📝 HISTORIA EN BREVE
- El síndrome de piernas inquietas (SPI) no es solo un problema de sueño, sino que también es una señal neurológica de que los sistemas de dopamina y hierro del cerebro están bajo estrés, y abordarlo a tiempo ayuda a proteger la salud del cerebro a largo plazo
- Un estudio abierto de JAMA Network descubrió que las personas con SPI tuvieron muchas más probabilidades de desarrollar la enfermedad de Parkinson que aquellas que no lo padecían
- Los pacientes con síndrome de piernas inquietas que recibieron tratamiento tuvieron cuatro veces menos diagnósticos de Parkinson que las personas no tratadas, lo que sugiere que el manejo de los síntomas del síndrome de piernas inquietas favorece la resiliencia neurológica
- Los niveles de hierro, la mala calidad del sueño y una mala eliminación de residuos en el cerebro podrían tener una relación con el síndrome de piernas inquietas y el Parkinson, lo que destaca la importancia de restablecer el equilibrio del hierro y mejorar los hábitos del sueño
- Cuando optimiza los niveles de dopamina de forma natural, mantiene niveles saludables de hierro, duerme bien y mantiene su cuerpo activo durante el día, puede calmar las piernas inquietas y fortalecer su cerebro contra la degeneración más adelante en la vida
🩺 Por el Dr. Mercola
Las noches sin descanso llenas de espasmos, dolores u hormigueo en las piernas son un mensaje de su cuerpo de que hay un desequilibrio interno. Para muchas personas, lo que comienza como una perturbación nocturna leve afecta poco a poco el sueño, la concentración y la energía diaria. Con el tiempo, esta inquietud constante, conocida como síndrome de piernas inquietas (SPI), podría indicar cambios subyacentes en el cerebro que merecen atención mucho antes de que se desarrollen problemas más graves.
La mayoría de las personas descartan estas sensaciones como inofensivas o síntomas de estrés, pero las investigaciones sugieren que reflejan alteraciones en los ritmos naturales del cerebro.1 Cuando los sistemas que regulan el movimiento y el descanso se desincronizan, esto no solo resulta en un mal sueño, sino que también es una señal de que el sistema nervioso lucha por mantener el equilibrio.
Reconocer esa señal a tiempo es su mejor oportunidad de proteger su salud neurológica a largo plazo. Está a punto de descubrir por qué abordar el síndrome de piernas inquietas de forma temprana es mucho más importante de lo que se creía, y cómo las investigaciones recientes han demostrado su relación sorprendente con uno de los trastornos del movimiento más desafiantes de nuestro tiempo: la enfermedad de Parkinson.
Tratamiento del síndrome de piernas inquietas y su relación con un retraso en la aparición del Parkinson
Un estudio de cohorte de Corea, que se publicó en JAMA Network Open, analizó los registros de salud de casi 20 000 adultos durante 17 años para explorar si el síndrome de piernas inquietas aumenta la probabilidad de desarrollar la enfermedad de Parkinson.2 El SPI provoca una necesidad incontrolable de mover las piernas, que se produce junto con sensaciones de hormigueo o dolor que empeoran en reposo y mejoran con el movimiento.
Por su parte, la enfermedad de Parkinson es un trastorno degenerativo que se caracteriza por temblores, movimientos lentos y rigidez muscular debido a la pérdida gradual de neuronas productoras de dopamina. Los investigadores se propusieron determinar si el síndrome de piernas inquietas precede al Parkinson o si su tratamiento afecta la rapidez con la que aparece dicha enfermedad.
• Las personas con piernas inquietas tuvieron más probabilidades de desarrollar Parkinson con el tiempo: de los 9 919 participantes diagnosticados con síndrome de piernas inquietas, el 1.6 % desarrolló después la enfermedad de Parkinson, en comparación con el 1 % del grupo de control. Aunque la diferencia absoluta es pequeña, el hallazgo fue significativo a nivel estadístico y apoya la idea de que el síndrome de piernas inquietas se asocia con una mayor incidencia de Parkinson.
El estudio midió la aparición de la enfermedad con el uso del “tiempo medio de supervivencia restringido”, el cual es un método que captura las diferencias en el tiempo que los participantes permanecieron sin Parkinson. En promedio, las personas con SPI desarrollaron EP un poco antes que aquellas que no padecían esta afección.
• El tratamiento con agonistas de dopamina se asoció con una menor incidencia de Parkinson: los investigadores dividieron a los pacientes con SPI en dos grupos, en el primero estaban aquellos que recibieron terapia con agonistas de dopamina (medicamentos como pramipexol o ropinirol que imitan la actividad de la dopamina) y en el segundo grupo los que no la recibieron. Solo el 0.5 % de los pacientes tratados desarrollaron Parkinson, en comparación con el 2.1 % del grupo no tratado.
Esto significa que el grupo no tratado tuvo más de cuatro veces el número de casos de Parkinson. El grupo tratado también experimentó un retraso pequeño pero significativo a nivel estadístico en el diagnóstico de la EP, de alrededor de 0.03 años (unos 11 días) , lo que indica que el control efectivo de los síntomas podría influir en la progresión de la enfermedad.
• El síndrome de piernas inquietas no tratado pareció acelerar la aparición de Parkinson: las personas con Parkinson no tratado tuvieron una mayor incidencia y un diagnóstico más temprano de Parkinson. Si bien, el diseño del estudio no puede probar causalidad, sugiere que el síndrome de piernas inquietas no tratado refleja un estrés neurológico más profundo en lugar de ser solo un problema de sueño. Estos resultados destacan que abordar a tiempo los síntomas del síndrome de piernas inquietas podría tener implicaciones más amplias para la salud del cerebro.
• Los medicamentos dopaminérgicos suelen empeorar el síndrome de piernas inquietas a largo plazo: los medicamentos como el ropinirol y el pramipexol podrían calmar los síntomas al principio, pero el uso prolongado provoca un aumento, que es un efecto rebote en el que los síntomas regresan más temprano en el día, se propagan a otras partes del cuerpo y se vuelven más intensos que antes de que comenzara el tratamiento.3
Esto ocurre porque la estimulación con dopamina a largo plazo altera el equilibrio natural de dopamina del cerebro, lo que obliga al cuerpo a necesitar dosis cada vez mayores para obtener un alivio cada vez menor.
En muchos casos, este ciclo deja a los pacientes en peores condiciones que cuando empezaron. Por ese motivo, las estrategias sin medicamentos (como caminar, optimizar los niveles de hierro y vitamina D, mejorar la calidad del sueño y apoyar la función de las mitocondrias) ofrecen un alivio más seguro y sostenible sin agravar el problema subyacente.
La relación entre el síndrome de piernas inquietas y el párkinson no solo implica la dopamina
Aunque el SPI y el Parkinson implican disfunción de dopamina, el estudio descubrió indicios de que quizás estén involucrados otros sistemas. Una teoría sugiere la deficiencia de hierro. Si bien muchas personas tienen problemas con el exceso de hierro, este es necesario para la producción de dopamina, y las personas con nivel bajo de ferritina (una medida del almacenamiento de hierro) tienen más probabilidades de sufrir SPI.
Otra explicación involucra el sistema glinfático, que limpia los productos de desecho del cerebro durante el sueño profundo. Cuando el movimiento constante interrumpe el sueño, estas proteínas tóxicas se acumulan y dañan las neuronas, lo que contribuye a los mismos cambios en el cerebro que se observan en la enfermedad de Parkinson.
• La calidad del sueño y la desintoxicación cerebral surgieron como factores clave: muchas personas con síndrome de piernas inquietas también experimentan insomnio o apnea del sueño, los cuales aumentan la inflamación y el estrés oxidativo en el cerebro.
La falta de sueño crónica daña las mitocondrias (las fuentes de energía dentro de las células), lo que hace que las neuronas sean más vulnerables a la degeneración. El estudio sugiere que mejores hábitos de sueño y el tratamiento de los problemas de sueño relacionados con el SPI podrían ayudar a preservar la función neurológica a lo largo del tiempo.
• El equilibrio del hierro y la inflamación quizás sean parte del vínculo: los investigadores reconocieron que el hierro tiene un efecto doble, en el cual muy poco hierro perjudica la síntesis de dopamina, mientras que demasiado promueve el daño oxidativo.
Las personas con SPI suelen tener niveles más bajos de hierro, lo que contribuye tanto a los síntomas de movimiento como al estrés neuronal a largo plazo. Aunque el estudio no probó intervenciones, mantener niveles óptimos de hierro podría ayudar a mantener el equilibrio de la dopamina y reducir la neuroinflamación.
• El SPI no solo es un trastorno del sueño: también es una señal neurológica que vale la pena abordar a tiempo. El estudio demostró que las personas que trataron su SPI tuvieron menos diagnósticos de Parkinson y no tuvieron síntomas durante períodos más largos. Por lo tanto, controlar el síndrome de piernas inquietas mediante la optimización de los niveles de hierro y dormir bien podría no solo restaurar el descanso, sino que también ayudar a preservar la resiliencia del cerebro contra el cambio degenerativo.
• La detección temprana y la atención proactiva marcan la diferencia: debido a que el síndrome de piernas inquietas a menudo no se diagnostica de forma adecuada, muchas personas viven con él durante años antes de buscar ayuda. Esta investigación replantea el SPI como un posible marcador temprano de vulnerabilidad neurológica. Reconocerlo y abordarlo a tiempo es una forma práctica de proteger tanto el sueño como la salud neurológica a largo plazo.
Cómo detener el síndrome de piernas inquietas y proteger su cerebro del Parkinson
Si sus piernas comienzan a contraerse o dolerle por la noche y siente que tiene que moverlas para obtener alivio, significa que su cuerpo le pide ayuda. El SPI indica que los sistemas de energía y dopamina del cerebro están bajo estrés.
La buena noticia es que abordar estos desequilibrios a tiempo no solo podría aliviar el malestar, sino que también podría ayudar a proteger el cerebro de los mismos cambios neurodegenerativos que conducen a la enfermedad de Parkinson. Tiene mucho más control del que cree, y algunos hábitos diarios hacen una diferencia medible.
1. Reconstruya el equilibrio de dopamina de forma natural: la dopamina es el mensajero químico que controla el movimiento, la motivación y el placer, y una baja actividad de dopamina provoca tanto el síndrome de piernas inquietas como la enfermedad de Parkinson. Comience por lo que consume para favorecer una producción saludable de dopamina.
Su cuerpo produce dopamina a partir del aminoácido tirosina, que se encuentra en los huevos de gallinas camperas, la carne de res de animales alimentados con pastura y los productos lácteos sin pasteurizar. Evite el alcohol y los alimentos procesados, los cuales agotan las reservas de dopamina. La exposición regular a la luz del día también estimula la dopamina a través de los ojos y la piel, lo que favorece tanto el estado de ánimo como el movimiento.
2. Corrija los desequilibrios ocultos del hierro: el hierro es necesario para que el cerebro produzca dopamina, pero tanto la falta como el exceso crean estrés oxidativo. Los niveles bajos de ferritina son comunes en el síndrome de piernas inquietas y aumentan el riesgo de Parkinson. Si no conoce su nivel de ferritina, comience por evaluarlo. La ferritina es la forma de almacenamiento del hierro, y el rango ideal es de entre 60 y 75 ng/mL. Los niveles elevados de ferritina indican que el cuerpo retiene demasiado hierro, que se filtra al cerebro y causa daños.
Si sus niveles son elevados, donar sangre con regularidad ayuda a reducir las reservas de hierro de manera segura y favorece la salud metabólica general. Si sus niveles son bajos, concéntrese en consumir alimentos enteros ricos en hierro, como carne roja de animales alimentados con pastura, ostras y yemas de huevo, en lugar de suplementos, a menos que las pruebas confirmen una deficiencia significativa. Combine fuentes de hierro con alimentos ricos en vitamina C, como naranjas o pimientos morrones, para favorecer su absorción.
3. Duerma bien para proteger su cerebro: su cerebro elimina desechos durante el sueño profundo. Ese proceso de limpieza falla cuando las piernas se mueven toda la noche, lo que permite que las toxinas se acumulen y dañen las neuronas. Priorice los horarios regulares para dormir y despertarse, limite la exposición a las pantallas y las luces brillantes después del atardecer, y procure dormir en un ambiente oscuro y fresco.
Tomar treonato de magnesio antes de acostarse favorece la relajación y ayuda a restablecer la estructura normal del sueño. Evite la cafeína y el alcohol, ya que ambos afectan la señalización de la dopamina y la melatonina. Dormir bien no es un lujo, es un reinicio neurológico que mantiene el cerebro despejado y resistente.
4. Apoye la producción de energía mitocondrial: las piernas inquietas a menudo indican problemas más profundos con la forma en que las células producen energía. Las mitocondrias, que son las “baterías” de las células, requieren oxígeno, magnesio y un metabolismo saludable de la glucosa para generar trifosfato de adenosina (ATP), la fuente principal de energía de su cuerpo. El estrés crónico, una mala alimentación y la exposición a los aceites de semillas perjudican este proceso.
Reemplace los aceites de semillas con sebo, ghee o mantequilla de animales alimentados con pastura para evitar dañar las membranas mitocondriales. Consuma suficientes carbohidratos que provengan de frutas, tubérculos y arroz blanco para mantener la glucosa disponible para la producción de energía. Para la mayoría de los adultos, eso significa consumir 250 gramos de carbohidratos saludables al día, o más si es una persona activa. Una alimentación baja en carbohidratos empeora el estrés reductor y aumenta los síntomas del SPI con el tiempo.
5. Mueva su cuerpo durante el día, no durante la noche: el movimiento durante el día mejora la circulación, estabiliza los niveles de dopamina y beneficia el SPI. 4 Si su trabajo lo mantiene sedentario, intente estar de pie o caminar durante al menos cinco minutos cada hora. El entrenamiento de fuerza suave, el estiramiento o el yoga a primera hora del día promueven un mejor sueño y reducen los síntomas por la noche.
El ejercicio, incluyendo las caminatas diarias, también aumenta la densidad de las mitocondrias en los músculos, lo que mejora su habilidad de relajarse en lugar de contraerse de forma involuntaria. Piense en el movimiento diario como una señal para su cerebro de que puede descansar.
Sus piernas no se mueven por accidente, sino que reflejan lo que sucede dentro de sus células. Cuando restablece el equilibrio de la dopamina, optimiza los niveles de hierro, duerme bien y apoya la producción de energía, le da a su cerebro la estabilidad que necesita para mantenerse fuerte por muchos años.
Preguntas frecuentes sobre el SPI y la enfermedad de Parkinson
P: ¿Qué es el SPI y por qué es importante?
R: El SPI es un trastorno neurológico que provoca sensaciones incómodas en las piernas, que a menudo generan una necesidad incontrolable de moverlas, sobre todo durante la noche. No es solo un problema de sueño; es una señal de desequilibrios más profundos en los sistemas de dopamina y hierro del cerebro. Si no se trata, el SPI se asocia a un riesgo mayor de desarrollar la enfermedad de Parkinson.
P: ¿Qué tan fuerte es la relación entre el SPI y la enfermedad de Parkinson?
R: Según una investigación que se publicó en JAMA Network Open, los adultos con SPI tuvieron más probabilidades de desarrollar Parkinson que aquellos que no lo padecían. 5 Si bien los números absolutos fueron pequeños, la relación fue significativa a nivel estadístico. Los casos de síndrome de piernas inquietas no tratados tuvieron una mayor incidencia y un diagnóstico más temprano de Parkinson, mientras que aquellos tratados tuvieron menos casos en general.
P: ¿Cómo influye el tratamiento del síndrome de piernas inquietas en el riesgo de padecer Parkinson?
R: Las personas con síndrome de piernas inquietas que utilizaron agonistas de dopamina (medicamentos que imitan los efectos de la dopamina) tuvieron alrededor de cuatro veces menos diagnósticos de Parkinson que las personas no tratadas. Aunque esto no prueba causalidad, sugiere que restablecer el equilibrio de la dopamina y reducir la interrupción del sueño podría ayudar a retrasar o reducir el estrés neurológico que se asocia con el Parkinson.
P: ¿Qué medidas de estilo de vida favorecen un equilibrio saludable de dopamina y hierro?
R: Consumir alimentos ricos en nutrientes y tirosina (como huevos de gallinas camperas, carne de res de animales alimentados con pastura y productos lácteos sin pasteurizar) apoya la producción de dopamina. Mantenga los niveles de ferritina entre 60 y 75 ng/mL para ayudar a prevenir tanto la deficiencia como la sobrecarga de hierro. La exposición regular a la luz del sol, moverse a diario y limitar el consumo de alcohol y alimentos procesados también favorecen la función de la dopamina.
P: ¿Qué hábitos cotidianos ayudan a reducir los síntomas del SPI y proteger la salud del cerebro?
R: Para calmar las piernas inquietas y proteger su cerebro, concéntrese en estos hábitos fundamentales:
•Mantenga un horario de sueño constante y un ambiente oscuro y fresco en su habitación.
•Evite tomar alcohol y cafeína por la noche.
•Sustituya los aceites de semillas por sebo, ghee o mantequilla de animales alimentados con pastura para proteger las mitocondrias.
•Consuma 250 gramos o más de carbohidratos saludables al día, puede comenzar con opciones fáciles de digerir como frutas y arroz blanco.
• Muévase con frecuencia durante el día, por ejemplo, camine, estírese y realice ejercicios de resistencia suaves.
