📝HISTORIA EN BREVE

  • En la actualidad, el cáncer afecta del 30 % al 50 % de las personas que viven en los Estados Unidos, pero en los años de 1900 esa cifra solo era del 5 %, lo que refleja el impacto que han tenido los cambios en la alimentación y el estilo de vida en la salud
  • El exceso de ácido linoleico (AL) de los aceites de semillas crea subproductos tóxicos, causa inflamación crónica y deteriora las mitocondrias, lo que debilita las defensas y estimula el crecimiento de tumores
  • Se sabe que reducir el consumo de AL del 7 % al 2 % o 3 % de las calorías diarias, reduce los marcadores de estrés oxidativo en un 20 % en tan solo 12 semanas, lo que le da al cuerpo la oportunidad de recuperarse
  • Un enfoque de restauración de cuatro fases consiste en: dejar de consumir aceites de semillas, agregar de forma gradual carbohidratos saludables a su alimentación, restaurar poco a poco su consumo de fibra y reforzar su metabolismo con ayuda de estrategias como el ayuno intermitente y el ejercicio
  • Ciertos hábitos diarios (evitar los aceites de semillas, reforzar la salud intestinal, fortalecer las mitocondrias a través del movimiento y el sueño, y hacer un seguimiento del progreso) le darán control sobre su riesgo y su salud a largo plazo

🩺Por el Dr. Mercola

En la actualidad, el cáncer afecta del 30 % al 50 % de las personas que viven en los Estados Unidos, pero en el siglo XX esa cifra solo era del 5 %. Esto no es el resultado de una mejor evaluación o sistema de registros, sino de los cambios en la alimentación y el estilo de vida. Lo que antes era raro ahora es muy común, por lo que, las viejas explicaciones ya no sirven de mucho para entender la situación actual.

Hace poco, publiqué un artículo histórico en World Journal of Clinical Oncology, que es una revista revisada por pares que cuenta con reconocimiento internacional por promover la investigación de vanguardia sobre el cáncer. 1 En este trabajo, hago un llamado para cambiar el paradigma en la forma de tratar el cáncer: dejar de enmascarar los síntomas y restaurar la salud desde lo más profundo: las células.

La estrategia que describí desafía el estándar de cuidado actual, y se enfoca en corregir los desequilibrios metabólicos, la disfunción mitocondrial y los desencadenantes inflamatorios que hacen que el cuerpo sea más vulnerable a las enfermedades. Mi artículo establece las bases científicas para estrategias prácticas y sencillas que puede comenzar a implementar desde este momento.

Abordar las causas subyacentes en lugar de los síntomas, le da más control sobre la situación, lo que ayuda a fortalecer sus defensas y reducir su riesgo de cáncer. El siguiente paso es analizar los hallazgos clave de esta investigación para ayudarlo a entender por qué restaurar el equilibrio dentro de sus células cambiará por completo el rumbo de su salud.

El exceso de ácido linoleico crea el entorno perfecto para desarrollar cáncer

En mi artículo, hablo a mayor detalle sobre el ácido linoleico (AL), que es la grasa omega-6 más abundante en los aceites de semillas como el de soya y o maíz, y su impacto en el riesgo de cáncer.2 Analizo las tendencias históricas del cáncer y los hallazgos experimentales para determinar si el incremento en el consumo de AL que se produjo durante el último siglo está detrás de las crecientes tasas de cáncer de mama, próstata, colorrectal y melanoma.

• Cuando incrementó el consumo de AL también incrementó la incidencia de cáncer: como se muestra en la figura anterior, esta grasa representaba entre el 1 % y el 2 % de las calorías diarias de las personas que vivían en los Estados Unidos, pero en la actualidad, representa el 7 % o más. Durante ese mismo período, el riesgo de cáncer a lo largo de la vida incrementó del 5 % a más del 30 % al 50 %. Estos cambios van de la mano del incremento en el consumo de aceites de semillas industriales a través de alimentos procesados, margarina, aderezos para ensaladas y aceites para freír.

• Los patrones de enfermedades que se relacionan con el AL: los niveles elevados de AL en los tejidos se relacionan con un mayor riesgo de cáncer de mama (130 casos por cada 100 000 mujeres), cáncer de próstata (112 casos por cada 100 000 hombres), cáncer colorrectal (39 casos por cada 100 000) y melanoma (26 casos por cada 100 000). 3 Además, existen estudios de biomarcadores (que miden el AL almacenado en el tejido graso) como encuestas de consumo de alimentos, que respaldan esta relación.

• El exceso de AL incrementa los niveles de subproductos tóxicos dentro de su cuerpo: cuando esta grasa inestable se descompone, forma moléculas dañinas como el 4-hidroxinonenal (4-HNE) que dañan su ADN, proteínas y mitocondrias, que son las fábricas de energía de sus células. Estos subproductos son como una chispa en un bosque seco, que encienden reacciones en cadena que alteran sus sistemas de reparación.

La figura de arriba muestra cómo el exceso de AL que proviene de los aceites de semillas obstruye el sistema de energía de las células. Esta sobrecarga hace que se acumule un producto de desecho que se llama succinato, que engaña al cuerpo y lo hace actuar como si no tuviera oxígeno. Esa “falsa alarma” activa interruptores que promueven el cáncer, alimentan a los tumores con más azúcar y desarrollan nuevos vasos sanguíneos que promueven su propagación.

• El daño biológico del AL se desarrolla de diferentes maneras: mi artículo describe cinco mecanismos que se superponen:

◦ Estrés oxidativo: el AL se oxida fácil, lo que hace que libere aldehídos tóxicos que dañan las células.

◦ Inflamación: estimula la producción de sustancias químicas que causan inflamación.

◦ Disfunción mitocondrial: cuando se dañan las mitocondrias pierden energía y producen más radicales libres.

◦ Fallas en la autofagia: sus células ya no pueden eliminar las partes defectuosas, lo que deja residuos.

◦ Disbiosis intestinal: el AL altera el equilibrio de las bacterias en los intestinos, lo que incrementa los niveles de endotoxinas que causan inflamación.

Los aceites de semillas alteran las mitocondrias

Por lo general, las membranas internas de las mitocondrias dependen de un ácido graso que se conoce como cardiolipina para estabilizar la producción de energía. El AL controla esta estructura, pero en exceso, oxida y desestabiliza el sistema. Esto reduce los niveles de trifosfato de adenosina (ATP), que es la molécula que impulsa todo, y eso es lo que hace que se sienta cansado, inflamado y sea más vulnerable a las enfermedades

La figura de arriba muestra cómo el exceso de AL que proviene de los aceites de semillas provoca una reacción en cadena dentro del cuerpo. Las grasas dañadas en las membranas celulares se descomponen en subproductos tóxicos que debilitan las mitocondrias, incrementan la producción de radicales libres dañinos y causan inflamación crónica. Al mismo tiempo, el desequilibrio intestinal empeora el estrés, lo que daña el ADN y crea un entorno más favorable para que crezcan los tumores.

• Incluso las bacterias intestinales cambian en respuesta a los niveles elevados de AL: mi artículo explica que el exceso de AL incrementa los niveles de oxígeno en el colon, lo que mata a los microbios beneficiosos intolerantes al oxígeno como Faecalibacterium mientras favorece cepas inflamatorias como E. coli. Esto, a su vez, incrementa los niveles de endotoxinas, que se filtran en el torrente sanguíneo y debilitan el sistema inmunológico.

• Las hormonas del estrés interactúan con el AL y empeoran los resultados: consumir mucho AL incrementa los niveles de cortisol y otras hormonas que se relacionan con el estrés y hacen que el hígado libere más glucosa. Las células tumorales prosperan en respuesta a este exceso de glucosa, mientras que los músculos se desgastan debido a la creciente demanda. Esto crea una doble carga: mucha energía para las células de cáncer y falta de fuerza para realizar sus actividades cotidianas.

• Las grasas saturadas de cadena impar ayudan a contrarrestar el daño: esto incluye el ácido pentadecanoico (C15:0), que se encuentra en la grasa láctea. Esta grasa rara activa la AMPK, un sensor de energía celular que ayuda a restablecer la función de las mitocondrias y reduce la acumulación de succinato, que es la molécula que activa las vías que promueven el cáncer. Si bien no es una solución completa, incluir esta grasa reduce algunos de los efectos más dañinos del exceso de AL.

Reducir el consumo de AL lo ayudará a recuperar el control

Mi artículo describe un marco teórico al que denomino “restauración del entorno”, que combina estrategias como reducir el consumo de AL, agregar poco a poco carbohidratos saludables a la alimentación, restaurar el equilibrio en el microbioma y reforzar las mitocondrias. Aún no se realizan ensayos clínicos de largo alcance al respecto, pero este enfoque se basa en estudios más pequeños, experimentos con animales y evidencia ecológica. La idea es que restaurar su "entorno interno” (el equilibrio del metabolismo, la inmunidad y la salud intestinal) hace que su cuerpo sea un lugar menos apto para el cáncer.

• El primer paso es eliminar los aceites de semillas de su alimentación: los aceites de soya, maíz, cártamo y girasol aportan más del 80 % del AL que consumen las personas hoy en día. Por esa razón, es muy importante remplazarlos con grasas que contienen poco AL, como mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee, sebo de res o aceite de coco, ya que eso ayuda a cambiar poco a poco el perfil de ácidos grasos en los tejidos.

En ensayos de alimentación controlada, reducir el consumo de AL del 7 % al 2 % o 3 % de las calorías diarias, redujo los marcadores de estrés oxidativo en un 20 % en tan solo 12 semanas. Estos cambios también promovieron el crecimiento de microbios que producen ácidos grasos de cadena corta como el butirato, que fortalece su barrera intestinal y combate la inflamación.

• El marco se basa en cuatro fases secuenciales: la restauración del entorno sigue un enfoque por fases, que se muestra en la figura anterior.

◦ Minimizar el consumo de AL para eliminar la causa principal del daño metabólico.

◦ Comer carbohidratos fáciles de digerir, como arroz blanco o jugo de fruta sin pulpa, para recuperar energía sin alterar el intestino.

◦ Restaurar poco a poco el consumo de fibra para alimentar bacterias beneficiosas como Faecalibacterium y Bifidobacterium.

◦ Reforzar el metabolismo con estrategias como ayuno intermitente,  ácido pentadecanoico, ejercicio y suplementos como carnitina, CoQ10 y potenciadores de NAD+ para restaurar la función de las mitocondrias.

• La inteligencia artificial podría ayudar a identificar aceites ocultos: dado que el AL se encuentra en más del 70 % de los alimentos procesados, la IA conversacional o las aplicaciones de escaneo de códigos de barras podrían ayudar a los consumidores a detectar aceites de semillas ocultos. Los primeros estudios piloto demuestran que las herramientas de nutrición impulsadas por IA redujeron hasta en un 60 % los errores de lectura de etiquetas e incrementaron la confianza a la hora de hacer cambios en los alimentos. Este enfoque podría ayudar a reducir su exposición al AL sin renunciar a la comodidad, aunque se necesitan más investigaciones sobre sus efectos en los resultados de salud en el mundo real.

• El modelo enfatiza la importancia de la autofagia y la reparación de las mitocondrias: la autofagia es el sistema de reciclaje de su cuerpo, y la mitofagia es el proceso que limpia las mitocondrias dañadas. El ayuno intermitente activa estos procesos a través de las enzimas.

En estudios con ratones, sólo 24 horas de ayuno duplicaron los marcadores clave de la autofagia y aceleraron la eliminación de las mitocondrias dañadas. Esto ayuda a restaurar la capacidad energética de las células, reducir los radicales libres dañinos y romper los ciclos de inflamación crónica.

• El ejercicio es una terapia fundamental: la actividad física regular es una de las formas más poderosas de restaurar la salud de las mitocondrias. Estimula la producción de mitocondrias nuevas, mejora la sensibilidad a la insulina y reduce la inflamación sistémica. Cuando se combina con una alimentación baja en AL, el ejercicio combate el estado “sedentario y sobrealimentado” que empeora el daño de los aceites de semillas. Hábitos simples como caminar, hacer entrenamiento de resistencia o andar en bicicleta, contrarrestan de forma directa el entorno celular que promueve el cáncer.

Algunas estrategias clave y desafíos reales para restaurar un entorno resistente al cáncer

Sus células tienen un sistema que ayuda a producir energía, este sistema ayuda a crear mitocondrias, lo que ayuda a que su cuerpo funcione de forma correcta. En estudios sobre cáncer de mama, próstata y piel, reforzar este proceso revirtió cambios dañinos en el metabolismo celular y ralentizó el crecimiento del tumor. También mantiene sus células en óptimas condiciones porque elimina las mitocondrias dañadas para que las sanas funcionen mejor. Fortalecer sus mitocondrias es clave para protegerse del cáncer.

• La restauración intestinal es parte fundamental de esta estrategia: el enfoque secuencial de carbohidratos por etapas evita los peligros de la falta de carbohidratos y la sobrecarga repentina de fibra. Comenzar con alimentos bajos en fibra, como el arroz blanco, y luego agregar de forma gradual frutas, vegetales de raíz y otro tipo de vegetales, permite restaurar los microbios saludables sin alimentar las bacterias que causan inflamación.

Cuando se restablece este equilibrio, menos endotoxinas se filtran al torrente sanguíneo, lo que reduce el estrés en el hígado, el tejido graso y el sistema inmunológico. Sus elecciones alimentarias determinan la fortaleza de su barrera intestinal y su resistencia a la inflamación sistémica.

• La aspirina en dosis bajas y los antioxidantes específicos son otros complementos beneficiosos: la aspirina en dosis de 75 a 100 miligramos (mg) al día reduce en hasta un 50 % la producción de prostaglandinas inflamatorias en solo 24 horas. Esto podría interrumpir los ciclos hormonales que alimentan ciertos tipos de cáncer, en particular el cáncer de mama y el cáncer colorrectal que se relaciona con la obesidad.

Mientras tanto, los antioxidantes dirigidos a las mitocondrias se concentran justo donde se produce el daño, por lo que, protegen el ADN y las membranas mitocondriales de la peroxidación que causa el AL. A diferencia de los suplementos antioxidantes, estos agentes actúan en dosis nanomolares, lo que mantiene la señalización.

• El sueño y el estrés también tienen un impacto profundo en el entorno: dormir bien reduce el cortisol entre un 20 % y un 30 %, calma el sistema nervioso y disminuye los marcadores inflamatorios. Tener niveles óptimos de selenio y magnesio también fortalece las defensas antioxidantes y estimula el metabolismo de energía. Dejar de fumar y limitar la exposición a las toxinas ambientales reduce aún más la carga oxidativa, lo que maximiza los beneficios de las estrategias alimentarias y de estilo de vida.

• Aún existen desafíos para implementarlo en el mundo real: incluso las personas más motivadas en los ensayos de alimentación tuvieron dificultades para mantener el AL por debajo del 3 % de las calorías. El AL es un ingrediente muy común en comidas de restaurantes, alimentos procesados y botanas que se consideran “saludables”.

Además, reducir los niveles en los tejidos toma tiempo, lo que significa que podría tardar meses en ver cambios en la composición de la grasa almacenada. El costo, las preferencias culturales y los mensajes contradictorios sobre salud pública hacen el camino aún más difícil. Pero, las herramientas digitales y la orientación clínica podrían ser de gran ayuda.

• Se necesitan más datos humanos: si bien los estudios preclínicos demuestran que los niveles elevados de AL promueven el crecimiento de tumores a través de la inflamación, el estrés oxidativo y la disfunción mitocondrial, los estudios en humanos han obtenido resultados mixtos. Algunos análisis epidemiológicos no encontraron ninguna relación, mientras que otros sugirieron relaciones inversas en ciertos tipos de cáncer.

Las diferencias en los perfiles genéticos, el equilibrio de omega-3 y la calidad de la alimentación podrían estar detrás de estas diferencias. Esto demuestra por qué es clave llevar una nutrición personalizada (adaptar estrategias en función del metabolismo de cada persona).

Estrategias para restaurar su entorno y reducir su exposición al ácido linoleico

El siguiente paso es solucionar la causa subyacente: los niveles elevados de AL de aceites de semillas. Es fundamental restaurar el entorno dentro de su cuerpo para que su metabolismo, su intestino y sus mitocondrias funciones de forma correcta. Piense en cambios simples como agregar poco a poco carbohidratos saludables a su alimentación y adoptar hábitos que lo ayuden a ser constante. Para más detalles sobre los riesgos del consumo excesivo de AL, lea la versión simplificada de mi artículo.

1. Remplazar los aceites de semillas y limitar el consumo de AL al 2 % o 3 % de sus calorías diarias: comience por su cocina, olvídese de la soya, el maíz, el cártamo, el girasol y el aceite vegetal genérico, y remplácelos con mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee, sebo de res o aceite de coco. Enfóquese en las comidas caseras, y cuando coma fuera de casa, pida que le cocinen con mantequilla en lugar de aceite de semillas. Lea bien las etiquetas de todo: aderezos, salsas, bocadillos “saludables”, galletas, mantequillas de frutos secos. Si encuentra estos aceites en la lista de ingredientes, regrese el producto.

Si no tiene tiempo, utilice una aplicación de supermercado con escaneo de códigos de barras o un verificador de ingredientes con inteligencia artificial para detectar rápido los aceites de semillas ocultos. Para realizar un seguimiento de su consumo, le recomiendo que descargue mi aplicación Mercola Health Coach cuando esté disponible. Tiene una función que se llama Seed Oil Sleuth, que monitorea el consumo de AL hasta una décima de gramo, lo que ayudará a proteger su metabolismo.

2. Agregar los carbohidratos saludables a través de un enfoque de dos fases para calmar el intestino y restaurar la energía: la fase 1 implica el uso de carbohidratos fáciles de digerir, como arroz blanco y jugo de fruta sin pulpa, para restaurar el glucógeno sin alterar el intestino. Realice un seguimiento de síntomas como distensión, gases y cambios en las heces durante una o dos semanas.

Luego, en la fase 2 (fibra fermentable) se introducen vegetales de raíz cocidos, frutas enteras y un poco de otras fibras. El objetivo es que sus heces tengan una forma regular, no experimente distensión y se sienta con energía. Si tiene intestino sensible, entonces debe hacerlo de una forma aún más gradual. Su microbioma necesita tiempo para repoblar las especies que producen butirato.

3. Activar el proceso de limpieza celular para reparar las mitocondrias: trate de comer dentro de un período de ocho horas al día, por ejemplo, de 10 a.m. a 6 p.m., y ayunar las otras 16 horas. Rompa el ayuno con una comida rica en proteínas y más tarde, cuando esté más activo, consuma carbohidratos. Implemente una rutina para dormir: una hora fija para acostarse y otra para despertarse, una habitación oscura y fresca, luces tenues al atardecer y relajarse 30 minutos antes de irse a la cama.

Reducir las hormonas del estrés por las noches promueve la autofagia y ayuda a mantener la inflamación bajo control. Para reforzar sus mitocondrias, consuma alimentos como productos lácteos de animales alimentados con pastura o grasa de rumiantes para el C15:0; carnes y huevos de gallinas camperas para la carnitina; productos agrícolas coloridos para el equilibrio redox.

4. Reforzar sus mitocondrias con movimiento: comprométase a caminar todos los días y realizar dos o tres sesiones de entrenamiento de resistencia a la semana. El entrenamiento moderado es mejor que el ejercicio de alta intensidad. Consuma carbohidratos cuando haga este tipo de esfuerzo, un poco antes para combustible, un poco después para la recuperación.

Esto mantiene las hormonas del estrés bajo control y pone al músculo por encima de la grasa. Si es una persona sedentaria, comience con 10 minutos de caminata después de comer. Si ya hace entrenamiento con pesas, enfóquese en incrementar poco a poco el peso o las repeticiones en movimientos básicos, como sentadillas, levantamientos de peso muerto, presses y remos.

5. Mantener la constancia con un seguimiento sencillo y límites claros: establezca un límite semanal para el AL; por ejemplo, "nada de aceites de semillas en casa, máximo una comida en restaurante". Tómelo como un juego, digamos que, cinco días sin consumir AL equivalen a una comida más flexible. Realice un seguimiento de tres señales durante dos semanas: energía matutina, bienestar digestivo y claridad después de comer. Si nota algo raro en estas tres señales, significa que hay algo que debe cambiar.

Prepare un menú predeterminado: huevos y fruta; arroz blanco con carne cocida en mantequilla o ghee; papas y vegetales con sebo; yogur sin pasteurizar de animales alimentados con pastura si lo tolera. Mantenga estos ingredientes a la mano para que sea más fácil tomar decisiones. Este enfoque aborda la causa subyacente (el exceso de AL) y luego restablece el manejo de energía, el equilibrio intestinal y la resiliencia mitocondrial con ayuda de hábitos diarios.

Preguntas frecuentes sobre el AL y el riesgo de cáncer

P: ¿Por qué el AL incrementa el riesgo de cáncer?

R: El exceso de AL de aceites de semillas como soya, maíz, cártamo y girasol se oxida fácil y crea subproductos tóxicos que dañan el ADN, las proteínas y las mitocondrias. Esto causa inflamación, debilita la barrera intestinal y crea un entorno dentro del cuerpo que favorece el crecimiento de tumores.

P: ¿Qué cantidad de AL se considera aceptable?

R: Mantenga su consumo de AL entre el 2 % y el 3 % de las calorías diarias totales, por debajo del promedio actual del 7 % o más que consume la mayoría de las personas que viven en los Estados Unidos. En estudios, reducir el consumo de AL a este rango redujo en casi un 20 % los marcadores de estrés oxidativo en 12 semanas.

P: ¿Qué alimentos puede utilizar en lugar de aceites de semillas?

R: Cambie los aceites de semillas industriales por grasas bajas en AL como mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee, sebo de res o aceite de coco. Cocinar en casa hace que sea más fácil controlar las fuentes de grasa, y leer bien las etiquetas ayuda a evitar los aceites de semillas ocultos en los alimentos procesados.

P: ¿Cómo puedo reforzar mi salud intestinal mientras reduzco los niveles de AL?

R: Consumir carbohidratos en enfoque de dos fases funciona mejor: comience con alimentos fáciles de digerir como arroz blanco y jugo de fruta sin pulpa para recuperar la energía, luego agregue poco a poco alimentos ricos en fibra como frutas y vegetales de raíz para restaurar el microbioma sin alterar su intestino.

P: ¿Qué hábitos diarios ayudan a reparar mis células y reducir mi riesgo de cáncer?

R: La alimentación con restricción de tiempo, el sueño de calidad, el manejo del estrés y el ejercicio regular promueven la autofagia y la renovación mitocondrial. La constancia es más importante que la perfección: caminar después de comer, incrementar poco a poco el peso en su entrenamiento de fuerza y llevar una alimentación baja en AL ayudará a fortalecer sus defensas.


🔎Fuentes y Referencias: