📝HISTORIA EN BREVE

  • Uno de los análisis más exhaustivos realizados hasta la fecha sobre el riesgo de enfermedades relacionadas con el alcohol encontró que su consumo se asociaba con un mayor riesgo de desarrollar 10 tipos de cáncer. Además, varios de estos riesgos se observaron incluso con niveles de consumo inferiores a una bebida estándar al día
  • El riesgo de cáncer generalmente aumentó a medida que aumentaba el consumo de alcohol, sin evidencia clara de que la definición comúnmente aceptada de “consumo moderado” eliminara el riesgo
  • Los grandes bebedores tenían hasta cinco veces más probabilidades de desarrollar ciertos cánceres de boca, garganta y esófago, mientras que incluso el consumo ligero se relacionó con mayores riesgos de cáncer de mama, boca y esófago
  • El alcohol contribuye al cáncer al formar acetaldehído, un compuesto tóxico que daña el ADN, aumenta el estrés oxidativo y crea condiciones que permiten que las células anormales crezcan y se propaguen
  • La forma más eficaz de reducir el riesgo de cáncer relacionado con el alcohol es eliminar el consumo de alcohol, y las investigaciones muestran que los beneficios comienzan después de que usted deja de beber y continúan acumulándose con el tiempo

🩺Por el Dr. Mercola

Casi la mitad de la población mundial de 15 años o más consume alcohol con cierta regularidad. Para muchas personas, este hábito parece inofensivo: una copa de vino con la cena, una cerveza después del trabajo o una bebida para marcar el final de una semana larga.¹

Esa sensación de seguridad se apoya en una idea ampliamente aceptada: que el consumo moderado implica poco riesgo e incluso podría aportar algún beneficio. Sin embargo, una de las revisiones más exhaustivas realizadas hasta la fecha sobre el alcohol se propuso poner a prueba directamente esa suposición.

Cuando las personas piensan en los riesgos del alcohol, la preocupación suele centrarse en el hígado. Sin embargo, ese enfoque deja de lado un panorama mucho más amplio.

El cáncer, el crecimiento descontrolado de células anormales, puede desarrollarse silenciosamente durante años antes de provocar señales de advertencia. Cuando finalmente aparecen los síntomas, estos varían según el órgano afectado y pueden incluir pérdida de peso inexplicable, fatiga, dificultad para tragar, dolor persistente, sangrado anormal o cambios en los hábitos intestinales.

Para cuando aparecen esas señales, el daño subyacente puede haberse estado acumulando durante mucho tiempo, y resulta fácil pasar por alto el papel que el alcohol pudo haber desempeñado en ese proceso.

La pregunta más importante no es si beber en exceso es peligroso, eso está bien establecido, sino si existe algún nivel de consumo lo suficientemente bajo como para considerarse seguro.

Gran parte de la conversación pública sigue centrándose en los debatidos efectos del alcohol sobre la salud cardiovascular, dejando de lado una pregunta aún más fundamental para la persona promedio que intenta decidir qué lugar, si acaso alguno, debería ocupar el alcohol en su vida.

Antes de determinar si alguna cantidad de alcohol encaja en su estilo de vida, vale la pena examinar uno de los análisis más exhaustivos realizados hasta la fecha sobre los riesgos para la salud relacionados con su consumo y lo que reveló acerca de la relación entre el alcohol y el cáncer.

El alcohol se relaciona con un mayor riesgo en 10 tipos diferentes de cáncer

El análisis, publicado en la revista Nature Health, examinó 843 estudios de cohortes y de casos y controles publicados entre 1961 y 2023, con el objetivo de determinar cómo influye el consumo de alcohol en los resultados de salud a largo plazo.²

Los investigadores evaluaron la relación del alcohol con 20 afecciones, incluidos 10 tipos de cáncer, enfermedades cardiovasculares, trastornos hepáticos, demencia y diabetes tipo 2. Su objetivo era identificar qué ocurre con la salud a medida que aumenta el consumo de alcohol y determinar si alguna cantidad de consumo puede considerarse verdaderamente de bajo riesgo.

• La evidencia más sólida apuntó al cáncer y al daño hepático — Los investigadores encontraron que el consumo de alcohol estaba asociado con un mayor riesgo de cánceres de mama, colon, recto, esófago, laringe, labio y cavidad oral, faringe, hígado, estómago, páncreas y próstata, junto con cirrosis y otras enfermedades hepáticas crónicas.

El aumento del riesgo no apareció únicamente con niveles elevados de consumo. Según el análisis, varios tipos de cáncer mostraron incrementos mensurables del riesgo incluso cuando la ingesta de alcohol se mantuvo por debajo de los 10 gramos diarios.

El estudio considera una “bebida estándar” como aquella que contiene 10 gramos de alcohol, mientras que en Estados Unidos una bebida estándar equivale a 14 gramos. Por lo tanto, este umbral se sitúa incluso por debajo de una sola bebida estándar estadounidense.

El mismo análisis identificó una aparente reducción del riesgo de algunas afecciones, como la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardíacas, asociada con un bajo consumo de alcohol. Sin embargo, los investigadores advierten que esta señal puede distorsionarse con facilidad, ya que las personas que dejan de beber después de enfermar pueden hacer que quienes se han abstenido durante toda su vida parezcan menos saludables en comparación. Esto podría reflejar un artefacto del diseño del estudio, en lugar de un verdadero beneficio del consumo de alcohol.

En el caso del cáncer, en cambio, no se identificó ningún nivel mínimo de consumo asociado con un riesgo bajo.

• Algunos tipos de cáncer aumentaron considerablemente con incrementos relativamente pequeños en el consumo de alcohol — Entre las 20 afecciones estudiadas, el cáncer de faringe, un cáncer que se desarrolla en la garganta detrás de la nariz y la boca, mostró la relación más sólida y constante con el consumo de alcohol.

Los investigadores estimaron que consumir 10 gramos de alcohol al día, aproximadamente la cantidad contenida en tres cuartas partes de una bebida estándar estadounidense, o unas 3,5 onzas de vino, se asociaba con un riesgo un 16 % mayor. Con 20 gramos diarios, equivalentes a cerca de 1,5 bebidas estándar o dos copas pequeñas de vino, el riesgo aumentaba un 56 %.

Con 40 gramos al día, unas tres bebidas estándar, dos pintas de cerveza regular o tres tragos de licor, el riesgo era un 173 % mayor en comparación con quienes no bebían. Con aproximadamente 76 gramos diarios, equivalentes a unas 5,5 bebidas estándar, el riesgo promedio superaba en más de cuatro veces al de las personas que no consumían alcohol.

El riesgo aumentaba de forma pronunciada incluso con niveles relativamente bajos de consumo y luego tendía a estabilizarse gradualmente, lo que sugiere que la primera o las dos primeras bebidas podrían contribuir al riesgo más de lo que muchas personas creen.

• La enfermedad hepática siguió un patrón similar — El estudio encontró que el consumo de alcohol estaba fuertemente asociado con la cirrosis y otras enfermedades hepáticas crónicas, afecciones en las que el tejido hepático sano es reemplazado por tejido cicatricial que interfiere con el funcionamiento normal. Con 10 gramos de alcohol al día, el riesgo ya era un 12 % mayor que entre quienes no bebían.

Con 20 gramos al día, el riesgo aumentó hasta ser un 40 % mayor, mientras que con 40 gramos diarios, el riesgo aumentó a más del doble. Alrededor de 61 gramos al día, el riesgo promedio superó cuatro veces el de las personas abstinentes. Esto es importante porque el hígado procesa casi todo el alcohol que entra en su cuerpo. Cada bebida añade trabajo, y la exposición repetida genera un daño acumulativo que se vuelve más difícil de revertir con el tiempo.

• Los investigadores no encontraron evidencia de que el riesgo de cáncer desaparezca con niveles moderados de consumo — El alcohol mostró una relación “monótonamente creciente” con nueve tipos de cáncer, lo que significa que el riesgo continuó aumentando a medida que aumentaba el consumo, sin un umbral seguro claro.

Los investigadores señalaron específicamente que “incluso un consumo bajo (<10 g al día) estaba asociado con un riesgo elevado” de distintos tipos de cáncer, entre ellos los que afectan la faringe, el colon, el recto, la laringe, el labio y la cavidad oral, el esófago, la mama, el hígado, el páncreas y la próstata.

Para quienes buscan reducir el riesgo de enfermedades a largo plazo, esto plantea un desafío práctico: incluso una cantidad de alcohol que suele describirse como moderada se asociaba con consecuencias mensurables.

• El alcohol tiene efectos carcinogénicos bien establecidos, es decir, capacidad para contribuir a la formación de cáncer — Una vez consumido, el alcohol se descompone en acetaldehído, un subproducto tóxico conocido por dañar el ADN, el manual de instrucciones genéticas que se encuentra dentro de sus células. Cuando el daño del ADN se acumula más rápido de lo que su cuerpo puede repararlo, las células anormales tienen oportunidades de crecer y propagarse.

El alcohol también expone los tejidos de todo el tracto digestivo a un estrés químico repetido, lo que ayuda a explicar por qué los cánceres de boca, garganta, esófago, hígado y sistema digestivo aparecieron repetidamente entre las asociaciones más sólidas del análisis. Cada reducción en el consumo de alcohol disminuye la exposición a estos procesos dañinos, lo que da a su cuerpo menos oportunidades de acumular las lesiones celulares que impulsan la enfermedad con el tiempo.

La evidencia cuestiona la idea de un consumo seguro de alcohol

Según información publicada por el National Cancer Institute (NCI), existe evidencia científica sólida de que el alcohol puede causar cáncer, y el impacto va mucho más allá de un pequeño número de casos.³

La agencia informó que el consumo de alcohol fue responsable de casi 100.000 de los 1,8 millones de casos de cáncer diagnosticados en EE. UU. en 2019 y de casi 25.000 de las 600.000 muertes por cáncer de ese año. Eso significa que los cánceres relacionados con el alcohol representan una carga considerable para la salud pública que afecta a decenas de miles de familias cada año.

• Incluso el consumo ligero modificó el riesgo de cáncer — El aumento del riesgo no se limita a los grandes bebedores. Las mujeres que consumen solo una bebida al día tienen un mayor riesgo de cáncer de mama que las mujeres que beben menos de una bebida alcohólica por semana.

La agencia también informó que quienes bebían ligeramente tenían 1,1 veces más probabilidades de desarrollar cánceres de boca y garganta y 1,3 veces más probabilidades de desarrollar una forma común de cáncer de esófago en comparación con quienes no bebían. Esto es importante porque muchas personas definen el “consumo seguro” como una bebida al día; sin embargo, aparecieron aumentos mensurables del riesgo de cáncer incluso a ese nivel.

• Las cifras del mundo real ponen el riesgo en perspectiva — El NCI citó datos destacados en un reciente aviso que demuestran cómo el alcohol afecta el riesgo absoluto de cáncer, es decir, su probabilidad real de desarrollar un cáncer relacionado con el alcohol.⁴ Entre 100 mujeres que consumen menos de una bebida por semana, aproximadamente 17 desarrollarán un cáncer relacionado con el alcohol. Entre 100 mujeres que consumen una bebida al día, esa cifra aumenta a 19.

Con dos bebidas al día, aumenta a aproximadamente 22 mujeres. En los hombres, las cifras aumentan de 10 casos por cada 100 entre quienes beben menos de una bebida por semana a 11 por cada 100 con una bebida al día y 13 por cada 100 con dos bebidas diarias. Estas cifras ayudan a traducir los porcentajes en algo más tangible: pequeños hábitos diarios pueden generar diferencias significativas cuando se multiplican a lo largo de años y décadas.

• Ciertos tipos de cáncer mostraron aumentos especialmente grandes del riesgo — Los grandes bebedores tenían cinco veces más probabilidades de desarrollar cánceres de boca, garganta y esófago que las personas que no beben alcohol. El riesgo también aumentó para el cáncer colorrectal, el cáncer de hígado y el cáncer de mama.

El cáncer de mama ofrece un ejemplo útil porque es muy común. La agencia informó que los grandes bebedores tenían 1,6 veces más probabilidades de desarrollar cáncer de mama que quienes no bebían, mientras que incluso el consumo ligero estaba asociado con un aumento mensurable del riesgo.

• El alcohol se vuelve más peligroso cuando se combina con el tabaco — Las personas que beben y consumen tabaco enfrentan riesgos mucho mayores de cánceres que afectan la boca, la garganta, la laringe y el esófago que las personas que consumen cualquiera de las dos sustancias por separado.

De hecho, para los cánceres de boca y garganta, el daño combinado es mayor que la suma de los riesgos individuales. Piense en ello como dos aceleradores que se presionan al mismo tiempo. Cada uno aumenta el daño de manera independiente, pero juntos amplifican el efecto.

• Los beneficios de dejar de beber comienzan después de la última bebida — Las investigaciones revisadas por la agencia encontraron que dejar de consumir alcohol está asociado con menores riesgos de cánceres que afectan la cavidad oral y el esófago, y probablemente también reduce el riesgo de cánceres de garganta, mama y colorrectales.

El proceso lleva tiempo, y el riesgo no vuelve instantáneamente al nivel de alguien que nunca bebió. Sin embargo, la agencia enfatiza que nunca es demasiado tarde para dejar de beber y reducir su riesgo. Para alguien que busca un objetivo práctico, eso significa que cada día sin alcohol lo lleva en una dirección más saludable.

Reduzca su exposición al alcohol antes de que se acumule el daño

La conclusión más importante de la investigación es sencilla: el problema es el alcohol en sí. Los estudios revisados en este artículo encontraron de manera constante que el riesgo de cáncer aumenta a medida que aumenta la exposición al alcohol. Eso significa que la estrategia más eficaz no consiste en encontrar una bebida alcohólica “más segura” ni un patrón de consumo más saludable. Consiste, en primer lugar, en reducir la cantidad de alcohol que su cuerpo necesita procesar.

La investigación también apunta a una lección más amplia. El alcohol no daña los tejidos simplemente porque sea alcohol. Gran parte del daño ocurre después de que su cuerpo descompone el alcohol en acetaldehído, un compuesto tóxico que lesiona las células e interfiere con la producción normal de energía. Comprender ese mecanismo ayuda a explicar por qué reducir el consumo de alcohol es tan importante y por qué también merecen atención otras fuentes de daño celular similar.

1. Deje el alcohol por completo y elimine los aceites de semillas — Una vez metabolizado, el alcohol forma acetaldehído que daña las membranas celulares, interfiere con la función mitocondrial y aumenta el estrés oxidativo. Los aceites de semillas ricos en ácido linoleico (AL) crean un problema notablemente similar.

A medida que el AL se acumula en sus tejidos y se descompone, forma aldehídos tóxicos, en particular 4-HNE. El acetaldehído del alcohol y el 4-HNE de los aceites de semillas parecen seguir muchas de las mismas vías destructivas, lo que puede dañar las mitocondrias y debilitar sus células desde el interior.

Si usted se toma en serio la reducción de su riesgo de enfermedad a largo plazo, elimine ambos factores de estrés. Elimine el alcohol y evite los aceites de semillas como los de soya, maíz, canola, cártamo y girasol. Sustitúyalos por grasas más estables como sebo, ghee y mantequilla de vacas alimentadas con pasto.

La noticia alentadora es que su cuerpo puede comenzar a repararse una vez que se eliminan estas fuentes de daño y se restablece una producción saludable de energía. Procure mantener su ingesta de AL por debajo de 5 gramos al día, con un objetivo más cercano a 2 gramos siempre que sea posible. Si actualmente bebe a diario o en grandes cantidades, reduzca gradualmente el alcohol con orientación médica en lugar de dejarlo de forma abrupta, ya que la abstinencia repentina puede ser peligrosa.

2. Si usted decide beber, reduzca el daño tanto como sea posible — Algunas personas continúan bebiendo ocasionalmente a pesar de comprender los riesgos. Si ese es su caso, algunas personas toman N-acetilcisteína (NAC), alrededor de 200 miligramos (mg) unos 30 minutos antes de beber, junto con vitaminas B1 (tiamina) y B6 (piridoxina). La NAC puede ayudar a reponer el glutatión, una de las defensas antioxidantes más importantes de su cuerpo, mientras que las vitaminas B participan en el metabolismo del alcohol.

Este enfoque no elimina los riesgos asociados con el consumo de alcohol ni justifica un consumo mayor, pero puede ayudar a reducir parte del estrés oxidativo causado por el acetaldehído y puede favorecer una función mitocondrial más saludable.

3. Cree un registro personal de consumo de alcohol — Durante un mes, lleve un registro de cada bebida que consuma. No se juzgue. Simplemente regístrela. Al final de cada semana, sume el número de bebidas. Luego desafíese a mejorar esa cifra la semana siguiente. Si actualmente bebe todos los días, empiece creando un día sin alcohol por semana y aumente gradualmente a partir de ahí. Las pequeñas reducciones se acumulan con el tiempo y le dan a su cuerpo menos oportunidades de sufrir daño acumulativo.

4. Concéntrese en los factores que ayudan a su cuerpo a repararse — Sus células reparan constantemente el desgaste normal. Apoye ese proceso con alimentos integrales ricos en nutrientes, una cantidad adecuada de proteínas y un sueño reparador. Procure consumir aproximadamente 0,8 gramos por libra (o 1,76 gramos por kilogramo) de masa corporal magra, con un tercio proveniente de fuentes ricas en colágeno, como carnes cocinadas lentamente o caldo de huesos.

Priorice las frutas enteras, los tubérculos y otras fuentes de carbohidratos mínimamente procesadas para favorecer la producción de energía celular. Una mejor energía celular favorece los sistemas de reparación y mantenimiento que ayudan a mantener los tejidos saludables.

5. Sustituya los rituales de consumo de alcohol por hábitos que fomenten la salud — Muchas personas beben porque el consumo está ligado a una rutina. Si usted recurre a una bebida después del trabajo, durante eventos sociales o mientras ve televisión, cree un ritual sustituto. El agua mineral con gas y cítricos, el té de hierbas u otra opción sin alcohol llenan el vacío conductual sin exponer su cuerpo a los subproductos nocivos del alcohol.

Si disfruta de los desafíos, fíjese la meta de pasar 30 días sin alcohol y registre su progreso en un calendario. Muchas personas notan mejoras en la calidad del sueño, la energía, la concentración y el bienestar general mucho antes de comenzar a pensar en la prevención del cáncer a largo plazo.

Preguntas frecuentes sobre el consumo de alcohol y el riesgo de cáncer

P: ¿Una bebida alcohólica al día aumenta el riesgo de cáncer?

R: Sí. Tanto el análisis publicado en la revista Nature Health como la información del NCI indican que el riesgo de cáncer aumenta incluso con niveles bajos de consumo de alcohol. La evidencia mostró que varios tipos de cáncer se asociaban con un mayor riesgo con ingestas inferiores a 10 gramos de alcohol al día.

Además, las mujeres que consumen una bebida alcohólica diaria presentan un mayor riesgo de cáncer de mama que aquellas que beben menos de una bebida alcohólica por semana.

P: ¿Qué tipos de cáncer están más fuertemente relacionados con el consumo de alcohol?

R: El alcohol está asociado con un mayor riesgo de cánceres que afectan la boca, la garganta, el esófago, el hígado, la mama, el colon, el recto, el páncreas, la próstata, el estómago y la laringe. Entre las afecciones evaluadas en la revisión de Nature Health, el cáncer de faringe, que afecta la garganta detrás de la nariz y la boca, mostró una de las relaciones más sólidas y constantes con el consumo de alcohol.

P: ¿Por qué el alcohol aumenta el riesgo de cáncer?

R: Cuando su cuerpo descompone el alcohol, produce acetaldehído, un compuesto tóxico que daña el ADN y las proteínas dentro de sus células. El alcohol también aumenta el estrés oxidativo, interfiere con la absorción de nutrientes protectores y eleva los niveles de estrógeno, lo cual es una de las razones por las que está relacionado con el cáncer de mama. Con el tiempo, estos efectos crean condiciones que permiten que las células anormales crezcan y se multipliquen.

P: Si dejo de beber, ¿disminuye mi riesgo de cáncer?

R: Sí. Las investigaciones revisadas por el NCI encontraron que dejar de consumir alcohol está asociado con menores riesgos de cánceres que afectan la boca, el esófago y probablemente también la garganta, la mama y el colon. El riesgo no vuelve de inmediato al nivel de alguien que nunca bebió, pero cada año sin alcohol lo lleva en una dirección más saludable.

P: ¿Cuál es la forma más eficaz de reducir los riesgos para la salud relacionados con el alcohol?

R: La estrategia más eficaz es eliminar por completo el consumo de alcohol. La investigación encontró que, en general, el riesgo de cáncer aumentaba a medida que se incrementaba el consumo, sin evidencia clara de un umbral completamente seguro.

Favorecer una producción saludable de energía celular, evitar los aceites de semillas con alto contenido de ácido linoleico (AL) y sustituir el consumo de alcohol por hábitos más saludables puede ayudar a reducir aún más la carga sobre el organismo.

Este artículo tiene únicamente fines informativos y no constituye asesoramiento médico. Consulte a un profesional de la salud cualificado antes de realizar cambios en su régimen de salud.