📝HISTORIA EN BREVE
- Una sola lata de refresco de cola llena su cuerpo con fosfato inorgánico de alta absorción, lo que causa cambios hormonales que alteran la vitamina D, el equilibrio del calcio y la función de los riñones
- El fosfato en los refrescos estimula la producción de FGF23, que es una hormona que acelera la calcificación vascular, debilita los huesos e incrementa el riesgo a largo plazo de infarto o derrame cerebral, incluso si sus análisis parecen normales
- A diferencia de las fuentes naturales, los aditivos de fosfato que se agregan a los refrescos se absorben rápido y tienen la capacidad de atravesar las barreras digestivas, por lo que, cada sorbo representa una amenaza silenciosa para los riñones y las arterias
- Cuando se combina con jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), el daño en el metabolismo es peor, ya que el JMAF promueve la grasa hepática, incrementa los niveles de ácido úrico y causa resistencia a la insulina, mientras que el fosfato altera el equilibrio hormonal y mineral
- Remplazar los refrescos con agua mineral de cítricos, glicinato de magnesio y vitamina K2 ayuda a fortalecer los huesos, proteger el corazón y revertir el daño silencioso que deja el fosfato
🩺Por el Dr. Mercola
El azúcar refinada no es el único ingrediente dañino que contiene el refresco de cola, de hecho, una sola lata llenará su cuerpo de sustancias que el cuerpo absorbe en cuestión de minutos y que causan un daño importante en el metabolismo. Si bien la mayoría de las personas ya conocen los peligros del jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF), pocos saben que el verdadero daño proviene del fosfato que contienen estos productos.
El refresco de cola contiene ácido fosfórico, que se agrega para darle sabor y prolongar su vida útil, pero es un tipo de fosfato inorgánico que el cuerpo absorbe casi por completo, lo que provoca que el torrente sanguíneo reacciona rápido. Los niveles de fosfato incrementan en cuestión de minutos (entre 30 y 60), lo que a su vez, estimula la producción de la hormona llamada factor de crecimiento de fibroblastos 23 (FGF23). Este incremento provoca una reacción hormonal en cadena que altera la absorción de calcio, inhibe la vitamina D y causa estrés en los riñones, y estos son factores que promueven el endurecimiento de las arterias.
A diferencia del azúcar, el fosfato que contienen los refrescos actúa como un disruptor hormonal oculto. Con cada sorbo, se produce un daño en el sistema endocrino. Y no importa si se considera una persona sana, ya que incluso los adultos jóvenes sin enfermedades crónicas experimentan un incremento importante en sus niveles de FGF23 en cuestión de horas.
Lo peor de todo es que, el cuerpo no tiene la capacidad para regular este tipo de exposición al fosfato. Si bien las fuentes de alimentos naturales contienen fosfato que está unido a proteínas o fitato, lo que retarda su absorción, el fosfato en los refrescos es inorgánico, lo que significa que entra rápido a su sistema. Además, tiene la capacidad de evadir las defensas digestivas, lo que deja expuestos a los órganos.
Por lo que, se convierte en una carga que los riñones no pueden controlar, y eso a la larga, tiene un impacto importante en las arterias. Por esa razón, cuando se trata del consumo de refrescos, el azúcar es la menor de las preocupaciones una vez que consideramos sus demás ingredientes, que incluyen la fructosa y el fosfato. Ahora hablemos a mayor detalle sobre estos dos ingredientes.
Los ingredientes más dañinos en una lata de refresco de cola
Una lata de refresco, no es una bebida dulce cualquiera, es una mezcla concentrada de compuestos biológicamente activos que dañan su metabolismo. Cada porción de 12 onzas de refresco de cola contiene ingredientes que afectan su salud de diferentes maneras, y algunos son mucho más dañinos de lo que parecen.
• Jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF-55, ~39 gramos de azúcar total): el JMAF-55 se compone de un 55 % de fructosa y un 45 % de glucosa. Si bien la glucosa incrementa los niveles de azúcar y estimula la insulina, es la fructosa la que causa el mayor daño. Primero, afecta el hígado,
ya que esta fructosa se utiliza para producir grasa en este órgano, lo que incrementa la carga de grasa y los niveles de triglicéridos. Al mismo tiempo, estimula la producción de ácido úrico, lo que causa estrés oxidativo, incrementa la presión arterial y daña las mitocondrias. Con el tiempo, esta combinación provoca resistencia a la insulina, que es la característica principal de enfermedades como la obesidad, la diabetes y los problemas cardiovasculares.
• Ácido fosfórico (~50 a 60 miligramos (mg) de fósforo elemental): aquí es donde las cosas se ponen peores. A diferencia del fosfato que se encuentra en los alimentos enteros, el tipo de fosfato que contiene un refresco de cola es inorgánico y de alta absorción. Esto significa que su cuerpo lo absorbe casi todo, y lo hace en cuestión de minutos, lo que obliga a los riñones y a los huesos a trabajar el doble para tratar de compensar este efecto.
Este tipo de fosfato incrementa los niveles de FGF23, que es una hormona que inhibe la vitamina D, altera el metabolismo del calcio y obliga a los riñones a desperdiciar fosfato en un esfuerzo por proteger el torrente sanguíneo. Por lo que, la exposición crónica causará rigidez vascular e incrementará el riesgo cardiovascular, incluso en personas sin problemas renales.
• Cafeína, color caramelo y saborizantes artificiales: no podemos dejar a un lado estas sustancias. La cafeína en sí acelera la pérdida de calcio a través de la orina, lo que empeora el desequilibrio calcio-fosfato que causa el ácido fosfórico.
El color caramelo, sobre todo el tipo que se procesa con sulfito de amoníaco, representa otra amenaza importante porque es una fuente de productos finales de glicación avanzada (AGE). Estos compuestos causan inflamación, estrés oxidativo y aceleran el envejecimiento de los tejidos. Los saborizantes artificiales pueden parecer inofensivos, pero aún se desconoce el efecto de sus interacciones con el intestino y el hígado.
Cada uno de estos ingredientes actúa sobre una vía diferente (metabólica, endocrina, vascular), pero el verdadero problema se produce cuando comienzan a interactuar. La fructosa agota el trifosfato de adenosina (ATP) e incrementa los niveles de ácido úrico. Mientras que el fosfato altera la señalización hormonal. Y si a esto le agregamos cafeína y AGE, el resultado es una mezcla que afectará mucho más que su peso.
Los peligros del fosfato inorgánico
El fosfato que se encuentra en alimentos enteros, como la carne, huevos o legumbres, se une de forma natural a las proteínas o a compuestos vegetales como el fitato. Por lo que, tarda en metabolizarlos y solo absorbe entre el 40 % y el 60 % del fosfato, lo que representa una carga que el cuerpo puede tolerar.
Pero, el fosfato que se agrega a los refrescos es muy diferente, se trata de ácido fosfórico, que es una forma de fosfato inorgánico que no se une a nada. Evita la digestión y casi el 100 % entra directo en el torrente sanguíneo. Unos 30 a 60 minutos después, incrementa bastante los niveles de fosfato. Y el cuerpo hace todo lo posible por responder a esta situación.
• La FGF23 es la hormona que activa el modo de controla de daños del metabolismo: este incremento repentino en los niveles de fosfato estimula la producción de FGF23,1 una hormona que producen los huesos para tratar de eliminar el exceso de fosfato, pero la FGF23 inhibe la enzima 1α-hidroxilasa, que necesitan los riñones para convertir la vitamina D en su forma activa, calcitriol. Sin este tipo de vitamina D, a su cuerpo se le dificulta absorber el calcio, lo que detiene el recambio óseo y evita que las células reciban el calcio que necesitan.
• En su intento por recuperar el equilibrio, el esqueleto sufre las consecuencias: cuando bajan los niveles de calcio, se activan las glándulas paratiroides, que liberan la hormona paratiroidea (PTH), que extrae calcio de los huesos para restablecer los niveles. Pero, este proceso debilita la estructura ósea. Si bebe refresco de cola con regularidad, sus huesos estarán bajo este ataque constante.
• El fosfato también desgasta los riñones: cuando incrementan los niveles de fosfato, los riñones hacen lo posible para eliminarlo a través de la orina con el fin de mantener los niveles en la sangre bajo control. Si bien este efecto es un mecanismo de protección, tiene sus consecuencias, ya que causa microdaños, estrés oxidativo y acelera el desgaste de las estructuras de filtrado. Estos microdaños se acumulan con el tiempo, en especial si se combinan con otros factores que dañan el metabolismo como la resistencia a la insulina o los niveles elevados de ácido úrico.
Los efectos del fosfato en las arterias
No es necesario que tenga una enfermedad renal para que el fosfato destruya su corazón. Incluso si sus análisis de laboratorio parecen normales, mantener niveles elevados de fosfato dañará sus vasos sanguíneos y su corazón, y eso es justo lo que sucede cuando consume refrescos con regularidad. El daño se inicia en el torrente sanguíneo y comienza a extenderse.
• Las arterias comienzan a calcificarse: en condiciones normales, las células musculares lisas de las paredes arteriales se mantienen flexibles y elásticas. Pero, cuando mantiene niveles elevados de fosfato, esas mismas células comienzan a expresar genes que son comunes en las células formadoras de hueso. Este proceso convierte las arterias flexibles en tubos rígidos cubiertos de calcio. Una vez que comienza esta transformación, es muy difícil revertirla.
• Su sistema de defensa hormonal colapsa: los niveles elevados de fosfato no solo activan las vías de construcción ósea en sus arterias, sino que también interrumpen el ciclo de retroalimentación de protección entre la FGF23 y una proteína que se conoce como α-Klotho.2
Estos dos compuestos trabajan juntos para mantener el equilibrio entre el fosfato y el calcio. Pero, cuando el fosfato inunda su sistema, se rompe este equilibrio, lo que provoca que disminuyan los niveles de Klotho, incremente el estrés oxidativo y se endurezcan las paredes arteriales.3 Ese endurecimiento a su vez, incrementa la presión arterial y reduce el flujo sanguíneo, lo que incrementa el riesgo de infarto o derrame cerebral.
• El fosfato también incrementa el riesgo de morir a causa de una enfermedad cardíaca: en 2024, un metaanálisis demostró que las personas en el cuartil de fosfato más alto tenían un riesgo 44 % mayor de muerte cardiovascular que los participantes con menores niveles de fosfato, incluso cuando tenían una función renal normal.4 No se trata de enfermedades terminales ni de casos poco comunes, se trata de exposiciones cotidianas, como el fosfato en los refrescos, que deterioran poco a poco la resiliencia cardiovascular hasta causar daños graves.
Los efectos dañinos pasan desapercibidos
El impacto de los refrescos con alto contenido de fosfato va mucho más allá de las arterias. Lo que comienza como una bebida que a simple vista parece inofensiva, se convierte rápido en una reacción en cadena que afecta varios sistemas del cuerpo. Si bebe refresco de cola con regularidad, está poniendo en riesgo sus riñones, huesos e incluso su longevidad.
• La sobrecarga de fosfato acelera el deterioro renal, incluso antes de que aparezcan los síntomas: si ya tiene una disfunción renal leve, mantener niveles elevados de fosfato empeorará el daño. Consumir de forma regular fosfato inorgánico, como el que se encuentra en los refrescos y los alimentos ultraprocesados, acelera la progresión de la enfermedad renal crónica.5
Los riñones tienen que trabajar horas extra para eliminar el exceso de fosfato del torrente sanguíneo, lo que causa estrés oxidativo y cicatrices en las nefronas, que son los pequeños filtros dentro de los riñones que limpian la sangre. Con el tiempo, esto deteriora la función renal, incluso en personas sin diabetes, ni hipertensión. Y debido a que el daño renal no suele causar síntomas hasta las etapas avanzadas, es posible que ni siquiera sepa lo que está sucediendo.
• Los refrescos extraen el calcio del esqueleto y lo debilitan: las mujeres que beben refresco de cola cuatro o más veces por semana tienen una densidad mineral ósea mucho menor en la cadera, que es una de las zonas del esqueleto más propensas a las fracturas.6 Esta combinación de niveles elevados de fosfato y una mala absorción de calcio hace que los huesos se vuelvan porosos y frágiles, lo que incrementa el riesgo de osteoporosis y fracturas.
• El exceso de fosfato también acelera el reloj biológico: el fosfato causa daños a nivel celular. Los niveles elevados de fosfato activan la mTOR, que es un regulador clave del crecimiento y el metabolismo.7
Si bien la mTOR tiene funciones beneficiosas en entornos controlados, cuando se activa en exceso y de forma crónica daña el ADN,8 causa errores de replicación celular y senescencia prematura, que es cuando las células dejan de dividirse y entran en un estado permanente de envejecimiento. No solo se trata de la enfermedad, sino de la calidad de vida. Los refrescos que contienen fosfatos lo debilitan, lo que hace que sea más difícil para su cuerpo recuperarse, repararse y mantener la energía que necesita para prosperar.
La fructosa en los refrescos es otra amenaza grave para su metabolismo
La fructosa que contienen los refrescos también causa daños importantes. En promedio, una lata de refresco contiene alrededor de 22 gramos de JMAF, y eso es más que suficiente para crear un caos metabólico. Pero a diferencia del fosfato, cuando se trata de la fructosa, hay más cosas que puede hacer para protegerse de sus efectos negativos.
• La fructosa va directo al hígado y se convierte en grasa: a diferencia de la glucosa, que utilizan casi todas las células del cuerpo, la fructosa se metaboliza casi por completo en el hígado.
Cuando el hígado ya tiene suficiente energía (sobre todo en estados sedentarios o de alimentación excesiva), comienza a convertir esa fructosa en grasa. Esto provoca que se acumulen gotitas de grasa dentro de las células del hígado e incrementa los niveles de triglicéridos en el torrente sanguíneo. Con el tiempo, esta acumulación de grasa promueve la resistencia a la insulina, la enfermedad del hígado graso y el riesgo cardiovascular.
• El metabolismo de la fructosa produce ácido úrico como subproducto: los niveles elevados de ácido úrico causan inflamación. También alteran la disponibilidad de óxido nítrico en los vasos sanguíneos, lo que reduce su capacidad para relajarse, dilatarse y regular la presión. Los niveles elevados de ácido úrico también causan estrés oxidativo porque producen especies reactivas de oxígeno (ROS), lo que daña aún más el endotelio, que es el revestimiento de las arterias. Esto incrementa el riesgo de hipertensión problemas renales y acelera el envejecimiento.
• La fructosa alimenta a los microbios dañinos, lo que causa intestino permeable: el exceso de fructosa también altera el intestino. Alimenta a las bacterias dañinas en el intestino delgado, lo que causa disbiosis, que es el desequilibrio microbiano que debilita la barrera intestinal. Cuando eso sucede, las endotoxinas se filtran en el torrente sanguíneo. Estos fragmentos tóxicos causan inflamación sistémica, lo que contribuye al dolor articular, la confusión mental y los brotes de enfermedades autoinmunes.
• En dosis correctas, la fructosa no es dañina: el daño de la fructosa depende mucho de la dosis y el momento de su consumo. Cuando se consume con alimentos enteros y ricos en fibra, como la fruta, su daño es mucho menor. La fibra retarda la absorción, y los nutrientes de la fruta entera contrarrestan los efectos inflamatorios. Pero, en el caso de los refrescos, consume una dosis de acción rápida sin compuestos que contrarresten sus efectos negativos, por lo que, causan un daño directo en el metabolismo.
Estrategias para protegerse de los daños ocultos de los refrescos
Si bebe refrescos con regularidad, incluso sólo unas cuantas latas a la semana, significa que su cuerpo está trabajando duro para controlar la amenaza. Esa combinación de fosfato y fructosa no sólo afecta los niveles de azúcar o su peso, sino que altera sus hormonas, extrae calcio de sus huesos, endurece sus arterias y daña sus riñones.
La buena noticia es que no está condenado a quedarse así. Puede recuperar el control a partir de hoy, solo tiene que eliminar la fuente de daño y fortalecer sus defensas naturales. Si es un deportista que consume bebidas energéticas o solo le gusta beberse un refresco para darse un gusto y quiere acabar con este hábito dañino, estas estrategias lo ayudarán a proteger su metabolismo y su salud celular.
1. Sustituir los refrescos con agua mineral con cítricos frescos: si bebe refrescos de cola, incluso la variedad "de dieta o light", significa que está consumiendo una dosis de fosfato inorgánico que llega rápido a su torrente sanguíneo. Mejor opte por agua mineral y exprima un poco de limón para darle sabor. Esta bebida también lo ayudará a hidratarse, sin exponerlo al fosfato o el JMAF.
2. Dejar de consumir bebidas energéticas que contienen fosfato y optar por el agua de coco con sal marina: las bebidas energéticas o deportivas también dañan los riñones y las arterias. Por esa razón, debería sustituirlas con agua de coco con una pizca de sal marina, ya que ofrece electrolitos naturales sin el aporte de fosfato, lo que ayuda a que las células se rehidraten y recuperen sin consecuencias metabólicas.
3. Optar por barras de arroz con sal de maple en lugar de geles comerciales: si consume geles deportivos o bebidas pre-entrenamiento con sabor a cola o ácido fosfórico, es momento de hacer un cambio. Cocine un poco de arroz blanco, mézclelo con un poco de miel de maple y sal marina, coloque la mezcla en una sartén y deje enfriar. Obtendrá carbohidratos de combustión lenta, sin fosfato agregado y un mejor perfil energético que no altera su respuesta a la insulina.
4. Reforzar su sistema con glicinato de magnesio: si bebe refresco de vez en cuando, acompáñelo con unos 200 a 400 mg de glicinato de magnesio. Esto ayuda a unir el fosfato, restablecer el equilibrio del calcio y reducir el riesgo de daño vascular y renal. Es una herramienta sencilla para reducir su impacto en el metabolismo.
5. Tomar vitamina K2 (MK-7) todos los días para proteger sus arterias: la vitamina K2 activa la proteína Gla de la matriz que evita que el calcio se deposite en tejidos blandos como las arterias. Recomiendo de 100 a 200 microgramos al día. Esta es una inversión a largo plazo en la salud vascular de las personas que beben refrescos. Si ha decidido dejar de beber refresco después de años de consumo, le tengo una buena noticia, su cuerpo tiene la capacidad de recuperarse, pero solo si elimina los factores desencadenantes y le da los nutrientes que necesita para repararse.
Preguntas frecuentes sobre los refrescos que contienen fosfato
P: ¿Cuáles son los ingredientes más dañinos en los refrescos?
R: Si bien el JMAF que contienen los refrescos daña el hígado y la salud metabólica, el fosfato (sobre todo en forma de ácido fosfórico) produce un efecto más rápido y dañino. El fosfato inorgánico se absorbe casi al instante, lo que incrementa los niveles de la hormona FGF23, que inhibe la vitamina D, altera el metabolismo del calcio y daña los riñones y las arterias.
P: ¿Cómo afecta el fosfato a mis huesos y mi corazón?
R: El fosfato inorgánico produce cambios hormonales que extraen el calcio de los huesos, debilitan el esqueleto y endurecen las arterias. Cuando incrementan los niveles de FGF23 y disminuye la forma activa de la vitamina D, se altera el manejo del calcio, y además los niveles elevados de fosfato hacen que las células musculares lisas de las arterias se comporten como células óseas, lo que incrementa el riesgo cardiovascular incluso en personas sanas.
P: ¿Cuáles son los riesgos a largo plazo de beber refresco de cola con regularidad?
R: Consumir refresco con regularidad incrementa el riesgo de enfermedad renal crónica, osteoporosis, calcificación vascular y envejecimiento prematuro. Los estudios demuestran que incluso en personas sin enfermedad renal, mantener niveles elevados de fosfato causa microdaños en sus sistemas de filtrado y un mayor riesgo de mortalidad cardiovascular.
P: ¿Es dañino el JMAF que contienen los refrescos?
R: Sí, el JMAF estimula la producción de grasa en el hígado, incrementa los niveles de ácido úrico y causa disbiosis intestinal. Pero, los efectos de la fructosa dependen del contexto: la fructosa en la fruta se comporta de manera diferente que el JMAF en los refrescos debido a la presencia de fibra y nutrientes de protección. En los refrescos, la fructosa no tiene compuestos que ayuden a contrarrestar sus efectos negativos, por lo que, se absorbe rápido e interactúa con el fosfato, lo que empeora el daño.
P: ¿Qué puedo hacer para protegerme si bebo refrescos?
R: El primer paso es dejar de consumir refrescos y bebidas similares que contienen fosfato. Sustitúyalos con agua mineral y opciones de electrolitos naturales como agua de coco con sal marina. Tome glicinato de magnesio (200 a 400 mg) para contrarrestar los efectos dañinos del fosfato y considere tomar vitamina K2 (100 a 200 mcg por día) para ayudar a prevenir que el calcio se deposite en las arterias. Estas estrategias lo ayudarán a restaurar la salud de sus huesos, riñones y sistema cardiovascular.
🔎Fuentes y Referencias:
- 1 Pflugers Arch. 2024 Nov 27;477(3):495-508
- 2 Scientific Reports November 13, 2024
- 3 Nutrients 2024, 16(11), 1599
- 4 Bone 2016 Nov 12;100:87-93
- 5 Clinical Journal of the American Society of Nephrology March 20, 2025
- 6 The American Journal of Clinical Nutrition October 2006, Volume 84, Issue 4, Pages 936-942
- 7 J Am Soc Nephrol. 2016 Feb 12;27(9):2810-2824
- 8 Nutrients 2025, 17(9), 1587
