📝HISTORIA EN BREVE

  • La grasa visceral, esa grasa profunda que rodea sus órganos, funciona como un órgano productor de hormonas que causa inflamación, altera el metabolismo y eleva el riesgo de padecer cáncer de endometrio agresivo
  • Una investigación reciente demuestra que la actividad de la grasa, y no su cantidad, predice la gravedad del cáncer, lo que significa que incluso las mujeres con un peso moderado corren un mayor riesgo si su grasa es activa en términos metabólicos
  • La grasa visceral con inflamación crónica libera citocinas, ácidos grasos y moléculas de señalización que promueven el crecimiento tumoral, la resistencia a la insulina y la supresión inmunológica, lo que crea un entorno biológico propicio para que el cáncer se desarrolle
  • Puede reducir la actividad de la grasa si elimina los aceites de semillas, reduce las hormonas del estrés como el cortisol y apoya la función de las mitocondrias mediante carbohidratos saludables, un sueño reparador y un equilibrio natural de la progesterona
  • Recuperar la salud metabólica mediante hábitos constantes ayuda a desactivar la grasa inflamatoria, reducir el riesgo de cáncer y reconstruir la resistencia natural y la producción de energía del cuerpo

🩺Por el Dr. Mercola

El cáncer no siempre empieza en el lugar que imagina. A menudo, se activa por lo que ocurre en lo más profundo de su propio tejido adiposo. La grasa visceral, que está oculta bajo la superficie y envuelve los órganos, se comporta menos como un relleno y más como un órgano activo, ya que influye en las hormonas, el metabolismo e incluso en la respuesta del sistema inmunológico ante las enfermedades.

El cáncer de endometrio se ha relacionado durante mucho tiempo con el peso excesivo, pero pruebas recientes demuestran que el verdadero peligro proviene de la actividad metabólica de la grasa, y no solo de la cantidad. Este cambio en la comprensión desafía décadas de pensamiento sobre la obesidad y el riesgo de cáncer. No es la báscula la que predice su trayectoria de salud, sino lo que hace su grasa a nivel celular.

Lo más importante aquí no es solo el cáncer, sino también la energía, la inflamación y la forma en que los estilos de vida modernos han alterado la manera en que nuestro cuerpo procesa los nutrientes. Cuando la grasa visceral se inflama y se vuelve hiperactiva, envía un flujo constante de señales químicas que mantienen al sistema en alerta, lo cual es como una alarma biológica que no se apaga.

Con el tiempo, ese estrés constante prepara el terreno para que la enfermedad se desarrolle. En la siguiente sección, verá cómo los investigadores descubrieron una conexión directa entre el metabolismo de las grasas y la agresividad del cáncer, y por qué comprender esta relación le brinda una idea poderosa sobre cómo proteger su propia salud metabólica.

El comportamiento de la grasa visceral, y no su tamaño, predice la agresividad del cáncer

Un estudio que se presentó en el 38.º Congreso Anual de la Asociación Europea de Medicina Nuclear reveló que la grasa visceral es más que un depósito inocente de energía.1 Investigadores del Hospital Universitario Haukeland y de la Universidad de Bergen utilizaron técnicas avanzadas de imagen para estudiar a 274 mujeres con diagnóstico de cáncer de endometrio.

Su objetivo fue determinar si la actividad de la grasa, medida por la absorción de glucosa (la cantidad de azúcar que consume la grasa para obtener energía), permite predecir la agresividad de la enfermedad. Lo que descubrieron cambia la forma en que los médicos entienden el riesgo de cáncer relacionado con la obesidad: lo que más importa no es el volumen de grasa, sino su actividad metabólica.

• Las mujeres con grasa "hiperactiva" desarrollaron un cáncer más agresivo: los pacientes cuya grasa visceral presentó una alta absorción de glucosa fueron más propensos a padecer fases avanzadas de cáncer y metástasis en los ganglios linfáticos.

Esto significa que las células grasas que actúan como motores sobrecargados, quemando el azúcar y liberando señales inflamatorias, se relacionan de forma directa con una expansión más rápida del cáncer. Esa distinción es fundamental, ya que mujeres con niveles similares de grasa corporal podrían tener resultados muy diferentes en función de cómo se comporte su grasa a nivel metabólico.

• Ni siquiera las mujeres con peso moderado se libraron: los hallazgos cuestionaron la suposición de que solo la obesidad impulsa la progresión del cáncer de endometrio. Algunas mujeres con una cantidad modesta de grasa corporal aún presentaron una intensa actividad metabólica en su tejido visceral, y esas mujeres experimentaron una enfermedad más grave.

El estudio demostró que no existe una "correlación fuerte entre el volumen de grasa visceral y su actividad metabólica", lo que significa que no se puede evaluar el riesgo solo por el tamaño corporal.2 Lo que determina el peligro es la química interna de la grasa, es decir, su producción de energía y su señalización inflamatoria.

• El entorno interno de su cuerpo explica este vínculo: la grasa visceral actúa como un órgano productor de hormonas que envía mensajes químicos por todo el cuerpo de manera constante. La inflamación crónica de la grasa visceral provoca que se liberen citocinas y ácidos grasos que crean un ambiente propicio para que se desarrollen tumores.

Las citocinas son proteínas pequeñas que actúan como señales de alarma, pues llaman a las células del sistema inmunológico, pero cuando se producen en exceso, provocan una inflamación crónica en el cuerpo. Este estado inflamatorio crónico daña los tejidos sanos, debilita la vigilancia inmunológica y permite que las células cancerosas crezcan sin control.

• La grasa inflamada causa resistencia a la insulina, lo que promueve el metabolismo del cáncer: cuando se dice que alguien tiene resistencia a la insulina es porque su cuerpo ya no responde de manera adecuada a dicha hormona, la cual se encarga de transportar la glucosa a las células para obtener energía.

Como describieron los investigadores, esta alteración metabólica satura el torrente sanguíneo con glucosa e insulina, las cuales actúan como combustible para el cáncer. Las células tumorales, que siempre están hambrientas de energía, prosperan en este entorno. En esencia, la grasa visceral inflamada convierte su torrente sanguíneo en una fuente constante de alimento para las células cancerosas.

• Las moléculas de señalización actúan como mensajeros secretos entre la grasa y los tumores: en el tejido saludable, las moléculas de señalización que producen las células grasas ayudan a regular el metabolismo, el hambre y el equilibrio inmunológico.

Pero cuando la grasa visceral se inflama, estas moléculas se convierten en mensajeros que se desvían y mandan señales de "crecimiento y supervivencia" a las células tumorales cercanas. Esa comunicación entre la grasa y el cáncer crea un ciclo de retroalimentación peligroso: los tumores crecen más rápido, lo que estresa aún más el metabolismo del cuerpo, lo que a su vez activa más grasa inflamatoria.

Comprender la actividad de la grasa visceral es importante para la salud metabólica

La grasa activa e inflamada no solo se vincula con el cáncer, sino que también causa resistencia a la insulina, enfermedades cardiovasculares y envejecimiento prematuro. Reconocer que la química de su grasa interna importa más que su apariencia externa le permitirá tomar medidas significativas para reducir el riesgo. A diferencia de las mutaciones genéticas, el metabolismo de la grasa se puede modificar con cambios en el estilo de vida, y ese es un factor que depende por completo de usted.

• Los avances técnicos podrían mejorar la predicción del riesgo de cáncer: medir el metabolismo de las grasas es un desafío porque la señal del tejido adiposo es más débil que la de otros órganos. Sin embargo, los investigadores resaltaron que algunas herramientas nuevas, como el análisis de imágenes con ayuda de la inteligencia artificial, podrían superar pronto estos obstáculos.

Estas mejoras permitirían un seguimiento preciso del metabolismo de la grasa y su relación con la progresión del cáncer, lo cual ayudaría a los médicos a vigilar la efectividad del tratamiento o detectar signos tempranos de recaída.

• Las elecciones de estilo de vida influyen en cómo se comporta su grasa: la actividad de la grasa visceral responde a sus hábitos de forma dinámica. Las alimentaciones ricas en aceites procesados y azúcares refinados activan las vías inflamatorias, mientras que los alimentos enteros y ricos en antioxidantes, la exposición a la luz solar y un sueño reparador ayudan a desactivarlas. Esto quiere decir que cada decisión, desde los aceites que usa para cocinar hasta la frecuencia con que realiza actividad física, influye de forma directa en su grasa interna para que sea una aliada de su salud o sabotee su metabolismo.

• Los investigadores están ampliando estos hallazgos: los investigadores planean estudiar cómo el metabolismo de las grasas interactúa con biomarcadores circulantes como citocinas, hormonas y genética tumoral.

Comprender estas relaciones podría abrir paso a terapias personalizadas que se enfoquen en la actividad de la grasa misma, no solo en el tumor. Es un cambio profundo de perspectiva: la ciencia empieza a ver la grasa no como un síntoma pasivo de la obesidad, sino como un participante metabólico en la enfermedad; un participante que usted puede influenciar con las intervenciones correctas.

Pasos sencillos para defenderse del cáncer provocado por la grasa

Cuando comprendemos que la grasa visceral activa e inflamada se comporta como un motor de enfermedad, y no solo como tejido de almacenamiento, la solución se vuelve clara: es necesario apagar el motor. La meta no es perder peso por estética, es restablecer el equilibrio interno de su cuerpo, para que su grasa deje de liberar moléculas inflamatorias y vuelva a funcionar con normalidad.

Por suerte, el metabolismo se adapta. Con los cambios adecuados, puede enseñarle a su cuerpo a restaurar un equilibrio celular saludable, en lugar de mantener una producción de energía inflamatoria. A continuación le indicamos cómo empezar a reconstruir esa resiliencia paso a paso:

1. Elimine los aceites de semillas para proteger sus mitocondrias: si su alimentación incluye aceites vegetales como el de soya, maíz, girasol o canola, su grasa visceral está llena de ácido linoleico (AL), que es una grasa poliinsaturada que se oxida con facilidad y desencadena subproductos tóxicos dentro de sus células.

Estos subproductos dañan las mitocondrias, que son las fuentes de energía que alimentan el cuerpo, y provocan la inflamación que se relaciona con el cáncer. Reemplace estos aceites con grasas saturadas estables, como sebo, ghee o mantequilla de animales alimentados con pastura. Cuando elimina el AL, el tejido adiposo se desintoxica poco a poco y su señalización inflamatoria comienza a disminuir.

2. Consuma cantidades suficientes de carbohidratos saludables para sanar su intestino y alimentar sus células: los carbohidratos no son el enemigo, y debe saber que su cuerpo funciona mejor con glucosa, y la glucosa proviene de los carbohidratos. El problema es consumir alimentos inadecuados cuando el intestino no está preparado. Su intestino funciona como un centro de control del metabolismo.

Cuando se inflama, libera endotoxinas, que son subproductos bacterianos tóxicos que obstruyen las mitocondrias y detienen la producción de energía. Si nota inflamación, heces blandas o fatiga después de las comidas, es probable que su intestino esté produciendo estas toxinas en exceso.

Evite los alimentos ricos en fibra hasta que su digestión se estabilice, ya que la fibra alimenta las bacterias dañinas en un microbioma que está comprometido. Comience con carbohidratos suaves y fáciles de digerir, como frutas y arroz blanco. A medida que su intestino se recupera, reintroduzca los vegetales de raíz, luego las legumbres y, por último, los granos enteros.

Intente consumir cerca de 250 gramos de carbohidratos saludables al día para apoyar su metabolismo. Elimine por completo los carbohidratos ultraprocesados, ya que inflaman el intestino y agotan la energía. Con el tiempo, los carbohidratos adecuados ayudan a las bacterias beneficiosas del intestino a producir butirato, el cual es un compuesto que repara el revestimiento intestinal, reduce la inflamación y estabiliza los antojos.

3. Reduzca su exposición al estrógeno y a los disruptores endocrinos: el exceso de estrógeno altera el metabolismo y promueve el almacenamiento de grasa, sobre todo alrededor de la cintura. También interfiere en la función de la tiroides y el equilibrio de energía tanto en hombres como en mujeres. Comience por reducir la exposición a fuentes ocultas de sustancias químicas estrogénicas. Deje de usar recipientes de plástico, sobre todo para calentar alimentos, y remplácelos por contenedores de vidrio o acero inoxidable.

Evite tocar recibos de papel y reduzca al mínimo el uso de productos de cuidado personal que contenga fragancias sintéticas y parabenos. Si toma pastillas anticonceptivas o terapia de reemplazo de estrógeno, tenga presente que ambas aumentan la carga de estrógeno de su cuerpo. La progesterona natural ayuda a restablecer el equilibrio, ya que contrarresta la ralentización metabólica del estrógeno y mejora la salud tiroidea y la estabilidad del estado de ánimo.

4. Disminuya el exceso de cortisol para reducir la grasa visceral y recuperar la calma: un período prolongado con niveles altos de cortisol, que es la hormona principal del estrés, favorece que se acumule grasa abdominal y mantiene el metabolismo en "modo de supervivencia". Puede reducirlo mediante hábitos que le transmitan seguridad al cerebro.

Comience con respiraciones lentas y profundas varias veces al día y expóngase a la luz del sol por las mañanas para restablecer su ritmo de cortisol. Incluya carbohidratos saludables en sus comidas para estabilizar la energía y calmar su sistema nervioso. Las alegrías más simples de la vida también son importantes.

La risa, la música, el tiempo con sus mascotas y las actividades que en verdad disfruta producen cambios bioquímicos que reducen el cortisol y le indican a su cuerpo que es un buen momento para relajarse. Para un apoyo más completo, la progesterona natural es una de las formas más seguras y eficaces de bloquear los efectos nocivos del cortisol, lo que ayuda al cuerpo a recuperarse de la sobrecarga de estrés y restablecer el equilibrio hormonal.

5. Vuelva a ser consistente para reeducar su metabolismo y preservar su salud a largo plazo: el metabolismo funciona mejor con un ritmo constante. Coma en horarios regulares para mantener estables sus niveles de azúcar en la sangre y sus patrones hormonales. Expóngase a la luz del sol por la mañana para fijar su ritmo circadiano y promover la liberación nocturna de melatonina. Evite el alcohol, ya que envenena las mitocondrias, aumenta el cortisol e inflama la grasa visceral.

Concéntrese en lo que pueda sostener a largo plazo. Cada vez que elige alimentos reales en lugar de aceites procesados, camina en lugar de permanecer sentado o se relaja en lugar de ver redes sociales sin un propósito claro, le envía a su metabolismo un mensaje poderoso: ahora es seguro volver a funcionar de manera eficiente. Con el tiempo, esta consistencia transformará la química interna de su cuerpo, ya que su grasa estará menos activa, recuperará la energía y su cuerpo se volverá más resistente a las enfermedades crónicas.

Recuerde que puede entrenar su metabolismo. Si aborda la causa principal, que es el comportamiento inflamatorio y desgastante de su grasa visceral, recuperará su energía, reducirá el riesgo de cáncer a largo plazo y fortalecerá los sistemas que lo mantienen vivo y con vitalidad.

Preguntas frecuentes sobre la grasa visceral y el cáncer de endometrio

P: ¿Qué hace que la grasa visceral sea más peligrosa que la grasa corporal?

R: La grasa visceral rodea los órganos internos y se comporta como un órgano activo en sí mismo. A diferencia de la grasa subcutánea que se encuentra debajo de la piel, libera moléculas inflamatorias y hormonas que alteran el metabolismo y debilitan la función inmunológica. Cuando se inflama y se vuelve activa a nivel metabólico, provoca resistencia a la insulina y contribuye al crecimiento del cáncer, ya que inunda el cuerpo de glucosa y compuestos inflamatorios.

P: ¿Cómo se relaciona la grasa visceral con el cáncer de endometrio?

R: Una investigación del Hospital Universitario Haukeland y la Universidad de Bergen descubrió que las mujeres con mayor actividad metabólica de la grasa visceral tuvieron más probabilidades de padecer cáncer de endometrio agresivo o avanzado. El peligro no se relaciona con la cantidad de grasa, sino con su comportamiento: su consumo de glucosa, su señalización inflamatoria y sus efectos hormonales. Estos procesos crean un entorno interno que favorece el crecimiento y la propagación de tumores.

P: ¿Puedo tener grasa visceral peligrosa incluso sin tener sobrepeso?

R: Sí. El estudio no encontró una correlación significativa entre la cantidad de grasa visceral y su actividad metabólica. Esto quiere decir que incluso personas con un peso moderado pueden tener grasa metabólicamente "activa" o "de alto riesgo" que aumenta su probabilidad de enfermar. Realizar actividad física con regularidad, tener una nutrición equilibrada y eliminar los aceites de semillas ayudan a mantener esta grasa tranquila e inactiva.

P: ¿Qué cambios en el estilo de vida ayudan a reducir la actividad de la grasa visceral?

R: Puede calmar la grasa visceral inflamada si elimina los aceites de semillas, consume suficientes carbohidratos saludables para estabilizar su metabolismo, reduce las hormonas del estrés como el cortisol y evita los disruptores endocrinos como los plásticos y las fragancias sintéticas. Estos pasos mejoran la función de las mitocondrias, reducen la inflamación y restablecen el equilibrio hormonal, lo que ayuda a que la grasa vuelva a actuar como tejido saludable.

P: ¿Por qué es importante equilibrar hormonas como el estrógeno, la progesterona y el cortisol para el metabolismo de la grasa?

R: El exceso de estrógeno y cortisol hace que el cuerpo almacene grasa, en especial alrededor de la cintura. La progesterona natural ayuda a contrarrestar ambos, ya que le devuelve la calma y mejora la función tiroidea y mitocondrial. Controlar estas hormonas con un estilo de vida saludable y un apoyo específico reduce la actividad de la grasa visceral y lo protege contra enfermedades que surgen a causa de la inflamación metabólica, como el cáncer.