📝 HISTORIA EN BREVE

  • El aprendizaje basado en el miedo podría intensificar el dolor en personas con EII incluso cuando la inflamación ya no está activa, lo que demuestra que el procesamiento de las emociones tiene un efecto importante en los síntomas crónicos
  • Los pacientes con EII en remisión informaron una intensidad de dolor y malestar mucho mayor en comparación con las personas saludables, a pesar de experimentar el mismo estímulo de calor
  • El cerebro puede retener recuerdos de dolor a través de un proceso llamado condicionamiento del miedo, que enseña al sistema nervioso a esperar malestar incluso sin que haya una causa física
  • Las personas con EII a menudo se sienten aisladas y abrumadas debido a brotes impredecibles, confusión mental, vergüenza y la naturaleza invisible de su dolor
  • Algunas terapias como la terapia cognitivo-conductual son una forma prometedora para reducir el dolor al abordar las respuestas de miedo aprendidas del cerebro

🩺 Por el Dr. Mercola

La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) es una enfermedad crónica que se caracteriza por una inflamación persistente en el tracto digestivo. La EII se clasifica en dos trastornos: enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa. Ambos causan síntomas como diarrea, fatiga, pérdida de peso y dolor abdominal recurrente. La buena noticia es que existen formas de mantener la EII bajo control,

pero para muchos pacientes con EII, el dolor no desaparece incluso cuando la enfermedad está en remisión. Esta discrepancia entre la inflamación activa y la intensidad del dolor ha desconcertado a los investigadores durante años. Sin embargo, un estudio reciente demuestra que la respuesta talvez no esté en el intestino, sino en la mente. El estudio indica cómo el cerebro podría retener el dolor, incluso cuando el cuerpo lo deja ir.

El dolor de la EII empeora cuando espera a que duela

Un equipo de investigación de la Universidad del Ruhr, Bochum (Alemania), quería comprender por qué el dolor suele persistir en la EII, incluso durante la remisión (lo que significa que el intestino no está inflamado de forma activa). Su estudio, que se publicó en la revista PAIN, descubrió que las emociones, en particular el miedo, tienen una influencia importante. Su objetivo fue responder si aprender a tenerle miedo al dolor hace que las personas sean más sensibles a él en el futuro, incluso si su enfermedad se calma.1,2

• El estudio se centró en personas con colitis ulcerosa (CU) y voluntarios saludables: se inscribieron 43 participantes; 21 de ellos tuvieron CU (en remisión o con síntomas leves), mientras que 22 eran controles sanos. Aunque la inflamación en la EII puede fluctuar, muchos pacientes reportan dolor abdominal intenso incluso durante períodos sin síntomas. Los participantes completaron un experimento de dos días diseñado para la investigación sobre el dolor y las emociones.

• El día 1 se centró en enseñar al cerebro a qué temer: durante el primer día del experimento, se pidió a los participantes que vieran una serie de señales visuales, algunas de las cuales estaban emparejadas con una sensación dolorosa de calor aplicada en la parte inferior del abdomen. Otras señales iban acompañadas de tonos fuertes y desagradables.

A lo largo de varias pruebas, los cerebros de los participantes aprendieron a asociar ciertas señales con una experiencia incómoda. Esto se conoce como condicionamiento del miedo y es el mismo tipo de aprendizaje asociativo que ayuda a los humanos y a los animales a evitar el peligro.

Una vez establecidas estas asociaciones de miedo, los investigadores introdujeron el entrenamiento de extinción, y presentaron las mismas señales sin calor ni ruido fuerte. Esto permitió que el cerebro “desaprendiera” la conexión con el miedo.

• El día 2 consistió en una reexposición sorpresa al dolor: el segundo día, a los participantes se les mostraron otra vez todos los símbolos sin dolor. Después se aplicó calor de forma inesperada, sin advertencias visuales ni sonoras.

"Queríamos comprobar si los pacientes con EII perciben el dolor de forma diferente a las personas saludables, y si esto se relaciona con la intensidad del aprendizaje del miedo", explicó la Dra. Hanna Öhlmann, una de las autoras del estudio.3

El dolor se volvió más intenso y desagradable en los pacientes con EII

Los resultados del segundo día fueron fascinantes. Cuando se pidió a todos los participantes que calificaran el dolor, los pacientes con EII reportaron que el calor era mucho más desagradable e intenso (las personas sanas no lo hicieron), aunque el nivel de calor real fue el mismo.

• El miedo empeoró el dolor: este hallazgo demuestra cómo el sistema nervioso "recuerda" el dolor después de que se ha aprendido el miedo. Las personas que habían aprendido a temer más el calor doloroso el día 1 fueron las mismas personas que reportaron los niveles más elevados de dolor el día 2, pero solo en el grupo con EII. Esto no ocurrió en las personas saludables, incluso si tenían el mismo miedo.

"El hecho de que los pacientes con enfermedad intestinal inflamatoria (EII) suelen experimentar síntomas como dolor abdominal incluso durante las fases de remisión de la enfermedad sugiere que otros mecanismos además de los procesos inflamatorios agudos contribuyen a que el dolor persista. Una posibilidad es que se altere el procesamiento emocional del dolor", señaló la Dra. Hanna.4

• No fue solo la sensación; era la emoción: por interesante que parezca, el estudio descubrió que lo desagradable del dolor (la "intensidad" emocional del dolor) explicó el aumento de la intensidad del dolor. En pocas palabras, cuanto más perturbador fue el dolor a nivel emocional, más intenso se volvió a nivel físico.

• Este estudio demuestra que el aprendizaje emocional y la memoria podrían determinar cómo se siente el dolor en el cuerpo: y podría ocurrir incluso cuando no hay inflamación presente. Este tipo de dolor, en el que el sistema de dolor del cerebro sigue activo incluso sin una lesión en curso, se define como dolor nociplásico.

"La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor introdujo el término dolor nociplásico en 2017, que lo define como 'dolor que surge de una nocicepción alterada a pesar de que no hay evidencia clara de daño tisular real o amenazado que cause la activación de los nociceptores periféricos o evidencia de enfermedad o lesión del sistema somatosensorial que cause el dolor'", dijeron los investigadores.5

Esto quiere decir que el dolor nociplásico es un tipo real de dolor, pero a diferencia del dolor nociceptivo causado por un daño tisular real y del dolor neuropático causado por un daño nervioso, lo promueven los cambios en la forma en que el cerebro y la médula espinal procesan el dolor, no por un daño nuevo en el cuerpo. Esto podría explicar por qué algunos pacientes con EII sienten dolor mucho tiempo después de que ha terminado el brote.

Algunos pacientes con EII comparten cómo es vivir con un dolor que nadie ve

Un estudio cualitativo reciente que se publicó en BMJ Open Gastroenterology examinó cómo las personas que viven con EII experimentan dolor crónico, sobre todo cuando el dolor continúa durante la remisión. Los investigadores entrevistaron a 30 adultos (15 mujeres y 15 hombres) de entre 18 y más de 60 años, de diferentes orígenes. Todos ellos habían tenido dolor frecuente asociado con la EII durante al menos tres meses.6

• Los investigadores utilizaron el método de elaboración de cuadrícula (GEM, por sus siglas en inglés): este utilizó una cuadrícula sencilla de 2x2 donde los participantes llenaron cada casilla con una palabra, frase o dibujo que describía su dolor. Después explicaron sus elecciones en una entrevista, que luego fueron analizadas por temas.

• Todas las personas en el estudio hablaron sobre el aspecto emocional de vivir con el dolor de la EII: muchos se sintieron ansiosos, y se preguntaron si el dolor significaba algo grave, como un bloqueo, o si debían ir al hospital. Otras personas se sintieron abrumadas por la imprevisibilidad, la tristeza y la desesperanza, en especial porque no podían controlar ni explicar su dolor.

• La vergüenza y la culpa también eran comunes: las personas estaban preocupadas de que otros las juzgaran por necesitar ir al baño con frecuencia o seguir una alimentación especial. Algunas personas dijeron que sentían que “fallaban” en el manejo de su enfermedad.

• El dolor no fue solo físico, sino que también afectaba el pensamiento y las tareas cotidianas: muchos participantes hablaron de síntomas cognitivos como confusión mental, olvidos y dificultad para concentrarse, lo que hacía que incluso las tareas más sencillas parecieran abrumadoras.

• El dolor y los síntomas obligaron a las personas a cambiar sus vidas de maneras importantes: algunas renunciaron a sus carreras, relaciones o incluso a tener hijos porque no veían la forma de lidiar con todo. Otras tuvieron que renunciar a placeres sencillos como salir a comer, viajar o pasar tiempo con amigos.

Muchos intentaron adaptarse a través de consumir alimentaciones blandas, trabajar desde casa o utilizar técnicas de relajación para sobrellevar la situación. Pero a pesar de ello tenían un gran sentimiento de pérdida. Como explicó una mujer: "aunque todos vivimos en un mismo mundo, cuando siento dolor, el mío se encoge".7

Estos estudios ofrecen más información sobre la EII como una "enfermedad invisible". A simple vista, una persona con enfermedad de Crohn o colitis puede parecer sana, pero en su interior podría lidiar con dolor intenso, agotamiento y el miedo constante a sufrir síntomas repentinos.

Los investigadores recomiendan intervenciones psicológicas para ayudar a aliviar la EII

El dolor de la EII no es solo físico, sino que también es emocional, social y personal. También es diferente del tipo de dolor que la mayoría de los tratamientos fueron diseñados para abordar. Por lo tanto, el futuro del tratamiento del dolor de la EII podría residir no solo en abordar el intestino, sino también en calmar la mente.

Los investigadores señalan que si el aprendizaje del miedo puede amplificar el dolor, entonces las terapias dirigidas al miedo podrían ayudar a reducirlo. Los investigadores indican intervenciones psicológicas y de mente-cuerpo, como la terapia cognitivo-conductual (TCC) y las terapias basadas en la exposición, para ayudar a reentrenar de forma segura las respuestas al miedo.

Según el estudio, aunque estas terapias ya son efectivas para el síndrome del intestino irritable (SII), las pruebas para la EII aún son contradictorias. Aun así, son prometedoras para los pacientes con problemas de dolor continuo. Por lo tanto, los investigadores sugieren que los médicos ofrezcan apoyo psicológico como parte de la atención rutinaria de la EII en sus pacientes.8

"Nuestros datos sugieren que los enfoques psicológicos (por ejemplo, la terapia cognitivo-conductual, que aborda el miedo y la evitación) deberían investigarse de manera sistemática, incluso en otras enfermedades inflamatorias crónicas asociadas con el dolor, como la artritis reumatoide o la endometriosis".9

Si padece EII y se siente frustrado porque el dolor persiste incluso durante la remisión, no está solo. Las investigaciones demuestran que su sistema nervioso podría aumentar las señales de dolor debido a que ha aprendido ciertas emociones y que aún no ha abordado.

Entonces ¿cuál es la solución? Reentrene su sistema nervioso para que deje de asociar el miedo con el dolor. Es necesario abordar la curación desde ambos extremos, es decir, a través de calmar el intestino y la mente. A continuación se indican algunas estrategias prácticas que podrían ayudarle a iniciar ese proceso:

• Deje de tratar el dolor como una emergencia y considérelo un aspecto en el que puede influir: si le han dicho que "todo está en su cabeza", es posible que se sienta invalidado. Pero la verdad es que está en su sistema nervioso y eso significa que tiene influencia sobre él.

Así que la próxima vez que aparezca el dolor, no deje que arruine su día ni entre en pánico. Primero pregúntese si ese dolor le indica algo urgente, o si se debe a que su cerebro responde a un factor que le resulta familiar. Si decide que no es una emergencia, elija una estrategia relajante, como una caminata lenta, un baño tibio o incluso solo salir a tomar aire fresco.

Esto rompe el ciclo de "dolor igual a peligro" y le devuelve algo de control. Esa sensación es importante porque le indica a su cerebro que la amenaza ha terminado y que ya no necesita aumentar su respuesta al dolor.

• Cree una estructura en su día para reducir el estrés causado por la imprevisibilidad: el dolor siempre es más difícil de afrontar cuando la vida parece fuera de control. Uno de los factores más comunes que mencionan las personas con EII es el miedo a no saber cuándo aparecerá el dolor. Esa imprevisibilidad conduce a un nivel elevado de estrés, y el estrés aumenta la percepción del dolor.

Implemente hábitos sencillos y predecibles para sus mañanas, comidas y hora de acostarse. Mantenga algunas "comidas seguras" en las que confíe. Utilice un calendario o una aplicación para realizar un seguimiento de cuándo aparece el dolor. Registrar ese patrón le da a su cerebro una sensación de orden, incluso si el dolor todavía está ahí. Esa sensación de orden es tranquilizadora, y la calma ayuda a regular el sistema nervioso.

• Aprenda a regular el sistema nervioso a través de la respiración o la atención plena: cuando su sistema nervioso permanece en modo de lucha o huida, todos los sistemas de su cuerpo (la digestión, el procesamiento del dolor e incluso el pensamiento) se descontrolan. Una de las formas más rápidas de restablecer esta respuesta es a través de técnicas de calma basadas en la respiración.

Pruebe inhalar por la nariz durante cuatro segundos, mantener la respiración durante dos y exhalar poco a poco por la boca durante seis. Repita esto durante dos minutos. Haga esto siempre que se sienta ansioso, abrumado o justo antes de las comidas.

Podría parecer simple, pero este tipo de respiración se comunica con el nervio vago, que es el nervio principal que une el cerebro con el intestino. Cuando ese nervio se relaja, su intestino también empieza a calmarse.

Además, abordar la causa subyacente de las enfermedades inflamatorias implica tomar medidas proactivas para restaurar y mantener un microbioma intestinal saludable. Le recomiendo leer "El increíble vínculo entre una enfermedad intestinal y la demencia" para conocer más estrategias que puede implementar para proteger su salud intestinal y controlar la EII.

Preguntas frecuentes sobre la percepción del dolor en la enfermedad inflamatoria intestinal (EII)

P: ¿Cuál es la relación entre el miedo y el dolor en la enfermedad inflamatoria intestinal (EII)?

R: El miedo intensifica el dolor en personas con EII ya que activa el sistema de respuesta a amenazas del cerebro. Incluso cuando no hay inflamación activa, el cerebro puede "aprender" a asociar ciertas sensaciones o situaciones con el dolor a través de un proceso que se denomina condicionamiento del miedo. Esto significa que el cuerpo reacciona como si algo estuviera mal, incluso si no es asi, lo que hace que el dolor se sienta más intenso y más persistente.

P: ¿Por qué aún siento dolor incluso cuando mi EII está en remisión?

R: El estudio descubrió que muchos pacientes con EII en remisión aún experimentan niveles elevados de dolor porque sus cerebros han sido programados para esperar malestar. Con el tiempo, el sistema nervioso permanece alerta para adaptarse al estrés y la inflamación constantes, lo que mantiene elevada la sensibilidad al dolor incluso sin enfermedad activa.

P: ¿Cómo funciona el condicionamiento del miedo en el cuerpo?

R: El condicionamiento del miedo es un tipo de aprendizaje emocional en el que el cuerpo relaciona sensaciones neutrales (como calor o presión) con experiencias dolorosas en el pasado. Una vez que se genera esta asociación, el cerebro comienza a tratar señales inofensivas como amenazas, lo que provoca de manera automática una respuesta de dolor, incluso cuando no hay un peligro real.

P: ¿Qué síntomas se relacionan con el dolor basado en el miedo en la EII?

R: Las personas con EII suelen reportar sensaciones de dolor más intensas y desagradables, mayor sensibilidad al tacto o a la temperatura, niveles más elevados de ansiedad e incluso síntomas físicos como tensión muscular, fatiga y confusión mental. El miedo, no la inflamación en sí, suele promover estas respuestas.

P: ¿Qué puedo hacer para romper el ciclo miedo-dolor?

R: Para reentrenar la respuesta del cuerpo al dolor, es importante centrarse en la regulación del sistema nervioso y la curación emocional. Algunas técnicas como la terapia cognitivo conductual (TCC) y abordar las creencias que provocan miedo al dolor son útiles. Desarrollar la resiliencia emocional y modificar el modo en que el cerebro procesa el dolor es una buena forma de progresar.