📝HISTORIA EN BREVE

  • Las personas con enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa tienen niveles más elevados de micro y nanoplásticos, los cuales intensifican la inflamación intestinal y hacen que los brotes sean más difíciles de controlar
  • Un intestino inflamado absorbe partículas de plástico con mayor facilidad, lo que les permite ingresar al tejido, sobreestimular las células inmunitarias y empeorar los síntomas locales y de todo el cuerpo
  • Las partículas de plástico más pequeñas causan un daño mayor al alterar las bacterias intestinales, debilitar la barrera intestinal y agotar la energía celular necesaria para la reparación
  • La exposición diaria al plástico del agua embotellada, los envases de alimentos y el polvo de espacios interiores funciona como un factor inflamatorio constante que retrasa la recuperación incluso cuando la alimentación y el tratamiento parecen "adecuados"
  • Reducir la exposición al plástico y restaurar la energía celular elimina un gran factor ambiental de estrés, lo que le brinda a su intestino las condiciones que necesita para estabilizarse y sanar

🩺Por el Dr. Mercola

Imagínese hacer todo "bien" (seguir los consejos de su médico, cuidar su alimentación) y aun así sufrir brotes dolorosos que descarrilan su vida. Este ciclo es la realidad para millones de personas con enfermedad inflamatoria intestinal (EII). Las investigaciones recientes sugieren una razón que se pasa por alto: las partículas de plástico invisibles presentes en los alimentos, el agua y el aire.

La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, los dos tipos principales de EII, se caracterizan por brotes recurrentes que alteran la vida cotidiana a través de diarrea, dolor abdominal, sangrado, fatiga y pérdida de peso involuntaria. Cuando la inflamación permanece activa, las consecuencias no solo afectan el intestino, ya que aumenta el riesgo de desnutrición, inflamación sistémica y complicaciones a largo plazo que perjudican la calidad de vida.

Se suele atribuir la EII a la genética, al desequilibrio inmunológico y a los factores alimentarios. Esos factores importan, pero no explican por qué las tasas aún aumentan ni por qué los síntomas persisten incluso cuando la alimentación y los medicamentos parecen "adecuados". Hay factores ambientales nuevos de los que no se habla y que se manifiestan sin señales de advertencia evidentes.

Una de las amenazas más ignoradas es la exposición crónica a los microplásticos. Estas partículas se han infiltrado en la vida moderna (en el agua potable, los alimentos e incluso en el aire dentro de su casa) e interactúan con su cuerpo de maneras que la gastroenterología convencional aún no ha logrado comprender. Esto es importante porque los factores ambientales de estrés no actúan de forma aislada, sino que se apilan. La recuperación se vuelve mucho más difícil cuando se acumulan sobre un intestino ya inflamado.

Los intestinos inflamados absorben los plásticos de forma más agresiva

Un estudio publicado en la revista Microplastics and Nanoplastics investigó cómo la exposición mixta a microplásticos y nanoplásticos interactúa con la inflamación intestinal.1 Los investigadores se centraron en lo que sucede después de que los plásticos ingresan a un sistema digestivo inflamado, en lugar de preguntarse si los plásticos provocan enfermedades por sí solos. Los investigadores expusieron a ratones sanos y a ratones con colitis a una mezcla de partículas de plástico de tamaños diferentes.

Los animales sanos presentaron poco daño tisular visible durante el período breve de exposición. Por el contrario, los animales con inflamación existente experimentaron una peor gravedad de la enfermedad cuando había plásticos presentes, incluyendo una mayor activación del sistema inmunológico y afectó de manera más profunda a los tejidos.

• La inflamación convierte el intestino en una esponja de plástico: el tejido intestinal inflamado absorbe de forma significativa más partículas de plástico que el tejido sano, lo que abre mecanismos que deberían permanecer cerrados. En cuestión de horas, partículas más pequeñas que 1.2 micrómetros atravesaron el revestimiento intestinal y se acumularon en las paredes intestinales. Esto explica por qué la exposición se vuelve más peligrosa una vez que la barrera intestinal se ve comprometida.

• La exposición al plástico intensificó la infiltración de células inmunitarias: el estudio documentó una mayor infiltración de macrófagos, que es un tipo de célula inmunitaria que impulsa la inflamación, en animales con colitis expuestos a plásticos. Los macrófagos limpian el daño y promueven la curación o aumentan la inflamación y atacan. La exposición al plástico hace que ataquen el cuerpo.

• El equilibrio de las bacterias intestinales se desplazó hacia patrones inflamatorios: los investigadores analizaron los microbiomas de las heces y descubrieron una menor uniformidad microbiana en los animales inflamados expuestos a plásticos. "Uniformidad" hace referencia al equilibrio entre las diferentes especies bacterianas. Cuando el equilibrio se altera, las bacterias que prosperan gracias a la inflamación aumentan y, una vez que se establecen, son difíciles de eliminar, lo que crea un ciclo que se perpetúa a sí mismo y hace que sea más difícil recuperarse de cada brote.

Piense en su microbioma intestinal como si fuera un jardín, y la uniformidad significa tener una variedad saludable de plantas. Cuando la uniformidad disminuye, es como si las malas hierbas agresivas tomaran el control, y las bacterias problemáticas desplazan a las beneficiosas que mantienen la inflamación bajo control.

• Las bacterias específicas relacionadas con la inflamación se volvieron más prominentes: el estudio observó aumentos en los grupos bacterianos que se asocian con el estrés inflamatorio, incluyendo la Enterococcus y la Escherichia-Shigella, cuando se agregaron plásticos a la colitis. Se sabe que estas bacterias agravan las respuestas inmunitarias y debilitan las defensas intestinales, lo que refuerza la actividad de la enfermedad en lugar de resolverla.

• El tamaño del plástico influyó en la distancia que recorrieron las partículas en el cuerpo: las partículas más pequeñas se movieron más allá del intestino con mayor facilidad que las más grandes. En los animales con inflamación, los nanoplásticos ingresaron al torrente sanguíneo y aparecieron en órganos como el hígado, los riñones y el cerebro. Esto demuestra por qué los síntomas sistémicos suelen acompañar a la enfermedad intestinal durante los brotes.

Los investigadores también identificaron cambios generalizados en las vías de señalización que se relacionan con la inflamación cuando había plásticos presentes. Las proteínas que se asocian con la activación del sistema inmunológico, la remodelación de tejidos y las vías asociadas al cáncer aumentaron, lo que demuestra que los plásticos amplifican el estrés biológico a nivel molecular.

Una investigación asocia los niveles elevados de plástico con una inflamación intestinal más grave

El estudio que se realizó en animales plantea una pregunta clave: ¿se presentan estos patrones en los humanos con EII? Una revisión exhaustiva que se publicó en la revista Science of the Total Environment sugiere que sí.2 El estudio analizó evidencia de humanos, animales y de laboratorio sobre micro y nanoplásticos y su relación con la inflamación intestinal y la EII.

Los investigadores reunieron datos de estudios epidemiológicos, experimentos con animales controlados y modelos de células humanas para responder qué sucede después de que estas partículas ingresan al sistema digestivo y cómo se relaciona esa exposición con la enfermedad intestinal.

Los investigadores evaluaron cómo el consumo, la inhalación y la contaminación ambiental se combinan para crear exposición diaria en los humanos. Esto es importante porque no se entra en contacto con los plásticos de uno en uno ni en condiciones estériles, sino que se encuentran de manera constante, a través de los envases de alimentos, el agua embotellada, el polvo doméstico y el aire.

• Las personas con EII transportan más partículas de plástico que las personas saludables: los estudios de casos y controles resumidos en la revisión descubrieron que las muestras de heces de personas con EII tuvieron concentraciones mucho más elevadas de microplásticos que las muestras de controles sanos. Aún más preocupante es que los recuentos de partículas más elevados se alinearon con mayores puntajes de actividad de la enfermedad.

• Los patrones de exposición difieren según el estilo de vida y el entorno: las personas que beben con frecuencia agua embotellada, que consumen alimentos envasados ​​o que viven en ambientes interiores con mucho polvo, tienen una mayor exposición a los microplásticos. Esto relaciona los hábitos cotidianos con los factores de estrés intestinal en lugar de considerar la EII como una enfermedad solo genética o inmunológica.

Las sustancias químicas disruptoras del sistema endocrino (EDC), que imitan o interfieren con las hormonas, añaden otra capa de estrés. Además de las partículas en sí, la revisión señala que los plásticos contienen sustancias químicas como ftalatos y bisfenoles que interfieren con la señalización hormonal. Estos compuestos afectan las hormonas del estrés y la regulación inmunológica, lo que añade otro mecanismo a través del cual la exposición al plástico empeora la inflamación intestinal.

• Las partículas más pequeñas tienen efectos biológicos más fuertes que las más grandes: los nanoplásticos y los microplásticos muy pequeños penetraron las células intestinales con más facilidad que los fragmentos más grandes. Estas partículas más pequeñas alteraron la función de las células de manera más agresiva, lo que explica por qué el recuento total de partículas importa menos que el tamaño de ellas.

• El estrés oxidativo aumenta después de la exposición al plástico: el estrés oxidativo es en esencia oxidación celular, en otras palabras, es el daño que se causa cuando las moléculas inestables llamadas especies reactivas de oxígeno abruman las defensas de las células. La revisión documenta el aumento de especies reactivas de oxígeno dentro de las células intestinales expuestas a microplásticos, lo cual es un proceso que daña las estructuras de las células y disminuye las reservas de energía. Los plásticos empujan a las células del intestino a un estado de mucho estrés en el que la reparación se vuelve más difícil y la inflamación aumenta.

Múltiples experimentos que se resumen en la revisión también demostraron una mayor liberación de mensajeros inflamatorios después de la exposición al plástico. La EII eleva estas señales, por lo que la estimulación adicional empeora la inflamación en lugar de resolverla.

• La alteración mitocondrial explica la persistencia de los síntomas: los microplásticos interfieren con las mitocondrias, que son las estructuras que producen energía celular. El revestimiento intestinal se reemplaza cada tres a cinco días, por lo que es una de las tasas de renovación celular más rápidas del cuerpo. Esta renovación constante exige una gran cantidad de energía. Cuando las mitocondrias fallan, el intestino no puede reconstruirse con la suficiente rapidez como para compensar el daño.

Cuando las células intestinales pierden efectividad energética, es más difícil que mantengan la integridad de la barrera, controlen la señalización inmunitaria y se recuperen del daño, lo que ayuda a explicar los síntomas persistentes incluso durante el tratamiento. Las partículas de plástico también debilitan la barrera intestinal, lo que significa que el revestimiento intestinal pierde su habilidad de mantener fuera las sustancias dañinas. Esto implica una mayor inflamación, una mayor activación inmunológica y una menor resiliencia intestinal durante el estrés o la enfermedad.

Cómo reducir la exposición al plástico

Comprender la ciencia solo es útil si cambia sus hábitos. La buena noticia es que la exposición al plástico está en gran medida bajo su control. A diferencia de la genética, este es un factor de estrés que puede reducir a partir de hoy. Si bien aún no podemos demostrar que los plásticos provoquen el desarrollo de la EII, la evidencia sugiere que aceleran la actividad de la enfermedad una vez que la inflamación está presente.

Esto hace que reducir la exposición sea una prioridad lógica para cualquier persona que ya haya sido diagnosticada. Los micro y nanoplásticos funcionan como un irritante constante. La recuperación es posible cuando ese factor disminuye. Estas estrategias se centran en acciones prácticas que reducen la exposición donde en verdad ocurre.

1. Filtre el agua de la llave y evite las botellas de plástico: consuma agua de la llave filtrada y almacenada en vidrio o acero inoxidable y elimine las botellas de agua de plástico y los popotes. Mantenga los líquidos calientes fuera del plástico y no recaliente los alimentos en recipientes de ese material. El calor promueve la liberación de partículas de plástico, por lo que este paso reduce de inmediato una gran fuente cotidiana de consumo que llega al intestino.

2. Elija alimentos con poco contacto con plástico: priorice los alimentos frescos almacenados a granel o envasados ​​en papel o vidrio. Disminuya la dependencia de comidas envasadas y productos envueltos en plástico, sobre todo los alimentos grasos o ácidos que absorben más residuos plásticos del envase. Cada intercambio reduce la carga total de partículas que ingresan al tracto digestivo.

3. Filtre el aire interior y reduzca el polvo: utilice un purificador de aire de buena calidad en los espacios de estar y de dormir, aspire con un filtro HEPA y limpie las superficies con un paño húmedo en lugar de secarlas. Las fibras de plástico que transporta el aire se convierten en polvo y entran en el cuerpo a través de la respiración y la deglución, lo que aumenta la inflamación intestinal todos los días.

4. Reemplace los artículos de plástico comunes: cambie las tablas para cortar de plástico por tablas de madera o bambú. Evite las bolsitas de té de plástico, las cápsulas de café y los utensilios desechables. En su lugar, utilice herramientas de acero inoxidable, bambú o madera. Estos cambios reducen la exposición constante a los niveles bajos que se acumulan con el tiempo.

5. Restaure la salud de las células para reconstruir su intestino de adentro hacia afuera: si le han diagnosticado EII, una mejora duradera depende de arreglar la salud de las células, no solo de evitar los plásticos. Comience por reducir la exposición a los EDC, los cuales interfieren con la señalización celular y la producción de energía. Al mismo tiempo, limite en gran medida el ácido linoleico (AL), que es una toxina muy común en los alimentos modernos que desestabiliza las membranas celulares y debilita la función de la barrera intestinal.

El AL es una grasa poliinsaturada que se concentra en aceites de semillas como la soya, el maíz, la canola y el girasol, así como en frutos secos, semillas, pollo y cerdo. Aunque no está relacionado de manera directa con la exposición al plástico, el AL desestabiliza las mismas membranas celulares que los plásticos dañan, lo que agrava la disfunción de la barrera.

Mantenga el consumo de AL por debajo de 5 gramos al día, aunque lo ideal es que sean menos de 2 gramos. Llevar un seguimiento es importante.

La reparación celular también requiere la fuente de energía adecuada. Priorice 250 gramos de carbohidratos saludables al día que provengan de fuentes fáciles de digerir, como arroz blanco y fruta entera. Estos alimentos aportan la energía que las células del intestino necesitan para mantener la integridad de la barrera y regular la señalización inmunitaria sin empeorar la digestión. Los alimentos ricos en fibra se consumen después, no primero.

Introducir fibra antes de que se estabilice la función del intestino aumenta la acumulación de endotoxinas (toxinas bacterianas que se filtran a través de una pared intestinal dañada y generan una inflamación en todo el cuerpo) y empeora la inflamación. Piense en ello como si construyera los cimientos antes de añadir paredes que soporten peso. Una vez que la energía celular se normaliza y los síntomas se estabilizan, por lo general después de varios meses, se puede volver a introducir fibra poco a poco sin provocar recaídas.

Preguntas frecuentes sobre la EII y los plásticos

P: ¿Cuál es la relación entre los microplásticos y la EII?

R: Las investigaciones demuestran que las personas con EII tienen niveles más elevados de micro y nanoplásticos que las personas saludables. Estas partículas empeoran la inflamación intestinal, ya que debilitan la barrera intestinal, alteran las bacterias intestinales y sobreestimulan las respuestas inmunitarias. Cuando el intestino ya está inflamado, la exposición al plástico funciona como un amplificador que hace que los brotes sean más graves y difíciles de resolver.

P: ¿Por qué la exposición al plástico es más importante si ya padece enfermedad de Crohn o colitis ulcerosa?

R: Un intestino inflamado absorbe partículas de plástico con mayor facilidad que uno saludable. Cuando la barrera ya está comprometida, las partículas más pequeñas pasan al tejido intestinal e incluso al torrente sanguíneo, lo que activa aún más el sistema inmunológico y el estrés sistémico. Esto crea un ciclo de autorreforzamiento en el que la inflamación aumenta la absorción de plástico y la exposición al plástico intensifica la inflamación.

P: ¿Todos los plásticos son igual de dañinos para la salud intestinal?

R: Las partículas más pequeñas causan mayor daño. Los nanoplásticos y los microplásticos muy pequeños penetran con más facilidad en las células del intestino, interrumpen la producción de energía celular y generan una señalización inflamatoria más fuerte que los fragmentos más grandes. Esto explica por qué el agua embotellada, los restos de comida envueltos en plástico y el polvo del hogar merecen más atención que la basura de plástico en el medio ambiente. Las partículas que son demasiado pequeñas para verlas causan el mayor daño en el cuerpo.

P: ¿Reducir la exposición al plástico puede ayudar a calmar la inflamación intestinal?

R: Reducir la exposición ayuda a eliminar un irritante que mantiene el sistema inmunológico activado. Si bien reducir el uso de plástico no reemplaza la atención médica, sí disminuye un factor ambiental de estrés que interfiere con la reparación del intestino. La estabilidad de los síntomas se vuelve más alcanzable cuando se combina con una nutrición adecuada y apoyo celular.

P: ¿Cuál es la estrategia más importante para proteger la salud intestinal de los plásticos?

R: Comience con los cambios de mayor impacto, como filtrar el agua del grifo, evitar el contacto de las botellas de plástico y de los alimentos calientes con el plástico y reducir los alimentos envasados. Estas medidas reducen de inmediato el consumo diario de plástico y le dan al intestino una mejor oportunidad de restaurar la integridad de la barrera y calmar la señalización inmunológica.