📝HISTORIA EN BREVE

  • La etiqueta de un frasco de suplementos le dice qué se puso dentro de la cápsula, no qué llega a sus células. En muchísimos productos, la diferencia entre esas dos cifras es enorme, y es invisible en el momento de la compra
  • El término científico para describir cuánto de un compuesto llega realmente a su torrente sanguíneo en forma activa es biodisponibilidad. La mayoría de los suplementos orales pierde una gran parte de su dosis debido al ácido estomacal, la escasa solubilidad y la rápida eliminación antes de que puedan hacer algún bien
  • Los compuestos vegetales liposolubles y los minerales son especialmente vulnerables, razón por la cual dos productos con etiquetas casi idénticas pueden producir resultados completamente diferentes en el mundo real
  • En toda la investigación aparece un mismo tema de forma repetida: mejorar el sistema de administración mejora los resultados. El ingrediente activo rara vez es el factor limitante; el sistema de administración sí lo es
  • Comprender este único problema es la base de todo lo que voy a compartir con usted en los próximos artículos, donde también presentaré una nueva generación de suplementos diseñados en torno al sistema de administración desde la molécula hacia afuera

🩺Por el Dr. Mercola

Existe una verdad incómoda sobre la industria de los suplementos, una con la que he lidiado durante décadas de trabajo en este campo: la etiqueta del frasco le dice qué se puso dentro, pero no le dice cuánto de eso llega realmente a las células que lo necesitan. Y para una enorme cantidad de productos que hoy están en el mercado, la diferencia entre esas dos cifras está lejos de ser insignificante.

Puede ingerir una cápsula perfectamente fabricada que contenga exactamente la dosis impresa en la etiqueta y, aun así, absorber solo una pequeña fracción de lo que contiene. El resto es descompuesto por el ácido estomacal, nunca se disuelve adecuadamente, queda atrapado dentro de una matriz que su intestino no puede descomponer o simplemente es expulsado de su cuerpo antes de hacer algo útil. Esto no es un defecto de una marca en particular. Es el comportamiento predeterminado de los suplementos orales y el problema más pasado por alto de todo este campo.

Quiero explicarle por qué sucede esto, por qué importa más que casi cualquier otra cosa impresa en la etiqueta y qué dice la ciencia que podemos hacer al respecto. Una vez lo comprenda, nunca volverá a mirar un frasco de suplementos de la misma manera y entenderá exactamente por qué la nueva generación de productos en la que he estado trabajando está construida de forma tan diferente.

Biodisponibilidad: el número que nunca aparece impreso en la etiqueta

El término científico para describir cuánto de un compuesto llega realmente a su circulación en forma activa es biodisponibilidad. Es la diferencia silenciosa entre la dosis que toma y la dosis que su organismo puede utilizar. Según investigaciones publicadas en el portal PubMed, la biodisponibilidad oral de muchos compuestos beneficiosos está severamente limitada por una cadena de obstáculos, cada uno de ellos es una fuga en la tubería entre su boca y sus células.

Imagine el recorrido. Una cápsula tiene que abrirse y liberar su contenido. Ese contenido debe disolverse en el ambiente acuoso y ácido de su intestino. Debe sobrevivir a ese entorno sin transformarse químicamente en algo inerte. Debe atravesar la pared intestinal, que es selectiva respecto a lo que deja pasar. Y debe superar el primer paso por el hígado, que trata muchos compuestos como sustancias extrañas y comienza a descomponerlos de inmediato.

Un compuesto necesita sobrevivir a cada uno de esos pasos para cumplir su función. Si falla en cualquiera de ellos, la impresionante cifra de la etiqueta se convierte en un número que existe sobre el papel, pero no en su torrente sanguíneo. Los investigadores que han revisado este problema han señalado repetidamente que la forma en que se administra un compuesto, la matriz que lo rodea, el tamaño de las partículas, el vehículo en el que viaja, puede importar tanto como, o incluso más que, el propio compuesto.

Por qué se pierde tanto durante el trayecto

Para comprender por qué la absorción falla con tanta frecuencia, ayuda entender para qué está diseñado realmente su aparato digestivo. Es una barrera altamente selectiva. Su función consiste en extraer aquello que su organismo reconoce y necesita, mientras mantiene fuera aquello que no reconoce.

Esa selectividad es una ventaja cuando se trata de impedir la entrada de toxinas y patógenos. Se convierte en un problema cuando el compuesto beneficioso que desea ingerir es uno que su intestino no reconoce ni transporta de forma eficiente. En la literatura científica aparecen una y otra vez varios puntos específicos donde el proceso falla:

  • Baja solubilidad — Muchos de los compuestos más valiosos de la nutrición no se disuelven bien en agua. En el entorno acuoso de su intestino, se aglomeran, no logran dispersarse y atraviesan el sistema prácticamente intactos.
  • Degradación química — El ácido estomacal y las enzimas digestivas son muy potentes. Descomponen muchos compuestos sensibles mucho antes de que estos lleguen a la parte del intestino donde podría producirse la absorción.
  • Baja permeabilidad — Incluso un compuesto que sobrevive intacto a la digestión puede no ser capaz de atravesar eficientemente la pared intestinal. Si no puede cruzar esa barrera, no puede entrar en el torrente sanguíneo.
  • Metabolismo de primer paso — Muchos compuestos que sí se absorben viajan primero al hígado, donde puede metabolizarse una gran parte de la dosis antes de que llegue a la circulación general.

Cada uno de estos puntos es un lugar donde la dosis indicada en la etiqueta se reduce silenciosamente. Si los suma todos, comienza a entender por qué una cifra elevada en un frasco puede traducirse en un efecto decepcionantemente pequeño en su organismo.

Los compuestos liposolubles y los minerales son los que más dificultades presentan

Algunos de los compuestos más beneficiosos en nutrición también son los más difíciles de absorber. Los principios activos vegetales liposolubles, los pigmentos del tomate, los compuestos de la cúrcuma, los antioxidantes de las aceitunas y muchos otros, tienden a ser, por naturaleza, poco solubles en agua. En el entorno acuoso del intestino resisten la disolución, y aquello que no se disuelve, por lo general, no se absorbe.

Las investigaciones sobre compuestos como el licopeno y la curcumina ilustran claramente el problema. Se trata de compuestos con un potencial considerablemente documentado, pero cuya biodisponibilidad natural es tan baja que, cuando se toman en su forma convencional, gran parte de la dosis se desperdicia. Los investigadores que estudian estos compuestos han concluido que el desafío central no es si el compuesto funciona, sino si es posible introducir una cantidad significativa de él en el organismo.

Los minerales enfrentan un desafío diferente. Estos se unen a otros componentes de los alimentos y de otros suplementos, compiten entre sí por las mismas vías de absorción y con frecuencia se pierden debido a estas interacciones. El resultado es el mismo: una parte de la dosis indicada en la etiqueta, a veces una parte importante, nunca llega al torrente sanguíneo.

Los compuestos que más sufren: una mirada más de cerca

Vale la pena mencionar algunos de los compuestos específicos en los que este problema es más agudo, porque la lista incluye muchos de los suplementos más populares que las personas toman todos los días esperando obtener beneficios que quizá nunca reciban.

La curcumina, el compuesto activo de la cúrcuma, es famosa por absorberse muy mal en su forma natural. Es poco soluble en agua, inestable en los niveles de pH presentes en partes del aparato digestivo y se metaboliza y elimina rápidamente. Cuando se consume sin modificaciones, una gran proporción de la dosis de curcumina nunca llega a la circulación en forma activa.

Los carotenoides, como el licopeno, el compuesto que da a los tomates su color rojo, son liposolubles y cristalinos, lo que significa que resisten la disolución en el intestino y tienden a agruparse en lugar de dispersarse. Su absorción depende en gran medida de la forma en que se administran y de aquello con lo que se consumen.

Muchos minerales enfrentan el problema opuesto: son demasiado reactivos. Se unen a otros componentes de la dieta, compiten entre sí por los mismos canales de transporte y con frecuencia quedan indisponibles antes de que pueda producirse la absorción. La forma en que se administra un mineral puede cambiar drásticamente la cantidad que su organismo absorbe.

El patrón en todos estos casos es el mismo. El compuesto tiene un potencial documentado. Su forma natural solo aporta una fracción de ese potencial. Y la diferencia entre un producto que aborda este problema y otro que lo ignora es invisible en la etiqueta.

Cómo se mide realmente la biodisponibilidad

Cuando los investigadores quieren saber cuál es la biodisponibilidad de un compuesto, no se basan en la etiqueta. Administran una dosis medida y luego hacen un seguimiento del compuesto y de sus metabolitos en sangre y orina a lo largo del tiempo, tomando muestras a intervalos para ver cuánto aparece realmente en la circulación, cuál es el pico de concentración y con qué rapidez aumenta y disminuye.

Los estudios que hacen esto revelan cuán amplia puede ser la diferencia. En investigaciones sobre la biodisponibilidad de compuestos antioxidantes derivados de la aceituna, por ejemplo, los investigadores analizaron los niveles plasmáticos y urinarios tras la administración de la dosis y confirmaron tanto que el compuesto se absorbía como que la absorción aumentaba con la dosis administrada; el tipo de medición directa que muestra lo que realmente está ocurriendo, en lugar de lo que la etiqueta sugiere.

La conclusión que se desprende de este conjunto de investigaciones es constante: la única forma de saber lo que realmente aporta una formulación es medir lo que llega al organismo, y muchos productos disponibles en el mercado nunca han sido evaluados de esa manera.

Por qué dos etiquetas idénticas producen resultados diferentes

Esta es la consecuencia práctica que debería cambiar la forma en que compra suplementos. Dos productos pueden tener etiquetas casi idénticas, el mismo compuesto, los mismos miligramos, y producir resultados completamente diferentes en el mundo real. Uno puede aportar una dosis significativa a sus tejidos. El otro puede aportar una cantidad prácticamente insignificante. Y usted, mientras está frente al estante o desplazándose por una página de productos, no tiene forma de distinguirlos, porque la biodisponibilidad es invisible en el momento de la compra.

Esta también es la razón por la que muchas personas concluyen que un determinado nutriente “no les funciona”. Con frecuencia, el nutriente funciona perfectamente. Lo que falló fue el sistema de administración. Nunca lograron introducir suficiente compuesto activo en su organismo para descubrir si realmente les ayudaría. El experimento estaba condicionado desde el principio por una formulación incapaz de sobrevivir al trayecto. Antes de abandonar un nutriente que, según la ciencia, debería ayudarle, vale la pena preguntarse si alguna vez recibió realmente una dosis significativa.

Por qué la industria optimizó el número equivocado

Si el sistema de administración importa tanto, es razonable preguntarse por qué la industria de los suplementos pasó décadas compitiendo por la dosis. La respuesta es en parte histórica y en parte comercial, y merece comprenderse porque explica el mercado en el que hoy compra.

La dosis es fácil de imprimir y fácil de comparar. Un consumidor puede mirar rápidamente dos frascos, ver que uno indica 1000 miligramos y el otro 500, y concluir que el primero ofrece una mejor relación calidad-precio. La biodisponibilidad es invisible, más difícil de medir y más difícil de comunicar en una etiqueta. Así que la industria compitió utilizando el número que las personas podían ver y se produjo una especie de carrera por las dosis: cantidades cada vez mayores de miligramos, independientemente de cuánto de esa dosis pudiera utilizar realmente el organismo.

El compuesto en bruto, sin formular, también es más barato que un compuesto con un buen sistema de administración. Incorporar un verdadero sistema de administración, un vehículo lipídico, un recubrimiento protector, un procesamiento a nanoescala, cuesta más desarrollarlo y fabricarlo. Para una empresa que compite únicamente por precio y dosis, esos costes son fáciles de evitar, y el consumidor, incapaz de apreciar la diferencia, rara vez las penaliza por ello. El resultado es un mercado lleno de productos optimizados para la etiqueta, no para sus células.

Nada de esto significa que los productos de dosis elevadas sean fraudulentos. Significa que el número que aparece en la parte frontal responde a la pregunta equivocada. La pregunta importante no es cuánto se puso dentro de la cápsula, sino cuánto llega a los tejidos que lo necesitan. Una vez que interioriza esa idea, todo el estante se ve diferente.

Una lista práctica para el comprador

Hasta que la biodisponibilidad sea un dato que todas las etiquetas estén obligadas a informar, tendrá que leer entre líneas. Esto es lo que yo busco y lo que le sugiero que usted también busque:

  • Un sistema de administración identificado — ¿El producto especifica cómo se administra el compuesto: liposomal, nanopartículas lipídicas, microencapsulado u otro enfoque definido, o simplemente se basa en una dosis elevada? Un sistema de administración claramente identificado y razonable es una señal significativa.
  • Una forma adaptada al compuesto — Los compuestos liposolubles se benefician de sistemas de administración basados en lípidos. Los compuestos que necesitan llegar a un lugar específico se benefician de recubrimientos protectores. La forma debe ajustarse a la debilidad real del compuesto, no solo sonar impresionante.
  • Moderación en las afirmaciones sobre la dosis — Desconfíe de los productos cuyo principal argumento de venta sea una cantidad enorme de miligramos. Eso puede ser una señal de que la formulación está compensando un sistema de administración deficiente.
  • Transparencia sobre el mecanismo — Una empresa que entiende el sistema de administración puede explicar, en términos sencillos, qué hace su sistema y por qué. Los adjetivos vagos sin un mecanismo que los respalde son una señal de advertencia.
  • Evidencia de medición — Los mejores productos son desarrollados por personas que midieron lo que realmente llega al organismo, en lugar de asumir que la dosis indicada en la etiqueta equivale a la dosis administrada.

La investigación converge en una sola conclusión

Cuando se revisa la literatura científica sobre este tema, aparece un mismo patrón con una consistencia notable: mejorar el sistema de administración mejora los resultados. Los estudios sobre compuestos que van desde antioxidantes derivados de la aceituna hasta carotenoides y curcumina llegan todos a la misma conclusión: cuando se resuelve el problema del sistema de administración, se desbloquean beneficios que el compuesto en bruto simplemente no podía proporcionar por sí solo.

Léalo de nuevo, porque ese es el punto central. El ingrediente activo no era, una y otra vez, el factor limitante. Lo era el sistema de administración. El compuesto tenía potencial desde el principio, simplemente nunca llegaba en una forma utilizable. Y eso significa que el camino hacia mejores resultados no pasa por dosis cada vez más altas de compuestos mal administrados, sino por una administración más inteligente de compuestos en dosis razonables.

Lo que esto significa para usted

Empiece a hacerse mejores preguntas sobre todo lo que hay en su gabinete de suplementos. Una dosis elevada en la etiqueta significa muy poco si la mayor parte nunca llega a su destino. Cuando evalúe un producto, mire más allá del número destacado y pregúntese cómo se administra el compuesto: si la formulación hace algo para ayudar al principio activo a sobrevivir a la digestión y llegar a sus tejidos, o si simplemente introduce un compuesto en bruto en una cápsula y espera lo mejor. Estos son algunos hábitos prácticos que vale la pena adoptar:

  • Considere el sistema de administración como parte de la dosis — Una cantidad moderada administrada correctamente puede superar a una cantidad grande administrada de forma deficiente. La forma importa tanto como la cantidad.
  • Sea escéptico con las megadosis como solución — Tomar más cantidad de un compuesto que se absorbe mal es una forma costosa e ineficiente de compensar un mal sistema de administración. En gran medida, está pagando por eliminar el exceso.
  • Adapte el compuesto al objetivo — Algunos compuestos necesitan actuar en un lugar específico, por ejemplo, en la parte inferior del intestino. Si un producto no puede llevar el compuesto intacto hasta allí, la dosis es irrelevante.

Preguntas frecuentes

P: ¿Qué es la biodisponibilidad, en términos sencillos?

R: La biodisponibilidad es la proporción de un compuesto que usted toma y que realmente llega a su torrente sanguíneo en forma activa y está disponible para que su organismo la utilice. Un suplemento puede indicar una dosis elevada en la etiqueta, pero si su biodisponibilidad es baja, solo una pequeña fracción de esa dosis llegará a hacer algo.

P: ¿Una dosis más alta compensa una mala absorción?

R: Solo de forma rudimentaria e ineficiente. Tomar más cantidad de un compuesto que se absorbe mal aumenta tanto la cantidad que desperdicia como la que utiliza, y puede resultar costoso. Mejorar la forma en que se administra un compuesto es una estrategia mucho más eficaz que simplemente aumentar la dosis.

P: ¿Cómo puedo saber si un suplemento se absorbe bien?

R: Busque productos que describan su sistema de administración: términos como liposomal, nanopartículas lipídicas o microencapsulado, en lugar de limitarse a destacar una dosis. Un producto que explica cómo se protege y administra el compuesto le está proporcionando información que realmente puede influir en los resultados.

P: Si un nutriente nunca pareció ayudarme, ¿significa que no funciona?

R: No necesariamente. Puede significar que nunca recibió una dosis significativa. Muchas personas abandonan un nutriente respaldado por la ciencia simplemente porque la forma que tomaron se absorbía demasiado mal. Antes de concluir que un nutriente no funciona para usted, considere si el verdadero fracaso fue el sistema de administración.