📝HISTORIA EN BREVE

  • Antes de la refrigeración, las personas recurrían al secado, la fermentación, el curado y el encurtido para conservar los alimentos. Estos métodos ayudaban a prolongar la disponibilidad de los alimentos sin necesidad de sustancias químicas sintéticas
  • La industrialización impulsó el uso de conservadores químicos como nitritos, sulfitos y benzoato de sodio, lo que permitió la distribución masiva y aumentó de forma drástica los aditivos sintéticos en el suministro alimentario moderno
  • Las regulaciones de alimentos en Estados Unidos permiten cientos de aditivos que están prohibidos en Europa, con lagunas legales que permiten a los fabricantes omitir algunos ingredientes en las etiquetas, lo que limita la información de los consumidores y su capacidad para tomar decisiones informadas
  • Los estudios vinculan un mayor consumo de conservadores con tasas más altas de cáncer y diabetes tipo 2, lo que revela un riesgo dependiente de la dosis e independiente de las calorías, el peso o la calidad general de la alimentación
  • Los mecanismos biológicos incluyen daño al ADN, inflamación, alteración del microbioma, interferencia hormonal y resistencia a la insulina, lo que redefine los conservadores como factores de riesgo acumulativos en lugar de ingredientes que solo prolongan la vida útil

🩺Por el Dr. Mercola

Hace mucho tiempo, antes de que se inventara la refrigeración, los primeros seres humanos conservaban sus alimentos de diferentes maneras. Uno de los métodos más comunes es secar carne, frutas y vegetales bajo el sol. También se utilizaba el encurtido, el curado y la fermentación, dependiendo de las prácticas de cada cultura en particular. De cualquier forma, el objetivo era evitar que los alimentos se echaran a perder para no tener que consumirlos de inmediato.1

A medida que la industrialización se expandía y crecía la necesidad de acceso inmediato a los alimentos, las empresas comenzaron a experimentar con sustancias químicas para prolongar la vida útil de sus productos. Los ejemplos incluyen el uso de nitritos, benzoato de sodio y sulfitos.2 Con el tiempo, se añadieron más conservadores a los alimentos, lo que prolongaba la vida útil de los productos procesados para que pudieran enviarse a consumidores de todo el mundo.

Sin embargo, esta expansión gradual de los aditivos químicos tiene consecuencias de gran alcance. En la actualidad, existen al menos 950 sustancias en los alimentos de Estados Unidos que están prohibidas en Europa debido a sus posibles efectos sobre la salud, según informa CBS News. Y lo peor es que no es obligatorio enumerar estos ingredientes en las etiquetas del producto.3

A medida que aumenta la conciencia sobre el impacto de los alimentos ultraprocesados en la salud humana, también lo hace el escrutinio de los ingredientes que se utilizan en su fabricación. Las investigaciones los han vinculado con el aumento de las tasas de enfermedades crónicas,4 y un nuevo estudio reveló que los mismos conservadores que utiliza la industria alimentaria para prolongar la vida útil de sus productos están causando cáncer.5

Un mayor consumo de conservadores se asocia con mayores tasas de cáncer

Un estudio publicado en The BMJ examinó cómo la exposición diaria a los conservadores de alimentos influye en el riesgo de cáncer. Los investigadores analizaron datos alimenticios a largo plazo de la cohorte French NutriNet-Santé, un gran estudio prospectivo que se diseñó para darle seguimiento a las personas a lo largo del tiempo y observar cómo la alimentación se relaciona con el desarrollo de enfermedades.6

El equipo se enfocó en los aditivos conservadores como categoría y luego los dividió en grupos químicos específicos y compuestos individuales. La razón para seguir este enfoque fue simple: ningún estudio se había centrado por completo en los conservadores como causa fundamental de las enfermedades, a pesar de que abundan en los alimentos.

• Hallazgos principales del estudio: los participantes eran parte de la población adulta en general, tanto hombres como mujeres con diversos patrones alimenticios y antecedentes de salud. Durante un periodo de seguimiento de 7.57 años, en promedio, los investigadores registraron nuevos diagnósticos de cáncer y los compararon con los niveles de consumo de conservadores.

Los resultados fueron claros: las personas que consumieron más conservadores tuvieron tasas más altas de cáncer general y de mama. Esta asociación se mantuvo incluso después de considerar factores como la edad, el peso corporal, la actividad física, el tabaquismo, el consumo de alcohol y la calidad general de la alimentación.

• El estudio clasificó los conservadores en las categorías antioxidantes y no antioxidantes: los conservadores no antioxidantes mostraron la señal más clara. Un mayor consumo de este grupo se asoció con un mayor riesgo de cáncer en general y cáncer de mama. Dentro de esa categoría destacaron los sorbatos y sulfitos.

El sorbato de potasio, que es un compuesto que se usa para prevenir el moho en los alimentos envasados, y el metabisulfito de potasio, que se usa en bebidas y alimentos procesados, tuvieron una relación positiva con la incidencia de cáncer.

• El vínculo entre el nitrito de sodio y el cáncer de próstata: el nitrito de sodio suele usarse en las carnes procesadas para preservar el color y evitar que crezcan bacterias. Los hombres con mayor consumo presentaron una mayor incidencia de cáncer de próstata en comparación con los que se expusieron menos a esta sustancia.

• Los resultados siguieron un patrón de dosis-respuesta: a medida que aumentó el consumo de conservadores, también aumentó el riesgo de cáncer. En términos prácticos, esto significa que cada bocadillo envasado, cada embutido en conserva, cada comida preparada de larga duración es un ladrillo más en el muro del riesgo acumulativo.

• El artículo también comparó los efectos de los conservadores con patrones de alimentación más amplios: los conservadores suelen estar presentes en alimentos ultraprocesados, pero los autores hicieron ajustes para el consumo general de alimentos ultraprocesados. Incluso después de hacerlo, el consumo de conservadores mantuvo su vínculo con el cáncer. Esta comparación indica que los conservadores en sí mismos merecen un estudio más detallado, no solo la categoría general en el marco de los alimentos procesados.

El estudio también exploró los mecanismos que explican estas asociaciones. Un aspecto involucra la química de la nitrosación. Los nitritos y nitratos se convierten dentro del cuerpo y forman compuestos N-nitrosos, que son cancerígenos.7

• Otro mecanismo es el estrés oxidativo y la inflamación: el estrés oxidativo se refiere a un desequilibrio entre las moléculas dañinas y la capacidad del cuerpo para neutralizarlas. Con esto en mente, en el artículo se citó evidencia experimental que demuestra que algunos conservadores provocan señalización inflamatoria y daño oxidativo en las células. La inflamación crónica crea un entorno en el que las células dañadas sobreviven y se multiplican, lo cual es un factor conocido que contribuye al desarrollo del cáncer.

• También se plantearon inquietudes sobre la alteración del microbioma: los conservadores a menudo cumplen funciones antimicrobianas por naturaleza. Dentro del intestino, esta acción antimicrobiana altera las poblaciones bacterianas y debilita la barrera intestinal. Cuando el microbioma intestinal pierde su integridad, las toxinas bacterianas pasan al torrente sanguíneo con mayor facilidad, lo que provoca una inflamación sistémica.

• Una implicación de los hallazgos: los autores reconocieron que su investigación observacional no prueba una causalidad directa. Sin embargo, destacaron que la coherencia entre las categorías de aditivos, las relaciones dosis-respuesta y la alineación con los datos toxicológicos fortalecen los hallazgos. Aun así, los resultados justifican la acción incluso sin pruebas absolutas, porque la exposición es muy generalizada y las consecuencias de la enfermedad implican riesgos de gran importancia para el público.

Los conservadores se asocian con un mayor riesgo de diabetes

Si los conservadores aumentan el riesgo de cáncer ¿qué otras enfermedades crónicas pueden agravar? Un estudio complementario del mismo equipo de investigación, publicado en Nature Communications, analizó la salud metabólica e identificó patrones similares. A partir del mismo conjunto de datos de la cohorte French NutriNet-Santé, los investigadores dieron seguimiento a los participantes a lo largo del tiempo, revisaron registros alimenticios detallados e identificaron nuevos casos de diabetes tipo 2 conforme ocurrían.8

El objetivo fue aislar la exposición a los conservadores y evaluar si esta podía predecir el riesgo de diabetes más allá de factores conocidos como el peso corporal, la actividad física y la calidad general de la alimentación. La población del estudio incluyó adultos de la comunidad en general, muchos de los cuales ingresaron al estudio sin un diagnóstico previo de enfermedad metabólica. Durante un período de seguimiento de 8.05 años, en promedio, un mayor consumo de conservadores se alineó de manera consistente con una mayor incidencia de diabetes tipo 2.

• Efecto de la exposición total a conservadores: una vez más, a medida que aumentó el consumo general, la incidencia de diabetes también aumentó. Cuando los autores examinaron los subgrupos de conservadores, los no antioxidantes volvieron a mostrar la relación más estrecha.

Dentro de esta categoría destacaron los sorbatos, sobre todo el sorbato de potasio. Las personas con un mayor consumo de este aditivo presentaron una mayor tasa de diabetes tipo 2. El sorbato de potasio se encuentra en una gran variedad de alimentos envasados ​​que se comercializan como estables, lo que hace que sea fácil ignorar cuánto se expone a él en su vida diaria.

• El riesgo aumenta con el tiempo: los casos de diabetes se acumularon de forma gradual a lo largo de los años de seguimiento, lo que concuerda con una exposición prolongada más que con cambios alimenticios a corto plazo. Los datos sugieren que un consumo constante de conservadores funciona como un factor de estrés crónico más que como un desencadenante agudo.

• Diferencias entre los grupos de participantes: al parecer, la relación con la diabetes fue más estrecha entre personas con una alimentación equilibrada. Esto pone en tela de juicio la suposición de que las personas que suelen llevar una alimentación saludable se mantienen protegidas si siguen consumiendo alimentos envasados con aditivos. Incluso cuando el resto de la alimentación parecía favorable, la exposición a conservadores se asoció con la incidencia de diabetes.

• Explicación mecanicista de los hallazgos: los autores analizaron varias vías biológicas respaldadas por evidencia experimental. Una vía implica la alteración de la microbiota intestinal. Los conservadores suprimen el crecimiento de bacterias. En el intestino, esto altera el equilibrio microbiano, debilita la barrera intestinal y aumenta la inflamación sistémica. La inflamación crónica de bajo grado interfiere con la señalización de la insulina, lo que significa que las células dejan de responder de manera eficiente al mensaje de la insulina para absorber glucosa.

Otro mecanismo involucra el estrés oxidativo y la señalización metabólica. Los datos experimentales citados en el artículo demuestran que ciertos conservadores aumentan los marcadores oxidativos y perjudican el manejo de la glucosa en los tejidos. Con el tiempo, esto altera el modo en que los músculos y el hígado controlan el azúcar en la sangre, lo cual prepara el terreno para la resistencia a la insulina.

• Las consecuencias del consumo descontrolado: la diabetes tipo 2 aumenta el riesgo de sufrir enfermedades cardíacas, insuficiencia renal, pérdida de la visión y daño al sistema nervioso.9 Debido a que el diagnóstico suele ser tardío, la prevención depende de identificar a tiempo las exposiciones que se pueden modificar. Los conservadores representan un ejemplo de este tipo de exposición porque se encuentran en muchos alimentos y no es posible saber que están presentes a menos que lea las etiquetas con cuidado.

Al señalar los conservadores como un factor distintivo, este estudio presenta un cambio en la manera de pensar sobre la progresión de la diabetes. En pocas palabras, el riesgo no depende solo del consumo de azúcar refinada o del aumento de peso, aunque sin duda estos factores también influyen. Los aditivos químicos que se agregan a los alimentos influyen en la forma en que el cuerpo maneja la glucosa a largo plazo.

Cómo reducir su exposición a los aditivos nocivos que se encuentran en los alimentos

Las autoridades de salud han permitido innumerables conservadores en el suministro de alimentos sin realizar las pruebas de seguridad adecuadas, pero eso no significa que sean inevitables. Estas son mis recomendaciones para ayudarle a protegerse y proteger a sus seres queridos:

1. Evite los alimentos ultraprocesados: estos alimentos ​​contienen listas enormes de ingredientes con términos desconocidos, así que podrían contener sustancias que su cuerpo nunca fue diseñado para procesar, y eso incluye a los conservadores. Además, estos productos dependen en gran medida de otras sustancias químicas, como emulsionantes y saborizantes artificiales, los cuales alteran la función metabólica y comprometen la salud intestinal.

En lugar de eso, enfóquese en alimentos enteros y poco procesados, como carnes y productos lácteos de animales alimentados con pastura, frutas y vegetales frescos, y fuentes de carbohidratos saludables como el arroz blanco. Cuanto más simples y naturales sean los ingredientes, más favorecerán su salud.

Pero, además de lo anterior, los alimentos ultraprocesados contienen cantidades significativas de ácido linoleico (AL), y esa es otra buena razón para evitarlos en primer lugar. Como indiqué en mi estudio, publicado en Nutrients, el consumo excesivo de ácido linoleico afecta la salud celular y provoca enfermedades crónicas.

Le recomiendo que reduzca su consumo de AL a menos de 5 gramos por día, pero si puede consumir menos de 2 gramos, será aún mejor. Para ayudarle a monitorear su consumo, regístrese en la aplicación Mercola Health Coach que estará disponible pronto. Contará con la función Seed Oil Sleuth, que permite calcular el AL total en sus alimentos hasta una décima de gramo.

2. Priorice comer alimentos orgánicos sin aditivos cuando sea posible: los alimentos orgánicos tienen muchas menos probabilidades de contener aditivos alimentarios químicos, pesticidas sintéticos o compuestos que alteran las hormonas. Siempre que pueda, elija versiones orgánicas de productos agrícolas, vegetales, frutas y carnes.

Los estándares de certificación orgánica restringen el uso de colorantes, conservadores y saborizantes artificiales, lo que ayuda a reducir la exposición general a toxinas ocultas.

¿Pero qué puede hacer si su presupuesto le impide comprar alimentos orgánicos? Le recomiendo que consulte la Guía de pesticidas en productos agrícolas para el comprador del EWG (Environmental Working Group). 10 Contiene una lista de frutas y vegetales con los niveles más bajos y más altos de pesticidas detectados según sus análisis.

3. Aprenda lo necesario para leer bien las etiquetas de los ingredientes: muchos aditivos dañinos se esconden detrás de nombres engañosos. Los edulcorantes artificiales como el aspartame, conservadores como el BHT, el sorbato de potasio, el nitrito de sodio y emulsionantes como el polisorbato 80 se han asociado con problemas intestinales y metabólicos.

Acostúmbrese a revisar las listas de ingredientes y evite productos con términos vagos como "sabores naturales" o "almidón alimenticio modificado". Si un ingrediente no le resulta familiar, investigue antes de consumir el producto.

4. Use métodos de envasado y almacenamiento de alimentos más seguros: la exposición a sustancias químicas no se limita a lo que come, también proviene de lo que entra en contacto con su comida. Los envases de plástico, en particular los que contienen bisfenol A (BPA) o ftalatos, pueden filtrar sustancias químicas que alteran las hormonas en los alimentos. Opte por recipientes de vidrio o acero inoxidable para almacenarlos y recalentarlos. Nunca recaliente las sobras en recipientes de plástico, ya que el calor hace que se liberen compuestos tóxicos con mayor rapidez.

5. Prepare más alimentos en casa: las comidas de restaurantes y los alimentos envasados ​​suelen contener las concentraciones más altas de conservadores, emulsionantes, colorantes artificiales y aceites vegetales industriales con grandes cantidades de ácido linoleico.

Cocinar en casa le permite tener un control total sobre los ingredientes y los métodos de preparación. Utilice ghee o mantequilla o de animales alimentados con pastura en lugar de aceites vegetales y evite los condimentos procesados ​​llenos de aditivos. Preparar sus alimentos desde cero no solo reduce la exposición a sustancias químicas, sino que también apoya la digestión, permite mantener los niveles de energía y ayuda a tener una buena salud celular a largo plazo.

Preguntas frecuentes sobre la relación entre los conservadores y el aumento de las tasas de cáncer

P: ¿Cómo preservaban los alimentos los seres humanos antes de que existieran los conservadores modernos?

R: Antes de la refrigeración, las personas recurrían al secado, la fermentación, el curado y el encurtido para conservar los alimentos. Estos métodos tradicionales prolongaban la vida útil de los alimentos sin sustancias químicas sintéticas ni problemas de salud a largo plazo.

P: ¿Por qué los conservadores químicos se volvieron tan comunes en los alimentos modernos?

R: La industrialización creó una demanda de una vida útil más prolongada. Los fabricantes agregaron sustancias químicas como nitritos, sulfitos y benzoatos para estabilizar los alimentos y maximizar la eficiencia de distribución.

P: ¿Qué demuestran las investigaciones sobre los conservadores y el riesgo de cáncer?

R: Los datos demostraron que un mayor consumo de conservadores se relaciona con mayores tasas de cáncer, sobre todo, cáncer de mama y de próstata, y el riesgo es mayor a medida que la exposición aumenta con el tiempo.

P: ¿Cómo se relacionan los conservadores de alimentos con la diabetes tipo 2?

R: Las investigaciones demostraron que un mayor consumo de conservadores se correlaciona con una mayor incidencia de diabetes, y no influyen las calorías, el peso o el azúcar, lo que indica que los aditivos son un factor de estrés metabólico.

P: ¿Qué medidas prácticas reducen la exposición a los conservadores y el riesgo que conllevan?

R: Evite los alimentos ultraprocesados, lea con atención las etiquetas de los ingredientes, elija alimentos enteros y orgánicos cuando sea posible, guarde los alimentos en recipientes más seguros y prepare más comidas en casa para limitar el consumo de aditivos.