📝HISTORIA EN BREVE

  • Los betabloqueantes no ofrecen ningún beneficio en cuanto a la supervivencia de la mayoría de los pacientes de ataque cardíaco con función cardíaca normal, aunque todavía es común que se receten
  • Las mujeres enfrentan riesgos mayores con los betabloqueantes, incluyendo casi el doble de riesgo de muerte cuando se les administran dosis más elevadas, mientras que los hombres no muestran daños ni beneficios mensurables
  • Los efectos secundarios como fatiga, mareos, depresión y disfunción sexual a menudo agobian a los pacientes sin brindarles una protección significativa
  • La causa subyacente de las enfermedades cardíacas se encuentra en las mitocondrias dañadas, que están llenas de ácido linoleico (AL) de los aceites vegetales presentes en la mayoría de los alimentos procesados
  • Puede proteger su corazón si reduce el AL, consume los tipos adecuados de carbohidratos, camina a diario, recibe luz del sol de forma adecuada y controla su puntaje HOMA-IR

🩺Por el Dr. Mercola

Un ensayo siguió a 8 438 pacientes que habían sufrido un ataque cardíaco y los resultados dieron un giro radical a décadas de práctica cardiológica.1 Las personas que recibieron betabloqueantes después de su ataque cardíaco no tuvieron mejor suerte que las que no. Las tasas de muerte, de infartos repetidos y de hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca fueron casi idénticas. Eso significa que la clase de medicamentos que se ha considerado fundamental para el cuidado cardíaco no ofreció protección adicional en las personas cuyos corazones todavía bombeaban de manera adecuada.

Los betabloqueantes son medicamentos diseñados para ralentizar el corazón y reducir su carga de trabajo. Se suelen recetar después de un ataque cardíaco para reducir el riesgo de sufrir otro. Los efectos secundarios a menudo incluyen fatiga, mareos, depresión y disfunción sexual, que muchos pacientes descartan como "parte del envejecimiento".

Sin embargo, los datos nuevos sugieren que estos efectos secundarios se producen sin ningún beneficio en la supervivencia o la recuperación a largo plazo para un gran grupo de pacientes. En particular, las mujeres también enfrentan riesgos mayores con estos medicamentos que se recetan con tanta frecuencia.2 Las pautas del Colegio Americano de Cardiología y la Sociedad Europea de Cardiología aún recomiendan el uso de betabloqueantes para la mayoría de las personas después de un ataque cardíaco, sin importar la función cardíaca.

Esas recomendaciones se basaron en estudios de las décadas de los70's y 80's, pero hoy la mayoría de los pacientes reciben una terapia médica agresiva, lo que cambia de manera fundamental los resultados. La base de evidencia ha cambiado, pero los hábitos de prescripción no.

Un ensayo demuestra que los betabloqueantes no protegen el corazón

El estudio, que se publicó en The New England Journal of Medicine, investigó si los betabloqueantes proporcionan beneficios a los pacientes con ataque cardíaco cuyos corazones aún bombean con normalidad.3 El ensayo se propuso determinar si los betabloqueantes podrían prevenir la muerte, ataques cardíacos nuevos u hospitalización por insuficiencia cardíaca en este grupo de pacientes. Los investigadores descubrieron que después de un seguimiento medio de 3.7 años, el uso de betabloqueantes no redujo el riesgo de muerte, de infarto de miocardio repetido u hospitalización por insuficiencia cardíaca.

• Las tasas de eventos fueron casi idénticas en ambos grupos: en el grupo de betabloqueantes, 316 pacientes experimentaron uno de los resultados negativos clave, en comparación con 307 pacientes del grupo que no tomó betabloqueantes. Esto supuso 22.5 frente a 21.7 eventos por cada 1 000 pacientes-año, lo que demuestra que casi no hay una diferencia. En pocas palabras, la medicación no proporcionó ninguna ventaja de supervivencia mensurable.

• No hay diferencias en supervivencia ni complicaciones: al desglosar aún más, las muertes fueron casi iguales: 161 en las personas que tomaron betabloqueantes y 153 en aquellas que no. El número de personas que sufrieron otro ataque cardíaco fue el mismo en ambos grupos (143 en cada uno) y las hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca también fueron muy similares, con 39 frente a 44 casos. El mensaje es claro, y es que los betabloqueantes no mejoraron los resultados.

• Los resultados de seguridad no demostraron ninguna ventaja: los investigadores observaron que no hubo diferencias aparentes en la seguridad entre los dos grupos. Esto significa que los pacientes que aceptaron los efectos secundarios comunes de los betabloqueantes, como fatiga o mareos, lo hicieron sin ninguna protección adicional contra complicaciones que podrían ser mortales.

• Los betabloqueantes son inútiles para muchas personas: si su función cardíaca se conserva después de un ataque cardíaco, tomar betabloqueantes le genera efectos secundarios y no le proporciona protección adicional. Pedirle a su médico que reevalúe si este medicamento es necesario es importante para tomar el control de su recuperación y su salud a largo plazo.

Las mujeres enfrentan un riesgo mayor después de un ataque cardíaco

Una investigación que se publicó en el European Heart Journal examinó si los hombres y las mujeres responden de manera diferente a los betabloqueantes después de un ataque cardíaco cuando la habilidad de bombeo de su corazón se preserva.4 El ensayo descubrió que los resultados variaron en gran medida según el sexo, ya que las mujeres enfrentaron riesgos mayores cuando se les prescribían estos medicamentos, mientras que los hombres no tuvieron diferencias significativas si los tomaban o no.

• Las mujeres tuvieron peores resultados que los hombres: de 1 627 mujeres en el estudio, aquellas que recibieron betabloqueantes tuvieron más muertes, ataques cardíacos nuevos y hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca en comparación con las mujeres que no tomaron los medicamentos. Las mujeres que tomaban betabloqueantes tuvieron una probabilidad un 45 % mayor de sufrir complicaciones graves. Sin embargo, en los hombres los resultados fueron neutrales, sin aumento ni disminución del riesgo.

• El riesgo se asoció con dosis más elevadas y función cardíaca preservada: las mujeres con fuerza de bombeo preservada fueron las más perjudicadas por los betabloqueantes. Las que tomaron dosis más elevadas enfrentaron casi el triple de riesgo de muerte o complicaciones en comparación con las mujeres que las evitaron. Por el contrario, las mujeres que recibieron dosis más bajas tuvieron menos problemas, aunque todavía no hay evidencia de beneficios.

• La muerte por cualquier causa fue mucho mayor en las mujeres: entre las mujeres, hubo 46 muertes en el grupo de betabloqueantes en comparación con solo 24 en el grupo de control. Esto supuso casi el doble de la tasa de mortalidad de las personas a las que se les recetaron los medicamentos. El aumento del riesgo se debió en gran medida a causas cardíacas. Los hombres experimentaron el patrón opuesto, ya que las muertes fueron similares sin importar el tratamiento, lo que confirma que el daño era específico de las mujeres.

• Por qué los betabloqueantes son más riesgosos para las mujeres: los corazones de las mujeres suelen ser más pequeños, lo que significa que la cámara de bombeo principal tiene menos espacio para trabajar. Los betabloqueantes reducen la frecuencia cardíaca y la fuerza con la que el corazón se contrae, lo que podría ser más perjudicial que beneficioso en un corazón más pequeño.

Además, el cuerpo de las mujeres procesa estos medicamentos de forma diferente. A menudo alcanzan concentraciones sanguíneas más elevadas con la misma dosis debido a diferencias en la grasa corporal, el volumen sanguíneo y la actividad de las enzimas hepáticas. Esto significa que la misma píldora que produce un efecto leve en un hombre podría afectar mucho más fuerte al cuerpo de una mujer.

• Una política de medicamentos que se aplica a todos no beneficia a todos por igual: las mujeres con función cardíaca preservada se vieron perjudicadas por los betabloqueantes, en particular en dosis más elevadas, mientras que los hombres no experimentaron ningún efecto significativo. Si es mujer y le recetaron un betabloqueante después de un ataque cardíaco, esta evidencia le da una razón para tener una conversación directa con su médico sobre si el medicamento es necesario y si existen mejores opciones para proteger su corazón.

Cómo proteger su corazón y favorecer una salud óptima

Si le han dicho que los betabloqueantes son la solución después de un ataque cardíaco, las investigaciones demuestran lo contrario. La verdad es que su protección a largo plazo proviene de solucionar el problema subyacente dentro de sus células. Cuando sus mitocondrias (que son las fuentes de energía que impulsan cada latido de su corazón) están bajo ataque, los medicamentos no lo ayudarán. Es necesario cambiar lo que alimenta las mitocondrias y cómo produce energía el cuerpo. Aquí hay cinco estrategias que puede implementar para fortalecer su corazón y vivir más años.

1. Elimine el ácido linoleico (AL) de su alimentación: los aceites vegetales están en todas partes, como en las papas fritas, aderezos para ensaladas, salsas, comidas de restaurantes y alimentos fritos. Son la fuente principal de AL, que es una grasa poliinsaturada que debilita las mitocondrias y provoca enfermedades cardíacas. Si solo va a implementar una estrategia, elimine estos aceites por completo.

Reemplácelos con grasas estables como sebo de animales alimentados con pastura, ghee o mantequilla. Mantenga su consumo total de AL por debajo de 5 gramos al día, lo cual puede controlar mediante una aplicación como Food Buddy en Health Coach, que saldrá este año. Lo ideal es que consuma menos de 2 gramos de AL al día.

2. Alimente sus células con los carbohidratos adecuados: si ha seguido una alimentación baja en carbohidratos, esto estresa aún más sus mitocondrias. Su cuerpo funciona mejor con la glucosa que proviene de los carbohidratos. Intente consumir unos 250 gramos al día, que en su mayoría provengan de frutas enteras, arroz blanco, tubérculos y granos que pueda tolerar. Si tiene un intestino sensible o sufre de inflamación y otros síntomas digestivos, evite los alimentos ricos en fibra hasta que su intestino mejore, y comience con opciones más fáciles de digerir, como arroz blanco o fruta.

3. Camine todos los días para cuidar su corazón: el movimiento es una de las formas más sencillas de restaurar la producción de energía. Caminar mejora el flujo sanguíneo, reduce la presión arterial y le da a las mitocondrias el oxígeno que necesitan para producir trifosfato de adenosina (ATP), que es la fuente de energía del cuerpo. Lo ideal es caminar una hora al día. Si una hora le parece abrumadora, comience con caminatas cortas de 10 a 15 minutos después de consumir alimentos. Aumente el tiempo poco a poco hasta que caminar todos los días se sienta como parte de su rutina y no como una obligación.

4. Expóngase a la luz del sol para obtener energía y repararse: la luz del sol es como una medicina para sus mitocondrias. La luz del sol activa la liberación de óxido nítrico, equilibra el ritmo circadiano y ayuda al cuerpo a crear melatonina dentro de las células que protegen el corazón. Pero si su cuerpo está lleno de AL que proviene de aceites vegetales, su piel se quema más rápido. Hasta que no haya eliminado el AL durante seis meses, evite las horas pico de sol entre las 10 a.m. y las 4 p.m. En su lugar, opte por la luz de las primeras horas de la mañana o al final de la tarde, que también es beneficiosa.

5. Mida la resistencia a la insulina con la prueba HOMA-IR: reconocer la resistencia a la insulina de forma temprana es esencial, ya que es una señal de advertencia para su salud metabólica. La prueba HOMA-IR (Homeostatic Model Assessment of Insulin Resistance) es una herramienta de diagnóstico que ayuda a evaluar la resistencia a la insulina a través de un análisis de sangre, lo que ayuda a detectar a tiempo el problema y hacer los cambios necesarios en el estilo de vida.

La crearon en 1985, y calcula la relación entre los niveles de insulina y glucosa en ayunas para evaluar la efectividad con la que el cuerpo utiliza la insulina. A diferencia de otras pruebas más complejas, la HOMA-IR requiere solo una muestra de sangre en ayunas, lo que la hace práctica y accesible. La fórmula de la HOMA-IR es la siguiente:

HOMA-IR = (glucosa en ayunas x insulina en ayunas) / 405, en donde

• La glucosa en ayunas se mide en mg/dl

• La insulina en ayunas se mide en μIU/ml (microunidades internacionales por mililitro)

La cifra 405 es una constante que normaliza los valores

Pero, si utiliza mmol/l para la glucosa en lugar de mg/dl, la fórmula cambia un poco:

HOMA-IR = (glucosa en ayunas x insulina en ayunas) / 22.5, en donde

• La glucosa en ayunas se mide en mmol/l

• La insulina en ayunas se mide en μIU/ml

• La constante de normalización para esta unidad de medida es 22.5

Cualquier valor menor a 1.0 se considera una puntuación HOMA-IR saludable. Si está por encima de ese nivel, se le considera resistencia a la insulina. Mientras más altos sean sus valores, mayor será su resistencia a la insulina. Por el contrario, cuanto menor sea su puntuación HOMA-IR, menor resistencia a la insulina tendrá, suponiendo que no tenga diabetes tipo 1.

Resulta curioso, pues mi puntuación en la escala HOMA-IR es de tan solo 0.2. Lo cual es un testimonio de la mayor eficiencia de mi cuerpo para quemar combustible, lo cual resulta de una mayor disponibilidad de glucosa. Incorporar más carbohidratos a mi alimentación le brindó a mis células la energía necesaria para funcionar de manera más efectiva.

Esta mejora en la función de mis células también optimizó mi salud metabólica, lo que demuestra que hacer ciertos ajustes en la alimentación mejora la sensibilidad a la insulina y el rendimiento metabólico.

Preguntas frecuentes sobre los betabloqueantes

P: ¿Por qué los betabloqueantes no son útiles para la mayoría de los pacientes de ataque cardíaco con una función cardíaca normal?

R: Algunos estudios a gran escala demuestran que los betabloqueantes no disminuyen las tasas de muertes, ataques cardíacos repetidos ni hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca en pacientes cuyos corazones aún bombean con normalidad. Estos medicamentos alguna vez se consideraron útiles antes de los tratamientos actuales, pero ahora aumentan el riesgo sin mejorar la supervivencia.

P: ¿Los betabloqueantes afectan a las mujeres de manera diferente que a los hombres?

R: Sí, las investigaciones demuestran que las mujeres enfrentan un riesgo 45 % mayor de muerte, ataques cardíacos nuevos o insuficiencia cardíaca cuando se les prescriben betabloqueantes, sobre todo en dosis más elevadas. Por otro lado, los hombres no ven ninguna diferencia significativa en los resultados sin importar si toman los medicamentos o no.

P: ¿Cuáles son los efectos secundarios comunes de los betabloqueantes?

R: Los efectos secundarios incluyen fatiga, mareos, depresión y disfunción sexual. Muchos pacientes asumen que estos síntomas son parte del envejecimiento, pero los estudios demuestran que estos efectos ocurren sin proporcionar ningún beneficio real en la supervivencia de las personas con función cardíaca preservada.

P: ¿Cuál es la causa subyacente de la enfermedad cardíaca que debería abordar?

R: El problema más profundo radica en la disfunción mitocondrial, es decir, cuando las fuentes de energía de las células están dañadas. Un factor importante es el AL, que es una grasa presente en los aceites vegetales que altera la producción de energía, aumenta el estrés oxidativo y sienta las bases para la resistencia a la insulina y las enfermedades cardíacas.

P: ¿Qué estrategias puedo implementar para proteger mi corazón sin depender de los betabloqueantes?

R: Puede:

• Reducir el AL si elimina los aceites vegetales y los alimentos procesados.

• Consumir alrededor de 250 gramos de carbohidratos saludables al día para alimentar sus mitocondrias.

• Caminar a diario para aumentar el flujo sanguíneo y la producción de energía.

• Exponerse al sol todos los días, pero evite las horas pico hasta que haya reducido los niveles de AL en su cuerpo.

• Realizar un seguimiento de su puntuación HOMA-IR para monitorear a tiempo la resistencia a la insulina.