📝 HISTORIA EN BREVE

  • Además de causar un aumento de peso visible, la grasa oculta puede acumularse en los órganos y los músculos, lo que tiene un impacto profundo en la salud a largo plazo
  • Un estudio que se publicó en European Heart Journal descubrió que el lugar donde se acumula la grasa en el cuerpo tiene una relación directa con la rapidez con la que envejece el sistema cardiovascular
  • El estudio demostró que la grasa visceral, la grasa hepática y la grasa en los músculos se relacionaron con el envejecimiento cardiovascular prematuro
  • Los investigadores también descubrieron patrones específicos de género, los hombres tendían a acumular más grasa visceral y abdominal, mientras que las mujeres tenían más grasa subcutánea y en los muslos
  • Para proteger su corazón, no solo se enfoque en bajar de peso, también es muy importante reforzar su salud metabólica. Para hacerlo, mantenga sus marcadores metabólicos bajo control, consuma carbohidratos saludables, evite los aceites de semillas y desarrolle fuerza a través del movimiento diario

🩺 Por el Dr. Mercola

En la actualidad, la obesidad afecta a más de mil millones de personas en todo el mundo,1 y solo en los Estados Unidos, afecta a casi la mitad de todos los adultos.2 Durante años, los médicos y los investigadores, han utilizado el índice de masa corporal (IMC) para determinar los riesgos que se producen por el exceso de peso, esto se debe a que es fácil de calcular. Pero, es muy difícil abarcar una condición tan compleja en un solo número, por lo que no muestra el panorama completo del impacto de la grasa en la salud.

Esa limitación llevó a los investigadores a utilizar otros patrones para tratar de determinar el bienestar a largo plazo. Hace poco, se publicó un estudio en el European Heart Journal que se propuso a descubrir si la ubicación de la grasa puede proporcionar más información sobre la salud cardiovascular.3 Sus hallazgos sugieren que, el número en la báscula por sí solo, no muestra el verdadero estado de su corazón o su salud a largo plazo.

El IMC no muestra el panorama completo sobre la salud de su corazón

El índice de masa corporal (IMC) se introdujo en el siglo XIX para sacar la proporción entre el peso y la altura. Y, a mediados del siglo XX, comenzó a utilizarse como una herramienta de salud pública. En la década de los 70's, cuando comenzaron a incrementar las tasas de obesidad, el IMC se convirtió en el método estándar para clasificar a las personas como bajo peso, peso normal, sobrepeso u obesas.4,5

• El IMC no diferencia entre músculo y grasa: esto significa que dos personas con el mismo IMC pueden tener una composición corporal muy diferente. Esta medida no considera dónde se almacena la grasa, a pesar de que décadas de investigación demuestran que la distribución de la grasa influye mucho en los resultados de salud. El IMC proporciona un vistazo general, pero no la información exacta que se necesita para entender el impacto del peso en la salud a largo plazo.6

• La grasa no es una sustancia uniforme: aparece en depósitos diferentes en todo el cuerpo, cada uno con sus propias propiedades y efectos en la salud. La grasa subcutánea es la capa que se encuentra justo debajo de la piel que da forma a su cuerpo. Por lo general, este tipo de grasa se considera menos dañina y, en algunos casos, incluso puede tener una función de protección porque almacena el exceso de energía lejos de los órganos vitales.7

• La grasa visceral es muy diferente: se encuentra en lo profundo del abdomen y rodea órganos como el hígado, el páncreas y los intestinos.8 Este depósito de grasa tiene actividad biológica y libera moléculas inflamatorias y hormonas que influyen en el metabolismo, la presión arterial y la función vascular.9

• La grasa del hígado daña la salud metabólica: también se conoce como grasa ectópica porque se acumula en un órgano que no está diseñado para almacenar energía, el exceso de grasa en el hígado altera el equilibrio metabólico y se relaciona con problemas como resistencia a la insulina, fallas en los procesos de desintoxicación e inflamación que se extiende a otras partes del cuerpo.10

• El IMC no dice mucho sobre la salud metabólica: hace poco, un estudio que se publicó en The Lancet redefinió la obesidad y afirmó que muchas personas con un IMC que se considera "saludable" tienen niveles peligrosos de grasa visceral o hepática oculta.11

Es posible que estas personas ya tengan resistencia a la insulina, enfermedad del hígado graso o inflamación crónica, pero su IMC normal da una falsa sensación de salud. Al mismo tiempo, algunas personas con un IMC elevado pero con mejores marcadores metabólicos no enfrentan los mismos riesgos, pero se consideran "obesas" con base en este sistema anticuado.

• El resultado son diagnósticos erróneos y tratamientos incorrectos: clasificar a alguien como obeso con base en su IMC puede llevar a las personas por el camino equivocado, que involucra dietas, medicamentos e incluso cirugías que en realidad no necesitan. Mientras tanto, las personas que sí tienen un problema metabólico pero mantienen un peso "normal" pueden perder la oportunidad de una intervención temprana. Tanto el sobrediagnóstico como el infradiagnóstico tienen un impacto dañino en la salud.12

• Los números pueden ser engañosos: un IMC por encima de 40 casi siempre indica un exceso de grasa corporal, pero en todos los demás rangos es una herramienta poco confiable. Los investigadores recomiendan que el exceso de adiposidad se confirme con ayuda de al menos otra medida, como la circunferencia de la cintura, la proporción cintura-cadera o una exploración directa de la grasa corporal, antes de concluir que alguien tiene obesidad.13

Esto demuestra que la grasa no solo es cuestión de volumen, la forma en que se distribuye tiene consecuencias directas en las arterias, el metabolismo y el ritmo al que envejece el sistema cardiovascular.

Los hallazgos sobre los patrones de grasa

En el estudio en cuestión, los investigadores analizaron imágenes y datos de salud de más de 21 000 participantes del Reino Unido. Biobank, es una de las bases de estudios poblacionales más grandes del mundo. Los participantes fueron tanto hombres como mujeres de entre 40 y 69 años. Con ayuda de exploraciones de resonancia magnética del corazón y cuerpo entero, el equipo midió los volúmenes de grasa en diferentes regiones del cuerpo y los relacionó con marcadores de la estructura y función cardiovascular.14

• El envejecimiento del corazón se mide en tiempo biológico, no en años: con la ayuda del aprendizaje automático, los investigadores calcularon la edad cardiovascular de cada participante y la compararon con su edad cronológica, lo que creó una métrica que se llamó "delta de edad", que refleja cuánto más viejo o joven parece el sistema cardiovascular a diferencia de la edad real.

• El estudio descubrió diferencias sorprendentes en la distribución de la grasa según el sexo: las mujeres tenían más grasa subcutánea y ginoide (grasa alrededor de las caderas y los muslos), junto con una mayor infiltración de grasa en los músculos (mioesteatosis). Mientras que los hombres acumularon más grasa visceral en la profundidad del abdomen, más grasa central o "androide" en la región abdominal y una mayor masa de grasa corporal total.

• La edad cambia los depósitos de grasa de diferentes maneras: con la edad, la grasa visceral incrementa de forma más pronunciada en hombres, mientras que ambos sexos experimentaron un incremento constante en la infiltración de grasa muscular y una modesta disminución de la grasa subcutánea abdominal. Estos patrones diferentes se volvieron la base del estudio para determinar cómo los depósitos de grasa influyen de manera única en el envejecimiento cardiovascular.

Los depósitos de grasa que aceleran el envejecimiento cardiovascular

Después de mapear la forma en que se distribuye la grasa a través del cuerpo, los investigadores profundizaron en una pregunta: ¿cuál de estos depósitos de grasa ocultos causa envejecimiento cardiovascular prematuro? Descubrieron que no todas las grasas se comportaban de la misma manera. Algunos tipos aceleraban el envejecimiento arterial, mientras que otros parecían neutrales o incluso protectores en ciertos grupos.15

• La grasa visceral es la más dañina: la grasa visceral fue uno de los predictores más fuertes del envejecimiento cardiovascular tanto en hombres como en mujeres. Los mayores volúmenes de grasa visceral se relacionaron con un mayor "delta de edad", lo que significa que las arterias y los tejidos del corazón parecían más viejos de lo esperado. En los participantes con diabetes, la grasa visceral empeoró el grado de envejecimiento cardiovascular prematuro.

• La grasa hepática fue otro predictor independiente: cuando los investigadores ajustaron la edad, el sexo, el estilo de vida y los factores de riesgo cardiovascular convencionales, las personas con mayor cantidad de grasa hepática mostraron signos de envejecimiento cardiovascular prematuro. Cuando se utilizaron protocolos avanzados de resonancia magnética para medir la fracción de grasa hepática, se descubrió una relación estrecha con un mayor delta de edad cardiovascular tanto en hombres como en mujeres.

• La infiltración de grasa en el músculo esquelético acelera el envejecimiento vascular: cuando la grasa se acumula dentro de las fibras musculares, interfiere con el metabolismo de la glucosa y la función muscular. En este estudio, tener mayores niveles de infiltración de grasa muscular se relacionó con un mayor delta de edad cardiovascular, lo que demuestra que la grasa que se encuentra en lugares inesperados incrementa la rapidez con la que envejecen el corazón y los vasos sanguíneos.

• La grasa subcutánea y ginoide produjeron efectos diferentes: la grasa subcutánea abdominal se relacionó con el envejecimiento en los hombres, pero no de forma consistente en ambos sexos. Por su parte, la grasa ginoide pareció tener efectos de protección en las mujeres, sobre todo en aquellas en etapa premenopáusica, y los análisis genéticos confirmaron un papel causal de la grasa glúteofemoral (tipo ginoide) en la reducción del riesgo de envejecimiento cardiovascular. La masa grasa total del tronco y el cuerpo también mostró efectos de protección en las mujeres.

• Los biomarcadores sanguíneos y las hormonas influyeron en el riesgo: el estudio descubrió que ciertos marcadores sanguíneos y hormonas influyeron en el hecho de si las arterias de una persona parecían "más viejas" o "más jóvenes" que su edad real.

Las personas con mayores niveles de apolipoproteína B, que es una proteína que transporta partículas LDL (que también se conoce como "colesterol malo"), tendían a mostrar un envejecimiento cardiovascular más rápido. Mientras que mayores niveles de colesterol HDL (el «colesterol bueno») parecía ofrecer cierta protección. Los acetilos de glicoproteína, que son un marcador de inflamación a largo plazo, también se relacionaron con un envejecimiento más rápido.

Las hormonas también tienen una función importante en todo esto. El estradiol, que es la forma primaria de estrógeno, tuvo un efecto de protección en mujeres en etapa premenopáusica, pero pareció dañino en hombres, mientras que la testosterona libre se relacionó con un envejecimiento más lento en ambos sexos. De forma curiosa, la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG), que es una proteína que regula la disponibilidad de hormonas, se relacionó con un envejecimiento acelerado en mujeres.

• El IMC por sí solo no detectó estas asociaciones: si bien el IMC mostró una relación estadística con el envejecimiento cardiovascular, no fue muy preciso con respecto a la distribución de grasa. Los investigadores observaron que el IMC muchas veces clasificó mal el riesgo, y clasificó a mujeres con masa grasa normal como sobrepeso y a hombres con niveles elevados de grasa visceral como normales. Según los investigadores:

"descubrimos que el IMC era un predictor poco preciso del delta de edad en ambos sexos, lo que refleja que la masa corporal no sirve para predecir el envejecimiento acelerado. El IMC también mostró un sesgo sexual en términos de sobrerrepresentar a las mujeres con masa grasa normal como "con sobrepeso" y viceversa para los hombres.

Estas observaciones demuestran las limitaciones y los sesgos de las medidas agregadas como el IMC y el potencial del análisis de la composición corporal que se basa en resonancia magnética, o evaluaciones sustitutas precisas, para personalizar la predicción del riesgo clínico. Nuestros datos demostraron que el tejido adiposo visceral, la grasa hepática y, en menor medida, la infiltración de grasa muscular predijeron un mayor delta de edad en ambos sexos".16

Un mayor delta de edad cardiovascular no sólo se veía mal en las exploraciones, sino que se traducía en un mayor riesgo de problemas de salud graves, incluyendo fibrilación auricular y diabetes tipo 2. Es importante mencionar que el estudio no encontró una relación entre el delta de edad y la mortalidad o eventos cardiovasculares adversos durante el período de seguimiento.

Aprenda a determinar su riego según su composición de grasa

Los investigadores dijeron que, si bien las técnicas de imágenes avanzadas, como la resonancia magnética, pueden revelar con exactitud dónde se almacena la grasa, dichas exploraciones son costosas y no son una opción realista para los controles de rutina. Por eso enfatizaron en la importancia de otras evaluaciones precisas: métodos a los que es más fácil acceder y proporcionan información importante sobre si la acumulación de grasa podría representar una amenaza para su salud.

• No se base en el IMC: si su categoría de peso se definió con base en su IMC, solicite a su médico evaluaciones más precisas, tales como niveles de azúcar en ayunas, perfiles de colesterol, marcadores inflamatorios y exploraciones de composición corporal que muestran dónde se almacena la grasa. Juntos, proporcionan un panorama más completo de su riesgo.

• Haga esto incluso si su IMC parece "normal": un IMC normal no siempre significa que está libre de riesgos. Si experimenta fatiga, signos de resistencia a la insulina u otros problemas de salud inexplicables, la acumulación de grasa oculta podría ser la razón.

• Determine su proporción cintura-cadera: para calcularla, divida la medida de su cintura entre la medida de su cadera (utilice la misma unidad, como pulgadas o centímetros). Una vez que tenga el número, podrá determina si entra en las categorías de riesgo:

Proporción cintura-cadera

Hombres

Mujeres

Ideal

0.8

0.7

Riesgo bajo:

<0.95

<0.8

Riesgo moderado

0.96 - 0.99

0.81 - 0.84

Riesgo elevado

> 1.0

> 0.85

• Otra opción es la proporción cintura-altura: divida la circunferencia de su cintura entre su altura, pero asegúrese de que ambas estén en las mismas unidades. Por ejemplo, si su cintura mide 81 cm y su altura es de 1.62 cm, su índice es de 0.50. Para los adultos, un rango saludable se considera entre 0.40 y 0.49. Un valor entre 0.50 y 0.59 indica sobrepeso y un mayor riesgo de enfermedades metabólicas y cardiovasculares, mientras que un valor de 0.60 en adelante indica obesidad y un riesgo mayor de todo lo anterior.17

Para los niños, esta misma medida puede ser de gran ayuda. Una proporción cintura-altura inferior a 0.46 se considera saludable entre los 6 y los 18 años, mientras que cualquier valor superior indica un mayor riesgo de problemas de salud que se relacionan con la obesidad en el futuro.

Aborde la causa subyacente de la obesidad para proteger la salud de su corazón

Abordar la obesidad implica mucho más que bajar de peso. Para proteger su salud cardiovascular, también es fundamental restaurar la forma en que su cuerpo regula la energía, procesa los nutrientes y mantiene la inflamación bajo control. Aquí algunos pasos prácticos que lo pondrán en el camino correcto:

1. Controle sus marcadores metabólicos: en lugar de solo enfocarse en el peso, vea qué dicen las pruebas que reflejan qué tan bien funciona su cuerpo. Una prueba de insulina en ayunas, su puntuación HOMA-IR (una medida de resistencia a la insulina18) y las proporciones cintura-cadera y cintura-altura, le dirán si tiene riesgos ocultos como resistencia a la insulina o almacenamiento de grasa.

2. Consuma carbohidratos saludables para equilibrar la insulina: su metabolismo depende de carbohidratos de calidad, no de evitarlos por completo. Si consume pocos carbohidratos o hace ayuno, tal vez sea momento de cambiar de enfoque. La mayoría de los adultos, en especial los que no son activos, funcionan mejor con 250 a 300 gramos de carbohidratos al día de fuentes de alimentos enteros. Comience con almidones simples y fáciles de digerir, como frutas enteras y arroz blanco.

3. Elimine las grasas ocultas que alteran el metabolismo: el exceso de aceites de semillas (que también se conocen como aceites vegetales) causa inflamación, deteriora las mitocondrias y promueve la acumulación de grasa.

Evite los alimentos procesados, las comidas de restaurantes e incluso las alternativas “saludables” como las mantequillas de frutos secos y los bocadillos a base de semillas. Y sustitúyalos con grasas tradicionales como mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee o sebo, y considere el aceite de coco para cocinar. Combínelos con alimentos enteros y nutritivos para ayudar a restaurar su salud metabólica y celular.

4. Corrija las deficiencias de micronutrientes: si experimenta fatiga, cheque si tiene deficiencias de los nutrientes que influyen en el metabolismo.  El magnesio y la vitamina D son dos nutrientes clave; sin ellos, el cuerpo no puede regular la grasa de forma efectiva.

Para optimizar sus niveles de vitamina D, trate de exponerse a la luz del sol al mediodía, pero primero elimine los aceites vegetales de su alimentación durante al menos seis meses, ya que incrementan el riesgo de sufrir quemaduras solares y daños en la piel. Para más información al respecto, consulte: “La vitamina que controla las ‘células rebeldes’ y protege contra ataques autoinmunes”.

5. Enseñe a su cuerpo a utilizar mejor la energía: si cree que el ejercicio por sí solo resolverá la obesidad, no es así, ya que solo es una parte de la ecuación. El verdadero problema no es la falta de movimiento, sino la mala salud metabólica que resulta de una mala alimentación y la exposición a sustancias tóxicas. En pocas palabras, la mayoría de las personas viven con un metabolismo lento, consumen calorías poco saludables y mantienen estilos de vida que promueven los problemas de peso.

Para revertir esto, el entrenamiento de fuerza puede ser de gran ayuda porque dirige los nutrientes a la construcción y reparación de los músculos en lugar de almacenar grasa. Compleméntelo con caminatas diarias para mejorar el estado físico. Para más información al respecto, consulte: “El método para caminar mejor que los médicos no revelan”.

Preguntas frecuentes sobre la grasa oculta y la salud del corazón

P: ¿Por qué el IMC por sí solo no es suficiente para determinar si tengo obesidad?

R: El IMC solo compara su peso con su altura, por lo que no puede diferenciar entre músculo y grasa, ni mostrar dónde se almacena la grasa en su cuerpo. Dos personas pueden tener el mismo IMC pero riesgos de salud muy diferentes. Aún con un IMC normal puede almacenar grasa en lugares como el hígado, los músculos o en lo profundo del abdomen (grasa visceral).

P: ¿Por qué la grasa visceral es más dañina que otros tipos de grasa?

R: La grasa visceral se encuentra en lo profundo del abdomen y rodea órganos como el hígado y el páncreas. A diferencia de la grasa debajo de la piel, este tipo de grasa es activa en términos metabólicos, esto significa que libera sustancias químicas y hormonas inflamatorias que incrementan la presión arterial, empeoran el control del azúcar y endurecen las arterias, lo que acelera el envejecimiento cardiovascular.

P: ¿Cómo afecta la grasa del hígado a mi corazón?

R: Su hígado no está diseñado para almacenar mucha grasa. Por lo que, cuando acumula exceso de grasa, altera el proceso de desintoxicación, causa resistencia a la insulina y provoca inflamación crónica que se propaga por todo el cuerpo. Estos cambios crean una tensión adicional en el sistema cardiovascular e incrementan el riesgo de envejecimiento prematuro de las arterias.

P: ¿Qué problemas de salud se relacionan con un mayor delta de edad cardiovascular?

R: En el estudio, las personas con un delta de edad cardiovascular más alto tuvieron mayor riesgo de fibrilación auricular y diabetes tipo 2. Pero, la medida no se relacionó con la mortalidad general ni con eventos cardiovasculares importantes durante el período de seguimiento.

P: Si el IMC no es confiable, ¿cómo mido mi riesgo?

R: Comience con las proporciones cintura-cadera y cintura-altura, que son fáciles de medir en casa. Combine estas medidas con análisis de sangre para medir la insulina en ayunas, el colesterol y los marcadores de inflamación. Juntos, le brindarán un panorama más completo de su salud cardiovascular y metabólica.