📝HISTORIA EN BREVE
- Los adultos mayores que consumieron entre 1.2 y 1.6 miligramos de cobre al día obtuvieron mejores resultados en las pruebas de memoria y velocidad de procesamiento, mientras que los más beneficiados fueron los sobrevivientes de un derrame cerebral
- Los niveles más elevados de cobre en regiones específicas del cerebro se asociaron con un deterioro cognitivo más lento y menos cambios relacionados con el alzhéimer
- Una alimentación rica en grasas junto con un consumo elevado de cobre duplicó la tasa de pérdida de memoria, en especial en las habilidades de lenguaje y de recuerdo verbal
- El cobre regula las enzimas que protegen las células del cerebro del estrés oxidativo y ayuda a que las células inmunitarias del cerebro pasen a un estado de curación después de una lesión
- Los alimentos enteros como el hígado de res de animales alimentados con pastura, el polen de abeja y los hongos shiitake favorecen el equilibrio del cobre, mientras que la suplementación estratégica con bisglicinato de cobre ayuda a restablecer los niveles en las personas con deficiencia
🩺Por el Dr. Mercola
El cerebro funciona con un equilibrio de minerales, y el cobre es uno de los más importantes. Es fácil pasar por alto este oligoelemento, pero controla los procesos que mantienen su mente alerta, por ejemplo, cómo se activan sus neuronas, cómo su cerebro produce energía y cómo elimina los desechos dañinos. Sin la cantidad suficiente, los sistemas empiezan a fallar. Se le dificulta pensar con claridad, su memoria falla y su cerebro comienza a envejecer más rápido de lo que debería.
El cobre es único, ya que es necesario pero peligroso en el contexto equivocado. Tener un nivel bajo deja al cerebro vulnerable al estrés oxidativo. Tener un nivel excesivo se convierte en parte del problema, ya que promueve la inflamación y el daño estructural. Ese equilibrio hace que el cobre sea uno de los nutrientes más poderosos, pero también de mayor riesgo en su alimentación.
La mayoría de las personas no piensan en el cobre cuando se alimentan. Pero lo que consume (o no) podría alterar su equilibrio de cobre de tal manera que acelere el envejecimiento cognitivo sin que se dé cuenta. Por eso quiero compartirle lo que los científicos han descubierto sobre el impacto del cobre en el cerebro, y cómo regular su nivel (no tener ni muy poco ni un exceso) es una de las formas más sencillas de agudizar la memoria y proteger la salud del cerebro a largo plazo.
Consumir cobre todos los días ayuda a mejorar la función cerebral
Un estudio que se publicó en la revista Scientific Reports analizó datos de 2420 adultos de Estados Unidos mayores de 60 años para evaluar cómo el cobre influye en la función cognitiva.1 Los investigadores utilizaron datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES, por sus siglas en inglés) de entre 2011 y 2014, y revisaron los puntajes de las pruebas de alimentación y memoria. Su objetivo fue determinar si consumir más alimentos ricos en cobre mejoraba el rendimiento cerebral.
• Los adultos mayores que consumieron más cobre obtuvieron mejores puntuaciones en múltiples pruebas cerebrales: los participantes que consumieron la mayor cantidad de cobre (alrededor de 1.2 a 1.6 miligramos (mg) al día) obtuvieron de manera consistente mejores puntuaciones en pruebas que midieron la memoria, el lenguaje y la velocidad de procesamiento. La relación se mantuvo incluso después de ajustar factores de confusión como la edad, la educación, el consumo calórico y los niveles de otros minerales, como el zinc, hierro y selenio.
• Las mayores ganancias cognitivas ocurrieron por debajo de un umbral específico: los resultados siguieron un patrón no lineal. Las puntuaciones cognitivas mejoraron cuando el consumo de cobre alcanzó entre 1.2 y 1.6 mg al día. Pero los beneficios se estabilizaron a partir de ese punto.
• Los beneficios cognitivos fueron mayores en los sobrevivientes de un derrame cerebral: el efecto del cobre fue mayor entre los participantes con antecedentes de derrame cerebral. Las personas del grupo con mayor consumo de cobre tuvieron puntuaciones de cognición global mucho más elevadas que las que tuvieron el consumo más bajo. Esto sugiere que el consumo de cobre es de gran importancia para la recuperación neurológica y la resiliencia cerebral después de un evento vascular.
• El efecto del cobre para la recuperación del cerebro quizá involucra enzimas antioxidantes y energéticas: el estudio explicó que el cobre sirve como cofactor para enzimas importantes como la superóxido dismutasa (SOD1), la cual neutraliza las especies reactivas de oxígeno en las células del cerebro. Esta acción ayuda a prevenir el daño oxidativo, que es uno de los factores principales de la muerte de neuronas en el envejecimiento del cerebro. Cuando el consumo de cobre es menor que el rango óptimo, la actividad de la SOD1 disminuye y el daño de los radicales libres aumenta.
• El cobre afecta la neuroinflamación y la reparación de las células del cerebro: los investigadores también notaron la influencia del cobre en las células inmunitarias del cerebro. En concreto, el cobre parece reducir la inflamación después de un derrame cerebral, ya que cambia la microglía (las células inmunitarias del cerebro) de un modo dañino "M1" a un estado "M2" de curación. Esta transición reduce las citocinas inflamatorias y aumenta las moléculas antiinflamatorias.
Un mayor nivel de cobre en el cerebro se asocia con una pérdida de memoria más lenta y un menor daño por alzhéimer
Este estudio comunitario se publicó en la revista Molecular Psychiatry y siguió a 657 adultos mayores durante casi siete años antes de su muerte, también analizó los niveles de cobre en cuatro regiones del cerebro durante la autopsia.2 Los investigadores querían saber si los niveles de cobre en el cerebro se relacionaron con la rapidez con la que se deterioró la memoria y con el grado de daño causado por la enfermedad de Alzheimer que se detectó tras la muerte. También rastrearon el consumo de cobre de los participantes para ver si influyó en los niveles de cobre en el cerebro o en la gravedad de la enfermedad.
• Los participantes con mayor cantidad de cobre en el cerebro decayeron de manera lenta y tuvieron menos signos de alzhéimer: los niveles más elevados de cobre en áreas específicas del cerebro, en particular las regiones temporal inferior y frontal media, se asociaron en gran medida con una pérdida más lenta de memoria, atención y velocidad de pensamiento a lo largo del tiempo. Las personas que se ubicaron en el tercio superior del cobre cerebral experimentaron el declive más lento en la cognición global y en dominios importantes de la memoria.
• La memoria y la velocidad de procesamiento fueron las áreas cognitivas que más mejoraron: las mayores diferencias se observaron en la cognición global, la memoria de trabajo, la memoria semántica (comprensión de palabras y significados) y la velocidad de percepción (la rapidez con la que el cerebro procesa la información). Los participantes del grupo con mayor consumo de cobre disminuyeron 0.03 unidades por año más despacio que los del grupo con consumo más bajo, las cuales son diferencias pequeñas que se acumulan con el tiempo.
• Un mayor nivel de cobre en el cerebro se relacionó con menores probabilidades de estar en la etapa avanzada de alzhéimer: los participantes con mayor nivel de cobre en el cerebro tuvieron una probabilidad 40 % menor de estar en la etapa más grave de la patología del alzhéimer en comparación con las personas con un menor nivel de cobre.
• El cobre tiene una influencia fundamental para el mantenimiento de la estructura y función saludable del cerebro: las enzimas que apoyan el metabolismo energético del cerebro, la regulación genética, la defensa antioxidante y la síntesis de neurotransmisores utilizan el cobre. Estas enzimas protegen a las neuronas del estrés oxidativo, regulan el hierro y ayudan con la transmisión de señales entre las células del cerebro. Un déficit de cobre debilita estas defensas, lo que deja a las neuronas más vulnerables a los daños.
Una alimentación rica en cobre y grasas aumenta el riesgo de demencia
El cobre es esencial para la salud del cerebro, pero un nivel excesivo también promueve la neurodegeneración y trastornos neurológicos. En un análisis publicado en el American Journal of Epidemiology, los investigadores realizaron un seguimiento a 10 269 adultos de mediana edad durante un periodo de 20 años para examinar cómo el consumo de cobre en la alimentación, en especial cuando se combina con niveles elevados de grasas saturadas, afectaba el rendimiento cognitivo y el riesgo de demencia.3
• El cobre no fue un factor de riesgo hasta que se combinó con una alimentación rica en grasas: entre las personas que consumieron más grasas saturadas, un mayor consumo de cobre se relacionó con un deterioro cognitivo mucho más rápido. En este grupo, el contenido elevado de cobre duplicó la tasa de pérdida de memoria. Por el contrario, las personas con un consumo bajo de grasas saturadas no experimentaron ningún efecto negativo del cobre, incluso en dosis más elevadas. Esta interacción destaca cómo los nutrientes no actúan de forma aislada, sino que también el patrón general de alimentación es importante.
• La memoria verbal se vio más afectada en las personas con un consumo elevado de cobre y grasas: el mayor deterioro se observó en las habilidades que se relacionan con el lenguaje. Los participantes con una alimentación rica en cobre y grasas saturadas tuvieron el descenso más pronunciado en la capacidad de recordar palabras y la fluidez verbal. Estos son signos de alerta temprana de demencia, en especial del deterioro cognitivo tipo alzhéimer.
• Los suplementos no fueron el problema; la mayor parte del cobre provenía de los alimentos: los investigadores confirmaron que casi todo el cobre provenía de alimentos. Los usuarios de suplementos constituyeron una minoría y no distorsionaron los datos. Esto destaca la necesidad de evaluar combinaciones de alimentos, no solo dosis aisladas de nutrientes.
• La oxidación de grasas inducida por el cobre quizá provoca el daño cerebral: los autores del estudio propusieron que el exceso de cobre oxida las grasas saturadas y el colesterol en el torrente sanguíneo, lo que provoca un daño inflamatorio dentro del cerebro. Cuando las grasas se oxidan, forman compuestos dañinos llamados aldehídos, que dañan las neuronas y aumentan la acumulación de beta-amiloide, lo cual es una característica de la enfermedad de Alzheimer. Este daño parece ser bastante agresivo en las regiones del cerebro que se encargan de la memoria.
• Un estudio relacionado descubrió que los participantes con el mayor consumo de cobre y grasas saturadas y trans tuvieron los peores resultados cognitivos: un estudio que se publicó en la revista Archives of Neurology descubrió que en las personas con una alimentación rica en grasas saturadas y trans, un mayor consumo de cobre se relacionó con una disminución en la función mental.4 Su tasa de deterioro cognitivo fue equivalente a envejecer 19 años más rápido, en comparación con los participantes con un bajo consumo de cobre y un bajo consumo de grasas.
Esto significa que una persona de 65 años con una alimentación rica en cobre y grasas tenía la función cerebral de una persona de 84 años. El estudio no descubrió tal efecto entre las personas con un consumo elevado de cobre pero bajo consumo de grasa, lo que demuestra que fue la combinación, no el cobre solo, lo que aceleró el daño.
Cómo equilibrar el nivel de cobre y proteger el cerebro del deterioro cognitivo
El cobre es uno de los minerales más incomprendidos del cuerpo. Aunque la narrativa más común a menudo advierte sobre el exceso de cobre, la realidad es que la mayoría de las personas viven con deficiencia de cobre, y eso tiene consecuencias graves para el cerebro. El cobre es fundamental para la función de las mitocondrias, la regulación del hierro y la producción de energía. Cuando el nivel de cobre es bajo, el hierro se acumula en lugares donde no debería, el estrés oxidativo aumenta y las neuronas sufren.
Si siente la mente lenta, se le olvida todo o se cansa con facilidad, es posible que su nivel de cobre no sea el adecuado. Pero en lugar de adivinar, le recomiendo un enfoque estratégico que apoye la habilidad del cuerpo para regular el cobre de forma natural: utilice alimentos enteros, apoye a su metabolismo y, si es necesario, tome suplementos. Aquí hay cinco estrategias para optimizar sus niveles de cobre y proteger su cerebro:
1. Consuma alimentos enteros ricos en cobre: los alimentos como el hígado de res de animales alimentados con pastura, los mariscos, los hongos shiitake, el chocolate negro y el polen de abeja son algunas de las mejores fuentes de cobre biodisponible. Estos alimentos no solo aportan cobre, sino que lo hacen de una forma que el cuerpo sabe cómo manejarlo. El retinol (vitamina A preformada), que está presente en el hígado y las vísceras de res, tiene un efecto directo en el metabolismo del cobre. Sin suficiente cantidad de retinol, el cobre no puede llegar a donde necesita.
2. Cambie su equilibrio de macronutrientes, consuma más carbohidratos y menos grasas: una alimentación rica en grasas altera la forma en que su cuerpo quema glucosa y le obliga a depender de la grasa para obtener energía. Ese desequilibrio favorece las enfermedades crónicas. Mi recomendación es que las grasas que consuma constituyan entre el 30 % y el 40 % de sus calorías diarias.
Eso significa que debe priorizar los carbohidratos saludables y digeribles, como frutas enteras, tubérculos cocidos, arroz blanco y cantidades pequeñas de granos enteros, siempre que su intestino esté saludable y pueda tolerarlos. Para consumir grasas saludables, concéntrese en el ghee, el sebo y la mantequilla de animales alimentados con pastura, mientras reduce su consumo de ácido linoleico del aceite vegetal.
3. Tome suplementos con bisglicinato de cobre si es necesario: si su consumo de cobre es bajo o ha tenido signos de deficiencia, como confusión mental o fatiga inexplicable, considere tomar de 3 a 4 mg de bisglicinato de cobre al día. Esta forma quelada es bastante absorbible y es menos probable que le irrite el intestino. Sin embargo, no tome suplementos a ciegas, sino que primero evalúe sus niveles, haga un seguimiento de su progreso y ajuste su consumo de cobre según sea necesario.
4. Equilibre el nivel de hierro y cobre: es importante reconocer la interacción entre el hierro y el cobre. Una sobrecarga de hierro junto con una deficiencia de cobre podría presentar consecuencias peligrosas. La deficiencia de cobre es común y muchas personas necesitan un mayor consumo de cobre para favorecer el metabolismo adecuado del hierro.
Los niveles equilibrados de cobre no solo influyen en el rendimiento del cerebro, también contribuyen a restaurar la armonía mineral que impulsa todos los sistemas del cuerpo. Cuando el cobre está donde debe estar, su energía, memoria y claridad vuelven a funcionar.
Preguntas frecuentes sobre el cobre y el cerebro
P: ¿Cómo influye el cobre en el cerebro?
R: El cobre es esencial para la actividad eléctrica del cerebro, la defensa antioxidante y la producción de energía. El cobre activa enzimas como la superóxido dismutasa, la cual neutraliza los radicales libres y protege a las neuronas del daño. Sin la suficiente cantidad de cobre, las células del cerebro no pueden generar energía de manera efectiva ni reparar las lesiones oxidativas, lo que provoca problemas de memoria y deterioro cognitivo.
P: ¿Consumir más alimentos ricos en cobre puede mejorar la memoria?
R: Sí, una investigación que se publicó en la revista Scientific Reports descubrió que los adultos mayores de 60 años que consumieron entre 1.2 y 1.6 mg de cobre al día tuvieron mejor memoria, habilidades lingüísticas y velocidad de procesamiento, en especial aquellos que se recuperaban de un derrame cerebral.5 Otro estudio publicado en Molecular Psychiatry demostró que los niveles más elevados de cobre en el tejido cerebral se relacionaron con un deterioro cognitivo más lento y una menor patología del alzhéimer.6
P: ¿Un nivel demasiado elevado de cobre es peligroso para el cerebro?
R: Es posible que lo sea. Aunque el cobre es necesario, un exceso (en especial cuando se combina con una alimentación rica en grasas) promueve el estrés oxidativo. Un estudio que se publicó en el American Journal of Epidemiology descubrió que un consumo elevado de cobre duplicó la tasa de pérdida de memoria en personas que consumían una alimentación rica en grasas saturadas.7 Es probable que el cobre que oxida las grasas en la sangre cause el daño, lo que provoca la inflamación cerebral y la acumulación de beta-amiloide.
P: ¿Qué alimentos ayudan a regular los niveles saludables de cobre?
R: El hígado de res de animales alimentados con pastura, los mariscos, los hongos shiitake, el chocolate negro y el polen de abeja son excelentes fuentes. El retinol (vitamina A) de las vísceras también es necesario para dirigir el cobre a las células y evitar que se acumulen en los lugares equivocados.
P: ¿Debería tomar un suplemento de cobre?
R: Si su consumo de cobre es bajo o experimenta signos de deficiencia, como fatiga o confusión mental, podría ser útil tomar de 3 a 4 mg de bisglicinato de cobre al día. Esta forma es suave para la digestión y absorbible. Sin embargo, su prioridad debería ser obtener el cobre de sus alimentos.
