📝 HISTORIA EN BREVE

  • La obesidad aumenta el riesgo de Alzheimer ya que altera la forma en que las vesículas que se derivan de la grasa se comunican con el cerebro, lo que provoca que las proteínas amiloides se plieguen mal y formen placas tóxicas que dañan las neuronas y perjudican la cognición
  • Los lípidos específicos en las personas con obesidad, incluyendo los esfingolípidos y las ceramidas, crean estrés oxidativo en las células del cerebro, reducen la producción de energía mitocondrial y aceleran la formación de agregados amiloides pegajosos
  • El consumo excesivo de grasas promueve el desarrollo del Alzheimer, aunque un consumo equilibrado y controlado en concentraciones más bajas ayuda a inhibir la agregación amiloide y reducir el riesgo de enfermedad
  • La resistencia a la leptina que causa la obesidad impide que esta hormona protectora llegue al cerebro, lo que desactiva el proceso de limpieza que suele descomponer las proteínas amiloides y empeora la inflamación y el deterioro cognitivo
  • Para restaurar la salud de las células, se deben eliminar cuatro factores importantes: el exceso de ácido linoleico de los aceites vegetales, las sustancias químicas disruptoras del sistema endocrino, los campos electromagnéticos y las endotoxinas en el intestino

🩺 Por el Dr. Mercola

A pesar de los avances en la atención médica, la epidemia de obesidad en Estados Unidos cada vez empeora más. Según los últimos datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), el 40.3 % de los adultos ya padecen obesidad,1 y casi 7 de cada 10 adultos en Estados Unidos cumplen los criterios de obesidad según una definición nueva y más completa que se publicó en JAMA Network Open.2

El estándar nuevo, que antes se había propuesto por un panel internacional de expertos en The Lancet Diabetes & Endocrinology3, va más allá del índice de masa corporal (IMC) para incluir mediciones de cintura y cadera que muestran la grasa que el IMC convencional no detecta.

Las implicaciones de estas cifras son graves, ya que el exceso de grasa corporal aumenta el riesgo de otras complicaciones de salud, como la diabetes y los derrames cerebrales.4

Las investigaciones recientes demuestran que la obesidad también es un factor de riesgo en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.5 Según los hallazgos, el exceso de grasa corporal altera la forma en que se pliegan las proteínas amiloides, lo que provoca que se agrupen y, con el paso del tiempo, causen problemas cognitivos.6

La obesidad promueve la formación de placa cerebral a través de las vesículas

En un estudio publicado en Alzheimer's & Dementia: The Journal of the Alzheimer's Association, los investigadores examinaron cómo el tejido graso se comunica con el cerebro a través de partículas microscópicas que se conocen como vesículas. Son paquetes celulares pequeños dentro o fuera de la célula que transportan grasas, proteínas y material genético.

El estudio se centró en si estas vesículas, que liberan las células grasas humanas, influyen en la acumulación de placas amiloides, que son grupos pegajosos de proteínas que se cree que influyen en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.7

Los investigadores analizaron vesículas de adultos con distintos niveles de grasa corporal y observaron cómo las partículas que se derivan de la grasa afectaban el comportamiento de las proteínas amiloides. Las proteínas amiloides suelen ser inofensivas, pero cuando comienzan a agruparse, forman placas que interfieren en la comunicación neuronal.

• La obesidad es un factor de riesgo para la enfermedad de Alzheimer: el equipo descubrió que las vesículas extraídas de las personas con más grasa corporal cambiaron la forma en que se ensamblan las moléculas amiloides. Estas vesículas alteradas provocaron que los amiloides se aglutinaran más rápido y formaran estructuras más densas y tóxicas que son más difíciles de eliminar para el cerebro.

Lo que hace que este hallazgo sea importante es que demuestra cómo la grasa corporal obstruye la comunicación de las células. El estudio demostró que cuando las células grasas están sobrecargadas, envían señales distorsionadas a través de las vesículas. Estas señales transportan lípidos que alteran el comportamiento de las proteínas del cerebro. En este caso, esos cambios aceleran la enfermedad de Alzheimer.

• Los lípidos específicos dentro de las vesículas no fueron aleatorios: las personas con obesidad tenían vesículas ricas en ciertos esfingolípidos y ceramidas, que son tipos de grasas que influyen de forma directa en la inflamación y la muerte celular. Estos compuestos actúan como irritantes biológicos, lo que crea estrés oxidativo en las neuronas. Con el paso del tiempo, ese entorno hace que sea más fácil que el amiloide se adhiera.

• Los investigadores también exploraron cómo estas vesículas afectan a las células del cerebro en un entorno de laboratorio controlado: cuando las células neuronales fueron expuestas a vesículas de las personas con obesidad, observaron un mayor estrés celular y una disminución de la actividad de las mitocondrias.

Como sabe, las mitocondrias son las fuentes de energía de la célula. Cuando disminuyen su velocidad, las neuronas pierden energía y su habilidad para procesar y eliminar desechos, como el amiloide, disminuye en gran medida. Esta pérdida de energía celular es el mismo problema fundamental que promueve muchas enfermedades crónicas, desde la diabetes hasta la neurodegeneración.

• El estudio descubrió que estas vesículas alteran la forma en que se pliega el amiloide a nivel molecular: las proteínas amiloides normales son flexibles, pero una vez que estas vesículas llenas de lípidos interactúan con ellas, las proteínas adquieren una estructura rígida, lo cual es una configuración anormal que se sabe que causa la formación de placa. Este plegamiento incorrecto es lo que hace que el amiloide sea pegajoso, lo que provoca que se adhiera y formen agregados tóxicos que asfixian a las neuronas.

Esto significa que el contenido lipídico de las vesículas de grasa reconfigura la forma de una proteína cerebral que determina si las neuronas se mantienen sanas o mueren.

• Demasiada grasa de cualquier tipo es perjudicial: otra observación notable que realizaron los investigadores es cómo tanto las grasas saturadas como las insaturadas, en niveles elevados, promueven la enfermedad de Alzheimer. En otras palabras, aunque crea que obtiene grasas saludables de su alimentación, consumir demasiadas a la larga provocará una reacción similar a consumir grasas no saludables:8

"El hallazgo convergente es que tanto los ácidos grasos saturados como los insaturados podrían promover la fibrilación de Aβ en concentraciones elevadas que se aproximan a las condiciones lipotóxicas".

• Lograr un equilibrio en el consumo de grasas es importante: en relación con el punto anterior, consumir grasas con moderación podría reducir el riesgo de padecer Alzheimer. Según los investigadores:9

"Es importante destacar que algunos lípidos presentan efectos bifásicos dependientes de la concentración (es decir, promueven la agregación en niveles más elevados pero la inhiben en dosis más bajas), lo que destaca la necesidad de un control matizado de los microambientes lipídicos a la hora de considerar intervenciones terapéuticas o interpretar los mecanismos de las enfermedades".

Otro estudio examina el efecto de la obesidad en la enfermedad de Alzheimer

En un artículo que se publicó en el International Journal of Molecular Sciences, los investigadores analizaron cómo los cambios en la leptina que provoca la obesidad aumentan de forma directa el riesgo de demencia y enfermedad de Alzheimer. Para contextualizar, la leptina es una hormona que produce el tejido graso del cuerpo que indica cuándo ha consumido lo suficiente. A partir de ahí, se centraron en un concepto que se conoce como resistencia a la leptina, que "perpetúa enfermedades como la demencia".10

• Qué le sucede a su cuerpo cuando comienza a resistirse a la leptina: los investigadores observaron que la leptina se asocia en gran medida con un deterioro de la memoria, un aprendizaje más lento y un mayor riesgo de degeneración cerebral. Por lo general, la leptina viaja a través del torrente sanguíneo hasta el cerebro, donde interactúa con las neuronas en áreas responsables de la memoria y el aprendizaje, como el hipocampo.

En las personas saludables, la leptina ayuda a que se formen conexiones nuevas entre las células cerebrales y protege a las neuronas del estrés. Pero en las personas con obesidad, el cerebro ignora la leptina. Esto tiene dos consecuencias, la primera es que el control del hambre empeora, lo que lleva a un mayor aumento de peso, y la segunda es que el cerebro pierde una de sus hormonas protectoras clave.

• La leptina influye en cómo las células del cerebro manejan la beta amiloide: en condiciones normales, la leptina ayuda a reducir los niveles de amiloide al activar un proceso de limpieza que descompone la proteína. Sin embargo, ese mecanismo de limpieza se detiene cuando se desarrolla la resistencia a la leptina. Las proteínas amiloides comienzan entonces a agruparse más rápido, lo que interrumpe la comunicación de las neuronas y favorece la inflamación en todo el cerebro.

• El peso influye en la secreción de leptina: los investigadores demostraron que la masa muscular afecta la producción de leptina, y una vez que el cuerpo se vuelve resistente a ella, el riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer aumenta:11

"Se ha demostrado que los adipocitos secretan la leptina y esta circula en el plasma en proporción a la masa grasa, y los cambios en el peso corporal se asocian con la posibilidad de desarrollar enfermedad de Alzheimer (EA). Por lo tanto, no es de sorprender que diferentes investigaciones intenten relacionar los niveles disfuncionales de la señalización de leptina con la EA.

Así, se ha descubierto en algunos estudios que los niveles bajos de leptina plasmática en la vejez se asocian con un riesgo mayor de deterioro cognitivo y desarrollo de la EA".

• La inflamación promueve la resistencia a la leptina: como se descubrió en otro estudio, la obesidad crea una inflamación de bajo grado en todo el cuerpo.12 Con esto en mente, el estudio mencionado señaló que este estado crónico impide que la leptina atraviese la barrera hematoencefálica (BHE) y llegue al sistema nervioso central (SNC):13

"La inflamación de bajo grado debido a la obesidad favorece la producción de proteína C reactiva (PCR) por los hepatocitos in vitro e in vivo en humanos. Se ha descubierto que la PCR periférica podría reducir la cantidad de leptina que ingresa al SNC, ya que impide su transporte a través de la BHE y hacia la eminencia media. Además, cuando está dentro del SNC, reduce la función fisiológica de la leptina humana”.

Combatir la obesidad para proteger la salud del cerebro

Cuando se trata de controlar la obesidad, la recomendación habitual es "alimentarse menos y moverse más". Sin embargo, esto pasa por alto muchos aspectos importantes que deben abordarse para ayudar a perder peso con efectividad. El verdadero problema no solo implica la restricción de calorías, sino que podría ser una disfunción de energía celular. En esencia, las mitocondrias no funcionan de manera efectiva, y eso es lo que dificulta perder grasa, promueve el hambre constante y reduce los niveles de energía.

La buena noticia es que puede hacer algo al respecto. Puede reconstruir su salud celular si aborda lo que la afecta. Como explico en mi libro "Los secretos de la salud celular", hay cuatro factores principales involucrados. Yo las denomino las cuatro E:

• Exceso de ácido linoleico (AL) de los aceites vegetales

• Exceso de estrógenos y sustancias químicas disruptoras endocrinas (EDCs, por sus siglas en inglés)

• Exposición a campos electromagnéticos (EMFs, por sus siglas en inglés)

• Endotoxinas debido a un intestino no saludable

Juntos, estos elementos actúan como toxinas que afectan las mitocondrias y perjudican el metabolismo. Cuando los elimina, los sistemas de energía naturales de su cuerpo comienzan a funcionar otra vez. Aquí le explicamos cómo hacerlo, paso a paso.

1. Reduzca su consumo de aceite vegetal: los aceites de semillas se encuentran en todas partes, como en las comidas de restaurantes, los bocadillos procesados, los aderezos "saludables" y los productos horneados. Estos aceites son ricos en AL, que es una toxina que daña las mitocondrias cuando se consume en exceso. Una vez que las mitocondrias están llenas de AL, el cuerpo no puede generar energía de manera efectiva y la grasa comienza a oxidarse y a afectar la función de las células. Para comenzar a revertir el daño de AL:

• Deje de comprar aceites vegetales industriales como el de canola, soya, girasol, cártamo, maíz y semilla de uva.

•Después, reemplácelos con grasas que sean amigables para el metabolismo, como el sebo, ghee y mantequilla de animales alimentados con pastura.

• Evite la carne de pollo y cerdo cultivados de manera convencional, ya que suelen tener un contenido elevado de AL debido a su alimentación ultraprocesada.

• Prepare sus alimentos con grasas saludables, ya que la mayoría de los restaurantes utilizan aceites vegetales.

• Revise con atención las etiquetas de los ingredientes, ya que los aceites vegetales se encuentran en productos como la mantequilla de almendras, el humus y las papas fritas sin gluten.

Reducir el consumo de AL es una de las formas más rápidas de mejorar la efectividad de las mitocondrias y hacer que el metabolismo queme la grasa en lugar de almacenarla. Le recomiendo mantener su consumo general por debajo de 5 gramos al día, pero lo ideal es que consuma menos de 2 gramos.

2. Reduzca la exposición a disruptores endocrinos: el exceso de estrógeno afecta todo el cuerpo, interfiere con la función tiroidea y suprime la actividad de las mitocondrias. Los EDCs, que son sustancias químicas sintéticas que imitan el estrógeno, empeoran el problema. Estas sustancias se encuentran en plásticos, recibos, cosméticos, agua de la llave e incluso en ciertos medicamentos. Puede reducir su exposición a los EDC mediante algunos cambios importantes:

• Utilice recipientes de vidrio o acero inoxidable en lugar de plástico. Además, nunca caliente sus alimentos en plástico.

• Elija productos de cuidado personal naturales sin fragancias químicas ni parabenos.

• Reduzca su exposición a los estrógenos sintéticos que se encuentran en las píldoras anticonceptivas y las terapias de reemplazo hormonal.

• Apoye el equilibrio hormonal al mantener los niveles adecuados de progesterona, ya que esta contrarresta el exceso de estrógeno y promueve un metabolismo saludable.

3. Proteja sus células del daño de los EMFs: los campos electromagnéticos que emiten los teléfonos celulares, torres 5G, enrutadores Wi-Fi y dispositivos Bluetooth interfieren con la forma en que sus células manejan el calcio. Esto significa que demasiado calcio intracelular provoca estrés oxidativo. Puede protegerse de los campos electromagnéticos si implementa estos cambios en su estilo de vida:

• Mantenga su teléfono en modo avión cuando no lo utilice, en especial mientras duerme.

• Desactive el Wi-Fi por la noche y mantenga los aparatos electrónicos fuera de su habitación.

• Opte por las conexiones a Internet por cable siempre que sea posible.

• Evite los auriculares Bluetooth que emiten de manera constante radiación invisible a su cerebro.

• Pase tiempo al aire libre. Por ejemplo, camine descalzo sobre la tierra o arena para ayudar a eliminar el exceso de estrés eléctrico de forma natural.

4. Repare su intestino para reducir las endotoxinas: la salud intestinal es fundamental para un bienestar óptimo, ya que influye en cada aspecto del metabolismo. Cuando las bacterias dañinas crecen demasiado, liberan endotoxinas, que son compuestos que dañan las mitocondrias y causan inflamación en todo el cuerpo. Esta toxicidad intestinal ralentiza el metabolismo y altera el equilibrio energético. Para sanar su intestino, le recomiendo lo siguiente:

• Si tiene problemas intestinales, evite de manera temporal los alimentos ricos en fibra, ya que la fibra alimenta las bacterias malas en un intestino comprometido.

• Concéntrese en consumir carbohidratos simples y suaves como frutas maduras y arroz blanco hasta que los síntomas se calmen. Intente consumir entre 200 y 250 gramos de carbohidratos saludables al día.

• Una vez que su digestión se estabilice, reintroduzca poco a poco vegetales cocidos, vegetales de raíz y almidones. Estos carbohidratos alimentan las bacterias beneficiosas que producen ácidos grasos de cadena corta como el butirato, lo que fortalece el revestimiento intestinal y restablece el equilibrio inmunológico saludable.

Preguntas frecuentes sobre la influencia de la obesidad en la enfermedad de Alzheimer

P: ¿Cómo aumenta la obesidad el riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer?

R: La obesidad altera la forma en que el cuerpo se comunica a nivel celular. Las células grasas liberan vesículas, las cuales se encargan de transportar las grasas y proteínas, que alteran el modo en que se pliegan las proteínas del cerebro. Estos cambios hacen que las proteínas amiloides se agrupen más rápido y formen placas en el cerebro, lo que altera la comunicación neuronal y contribuye al desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

P: ¿Cómo influyen las vesículas y los lípidos en la enfermedad de Alzheimer?

R: Las vesículas de personas con obesidad tienen un contenido elevado de grasas nocivas como esfingolípidos y ceramidas, que promueven la inflamación y el estrés oxidativo en el cerebro. Estas condiciones hacen que sea más probable que las proteínas amiloides se adhieran entre sí y formen placas tóxicas, lo que acelera la neurodegeneración.

P: ¿Cómo se relaciona la resistencia a la leptina con la obesidad y la demencia?

R: La leptina es una hormona que regula el hambre y apoya la salud del cerebro. La obesidad hace que el cerebro se vuelva resistente a la leptina, lo que reduce sus efectos protectores. Esto conduce a un deterioro de la memoria, un aprendizaje más lento y una mayor acumulación de proteínas amiloides, todo lo cual aumenta el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer.

P: ¿Qué factores del estilo de vida pueden empeorar o mejorar la salud del cerebro relacionada con la obesidad?

R: El consumo excesivo de grasas, ya sea de fuentes saludables o no saludables, podría promover la acumulación dañina de amiloide. Es fundamental equilibrar el consumo de grasas y reducir la inflamación relacionada con la obesidad. Además, abordar la disfunción de energía celular a través de una función más saludable de las mitocondrias podría proteger la salud metabólica y del cerebro.

P: ¿Qué medidas prácticas pueden ayudar a prevenir el daño cerebral relacionado con la obesidad?

R: Abordar las cuatro E ayuda a controlar la obesidad y restablecer la salud celular óptima:

• Exceso de ácido linoleico: reduzca el consumo a menos de 5 gramos al día.

• Exposición a disruptores endocrinos (EDCs): los productos como los plásticos perjudican la función tiroidea.

• Exposición a campos electromagnéticos (EMFs): la radiación que emiten estos dispositivos afecta el calcio intracelular, lo que produce estrés oxidativo.

• Endotoxinas: las bacterias dañinas liberan estos subproductos tóxicos, que afectan la función de las mitocondrias. Repare la función intestinal para disminuir esta producción.