📝 HISTORIA EN BREVE
- La mayoría de las personas están expuestas a numerosos aditivos alimentarios todos los días porque están presentes en los alimentos envasados comunes, no solo en las golosinas
- Los niños reciben una mayor carga de aditivos de los mismos alimentos que consumen los adultos, lo que ejerce más presión sobre los sistemas en desarrollo relacionados con el crecimiento, el metabolismo y la función del cerebro
- Los aditivos alimentarios se consumen como mezclas que se acumulan en las comidas, aunque los límites de seguridad suelen establecerse para cada ingrediente por separado
- Las formulaciones de alimentos “nuevas y mejoradas” suelen reemplazar un aditivo por otro en lugar de reducir la exposición general
- Cambiar los hábitos alimenticios diarios y optar por alimentos enteros y listas de ingredientes más sencillas reduce la exposición a aditivos sin necesidad de revisar siempre las etiquetas
🩺 Por el Dr. Mercola
No solo elige alimentos cuando camina por el pasillo de un supermercado, sino que también elige un sistema de producción. Los aditivos han pasado de ser ayudantes ocasionales a ser ingredientes comunes de la alimentación cotidiana, y moldean el aspecto, el sabor y la duración de los alimentos en las tiendas. La mayoría de las personas no se detienen a pensar en ellos porque están integrados en productos que se venden como normales, convenientes y familiares.
Lo que importa no es un solo ingrediente difícil de pronunciar, sino que el verdadero problema es la exposición constante. Cuando se consumen aditivos presentes en varios alimentos en un mismo día, estos dejan de funcionar de manera aislada. Se acumulan comida tras comida, lo que refleja los hábitos alimenticios actuales más que decisiones aisladas. Esto es muy importante para los niños, cuyos cuerpos procesan los alimentos de manera diferente y experimentan una carga mayor con las mismas porciones que consumen los adultos.
Muchas personas se centran en si un aditivo es "seguro" o si un producto cumple con los límites legales. Ese enfoque ignora lo esencial, ya que la cuestión es con qué frecuencia los alimentos ricos en aditivos desplazan a opciones más sencillas y menos procesadas, y cómo esas combinaciones se acumulan con el tiempo. Para entender por qué este patrón es importante, primero hay que saber cómo miden los investigadores la exposición real a los aditivos y cómo son las alimentaciones cotidianas cuando se suman esos ingredientes.
Las alimentaciones actuales combinan múltiples aditivos en un solo día
Un estudio publicado en Scientific Reports analizó la exposición a los aditivos mediante registros alimenticios específicos de marcas que se obtuvieron de una encuesta realizada en Francia.1 Los investigadores examinaron datos del consumo de alimentos de 2 177 adultos de entre 18 y 74 años y de 1 279 niños de entre 6 y 17 años, y se basaron en recordatorios de 24 horas y registros de alimentos que incluyeron los productos exactos que se consumieron.
Este diseño refleja lo que las personas en verdad comen, no las categorías teóricas de alimentos o suposiciones de etiquetas. En lugar de estimar la exposición mediante los límites permitidos, los investigadores fusionaron los alimentos reales consumidos con numerosas bases de datos de composición y medidas de laboratorio en alimentos. Esto les permitió calcular cuánta cantidad de cada aditivo consumieron las personas y, lo que es más importante, qué aditivos aparecieron juntos en las comidas diarias.
• Los niños y los adultos tuvieron una exposición elevada y constante: los adultos consumieron un promedio de alrededor de 4.4 gramos de aditivos alimentarios al día, mientras que los niños consumieron alrededor de 5.1 gramos al día. Como los niños pesan menos, su consumo por kilogramo de peso corporal fue cerca del doble que el de los adultos, lo cual influye de manera directa en el estrés que estos compuestos ejercen sobre los sistemas en desarrollo.
• La mayor parte de la exposición provino de alimentos ultraprocesados que se consumen de manera habitual: los alimentos ultraprocesados aportaron alrededor del 34 % de las calorías diarias para los adultos y casi el 50 % para los niños. Estos alimentos incluyeron productos que muchas personas consideran alimentos básicos, como pan empaquetado, postres lácteos, comidas preparadas, pasteles y bebidas azucaradas.
• Numerosos aditivos aparecieron en los patrones de alimentación cotidianos: al menos el 5 % de los adultos consumió sesenta aditivos, y al menos el 5 % de los niños consumió setenta y uno. Los ejemplos comunes incluyen emulsionantes, conservadores, edulcorantes y colorantes que aparecen con frecuencia en múltiples categorías de alimentos.
• Los investigadores identificaron "mezclas" de aditivos distintos en lugar de exposiciones aisladas: el estudio identificó tres mezclas de aditivos principales en adultos y cuatro en niños. Esto significa que los aditivos se agrupan en conjuntos reconocibles según las opciones de alimentos, y no según los ingredientes individuales.
En algunas mezclas predominaron los aditivos presentes en bebidas azucaradas y pasteles, en otras los de platos preparados y salsas, y en otras los de aperitivos y postres. Ciertas mezclas presentaron una mayor exposición entre adultos más jóvenes, trabajadores manuales, fumadores o niños de entornos familiares específicos.
• Una mayor exposición a aditivos se relacionó con peores perfiles nutricionales: a medida que aumentaron los puntajes de la mezcla, disminuyeron el consumo de proteínas, fibra, vitamina C y betacaroteno, mientras que aumentaron las calorías totales, los azúcares agregados y el consumo general de energía. Este patrón demuestra que la exposición a aditivos viene acompañada de alimentaciones que aportan menos nutrientes protectores.
Aunque solo un porcentaje pequeño de participantes excedió el consumo diario aceptable de aditivos individuales, como la sucralosa, las evaluaciones de seguridad actuales se centran en los aditivos individuales, no en los efectos combinados de múltiples compuestos que se consumen juntos todos los días.
Los aditivos que se consumen juntos interactúan en el intestino, el sistema inmunológico y el metabolismo de maneras que las pruebas de compuestos individuales no pueden detectar. Esto a menudo se denomina "efecto cóctel", lo que significa que la exposición total importa más que cualquier ingrediente por sí solo.
Los recibos de los supermercados demuestran una exposición cada vez mayor a los aditivos alimentarios
Un estudio de Estados Unidos basado en compras rastreó lo que los hogares compran, no lo que dicen consumir. El estudio, que se publicó en el Journal of the Academy of Nutrition and Dietetics, examinó las compras de alimentos y bebidas envasados de los hogares en Estado Unidos en 2001 y 2019.2 En lugar de confiar en registros de alimentos o encuestas basadas en la memoria, los investigadores utilizaron recibos escaneados de compras, que capturan de manera directa lo que ingresa a los hogares.
Los investigadores examinaron cuatro tipos comunes de aditivos (colorantes, aromatizantes, conservadores y edulcorantes no nutritivos) en numerosos productos envasados.3 El equipo revisó las listas de ingredientes de los paneles de información nutricional para medir con qué frecuencia aparecían los aditivos y cuántos estaban presentes en cada producto. Este método les permitió evaluar la densidad de aditivos, es decir, cuántos aditivos hay en un solo artículo.
• Los aditivos ahora aparecen en una mayor proporción de los alimentos que compran las personas en Estados Unidos: de 2001 a 2019, el porcentaje de alimentos envasados con aditivos que compran las familias en Estados Unidos aumentó del 49.6 % al 59.5 %, lo cual es un aumento significativo que demuestra que la exposición a aditivos se ha vuelto más común con cada década que pasa.
• La cantidad promedio de aditivos por producto aumentó con el tiempo: los fabricantes agregaron más aditivos por producto, lo que aumentó de un promedio de 3.7 aditivos en 2001 a 4.5 aditivos en 2019. Ese cambio significa que enfrenta una mayor exposición combinada, incluso si aún tiene los mismos hábitos de compra. Esto implica un mayor consumo de aditivos sin comer más alimentos.
• Los alimentos para bebés experimentaron uno de los cambios más pronunciados: las compras de productos alimenticios para bebés que contienen aditivos aumentaron un 20 % durante el periodo del estudio, con un aumento de más del 15 % en productos que contienen tres o más aditivos. Los bebés y los niños pequeños son un grupo poco estudiado y vulnerable porque la alimentación en esas etapas influye en los patrones de salud a largo plazo.
• Las fórmulas "mejoradas" suelen reorganizar los aditivos: el estudio observó menores sabores agregados en las bebidas gaseosas, pero un aumento en los edulcorantes no nutritivos que los reemplazan. Este cambio demuestra que la reformulación a menudo cambia los tipos de aditivos en lugar de reducir el uso total de estos. Las etiquetas “nuevas y mejoradas” suelen indicar una sustitución, no ingredientes más sencillos.
Los niños reciben una mayor dosis de aditivos del mismo alimento
Los niños no son solo “adultos pequeños” cuando se trata de los aditivos alimentarios. Una revisión que se publicó en el International Journal of Environmental Research and Public Health describe los aditivos alimentarios como sustancias añadidas para preservar o mejorar la seguridad, la frescura, el sabor, la textura o la apariencia, y los separa en aditivos directos añadidos de manera intencional y aditivos indirectos que aparecen en trazas del envasado, almacenamiento o procesamiento.4
La revisión destaca que el metabolismo en desarrollo de los niños aumenta las probabilidades de que los efectos nocivos aparezcan antes o con mayor intensidad.
• En consumo calórico, los niños pequeños consumen más aditivos por libra que los adultos: la revisión incluyó investigaciones que se publicaron desde enero de 2010 hasta abril de 2022, y demostró que en los primeros tres años de vida, los niños consumen más calorías por kilogramo de peso corporal que los adultos, por lo que la exposición a aditivos por kilogramo también es mayor. Esto quiere decir que incluso las porciones "normales" se acumulan más rápido en un cuerpo más pequeño.
• Los aditivos indirectos que provienen de los envases y el medio ambiente son una parte importante de la historia: la revisión enumera los bisfenoles, ftalatos, productos químicos perfluoroalquilo y perclorato como exposiciones comunes asociadas con los envases de alimentos, los equipos de procesamiento, el suelo, el agua u otras rutas ambientales. En otras palabras, "lo que toca los alimentos" suele ser igual de importante como lo que se mezcla con ellos.
• La alteración hormonal fue recurrente: el documento explica que varios aditivos y sustancias químicas relacionadas con los envases interfieren con los sistemas hormonales que controlan el crecimiento, el metabolismo, el sueño y el desarrollo, que son los sistemas que guían la forma en que maduran el cuerpo y el cerebro de un niño.
• Los aditivos directos aparecen con mayor frecuencia en los alimentos procesados destinados a los niños: los aditivos que más se utilizan en los alimentos para niños incluyen colorantes, edulcorantes, conservadores y potenciadores del sabor. Estas son también las categorías que se agrupan en bocadillos, bebidas y alimentos preparados, lo que hace que sea más probable que se "acumulen" a lo largo de un día típico.
Los colorantes artificiales, que suelen añadirse por motivos estéticos, se han relacionado con reacciones de hipersensibilidad y problemas de comportamiento y atención, mientras que el edulcorante artificial aspartamo se descompone en componentes como la fenilalanina, lo que supone un gran problema para los niños con trastornos del metabolismo de la fenilalanina.
La relevancia práctica es que, si observa un patrón claro antes y después con alimentos específicos de colores brillantes o endulzados de manera artificial, este documento respalda la idea de tomar ese patrón en serio como un dato, y no como un fracaso en la crianza de los hijos.
• Los nitratos y nitritos son conservantes que podrían representar riesgos específicos para la salud infantil: estos aditivos son comunes en las carnes procesadas y otros alimentos. Una vez dentro del cuerpo, los nitritos forman compuestos N-nitrosos, que se relacionan con el riesgo de cáncer. En los bebés, el riesgo es más inmediato, ya que una exposición elevada podría provocar metahemoglobinemia, a veces llamada "síndrome del bebé gris", la cual es una afección en la que la hemoglobina no puede transportar oxígeno de manera efectiva, lo que priva a los tejidos de oxígeno.
Cómo reducir la exposición a los aditivos alimentarios desde el origen
El problema con los aditivos alimentarios no es un solo ingrediente dañino, sino que es el sistema que promueve que compre alimentos que los contienen cada vez que va al supermercado. Cuando se fija en aditivos individuales, resulta agotador y se pierde de vista lo que provoca la exposición en primer lugar. En lugar de eso, concéntrese en cambiar los patrones que mantienen esos alimentos en su vida cotidiana, de maneras que funcionen y le permitan volver a tener el control.
1. Comience por cambiar la procedencia de sus calorías, no los aditivos que le preocupan: si la mayoría de sus calorías provienen de alimentos envasados, la exposición a los aditivos se mantiene elevada de manera predeterminada. En lugar de eso, invierta esa proporción. Prepare sus comidas en torno a alimentos enteros que reconozca de inmediato y luego agregue alimentos envasados solo como complementos, pero lo ideal es que los evite. Cuando los alimentos enteros son la base de su alimentación, las mezclas de aditivos se eliminan de manera automática sin estar siempre al pendiente de las etiquetas.
2. Cuente los aditivos como una guía personal: cuando compre un alimento envasado, cuente cuántos aditivos aparecen en la etiqueta. Si un producto contiene cinco, siete o diez aditivos, devuélvalo al estante o solo consúmalo de vez en cuando. Si solo contiene uno o ninguno, puede comprarlo de manera regular. Convierta esto en un desafío personal, en el que reduzca el recuento promedio de aditivos por artículo cada semana.
3. Proteja a los niños primero y simplifique los alimentos que le brinda en la infancia: reducir los aditivos de manera temprana disminuye la exposición total a lo largo de la vida, y esas decisiones se suman. Con el tiempo, podrá sentirse seguro de que contribuye a su salud a largo plazo, y no solo a satisfacer el hambre.
4. Reemplace las comidas preparadas con alimentos básicos que disfrute: reemplace las comidas preparadas con un conjunto de alimentos básicos que pueda repetir y disfrutar. Elija de tres a cinco comidas sencillas que pueda preparar sin pensar, por ejemplo, huevos de gallinas camperas con vegetales, carne asada de res de animales alimentados con pastura junto con papas, carne molida con arroz o yogur de gallinas camperas con fruta.
Cuando consume los mismos alimentos básicos durante la semana, tiene menos probabilidades de recurrir a alimentos preparados solo porque está cansado o apurado. Las comidas familiares hacen que comer sea más sencillo y eso reduce la frecuencia con la que consume alimentos envasados y ricos en aditivos.
5. Revise los productos que compra, no su fuerza de voluntad: haga una pausa cada vez que vaya al supermercado y observe su carrito. Pregúntese cuántos artículos están envasados en comparación con los frescos o poco procesados. No es necesario juzgar ni pensar demasiado, solo debe observar. Con el tiempo, este hábito hace que los patrones se vuelvan evidentes y los ajustes pequeños comiencen a ocurrir de forma natural. A medida que modifica sus hábitos de compra, también lo hace la frecuencia con la que los alimentos con muchos aditivos llegan a su hogar.
Estos pasos funcionan porque abordan la causa subyacente, y es un entorno alimentario que normaliza productos con un gran contenido de aditivos. Cuando cambia la estructura de sus elecciones, su cuerpo se beneficia sin una vigilancia constante y recupera la confianza en cómo se alimenta.
Preguntas frecuentes sobre aditivos alimentarios
P: ¿Por qué los aditivos alimentarios son un problema mayor ahora?
R: Los aditivos alimentarios ya no se limitan a unos pocos productos especiales, sino que se incluyen en alimentos envasados de uso cotidiano que muchas personas consumen varias veces al día. La principal preocupación no es un solo aditivo, sino la exposición constante a muchos aditivos a la vez a través de patrones de alimentación normales.
P: ¿Por qué los aditivos afectan a los niños de manera diferente que a los adultos?
R: Los niños consumen más calorías por libra de peso corporal que los adultos, lo que significa que también consumen más aditivos para su tamaño. Sus sistemas metabólicos y hormonales aún están en desarrollo, por lo que los mismos alimentos crean una carga más pesada y aumentan el riesgo de que los efectos negativos aparezcan antes.
P: ¿Qué significa que los aditivos se consumen como “mezclas”?
R: En las alimentaciones, los aditivos no suelen aparecer solos, sino que se agrupan en los mismos alimentos y en las comidas, sobre todo en los productos ultraprocesados. Esto es importante porque las pruebas de seguridad por lo general analizan aditivos individuales, mientras que consumirlos todos los días expone el cuerpo a combinaciones que interactúan dentro del intestino, el sistema inmunológico y el metabolismo.
P: ¿Son más seguros los alimentos “nuevos y mejorados” o reformulados?
R: No siempre, ya que las investigaciones demuestran que la reformulación a menudo reemplaza un tipo de aditivo por otro en lugar de reducir el uso general de aditivos. Por ejemplo, los productos con menos sabores suelen contener más edulcorantes no nutritivos, por lo que la carga total de aditivos se mantiene elevada.
P: ¿Cuál es la forma más práctica de reducir la exposición a los aditivos?
R: El enfoque más efectivo es cambiar los patrones de alimentación, no solo enfocarse en ingredientes individuales. Consumir más alimentos enteros, elegir productos con listas de ingredientes más cortas, basarse en un conjunto regular de comidas repetibles y prestar atención a lo que pone en su carrito de compras reduce de forma natural la exposición a los aditivos con el tiempo, sin necesidad de examinar las etiquetas con frecuencia.