📝HISTORIA EN BREVE

  • Los medicamentos para la acidez estomacal, que se conocen como inhibidores de la bomba de protones (IBP), son uno de los medicamentos más populares en todo el mundo, pero las investigaciones demuestran que causan daño renal a largo plazo, incluso en personas que se sienten bien y no muestran síntomas
  • Según los estudios, el uso crónico de los IBP incrementa el riesgo de lesión renal repentina y silenciosa, lo que termina por causar enfermedad renal crónica
  • Suprimir el ácido estomacal durante mucho tiempo provoca efectos secundarios graves, incluyendo niveles bajos de magnesio, deficiencias de nutrientes, fracturas, infecciones como la C. difficile y mayor riesgo de problemas cardíacos y de ciertos tipos de cáncer
  • A diferencia de lo que muchos creen, el exceso de ácido casi nunca es la causa principal del reflujo; por lo general, es el resultado de muy poco ácido estomacal, mala digestión y disfunción mitocondrial, lo que ralentiza la producción de ácido y la descomposición de los alimentos
  • Existen estrategias naturales y seguras para aliviar el reflujo y restaurar la digestión, mientras reduce la dependencia a los IBP, algunas incluyen: recurrir a opciones más seguras como Pepcid, estimular la producción de energía mitocondrial a través de la luz del sol y alimentos enteros, así como consumir alimentos ricos en hidrógeno y cloruro para restaurar los niveles saludables de ácido estomacal

🩺Por el Dr. Mercola

La acidez estomacal es una de las molestias digestivas más comunes en el mundo, y casi todas las personas recurren a los medicamentos para aliviarla, el problema es que estos productos causan más daños que beneficios. Los inhibidores de la bomba de protones (IBP) se comercializan como soluciones prácticas y seguras para el reflujo y la indigestión. Sin embargo, estos medicamentos están diseñados para su uso a corto plazo, una indicación que pocos respetan. Cuando se toman a largo plazo, interfieren con los procesos digestivos y metabólicos esenciales.

Muchas personas toman un IBP todas las mañanas porque creen que es una forma segura de proteger su estómago, pero la realidad es muy diferente, cada pastilla es un golpe a sus riñones. Pocos saben que el malestar que tratan con estos productos farmacéuticos que suprimen el ácido, en realidad se debe a la falta del mismo. Cuando detienen la producción de ácido, los IBP solo enmascaran el síntoma y empeoran el problema subyacente.

Es más, las investigaciones han demostrado una y otra vez que el uso crónico de IBP tiene consecuencias graves, que van desde deficiencias de nutrientes y disfunción mitocondrial hasta daño a órganos. Estos hallazgos contradicen la idea convencional que afirma que se trata de un simple problema de acidez, ya que en realidad es un problema más profundo que solo se solucionará si se aborda la digestión desde su raíz, y por eso enmascararlo con productos que suprimen el ácido solo empeora la situación.

Ahora hablemos de lo que dice la ciencia sobre el impacto de los IBP en los riñones y de otros aspectos de la salud, y lo más importante de todo, cómo aliviar el reflujo de forma segura mientras se restaura el equilibrio natural del cuerpo.

Los peligros del uso crónico de medicamentos para la acidez estomacal

Una revisión que se publicó en la revista Cureus analizó 28 estudios que se realizaron entre 2013 y 2023, con el fin de determinar el impacto de los IBP en los riñones.1 Se descubrió que estos medicamentos que se prescriben para tratar el reflujo ácido, las úlceras y la indigestión, causaron daños repentinos y a largo plazo en los riñones. La revisión demuestra que los IBP no solo se prescriben en exceso, sino que también se les da un mal uso, ya que las personas suelen tomarlos más tiempo del necesario, y casi siempre sin supervisión médica.

• Las personas que tomaron IBP durante mucho tiempo tuvieron mayor riesgo de enfermedad renal crónica: los pacientes que tomaron IBP durante meses o años tuvieron un riesgo mucho mayor de desarrollar enfermedad renal crónica (ERC), que es un problema de salud progresivo que afecta la capacidad de los riñones para filtrar los desechos.

La enfermedad renal crónica (ERC) significa que los riñones pierden poco a poco su fuerza, lo que causa retención de líquidos, fatiga y, si no se controla, insuficiencia orgánica. Los investigadores observaron que entre el 25 % y el 70 % de las prescripciones de IBP se dan sin una buena justificación, lo que expone a millones de personas a riesgos innecesarios.

• La inflamación repentina de los riñones se consideró un desencadenante clave del daño renal: el mecanismo más común detrás del daño de los IBP fue un tipo de reacción inmunológica que inflama los tejidos renales. Esta inflamación daña las unidades de filtrado de los riñones, lo que causa cicatrización y pérdida de función a largo plazo.

Si después de esto no se detiene el uso de IBP, suele producir fibrosis (endurecimiento del tejido renal) y atrofia tubular (encogimiento de las estructuras de filtrado). Los investigadores estimaron que entre el 70 % y el 90 % de estos casos se relacionan con el uso de medicamentos, y los IBP son uno de los culpables principales.

• Los bajos niveles de magnesio empeoraron la función renal: también se demostró que el uso crónico de IBP reduce la absorción de magnesio en el intestino, lo que provoca que bajen sus niveles. El magnesio es un mineral esencial para los músculos, los nervios y el corazón.

Cuando los niveles bajan demasiado, se produce estrés en los riñones, lo que causa arritmias y pérdida ósea. Un análisis que se cita en esta revisión descubrió que las personas que tomaban IBP tuvieron el doble de riesgo de desarrollar niveles bajos de magnesio que las personas que no tomaban estos medicamentos.

• Tanto los estudios con animales como los datos de pacientes mostraron efectos acumulativos: incluso la exposición a corto plazo en modelos animales provocó cambios medibles en las enzimas hepáticas que incrementaron la acumulación de toxinas en la sangre.

En humanos, la exposición crónica se relacionó con mayores tasas de lesión renal aguda, un deterioro rápido de la función renal que suele resultar en una mala recuperación. Hasta un tercio de los sobrevivientes de una lesión renal aguda terminan por desarrollar ERC, lo que sugiere que cada episodio de lesión inducida por IBP incrementa el riesgo de esta enfermedad.

El daño renal suele progresar sin mandar señales de advertencia

Una investigación que se publicó en la revista Kidney International siguió a más de 144 000 adultos con el fin de determinar si los IBP dañan la función renal incluso cuando no se produce ninguna lesión evidente.2 Los científicos compararon a las personas que tomaban IBP con participantes que tomaban medicamentos supresores de ácido menos fuertes que se conocen como bloqueadores H2, y realizaron un seguimiento de ambos grupos durante cinco años. Las personas que tomaron IBP tuvieron un riesgo entre 19 % y 30 % mayor de desarrollar ERC o enfermedad renal terminal, incluso si nunca experimentaron una lesión renal aguda.

• El daño renal se acumula de forma silenciosa: durante mucho tiempo, los médicos creyeron que los IBP solo dañaban los riñones a través de un deterioro repentino de la función renal a causa de una enfermedad o deshidratación. Sin embargo, este estudio contradice por completo esta suposición.

Cuando descartaron a todos los pacientes que habían tenido una lesión renal aguda, los investigadores descubrieron que eso no produjo ningún cambio en el riesgo de deterioro renal a largo plazo, incluyendo los problemas de filtración y daño irreversible. Esto significa que puede sentirse bien y aun así tener un daño en la función de sus riñones.

• Los IBP también alteran la función de las células renales: al parecer, los IBP también afectan la capacidad de los riñones para reciclar y reparar sus células de filtración. También interfieren con los lisosomas (las “unidades de limpieza” de la célula), lo que provoca que se acumulen desechos y causa estrés oxidativo. Con el tiempo, este proceso acelera el envejecimiento celular, debilita la integridad del tejido y deteriora su capacidad de filtración. En otras palabras, el medicamento interrumpe el sistema de mantenimiento de los riñones, lo que permite que se acumulen subproductos tóxicos.

• El daño a nivel microscópico ocurre mucho antes de que aparezcan los síntomas: los autores del estudio propusieron la idea de “lesión renal aguda subclínica”, que es una forma de lesión invisible que los análisis de laboratorio estándar no pueden detectar. Este daño oculto se acumula poco a poco, lo que incrementa el riesgo de una enfermedad renal crónica. Los investigadores concluyeron que basarse en la lesión renal aguda para determinar el daño, no es suficiente.

Los médicos advierten sobre el peligro del uso crónico de estos medicamentos

En un reportaje del programa “In Your Area” apareció el Dr. Ahmed, especialista en medicina en el Reino Unido, quien aprovechó la plataforma para advertir a los pacientes sobre los peligros ocultos del uso crónico de IBP.3 Explicó que medicamentos como el omeprazol y el lansoprazol están diseñados ​​para un alivio a corto plazo (unas pocas semanas), pero muchas personas los toman durante meses o incluso años, sin supervisión médica.

También cito datos del NHS en el que establece que se prescribieron 73 millones de IBP durante 2022 y 2023. Eso significa que millones de personas ponen en riesgo su salud sin saberlo debido a los efectos secundarios que se producen con el tiempo, sin que nadie lo sepa.

• Su uso crónico se relaciona con desequilibrios nutricionales graves: el uso crónico de IBP reduce la acidez estomacal hasta el punto de que el cuerpo deja de absorber minerales y vitaminas clave.

En tan solo tres meses, los niveles de magnesio comienzan a disminuir, lo que causa síntomas como fatiga, irregularidades cardíacas y debilidad muscular. Después de seis meses a un año, disminuyen los niveles de potasio y vitamina B12, lo que provoca hormigueo, entumecimiento y daño en los nervios. Estos síntomas pueden confundirse con otros problemas de salud como neuropatía o anemia, por lo que los pacientes no dejan de tomar el medicamento, sin saber que es la causa real de su malestar.

• Mientras más tiempo los tome, mayor será el daño: después de un año o más, los riesgos se vuelven mucho más graves, en particular las fracturas. El ácido estomacal es clave para absorber el calcio y activar las enzimas digestivas que ayudan a mantener los huesos fuertes. Sin suficiente ácido, al cuerpo se le dificulta mantener la densidad ósea, lo que incrementa el riesgo de fracturas de cadera, muñeca o columna.

El Dr. Ahmed aconsejó a los pacientes a preguntarse por qué aún toman estos medicamentos, y afirmó lo siguiente:

"Si toma omeprazol desde hace meses o incluso años, consulte a su médico y pregunte por qué".

Tomar IBP por mucho tiempo provoca que se propague el daño

Una revisión que se publicó en el Chonnam Medical Journal recopiló años de datos que demuestran que el uso crónico de IBP no solo afecta la digestión, sino que se relaciona con muchos otros problemas de salud.4

Los investigadores descubrieron que el uso crónico de IBP se relaciona con enfermedades renales, problemas cardíacos, fracturas, infecciones como la C. difficile, neumonía, deficiencias de nutrientes, hipersecreción ácida de rebote, varios tipos de cáncer, demencia e incluso complicaciones hepáticas.

• Muchas personas toman IBP sin necesitarlo, en especial los adultos mayores: según la revisión, casi la mitad de todas las prescripciones de IBP fueron por razones equivocadas, y las auditorías de hospitales y salas de emergencia encontraron que entre un tercio y la mitad de las prescripciones no eran justificadas. Los adultos mayores y las personas que toman varios medicamentos tuvieron mayor riesgo de complicaciones.

Por ejemplo, las personas que tomaban un IBP junto con metformina tuvieron mayor riesgo de deficiencia de vitamina B12, mientras que las personas que también tomaban diuréticos tuvieron mayor riesgo de presentar niveles bajos de magnesio. Si toma varios medicamentos o tiene más de 60 años, sus probabilidades de sufrir efectos secundarios son mayores incluso si siente que su reflujo está bajo control.

• Los efectos secundarios que se relacionan con el corazón activaron las alarmas: algunos estudios relacionaron el uso crónico de IBP con infartos, derrame cerebral y coágulos de sangre en los stents, mientras que otros no encontraron una relación clara. Los científicos sospechan que estos medicamentos alteran el óxido nítrico, una molécula que ayuda a los vasos sanguíneos a relajarse. Así mismo, causan desequilibrios de electrolitos que sobrecargan el corazón. En términos simples, los IBP hacen que los vasos sanguíneos sean menos flexibles y que el corazón trabaje más, en especial cuando se toman de forma seguida durante meses o años.

• Las infecciones se volvieron más comunes cuando se suprimió de forma crónica el ácido estomacal: el ácido estomacal es una de las defensas naturales del cuerpo contra las bacterias, por lo que suprimirlo a largo plazo puede causar problemas. Los estudios encontraron mayores tasas de C. difficile, neumonía y peores resultados por COVID-19 en personas que tomaban IBP. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos advierte sobre los riesgos de infección, lo que confirma que no solo son suposiciones.

• La pérdida ósea y las deficiencias nutricionales también fueron comunes: suprimir el ácido durante mucho tiempo reduce la capacidad de absorber calcio, magnesio, hierro y vitamina B12. Esto ayuda a explicar por qué los estudios relacionan los IBP con fracturas de cadera, columna vertebral y muñeca, tanto que la FDA emitió una alerta de seguridad en 2010. La falta de acidez estomacal reduce la solubilidad de los minerales y la actividad de la pepsina, que son factores que se requieren para descomponer y absorber bien los nutrientes.

Suprimir de forma crónica el ácido también provoca que se produzca demasiada hormona gastrina, lo que produce lo que se conoce como “ácido de rebote” cuando las personas tratan de dejar de tomar el medicamento. Con el tiempo, esto promueve el crecimiento anormal de células en el estómago y en otros órganos digestivos. Algunos estudios incluso relacionan el uso crónico con mayor riesgo de cáncer gástrico, pancreático, hepático y colorrectal, aunque la evidencia varía.

• Los IBP también se relacionan con la migraña: un estudio de la Universidad de Maryland, College Park, descubrió que los adultos que tomaban medicamentos para suprimir el ácido tenían mayor riesgo de migraña o de dolor de cabeza severo. A diferencia de quienes no toman estos medicamentos, el riesgo de las personas que toman IBP fue 70 % mayor, 40 % mayor para las personas que toman bloqueadores H2 y 30 % mayor las personas que toman antiácidos.5

La verdadera causa del reflujo no es el exceso sino la falta de ácido

Aunque el reflujo se siente como un exceso de ácido, el verdadero problema suele ser que el estómago no produce suficiente. Cuando tiene poco ácido estomacal, el esfínter esofágico inferior (la válvula muscular entre el estómago y el esófago) no se cierra bien. Esta válvula es sensible al pH y solo se sella cuando el ácido del estómago alcanza la acidez adecuada.6 Cuando esto sucede, el ácido y la comida fluyen hacia arriba, lo que irrita la garganta y el pecho.

• La alimentación moderna promueve la falta de ácido: el cuerpo produce ácido estomacal a partir de hidrógeno y cloruro, pero los alimentos ultraprocesados no contienen estos elementos. Cuando no consume sal real, frutas, vegetales frescos ni proteínas naturales, su estómago no recibe los componentes básicos que necesita para producir ácido. Con el tiempo, esto altera la digestión, lo que causa síntomas como distensión, eructos y reflujo después de comer.

• El envejecimiento y los problemas autoinmunes empeoran el problema: la producción de ácido estomacal disminuye de forma natural con la edad. Ciertas enfermedades autoinmunes también atacan las células del estómago que secretan ácido, lo que deteriora aún más su capacidad para digerir proteínas o absorber minerales clave. Esto significa que incluso si lleva una alimentación saludable, su cuerpo no descompone bien los alimentos, lo que provoca síntomas similares a los del “exceso de ácido”.

• Las infecciones por H. pylori y las mitocondrias débiles son otro problema común: la infección común por H. pylori suprime la producción de ácido a medida que coloniza el revestimiento del estómago. Mientras tanto, las células que producen ácido dependen mucho de las mitocondrias, que son las fuentes de energía dentro de las células. Para producir ácido estomacal se necesita mucha energía, por lo que la disfunción mitocondrial reduce ese suministro.7 El resultado son niveles aún más bajos de ácido y una mala digestión que mantiene un círculo vicioso de reflujo.

• Para restaurar el equilibrio estimule de forma natural la producción de ácido: fortalecer sus mitocondrias a través de un buen sueño, luz del sol, movimiento y alimentos enteros y nutritivos estimula la producción de ácido.

Comer alimentos ricos en hidrógeno (como frutas, vegetales y proteínas) y alimentos ricos en cloruro (como sal natural, apio, aceitunas y jitomates) le da al cuerpo las herramientas que necesita para producir ácido. Mantener este proceso en óptimas condiciones ayuda a mejorar la digestión, lo que aborda el reflujo en su origen en lugar de enmascararlo con medicamentos que suprimen el ácido.

La razón de mi postura con respecto al Pepcid

Si quiere dejar de tomar IBP o necesita un alivio a corto plazo, el Pepcid es el único bloqueador H2 con décadas de uso seguro y beneficios que van más allá de su estómago. A diferencia de los bloqueadores H2, como el Tagamet (cimetidina) y Zantac (ranitidina), o los IBP peligrosos, el Pepcid alivia la acidez estomacal mientras proporciona otros beneficios sin los riesgos a largo plazo ni los efectos secundarios peligrosos.

• La famotidina, el ingrediente activo de Pepcid, hace más que regular ácido: ayuda a restaurar el equilibrio de la serotonina, que es una sustancia química que muchos consideran beneficiosa, pero que en exceso causa inflamación, dolor, fatiga y disfunción mitocondrial.

Georgi Dinkov, especialista en bioenergía, explica que el Pepcid bloquea la actividad de la serotonina en todo el cuerpo, lo que reduce la inflamación y restaura la energía celular.8 Por lo tanto, sus beneficios no se limitan al reflujo, también mejora el estado de ánimo, la energía y el equilibrio de todo el cuerpo.

• El historial de seguridad del Pepcid: si bien la ranitidina (Zantac) se retiró del mercado en 2020 debido a la contaminación por N-nitrosodimetilamina (NDMA), que es un posible carcinógeno, el Pepcid no se relaciona con ninguno de eso problemas. Incluso el "Zantac 360°" ahora utiliza famotidina como ingrediente activo, lo que hace que su mecanismo sea idéntico al Pepcid, pero sin sus años de uso seguro. Optar por Zantac 360° no proporcionará ningún beneficio adicional, es solo cuestión de mercadotecnia.

• Evite otros bloqueadores H2 como el Tagamet o la cimetidina: los bloqueadores H2 más antiguos, como la cimetidina, interactúan con muchos medicamentos y se relacionan con una serie de efectos secundarios. El Pepcid ofrece un perfil más seguro y es mucho más potente, lo que significa que necesita menos para obtener los mismos resultados o incluso mejores.

Estrategias para una transición segura y restaurar la salud digestiva

Si toma algún IBP para el reflujo o la acidez estomacal, llegó el momento de abordar la causa subyacente y dejar de silenciar el síntoma. La mayoría de los casos de reflujo se deben a la falta de ácido, y no al exceso. Suprimir el ácido por mucho tiempo solo empeora el problema porque altera la digestión, agota nutrientes clave y crea condiciones que promueven la aparición de síntomas como la distensión, la fatiga y la inflamación. Aquí algunas estrategias para dejar de tomar de forma segura los IBP, mientras restaura la capacidad natural de su cuerpo para digerir los alimentos y prevenir el reflujo desde su origen.

1. Reduzca poco a poco la dosis de IBP para evitar síntomas de rebote: no trate de dejar de tomar un inhibidor de la bomba de protones de forma abrupta. Mejor, consulte a su médico para reducir poco a poco su dosis en el transcurso de dos a tres semanas. Una vez que llegue a la dosis más baja, haga la transición a una opción más segura como el Pepcid (famotidina). Después de eso, reduzca de forma gradual la dosis del bloqueador H2 durante varias semanas hasta que ya no lo necesite más.

2. Elija Pepcid, no Zantac 360°, para un bloqueador H2 seguro y confiable: si busca un bloqueador de ácido que no represente una amenaza para su salud, el Pepcid es la mejor opción. Su ingrediente activo, la famotidina, no sólo alivia el reflujo, sino que también ayuda a restaurar el equilibrio de la serotonina. El Pepcid tiene décadas de uso seguro sin antecedentes de retiros del mercado.

Incluso el nuevo “Zantac 360°” no es más que una copia del Pepcid con un empaque diferente, así que opte por lo original. Si quiere dejar de tomar IBP o necesita un alivio a corto plazo, el Pepcid es el único bloqueador de ácido que proporciona beneficios que van más allá de su estómago, brinda protección, equilibrio y refuerzo sistémico.

3. Restaure los niveles de energía celular que se requieren para producir ácido estomacal: se requieren niveles elevados de energía para producir ácido estomacal. Cuando sus mitocondrias, las diminutas fuentes de energía de sus células, no funcionan bien, se reduce la producción de ácido estomacal. Esto provoca síntomas como mala digestión, distensión abdominal y reflujo.

Primero refuerce la salud de sus mitocondrias a través de estrategias como: exponerse de forma segura al sol, consumir carbohidratos saludables (alrededor de 250 gramos al día) y evitar los aceites de semillas, los cuales contienen ácido linoleico que altera la producción de energía. Esto le da a su cuerpo las herramientas que necesita para convertir los alimentos en ácido, y evitar los problemas relacionados.

4. Dele a su estómago las materias primas que necesita: su cuerpo produce ácido clorhídrico a partir de hidrógeno y cloruro, esto significa que debe consumir alimentos que aporten ambos. Coma alimentos ricos en hidrógeno, como frutas, vegetales y proteínas de calidad, al igual que alimentos ricos en cloruro, como sal de mar, jitomates, lechuga, apio y aceitunas. Los alimentos fermentados como el chucrut o un vaso pequeño de jugo de col antes de comer también ayudan a estimular de forma natural la producción de ácido.

3.Utilice herramientas seguras para reforzar su sistema digestivo: consumir bebidas amargas antes de las comidas le indica a su cuerpo que comience a producir ácido. Si sus niveles de ácido estomacal son demasiado bajos, pruebe la betaína HCl, comience con una cápsula antes de comer e incremente poco a poco la dosis hasta que experimente una sensación de calor o una molestia leve, ese es su umbral. En este punto, reduzca un poco la dosis y así manténgala.

Otra opción es que mezcle 1 cucharada de vinagre de sidra de manzana sin pasteurizar ni filtrar en un vaso lleno de agua, luego bébalo justo antes o después de comer. Eso le dará a su estómago el impulso que necesita.

Preguntas frecuentes sobre los IBP y sus efectos dañinos

P: ¿Por qué es peligroso el uso crónico de los IBP?

R: Los IBP están diseñados para el alivio a corto plazo del reflujo, no para su uso diario. Su uso crónico altera la digestión y suprime el ácido esencial que su cuerpo necesita para absorber nutrientes. Los estudios demuestran que incrementan el riesgo de enfermedad renal crónica, infecciones, fracturas y deficiencias de nutrientes, como la pérdida de magnesio y vitamina B12. Mientras más tiempo los tome, peor será el daño.

P: ¿Cómo dañan los IBP los riñones sin causar síntomas?

R: Incluso sin señales de advertencia evidentes, los IBP dañan poco a poco los riñones. Una investigación que se publicó en la revista Kidney International descubrió que los usuarios tenían un riesgo 30 % mayor de enfermedad renal crónica, incluso sin un evento renal agudo.9 Los IBP interfieren con la capacidad de los riñones para limpiar los desechos, lo que provoca un estrés celular microscópico que causa un daño silencioso a largo plazo.

P: ¿Cuál es la causa real del reflujo ácido?

R: La mayoría de los casos de reflujo se deben a la falta de ácido, y no al exceso. Cuando bajan los niveles de ácido, la válvula del estómago no se cierra bien, lo que permite que los alimentos y el ácido fluyan hacia arriba. Los alimentos procesados, las alimentaciones bajas en sal, el envejecimiento y la falta de energía mitocondrial reducen la producción de ácido, lo que crea el entorno perfecto para el reflujo y la distensión.

P: ¿Existen alternativas más seguras para controlar el reflujo?

R: Sí, el Pepcid (famotidina) es el bloqueador H2 más seguro en el mercado. A diferencia de los IBP o de medicamentos más antiguos, como el Tagamet y el Zantac, el Pepcid ayuda a restaurar el equilibrio de serotonina, lo que reduce la inflamación y la fatiga, además de calmar el reflujo. Además, tiene décadas de uso seguro sin antecedentes de retiros del mercado.

P: ¿Cómo puedo solucionar el reflujo de forma natural?

R: Para mejorar su digestión, restaure la producción natural de ácido estomacal y energía. Fortalezca sus mitocondrias a través de la luz del sol, del movimiento, el sueño y de los alimentos enteros. Coma alimentos ricos en hidrógeno y cloruro (como frutas, vegetales, proteínas, sal de mar y jitomates) para ayudar a su cuerpo a producir ácido estomacal. Consumir bebidas amargas, clorhidrato de betaína o vinagre de sidra de manzana antes de comer también ayuda a mejorar de forma natural su digestión.