sanguíneos, reduce el flujo sanguíneo a las unidades de filtración y acelera la formación de cicatrices en el tejido renal.

A medida que se deteriora la función renal, comienza a fallar la regulación de líquidos y sodio, lo que puede incrementar aún más la presión arterial y la tensión en los tejidos sanos. Alrededor de una de cada cinco personas con hipertensión desarrolla enfermedad renal.12

• Medicamentos antiinflamatorios no esteroideos (AINE): el uso regular o crónico de AINE como el ibuprofeno o el naproxeno puede afectar la función renal, ya que reduce el flujo sanguíneo a los riñones e interfiere con las señales que protegen las prostaglandinas.

Estos medicamentos alivian el dolor y combaten la inflamación a través de su efecto en la actividad enzimática, pero cuando lo hacen también limitan la capacidad de los riñones para adaptarse al estrés, la deshidratación o a una menor circulación sanguínea. Con el tiempo, la exposición prolongada puede contribuir a lesiones crónicas, sobre todo en personas con factores de riesgo preexistentes como una edad avanzada, hipertensión o diabetes.13,14

• Cálculos renales: los cálculos renales recurrentes pueden contribuir a la ERC a través de la obstrucción repetida, la inflamación y la lesión tisular localizada. Los cálculos renales pueden obstruir el flujo de orina, incrementar la presión dentro de los riñones y provocar respuestas inflamatorias que dañan las estructuras circundantes. Cuando los cálculos renales se forman con mucha frecuencia o no se tratan, el impacto acumulativo puede causar cicatrices en el tejido renal y reducir la capacidad de filtración.15

• Obesidad: el exceso de peso corporal incrementa la demanda metabólica. La obesidad se relaciona con resistencia a la insulina, inflamación crónica de bajo grado, alteración del metabolismo lipídico y una mayor carga de trabajo de filtración, lo que sobrecarga el tejido renal.

Para compensar la mayor demanda metabólica, los riñones suelen filtrar más sangre de lo normal, en algo que se conoce como hiperfiltración. Si bien, al principio esto ayuda a mantener el equilibrio, la hiperfiltración crónica acelera el desgaste de las unidades de filtrado e incrementa el riesgo de deterioro progresivo.16,17,18

Juntos, estos factores ayudan a explicar por qué la enfermedad renal crónica suele desarrollarse de forma gradual y permanece sin detectarse hasta que el daño ya está avanzado, lo que hace fundamental checar de forma regular su salud renal.

8 estrategias para proteger la salud de sus riñones

Si bien los investigadores ahora analizan si bloquear estas vesículas derivadas del riñón podría convertirse en un tratamiento en el futuro, el enfoque actual más práctico es prevenir el daño renal que provoca que se liberen en primer lugar. Las siguientes estrategias para reducir el estrés renal podrían ayudar a disminuir las señales tóxicas que llegan al corazón:

1. Restaurar el equilibrio en la proporción de sodio y potasio: para regular la presión arterial se necesita que la proporción entre el sodio y el potasio esté en equilibrio. Reducir demasiado el consumo de sal suele alterar la señalización metabólica, incrementar los niveles de insulina y empeorar el estrés fisiológico, lo que puede tener un impacto negativo en la presión arterial. El verdadero problema no es la sal en sí, sino su fuente.

La mayoría de las personas obtienen el sodio de alimentos ultraprocesados, que no contienen potasio, que es el mineral que ayuda a equilibrar el sodio. Remplazar estos productos por alimentos enteros y sin procesar, como frutas maduras, vegetales de raíz y vegetales bien cocidos, ayuda a restaurar el equilibrio mineral y reducir la carga de trabajo en los riñones.

2. Optimizar sus niveles de vitamina D: la vitamina D ayuda a regular el sistema hormonal que controla la presión arterial y el equilibrio de líquidos. Cuando los niveles de vitamina D son bajos, este sistema se sobreestimula, lo que incrementa la tensión vascular y la sobrecarga en los riñones.

La exposición regular al sol es la mejor forma de mantener niveles saludables de vitamina D. Pero, si consume ácido linoleico (AL) de aceite vegetales, evite las horas más intensas de sol (10 a.m. a 4 p.m.). Esta grasa poliinsaturada se acumula en la piel y se oxida fácil, lo que incrementa el riesgo de daños en la piel.

Elimine estos aceites de su alimentación durante al menos seis meses antes de exponerse a los rayos del sol durante estas horas de mayor intensidad. Analice sus niveles de vitamina D al menos dos veces al año y trate de alcanzar un nivel entre 60 y 80 ng/ml (150 a 200 nmol/l). Si no puede exponerse lo suficiente a la luz del sol, un suplemento de vitamina D3 de alta calidad podría ayudarlo a mantener niveles saludables durante todo el año.

3. Mantenerse en movimiento: el movimiento regular mejora la circulación, estabiliza el azúcar y reduce la presión en las unidades de filtración de los riñones. Una hora de actividad moderada, como caminar, andar en bicicleta o nadar, estimula estos procesos sin sobrecargar el sistema. Si apenas comienza, realizar sesiones de 10 minutos puede ser beneficioso. Cada movimiento, por leve que sea, contribuye a reforzar la salud de sus riñones.

4. Limitar su consumo de oxalato: si tiene antecedentes de cálculos renales, moderar su consumo de oxalato ayudará a reducir el riesgo de recurrencia. Entre los alimentos que contienen cantidades más altas de oxalatos se encuentran las espinacas, las almendras, la crema de cacahuate, los camotes y los higos. Consumir grandes cantidades de este tipo de alimentos incrementa el riesgo de que el oxalato se concentre en la orina.

Combinar alimentos que contienen oxalato con opciones ricas en calcio evita que se absorba en el tracto digestivo. El calcio se une al oxalato en el intestino, lo que forma un compuesto insoluble que se elimina en las heces en lugar de filtrarse a través de los riñones. Los productos lácteos y los vegetales con bajo contenido de oxalatos, como la col rizada, estimulan este proceso.

Los métodos de preparación también influyen en la carga de oxalato. Hervir los alimentos con alto contenido de oxalatos, ayuda a que se disuelvan en el agua de cocción, que debe desechar. Una buena hidratación reduce aún más el riesgo porque ayuda a diluir los oxalatos, lo que disminuye la probabilidad de que se cristalicen y formen cálculos.

5. Controlar su consumo de fósforo: consumir demasiado fósforo, en particular de alimentos procesados, incrementa la carga en los riñones. Los aditivos de fosfato que se utilizan en alimentos procesados, refrescos de cola y carnes de comida rápida se absorben y acumulan rápido cuando la función renal comienza a fallar.

Esto altera el equilibrio del calcio y provoca cambios hormonales que sobrecargan el tejido de los riñones. Optar por alimentos frescos y evitar los productos que contengan fosfato o ácido fosfórico ayudará a reducir esta carga. Si tiene niveles elevados de fósforo, limite el consumo de lácteos porque contienen mucho fósforo fácil de absorber.19

6. Hidratarse bien con agua pura: una buena hidratación mejora la función renal porque ayuda a diluir los productos de desecho, lo que reduce el riesgo de que se formen cálculos. La sed dice mucho sobre su nivel de hidratación, mientras que el color de la orina es otro indicador importante. El color amarillo pálido es señal de una buena hidratación, mientras que los tonos más oscuros indican que quizá necesite beber más líquidos.

7. Abordar las infecciones del tracto urinario (ITU) sin antibióticos: en personas con ERC, las infecciones recurrentes se relacionan con un mayor deterioro de la función renal. Además, el uso crónico de antibióticos sobrecarga el tejido renal y altera el equilibrio en el microbioma. Por esta razón, se recomienda que las personas con una mala salud renal consideren enfoques alternativos que no utilicen antibióticos.20

Uno de estos tratamientos alternativos es el azul de metileno. Para más información sobre este tema, consulte: "Un tinte textil podría ser la solución a las enfermedades crónicas".

8. Si existen factores de riesgo, realizar análisis de detección tempranas: la hipertensión, la diabetes, la obesidad y los antecedentes familiares incrementan el riesgo de enfermedad renal. Análisis sencillos de sangre y orina que miden la TFG estimada y la albúmina revelan daños mucho antes de que aparezcan los síntomas. Detectar los cambios en esta etapa le da la oportunidad de abordar los problemas renales antes de que se produzcan daños irreversibles.

Preguntas frecuentes sobre la relación entre los problemas cardíacos y la enfermedad renal crónica

P: ¿Por qué la enfermedad renal crónica incrementa el riesgo de desarrollar problemas cardíacos?

R: Las investigaciones demuestran que cuando hay daño en los riñones, liberan partículas microscópicas que se llaman vesículas extracelulares en el torrente sanguíneo, que transportan material genético que altera las células del músculo cardíaco, lo que debilita la contracción y promueve la muerte celular con el tiempo.

P: ¿Puede comenzar un daño cardíaco incluso si mi enfermedad renal es leve?

R: Sí, el daño renal suele desarrollarse poco a poco, lo que puede producir cambios en la comunicación entre los riñones y el corazón antes de que la enfermedad renal alcance etapas avanzadas. Dado que la enfermedad renal crónica en sus primeras etapas suele ser asintomática, los efectos en el corazón pueden comenzar de forma silenciosa, mucho antes de que se diagnostique cualquiera de estos dos problemas de salud.

P: ¿Cómo puedo saber si mis riñones comienzan a fallar?

R: La enfermedad renal suele detectarse a través de un análisis de sangre y orina. Medir la tasa de filtración glomerular estimada (TFGe) y la albúmina en la orina puede revelar daños mucho antes de que aparezcan los síntomas. Si tiene factores de riesgo como diabetes, hipertensión u obesidad, se vuelve más importante que se someta a exámenes de detección periódicos.

P: ¿Son reversibles los problemas cardíacos que se relacionan con los riñones?

R: El estudio mostró mejoras en la función cardíaca cuando se redujeron las partículas dañinas derivadas del riñón en modelos animales. En seres humanos, la intervención temprana puede ayudar a ralentizar o limitar el daño. Una vez que las enfermedades renales y cardíacas están en etapas avanzadas, los cambios son más difíciles de revertir, por lo que es fundamental actuar a tiempo.

P: ¿Qué estrategias puedo implementar para proteger la salud de mis riñones?

R: Enfóquese en reducir la carga diaria en sus riñones. Mantenga una presión arterial estable, restaure el equilibrio entre sodio y potasio, realice actividad física con regularidad para mejorar la circulación, controle sus niveles de azúcar y manténgase bien hidratado para diluir los productos de desecho. Limite los factores de estrés renal que puede evitar, como los alimentos ultraprocesados, el exceso de aditivos de fósforo y el uso innecesario de AINE, y trate a tiempo las infecciones del tracto urinario.