📝 HISTORIA EN BREVE

  • Una de cada tres personas en Europa no sabe definir bien la cistitis como una infección de la vejiga, y los adultos jóvenes tienen poco conocimiento de estas afecciones comunes
  • Si bien las infecciones urinarias pueden ocurrir en cualquier parte del tracto urinario, la cistitis afecta solo a la vejiga; la pielonefritis afecta a los riñones y requiere atención urgente
  • Los estudios demuestran que hasta el 85 % de los diagnósticos de infección urinaria pueden ser erróneos, ya que suelen confundir la colonización bacteriana inofensiva con una infección real que requiere tratamiento
  • Los casos leves y sin complicaciones suelen resolverse con hidratación y control de los síntomas; el uso excesivo de antibióticos genera una resistencia peligrosa y debe evitarse siempre que sea posible
  • Reducir el consumo de carne de animales criados en granjas industriales, practicar una higiene adecuada, utilizar productos con azul de metileno o arándano y exponerse a la luz del sol podría ayudar a prevenir infecciones recurrentes

🩺 Por el Dr. Mercola

El nivel de concienciación sobre las infecciones del tracto urinario (ITU) es mucho menor de lo que cabría esperar, dada la frecuencia con la que se producen estas afecciones. En una encuesta internacional reciente que publicó la Asociación Europea de Urología, una de cada tres personas de Europa no pudo definir de forma correcta la cistitis como una infección de la vejiga, y muchos la confundieron con problemas ajenos, como afecciones cutáneas o alergias.1,2

Estas faltas de conocimiento son bastante llamativas entre los adultos jóvenes. Menos de la mitad de las personas de entre 18 y 24 años de edad reconocieron la cistitis por lo que es, lo que sugiere que la educación básica sobre salud urológica no ha llegado a algunos de los grupos más vulnerables.

La misma encuesta demostró que solo alrededor de la mitad de los encuestados eran conscientes de que las mujeres se ven afectadas de manera desproporcionada por las infecciones urinarias, a pesar de la evidencia médica de que entre el 50 % y el 60 % de las mujeres experimentarán al menos una infección urinaria durante su vida. De hecho, casi uno de cada cinco hombres suponía de manera errónea que los varones tenían más probabilidades de verse afectados.

Las ideas erróneas acerca de las terminologías contribuirán a errores en los diagnósticos. De hecho, esto ya ocurre, y estas imprecisiones podrían contribuir a retrasos en el tratamiento y a resultados peores.

La diferencia entre la cistitis y una infección urinaria

La cistitis es un tipo específico de infección del tracto urinario que afecta a la vejiga, pero el término más amplio "ITU" se refiere a las infecciones que pueden ocurrir en cualquier parte del tracto urinario, incluyendo la uretra, la vejiga, los uréteres y los riñones.

Cuando la infección se localiza en las vías urinarias inferiores, suele manifestarse como uretritis o cistitis. Si se extiende hacia arriba, podría afectar a los riñones en una afección conocida como pielonefritis, que suele ser más grave y podría poner en peligro la vida.3,4

• La causa más común tanto de cistitis como de otras infecciones urinarias: la Escherichia coli uropatógena (UPEC) es la causa principal, que representa la mayoría de las infecciones en personas por lo demás sanas. Otras bacterias como Klebsiella pneumoniae, Proteus mirabilis, Enterococcus faecalis y Staphylococcus saprophyticus también son culpables importantes, en particular en ciertas poblaciones.

•Las infecciones urinarias se dividen en tipos no complicados y complicados: las infecciones no complicadas suelen producirse en personas sanas sin anomalías estructurales del tracto urinario, mientras que las infecciones urinarias complicadas se relacionan con afecciones como el uso de catéteres, la obstrucción del tracto urinario o el embarazo.

• La cistitis intersticial es otra fuente de confusión en el diagnóstico: a diferencia de la cistitis bacteriana, esta es una afección inflamatoria crónica de la pared de la vejiga sin patógenos detectables. Los pacientes podrían experimentar dolor, urgencia y frecuencia similares a los de la cistitis, pero los cultivos son negativos. Esta distinción es fundamental, ya que diagnosticar mal la cistitis intersticial como una infección recurrente podría exponer al paciente a antibióticos innecesarios sin que se alivien los síntomas.

La tabla siguiente proporciona una visión general rápida de las diferencias entre cada condición:

Cistitis (vejiga)

Vejiga (infección urinaria baja)

Ardor, urgencia, frecuencia urinaria, dolor suprapúbico; por lo general sin fiebre

Común; podría empeorar sin atención médica

Uretritis

Uretra

Ardor, posible secreción; considerar una ITS en el diagnóstico diferencial

Tratar la causa equivocada (p. ej., una ITS) provoca síntomas persistentes

Pielonefritis (riñón)

Riñones (infección urinaria superior)

Fiebre, dolor en el costado o espalda, escalofríos, náuseas

Requiere atención médica inmediata para prevenir complicaciones

¿Qué síntomas se deben considerar en las mujeres, los hombres y los adultos mayores?

La forma en que se presentan las infecciones del tracto urinario varía entre cada grupo. En las mujeres, los signos comunes son bien conocidos, e incluyen sensación de ardor al orinar, necesidad urgente y frecuente de orinar y, a veces, dolor o molestias en la parte baja del abdomen. Los hombres experimentan muchos de los mismos síntomas, pero debido a que las infecciones urinarias son menos comunes en ellos, la presencia de infección a menudo sugiere un escenario más complicado, como una afectación de la próstata.5

• Los adultos mayores son más difíciles de diagnosticar: aunque los médicos y cuidadores a menudo atribuyen la confusión o los cambios repentinos en el estado mental a las infecciones del tracto urinario, las investigaciones advierten sobre el peligro de tratar todos los casos de bacteriuria en personas mayores como si fueran infecciones.

La bacteriuria asintomática es común en este grupo de edad, y no se deben administrar antibióticos de manera automática a menos que sea necesario. El diagnóstico erróneo en los adultos mayores es bastante común y contribuye al uso excesivo de antibióticos.

• La falta de conocimiento que demostraron las encuestas públicas agravan estos problemas: por ejemplo, las mujeres jóvenes suelen subestimar su vulnerabilidad, y muchas asumen de manera equivocada que los métodos anticonceptivos como la píldora protegen contra las infecciones de vejiga. Esto hace que pierdan oportunidades de prevención y que sufran de forma innecesaria cuando se producen las infecciones.

¿Cómo se diagnostican las infecciones urinarias (y por qué tantas se diagnostican mal)?

El proceso de diagnóstico es sencillo, pero las limitaciones de los métodos actuales hacen que los casos de infección urinaria mal diagnosticados sean frecuentes. Por ejemplo, las clínicas suelen utilizar las pruebas de orina con tiras reactivas por su rapidez y asequibilidad, ya que detectan nitritos y esterasa leucocitaria, que son indicadores típicos de la presencia de bacterias y de inflamación. Sin embargo, estas pruebas son propensas a dar falsos negativos y no pueden identificar el organismo específico que se involucra.6,7

• El urocultivo se ha considerado durante mucho tiempo el método de referencia: los resultados con un recuento bacteriano de al menos 100 000 unidades formadoras de colonias (UFC) por mililitro sirven como umbral diagnóstico. Sin embargo, las mujeres con síntomas claros podrían tener recuentos de hasta 1 000 por mililitro de orina, lo que significa que los criterios de cultivo tradicionales pasan por alto muchos casos relevantes a nivel clínico.

Además, los cultivos podrían dar negativo incluso cuando hay bacterias presentes en la vejiga, lo cual es un fenómeno cada vez más reconocido gracias a las técnicas de diagnóstico avanzadas.

• El diagnóstico erróneo también se produce porque los síntomas similares a los de una infección urinaria podrían coincidir con los de otras afecciones: las infecciones de transmisión sexual (ITS), la vejiga hiperactiva y la cistitis intersticial podrían imitar los síntomas de la cistitis, y si los médicos confían solo en los resultados de los cultivos, corren el riesgo de clasificar de forma errónea o pasar por alto estas posibilidades.

• Las nuevas pruebas podrían ofrecer resultados más precisos: las herramientas avanzadas, como los cultivos de orina cuantitativos extendidos, la espectrometría de masas y los paneles de reacción en cadena de la polimerasa (PCR) multiplex, son prometedoras para detectar patógenos que evaden las pruebas estándar. Aunque todavía no están al alcance de todos, son un ejemplo de por qué confiar solo en la cultura convencional podría resultar engañoso.

La siguiente tabla brinda una visión general de los métodos actuales de diagnóstico de infecciones del tracto urinario:

Tira reactiva de orina: nitrito

Conversión bacteriana de nitrato → nitrito (a menudo E. coli)

Rápido; buena confirmación cuando es positivo con síntomas

Falso negativo con bacterias que no producen nitritos, tiempo de permanencia corto en la vejiga, contenido elevado de vitamina C; falso positivo por contaminación

Es útil cuando se combina con los síntomas clásicos; no se debe tratar un resultado positivo aislado sin síntomas

Tira reactiva de orina: esterasa leucocitaria

Marcador de glóbulos blancos

Sensible a la inflamación

No es específico de infección (podría reflejar irritación, vaginitis, ITS); dilución → falso negativo

Solo un indicio de apoyo; su ausencia no descarta por completo una infección urinaria si los síntomas coinciden

Microscopía (piuria, bacteriuria)

Células y organismos

Brinda contexto más allá de la simple medición

La piuria podría presentarse sin infección; la contaminación altera los resultados

Interpretar según la historia clínica/examen físico; repetir la prueba de aspiración limpia si es probable la contaminación

Cultivo de orina

Identifica patógenos y susceptibilidades

Método de referencia cuando hay síntomas; guía para el uso de antibióticos

La ausencia de crecimiento no explica todos los casos de disuria (considere la uretritis, la cistitis intersticial/síndrome de dolor vesical); respuesta más lenta

Indicado para casos recurrentes, atípicos, durante el embarazo, febriles o que no remiten; evitar el cultivo en pacientes asintomáticos

Prueba de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT)/Prueba de ITS (cuando esté indicada)

Clamidia, gonorrea, etc.

Reglas en causas no relacionadas con infecciones del tracto urinario

Asumir que “todo ardor = infección urinaria” es un error

Considerar en pacientes con vida sexual activa con síntomas/secreción uretral

¿Los antibióticos son necesarios para tratar una infección urinaria?

La respuesta corta es no. No todas las infecciones urinarias requieren tratamiento con antibióticos. En mujeres por lo demás sanas con síntomas leves, muchas infecciones de vejiga no complicadas podrían resolverse por sí solas con hidratación y control de los síntomas.8,9

• Las guías clínicas enfatizan un enfoque más matizado: los antibióticos solo deben considerarse en casos especiales en los que la infección se haya extendido a los riñones, como en el caso de las mujeres embarazadas, y cuando los pacientes presenten síntomas sistémicos como fiebre o dolor en el costado. Esto se hace para reducir el riesgo de bacterias resistentes a los antibióticos, que podrían causar problemas a largo plazo.

• El uso de antibióticos de primera línea ha cambiado en respuesta al aumento de la resistencia bacteriana: hoy en día, se utilizan de forma rotatoria algunos medicamentos como la nitrofurantoína, la fosfomicina y la pivmecilinam, mientras que no se recomienda el uso de fluoroquinolonas y aminopenicilinas debido a sus tasas elevadas de fracaso y al riesgo de efectos secundarios duraderos.

Según la encuesta de Urology Week, el 16 % de los encuestados todavía cree que los antibióticos son necesarios siempre. Esta creencia promueve el uso excesivo de antibióticos y acelera el aumento de patógenos resistentes.10 Por eso es importante considerar primero las estrategias naturales.

¿Cómo puedo prevenir la cistitis y las infecciones urinarias?

La prevención es importante para las personas que sufren infecciones recurrentes. Algunas estrategias benefician a todas las personas, mientras que otras son más apropiadas para determinados grupos.11

• Aumentar el consumo diario de líquidos: esto tiene un efecto bien documentado para reducir la recurrencia y es una de las medidas más sencillas disponibles. También se recomienda orinar después de la actividad sexual, en especial para las mujeres jóvenes, ya que ayuda a eliminar las bacterias del tracto urinario. Una higiene adecuada, como limpiarse de adelante hacia atrás, es una medida fundamental para la prevención.

• Para las mujeres en etapa posmenopáusica: la terapia con estrógenos locales podría ayudar a restaurar el equilibrio de Lactobacillus protectores en la microbiota vaginal y reducir la recurrencia.

También es común el uso de suplementos como los extractos de arándano y la D-manosa. En algunos estudios, los productos naturales de arándano parecen reducir la recurrencia, pero no en otros, mientras que la D-manosa interfiere con la adhesión bacteriana a la pared de la vejiga, lo que ofrece una posible opción no antibiótica. El hipurato de metenamina, que es un antiséptico urinario, cuenta con evidencia moderada que respalda su uso en la prevención, aunque no es adecuado para todos los pacientes.

• Las estrategias de prevención son más efectivas cuando se adaptan a las circunstancias de cada persona: se recomienda la prevención de las infecciones urinarias después del coito mediante la micción, mientras que la terapia con estrógenos se reserva para las mujeres en etapa posmenopáusica y los suplementos de D-manosa podrían ofrecer apoyo adicional en los casos adecuados. Asegúrese de consultar a su médico para elaborar un programa específico para sus circunstancias actuales.

¿Cuándo debo consultar a un médico o acudir a un centro de atención de urgencias?

Aunque muchas infecciones urinarias son leves y se resuelven por sí solas, existen circunstancias en las que la atención médica es esencial. La fiebre, el dolor en el costado y los escalofríos indican una afectación renal que requiere tratamiento urgente.

• Otros marcadores a tener en cuenta: la sangre en la orina, infecciones recurrentes en un periodo corto de tiempo o cualquier infección que ocurra durante el embarazo también requieren atención profesional. Si los síntomas leves no mejoran en dos o tres días de autocuidado, consulte a un médico de inmediato.

• Los adultos sanos con síntomas leves de vejiga podrían monitorearse de forma segura: tenga en cuenta que esto solo debe durar uno o dos días mientras aumenta el consumo de líquidos. Si los síntomas persisten o empeoran, deben consultar a un médico. Los casos más graves, en especial aquellos que implican síntomas sistémicos, requieren una evaluación urgente en atención primaria o en urgencias.

Confiar demasiado en los análisis de orina podría resultar contraproducente

Millones de personas acuden cada año a la sala de urgencias debido a que padecen infecciones urinarias recurrentes, y sus diagnósticos a menudo son erróneos. El Dr. Nick Schneeman, especialista en geriatría, ha criticado la tendencia en medicina de asumir siempre que un adulto mayor que de repente se siente débil, desorientado o mareado tiene una infección urinaria.

En su artículo de opinión para TIME, el Dr. Nick señaló la rapidez con que se solicitan análisis de orina en estos casos y la frecuencia con que se recetan antibióticos cuando aparecen bacterias, incluso si el paciente nunca reportó síntomas característicos como dolor al orinar, urgencia frecuente o urgencia repentina.12

• El problema del diagnóstico erróneo se ha vuelto común: más de la mitad de todas las mujeres recibirán en algún momento un diagnóstico de infección urinaria, pero las investigaciones han revelado tasas elevadas de exceso de diagnóstico. En algunas regiones, los estudios sugieren que hasta el 85 % de los casos podrían estar mal diagnosticados. Un análisis que se realizó en 2020 en 43 hospitales descubrió que tres de cada cuatro pacientes diagnosticados con una infección urinaria en realidad no cumplían con los criterios clínicos.

• Los adultos mayores son más vulnerables: muchas personas ya portan bacterias inofensivas en la orina o la vejiga, lo cual es un estado conocido como colonización, que no requiere medicamentos. Por desgracia, esto se suele confundir con una infección. La dificultad de obtener muestras de orina limpias de personas frágiles o postradas en cama, en particular aquellas que utilizan pañales para adultos, agrava el problema. La contaminación es común y a menudo produce resultados engañosos.

• Los médicos recurren a la comodidad de las pruebas: el cultivo de orina es rápido y sencillo, por lo que se ha convertido en un procedimiento habitual en los hospitales y las clínicas. Pero no se debe confundir la comodidad con la precisión, ya que confiar en los resultados de laboratorio sin relacionarlos con los síntomas reales del paciente conlleva el riesgo de tratamientos innecesarios y no permite llegar a la causa subyacente del problema.

Aborde las infecciones urinarias con estas estrategias

Si ha lidiado con infecciones urinarias recurrentes, es hora de examinar más de cerca la causa. Las infecciones urinarias se diagnostican mal con frecuencia, en especial en los adultos mayores, y a menudo se recetan antibióticos sin que se comprenda bien el problema subyacente.

Ese enfoque no solo no resuelve el problema, sino que además podría causar daño. En lugar de solo confiar en las soluciones rápidas, enfóquese en las medidas prácticas que aborden las causas fundamentales y reduzcan las recaídas:

1. Reconsidere su alimentación, en especial en lo que respecta a la carne: las investigaciones demuestran que ciertas cepas de E. coli que causan infecciones urinarias entran al cuerpo a través de los alimentos, en particular del pollo de granja industrial, pero también de la carne de cerdo y de vaca de operaciones concentradas de alimentación animal (CAFO). Por lo tanto, reducir o eliminar de su alimentación las carnes de granjas industriales, en particular las de aves de corral, podría disminuir el riesgo de exposición a bacterias resistentes.

Si decide consumir productos animales, opte por la carne de res de animales alimentados con pastura u opciones de animales criados en pasturas de agricultores que utilicen prácticas biodinámicas y regenerativas. El pollo, en particular las variedades orgánicas y camperas, es más seguro. Sin embargo, no lo recomiendo porque la carne de pollo suele contener cantidades elevadas de ácido linoleico.

2. Los buenos hábitos de higiene son fundamentales para la prevención: los hábitos cotidianos pueden tener efectos significativos. Por ejemplo, siempre límpiese de adelante hacia atrás después de usar el baño para reducir la posibilidad de transferir bacterias hacia la uretra. Si es propenso a las infecciones urinarias, o si cuida a alguien con riesgo elevado, un bidé podría ser más efectivo que el papel higiénico para reducir la propagación de bacterias.

En general, es preferible ducharse que bañarse, y un lavado rápido antes de la actividad sexual puede marcar una diferencia significativa a la hora de prevenir que las bacterias entren en el tracto urinario.

3.Considere estrategias naturales que refuercen las defensas del tracto urinario: el azul de metileno de grado farmacéutico se ha estudiado por su habilidad para concentrarse en la vejiga y suprimir de forma directa las bacterias dañinas, lo que proporciona un enfoque específico sin alterar en gran medida la microbiota del organismo, como suelen hacer los antibióticos.

Si tiene una infección urinaria, tomar una tableta de 65 miligramos tres veces al día con agua y alimentos podría ayudar. Combinar esto con arándanos rojos orgánicos o jugo de arándano rojo sin azúcar proporciona una defensa adicional, ya que dificulta que las bacterias se adhieran al revestimiento del tracto urinario. Ambas estrategias forman un buen dúo protector.

4. No subestime el poder de la luz del sol: exponerse a la luz del sol de forma adecuada estimula la producción de energía celular, lo que fortalece la habilidad del sistema inmunológico para combatir las infecciones. Sin embargo, si su alimentación aún contiene cantidades elevadas de AL que proviene de aceites vegetales como el de soya, maíz o canola, su piel es más vulnerable al daño ultravioleta.

El ácido linoleico se acumula en los tejidos y se oxida rápido bajo la luz del sol, lo que provoca inflamación y estrés oxidativo. Eliminarlos de su alimentación durante varios meses crea las condiciones para una exposición al sol más segura durante las horas de mayor intensidad, lo que en última instancia favorece la función de las mitocondrias y la resistencia inmunológica. Si desea obtener una explicación más detallada de este enfoque, consulte: "La grasa perjudicial que debe limpiar de su cuerpo: hágalo de esta manera".

5.Implemente la conexión con la tierra o "grounding": se trata de un enfoque en el que se reconecta, en sentido literal, con el campo eléctrico de la Tierra para restablecer el equilibrio de las células. Sin embargo, no todos los entornos son igual de beneficiosos.

En gran parte de América del Norte, las interferencias electromagnéticas que provienen de líneas eléctricas y la infraestructura urbana suelen interrumpir la conexión con la tierra. Sin embargo, el océano proporciona una conexión más limpia. El agua salada conduce la energía de manera efectiva, lo que permite que su cuerpo libere el exceso de carga y restablezca su estado eléctrico natural. Por lo tanto, caminar descalzo por la orilla del mar o sumergirse en él podría ser una forma más efectiva de experimentar los beneficios de la conexión con la tierra.

Preguntas frecuentes sobre la cistitis y las infecciones urinarias

P: ¿Cuál es la diferencia entre la cistitis y una infección urinaria?

R: La cistitis es un tipo específico de infección del tracto urinario (ITU) que afecta la vejiga, mientras que las ITU pueden afectar cualquier parte del tracto urinario, incluyendo la uretra, la vejiga, los uréteres o los riñones. Una infección de vejiga suele ser incómoda pero rara vez peligrosa si se trata, mientras que una infección urinaria superior como la pielonefritis (infección renal) podría llegar a ser grave.

La cistitis intersticial, que a veces se confunde con las infecciones bacterianas, es una afección crónica de la vejiga no causada por bacterias y requiere un tratamiento diferente.

P: ¿Cuáles son los síntomas que indican que una infección urinaria requiere atención urgente?

R: La mayoría de las infecciones de vejiga causan ardor al orinar, urgencia o frecuencia, y estas a menudo se pueden controlar con cuidados sencillos. Pero existen síntomas que indican que existe una infección más grave. Si presenta fiebre, dolor en el costado, escalofríos o náuseas, es posible que la infección se haya extendido a los riñones y requiera atención médica de inmediato. La presencia de sangre en la orina, los síntomas persistentes que duran más de dos o tres días, o cualquier infección durante el embarazo también son señales de alarma urgentes.

P: ¿Cuáles son las preguntas más frecuentes sobre las infecciones urinarias?

R: Los pacientes a menudo preguntan sobre las causas de las infecciones urinarias, si se pueden prevenir, si son contagiosas y cómo se tratan. Muchas personas también se preguntan si los hombres pueden contraer infecciones urinarias, cómo afectan a los niños y si los hábitos de vida, como la actividad sexual o la higiene, aumentan el riesgo. Estas preguntas reflejan la incertidumbre que muchas personas sienten al enfrentarse a síntomas recurrentes o confusos.

P: ¿Cuántas infecciones urinarias se consideran "recurrentes" y quiénes están en riesgo?

R: Los médicos suelen definir las infecciones urinarias recurrentes como tres o más infecciones en un solo año o dos o más en seis meses. Las mujeres, los adultos mayores y las personas con problemas estructurales en las vías urinarias son las que corren más riesgo. El embarazo también altera los patrones de riesgo debido a los cambios hormonales y a las variaciones en el flujo urinario.

P: ¿Qué debo preguntarle a mi médico para prevenir infecciones urinarias (incluidas las que ocurren durante el embarazo) en el futuro?

R: Si ha tenido más de una infección, le recomiendo consultar a su médico sobre estrategias para reducir su riesgo. Entre las preguntas se incluyen si se debe beber más líquidos, orinar después de una relación sexual o considerar tomar suplementos como el arándano o la D-manosa. Las mujeres en etapa posmenopáusica deberían consultar sobre los estrógenos vaginales, mientras que las mujeres embarazadas deberían preguntar qué medidas preventivas son seguras durante el embarazo y si los antibióticos son necesarios para la bacteriuria asintomática.

P: ¿Cuáles son las tres preguntas que debo hacerme antes de asumir que se trata de una infección urinaria?

R: "¿Presento los síntomas clásicos de una infección urinaria, como dolor o ardor al orinar, urgencia o frecuencia?", otra pregunta es: "¿podrían estos síntomas deberse a otra causa, como irritación vaginal o una ITS?", y, por último, "¿tengo otros síntomas, como fiebre o dolor en el costado, que podrían indicar algo más grave?". Reflexionar sobre estas preguntas podría ayudarlo a decidir si debe intentar automedicarse por un periodo breve, llamar a su médico o acudir a urgencias.

P: ¿Qué suelen preguntar las pacientes sobre las infecciones urinarias recurrentes y los estrógenos vaginales?

R: Los urólogos suelen recibir preguntas sobre por qué las infecciones urinarias reaparecen, si los antibióticos son la única solución y si los suplementos o las estrategias no antibióticas pueden ayudar. Para las mujeres en etapa posmenopáusica, una de las preguntas más comunes es sobre el estrógeno vaginal, e incluyen cuestiones sobre qué es, si funciona y si es seguro. Los médicos suelen explicar que el estrógeno ayuda a restaurar la flora bacteriana saludable en el entorno vaginal y disminuye la recurrencia, pero solo se recomienda para abordar ciertos casos.