📝HISTORIA EN BREVE

  • La puntuación de riesgo cardiovascular indica qué tan bien fluye la sangre a través de los vasos más pequeños, y esos mismos vasos determinan si la retina y nervio óptico se mantienen saludables a medida que envejece
  • Las personas con puntuaciones más elevadas de riesgo cardíaco enfrentan una probabilidad mucho mayor de desarrollar enfermedades de los ojos graves años antes de que los problemas de visión se vuelvan notorios
  • El daño en los ojos se desarrolla poco a poco a medida que se acumula el estrés vascular y metabólico, lo que explica por qué la pérdida de visión suele aparecer antes de los síntomas cardíacos evidentes
  • Mejorar la energía celular y la salud de los vasos sanguíneos protege la vista ya que restaura la circulación hacia la retina y el nervio óptico en lugar de reaccionar después de que se produce el daño
  • El uso de una puntuación de riesgo cardíaco como primera señal de alerta sobre la visión es una forma práctica de actuar antes, personalizar la prevención y reducir el riesgo de pérdida permanente de la visión

🩺Por el Dr. Mercola

La próxima vez que su médico calcule su puntuación de riesgo cardiovascular, no piense solo en su corazón, ya que ese número también le da una idea de cómo será su visión en el futuro y podría ser una señal de que está empezando a perder su visión sin darse cuenta. Cuando la circulación falla en esa zona, la visión sufre las consecuencias mucho antes de que empiece a sentir algo malo en el pecho.

Las puntuaciones de riesgo cardiovascular agrupan marcadores como la presión arterial, el equilibrio del azúcar en la sangre, los patrones de colesterol, la edad y el historial de tabaquismo. Estos reflejan el estrés acumulativo en el sistema vascular. Las arterias grandes suelen resistir años, pero los vasos más pequeños no. La retina y el nervio óptico dependen de un flujo constante y delicado de sangre, e incluso las interrupciones sutiles reducen el suministro de oxígeno y nutrientes donde la precisión es más importante.

La pérdida de visión no suele manifestarse con síntomas, pero siempre deja evidencia temprana dentro de los tejidos. Se acumula poco a poco a medida que la tensión vascular perjudica la salud de los ojos. El daño ya lleva años cuando aparecen síntomas como visión borrosa, puntos ciegos o cambios de presión. Es por eso que la atención reactiva no es suficiente y las señales tempranas merecen más atención de la que suelen recibir.

Cuando comprendemos el riesgo cardiovascular como un indicador de nuestra visión en el futuro, la salud de los ojos pasa de ser algo pasivo e impulsado por la edad a algo medible, personal y prevenible, lo que justifica que se preste más atención a este único indicador.

Las pruebas rutinarias de la función cardíaca predicen la pérdida de visión

Un estudio que se publicó en la revista Ophthalmology evaluó si el puntaje de riesgo cardiovascular Pooled Cohort Equations, que es una fórmula estandarizada que utilizan los médicos para estimar el riesgo de un ataque cardíaco o un derrame cerebral en 10 años según la edad, el colesterol, la presión arterial y otros factores, predice el desarrollo futuro de enfermedades graves de los ojos.1

Los investigadores revisaron años de registros médicos para ver si esta puntuación común de riesgo cardíaco también indica un riesgo mayor de padecer enfermedades oculares graves, como degeneración macular, enfermedad ocular diabética, glaucoma, obstrucción de las venas retinianas y daños en la retina relacionados con la presión arterial. El objetivo fue detectar el riesgo de enfermedades oculares años antes con el uso de datos que ya tienen los médicos.

Los investigadores hicieron un seguimiento de 35 909 adultos de entre 40 y 79 años (todos con corazones y ojos sanos al inicio del estudio) para ver quiénes desarrollaron problemas durante los años posteriores. Cada participante tuvo un perfil de riesgo cardiovascular completo, lo que permitió a los investigadores calcular una puntuación de riesgo cardíaco estandarizada de 10 años y luego hacer un seguimiento de quién desarrolló después una enfermedad ocular a lo largo de varios años. Este gran tamaño de muestra refuerza la confianza en que los resultados sean aplicables a pacientes reales.

• Un riesgo mayor cardiovascular se relaciona en gran medida con un riesgo mayor de enfermedades de los ojos: los resultados demostraron un patrón claro y gradual, en el que a medida que aumentó el riesgo cardiovascular, también lo hizo la probabilidad de desarrollar enfermedades oculares graves.

En comparación con las personas en la categoría de menor riesgo, aquellas en el grupo de mayor riesgo tuvieron una probabilidad más de seis veces mayor de desarrollar degeneración macular relacionada con la edad y casi seis veces mayor de desarrollar retinopatía diabética.2

El riesgo de sufrir daños en los ojos relacionados con la presión arterial, bloqueo de las venas retinianas (los vasos sanguíneos pequeños que drenan sangre del tejido sensible a la luz en la parte posterior del ojo) y glaucoma también aumentó, lo que demuestra que la salud de los ojos sigue la misma salud de los vasos sanguíneos que el resto del cuerpo.

• El momento importó y las asociaciones se mantuvieron durante años: el mayor riesgo de enfermedad ocular no apareció de forma breve y luego desapareció. Las asociaciones se mantuvieron consistentes durante periodos de seguimiento de cinco, seis y siete años, lo que demuestra que los puntajes de riesgo cardiovascular indican vulnerabilidad ocular a largo plazo, no fluctuaciones breves. Este plazo tan amplio le brinda una oportunidad para actuar, mucho antes de que aparezcan problemas de visión notables.

• Ciertos componentes de riesgo fueron más determinantes en algunas enfermedades que en otras: cuando los investigadores ajustaron los elementos individuales dentro de la puntuación cardiovascular, la edad determinó gran parte de la asociación con la degeneración macular, mientras que la diabetes y la presión arterial se mantuvieron como factores determinantes de las enfermedades oculares diabéticas e hipertensivas. Esta comparación demuestra que diferentes afecciones de los ojos reflejan diferentes tensiones subyacentes, aunque comparten una base vascular común.

• La relación se centra en el daño de los vasos sanguíneos pequeños: el estudio explica que los factores de riesgo cardiovascular dañan el revestimiento de los vasos sanguíneos, lo cual es un proceso conocido como disfunción endotelial. Piense en su endotelio como una capa que recubre cada vaso sanguíneo. Cuando el endotelio está sano, se flexiona para ensanchar o estrechar los vasos sanguíneos según sea necesario y cura lesiones pequeñas. Cuando se daña, se vuelve rígido y permeable, como un papel tapiz viejo y agrietado que ya no funciona bien.

La retina y el nervio óptico dependen de redes pequeñas de vasos diminutos, lo que los hace muy sensibles a la tensión vascular constante. Con el tiempo, un menor suministro de oxígeno y nutrientes provoca daños estructurales y pérdida de la visión.

• El estrés metabólico acelera esta lesión vascular dentro del ojo: el nivel elevado de azúcar en la sangre, el colesterol desequilibrado y la presión arterial alta constante generan estrés oxidativo, lo que significa un exceso de moléculas reactivas, en esencia "chispas" biológicas que dañan las células de la misma manera que el óxido corroe el metal. El cuerpo produce algunos de ellos de forma natural, pero la disfunción metabólica crea un exceso de ellos.

En el ojo, este estrés debilita las paredes de los vasos, altera el flujo sanguíneo y genera respuestas inflamatorias que degradan el tejido de la retina. Estos procesos explican por qué las enfermedades oculares suelen aparecer después de años de disfunción metabólica. Los investigadores destacaron que la "mejor parte de este enfoque" radica en su simplicidad, y señalaron que el puntaje de riesgo cardiovascular "ya se calcula en millones de visitas al médico cada año" y no requiere pruebas adicionales.

Medidas prácticas que protegen el corazón y la vista

Estos hallazgos podrían parecer fatalistas, como si la enfermedad ocular estuviera escrita en sus números cardiovasculares, pero en realidad es todo lo contrario. Debido a que el daño se acumula a través de mecanismos sobre los que puede influir, tiene años de oportunidad para cambiar su salud en el futuro.

El problema no es un solo resultado de laboratorio, como el colesterol o la presión arterial. Es importante profundizar más allá de eso. El daño comienza dentro de las células, donde las mitocondrias estresadas pierden la habilidad de producir energía saludable. Cuando eso sucede, los vasos sanguíneos se endurecen, la circulación falla y los vasos más pequeños sufren las consecuencias primero. Esto incluye los vasos pequeños que nutren la retina y el nervio óptico. Cuando mejora la energía celular, protege su corazón y sus ojos al mismo tiempo.

Aunque el estudio mencionado no examinó las intervenciones alimentarias, los mecanismos que identifica (estrés oxidativo, disfunción endotelial y tensión metabólica) son justo los que se pretenden abordar con estas estrategias. Mejorar la función de las mitocondrias reduce la carga oxidativa en los vasos retinianos; estabilizar el azúcar en la sangre previene las oscilaciones glucémicas que dañan los vasos pequeños con el tiempo.

1. Elimine el ácido linoleico (AL) porque daña la energía celular y la circulación en los ojos: si va a implementar un cambio, que sea este. El AL de aceites vegetales descompone las membranas de las mitocondrias y acelera el envejecimiento vascular. Ese daño se manifiesta de manera temprana en los ojos porque los vasos de la retina son delicados. Esto es importante porque sus mitocondrias tienen membranas internas delicadas compuestas en su mayoría de grasas.

Cuando esas membranas incorporan AL inestable en lugar de grasas saturadas estables, se vuelven vulnerables al daño oxidativo, lo cual es como construir una pared con ladrillos desmoronados en lugar de sólidos. Le recomiendo eliminar los aceites de maíz, soya, canola, girasol y cártamo de su cocina y asumir que las comidas de los restaurantes los utilizan a menos que le demuestren lo contrario.

Reemplácelos con mantequilla de animales alimentados con pastura, ghee o sebo de res. Su objetivo es consumir menos de 5 gramos de ácido linoleico al día, aunque lo ideal es que sea menos de 2 gramos, porque reducir esta carga restaura la función de las mitocondrias y mejora el flujo sanguíneo al tejido de los ojos. Para realizar un seguimiento de su consumo, le recomiendo registrarse en mi aplicación Mercola Health Coach cuando esté disponible. Esta aplicación tendrá una función llamada Seed Oil Sleuth, que monitorea su consumo de AL hasta una décima de gramo para que pueda cuidar su metabolismo.

2. Alimente sus mitocondrias con suficientes carbohidratos para estabilizar el flujo sanguíneo retiniano: si sus mitocondrias no obtienen la suficiente glucosa, pasarán a un modo de respaldo estresado y poco efectivo, en el que producen más desechos oxidativos y entregan menos energía saludable. Ese estrés empeora el daño oxidativo dentro de los vasos sanguíneos, incluyendo los de los ojos. Le recomiendo consumir alrededor de 250 gramos de carbohidratos por día para la mayoría de los adultos, y más si es una persona activa.

Comience con fruta y arroz blanco, luego agregue poco a poco vegetales de raíz y otros almidones. Esté atento a la inflamación o el malestar digestivo, ya que son señales que indican que debe reducir la velocidad y dejar que su microbioma intestinal se adapte. Cuando el suministro de glucosa se estabiliza, las oscilaciones del azúcar en la sangre se calman, la tensión vascular disminuye y el tejido de la retina recibe energía de manera más constante.

3. Camine todos los días para mejorar la circulación hacia la retina y el nervio óptico: si desea proteger su vista, ejercitarse a diario no es una ventaja, sino un requisito. Caminar mejora la circulación, reduce la resistencia que experimenta la sangre al moverse por los vasos, elimina los desechos metabólicos y aumenta la producción de energía mitocondrial.

Todo esto beneficia a los ojos, que dependen de un flujo sanguíneo constante. Si lleva un estilo de vida sedentario, comience con caminatas de 10 minutos y aumente poco a poco hasta llegar a una hora al día. Caminar al aire libre aporta un beneficio adicional, ya que mejora la señalización luminosa y la circulación al mismo tiempo.

4. Expóngase a la luz del sol de manera estratégica para restaurar la energía celular sin dañar sus ojos ni su piel: la luz del sol favorece la producción de óxido nítrico, reduce la presión arterial y aumenta los niveles de melatonina dentro de las mitocondrias, lo que protege los vasos sanguíneos del daño oxidativo. Esa protección también se extiende a la retina. Esta no es la melatonina que le da sueño, esa la produce su glándula pineal durante la noche.

Las mitocondrias producen su propia melatonina en respuesta a la luz infrarroja cercana del sol, y esta forma actúa como un gran antioxidante local, lo que protege los mismos orgánulos que generan la energía celular.

Si sus tejidos aún están dañados debido al ácido linoleico, el sol del mediodía aumenta el riesgo de quemaduras. Le recomiendo tomar luz por la mañana y al final de la tarde y evitar las horas más intensas de luz del sol hasta que haya dejado de tomar aceites de semillas durante al menos seis meses. A medida que las membranas mitocondriales se recuperan, su tolerancia mejora y sus células utilizan la luz como una señal de energía limpia en lugar de un factor de estrés.

5. Controle la resistencia a la insulina con HOMA-IR para proteger los vasos pequeños antes de que comience la pérdida de visión: reconocer la resistencia a la insulina de forma temprana es esencial, ya que es una señal de advertencia para su salud metabólica. La prueba HOMA-IR (Homeostatic Model Assessment of Insulin Resistance) es una herramienta de diagnóstico que ayuda a evaluar la resistencia a la insulina a través de un análisis de sangre, lo que ayuda a detectar a tiempo el problema y hacer los cambios necesarios en el estilo de vida.

Fue creada en 1985, y calcula la relación entre los niveles de insulina y glucosa en ayunas para evaluar la efectividad con la que el cuerpo utiliza la insulina. A diferencia de otras pruebas más complejas, la HOMA-IR requiere solo una muestra de sangre en ayunas, lo que la hace práctica y accesible. La fórmula de la HOMA-IR es la siguiente:

HOMA-IR = (glucosa en ayunas x insulina en ayunas) / 405, en donde

• La glucosa en ayunas se mide en mg/dl

• La insulina en ayunas se mide en μIU/ml (microunidades internacionales por mililitro)

405 es una constante que normaliza los valores

Si utiliza mmol/l para la glucosa en lugar de mg/dl, la fórmula cambia un poco:

HOMA-IR = (glucosa en ayunas x insulina en ayunas) / 22.5, en donde

• La glucosa en ayunas se mide en mmol/l

• La insulina en ayunas se mide en μIU/ml

• La constante de normalización para esta unidad de medida es 22.5

Cualquier valor inferior a 1.0 se considera una puntuación HOMA-IR saludable. Si está por encima de ese nivel, se le considera resistencia a la insulina. Mientras más elevados sean sus valores, mayor será la resistencia a la insulina. Por el contrario, cuanto menor sea la puntuación HOMA-IR, tendrá menor resistencia a la insulina, siempre y cuando no tenga diabetes tipo 1 que no produce insulina.

Por interesante que parezca, mi puntuación en la escala HOMA-IR es de tan solo 0.2. Esto es un testimonio de la mayor efectividad de mi cuerpo para quemar combustible, lo cual resulta de una mayor disponibilidad de glucosa. Incorporar más carbohidratos a mi alimentación le brindó a mis células la energía necesaria para funcionar de manera más efectiva.

Esta mejora en la función de mis células también optimizó mi salud metabólica, lo que demuestra que hacer ciertos ajustes en la alimentación mejora la sensibilidad a la insulina y el rendimiento metabólico.

¿Por qué esto es tan importante para sus ojos? La resistencia a la insulina daña los pequeños vasos de la retina mucho antes de que falle un examen de la vista. Detectarla a tiempo con la prueba HOMA-IR le ofrece una oportunidad que ningún examen de la vista puede brindarle.

Preguntas frecuentes sobre el riesgo cardiovascular y la salud visual

P: ¿Cómo se relaciona la puntuación de riesgo cardiovascular con la enfermedad ocular?

R: Su puntuación de riesgo cardiovascular refleja el estrés a largo plazo en sus vasos sanguíneos. Los primeros en verse afectados son los vasos más pequeños, incluyendo los que irrigan la retina y el nervio óptico. Cuando estos vasos pierden flexibilidad y el flujo sanguíneo adecuado, aumenta el riesgo de enfermedades de los ojos como degeneración macular, retinopatía diabética, glaucoma y daño retiniano relacionado con la presión arterial.

P: ¿Por qué los problemas de los ojos suelen aparecer antes que los síntomas cardíacos?

R: Las arterias grandes suelen tolerar años de estrés metabólico sin síntomas evidentes. Los vasos pequeños de sus ojos no tienen ese margen de error. Una menor circulación, el estrés oxidativo y el daño a las paredes de los vasos aparecen antes en los tejidos relacionados con la visión, por lo que la vista a menudo disminuye antes de que aparezcan el dolor en el pecho u otros síntomas de advertencia relacionados con el corazón.

P: ¿Qué factores promueven el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares y oculares?

R: Los niveles elevados de azúcar en la sangre, la presión arterial alta, los patrones anormales de colesterol, los antecedentes de tabaquismo y la resistencia a la insulina ejercen presión sobre los vasos sanguíneos de todo el cuerpo. Estos mismos factores dañan la circulación retiniana, lo que asocia de manera directa los puntajes de riesgo cardiovascular con la pérdida de visión en el futuro.

P: ¿Los cambios en el estilo de vida pueden reducir el riesgo de enfermedades cardíacas y oculares?

R: Sí, reducir el AL de los aceites vegetales, consumir suficientes carbohidratos saludables para sustentar la energía celular, caminar todos los días, exponerse a la luz del sol de manera estratégica y mejorar la sensibilidad a la insulina reducen el estrés vascular. Estas estrategias mejoran el flujo sanguíneo y la producción de energía en los vasos pequeños que protegen la vista.

P: ¿Por qué es más efectivo actuar antes de que aparezcan síntomas en la visión?

R: Cuando los cambios en la visión son notorios, el daño dentro del ojo por lo general ya ha progresado durante años. Usar su puntuación de riesgo cardiovascular como una señal temprana le permite actuar mientras el tejido de la retina aún es resistente, lo que cambia el enfoque del cuidado de los ojos del control del daño a la prevención.