📝HISTORIA EN BREVE
- Las partículas PM2.5 aumentan el riesgo de demencia en un 8 % por cada aumento de 5 microgramos por metro cúbico. Estas partículas ultrafinas llegan de manera directa al cerebro a través de las vías nasales
- La exposición constante a las partículas finas duplica el riesgo de ruptura de un aneurisma cerebral, y el daño se acumula durante tres a seis meses en lugar de causar efectos inmediatos
- Los contaminantes del aire provocan una inflamación crónica del cerebro al activar las células de la microglía, lo que altera la barrera hematoencefálica y promueve la acumulación dañina de placa amiloide con el tiempo
- Los gases de escape de los vehículos, como el dióxido de nitrógeno y el carbono negro del hollín, tienen asociaciones más fuertes con la demencia vascular en comparación con la enfermedad de Alzheimer en estudios de población
- El uso de purificadores de aire en espacios interiores con filtros de aire de partículas de alta eficiencia (HEPA), limitar la exposición al aire libre durante periodos de mucha contaminación y eliminar las fuentes de productos químicos en el hogar ayudan a mejorar la calidad del aire interior para proteger la salud del cerebro
🩺Por el Dr. Mercola
Según las estadísticas, hoy en día hay 6 millones de personas en Estados Unidos diagnosticados con demencia, y esta enfermedad provoca más de 100 000 muertes relacionadas cada año.1 Los factores que influyen en el desarrollo de la demencia incluyen la edad, el consumo de alcohol y la diabetes.2
Las investigaciones han demostrado que el aire que respiramos también influye en el riesgo de padecer demencia. Cuando las toxinas que flotan en el aire ingresan a los pulmones y cruzan la barrera hematoencefálica, afectan poco a poco la función del cerebro, y los efectos son mucho peores con la exposición a largo plazo.
El aire contaminado afecta la salud del cerebro y aumenta el riesgo de demencia
En un metaanálisis que se publicó en la revista The Lancet Planetary Health, los investigadores examinaron cómo la exposición a largo plazo a la contaminación del aire exterior aumenta el riesgo de demencia. El equipo comenzó con 15 619 estudios y los redujo a 32 artículos con una población total de estudio de 26 180 535 personas.3
Los participantes en todos los estudios son en su mayoría adultos mayores, y los periodos de seguimiento variaron entre tres y 23 años. Se involucraron diversas ubicaciones geográficas, desde América del Norte hasta Europa, Asia y Oceanía, y abarcaron tanto ciudades como regiones más rurales. Los diagnósticos de demencia se confirmaron con el uso de registros médicos, datos hospitalarios, registros de seguros o pruebas cognitivas.
• Las partículas finas entran en el cuerpo: las partículas conocidas como PM2.5, se refieren a partículas tan diminutas (de menos de 2.5 micrómetros de diámetro) que se introducen en lo profundo de los pulmones y entran en el torrente sanguíneo. El análisis conjunto demostró que por cada aumento de 5 microgramos por metro cúbico de PM2.5 en el aire, el riesgo de demencia aumentó un 8 %.
• Aunque el 8 % parece pequeño al principio, el impacto es enorme cuando poblaciones enteras están expuestas año tras año: por ejemplo, el dióxido de nitrógeno, que es un gas asociado al tráfico y a las emisiones industriales, también se asoció con mayores diagnósticos de demencia. Cada aumento de 10 microgramos por metro cúbico aumenta en alrededor de un 3 % el riesgo. El carbono negro, que es un componente importante del hollín, tuvo un efecto aún más fuerte, con un aumento del 13 % en el riesgo por cada microgramo por metro cúbico.
• Las partículas más grandes no son tan peligrosas como las más pequeñas: las PM10 y los gases como el ozono no tuvieron el mismo vínculo consistente en la revisión. Esto sugiere que los contaminantes pequeños son los más peligrosos para la salud del cerebro.
• Un análisis de los matices de los datos: la investigación también analizó subgrupos. Por interesante que parezca, el efecto del PM2.5, dióxido de nitrógeno y carbono negro tendió a ser mayor en la demencia vascular en comparación con la enfermedad de Alzheimer, aunque las diferencias no fueron significativas a nivel estadístico. Para ponerlo en contexto, la demencia vascular se desarrolla cuando los vasos sanguíneos del cerebro se dañan, lo que limita el flujo sanguíneo y provoca derrames cerebrales o mini derrames cerebrales.
• El riesgo de enfermedad se acumula a lo largo de un largo período de tiempo: muchos de los estudios rastrearon a personas durante más de una década, lo que demostró que el riesgo de contaminación no es inmediato, sino que crece de manera constante a lo largo de años de exposición. Esto significa que cuanto antes tome medidas para reducir la exposición, más protegerá su cerebro.
• Cómo los contaminantes del aire modifican su cuerpo: los investigadores observaron que las partículas ultrafinas como la PM2.5 viajan de manera directa desde la nariz al cerebro a través del nervio olfativo. Una vez allí, activan la microglía (que son células inmunitarias especiales del cerebro) para que entren en un estado de activación constante.
Esto crea un ciclo de inflamación, estrés oxidativo y alteración de la barrera hematoencefálica. Con el tiempo, este entorno tóxico fomenta la acumulación de placas amiloides, las proteínas pegajosas que son características de la enfermedad de Alzheimer.
• El estudio también revisó las vías indirectas que conducen a la enfermedad neuronal: cuando respira aire contaminado, se liberan sustancias químicas inflamatorias en los pulmones. Estas viajan a través del torrente sanguíneo y provocan respuestas inmunitarias en otras partes, incluyendo el cerebro. Se descubrió que algunas proteínas como la HMGB1 alteran los sistemas de limpieza del cerebro, lo que reduce la habilidad de la microglía para eliminar los desechos dañinos. El resultado es una mayor acumulación de placa amiloide y un mayor daño a las células nerviosas.
• Los países de bajos ingresos suelen tener una peor contaminación del aire: la mayoría de los estudios incluidos en el análisis provienen de países de ingresos elevados, y los investigadores observaron que las comunidades marginadas suelen enfrentar una exposición mucho mayor a la contaminación.
En otras palabras, es probable que el daño se subestime en los países con estándares socioeconómicos más bajos, lo que significa que la salud del cerebro tiene más probabilidades de verse afectada en comparación con los países con mejores regulaciones sobre la contaminación del aire.
• Un llamado a una mejor calidad del aire desde una perspectiva legislativa: los investigadores enfatizaron que los estándares de calidad del aire más estrictos ayudan a reducir las tasas de demencia y proporcionan beneficios sociales y económicos.
La exposición a partículas finas se relaciona con la ruptura de un aneurisma cerebral
En un estudio que se publicó en la revista npj Clean Air, los investigadores analizaron si la exposición a la PM2.5 aumenta el riesgo de hemorragia subaracnoidea aneurismática (HSA). Para las personas que no están familiarizadas, se trata de un tipo de derrame cerebral causado por la ruptura de un aneurisma cerebral, que a menudo provoca un sangrado repentino en el espacio que rodea el cerebro. La enfermedad es devastadora, con tasas elevadas de muerte y discapacidad a largo plazo entre los sobrevivientes.4
A diferencia de estudios anteriores que solo analizaron la exposición a corto plazo en los días previos a la ruptura, este estudio destacado amplió el periodo de tiempo para explorar si la exposición recurrente meses antes del evento contribuyó al riesgo. La población del estudio incluyó a 70 pacientes adultos ingresados con HSA en el Hospital Universitario de Utah durante un periodo de cinco años. La edad media fue de 58 años y el 72 % de la población eran mujeres.
•Un análisis retrospectivo respalda la hipótesis: los investigadores recopilaron datos de contaminación de las estaciones de monitoreo ubicadas cerca de la casa de cada paciente y los compararon con información meteorológica, como la presión barométrica y la temperatura, para controlar las influencias externas.
Lo que descubrieron fue sorprendente, ya que lo importante no fue la contaminación en los días o semanas previos a la rotura del aneurisma, sino los niveles registrados entre tres y seis meses antes.
• Se necesitan meses de exposición para que se generen problemas: el equipo descubrió que la exposición elevada a la PM2.5 durante los 90 a 180 días anteriores a la ruptura duplicó el riesgo de que se abriera un aneurisma.
En concreto, el riesgo fue de 2.03, lo que significa que el peligro fue alrededor de dos veces mayor en aquellos meses de mayor exposición, en comparación con los periodos más limpios. Por interesante que parezca, la contaminación diaria o incluso la exposición una semana antes no demostraron una relación consistente con los casos de rotura cerebral. Esto significa que el daño que causan las partículas finas no es inmediato, sino que se acumula con el tiempo, lo que desgasta las paredes de los vasos cerebrales hasta que ceden.
• La geografía influye en el riesgo: en el estudio, los investigadores observaron que el Oeste Intermontano, y en particular el Frente Wasatch de Utah, experimentan contaminación del aire cíclica. En verano, los incendios forestales traen humo, mientras que en invierno las inversiones térmicas atrapan la contaminación cerca del fondo del valle. Estos patrones regulares crearon aumentos naturales en los niveles de PM2.5. Los investigadores observaron que las rupturas de aneurismas ocurrían de manera consistente después de estos aumentos durante varios meses.
• La presión barométrica fue otro factor clave: el análisis demostró que en los días en que la presión atmosférica fue más elevada, el riesgo de ruptura casi se duplicó, sin importar los niveles de contaminación. Esto significa que los cambios de presión del aire actúan como factores que provocan aneurismas ya debilitados por la exposición previa a PM2.5. En otras palabras, la exposición a largo plazo debilita la base y los cambios repentinos, como los cambios climáticos, son el golpe de gracia.
• Los investigadores plantearon la hipótesis de que existen varios mecanismos para explicar el efecto retardado: se sabe que las PM2.5 generan especies reactivas de oxígeno (ROS), las cuales dañan el ácido desoxirribonucleico (ADN) y las estructuras celulares. A lo largo de meses, este ataque recurrente, junto con procesos de reparación del ADN deteriorados, debilita las células que recubren los vasos sanguíneos del cerebro.
Las cascadas inflamatorias, es decir, oleadas de sustancias químicas inmunitarias que se liberan en respuesta a las toxinas, degradan aún más las paredes de los vasos. El resultado es un aneurisma frágil que tiene muchas más probabilidades de romperse bajo estrés.
• La sensibilidad del riesgo de aneurisma es notable: el estudio señaló que algunos pequeños factores, como el uso diario de medicamentos antiinflamatorios o la exposición a la luz del sol, que tiene un efecto antiinflamatorio leve, también se han relacionado con diferencias en el riesgo de ruptura. Esto refuerza la idea de que las paredes de los vasos del cerebro son muy sensibles tanto a las toxinas ambientales como a las modalidades de protección.
Cómo proteger su cerebro de la contaminación del aire
Según los hallazgos ya analizados, la mala calidad del aire afecta la salud del cerebro con el tiempo. Es importante abordar la causa subyacente, que es la exposición a los contaminantes. Si mudarse a una casa nueva no es una opción, aquí hay cinco estrategias para que su aire sea lo más seguro posible:
1. Mantenga limpio el aire interior: su hogar es un santuario donde puede darle a su cuerpo un descanso de las toxinas. Por ello, recomiendo invertir en purificadores de aire equipados con filtros de partículas de alta eficiencia (HEPA), ya que atrapan partículas finas.
Además, cierre las puertas y ventanas cuando la contaminación del aire sea intensa (como durante las horas de mayor tráfico) y deje que el purificador funcione durante todo el día. Cambiar los filtros a tiempo es importante, porque solo un filtro nuevo mantiene el aire lo más limpio posible.
2. Limite el contacto con la contaminación exterior: manténgase al día sobre las actualizaciones de la calidad del aire en su área. Reduzca el tiempo que pasa al aire libre cuando los niveles de contaminación aumenten. Las horas pico suelen ser las peores para los contaminantes, así que evite hacer ejercicio, hacer mandados o pasar largos periodos al aire libre durante esos períodos. Si planifica bien sus actividades al aire libre, podrá reducir la cantidad de contaminación del aire que inhala.
3. Ventile su casa de forma segura: el aire fresco dentro de su casa es importante, pero no desea que entre aire sucio del exterior durante los días de contaminación elevada. El mejor enfoque es abrir las ventanas un poco (unos 15 minutos al día) cuando el aire exterior está más limpio. Incluso en los meses más fríos, esta estrategia ayuda a eliminar el aire viciado del interior sin provocar muchos contaminantes en el aire.
4. Reduzca las fuentes de contaminación en los espacios cerrados: muchos artículos del hogar llenan el aire con sustancias químicas nocivas sin que se dé cuenta. Algunos productos como ambientadores sintéticos, velas aromáticas, aerosoles de limpieza e inciensos contribuyen a la mala calidad del aire interior.
Opte por soluciones de limpieza naturales y sin perfume, además evite las velas aromáticas tanto como sea posible. Cada pequeño cambio reduce la carga tóxica en su hogar.
5. Haga que su habitación sea una zona de aire limpio: el sueño es fundamental para una salud óptima porque es el momento en que su cuerpo se repara y se restaura. Por lo tanto, el aire que respira en su dormitorio durante este periodo es importante.
Deshágase de las alfombras que atrapan el polvo o límpielas con frecuencia si planea conservarlas. Después, compre ropa de cama hecha con algodón orgánico y coloque un purificador de aire junto a su cama. Respirar aire más limpio durante la noche favorece un descanso más profundo y ayuda al cuerpo a recuperarse de forma más efectiva.
6. Promueva entornos más limpios donde vive: aunque los pasos descritos le ayudarán, su esfuerzo no es suficiente. Para tener un aire limpio real y duradero, es importante crear un movimiento de base a nivel comunitario destinado a reducir la contaminación del aire. Esto significa promover controles de contaminación más estrictos y apoyar las iniciativas locales de aire limpio.
Preguntas frecuentes sobre la contaminación del aire y la demencia
P: ¿Cómo aumenta la contaminación del aire el riesgo de demencia?
R: Las partículas finas (PM2.5) y otros contaminantes ingresan al cuerpo a través de los pulmones, pasan al torrente sanguíneo y llegan al cerebro. Una vez allí, causan inflamación crónica, estrés oxidativo y alteran la barrera hematoencefálica. Con el paso de los años y la exposición, este entorno tóxico provoca la acumulación de placa amiloide y un riesgo mayor de demencia.
P: ¿Qué contaminantes del aire son más dañinos para la salud del cerebro?
R: Los más peligrosos son las PM2.5, el dióxido de nitrógeno y el carbono negro. Las investigaciones demuestran que por cada aumento de 5 microgramos por metro cúbico en las PM2.5, aumenta un 8 % el riesgo de demencia. La exposición al dióxido de nitrógeno aumentó en un 3 % el riesgo por cada 10 microgramos, mientras que el carbono negro aumentó el riesgo en un 13 % por microgramo. Las partículas más grandes, como la PM10, y los gases como el ozono no muestran las mismas asociaciones fuertes.
P: ¿La contaminación del aire también afecta otras enfermedades del cerebro además de la demencia?
R: Sí. Un estudio que se publicó en la revista npj Clean Air demostró que la exposición a largo plazo a la PM2.5 duplicó el riesgo de hemorragia subaracnoidea aneurismática (un tipo de ruptura de aneurisma cerebral). El peligro no provino de la contaminación el día de la ruptura, sino de la exposición tres a seis meses antes, lo que sugiere que la contaminación debilita los vasos sanguíneos con el tiempo hasta que se rompen.
P: ¿Qué personas corren mayor riesgo de sufrir enfermedades cerebrales relacionadas con la contaminación?
R: Los adultos mayores son los más vulnerables. Las comunidades marginadas y de bajos ingresos también corren un riesgo elevado, ya que a menudo están expuestas a un aire más sucio y a menos regulaciones de protección. Las personas con enfermedades vasculares preexistentes, como hipertensión o diabetes, enfrentan un riesgo mayor.
P: ¿Qué estrategias puedo implementar para proteger mi cerebro de la contaminación del aire?
R: Aquí hay cinco estrategias para ayudar a mejorar la calidad del aire a su alrededor:
1. Utilice purificadores de aire HEPA en interiores y mantenga las ventanas cerradas en días de gran contaminación.
2. Limite la actividad al aire libre durante los periodos de mala calidad del aire, en especial durante las horas de mayor tráfico o los incendios forestales.
3. Ventile su casa un poco con aire exterior más limpio cuando las condiciones lo permitan. Abrir las ventanas durante 15 minutos al día es suficiente para dejar entrar aire fresco.
4. Reduzca las fuentes de contaminación en espacios cerrados, como limpiadores químicos y velas aromáticas.
5. Mantenga limpio el aire de su habitación con ropa de cama orgánica, menos alfombras que atrapen polvo y un purificador que funcione por la noche.