📝 HISTORIA EN BREVE
- Las etiquetas obligatorias de advertencia nutricional en el frente de los envases podrían prevenir o retrasar más de 110 000 muertes relacionadas con la obesidad en Inglaterra durante las próximas dos décadas, ya que ayudan a las personas a identificar y evitar de inmediato los alimentos ultraprocesados no saludables
- Los símbolos de advertencia claros y obligatorios son casi dos veces más efectivos que las etiquetas de “semáforo” voluntarias actuales del Reino Unido y promueven una reformulación generalizada de productos por parte de las empresas de alimentos
- Las advertencias nutricionales funcionan porque eliminan la confusión, por lo que los consumidores toman mejores decisiones en segundos, mientras que los fabricantes se ven presionados a eliminar o reducir ingredientes dañinos como azúcares agregados y aceites de semillas
- Los ingredientes más dañinos que se encuentran en los alimentos envasados incluyen aceites vegetales con un gran contenido de ácido linoleico (AL), jarabe de maíz alto en fructosa, fosfatos, carragenina y colorantes y edulcorantes artificiales, todos los cuales alteran el metabolismo, la salud intestinal y la producción de energía
- Puede tomar el control hoy mismo si elimina los aceites de semillas, lee las listas de ingredientes y reestructura sus comidas en torno a alimentos enteros y grasas naturales como la mantequilla de animales alimentados con pastura, el ghee, el sebo y el aceite de coco, lo que le permitirá restaurar la función de las mitocondrias, reducir la inflamación y fortalecer su salud metabólica a largo plazo
🩺 Por el Dr. Mercola
La obesidad es uno de los problemas de salud pública más preocupantes en el mundo desarrollado, la cual es promovida por el exceso de alimentos envasados y procesados, diseñados para parecer saludables pero con el fin de que siga consumiéndolos. Los pasillos de los supermercados están llenos de productos que parecen convenientes y nutritivos, pero contienen una gran cantidad de azúcares agregados, almidones refinados y aceites de semillas industriales que alteran el metabolismo con el tiempo.
El resultado es un aumento lento y constante de la grasa corporal, el azúcar en la sangre y la inflamación, lo cual es una combinación que favorece la diabetes, las enfermedades cardíacas y el envejecimiento prematuro. Muchas personas creen que toman decisiones adecuadas porque las etiquetas de los alimentos les parecen tranquilizadoras o familiares. En realidad, la mayoría de las etiquetas hacen poco para advertirle sobre lo que en realidad daña su salud. La publicidad engañosa y los códigos de colores confusos han hecho que millones de personas desconozcan la cantidad de azúcar refinada, aditivos y grasas dañinas que consumen cada día.
Los alimentos que causan más daño suelen ser los que se promocionan más y los que se etiquetan con menos claridad. Pero eso quizás ha empezado a cambiar. Un estudio que se publicó en The Lancet Regional Health — Europe destaca cómo un cambio sencillo en la estrategia de etiquetado podría reducir en gran medida la obesidad y las muertes relacionadas.1
En lugar de sistemas ambiguos o voluntarios, las advertencias claras y obligatorias en el frente de los paquetes tienen el poder de reformular no solo lo que compra, sino también cómo las empresas de alimentos formulan sus propios productos. Si alguna vez se sintió engañado por un bocadillo "saludable" o frustrado porque alimentarse bien parece más complicado de lo que debería, esta investigación ofrece esperanza (y prueba) de que una información más clara conduce a mejores elecciones.
Las etiquetas obligatorias podrían salvar más de 100 000 vidas
El estudio de The Lancet Regional Health — Europe estimó cómo las etiquetas nutricionales obligatorias en los alimentos envasados podrían transformar la salud de los adultos en Inglaterra durante los próximos 20 años.2 El equipo de investigación simuló los efectos de dos tipos de etiquetas, las primeras son las etiquetas de "semáforo" del Reino Unido y las segundas son las etiquetas de "advertencia nutricional" en negrita de Chile.
El sistema de semáforo utiliza los colores rojo, amarillo y verde para indicar si un alimento tiene un contenido elevado, medio o bajo de determinados nutrientes, mientras que las etiquetas de advertencia sobre nutrientes utilizan señales de alto en color negro para alertar de manera directa a los consumidores cuando un producto tiene un contenido elevado de nutrientes preocupantes. Con el uso de datos nacionales sobre tendencias de alimentación, mortalidad y obesidad, el modelo rastreó cómo el etiquetado influiría tanto en el comportamiento del consumidor como en la reformulación de los productos de las empresas de alimentos.
• Las advertencias nutricionales reducen las tasas de obesidad el doble que las etiquetas de semáforo: el modelo predijo que requerir etiquetas de semáforo reduciría las tasas nacionales de obesidad en alrededor de 2.3 puntos porcentuales, mientras que las etiquetas de advertencia nutricional reducirían las tasas en 4.4 puntos porcentuales.
Esto es casi el doble del beneficio. Para ponerlo en perspectiva, esto supone alrededor de 110 000 muertes menos relacionadas con la obesidad a lo largo de dos décadas. Por el contrario, las etiquetas de semáforo obligatorias evitarían alrededor de 57 000 muertes.
• Las muertes relacionadas con la obesidad disminuyeron de forma significativa en todos los niveles de ingresos: es importante destacar que estos beneficios se observaron por igual en todos los grupos sociales y económicos. Las personas que viven en zonas de bajos ingresos, que suelen ser el público al que se dirigen los anuncios de alimentos procesados y que tienen un acceso limitado a alimentos saludables, también se beneficiarían de este cambio. Esto demuestra que las etiquetas de advertencia nutricional podrían reducir las desigualdades en el ámbito de la salud, lo que le brinda a todos, sin importar su educación o ingresos, una oportunidad justa de tomar mejores decisiones alimentarias.
• Las etiquetas cambian tanto lo que compran los consumidores como lo que venden las empresas: el etiquetado en el frente del paquete funciona de dos maneras poderosas, ya que incentiva a los compradores hacia opciones más saludables y presiona a los fabricantes de alimentos para que reformulen los productos para evitar los símbolos de advertencia. Este efecto de reformulación por sí solo representó más de un tercio del descenso en las tasas de obesidad y las muertes. Las empresas tienden a eliminar o reducir los nutrientes de gran riesgo, como el azúcar añadido, para evadir la designación de advertencia de "alto en".
• La ecuación energética demuestra por qué importan los cambios diarios: en promedio, se proyectó que las etiquetas de advertencia sobre nutrientes reducirían el consumo diario de energía en casi un 13 %, en comparación con alrededor del 6.5 % de las etiquetas de semáforo.
Incluso reducciones pequeñas de calorías (entre 50 y 100 calorías menos al día) tienen un efecto acumulativo importante a lo largo de los años. Según los investigadores, esta disminución del consumo energético supondría una reducción significativa del índice de masa corporal (IMC) y la grasa corporal en la población adulta, lo que prevendría futuras enfermedades cardíacas, diabetes y otras enfermedades relacionadas con la obesidad.
• Las políticas obligatorias superan a los programas voluntarios por un gran margen: el sistema de semáforo voluntario del Reino Unido, vigente desde 2013, cubre alrededor del 75 % de los productos envasados. Sin embargo, como no es obligatorio, las empresas de alimentos pueden optar por no utilizarlo, sobre todo en los productos no saludables.
El modelo demostró que exigir estas etiquetas por ley aumentaría la cobertura al 100 %, lo que haría imposible que los fabricantes utilicen afirmaciones ambiguas como "saludable para el corazón" mientras venden alimentos ultraprocesados que son poco saludables.
La reformulación de la industria aumentó los beneficios para la salud pública
Cuando las empresas reformulan sus productos para evitar etiquetas negativas, el impacto no se limita a los consumidores individuales. En Chile, donde se originó el sistema, se redujo casi un 4 % el contenido calórico promedio de los alimentos envasados. El mismo patrón de reformulación se incorporó al modelo para Inglaterra. Con el tiempo, este cambio se acumula, lo que significa que incluso los consumidores que no revisan de manera consciente las etiquetas terminan por consumir alimentos más saludables.
• La claridad importa, y las etiquetas de advertencia superan a los códigos de color: la razón por la que las etiquetas de advertencia sobre nutrientes fueron más efectivas se debió a la claridad y la velocidad de reconocimiento. Si bien las etiquetas de semáforo utilizan códigos de colores rojo, amarillo y verde para indicar los niveles de nutrientes, a muchos compradores les parecieron confusas o las pasaron por alto por completo. Por el contrario, las etiquetas de advertencia nutricional utilizan advertencias sencillas y llamativas que impulsan a tomar decisiones más rápidas e instintivas para no comprar un producto.
• Los beneficios aparecen en cuestión de años, no de décadas: el modelo simuló resultados durante un período de 20 años, pero los investigadores notaron que las mejoras mensurables comenzaron dentro de los primeros años de implementación. Según resultados de Chile y México, en cinco años se observó una reducción en el consumo diario promedio de calorías y en las tasas de obesidad. La disminución constante del IMC y del porcentaje de grasa corporal continuaron a medida que la reformulación se extendió por la industria de alimentos.
• Los hallazgos coinciden con los datos globales sobre el éxito de las etiquetas: las predicciones del modelo coincidieron con los resultados que se observaron en países como Chile, México y Canadá, donde las advertencias nutricionales obligatorias generaron disminuciones mensurables en las compras de alimentos poco saludables y en el consumo calórico a nivel de la población. Por ejemplo, en Chile, las ventas de productos envasados con un gran contenido calórico se redujeron más de un 8 %, mientras que la reformulación mejoró la calidad nutricional en casi todos los grupos de alimentos.
• Las etiquetas deberían advertirle sobre lo que es dañino, no sobre lo que es natural y esencial para la salud: si alguna vez ha comprado un bocadillo "saludable para el corazón" y descubrió que estaba lleno de aceites de semillas y jarabe de maíz con alto contenido de fructosa (JMAF), ya sabe lo engañosos que pueden ser los envases modernos.
Las advertencias nutricionales adecuadas señalarían a los culpables de la obesidad y las enfermedades crónicas, como los aceites vegetales con un contenido elevado en ácido linoleico (AL), y no a las grasas naturales como la mantequilla de animales alimentados con pastura, el ghee o el aceite de coco, que el cuerpo necesita para funcionar de manera óptima.
Imagínese caminar por el supermercado y reconocer de inmediato qué alimentos dañan su metabolismo y cuáles apoyan la energía constante, la salud del cerebro y la longevidad. Estas advertencias actuarían como un entrenador de salud incorporado, y le ayudarían a eliminar los alimentos procesados nocivos sin planes restrictivos de alimentación ni conteo de calorías.
Cómo controlar lo que consume y proteger su salud
No necesita otro plan restrictivo de alimentación para recuperar su salud, sino que debe eliminar lo que la daña desde adentro hacia afuera. La investigación de The Lancet demostró que un mejor etiquetado de los alimentos ayuda a las personas a tomar decisiones más saludables, pero lo que más importa es lo que contienen los alimentos. Los aceites de semillas ocultos (los que se encuentran en casi todos los productos ultraprocesados) son uno de los principales factores del daño metabólico, la fatiga y la inflamación crónica.
1. Elimine los aceites vegetales y reemplácelos con grasas nutritivas: no necesita esperar a que una etiqueta de advertencia lo oriente en la dirección correcta. Puede comenzar a alimentarse mejor si elimina los aceites de semillas de su alimentación. Estos incluyen aceites de soya, maíz, canola, girasol, cártamo, semilla de algodón y semilla de uva.
Estos aceites son una fuente principal de AL, que es una grasa poliinsaturada que se acumula en los tejidos, daña las mitocondrias (las fuentes de energía dentro de las células) y altera la habilidad del cerebro para regular el apetito, la energía y el estado de ánimo. Estos aceites están en alimentos ultraprocesados como aderezos para ensaladas, salsas, alimentos congelados, papas fritas, galletas, productos horneados y la mayoría de las comidas de restaurantes.
Si no está seguro de por dónde empezar, intente preparar todas sus comidas en casa durante dos semanas con grasas naturales como mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee, sebo o aceite de coco. Durante este reinicio, revise cada etiqueta en busca de aceites de semillas, ya que se esconden bajo nombres como "aceite vegetal", "aceite de canola", "aceite de soya" o cualquier derivado de "semilla". Reemplácelos con grasas naturales de origen animal que favorecen la salud mitocondrial y mantienen su metabolismo en buen funcionamiento.
Intente mantener su consumo diario de AL por debajo de los 5 gramos, aunque lo ideal sería cerca de los 2 gramos. Este cambio sencillo por sí solo ayuda a reducir la inflamación y mejorar la energía.
2. Compre de manera inteligente e identifique los aceites y aditivos ocultos incluso sin etiquetas de advertencia: si bien las etiquetas de advertencia sobre nutrientes aún no son obligatorias, puede protegerse si aprende a detectar los principales ingredientes nocivos que se esconden en los alimentos cotidianos. Los productos procesados con un contenido elevado de azúcar refinada casi siempre contienen aceites vegetales, pero eso no es todo.
Muchos están llenos de aditivos que dañan el metabolismo y la salud intestinal. Voltee cada paquete y lea con atención la lista de ingredientes. Además de los aceites de semillas, evite otros ingredientes peligrosos como:
• Jarabe de maíz alto en fructosa (JMAF): es un azúcar industrial barato que se asocia con la resistencia a la insulina, el hígado graso y las enfermedades metabólicas.
• Edulcorantes artificiales: como el aspartamo, la sucralosa y el acesulfamo de potasio, que afectan las bacterias intestinales y confunden los sistemas de hambre y recompensa del cuerpo.
• Carragenina: es un espesante que se deriva de las algas rojas que irrita el revestimiento intestinal y causa inflamación.
• Fosfatos (ácido fosfórico, fosfato de sodio): son comunes en los refrescos y las carnes procesadas, y estos aditivos alteran el equilibrio del calcio y la vitamina D, sobrecargan los riñones y endurecen las arterias con el tiempo.
• Colorantes y sabores artificiales: son productos químicos sintéticos que no aportan nada a la nutrición pero que se han relacionado con reacciones alérgicas y de comportamiento en personas sensibles.
En lugar de eso, elija alimentos con ingredientes saludables y reconocibles que provengan de la naturaleza, no de un laboratorio. Si la lista de ingredientes parece más un proyecto de química que una receta, no es buena para su salud. Una regla general sencilla es que si sus bisabuelos no lo reconocerían como alimento, su cuerpo tampoco lo hará.
3. Planee sus comidas en torno a alimentos que aportan energía: procure que su alimentación se base en alimentos que protejan sus células del estrés oxidativo, como carnes de animales alimentados con pastura, huevos de gallinas camperas, frutas, tubérculos y productos lácteos enteros y sin pasteurizar de fuentes confiables. Estos alimentos favorecen sus mitocondrias y promueven energía estable.
Evite las salsas y condimentos comprados en tiendas, que a menudo contienen aceites de semillas y azúcares añadidos ocultos. Si va a comer fuera, pregunte cómo se cocinan los alimentos y, en su lugar, pida que utilicen con moderación mantequilla de animales alimentados con pastura o ghee.
4. Adquiera el hábito de leer las etiquetas: convierta la visita al supermercado en un reto y vea qué tan rápido puede detectar los aceites de semillas ocultos. Esto no solo entrena a su cerebro para reconocer ingredientes tóxicos más rápido, sino que también aumenta su confianza para tomar decisiones más inteligentes. Cada éxito fortalece su creencia de que controla su salud, y esa es la base psicológica de un cambio duradero.
5. Tome control de su entorno: convierta su hogar en un espacio donde haya la menor cantidad de AL posible. Llene su despensa con alimentos enteros, prepare comidas en casa en cantidades grandes y evite las comidas para llevar fritas. Cuando elimina los aceites de semillas y comienza a consumir alimentos que nutren su cuerpo, no solo pierde peso, sino que también recupera su libertad metabólica. Los alimentos enteros (aquellos que no requieren etiquetas de ingredientes) restauran la producción de energía a nivel celular, lo que lo ayuda a sentirse más alerta, más fuerte y más resistente todos los días.
Preguntas frecuentes sobre las etiquetas de advertencia sobre nutrientes
P: ¿Cómo podrían las etiquetas obligatorias de advertencia sobre nutrientes salvar vidas?
R: Según una investigación que se publicó en The Lancet Regional Health — Europe, las advertencias nutricionales obligatorias en el frente de los envases podrían prevenir o retrasar más de 110 000 muertes relacionadas con la obesidad en Inglaterra durante los próximos 20 años. Estas etiquetas utilizan señales de alto llamativas en color negro para alertar a los consumidores cuando un producto tiene un contenido elevado de ingredientes no saludables, lo que ayuda a las personas a tomar decisiones más rápidas y saludables y presiona a las empresas de alimentos para que reformulen sus productos.
P: ¿Por qué las etiquetas de advertencia sobre nutrientes son más efectivas que el sistema de semáforo del Reino Unido?
R: El sistema de semáforo se basa en códigos de colores que suelen malinterpretarse o ignorarse, mientras que las advertencias nutricionales transmiten un mensaje claro e inequívoco. En las simulaciones, las etiquetas de advertencia redujeron las tasas de obesidad casi el doble que el sistema de semáforo porque son más fáciles de interpretar y más difíciles de manipular o esconder detrás de ellas para los fabricantes de alimentos.
P: ¿A qué ingredientes debo prestar atención al leer las etiquetas de los alimentos?
R: Además del exceso de azúcar y almidones refinados, los ingredientes más dañinos incluyen aceites vegetales con un contenido elevado de AL, JMAF, fosfatos (presentes en refrescos y carnes procesadas), carragenina, edulcorantes artificiales y colorantes y sabores sintéticos. Estos compuestos alteran el metabolismo, promueven la inflamación y aceleran el envejecimiento.
P: ¿Cómo puedo reducir mi consumo de grasas nocivas como el AL?
R: Comience por eliminar los aceites de semillas como los de soya, maíz, canola, girasol, cártamo, semilla de algodón y semilla de uva. Estas grasas poliinsaturadas se acumulan en los tejidos, dañan las mitocondrias y afectan la habilidad del cuerpo para regular la energía y el estado de ánimo. Reemplace estos aceites con grasas nutritivas como mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee, sebo o aceite de coco. Intente mantener el consumo diario de AL por debajo de los 5 gramos (aunque lo ideal sería cerca de los 2 gramos) para restablecer el equilibrio metabólico y reducir la inflamación.
P: ¿Cuál es la mejor forma de tomar control de su alimentación a partir de hoy?
R: Concéntrese en alimentos enteros que no necesitan etiquetas de ingredientes, como las carnes de animales alimentados con pastura, huevos, frutas, tubérculos y productos lácteos sin pasteurizar. Convierta la compra de alimentos en un reto e identifique los aceites de semillas y otros aditivos en las etiquetas para evitarlos. Cada triunfo pequeño fortalece su confianza y le ayuda a recuperar la seguridad en sí mismo, lo cual es clave para mantener la salud durante toda la vida. Una vez que recupera una alimentación saludable, su metabolismo vuelve a funcionar de manera correcta.