📝HISTORIA EN BREVE
- Su intestino produce GLP-1 de forma natural a través de células especializadas, y esta hormona regula el apetito, la saciedad y el nivel de azúcar en la sangre después de comer. El butirato es un ácido graso de cadena corta (AGCC) producido por bacterias intestinales beneficiosas que sirve como combustible principal para las células del colon y promueve la liberación de GLP-1
- Cuando la producción de butirato disminuye, la señalización de GLP-1 se vuelve más débil, el hambre dura más tiempo después de comer, la producción de insulina aumenta y se vuelve más complicado regular el peso
- Una señalización saludable del GLP-1 ralentiza la digestión, mejora la sensibilidad a la insulina y favorece el control natural del apetito sin necesidad de medicamentos ni restricción calórica
- La disbiosis intestinal disminuye la producción de AGCC, aumenta la inflamación y altera las hormonas incretinas como el GLP-1, lo que promueve la resistencia a la insulina y el almacenamiento de grasa
- Restablecer la función intestinal permite que el sistema de control de peso funcione según lo previsto, lo que hace que la pérdida de peso sea una consecuencia natural de un metabolismo equilibrado. Mi libro más reciente: “Weight Loss Cure; Melt Fat Naturally With Your Own GLP-1”, ofrece un plan paso a paso para optimizar la producción de butirato, restaurar la señalización natural del GLP-1 y combatir las causas principales de los problemas de peso
🩺Por el Dr. Mercola
Si alguna vez ha sentido un hambre voraz después de comer o ha luchado contra el aumento de peso a pesar de comer bien, la culpa podría ser de su intestino, no de su fuerza de voluntad. El sobrepeso y el aumento del nivel de azúcar en la sangre suelen presentarse como problemas independientes. La realidad es que ambos reflejan un problema más profundo: una falla en la comunicación entre el intestino y el resto del metabolismo.
Mucho antes de que aparecieran los medicamentos, la fisiología humana dependía de las señales del intestino para regular el apetito, el consumo de energía y el metabolismo de la glucosa. Una de las señales más importantes es el péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1). Piensa en el GLP-1 como en el regulador de volumen de su metabolismo: cuando está bajo, su cuerpo no puede "escuchar" las señales de saciedad con tanta claridad, por lo que el hambre continua durante más tiempo.
El GLP-1 es producido por células intestinales llamadas células L. Estas células responden a señales metabólicas del microbioma intestinal, en particular a los ácidos grasos de cadena corta (AGCC). Entre ellas, el butirato destaca como una molécula esencial de combustible y señalización.
Cuando el intestino produce suficiente butirato, se libera GLP-1 de forma normal. Siente hambre cuando necesita combustible y saciedad cuando ya ha comido lo suficiente. El nivel de azúcar en la sangre se estabiliza sin producir insulina en exceso. Con el tiempo, el peso corporal tiende a alcanzar un rango más saludable como consecuencia de la restauración de la fisiología, no por una restricción forzada.
Comprender este sistema ayuda a explicar por qué la salud intestinal es tan importante tanto en el control del azúcar en la sangre como en la regulación natural del peso. Para comprender la gravedad de la situación, veamos qué tan comunes se han vuelto estos trastornos del metabolismo intestinal.
La creciente carga metabólica
En la actualidad, el 10.5 % de los adultos en todo el mundo tienen diabetes tipo 2, y se estima que para 2045, esta cifra alcanzará el 12.2 %.1 Alrededor del 90 % de todos los casos de diabetes caen en esta categoría, y las muertes a nivel mundial relacionadas con la diabetes alcanzaron los 6.7 millones en 2021.2 La prevalencia aun es mayor en los países de ingresos altos, pero continúa aumentando en las regiones de ingresos medios a medida que cambian los patrones alimentarios.3
El exceso de peso corporal a menudo precede a estos cambios. Sin embargo, el aumento de peso rara vez comienza solo con comer en exceso. Comienza cuando falla la regulación del apetito, las señales de saciedad se debilitan y la producción de insulina aumenta para compensar. El GLP-1 se encuentra en el centro de ese problema.
Su microbioma intestinal moldea las señales metabólicas
Múltiples estudios poblacionales a gran escala y ensayos controlados siguen demostrando que las bacterias intestinales influyen en cómo el cuerpo maneja los carbohidratos, las grasas y las hormonas. Una serie de ensayos nutricionales n-de-1 publicados en eBioMedicine4 analizaron cómo los microbiomas intestinales responden a alimentaciones altas y bajas en carbohidratos.
A diferencia de los ensayos clínicos convencionales, que involucran grandes grupos de participantes para sacar conclusiones generales, los ensayos n-de-1 solo se enfocan en una sola persona para determinar el impacto de una intervención en particular en su fisiología única.
Cada participante siguió fases alimenticias alternas mientras los investigadores registraban las respuestas de glucosa y los cambios microbianos. Los resultados mostraron respuestas glucémicas muy personalizadas relacionadas con la composición y la función microbiana.
El consumo elevado de carbohidratos produjo cambios microbianos que alteraron la sensibilidad a la glucosa en algunos individuos, pero no en otros. Estos efectos no aparecieron durante las fases con un consumo bajo de carbohidratos, lo que destaca el papel de las bacterias intestinales en el metabolismo de los carbohidratos, más que el de las calorías por sí solas. Lo que más importó no era solo la identidad bacteriana, sino la función microbiana, en especial la fermentación de carbohidratos y la producción de metabolitos.
Butirato: el producto metabólico más importante
Las bacterias intestinales transforman los carbohidratos no digeribles en ácidos grasos de cadena corta (AGCC), en especial acetato, propionato y butirato. Entre ellos, el butirato tiene una función única. El butirato sirve como fuente principal de energía para los colonocitos, que son las células que recubren el colon. Estas células dependen del butirato para cubrir hasta el 70 % de sus necesidades energéticas.5
Cuando los colonocitos reciben el combustible adecuado, mantienen un entorno bajo en oxígeno en el intestino. Ese entorno apoya a las bacterias anaeróbicas beneficiosas y limita los subproductos inflamatorios como la endotoxina. Esta estabilidad metabólica favorece una señalización hormonal adecuada.
Las células L se encuentran en el revestimiento intestinal junto con los colonocitos. Estas células detectan los nutrientes luminales y los metabolitos microbianos. Las investigaciones demuestran que los AGCC, en especial el butirato y el propionato, promueven la secreción de GLP-1 mediante la activación de los receptores de ácidos grasos libres en células L específicas. Por lo tanto, el butirato apoya la producción de GLP-1 de dos maneras:
1. Proporciona energía a las células que albergan las células L, lo que preserva la integridad intestinal
2. Promueve la liberación de GLP-1 al unirse a sensores en las células productoras de GLP-1 para hacer que se liberen
Por consiguiente, cuando reduce la producción de butirato, disminuye la secreción de GLP-1. Las señales de apetito se debilitan. La sensación de saciedad después de comer disminuye. La producción de insulina aumenta para compensar los cambios en el metabolismo de la glucosa. Por eso, los problemas con la señalización del GLP-1 suelen comenzar antes de que la balanza se incline hacia arriba, no después.
GLP-1: el regulador natural del apetito del cuerpo
El GLP-1 funciona como una hormona incretina, lo que significa que ayuda a regular la liberación de insulina después de comer. Después de comer, le indica al páncreas que libere insulina en proporción a los niveles de glucosa. Al mismo tiempo, ralentiza el vaciamiento gástrico y envía señales de saciedad a los centros del apetito en el cerebro. Esto tiene un único propósito: ajustar el consumo de energía a las necesidades energéticas. Cuando la señalización de GLP-1 funciona de forma adecuada:
• El hambre disminuye después de comer
• El tamaño de las porciones se autorregula
• Los picos de azúcar en la sangre se mantienen moderados
• La secreción de insulina se mantiene proporcional en lugar de alta
El control del peso es una consecuencia natural de esta coordinación. No es necesario restringir las calorías para que el sistema funcione.
Cómo la disbiosis y la inflamación alteran el control del peso
Una revisión publicada en Frontiers in Endocrinology6 analizó la relación entre la microbiota intestinal, la resistencia a la insulina y la enfermedad metabólica. La disbiosis se correlacionó con la obesidad y el control deficiente de la glucosa. Surgieron diversos mecanismos:
• Sobreexpresión de genes microbianos que extraen el exceso de energía de los carbohidratos
• Menor producción de AGCC, en especial butirato
• Secreción deficiente de incretinas, incluyendo GLP-1
• Inflamación crónica de bajo grado en el tejido adiposo
En conjunto, estos cambios en el intestino alteran la señalización del GLP-1, lo que provoca más hambre, mayor almacenamiento de grasa y menor gasto energético.
La inflamación crónica en el tejido adiposo también altera la señalización de la insulina y la respuesta de las incretinas. Algunas bacterias intestinales producen metabolitos que atenúan la señalización inflamatoria, mientras que otras la aumentan. 7 El butirato calma la inflamación al bloquear vías de alarma como NF-κB y al estimular las células inmunitarias que promueven la tolerancia.
Una menor inflamación mejora la sensibilidad a la insulina, lo que a su vez aumenta los niveles de GLP-1. Este ciclo de retroalimentación explica por qué la resistencia a la insulina y la desregulación del apetito suelen resolverse cuando mejora la función intestinal.
La resistencia a la insulina como señal de alerta temprana
A medida que cambian los niveles de GLP-1 y butirato, la función de la insulina comienza a modificarse, a menudo antes de que pueda notarlo. El índice HOMA-IR (Homeostatic Model Assessment of Insulin Resistance) ofrece una forma práctica de analizar este cambio con ayuda de los valores de glucosa e insulina en ayunas.
Fue creada en 1985, y calcula la relación entre los niveles de insulina y glucosa en ayunas para evaluar la efectividad con la que el cuerpo utiliza la insulina. Una menor resistencia a la insulina significa una mayor flexibilidad metabólica y una señalización de GLP-1 más fuerte. A medida que se normaliza la respuesta al GLP-1, la producción de insulina disminuye sin afectar el control de la glucosa.
A diferencia de otras pruebas más complejas, la HOMA-IR requiere sólo una muestra de sangre en ayunas, lo que la hace práctica y accesible. Dicha simplicidad les permite a los médicos y pacientes detectar signos tempranos de resistencia a la insulina, monitorear el riesgo de prediabetes, seguir la efectividad del tratamiento a lo largo del tiempo y guiar las estrategias de intervención. La fórmula de la HOMA-IR es la siguiente:
HOMA-IR = (glucosa en ayunas x insulina en ayunas) / 405, en donde
• La glucosa en ayunas se mide en mg/dL
• La insulina en ayunas se mide en μIU/mL (microunidades internacionales por mililitro) y
• 405 es una constante que normaliza los valores
Si utiliza mmol/l para la glucosa en lugar de mg/dl, la fórmula cambia un poco:
HOMA-IR = (glucosa en ayunas x insulina en ayunas) / 22.5, en donde
• La glucosa en ayunas se mide en mmol/L
• La insulina en ayunas se mide en μIU/mL y
22.5 es el factor normal para esta unidad de medida
Cualquier valor inferior a 1.0 se considera una puntuación HOMA-IR saludable. Si está por encima de ese nivel, se le considera resistencia a la insulina. Mientras más elevados sean sus valores, mayor será la resistencia a la insulina. Por el contrario, cuanto menor sea su puntuación HOMA-IR, menor resistencia a la insulina tendrá, siempre y cuando no tenga diabetes tipo 1 que no produce insulina. La resistencia a la insulina suele aparecer mucho antes de que aparezcan signos evidentes de problemas, lo que altera en silencio el equilibrio del cuerpo y lo prepara para enfermedades graves posteriores.
Estrategias para reforzar el sistema GLP-1 de su intestino
Su microbioma intestinal influye mucho en la forma en que su cuerpo procesa los carbohidratos y regula los niveles de azúcar. Al implementar estrategias específicas para reforzar la salud intestinal, puede ayudar a restaurar el equilibrio en su microbioma intestinal para producir suficiente butirato y otros AGCC.
Considere que su microbioma es tan único como su huella dactilar. Lo que funciona para una persona quizá no funcione para otra, por lo que la paciencia y la personalización son fundamentales. Dicho lo anterior, aquí algunas estrategias básicas que beneficiarán a la mayoría de las personas:
1. Empiece por reparar su entorno intestinal: si experimenta distensión, estreñimiento o sensibilidad a los alimentos ricos en fibra, significa que, primero debe reducir la inflamación en su intestino. Eso significa:
• Evitar las fibras fermentables al principio. Cuando hay un desequilibrio en el intestino, los alimentos ricos en fibra, incluso los que se consideran "saludables", pueden ser contraproducentes. Cuando tiene más bacterias dañinas en el intestino, los alimentos como los frijoles, las lentejas, la avena y los vegetales crudos, se fermentan rápido. Esto provoca gases, presión e inflamación, y empeora el daño a la mucosa intestinal.
• Eliminar los aceites de semillas (como soya, maíz, canola y girasol). El ácido linoleico que contienen los aceites de semillas daña los microbios intestinales beneficiosos. Si su alimentación incluye alimentos fritos, productos procesados o salsas que se elaboren con aceite de soya, maíz, girasol o canola, lo más probable es que tenga un desequilibrio en su microbioma intestinal.
Sustituya esas grasas por ghee, mantequilla de animales alimentados con pastura o sebo; que son grasas que su cuerpo sí sabe utilizar. El objetivo es que el entorno en su microbioma intestinal sea apto para las bacterias beneficiosas.
• Comer carbohidratos simples como el arroz blanco y la fruta madura para estabilizar la energía sin alimentar a las bacterias dañinas.
2. Volver a consumir fibra en fases: solo puede volver a consumir fibra si: tolera tres días consecutivos de arroz blanco o fruta madura sin experimentar distensión, dolor abdominal, exceso de gases o urgencia intestinal. En ese momento, introduzca una fuente de almidón resistente a la vez, comience con media taza de papa blanca cocida una vez al día.
Una vez que pueda consumir media taza de papa cocida diaria durante siete días consecutivos sin que cause gases, distensión, diarrea ni molestias abdominales, incorpore alimentos ricos en inulina como el ajo, las cebollas y los puerros. Estas fibras se digieren directo al colon, donde alimentan a las bacterias beneficiosas que producen butirato.
3. Implementar otras herramientas: una vez que su intestino comience a estabilizarse, estas herramientas pueden ayudar a acelerar la producción de butirato y mejorar los resultados:
• Postbióticos de Akkermansia (Fase 1): los postbióticos son componentes bacterianos no vivos que envían señales biológicas. Las formas pasteurizadas de Akkermansia muciniphila contienen Amuc_1100, que es una proteína que fortalece la barrera intestinal y reduce la inflamación. Busque fórmulas postbióticas con recubrimiento entérico o microencapsulación para garantizar que sobrevivan al ácido estomacal y lleguen intactas al colon.
Sin esa protección, menos del 5 % de Amuc_1100 llega hasta el colon. No recomiendo que tome megadosis para tratar de compensar, ya que no solo será caro, sino que es poco efectivo. Opte por presentaciones con recubrimiento para fortalecer su barrera intestinal.
• Akkermansia viva (Fase 2): antes de entrar en la Fase 2:
◦ No hay distensión o es mínima
◦ Las heces tienen buena consistencia durante al menos 7 días
◦ La tolerancia a la fibra mejora sin que reaparezcan los síntomas
En esta etapa, introduzca el probiótico vivo Akkermansia junto con otros prebióticos suaves, como pequeñas cantidades de almidón resistente, para estimular el crecimiento de cepas que producen butirato y restaurar el equilibrio en el microbioma intestinal.
• Alimentos fermentados: el chucrut, el kéfir y otros alimentos fermentados de forma tradicional pueden incrementar la diversidad microbiana y apoyar las cepas que producen butirato. Comience poco a poco, primero pequeñas cantidades para comprobar su tolerancia, en especial si tiene sensibilidad en su intestino.
• Análisis para corroborar el estado de su intestino: un análisis de heces puede revelar qué bacterias están presentes, si su intestino está inflamado y qué tan bien está produciendo ácidos grasos de cadena corta como el butirato. Esto puede ayudarlo a elegir mejor sus alimentos y suplementos.
• Almidón resistente: se encuentra de forma natural en papas cocidas, plátanos verdes y legumbres, o como suplemento en polvo. El almidón resistente evita la digestión en el intestino delgado y se convierte en combustible principal para las bacterias que producen butirato en el colon.
4. Adaptar su entorno: su intestino no solo responde a lo que come, su estilo de vida influye mucho en su salud. Estos hábitos ayudan a crear el ritmo interno que necesita su microbioma para prosperar:
• Sueño: sincronice su ciclo de sueño-vigilia con la exposición a la luz natural. Trate de dormir entre 7 y 9 horas seguidas y exponerse al sol de la mañana para sincronizar su ritmo circadiano. Esto también ayuda a regular la motilidad intestinal y la reparación microbiana.
• Estrés: el estrés crónico altera su microbioma y detiene la producción de butirato. Utilice herramientas cotidianas como ejercicios de respiración, caminatas al aire libre y prácticas de regulación del sistema nervioso para calmar su eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HPA) y restaurar el equilibrio microbiano.
• Ayuno nocturno: deje de comer al menos tres horas antes de acostarse. Esto le da tiempo a su complejo motor migratorio (CMM), que es el equipo de limpieza interno de su intestino, para eliminar las bacterias y los restos de comida durante la noche, lo que reduce la fermentación y la inflamación.
Señales de que su intestino está produciendo más butirato
Las siguientes mejoras reflejan el incremento en los niveles de butirato y la recuperación intestinal en tiempo real:
• Deposiciones regulares y bien formadas: esto es un signo de mejor motilidad e integridad de la mucosa.
• Mejor tolerancia a la fibra: menos distensión, gases o molestias después de comer alimentos ricos en fibra fermentable.
• Menos hambre entre comidas: a medida que incrementa la producción de GLP-1 y PYY, la saciedad se prolonga de forma natural.
• Estabilidad en el estado de ánimo y menos estrés: el butirato estimula el BDNF y regula el eje HPA.
• Pérdida de grasa sin comer menos: la mejora de la señalización metabólica produce una reducción calórica espontánea.
• Menos picos de azúcar después de comer: un efecto medible que se relaciona con una mejor sensibilidad a la insulina y respuesta al GLP-1.
• Menores niveles de insulina en ayunas y triglicéridos (si se analizan): ambos mejoran cuando se restauran los AGCC y el equilibrio del microbioma.
• Menos antojos por carbohidratos y bocadillos procesados: incrementan los niveles de las hormonas de la saciedad y reduce el hambre que se relaciona con la inflamación.
• Menos urgencia o molestias con las deposiciones: la mejora en la consistencia de las heces es el reflejo de una barrera intestinal más fuerte y menos inflamación.
• Mejor aliento o menos olores a azufre/gas: indica un mejor perfil de fermentación en el colon (menos bacterias que liberan azufre o proteolíticas).
Lleve un registro de su progreso
Para monitorear su recuperación, lleve un diario de sus síntomas durante las primeras cuatro a seis semanas. Cada día, anote estos cuatro puntos:
• Distensión: nada, leve, moderada o grave
• Energía: constante, sin energía o caída abrupta
• Estado de ánimo: tranquilo, tenso, irritable, ansioso
• Calidad intestinal: escala de heces de Bristol (los tipos 3 a 4 son ideales), frecuencia, urgencia, molestias
Incluso unas pocas palabras al día pueden ayudarle a ver patrones con claridad, en especial a la hora de decidir cuándo añadir nuevos alimentos o suplementos. Una vez que comience a reintroducir la fibra fermentable, utilice una escala del 1 al 10 cada semana para calificar qué tan bien la tolera. Si no tiene una puntuación de 7 o superior, haga una pausa antes de pasar a la siguiente fase.
• 1 = gases, distensión o dolor
• 5 = algunos síntomas, mejora en la digestión
• 10 = sin síntomas, excelente digestión
Si desea obtener datos objetivos, realice los siguientes análisis de laboratorio al inicio del estudio y una vez más a la semana 8. Estos marcadores, aunque son opcionales, ofrecen una confirmación bioquímica de que su eje butirato-GLP-1 está ayudando a restaurar su función metabólica.
• Insulina en ayunas: los niveles bajos indican una mejor señalización del GLP-1
• Triglicéridos: suelen mejorar a medida que disminuyen la inflamación y la resistencia a la insulina
• Glucosa después de comer: lo ideal es que se mantenga por debajo de 120 mg/dl después de una hora
Cronograma de la recuperación intestinal
Su intestino ya sabe cómo ayudarlo a bajar de peso: estimular la producción de butirato, que alimenta las células que producen GLP-1. Así es como está diseñado para funcionar el metabolismo humano. Restaure ese sistema y sus antojos disminuirán, sus niveles de azúcar se estabilizarán, su inflamación se calmará y su cuerpo comenzará a eliminar el exceso de peso de forma natural.
Estos cambios son señales claras de que su metabolismo está funcionando como debería. Su intestino no necesita ser perfecto para empezar a producir butirato. Pero la recuperación tiene su propio ritmo y existen indicadores que permiten saber si va por buen camino.
Fase | Qué sucede | Periodo de tiempo | Indicadores medibles |
Reparación del entorno | Los gases, la distensión y la sensibilidad comienzan a disminuir | De 1 a 3 semanas | Menos urgencia, heces más firmes, digestión más predecible |
Reintroducción de la fibra | Las cepas que producen butirato comienzan a prosperar | De 2 a 4 semanas | Mayor tolerancia al almidón resistente, mejora del estado de ánimo |
Respuesta del GLP-1 | Se regula el apetito, mejora la energía y disminuyen los antojos | De 4 a 8 semanas | Menos antojos entre comidas, más energía por la mañana |
Reinicio metabólico | Mejora la saciedad, comienza la pérdida de grasa, se estabilizan los niveles de azúcar | De 6 a 12 semanas | Cintura más definida, menos fluctuaciones de glucosa después de comer |
La pérdida de peso es un efecto secundario de la salud intestinal
A diferencia de los medicamentos basados en GLP-1, que anulan las señales del cuerpo, restaurar la función natural del GLP-1 trabaja en armonía con la biología, no en contra de ella. Cuando la liberación de GLP-1 coincide con el consumo de alimentos y la producción de insulina se mantiene proporcional, el apetito ya no promueve un consumo excesivo. El equilibrio energético se restablece por sí solo sin una restricción consciente. En este contexto, la pérdida de peso no es forzada, sino que refleja que su cuerpo está volviendo al equilibrio.
Este sistema evolucionó para funcionar sin medicamentos. Las intervenciones modernas a menudo intentan reemplazar las señales que el intestino producía antes. Restablecer la función microbiana permite que esas señales regresen por sí solas.
También estamos trabajando en un producto de refuerzo con butirato que está desarrollado para complementar estas estrategias fundamentales. Puede unirse a la lista de espera ahora mismo, y cuando esté disponible, recibirá un cupón de descuento de 5 dólares por correo electrónico.
La conclusión principal es que el butirato alimenta las células intestinales que producen GLP-1, el cual regula el apetito, la saciedad y el metabolismo de la glucosa. Cuando esta vía funciona de forma adecuada, la regulación del peso se produce de forma natural. En lugar de forzar resultados, apoyar la salud intestinal restablece la comunicación que subyace al equilibrio metabólico.
Preguntas frecuentes
P: ¿Qué es el butirato y por qué es importante para el apetito y el peso?
R: El butirato es un ácido graso de cadena corta que producen las bacterias intestinales cuando fermentan ciertos carbohidratos. Sirve como combustible principal para las células que recubren el colon y ayuda a mantener el entorno intestinal estable y con niveles bajos de oxígeno. Ese entorno permite que las bacterias beneficiosas prosperen y favorece una señalización hormonal adecuada.
El butirato también promueve de forma directa la liberación de GLP-1, que es la hormona que nos indica cuándo hemos comido lo suficiente. Cuando los niveles de butirato se mantienen bajos, las señales de saciedad se debilitan, el hambre dura más después de comer y es más complicado regular el peso.
P: ¿Cómo controla el GLP-1 el hambre y el azúcar en la sangre sin medicamentos?
R: El GLP-1 es una hormona que produce el intestino después de comer. Le indica al páncreas que libere insulina solo cuando es necesario, ralentiza la velocidad con la que los alimentos abandonan el estómago y envía señales de saciedad al cerebro. En conjunto, esos efectos ayudan a que la cantidad de comida que consume se ajuste a la cantidad de energía que necesita. Cuando el GLP-1 funciona como debe, se siente satisfecho antes, come menos bocadillos entre comidas y experimenta picos de azúcar en la sangre más pequeños. Este proceso ocurre de forma natural cuando los microbios intestinales reciben el combustible y el entorno adecuados.
P: ¿Por qué comer más fibra puede empeorar los síntomas intestinales al principio?
R: Si su intestino esta inflamado o desequilibrado, los alimentos ricos en fibra se fermentan demasiado rápido en la parte equivocada de su tracto digestivo. Esa fermentación rápida aumenta los gases, la distención, la presión y la irritación de la mucosa intestinal. En ese estado, la fibra agrava el problema en lugar de solucionarlo. Por eso, primero debe reparar su intestino. Una vez que la inflamación disminuye y la digestión se estabiliza, la fibra comienza a funcionar como debe y alimenta a las bacterias productoras de butirato en el colon.
P: ¿Cuánto tiempo tardare en ver cambios en el apetito o el peso?
R: La mayoría de las personas notan mejoras digestivas en un plazo de una a tres semanas, como heces más firmes y menos distensión. A medida que aumenta la producción de butirato, la regulación del apetito y los niveles de energía suelen mejorar entre la cuarta y la octava semana. El control del azúcar en la sangre y la pérdida de grasa suelen producirse entre las seis y las doce semanas.
La pérdida de peso se produce al restaurar la señalización intestinal, no al restringir calorías. Su cronograma podría variar, pero las mejoras constantes indican que su sistema butirato-GLP-1 vuelve a funcionar.