📝 HISTORIA EN BREVE
- Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés), también llamadas “químicos permanentes”, se encuentran en el agua potable, los envases de alimentos, los utensilios de cocina y los productos domésticos. Permanecen en el medio ambiente y se acumulan en el cuerpo
- Un estudio de investigación ambiental descubrió que los niveles más elevados de ciertas sustancias químicas se relacionaban con una probabilidad casi tres veces mayor de enfermedad del hígado graso entre los adolescentes de familias de alto riesgo
- Estos hallazgos demuestran que la adolescencia es un periodo sensible, ya que el hígado aún se adapta al crecimiento y a los cambios metabólicos, lo que permite que las exposiciones a sustancias químicas influyan en el almacenamiento de grasa hepática y el riesgo de enfermedades a largo plazo
- Los microplásticos funcionan como transportadores de PFAS, y los llevan a lo profundo de los tejidos. Las investigaciones demuestran que la exposición combinada a microplásticos y PFAS causa un daño mayor que cualquiera de los contaminantes por sí solos
- Reducir los niveles de exposición mediante la filtración de agua y una elección consciente de productos podría ayudar a disminuir la carga de sustancias químicas a largo plazo y proteger la salud metabólica
🩺 Por el Dr. Mercola
Casi todas las personas en Estados Unidos tienen algún nivel de “químicos permanentes” en su cuerpo.1 Estos compuestos, que son conocidos como sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), son un gran grupo de sustancias químicas sintéticas tan resistentes a la descomposición que, una vez que ingresan al cuerpo, algunas pueden permanecer allí durante años. Se utilizan para fabricar productos lisos, resistentes a las manchas, a la grasa o al agua, desde sartenes antiadherentes y envoltorios de comida rápida hasta alfombras y chamarras para la lluvia.
El hígado recibe la mayor carga de químicos permanentes mientras filtra estas toxinas de la sangre. Los PFAS podrían interferir con la habilidad del hígado para almacenar y transportar grasa, lo que promueve la acumulación de grasa dentro de las células del hígado.2 Ahora bien, las investigaciones demuestran que durante la adolescencia, esta interferencia conlleva un riesgo mayor porque el hígado se adapta a los cambios hormonales, las señales de crecimiento y las mayores necesidades metabólicas.3
La exposición a PFAS en adolescentes se relaciona con un riesgo mayor de enfermedad del hígado graso
Hoy en día, se estima que la enfermedad del hígado graso afecta entre el 7 % y el 9% de todos los niños y hasta el 41 % de los niños con obesidad. Un estudio reciente que se publicó en Environmental Research analizó cómo la exposición a diversos compuestos PFAS podría contribuir a esta tendencia, en particular en los adolescentes y adultos jóvenes de familias con un riesgo mayor de sufrir enfermedades metabólicas.4
• Dos compuestos PFAS tuvieron las asociaciones más fuertes con la enfermedad del hígado graso: los niveles en la sangre más elevados del ácido perfluorooctanoico (PFOA) se asociaron a un riesgo casi tres veces mayor de enfermedad del hígado graso, mientras que un PFAS de reemplazo más nuevo, el ácido perfluoroheptanoico (PFHpA), aumentó el riesgo en 1.7 veces.
El efecto fue más fuerte en los adolescentes mayores y en las personas con susceptibilidad genética. Para las familias que ya enfrentan problemas metabólicos, incluyendo el sobrepeso o la diabetes tipo 2, la exposición a PFAS representa otro factor de estrés para el hígado que no se detecta en los controles de rutina y, a menudo, pasa desapercibido.
• Este estudio se basa en investigaciones anteriores que confirman el mismo patrón: un trabajo anterior que se publicó en Communications Medicine a fines de 20255 descubrió que los adolescentes con el doble de concentración de PFHpA en la sangre tuvieron un riesgo 80 % mayor de enfermedad del hígado graso en comparación con otros jóvenes de su edad con niveles más bajos. Los niveles elevados de PFHpA también se relacionaron con una lesión hepática más avanzada, incluyendo inflamación y fibrosis (cicatrización).
En conjunto, estos resultados destacan la adolescencia como un periodo importante para identificar factores del ambiente como los PFAS, cuando la intervención aún puede prevenir daños metabólicos a largo plazo. Para más información sobre cómo los PFAS afectan su salud más allá de la enfermedad hepática, consulte: “La amenaza invisible que tiene en su casa y que causa estragos en la salud”.
Los microplásticos son portadores de PFAS y son un riesgo doble para la salud del hígado
Los PFAS no siempre se desplazan solos. Cada vez hay más pruebas que demuestran que los microplásticos funcionan como un depósito y sistema de transporte de químicos permanentes,6 y los lleva a lo profundo de los tejidos y evita muchas de las barreras protectoras normales del cuerpo contra la exposición a sustancias químicas.7
• Los microplásticos se forman a partir de la descomposición de plásticos más grandes. los artículos comunes, como los envases, textiles y artículos para el hogar, se degradan en fragmentos microscópicos. Algunos de estos fragmentos se fabrican con PFAS para lograr mayor durabilidad o resistencia química, mientras que otros absorben PFAS del entorno. De cualquier manera, las partículas funcionan como una fuente directa y constante de exposición interna.
• La inhalación es una vía principal de exposición: los microplásticos circulan en el aire interior y exterior, y son tan pequeños que evaden las defensas de las vías respiratorias superiores. Una vez inhalados, llegan a los alvéolos (que son la región más profunda de los pulmones), donde se produce el intercambio de oxígeno. Desde allí, se adhieren en el tejido pulmonar o pasan directo a la circulación, y llevan su carga de sustancias químicas al hígado, así como a los riñones, el cerebro y otros órganos.
• Los microplásticos contienen numerosas sustancias químicas sintéticas: además de los PFAS, estas partículas contienen sustancias químicas disruptoras del sistema endocrino (EDCs, por sus siglas en inglés) como ftalatos, bisfenol A (BPA), retardantes de llama y estabilizadores. Estas sustancias químicas interfieren con la señalización hormonal al imitar o inhibir las hormonas naturales y alteran forma en que se producen, transportan o eliminan.
Los efectos abarcan múltiples sistemas, incluyendo el metabolismo, la fertilidad, el desarrollo neurológico y la regulación inmunológica. Los modelos experimentales demuestran que la exposición combinada a PFAS y microplásticos produce una toxicidad aditiva y sinérgica, lo que causa un daño mayor que cualquiera de las sustancias químicas por separado.
El cuerpo no tiene ningún mecanismo interno que pueda descomponer los polímeros plásticos o eliminar de manera confiable las partículas microplásticas adheridas una vez que ingresan al tejido. La buena noticia es que los investigadores buscan estrategias para ayudar a reducir la carga de plásticos y productos químicos persistentes en el cuerpo, incluyendo los PFAS.
Cómo reducir la exposición a los PFAS y controlar sus efectos
Debido a que los PFAS son muy comunes y de larga duración, proteger su salud y la de su familia significa tomar medidas en dos aspectos: limitar exposiciones nuevas y ayudar a su cuerpo a eliminar lo que ya acumuló.
1. Filtre su agua potable con un sistema diseñado para eliminar PFAS: si hay PFAS en el agua de la llave de su casa, está expuesto cada vez que la bebe, cocina o se baña. Consulte el informe de calidad del agua local o analice su agua con un kit específico para PFAS.
Si confirma que existe contaminación, instale un sistema de filtración de agua certificado según la Norma 53 de NSF/ANSI (para carbón activado) o la Norma 58 (para ósmosis inversa); estas certificaciones verifican que se eliminen los PFAS, lo que no garantizan las afirmaciones publicitarias por sí solas.8
2. Limite los productos que contienen PFAS en su hogar: evite los utensilios de cocina antiadherentes, las alfombras y tapizados resistentes a las manchas y la ropa repelente al agua. Si tiene hijos, preste mucha atención a los uniformes escolares, la ropa para actividades al aire libre y la ropa deportiva que podrían estar tratados con productos químicos que repelen el agua o las manchas. Elija materiales como algodón, lana, cuero o hierro fundido en lugar de opciones sintéticas tratadas con sustancias químicas.
Los envases de alimentos son otra fuente importante de exposición. Las bolsas de palomitas de maíz para microondas, los envoltorios de comida rápida, las cajas de pizza y los recipientes para llevar son unos de los peores infractores, ya que a menudo están recubiertos con PFAS para evitar que la grasa y la humedad los atraviesen. Los envases de plástico también podrían descomponerse en microplásticos. Siempre que sea posible, prepare sus alimentos en casa y transfiera la comida para llevar a recipientes de vidrio o acero inoxidable en lugar de consumirla directo del envase.
Los productos de cuidado personal también podrían ser fuentes ocultas, así que revise las etiquetas para ver si contienen ingredientes como politetrafluoroetileno (PTFE) o cualquier sustancia que contenga "flúor". Busque certificaciones de ausencia de flúor o utilice bases de datos como Skin Deep del Grupo de Trabajo Ambiental (EWG, por sus siglas en inglés) para ayudarle a tomar decisiones más seguras para su hogar.9
3. Considere donar sangre o plasma si es elegible: si cumple con los criterios de donación, esta es una de las formas más efectivas de reducir los niveles de PFAS en el cuerpo. Las investigaciones demuestran que las donaciones regulares ayudan a eliminar más rápido los compuestos duraderos, como los químicos permanentes, que de otro modo persistirían durante años.
4. Apoye la función del hígado y los riñones a través de hábitos diarios: consuma alimentos ricos en azufre, como ajo, cebolla, brócoli y coles de Bruselas, para apoyar la producción de glutatión, que es el compuesto de desintoxicación principal del cuerpo, que se une a las toxinas para que puedan eliminarse. Además de esto, hidrátese bien con agua filtrada, lo que apoya el funcionamiento normal de los riñones.
Debido a que eliminar los PFAS depende en parte de que las mitocondrias funcionen bien, reducir los factores que las dañan, como el exceso de ácido linoleico de los aceites de semillas como el de soya, maíz y girasol, podría ayudar a su cuerpo a procesar estas sustancias químicas. Limitar o evitar el alcohol reduce aún más la tensión sobre el hígado y favorece una desintoxicación más efectiva.
5. Apoye los esfuerzos para reducir la exposición ambiental: la presencia tan común de PFAS en la sangre y el medio ambiente de las personas es el resultado de años de uso de sustancias químicas no reguladas. Aunque las medidas personales son importantes, se necesitan cambios de políticas más amplios para proteger a las comunidades.
Apoye los esfuerzos para prohibir los PFAS en los productos de consumo, promueva la transparencia total sobre los ingredientes y exija que el gobierno realice pruebas y limpieza en las áreas contaminadas. Cada reducción en la exposición (ya sea personal o colectiva) disminuye la carga tóxica sobre las generaciones futuras.
5 estrategias para apoyar la salud del hígado
Reducir la exposición a los PFAS es solo una parte del proceso para proteger el hígado. También es necesario suministrarle los nutrientes e insumos que necesita para funcionar bien, reparar el daño celular y transportar la grasa almacenada. Estas cinco estrategias se centran en formas prácticas y fundamentales de apoyar la recuperación y la resiliencia del hígado a lo largo del tiempo:
1. Priorice los alimentos ricos en colina: la colina es uno de los nutrientes más importantes para la salud del hígado porque ayuda a eliminar la grasa del hígado y apoya la reparación de la membrana celular. Un solo huevo duro puede contener entre 113 miligramos (mg) y 147 mg de colina,10,11 o alrededor del 25 % de su requerimiento diario,12 lo que lo convierte en una de las mejores fuentes de colina en la alimentación de las personas en Estados Unidos.13
Las carnes magras y la carne de pescado también aportan cantidades moderadas y se adaptan con facilidad a la mayoría de las alimentaciones.14 Algunos alimentos de origen vegetal, como la soya y los vegetales crucíferos como el brócoli, la coliflor y las coles de Bruselas, contienen cantidades más pequeñas, pero aun así pueden contribuir al consumo general.15
2. Considere tomar suplementos de colina si su alimentación no es suficiente: si tiene dificultades para obtener suficiente colina de los alimentos, los suplementos podrían ayudar, pero la forma en que los toma es importante. Le recomiendo la citicolina (también conocida como CDP-colina) porque se absorbe bien y apoya la producción de fosfolípidos clave que mantienen el buen funcionamiento de las células del hígado y las mitocondrias.
En dosis diarias de 500 a 2500 mg, la citicolina tiene el beneficio adicional de aumentar los niveles de acetilcolina, lo que apoya la función cognitiva. Además, no aumenta de forma significativa el N-óxido de trimetilamina (TMAO), que es un metabolito asociado con el riesgo cardiovascular, en comparación con otras formas de colina.
3. Aumente el consumo de otros nutrientes que beneficien el hígado: su hígado necesita ciertos nutrientes llamados donantes de metilo (folato (B9), vitamina B12 y metionina) para ejecutar un proceso de reparación vital llamado metilación. Este proceso ayuda a regular la actividad genética, controlar la inflamación y llevar a cabo tareas esenciales de desintoxicación y metabolismo de las grasas.
Sin la cantidad suficiente de donantes de metilo, la grasa comienza a acumularse y la función hepática se ralentiza. Obtener estos nutrientes a través de los alimentos ayuda a mantener el hígado resistente y activo a nivel metabólico. Las fuentes alimenticias principales incluyen:
• Folato (B9): hígado de res y vegetales de hojas verdes oscuras como espinacas y col rizada, y espárragos16
• Vitamina B12: fuentes de origen animal como el salmón salvaje de Alaska, huevos de gallinas camperas y productos lácteos y carne de res de animales alimentados con pastura; para vegetarianos o veganos, considere tomar un suplemento de B1217
• Metionina: alimentos ricos en proteínas como huevos, pollo, pavo, carne de res y cordero18
4. Apoye la salud del hígado con movimiento regular: la actividad física ayuda a regular el azúcar en la sangre, aumenta la sensibilidad a la insulina y estimula el transporte de grasa fuera del hígado. No necesita una rutina intensa de ejercicios. Una caminata rápida de 10 a 20 minutos después de las comidas, hacer estiramientos a diario y dos o tres sesiones de entrenamiento de resistencia con una duración total de entre 40 y 60 minutos a la semana son muy beneficiosos.
La circunferencia de la cintura también importa. Más de 102 cm en los hombres o 89 cm en las mujeres indica un exceso de grasa visceral,19 lo que tiene una relación estrecha con la cicatrización del hígado. Enfóquese en reducir la medida de la cintura, en lugar de solo en el número que marca la báscula, ya que le permite medir su progreso con más precisión.
5. Duerma bien todas las noches: su hígado depende de que duerma bien para su reparación y desintoxicación. La pérdida crónica del sueño o los patrones de sueño interrumpidos interfieren con la regulación de la glucosa, aumentan la inflamación y perjudican la función de las mitocondrias en las células del hígado.
Intente dormir de forma constante en una habitación oscura, lo ideal es que sea a una temperatura de entre 60 y 68 grados Fahrenheit (15 y 20 grados Celsius). Los adolescentes necesitan dormir de ocho a diez horas, mientras que los adultos necesitan al menos siete.20 Además, evite comer tarde en la noche, ya que podría aumentar el nivel de azúcar en la sangre y mantener su hígado activo cuando debería descansar.
Preguntas frecuentes sobre los químicos permanentes y la enfermedad hepática
P: ¿Cómo sé si he estado expuesto a PFAS?
R: Es casi seguro que ha estado expuesto. Los PFAS se encuentran en el agua potable, envases de alimentos, utensilios de cocina, ropa y productos para el hogar, y los estudios demuestran de manera consistente niveles detectables en la sangre de casi todas las personas en Estados Unidos. La exposición suele ocurrir de manera gradual a lo largo de años, por lo que no suelen notarse síntomas relacionados con una sola fuente.
P: ¿Qué efectos producen los PFAS en la salud del hígado?
R: Los PFAS pueden alterar la forma en que el hígado procesa la grasa, responde a la insulina y elimina las toxinas. Estas alteraciones aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad del hígado graso. Con el tiempo, esto podría causar problemas más graves como inflamación, fibrosis o resistencia a la insulina.
P: ¿Por qué la exposición a PFAS es más importante durante la adolescencia?
R: El hígado de los adolescentes todavía se adapta a las hormonas de crecimiento y a los cambios metabólicos, lo que lo hace más susceptible a interferencias químicas como los PFAS. Las diferencias genéticas y la edad influyen aún más en el riesgo, lo que significa que dos adolescentes con una exposición idéntica a PFAS podrían tener resultados muy diferentes según la susceptibilidad heredada y su etapa de adolescencia.
P: ¿Cómo se relacionan los microplásticos con la exposición a los PFAS?
R: Los microplásticos podrían contener PFAS en su superficie y transportarlos al cuerpo al inhalarlos o consumirlos. Una vez en el cuerpo, estas partículas pueden evitar las barreras de desintoxicación y llevar las sustancias químicas a órganos como el hígado, lo que aumenta la exposición interna general a los PFAS.
P: ¿Qué puedo hacer para reducir la exposición a los PFAS en mi hogar?
R: Puede reducir la exposición a PFAS en su hogar si aborda las fuentes más comunes. Utilice un sistema de filtración de agua que elimine PFAS, sobre todo para beber y cocinar. Evite los utensilios de cocina antiadherentes y los productos tratados para resistir manchas, agua o grasa, incluyendo algunas alfombras, muebles y prendas de vestir.
Almacene y prepare sus alimentos en vidrio, acero inoxidable o hierro fundido, y revise los productos de cuidado personal para detectar ingredientes que contengan PTFE o flúor. Estas estrategias reducen la cantidad de PFAS que ingresan a su hogar todos los días.
🔎 Fuentes y Referencias:
- 1 Agency for Toxic Substances and Disease Registry, November 12, 2024
- 2 Environment International Volume 203, September 2025, 109763
- 3, 4 Environmental Research Volume 288, Part 2, 1 January 2026, 123320
- 5 Communications Medicine volume 5, Article number: 430 (2025)
- 6 Toxics. 2025 Nov 30;13(12):1041
- 7 Science Daily, October 22, 2024
- 8 NSF, September 27, 2024
- 9 The EWG, January 15, 2018
- 10 Nutrition Data, Hardboiled egg (Archived)
- 11 USDA Nutrient Database, Hardboiled egg
- 12 Nutr Rev. 2009 Nov; 67(11):615-623
- 13 Nutrients. 2019 Nov 13;11(11):2758
- 14, 15 NIH, Choline
- 16 NIH, Folate
- 17 NIH, Vitamin B12
- 18 Metab Brain Dis. 2018 Aug 9;33(6):1923–1934
- 19 Cleveland Clinic, Visceral Fat
- 20 Sleep Foundation, July 11, 2025