📝 HISTORIA EN BREVE
- El estrés crónico provoca una invasión de neutrófilos en las capas protectoras del cerebro, lo que promueve comportamientos similares a la depresión a través de la activación inmunológica en lugar de solo cambios hormonales
- Las señales inmunitarias que induce el estrés afectan los circuitos de recompensa del cerebro, lo que reduce los niveles de dopamina y desplaza la actividad neuronal hacia la detección de amenazas en lugar de hacia conductas que buscan placer
- El estrés constante daña las mitocondrias del cerebro, lo que reduce la producción de energía celular y crea un ciclo de retroalimentación inflamatoria que empeora el estado de ánimo y la función cognitiva
- Las vías del interferón y las citocinas inflamatorias como la IL-6 llegan al cerebro y alteran de manera directa los patrones de activación neuronal en los centros de regulación emocional
- Las intervenciones naturales que incluyen carbohidratos saludables, ejercicio regular, pensamiento positivo, creatividad y contacto físico ayudan a contrarrestar la activación inmunitaria que induce el estrés y a proteger la salud mental
🩺 Por el Dr. Mercola
La depresión es uno de los trastornos psiquiátricos más comunes en Estados Unidos y afecta a 21 millones de personas cada año.1 Si bien algunos factores como el estado actual de su salud intestinal influyen en su estado mental, el estrés crónico también es un factor clave detrás de la depresión.
Según un estudio reciente que se publicó en Nature Communications, el estrés a largo plazo activa de manera repetida los sistemas de respuesta al estrés del cuerpo, lo que induce al sistema inmunológico en un estado de inflamación crónica de bajo grado. Como señaló Stacey Kigar, Ph.D., una de las autoras del estudio:
"Hay una proporción significativa de personas para quienes los antidepresivos no funcionan, quizás hasta uno de cada tres pacientes. Si podemos descubrir qué sucede con el sistema inmunológico, podremos aliviar o reducir los síntomas de depresión".
De acuerdo con la hipótesis anterior, aprender cómo funciona el sistema inmunológico bajo estrés crónico es fundamental para descubrir nuevos tratamientos que puedan beneficiar a los pacientes que experimentan este problema. Sin embargo, cabe señalar que dentro de este campo de estudio se utilizan pruebas con animales debido a cuestiones éticas.2 Dicho esto, el conocimiento que se obtuvo del análisis aún tiene un impacto positivo en la atención de la salud mental.
Las células inmunitarias en el límite del cerebro promueven el estrés
Según el estudio, el estrés social repetido provoca una reacción inmunitaria específica que altera el comportamiento. Los investigadores utilizaron un modelo bien establecido llamado estrés crónico por derrota social, que imita el costo emocional de la presión social repetida, y rastrearon lo que sucedió en las capas protectoras alrededor del cerebro, conocidas como las meninges.3
• Resumen de los hallazgos: el estrés crónico aumentó los niveles de neutrófilos (los primeros en responder del sistema inmunológico) en el cerebro. Los investigadores teorizaron que esta euforia no era solo un efecto secundario, sino también un factor de los comportamientos similares a la depresión y la ansiedad que se observaron en los sujetos de prueba.
Los ratones en este experimento estaban sanos antes de la exposición al estrés, lo que significa que los cambios que se observaron fueron un resultado directo del entorno estresante. El grupo estresado demostró síntomas fuertes de anhedonia (pérdida de placer), ya que evitaron el contacto social e incluso ignoraron las señales sexuales. También estuvieron más ansiosos, exploraron menos y se mantuvieron alejados de las áreas iluminadas en las pruebas de comportamiento.
Por interesante que parezca, alrededor del 30 % de los ratones fueron resilientes y tuvieron un comportamiento normal a pesar de la exposición al estrés, lo que proporcionó a los investigadores un grupo de comparación que ayudó a separar los efectos inmunitarios específicos del estrés de la variación aleatoria.
• Un análisis más detallado de los hallazgos: los investigadores descubrieron un aumento de 5.6 veces en los neutrófilos sanguíneos y un aumento de 1.3 a 1.7 veces en los neutrófilos meníngeos en ratones estresados. No se trató de un aumento aleatorio, ya que cuantos más neutrófilos tuvo un ratón, más retraído y ansioso se volvió. Los ratones con los niveles más elevados de estas células inmunitarias presentaron la reducción más fuerte en el comportamiento de aproximación social y búsqueda de placer.
El efecto tampoco fue momentáneo. Los niveles de neutrófilos meníngeos se mantuvieron elevados durante al menos 24 horas después de que finalizara el estrés y solo volvieron a la normalidad después de alrededor de una semana, mientras que los niveles de neutrófilos en la sangre se normalizaron mucho más rápido. Esto sugiere que la huella inmunitaria que causa el estrés permanece cerca del cerebro incluso después de que la situación estresante haya terminado.
• De dónde vinieron los neutrófilos y adónde fueron: en lugar de viajar desde la médula ósea distante en las extremidades, muchos neutrófilos vinieron de manera directa de reservorios en la médula ósea del cráneo y se deslizaron hacia las meninges a través de canales vasculares pequeños.
En otras palabras, el estrés provoca una respuesta inmunitaria muy localizada justo al lado del cerebro, lo que sugiere por qué el estado de ánimo y el comportamiento son tan sensibles a la presión social constante. Estos neutrófilos que se derivan del cráneo fueron más similares a nivel genético a los neutrófilos inmaduros de la médula ósea que a los neutrófilos de la sangre circulante, lo que significa que eran frescos y estaban preparados para la acción.
• Los neutrófilos meníngeos estuvieron en un estado hiperactivo con una fuerte "firma de interferón": respondían a los interferones tipo I, que son mensajeros inmunitarios que inducen síntomas de depresión incluso en las personas sanas. Estos neutrófilos tuvieron una menor expresión del complejo mayor de histocompatibilidad (MHC) II, que es una molécula necesaria para presentar antígenos a las células T, lo que significa que también alteran la regulación inmunitaria normal cerca del cerebro.
Los investigadores incluso identificaron que algunos de estos neutrófilos eran más grandes (una señal de inmadurez y mayor actividad) y casi se triplicaron en número en los animales estresados en comparación con los controles.
• El bloqueo de la señalización del interferón con un anticuerpo contra el receptor de interferón-α/β (IFNAR) revirtió muchos de los efectos del estrés: los ratones tratados con este anticuerpo tuvieron una conducta de búsqueda de placer restaurada y menos neutrófilos meníngeos.
En conjunto, los hallazgos demuestran cómo el sistema inmunológico deja una huella alrededor del cerebro que mantiene al sistema nervioso en un estado de alerta. Comprender este proceso le ayudará a entender por qué reducir el estrés crónico o modular el sistema inmunológico es importante para prevenir la espiral hacia la depresión.
Las señales de estrés alteran las redes del estado de ánimo en el cerebro
En un informe de la Brain & Behavior Research Foundation, Peter Tarr, Ph.D., explica cómo la activación inmunológica que se relaciona con el estrés reconfigura los sistemas de control emocional del cerebro y modifica el comportamiento de maneras que imitan la depresión. En lugar de centrarse solo en hormonas como el cortisol, los investigadores examinaron cómo las citocinas se comunican de manera directa con los circuitos del cerebro.4
Este enfoque nuevo de investigación es un avance importante porque demuestra que la depresión no está solo "en su cabeza", sino que también tiene su origen en la hiperactivación del sistema inmunológico que hace que el cerebro entre en un estado de ahorro de energía y retraimiento.
• Los hallazgos se aplican tanto a las personas sanas bajo estrés crónico como a aquellas que ya padecen trastornos del estado de ánimo: los niveles elevados de citocinas se relacionaron con una caída en la dopamina (un neuroquímico de motivación y recompensa), lo que explica por qué las personas estresadas pierden interés en actividades que antes disfrutaban.
Al mismo tiempo, el estrés aumenta la actividad en regiones del cerebro como la amígdala, que amplifican las señales de miedo y ansiedad, lo que crea un circuito de retroalimentación en el cual el cerebro prioriza la detección de amenazas por sobre el placer o el compromiso social.
• Su sistema inmunológico reconfigura la actividad de su cerebro: cuando el sistema inmunológico detecta peligro, el cerebro reasigna la energía que se utiliza para buscar recompensas hacia comportamientos que favorecen la supervivencia. Esto significa que, bajo estrés a largo plazo, su cerebro se reconfigura para mantenerse cauteloso y retraído, lo cual es una respuesta que es protectora en periodos cortos, pero dañina cuando se prolonga durante semanas o meses.
El resultado es que es más probable que el cerebro interprete los acontecimientos neutrales como amenazantes y reaccione de forma exagerada, lo que agrava los sentimientos de desesperanza.
• Los biomarcadores inflamatorios aumentan durante periodos estresantes: los hallazgos también destacaron citocinas específicas como la interleucina-6 (IL-6) y el factor de necrosis tumoral alfa (TNF-α), que aumentan durante el estrés crónico y se asocian con síntomas más graves. Estas moléculas inflamatorias no solo flotan al azar, sino que cruzan al cerebro y alteran la forma en que las neuronas se activan en regiones como la corteza prefrontal, que se encarga de la toma de decisiones y la regulación emocional.
• Cómo la activación inmunitaria que induce el estrés altera la conectividad en la red de recompensa del cerebro: las áreas afectadas incluyen el estriado ventral y el núcleo accumbens. Las exploraciones por resonancia magnética funcional demostraron que las personas con niveles elevados de inflamación tuvieron una menor activación en estas regiones cuando se les mostraban estímulos positivos, como caras felices o señales gratificantes. Esta respuesta atenuada de recompensa es lo que hace que las actividades normales parezcan tristes y requieran esfuerzo, lo cual es una característica de la depresión clínica.
La investigación demuestra que sentirse desmotivado o apático bajo estrés no es un defecto de carácter, sino un proceso biológico que impulsan las señales inmunológicas. Comprender esto ayudará a cambiar el estigma y conducirá hacia intervenciones prácticas, incluyendo la reducción de la exposición al estrés crónico y la exploración de estrategias antiinflamatorias que restablezcan la señalización saludable del cerebro.
El estrés debilita las fuentes de energía del cerebro y causa la inflamación
En otro estudio que se publicó en Psychoneuroendocrinology, los investigadores exploraron cómo el estrés a largo plazo afecta las mitocondrias del cerebro. Los investigadores utilizaron un modelo de estrés leve, crónico e impredecible en ratas, a las que expusieron a una serie rotativa de factores estresantes durante varias semanas, tales como cambios en el ciclo de luz y oscuridad, baños en agua fría y restricciones leves. Este tipo de modelo está diseñado para replicar la incertidumbre y la naturaleza continua del estrés que experimentan los humanos.5
• Los animales estresados desarrollaron síntomas fuertes de comportamiento similar a la depresión: dejaron de beber agua azucarada, lo que suele indicar búsqueda de placer, y experimentaron mayores tiempos de inmovilidad en las pruebas de comportamiento que miden la resignación o la desesperación. El tejido cerebral de estas ratas demostró reducciones significativas en la función de las mitocondrias, lo que significa que sus células del cerebro produjeron mucho menos trifosfato de adenosina (ATP) de lo normal.
Al mismo tiempo, tuvieron biomarcadores inflamatorios elevados, con niveles más elevados de citocinas como IL-1β y TNF-α en el hipocampo y la corteza prefrontal, que son dos regiones del cerebro que son centrales para la memoria, la regulación emocional y la toma de decisiones.
• Varios complejos clave en la cadena de transporte de electrones estuvieron dañados en las ratas estresadas: entre los afectados están los complejos I y IV, que son necesarios para el proceso que extrae energía de los alimentos y la convierte en ATP utilizable. Cuando se interrumpieron, los niveles de estrés oxidativo aumentaron en gran medida, lo que provocó daños en las membranas y proteínas de las células del cerebro.
En otras palabras, el sistema energético del cerebro no solo funciona más lento, sino que también produce más subproductos tóxicos que dañan aún más las neuronas.
• El tratamiento con antioxidantes o compuestos que apoyan las mitocondrias mejoró el comportamiento y restauró de manera parcial la función de las mitocondrias: las ratas que recibieron estas intervenciones recuperaron el interés en el agua azucarada y tuvieron un comportamiento de afrontamiento más activo en las pruebas de estrés.
Esto demuestra que abordar la salud de las mitocondrias podría revertir algunos de los efectos emocionales y conductuales del estrés crónico, lo que es prometedor para las personas que se sienten estancadas en un estado de baja energía y motivación después de una exposición prolongada al estrés.
• La disfunción mitocondrial no fue inmediata: empeoró de manera progresiva a lo largo de varias semanas de estrés continuo. Esto significa que cuanto más tiempo dura el estrés, se alteran de manera más profunda los sistemas energéticos del cerebro, lo que explica por qué el estrés crónico conduce a una forma de depresión más profunda y persistente en comparación con los factores estresantes de corta duración.
También destaca la importancia de la intervención temprana, ya que reducir el estrés antes de que el daño mitocondrial se arraigue podría prevenir problemas de estado de ánimo a largo plazo.
• La respuesta inflamatoria y la disfunción mitocondrial se amplificaron entre sí: cuanto mayor era la inflamación, peor era el daño mitocondrial. Además, cuanto más débiles eran las mitocondrias, se producían más citocinas inflamatorias. Este círculo vicioso creó un ciclo que mantuvo al cerebro en un estado de baja energía y niveles elevados de inflamación, lo que dificultó la recuperación natural de los animales de prueba incluso después de eliminar los factores estresantes.
• Proteger las mitocondrias es un objetivo terapéutico importante para prevenir la depresión que induce el estrés: los investigadores señalaron que apoyar las mitocondrias mediante una nutrición adecuada, reducir la exposición a factores estresantes y utilizar compuestos que protejan las enzimas mitocondriales podría ofrecer una manera de detener la espiral descendente.
Estrategias naturales para abordar el estrés y proteger su salud mental
Si se siente deprimido, la respuesta no es tomar una pastilla antidepresiva. Es mucho mejor que aborde la causa de su estrés antes de que su estado de ánimo se desplome. Con esto en mente, aquí hay varias estrategias para manejar el estrés:
1. Agregue carbohidratos saludables a su alimentación: lo que consume influye en gran medida en el cortisol, que suele llamarse la "hormona del estrés". Cuando el cuerpo no tiene suficientes niveles de glucosa disponibles, produce cortisol para compensarlo, que luego descompone el tejido muscular, óseo e incluso del cerebro para crear aminoácidos que el hígado convierte en glucosa.
Esto significa que consumir de manera constante muy pocos carbohidratos saludables podría provocar que los niveles de cortisol aumenten solo para mantener el buen funcionamiento del cuerpo. Por eso tengo cuidado al recomendar ayunos de larga duración o periodos prolongados de restricción alimentaria. Si bien estos enfoques podrían ayudar a perder peso a corto plazo, también conducen a niveles elevados de cortisol a lo largo del tiempo, lo que puede acelerar el envejecimiento.
Una investigación que se publicó en la revista Nutrients descubrió que una alimentación rica en carbohidratos ayudó a reducir el cortisol y mejoró el estado de ánimo después del estrés.6 Ahora bien ¿cuál es una buena cantidad a la que aspirar cada día? Le recomiendo consumir 250 gramos al día de frutas y arroz blanco. Luego, agregue poco a poco vegetales de raíz, vegetales sin almidón, vegetales con almidón (como camote y calabaza) y, por último, granos enteros poco procesados.
2. Haga ejercicio con regularidad: mover el cuerpo es una de las herramientas más efectivas para controlar el estrés. Cuando hace ejercicio, su cuerpo libera endorfinas (sustancias químicas naturales que lo hacen sentir bien) que mejoran su estado de ánimo y actúan como analgésicos incorporados.7
El ejercicio también ayuda a controlar los niveles de cortisol. Moverse con regularidad mejora la calidad de su sueño y fortalece su resiliencia emocional, lo que lo prepara para afrontar los desafíos de la vida. También apoya la salud y la longevidad a largo plazo. Reducir de manera constante los niveles de cortisol disminuye el riesgo de sufrir afecciones relacionadas con el estrés y le brinda a su cuerpo una protección contra la tensión crónica. Si no hace ejercicio, siempre es buen momento para empezar.
3. Piense de forma positiva: cambiar su mentalidad podría romper el ciclo del estrés. Ser optimista y tener una perspectiva esperanzadora alienta al cerebro a liberar neuroquímicos que generan bienestar y que interrumpen los efectos nocivos del estrés.8
Hay muchas formas de cultivar la positividad, como practicar la atención plena y escribir en un diario de gratitud9 o pasar tiempo al aire libre. Estos hábitos no solo reducen los niveles de estrés actuales, sino que también lo hace menos vulnerable cuando surjan desafíos en el futuro.
4. Cree arte: dedicar tiempo a su creatividad es un descanso terapéutico del estrés y le da a su mente espacio para recargarse. Ya sea pintar, escribir un diario o tocar un instrumento, las actividades creativas activan las vías de recompensa del cerebro, reducen la producción de hormonas del estrés y aumentan los sentimientos de alegría y logro.
Pensar de forma creativa no se limita a los pasatiempos, sino que también puede ayudarle a desarrollar soluciones nuevas a problemas que de otro modo podrían causar estrés. Abordar los desafíos con innovación le proporciona una sensación de control y propósito, lo que podría protegerlo de sentirse abrumado.10
5. Acérquese y abrace a sus seres queridos: el contacto físico es una buena forma de calmar el estrés. Un abrazo podría liberar oxitocina, que es la “hormona de los vínculos”, que reduce el estrés y fortalece el vínculo afectivo.
Hacer del contacto físico una parte natural de la vida cotidiana (junto con fomentar una cultura de bondad y compasión) podría crear comunidades más sanas y conectadas, y ayudar a que todos se sientan menos estresados.11
Preguntas frecuentes sobre la relación entre el estrés y la depresión
P: ¿Cómo contribuye el estrés crónico a la depresión?
R: El estrés crónico activa de manera repetida los sistemas de respuesta al estrés del cuerpo, lo que puede empujar al sistema inmunológico a un estado de inflamación de bajo grado. Esta inflamación reconfigura las redes de humor y recompensa del cerebro, reduce los niveles de dopamina (la sustancia química de la motivación) y nos vuelve más ansiosos, retraídos y menos interesados en las actividades placenteras. Con el tiempo, este estado del cuerpo aumenta el riesgo de desarrollar depresión.
P: ¿Cómo influyen las células inmunitarias en los cambios de humor que se relacionan con el estrés?
R: Las investigaciones demuestran que el estrés repetido hace que las células inmunitarias llamadas neutrófilos migren a las meninges, que son las capas protectoras que rodean el cerebro. Estas células entran en un estado hiperactivo y liberan señales inflamatorias que empeoran la ansiedad y las conductas depresivas. Inhibir su actividad con un anticuerpo receptor de interferón incluso restauró el comportamiento normal en estudios con animales, lo que sugiere un futuro objetivo terapéutico para la depresión que se relaciona con el estrés.
P: ¿Cómo afecta el estrés a la función del cerebro a nivel celular?
R: El estrés a largo plazo daña las mitocondrias, que son las fuentes de energía dentro de las células del cerebro. Cuando la función de las mitocondrias disminuye, el cerebro produce menos energía y genera más estrés oxidativo, lo que daña las neuronas. Esto crea un ciclo de baja energía y más inflamación, lo que provoca síntomas como confusión mental, fatiga y pérdida de motivación. Apoyar la salud de las mitocondrial a tiempo podría prevenir estas complicaciones.
P: ¿Abordar la inflamación podría ayudar a tratar la depresión?
R: Sí, medir los marcadores inflamatorios podría ayudar a los médicos a personalizar los planes de tratamiento, junto con reducir del estrés, la modulación inmunológica y los cambios en el estilo de vida para obtener mejores resultados.
P: ¿Existen estrategias de estilo de vida para proteger contra estrés y apoyar la salud mental?
R: Varios enfoques naturales podrían ayudar a reducir el cortisol y favorecer la resiliencia del cerebro:
•Consuma suficientes carbohidratos saludables para evitar que el cortisol aumente debido al estrés.
•Haga ejercicio con regularidad para reducir el cortisol, liberar endorfinas y dormir mejor.
• Practique pensar de forma positiva con atención plena, un diario de gratitud y tiempo en la naturaleza.
•Participe en actividades creativas como la música, el arte o la escritura para restablecer su mente y aumentar la alegría.
•Mantenga la conexión social y el contacto físico, ya que incluso los abrazos liberan oxitocina y reducen el estrés.
🔎 Fuentes y Referencias:
- 1 Mental Health America, “Basic Facts About Depression”
- 2 University of Cambridge, September 1, 2025
- 3 Nature Communications Volume 16, Article number: 8153 (2025)
- 4 BBRF, January 28, 2025
- 5 Psychoneuroendocrinology Volume 172, February 2025, 107261
- 6 Nutrients, 2019 Nov; 11 (11); 2563
- 7 Cureus, 2023 January; 15, e33475
- 8 Journal of Education and Health Promotion, 2021 Jun 30
- 9 Journal of Happiness Studies, 2022 February 24; 2427-2448
- 10 Psychology Central, June 23, 2022
- 11 Comprehensive Psychoendocrinology, 2021 Nov 8; 100091
