📝 HISTORIA EN BREVE
- El uso de antibióticos altera las bacterias intestinales que regulan la química cerebral y la respuesta al estrés, lo que incrementa el riesgo de ansiedad y depresión
- Estudios con humanos demuestran que los antibióticos reducen los niveles de neurotransmisores que producen la sensación de calma y activan las células inflamatorias del cerebro que se relacionan con una conducta ansiosa
- La exposición crónica o temprana a los antibióticos incrementa el riesgo a largo plazo de problemas de salud mental como ansiedad, depresión y tensión cognitiva
- Los antibióticos alteran la comunicación entre el intestino y el cerebro de tal forma que puede producir síntomas como ansiedad, trastornos de sueño e inestabilidad emocional, incluso en personas sin antecedentes de problemas de salud mental
- Reducir el uso innecesario de antibióticos y restaurar el equilibrio en el microbioma intestinal ayuda a calmar la ansiedad, ya que aborda la causa biológica en lugar de solo enmascarar los síntomas
🩺 Por el Dr. Mercola
Hace una semana, terminó su tratamiento con antibióticos para su sinusitis, pero ahora no puede dormir, su corazón se acelera sin motivo aparente, se siente nervioso, irritable, y presiente que algo anda mal pero no sabe qué es. Va al médico y le dice que todo está bien, entonces ahora se siente confundido. Déjeme decirle que no lo está imaginando, en realidad se trata de un problema que es más común de lo que cree.
Los antibióticos son uno de los medicamentos que más se prescriben en la medicina moderna, pero muchas personas no les dan un uso adecuado. Cada vez más investigaciones con humanos demuestran que estos medicamentos no solo combaten infecciones, sino que también alteran la química del cerebro y la regulación emocional.
Los trastornos de ansiedad, que se caracterizan por una sensación de preocupación persistente, inquietud, insomnio, tensión muscular y dificultad para concentrarse, son muy comunes en nuestra sociedad moderna. Cuando la ansiedad se vuelve crónica o se intensifica, no solo altera el estado de ánimo, afecta el rendimiento cognitivo, daña la salud cardiovascular e incrementa el riesgo de depresión.
Esa realidad hace que cualquier factor que pueda pasar desapercibido como causa de la ansiedad requiera más atención. En lo que respecta a los antibióticos, la ciencia es clara, varias investigaciones demuestran ahora que estos medicamentos influyen en sistemas biológicos que regulan la salud emocional. El intestino, que antes se consideraba ajeno a la salud mental, influye mucho en la forma en que el cerebro procesa el estrés, mantiene la calma y se recupera después de situaciones difíciles.
Y ahora estudios sólidos que cuentan con revisiones clínicas, apuntan en la misma dirección, ya que demuestran que la exposición a antibióticos altera la señalización interna de maneras que se correlacionan con los síntomas de ansiedad. Esto sienta las bases para un análisis más detallado del primer estudio, que revela un vínculo biológico específico entre los antibióticos, la alteración intestinal y la conducta ansiosa.
Los antibióticos reducen los niveles de una sustancia química importante en el cerebro
Un estudio que se publicó en Molecular Psychiatry se propuso determinar si la exposición a los antibióticos podría causar ansiedad a través del efecto que produce en el eje microbioma-intestino-cerebro.1 El eje microbioma-intestino-cerebro se refiere a la vía de comunicación bidireccional entre las bacterias intestinales, el sistema digestivo y el cerebro, y esta red es la razón por la que, lo que sucede en los intestinos influye de forma directa en el estado de ánimo, los pensamientos y la respuesta al estrés.
Los investigadores analizaron tanto ratones que recibieron antibióticos como pacientes humanos con el fin de determinar si alterar el microbioma intestinal produce cambios medibles en la química del cerebro y el comportamiento. Los investigadores analizaron tres grupos: personas que habían tomado antibióticos hace poco, personas que no habían tomado antibióticos y personas sanas.
Al mismo tiempo, administraron antibióticos a ratones para hacer un seguimiento más preciso del tejido cerebral, el contenido intestinal y el comportamiento. Este diseño dual relaciona los síntomas subjetivos de ansiedad en las personas con cambios bioquímicos objetivos que se observan en el tejido cerebral e intestinal.
• Después del uso de antibióticos, se observaron efectos como ansiedad y cambios bioquímicos: tanto los ratones como los pacientes que recibieron antibióticos mostraron comportamientos o síntomas evidentes que se relacionan con la ansiedad, a diferencia de los controles.2 Estos efectos aparecieron junto con cambios importantes en las bacterias intestinales, niveles bajos de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) y una alteración del metabolismo lipídico.
Los AGCC, como el butirato, alimentan a las células que recubren el intestino y envían señales de calma al cerebro a través del nervio vago. Cuando los antibióticos eliminan las bacterias que producen estos compuestos, dañan la integridad de la barrera intestinal y reducen los niveles de una fuente clave para la calma neurológica.
• Los niveles de acetilcolina disminuyeron en el intestino, la sangre y el cerebro: uno de los hallazgos más importantes fue el efecto de los antibióticos en los niveles de acetilcolina en las heces, el tejido del colon, el suero sanguíneo y el hipocampo, que es una región del cerebro que participa en la memoria y la regulación emocional.
La acetilcolina es un neurotransmisor, un mensajero químico que ayuda al sistema nervioso a pasar del modo de "alerta" a "descanso y digestión". Cuando disminuyen sus niveles, el cerebro no puede regularse, lo que provoca que entre en un estado de ansiedad. Los niveles más bajos se relacionaron con puntuaciones de ansiedad más altas en los pacientes y un comportamiento similar a la ansiedad en los ratones.
Los investigadores identificaron una relación clave entre las especies de Bacteroides y la producción de acetilcolina.3 Tanto los ratones como los humanos perdieron especies clave de Bacteroides después de recibir antibióticos: cepas diferentes, pero de la misma familia de bacterias, con el mismo resultado: menos acetilcolina y más ansiedad, lo que demuestra una conexión directa entre el intestino y el cerebro.
Para confirmar la relación causa-efecto, los investigadores administraron un compuesto relacionado con la acetilcolina en los ratones que recibieron antibióticos. Esta intervención redujo los comportamientos similares a la ansiedad e inhibió la activación microglial en el hipocampo.
Digamos que las microglías son el equipo de seguridad de su cerebro, y bajo condiciones normales, patrullan en silencio. Pero cuando disminuye la acetilcolina, estos mecanismos de defensa entran en estado de máxima alerta en busca de amenazas inexistentes, lo que mantiene al cerebro en un estado de ansiedad. Ese resultado confirmó que la pérdida de acetilcolina no solo se relaciona con la ansiedad, sino que la provoca de forma activa.
• Los antibióticos también redujeron los niveles de AGCC: el tratamiento con antibióticos también redujo los niveles de AGCC, que son pequeñas moléculas de combustible que producen las bacterias intestinales. Estos compuestos ayudan a mantener la barrera intestinal en buenas condiciones y estimulan la señalización del cerebro. Cuando disminuyen los niveles de AGCC, la comunicación entre el intestino y el cerebro se vuelve inestable: las señales que deberían indicar "todo en orden" se distorsionan y el cerebro activa de forma automática el estado de alerta.
• Las células inmunológicas del cerebro pasaron a un estado activo: en ratones, la reducción de acetilcolina coincidió con la activación de la microglia en el hipocampo. Las microglías son células inmunológicas del cerebro que responden a lesiones o estrés. Cuando se sobreactivan, amplifican las señales de miedo y ansiedad, lo que hace que el cerebro sea más reactivo y menos resistente a los factores estresantes cotidianos.
• Los hallazgos confirman la existencia de la vía intestino-acetilcolina-cerebro: en conjunto, los datos demuestran que los antibióticos alteran bacterias intestinales específicas, reducen los niveles de acetilcolina, activan células inflamatorias en el cerebro y causan ansiedad.
El uso innecesario de antibióticos representa una amenaza para la salud mental
Dar de forma repetida antibióticos a niños en sus primeros años de vida también es peligroso. Así lo demuestran estudios poblacionales que involucran a cientos de miles de pacientes.
Una revisión que se publicó en Journal of Internal Medicine analizó décadas de investigación en humanos y animales para comprender el impacto de los antibióticos en la depresión y la ansiedad a través de efectos no deseados que van más allá de controlar infecciones.4 La exposición a los antibióticos se relacionó con mayores tasas de depresión y ansiedad, sobre todo después de varios tratamientos o exposición a temprana edad.
• Los datos de un estudio que involucró una gran población demuestran mayor riesgo de depresión y ansiedad: un estudio de la base de datos del Reino Unido que se citó en la revisión incluyó a más de 200 000 pacientes con depresión y más de 14 000 con ansiedad. Incluso un solo tratamiento con antibióticos comunes como la penicilina o quinolona incrementó el riesgo de depresión, y mientras mayor era su uso, más alto era el riesgo.
La ansiedad siguió un patrón similar, mientras que la psicosis fue poco frecuente y se limitó a clases específicas de medicamentos. El riesgo incrementó a medida que se acumulaba la exposición a los antibióticos con el tiempo. Las personas que recibieron muchas prescripciones tuvieron más riesgo de ansiedad y depresión que los pacientes que solo recibieron una.
Cada tratamiento con antibióticos reduce la diversidad microbiana, si bien algunas bacterias se recuperan, otras pueden desaparecer para siempre, sobre todo las especies que ya eran escasas. Con el tiempo, esto altera el equilibrio en el microbioma intestinal, y eso lo hace más vulnerable a los cambios en el estado de ánimo.
• La exposición en la infancia y la adolescencia tuvo efectos a largo plazo: la revisión menciona evidencia que demuestra que la exposición a antibióticos durante la infancia y la adolescencia alteró las respuestas al estrés y el comportamiento a largo plazo. Estas etapas del desarrollo determinan la forma en que el cerebro enfrenta el estrés en el futuro. Las alteraciones que se producen durante estos periodos provocaron cambios duraderos en la regulación emocional, incluso después de que el microbioma intestinal se recuperó de forma parcial.
Un estudio observacional que se publicó en Neuropsychopharmacology también relacionó la exposición temprana a los antibióticos con un mayor riesgo de ansiedad y depresión a lo largo de la vida.5
El estudio demuestra que el uso prolongado de antibióticos durante la infancia tuvo una relación estrecha con mayores niveles de ansiedad y depresión en la edad adulta, además de menores puntuaciones de memoria e inteligencia. La exposición a antibióticos interactuó con genes que se relacionan con la estructura y la señalización cerebral, lo que refuerza la idea de que la alterar el microbioma a temprana edad influye en la función cerebral y los rasgos emocionales a largo plazo.
• Los sistemas de hormonas del estrés cambiaron después de la exposición a antibióticos: la revisión menciona que los antibióticos activaron el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal (HPA), que es el sistema principal de respuesta al estrés. Este es el centro de control del estrés, una cascada hormonal que comienza en su cerebro y termina con el cortisol en todo el organismo. Cuando los antibióticos alteran el microbioma intestinal, este sistema permanece en modo "activo".
Su sobreactivación mantiene niveles elevados de hormonas del estrés, lo que empeora los síntomas como pensamientos ansiosos, falta de sueño y fatiga emocional. Esto explica por qué la ansiedad a causa de los antibióticos suele sentirse como algo físico en lugar de solo emocional. Varios estudios también descubrieron cambios en el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), que es una proteína que favorece el aprendizaje, la estabilidad del estado de ánimo y la resiliencia al estrés.
El BDNF es como un fertilizante para las células del cerebro, ayuda a las neuronas a crecer, repararse y formar conexiones nuevas. Las personas con depresión suelen tener niveles bajos de BDNF, lo que explica por qué este efecto de los antibióticos dificulta tanto la recuperación emocional. La exposición a antibióticos redujo los niveles de este factor en el hipocampo, lo que refleja los patrones que se observan en la depresión mayor.
• El daño en la barrera intestinal intensificó la señalización inflamatoria: los antibióticos alteraron las uniones estrechas en el revestimiento intestinal, lo que incrementó la permeabilidad, un problema que se conoce como intestino permeable. Las uniones estrechas son complejos de proteínas que unen y sellan las células intestinales e impiden que puedan entrar las sustancias.
Pero, cuando tiene intestino permeable, las moléculas inflamatorias terminan en la circulación y activan las vías de estrés. En pocas palabras, el intestino pierde su filtro de protección, lo que incrementa la inflamación y afecta los sistemas que regulan el estado de ánimo.
Los antibióticos producen efectos diferentes en su cerebro
Un artículo que se publicó en Psychology Today explica por qué los antibióticos pueden causar ansiedad, confusión o psicosis, pero en otros casos alivian síntomas graves que se relacionan con el cerebro.6 Los médicos observaron varios problemas mentales desde ansiedad leve e insomnio hasta confusión y psicosis aguda en personas que tomaban antibióticos. Los síntomas solían desaparecer una vez que se dejaba de tomar el antibiótico, lo que confirmó que se trataba de un efecto del medicamento, y no de un trastorno psiquiátrico permanente.
• Los efectos varían, desde ansiedad hasta psicosis grave: las reacciones a los antibióticos comenzaron a documentarse en la década de los 40´s e incluyeron convulsiones, confusión, ansiedad, alucinaciones y psicosis, en especial con medicamentos como la penicilina y la fluoroquinolonas.
En varios casos, los síntomas desaparecieron al suspender el uso de antibióticos y reaparecieron al reiniciarlo. Ese patrón intermitente reforzó el vínculo causal y demostró la importancia de considerar el historial de medicación cuando los síntomas mentales aparecen de forma repentina.
• Algunos antibióticos mejoran los síntomas a través de su efecto en la química intestinal: el artículo contrastó los efectos negativos con situaciones en las que los antibióticos mejoraron la función cerebral. En la encefalopatía hepática, que es una afección en la que la insuficiencia hepática provoca que se acumule amoníaco en el cerebro, los antibióticos redujeron las bacterias intestinales que producen amoníaco y mejoraron síntomas como la ansiedad y los cambios de personalidad.
Esta paradoja, que los antibióticos provoquen ansiedad en algunos casos mientras que la alivian en otros, se explica cuando se comprende que el efecto depende del tipo de bacterias que daña y beneficia. En la insuficiencia hepática, ciertas bacterias intestinales producen amoníaco tóxico, por lo que, es beneficioso matarlas. En una persona sana, los antibióticos matan las bacterias que producen neurotransmisores beneficiosos, por lo que, su efecto es negativo.
• El objetivo a futuro es crear estrategias para proteger el microbioma durante el tratamiento: el artículo mencionó investigaciones emergentes sobre la combinación de antibióticos con medicamentos que protegen a las bacterias beneficiosas. Algunos medicamentos protegen el microbioma intestinal, sin afectar el mecanismo de acción de los antibióticos. En los casos en que no se puede evitar el uso de antibióticos, podrían implementarse estrategias para reducir los efectos secundarios en la salud mental, en lugar de tener que elegir entre curar una infección o proteger el cerebro.
El punto clave aquí es que el efecto de los antibióticos depende muchos factores. Por ejemplo, el estado de salud intestinal, el tipo de antibiótico, la alimentación durante el tratamiento y sus niveles de estrés.
Estrategias para reducir la ansiedad que se relaciona con el uso de antibióticos
Los antibióticos salvan vidas, pero estas investigaciones demuestran algo muy importante: la ansiedad y los cambios de humor que surgen después de un tratamiento con antibióticos siguen un patrón biológico. La causa principal es que alteran la comunicación entre el intestino y el cerebro. Por lo que, reducir la exposición innecesaria a los antibióticos y restaurar el equilibrio en el microbioma intestinal, ayudará al sistema nervioso a recuperarse más rápido y con menos dificultad. Estas estrategias no solo abordan los síntomas, sino la causa subyacente.
1. Solo utilizar antibióticos en las situaciones en las que son necesarios: no todos los casos de tos, problema de sinusitis o dolor de garganta involucran bacterias. Muchas enfermedades comunes son virales, y los antibióticos no ofrecen ningún beneficio en esos casos. Por lo que, tomarlos no acortará la enfermedad ni acelerará la recuperación. Todo lo contrario, puede causar resistencia y alterar las bacterias intestinales que regulan el estado de ánimo y el estrés.
Antes de comenzar un tratamiento con antibióticos, piense si su cuerpo es capaz de combatir la infección por si solo. Pregunte a su médico: "¿es de origen bacteriano o viral?" ¿Podemos esperar entre 48 y 72 horas antes de comenzar con los antibióticos? ¿Hay alguna alternativa que podamos probar primero? Hay muchos médicos que entienden a los pacientes que tratan de evitar el uso innecesario de antibióticos.
2. Eliminar la exposición oculta a antibióticos de su suministro de alimentos: la carne convencional que venden en los supermercados y las cadenas de comida rápida suele provenir de animales que reciben antibióticos de forma rutinaria. Esto significa que incluso si no toma de forma directa un antibiótico, puede exponerse a sus efectos a través de su comida.
Esta exposición también altera el equilibrio del microbioma intestinal y prolonga el daño que puede causar ansiedad. Optar por carnes de animales alimentados con pastura u orgánica elimina esta exposición invisible a los antibióticos, lo que protege a las bacterias intestinales que estabilizan el estado de ánimo.
3. Utilizar opciones antibacterianas naturales cuando no es necesario utilizar antibióticos: cuando una infección no justifica el uso de antibióticos, ciertas sustancias naturales producen un efecto antibacteriano sin alterar tanto el microbioma. Por ejemplo, la miel medicinal se utiliza desde hace siglos para matar bacterias dañinas, y el aceite de orégano también tiene propiedades antibacterianas. Estas opciones actúan de forma diferente a los antibióticos y no promueven los patrones de resistencia en los microbios intestinales.
4. Estabilizar la energía intestinal y cerebral durante la recuperación: la ansiedad se intensifica cuando no tiene suficiente energía celular. Consumir carbohidratos saludables ayuda a calmar la química del estrés en el cerebro. Mantenerse en movimiento, en especial caminar al aire libre por las mañanas, estimula el ritmo circadiano y la recuperación del sistema nervioso.
También es fundamental minimizar el consumo de ácido linoleico (AL). Cuando el intestino está resentido por el uso de antibióticos, las grasas inflamatorias como el AL empeoran la situación porque dañan aún más el revestimiento intestinal. El AL se encuentra en los aceites vegetales, frutos secos y alimentos ultraprocesados, y promueve la inflamación y la disfunción mitocondrial, lo que daña la salud intestinal.
Sustituya todos los productos que contengan esta grasa tóxica por alternativas más saludables como sebo, mantequilla de animales alimentados con pastura o ghee. Este cambio mejorará bastante la resistencia de tu intestino. Mientras que evitar el alcohol elimina otra fuente de irritación intestinal y estrés neurológico.
También es importante consumir alimentos fermentados caseros como chucrut, kimchi, yogur de animales alimentados con pastura y kéfir, que se elaboren con métodos tradicionales e ingredientes orgánicos. Los probióticos que se encuentran en estos alimentos ayudan a restaurar y mantener un microbioma diverso y saludable, lo que fortalece todos los aspectos de la salud.
5. Crear hábitos sencillos para controlar el estrés cotidiano: durante y después del tratamiento con antibióticos, su sistema nervioso está muy vulnerable. Por lo que, se vuelve aún más importante tener hábitos saludables como dormir bien, hacer ejercicio y reforzar sus niveles de energía. Evite los estresores lo más que sea posible, su intestino necesita que su entorno esté tranquilo para regenerarse.
Cuando su intestino se está recuperando, su sistema nervioso es más vulnerable al estrés diario. Reducir la carga durante este período le da a su eje intestino-cerebro la oportunidad de recuperarse. Comience el día con unos minutos de respiración tranquila o movimientos suaves para relajarse. Lleve una alimentación saludable para evitar fluctuaciones en los niveles de azúcar que incrementan la tensión dentro de su cuerpo.
Salga a cambiar durante el día para liberar el estrés físico y despejar la mente. Por la noche, evite las pantallas y actividades estimulantes al menos una hora antes de acostarte y atenúe las luces para promover un sueño más profundo. Estos sencillos hábitos reducen la sobrecarga en el sistema nervioso y ayuda a controlar mejor la ansiedad en su vida diaria.
Preguntas frecuentes sobre el impacto de los antibióticos en el estado de ánimo
P: ¿Pueden los antibióticos causar ansiedad o cambios de humor?
R: Sí, muchos estudios en humanos demuestran que los antibióticos alteran las bacterias intestinales que influyen en la señalización cerebral, la regulación del estrés y el equilibrio emocional. En algunas personas, esta alteración se manifiesta en forma de ansiedad, cambios de humor, problemas para dormir o confusión mental durante o después de un tratamiento con antibióticos.
P: ¿Por qué pueden aparecer síntomas relacionados con el estado de ánimo después de tomar antibióticos?
R: Los antibióticos alteran las bacterias intestinales. Cuando disminuyen los niveles de ciertos microbios, también se reducen los mensajeros químicos que ayudan a regular la calma y la concentración. Ese cambio desencadena ansiedad o inestabilidad emocional que se percibe como abrupta y ajena a los acontecimientos de la vida.
P: ¿Es verdad que hay personas más vulnerables que otras a la ansiedad relacionada con los antibióticos?
R: Sí, el uso repetido de antibióticos, niveles elevados de estrés basal, una mala salud metabólica y un desequilibrio en el microbioma intestinal incrementan el riesgo de ansiedad relacionada con el uso de antibióticos. La exposición temprana a los antibióticos también se relaciona con un mayor riesgo de ansiedad y depresión en la edad adulta.
P: ¿Los antibióticos siempre dañan la salud mental?
R: No, muchas personas toman antibióticos sin efectos psiquiátricos perceptibles. En determinadas situaciones médicas, los antibióticos incluso mejoran los síntomas cerebrales al reducir los subproductos tóxicos del intestino. Los problemas surgen cuando los antibióticos se usan en exceso, de forma innecesaria o cuando interrumpen de forma repetida la comunicación entre el intestino y el cerebro.
P: ¿Qué ayuda a reducir la ansiedad relacionada con los antibióticos?
R: Reducir la exposición innecesaria a los antibióticos, evitar los residuos ocultos de antibióticos en los alimentos, reforzar la salud intestinal con una buena alimentación, limitar las grasas inflamatorias como los aceites vegetales y reducir el estrés diario ayudan a restaurar el equilibrio intestino-cerebro y estabilizar el estado de ánimo.